Todas Puteamos. Capítulo VIII Mi Primer Alumno.
Eli tiene en sus manos la prueba de la traición de Jorge, pero no busca consuelo, busca venganza. Cuando Pablo, el alumno de su amante, se atreve a menospreciarla, ella no se retira: toma el control, lo arrastra al auto y le enseña, con crueldad y maestría, quién manda realmente en la cama.
(Para disfrutar mejor de este relato, les recomiendo leer los anteriores:)
Todas Puteamos. Capítulo I. Mi Padre www.todorelatos.com/relato/186060/
Todas Puteamos. Capítulo II. Capítulo II Mi novio del pueblo. www.todorelatos.com/relato/186202/
Todas Puteamos. Capítulo III. Mi novio de la ciudad. www.todorelatos.com/relato/186243/
Todas Puteamos. Capítulo IV. Mi primer Cliente. www.todorelatos.com/relato/186280/
Todas Puteamos Capítulo V. Mi primer jefe. www.todorelatos.com/relato/186321/
Todas Puteamos Capítulo VI. Mi terapeuta. www.todorelatos.com/relato/186353/
Todas Puteamos Capítulo VII. Todos somos infieles. www.todorelatos.com/relato/186390/
Capítulo VIII Mi primer Alumno.
Una puta pagando por sexo.
Los mensajes que guardé de Jorge en mi portátil, y un video que encontré después, serían el material con el que iba a torturarme los siguientes dos años. A veces a las putas nos gusta hacernos daño, para hacernos más putas. Para justificar lo que queremos hacer. Hasta para darnos valor. Esa es nuestra verdad, y las que saben de esto me comprenden.
Jorge sabía que había yo leído todos sus mensajes. Que había tenido todos sus secretos ante mis ojos. Lo que él no sabía es que me había hecho una copia de todo ello y me la había mandado antes de hablar con él. Y de toda esa bendita colección, hice una antología, los mensajes que se enviaba con una putita de unos 23 o 24 años, y que en mi mente se convirtió en “su alumna consentida”.
En sus mensajes, “la alumna consentida” le daba las gracias por cada cogida. Por los orgasmos recibidos. Por el cariño otorgado a su persona. La muy perra daba las gracias en sus mensajes por el semen degustado, por las sensaciones recