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Historias del complejo turístico (4)

Luis siempre creyó que la lealtad era un lujo que no podía permitirse. Pero cuando la sombra de sus exnovias lo persigue hasta el lecho conyugal, decide espiar a su esposa y descubre una escena que lo empuja al borde del abismo. ¿Qué hay detrás de esa puerta cerrada y del accidente que lo dejó sin aliento?

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La historia de Luis

Tercera parte

Al mes de dejar el trabajo, con mi amigo Martín, decidimos embarcarnos en nuestro propio estudio, sabíamos que los primeros tiempos serían difíciles, pero con algunos ahorros que teníamos y un par de obras en curso, nos aventuramos.

Los primeros meses, nos mantuvimos, y luego por suerte, Roberto me pasó un trabajo de un amigo suyo, y a partir de ahí, los proyectos empezaron a llegar. Se puede decir que nuestro despegue, nuestra primera obra importante, fue un edificio de departamentos de cinco pisos, cuatro locales comerciales en la planta baja y cocheras en el subsuelo.

De allí en adelante, los trabajos se sucedieron uno tras otro, tuvimos que contratar a otro arquitecto para que trabajara con nosotros.

Seguí en contacto con Roberto, nos veíamos al menos un par de veces al mes para cenar o tomar un café, y en esos encuentros al llegar y al irse, siempre me decía, “colega”.

Luego de unos meses, cenando una noche le pregunté:

-LUIS: Roberto, ¿cómo está Sofía? ¿Sigue con Gonzalo?

-ROBERTO: Después de lo que pasó, no volvió a ser a misma chica de antes, el boludo de Gonzalo nunca pretendió tener una relación con ella, se distanció y solo hablan lo indispensable por cuestiones de trabajo. Una mañana en que estábamos solos en el estudio, hablé con ella, le dije que estaba al tanto de lo que había pasado, se largó a llorar y me dijo que fue una estúpida por haber hecho lo que hizo, que se dejó llevar por Gonzalo y que había destrozado a la persona que aún seguía amando y que estaba segura que nunca la perdonaría. También me dijo que estaba muy mal y que estaba analizando el volver a sus pagos, a casa de sus padres.

Nunca le dije que sigo en contacto con vos.

Para que mentir, a pesar de su traición, no le deseaba ningún mal, ella hizo su elección y debía afrontar las consecuencias, las mismas que me había tocado enfrentar a mí.

Con Martín tomamos la decisión de contratar a un contador para que se ocupara de los temas impositivos y laborales.

A través de un conocido de Martín, nos pusimos en contacto con un estudio contable y nos empezaron a manejar nuestra contabilidad.

La primera vez que fui, nos atendió una chica llamada Analía, pero a partir de las siguientes, me atendía siempre Fabiola. La primera vez que la vi, me pareció la mujer más hermosa que había visto, su mirada, su sonrisa, su manera pausada de hablar y su seguridad me atraían.

A Martín no le hacía gracia ir al estudio y era yo el que siempre iba, incluso llegué a dejar algún papel en el auto, para tener una excusa para volver a verla.

En una de esas visitas, llegué cerca del mediodía, Fabiola me atendió y cuando me iba, me dijo que bajaba a almorzar y bajamos juntos. Y en un acto de arrojo, casi sin pensarlo, le pregunté si quería que almorzáramos juntos, y para mi sorpresa su respuesta fue, “me encantaría”. Me dijo de un lugar cercano y allí fuimos.

Para qué negarlo, nunca pensé que esa mujer tan hermosa, aceptaría almorzar conmigo.

El almuerzo estuvo fantástico, Fabiola se mostró de otra manera, menos formal y más suelta.

La hora que tenía para almorzar, se me pasó volando, me hubiera quedado horas hablando con ella.

Fuimos caminando hasta el estudio y en la puerta, nos saludamos con un beso en la mejilla.

Al despedirnos, me volvió a sorprender con un “que se repita”.

A partir de ese día, cada vez que tenía que ir al estudio, lo hacía en horas del mediodía, y bajábamos a almorzar juntos, incluso algunas veces que no tenía que ir, me aparecía a la hora que ella bajaba a almorzar.

En cada almuerzo, nos íbamos contando cosas de nuestras vidas y de nuestros trabajos, con el correr de los días, fuimos conociéndonos cada vez más, y yo me sentía cada vez más a gusto con ella.

Un par de meses después, me animé, y sin muchas expectativas, la invité a cenar. Me volvió a sorprender aceptando mi invitación y dándome la dirección de su casa para que la pasara a buscar.

Cuando toqué el timbre y salió, me quedé impactado, acostumbrado a verla con su ropa formal de trabajo, me sorprendió lo hermosa que venía con un pantalón blanco, una camisa turquesa, con su pelo suelto, unas sandalias blancas de taco alto y una cartera también blanca.

-LUIS: Guauuu! Permitime decirte que estás hermosa!

-FABIOLA: Gracias! Vos también vas muy bien!

Fuimos a cenar a un lindo restaurante, la cena estuvo estupenda y disfruté mucho de su conversación, era realmente una mujer fascinante.

De camino a su casa, iba pensando en proponerle algo, pero no quería precipitar las cosas, esa mujer me interesaba demasiado como para arruinarlo en un arranque de testosterona.

Después de esa cena vinieron más, siempre viernes o sábados y entre semana, nos mensajeábamos todo el tiempo.

Un viernes después de cenar, le propuse ir a un bar donde ponen solo rock, no me van mucho los de música tropical, cumbia y bachata y esas cosas, lo mío siempre ha sido el rock, y sobre todo el rock nacional.

Nos tomamos unos tragos, escuchando buena música, hasta que en un tema de Charly García, Fabiola me tomó de la mano y me llevó a bailar.

No bailamos solo ese, en ese momento lo estaba pasando tan bien con ella, que hubiera bailado hasta el Himno Nacional.

Volvimos a la barra por otros tragos, y ya apoyados en una de las maderas del costado de la barra, nos miramos fijamente a los ojos y cual imán, nuestras bocas se acercaron hasta juntarse. Fue un beso suave, sin apuro, sin vehemencia, pero muy dulce, al menos para mí.

Algo me atravesó el cuerpo, esa sensación de electricidad que se apodera de los músculos y te deja como inmóvil, me costó varios segundos volver a la realidad, esos pocos segundos que hacen falta para dilucidar si aquello fue real o una jugarreta de mi imaginación.

Pero luego de ese mínimo contacto, sus ojos se fijaron en los míos, me decían que aquello no había sido producto de mi imaginación ni de los tragos ya bebidos, bastó mi mirada en la suya para volver a perderme en el sabor de un nuevo beso, igual de tierno, igual de dulce, pero más profundo, más cómplice, más sentido, más deseado y más esperado.

Le siguió otro y otro, y un abrazo, su cuerpo contra el mío, su calor y el mío, ya no me quería despegar de esa mujer, ya no. Si el mundo hubiera acabado en ese instante, hubiera muerto feliz, anclado a su mirada.

Después de esa magia, no hiso falta más nada, ambos supimos en ese momento que nuestros caminos se habían cruzado.

-FABIOLA: Hacía tiempo esperaba este momento.

-LUIS: No te puedo mentir, lo deseaba desde que te conocí en aquel primer almuerzo, desde ese momento, me siento inconfundiblemente ligado a vos, esperando cada nuevo encuentro, cada nueva mirada tuya, cada sonrisa.

-FABIOLA: Ese día que almorzamos juntos, supe que me había enamorado de vos, fue así a primera vista! ¿Y ahora qué hacemos?

-LUIS: Yo diría que amarnos, yo estoy listo para que caminemos juntos lo que la vida nos depare, ¿vos que decís?

-FABIOLA: Que si mi amor!

-LUIS: Otra vez! Que me gustó escucharlo!

-FABIOLA: Que si mi amor! Vayamos juntos donde la vida nos lleve!

Nos volvimos a abrazar, a mirarnos a los ojos y a besar amorosamente.

-FABIOLA: ¿Sabés que me gustaría?

-LUIS: ¿Qué corazón?

-FABIOLA: Despertarte con el desayuno!

-LUIS: Nada me haría más feliz! ¿Tu casa o la mía?

-FABIOLA: La mía está más cerca!

-LUIS: Perfecto!

Caminamos abrazados hasta el auto y de allí fuimos a su casa.

Al llegar subimos a su departamento, dejó su cartera y me mostró toda su casa, un hermoso semipiso de dos dormitorios con un balcón a la calle, que desde el piso doce tenía una hermosa vista nocturna de la ciudad.

Preparó un café y lo tomamos sentados en el sillón del estar, después volvieron los besos, los abrazos y las caricias.

El contacto era cada vez más apasionado, los besos cada vez más intensos, las caricias cada vez más excitantes. En un momento se puso de pie, estiró su mano para que yo la tomara y me guió hasta su dormitorio.

Parados frente a frente al costado de la cama, nos fuimos desnudando el uno al otro entre besos cada vez más calientes.

Me deleité con su cuerpo desnudo, y creo que ella de igual modo, mi erección estaba en su máxima expresión y nos seguimos besando y acariciando.

Nos recostamos sin dejar de abrazarnos, con ella acostada boca arriba, recorrí besando todo su cuerpo, una belleza, sus hermosas piernas, su cintura, su cuello, sus hermosas tetas, sus pequeños pezones que lamí con delicadeza y su ya mojada entrepierna, a la que no le quedó rincón sin recorrer.

El momento había llegado y cuando fui a buscar el preservativo al bolsillo del pantalón, ella me pidió que no lo usara, que quería sentirme sin el látex.

Apoyé mi cuerpo en el suyo y mis brazos flexionados al costado de su cuerpo, mi glande buscó entrepierna y luego de frotarlo uno momento, la empecé a penetrar lentamente, mirándola a los ojos, besándola con amor.

Sus brazos rodearon mi cuerpo y su cadera acompañaba mis embestidas cada vez más profundas, más intensas, hasta que momentos después llegó su orgasmo, sus temblores hicieron que cerrara las piernas, presionándome contra su cuerpo.

Aminoré las embestidas por un momento, para besarla mientras su cuerpo volvía a su cauce, pero luego volví a darle intensidad, hasta que llegó un nuevo orgasmo suyo junto con el mío.

Fue algo maravilloso, sus lágrimas de emoción me llegaron al alma, su abrazo infinito y todos sus “te amo” me llenaron el corazón, nunca me había sentido así de unido a una mujer, fundidos su ser y el mío.

Después de esa sublime demostración de amor, nos quedamos dormidos abrazados.

No solamente me despertó el sábado cerca del mediodía con el desayuno, también lo hizo el domingo, me quedé con ella todo ese fin de semana.

Ahí empezó nuestra relación, creo que nunca he estado así de enamorado de una mujer, mirarnos a los ojos es suficiente, muchas veces no nos hacen falta las palabras.

Durante los primeros meses, nos veíamos casi todos los días, algunos me quedaba a dormir en su casa y otros ella en la mía, hasta que decidimos vivir juntos. Fue a los casi seis meses de aquel primer fin de semana.

Decidimos vivir en su departamento hasta que se terminara el contrato de alquiler, y luego buscar otro lugar que nos quedara cómodo a los dos por nuestros trabajos.

Así fue que al año siguiente, decidimos casarnos en el momento que estuviéramos ya instalados en nuestra nueva casa.

De ahí en adelante, han sido los años más felices de mi vida, creo que de la nuestra, siempre nos llevamos muy bien, pocas veces hemos discutido, la mayoría de ellas por cuestiones que nada han tenido que ver con nuestro amor. Hemos sido atentos, preocupados y dedicados el uno por el otro, siempre cómplices, siempre amigos, siempre amantes, siempre haciéndole frente a las adversidades, siempre juntos, apasionadamente juntos. Pero en estos últimos tiempos, me han vuelto estos sentimientos de inseguridad, esos fantasmas de la desconfianza que he tratado de apaciguar, pero que no me han dejado dormir en paz y disfrutar tranquilamente de mi vida junto a Fabiola.

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A las doce y diez, la vi salir a mi esposa y quedarse en la puerta del bar, pensé que detrás de ella saldrían sus amigas, pero ninguna de las tres salió detrás de ella.

Con su teléfono en la mano, aparentemente enviaba y recibía mensajes, minutos después, un auto blanco paró en la puerta del bar, y mi esposa subió del lado del acompañante, ¿sería un Uber?

Desde donde estaba, no podía ver bien lo que ocurría dentro del auto, pero un momento después el auto arrancó.

Subí al auto y los comencé a seguir, el camino que tomaba el auto, no era en dirección a nuestra casa, y se me empezó a oprimir el pecho, después de más de veinte cuadras, el auto blanco se detuvo en la puerta de una casa, la vi bajar a Fabiola y del lado del conductor bajo un hombre, alto de espalda ancha, el pelo corto y bien vestido. Rodeó el auto y caminaron juntos hacia la casa, la mano del hombre en la espalda de mi esposa, ambos sonreían y hablaban animadamente, mientras una punzada me atravesaba el pecho. ¿Otra vez? ¿Otra vez tengo que volver a pasar por esto? ¿Porque la vida siempre se ensaña conmigo haciéndome sentir el mismo dolor? ¿Qué tengo que aprender?

Nunca fui infiel a ninguna de mis mujeres, a pesar de haber tenido la oportunidad, ¿tengo que entender qué la fidelidad es una utopía? ¿Qué no existe el entregarse en cuerpo y alma a una sola persona? Tengo que aceptar que eso de la monogamia es un cuento chino y que yo no he logrado entenderlo

Entraron los dos a la casa y la puerta se cerró, como se cerró mi garganta ante la angustia qué me invadía.

¿Qué iba a hacer ahora, quedarme ahí hasta qué mi esposa salga de esa casa?

Ya nada tenía sentido, llorando como un chico, envuelto en angustia y dolor, me fui de allí sin saber qué hacer, sin saber cómo seguir.

Volví al hotel, avisé que dejaba la habitación y el auto alquilado, tomé todas mis cosas y las cargué en mi auto.

Minutos faltaban para la una de la mañana, cuando salí del hotel sin saber qué hacer, sin rumbo, sin un rumbo para mi vida.

Creí que esta vez iba a ser diferente, que esta vez se me iba a dar, la primera mujer con la que me había casado, y con la primera que hablamos de tener hijos, mi corazón se había anclado a esa mujer, imaginando envejecer juntos, qué equivocado estaba, como un boludo siempre creyendo en el amor.

Sin saber para dónde ir, decidí tomar la ruta dos para la costa, necesitaba alejarme, calmarme y pensar.

La ruta estaba vacía, y mi auto iba a la máxima velocidad, ya no me importaba nada.

Antes del amanecer, me fumé un cigarrillo más, adentro del auto mirando el mar.

Mi cabeza era un lío, mi ser un manojo de sentimientos dispares.

Amaba a esa mujer, pero estaba enojado, decepcionado, dolido, y lleno de incertidumbre.

Estaba cansado, me dolía el cuerpo, pero más me dolía el alma.

Arranqué el auto y di vueltas sin rumbo por calles desconocidas, no podía dejar de llorar, y en un momento, tuve que detener el auto, ni sabía dónde estaba.

Apoyé mis brazos en el volante y mi cabeza en ellos, no podía parar de llorar, en el amanecer de un día, que no sabía cómo vivirlo, un hombre se acercó y amablemente, me preguntó si me sentía bien.

-LUIS: En verdad no, realmente no me siento nada bien!

Se presentó como Gabriel y me preguntó:

-GABRIEL: ¿Puedo ayudarte en algo? No te veo bien.

-LUIS: No se si hay ayuda posible para como me siento!

-GABRIEL: Tranquilo hombre! Para todo hay una salida! Pero a veces el dolor no nos deja verla. Soy el dueño de aquel complejo, y si me permitís, me gustaría que me aceptaras un café, creo que te hace falta!

Me dijo aquello, señalando un predio a unos cincuenta metros de donde estaba estacionado. No sabía ni lo que quería en ese momento y casi sin pensarlo, acepté ese café. Quizás contar mi dolor a un desconocido, me hiciera bien.

Bajé del auto y caminamos esos metros hasta entrar en un complejo turístico con varias cabañas, atravesamos el parque hasta entrar en una especie de comedor, donde me dijo que tomara asiento.

Momentos después, volvió con una bandeja con dos cafés y algunas macitas.

-GABRIEL: No se cual será la razón de tu dolor, pero en algún momento de mi vida, me sentí tan mal como creo que te sentís en este momento, pero sea cual sea la causa seguramente tiene una salida, en mi caso fue una separación por una infidelidad, me costó, me dolió, no lo entendí y lloré, claro que lloré, pero el tiempo siempre te muestra algún camino para volver a la senda.

-LUIS: Anoche vi con mis propios ojos como mi esposa, salía de un bar donde estaba con sus amigas, para subirse al auto de un hombre, irse con él y entrar ambos en una casa, sin saber quién es, ni de quién es esa casa, y sin haberme dicho ella nada de eso.

Mi problema no es el sospechar o tener cierta certeza de que mi mujer pasó la noche con otro hombre mientras yo estaba supuestamente fuera de la ciudad por trabajo, mi dolor es que ya me han sido infiel en tres relaciones anteriores, y no entiendo por qué siempre me pasa lo mismo, no soy un tipo jodido, no soy controlador, no soy celoso, trato de ser un buen esposo, estoy pendiente, jamás me voy de joda con amigos, jamás elevo la voz y menos que menos soy violento, entiendo que cada uno tenemos nuestra vida, nuestras amistades, nuestro trabajo, nuestra independencia, y es así como trato de vivir la vida, pero parece que a los demás no les alcanza con eso. ¿Qué es lo que hago mal? ¿Qué es lo que tengo que aprender de cada situación que me ha tocado vivir?

-GABRIEL: A veces no somos nosotros los que hacemos las cosas mal, incluso tampoco nuestras parejas, a veces son las circunstancias. Que te hayan sido infiel en relaciones anteriores, no quiere decir que en todas tus relaciones te vuelva a pasar, como consejo te diría que lo hables de frente con ella, que los dos sean sinceros, el no hacerlo en su momento, a mi me hizo creer y sentir cosas que resultaron siendo diferentes de lo que imaginé, y eso me costó meses de llorar sin entender, y por supuesto el divorcio. Pero como te dije antes, cuando se cierra una puerta, muy probablemente se abra otra mi amigo.

-LUIS: Es probable!, pero en este momento, no veo qué camino tomar, después de ver lo que vi, salí de La Plata sin rumbo con el auto y terminé aquí, y la verdad es que sigo sin saber qué hacer.

-GABRIEL: Yo también soy de La Plata, y sin embargo dejé toda una vida hecha allí, buscando mi futuro, y después de eso encontré el camino y solucionados los desencuentros, volví a creer en el amor y volví a pensar en un futuro con mi ex esposa, ahora esposa nuevamente. Todo un derrotero, pero que me trajo de vuelta a la felicidad.

-LUIS: Es probable que el estar tan aturdido, tan sobrepasado, no me permita ver más allá.

-GABRIEL: Si me permitís, te ofrezco uno de los departamentos para que puedas descansar, necesitás dormir un poco, para poder ver las cosas con algo más de claridad.

-LUIS: Te agradezco tu ofrecimiento y esta charla, pero no quiero molestarte!

-GABRIEL: No es molestia! Te veo y me veo a mi mismo hace tiempo atrás, abatido por el dolor. Descansá un poco y ya después verás!

-LUIS: Gracias!

Me acompañó hasta uno de los departamentos y me dejó la llave.

-GABRIEL: Date un baño también! Te va a venir bien!

Fui hasta el auto a buscar mi bolso y al volver, me metí al baño y me di una ducha, después me tiré en la cama y me quedé dormido.

Me desperté un rato después, a mirar mi teléfono eran las doce y media del mediodía, le había dicho a Fabiola que la llamaría a esta hora y no supe que hacer, ¿llamarla como si nada pasara?

El día se había nublado y amagaba largarse a llover en cualquier momento.

Decidí llamarla y fingir que todo estaba bien.

Busqué su contacto y pulsé para llamar, sonó, sonó hasta que llegó la casilla de mensajes. ¿Aún seguiría con ese tipo? ¿Habría tenido una noche larga y aún dormía? ¿O acaso su cargo de conciencia no le permitió atender mi llamada?

Salí del departamento y pude ver algunos turistas disfrutar del complejo, a lo lejos lo vi a Gabriel hablando con una mujer. Al verme, se acercaron los dos y me presentó a Mora, su esposa.

-GABRIEL: Podés quedarte cuanto quieras, la casa invita!

-LUIS: Te agradezco, pero no quiero causarte más molestias, fuiste muy amable y no quiero abusar!

-MORA: No es molestia! De todas maneras, esa unidad no está ocupada y a un platense no se le puede negar una mano!

-LUIS: Muchas gracias!

Me senté a la sombre de un árbol a pensar en cómo seguir, por la tarde intenté dormir un poco, pero mi cabeza no me lo permitió.

Pensando en volver, esa tarde noche, al ver a Gabriel por el parque, le dije que me volvería para La Plata.

-GABRIEL: Te propongo algo, cená esta noche con Mora y conmigo, descansás bien y mañana temprano te volvés.

-LUIS: Está bien! Como te voy a agradecer todo esto!

-GABRIEL: Fácil hombre! Viniendo alguna vez al complejo a pasar unos días!

-LUIS: Hecho! Prometido!

Cené con ellos en su casa, realmente son dos personas bárbaras, sin siquiera conocerme, me acogieron y trataron de ayudarme.

Esa noche me llamó Fabiola pero decidí no atenderla, me mandó también varios mensajes, que solo contesté diciendo que estaba muy ocupado y que ya la llamaría.

Esa noche tampoco pude dormir bien, eran las tres de la mañana y mi cabeza no paraba.

Me dormité y me desperté varias veces, hasta que pasadas las seis de la mañana, junté todas mis cosas y esperé a que Gabriel saliera de su casa o lo viera por ahí para agradecerle y despedirme

Al verlo me acerqué para decirle que me iba.

-LUIS: Muchas gracias por todo! Te prometo que volveré, pero esta vez pagaré la estadía como Dios manda!

-GABRIEL: Qué así sea! Buen viaje y espero que todo se pueda resolver!

-LUIS: Muchas gracias! Por favor dejale mi saludo y mi agradecimiento a Mora!

-GABRIEL: Claro que sí! Anotá mi teléfono y cuando puedas, sin apuro, me contás como te fue.

-LUIS: Si Claro!

Salí del complejo y tomé la ruta hacia La Plata, tenía que enfrentar la situación y ver cómo seguir con mi vida.

El solo pensar en ese momento hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas

Manejé un par de horas con los ojos puestos en la nada, mi compañero era el dolor, ese dolor en el pecho que no cesaba.

Había empezado a llover y un movimiento brusco del auto me sorprendió, se me deben haber cerrado los ojos, cuando me di cuenta qué me había salido de la ruta, como un reflejo, di un volantazo intentando volver al asfalto, terrible error, a la velocidad que venía, sin entender lo que pasó ni cómo, pude ver todo dar vueltas a mi alrededor, todo quedó patas para arriba, me dolía el pecho, el cuerpo y la cabeza, llevé mi mano a la cabeza y al verla, estaba llena de sangre, me iba aflojando, me sentía irme, y lo último que pensé fue, bueno por fin este dolor se va a terminar.

Quise abrir los ojos, pero no podía ver nada, tenía la vista nublada, solo unos reflejos, pestañé un par de veces, para ver si se me aclaraba la visión. Nada, me sentía como borracho, después de haber jugado diez horas al fútbol, el cuerpo me pesaba, me dolía la cabeza, intenté sin éxito mover alguna parte del cuerpo.

Me volví a dormir.

No sé cuánto tiempo después, un ruido me hizo abrir los ojos nuevamente, giré con dolor mi cabeza, y una mujer me estaba mirando, al ver mis ojos abiertos, se acercó.

-ENFERMERA: Mi nombre es María, y soy la enfermera de la terapia intensiva, ¿cómo se siente?

-LUIS: Me duele todo.

-ENFERMERA: En un momento viene el médico a verlo.

Me dejó allí y minutos después vino un hombre con guardapolvo blanco.

-MEDICO: Buenas tardes Luis! Soy el doctor Dardo Nievas, encargado de la terapia intensiva.

-LUIS: ¿Qué día es hoy?

-MEDICO: Miércoles

-LUIS: ¿Dónde estoy?

-MEDICO: En la sala de terapia intensiva del hospital de Dolores, lo trajo una ambulancia el domingo por la mañana, tuvo un accidente en la ruta dos, se salió de la ruta y su auto dio varias vueltas.

Tuvimos que operarle el brazo izquierdo, suturar su cabeza, enyesar la fractura de su pierna izquierda y suturar varias heridas en su cuerpo. La policía encontró su teléfono y le avisó a su familia, Ellos están afuera, a las siete de la tarde, podrán entrar a verlo un momento.

-LUIS: ¿Me podría decir quién está?

-MEDICO: Su esposa y su amigo Martín, están aquí en Dolores desde el domingo en la tarde.

-LUIS: ¿Cuando me voy a poder ir?

-MEDICO: Es muy pronto para eso, le haremos varios estudios y lo mantendremos bajo control, si todo va bien, en unos días lo podrán trasladar a La Plata. Probablemente en una semana. Ahora por favor descanse.

El médico se fue y me volví a quedar solo, trataba de recordar lo que había pasado, seguramente me venció el sueño en la ruta y había perdido el control del auto. Pero indefectiblemente, vino a mi cabeza la razón de toda aquella locura, mi esposa se había ido de ese bar con un hombre a su casa, y vaya uno a saber, lo qué pasó allí dentro.

¿Qué me diría mi esposa? El dolor me volvió a invadir, en ese momento sentí que hubiera preferido, morirme en el accidente.

Con el mismo dolor me volví a dormir.

Desperté cuando la enfermera, vino a tomarme la presión, y me dijo que en diez minutos, comenzaba el horario de visita de la terapia. Serían solo cinco minutos y en esta primera visita, solo le permitirían entrar a mi esposa.

Aquello me puso muy nervioso, no sabía cómo enfrentarla, no sabía sí blanquear mi jugada y decirle a la cara, que la había visto irse del bar a la casa de un hombre esa noche.

Un momento después, la vi entrar con los ojos hinchados, supongo que de tanto llorar, a unos pasos de mi cama, habló algo con la enfermera y luego se acercó.

Sus lágrimas mojaron mi cara, cuando se agachó para besarme, y una mezcla de sentimientos me invadió, con su cara demacrada, tenía frente a mí a la mujer que amo, pero también a la causante de mi nuevo dolor.

-FABIOLA: Estaba tan preocupada amor mío! Tenía tanto miedo! Cuando me llamo la policía me volví loca! No sabía qué hacer y lo llamé a Martín, me pasó a buscar y nos vinimos para acá, estamos acá desde el domingo! Tenía tanto miedo amor mío!

-LUIS: Quédate tranquila, hierba mala nunca muere!

-FABIOLA: Vos no sos hierba mala mi cielo! Sos el hombre más bueno del mundo! Pero por favor no hables, el médico me dijo que no te hiciera hablar mucho, estoy al tanto de todo lo que pasó, todo lo que tuvieron que hacerte, y los estudios que aún faltan.

Hablamos un momento más hasta que la enfermera le dijo que tenía que salir.

Se despidió con un beso en mi boca y me dijo que al otro día volvería.

Martín estaba al tanto de la movida del supuesto viaje, solo esperaba, qué no le hubiera contado nada. Aún tenía que decidir cómo enfrentar la situación, pero no era algo para hablarlo en los cinco minutos del horario de visita de la terapia intensiva.

Me hicieron un montón de estudios y las curaciones de las heridas.

Al día siguiente en el horario de visitas, entró primero Martín.

-MARTIN: Qué cagazo me hiciste pegar boludo! Qué carajos hacías en la costa! ¿No te ibas a quedar en La Plata?

-LUIS: Me quedé en la plata, y la seguí, cuando la vi irse del bar con un tipo a una casa, me volví loco, dejé el hotel, cargue todo y me vine para la costa, no sabía qué hacer. Después de pensarlo, decidí enfrentarla y volver, pero creo qué me quedé dormido en la ruta. ¿Le contaste algo?

-MARTIN: No boludo! Creo que eso es cosa de ustedes! No sé qué pasó con ese tipo, pero desde que se enteró está desesperada y muerta de miedo, no para de llorar por miedo a que te pase algo.

-LUIS: Yo tampoco sé, pero tengo que esperar para hablarlo, no da hacerlo en cinco minutos.

Dos días más estuve en la sala de terapia intensiva, Fabiola vino todos los días y ya estaba mucho más tranquila.

Cuando me bajaron a una habitación, ella se quedó conmigo todo el tiempo.

Me quedaría una semana y luego me podrían trasladar a la clínica de La Plata.

Martín se volvió, tenía que resolver algunas cuestiones en el estudio.

El segundo día en que estuvimos solos, decidí hablar con ella.

-LUIS: Fabiola, necesito que hablemos.

-FABIOLA: Si mi cielo, lo que quieras.

-LUIS: Y necesito que seamos sinceros en esta charla, yo lo voy a ser. Vos estás al tanto de los sufrimientos en mis relaciones anteriores, y desde hace algún tiempo, algunos cambios en nuestra relación, me hicieron pensar que algo no andaba bien.

-FABIOLA: Lo que pa...

-LUIS: Déjame terminar por favor. Algunas actitudes tuyas, me hicieron recordar momentos del pasado, el cambio en tu vestuario, tantas horas fuera de casa, que tu teléfono tenga contraseña, y por sobre todas las cosas nuestras relaciones sexuales. Hasta esos momentos, nunca había pensado en esas cosas, pero por haberlas vivido varias veces, sentí que algo no estaba bien entre nosotros, y es por eso que te mentí, inventé el viaje a la costa, para poder ver lo que hacías cuando yo no estaba, de verdad que no me enorgullezco de lo que hice, me siento muy mal por eso. Sentía miedo de que me volviera a pasar lo mismo, y te seguí al bar, te vi entrar con las chicas, pero después te vi salir sola, e irte con un hombre a una casa. Me doy cuenta qué tantos años de terapia, no han podido sacar de mi cabeza esos sentimientos. Creí que con vos por fin sería diferente, así lo sentía, pero verte entrar en esa casa con ese hombre me destrozó, después salí con el auto sin saber qué hacer ni donde ir y termine en la costa. Sin tener bien en claro como seguir, decidí volver para hablar con vos y enfrentar la situación, y bueno, pasó lo que pasó en la ruta. Fue una mierda pensar así, pero fue lo que sentí, en el momento del accidente, antes de perder el conocimiento, sentí que morir en ese momento me hubiera evitado ese dolor.

Mientras le decía todo esto, sus ojos se llenaron de lágrimas, por momento bajaba la mirada y me temía lo peor.

-LUIS: Por favor, necesito que me cuentes todo, que seas sincera conmigo.

-FABIOLA: Te voy a ser plenamente sincera, como lo he sido desde que estamos juntos. Siempre supe el dolor que te causó lo que te tocó vivir en relaciones anteriores, y la verdad, me duele que hayas pensado lo que pensaste de mí, pero tengo que reconocerte, que quizás mis actitudes, te llevaron a pensar así, te juro mi vida, que las llegadas tarde, las horas fuera de casa, fueron por trabajo, me asignaron las cuentas de una empresa, y quería demostrar que estaba a la altura, y eso me demandó más trabajo. En cuanto a la contraseña en el teléfono, no era para ocultarte nada, fue porque un día, vi a la chica nueva, husmeando en mi teléfono, el tema del cambio de vestuario, es algo más personal, necesitaba verme bien, me parecía que me estaba dejando estar en cuanto a mi imagen de mujer, pero nunca fue por mostrarme a alguien más, te juro que no, y respecto de nuestras relaciones, tenés razón, no estuvieron bien en este último tiempo, pero realmente estuve estresada y cansada, te juro que no hubo otro motivo.

-LUIS: ¿Y el tipo del viernes?

-FABIOLA: El viernes por la tarde, me llamo mi hermano Claudio, diciéndome que sobre la marcha había preparado una fiesta sorpresa para mi cuñada, ella salía del hospital a las doce de la noche, y mi hermano la llevaría con una excusa, a la casa de Marcos, el hermano de ella, dónde la esperaría su cumpleaños sorpresa. Cómo mi hermano iba a buscar a mi cuñada, al bar me fue a buscar, Marcos, ese hombre que viste, es el hermano de mi cuñada, mi hermano le pidió que me fuera a buscar, para que no me fuera sola en taxi a esa hora. La casa donde me viste entrar es la casa de Marcos y su esposa, cuando llegamos, estaban todos los amigos, qué no habían dejado el auto en la puerta, para que mi cuñada no se diera cuenta.

Sacó su teléfono y me empezó a mostrar decenas de fotos de esa noche, muchas de ella con su hermano, su cuñada, aquel hombre con su esposa y su pequeña hija, y un montón de invitados más

Mientras me mostraba todo eso, no pude aguantar las lágrimas, qué estúpido había sido, cómo pude desconfiar así de ella.

-LUIS: Me siento el peor de todos, no sé si podrás perdonarme por pensar así de vos, entendería perfectamente, qué no quieras seguir conmigo, no tengo arreglo, no puedo superar esos trastornos, me persiguen los fantasmas de la traición, y vos no te mereces un hombre así a tu lado.

-FABIOLA: No digas eso mi cielo, me enamoré de vos el primer día que te vi, y desde ese momento, te amo y te elijo cada día, vos tendrás tus cosas, como yo tengo las mías, pero agradezco a la vida, el amanecer a tu lado cada mañana, sos el amor de mi vida, sos mi hombre. Nunca te fui infiel, y nunca te haría algo así, te lo juro por mi vida…. y por la de nuestro hijo qué llevo en mi vientre.

FIN

Epílogo

Por las noticias en los medios televisivos en ese momento, me enteré del accidente en la ruta, incluso fue comentado en el complejo por algunos turistas que habían visto el auto accidentado de camino hasta aquí.

Casi un año después, una mañana recibí una llamada de un número que no tenía agendado, al atender, me dijo que era Luis y me pidió perdón por no haber llamado antes, pero por el accidente, su salud se había complicado y le había llevado varios meses recuperarse, y en ese momento, mi mente hizo un clic y aquel accidente vino a mi cabeza, ¿cómo no lo relacioné? Y hasta me sentí culpable por no haber estado allí con él en ese momento.

Hablamos casi una hora, me dijo que no tenía por qué sentirme culpable, que siempre me recordaba y que había esperado estar recuperado para poder volver al complejo.

Antes de terminar la comunicación, me pidió le reservara dos semanas en el complejo para él su esposa y su pequeño hijo.

Dos semanas después, los vi llegar, entraron al complejo con su auto, bajó Luis caminando aún con dificultad, pero entero, bajó también su esposa con un bebé en brazos.

Luis me dio un abrazo bien apretado y me dijo:

-LUIS: Hola Gabriel! Qué gusto volver a verte!

-GABRIEL: El gusto es mío!

-LUIS: Te presento a Fabiola, mi esposa y a mi hijo Matías Gabriel, las razones de mi vida!

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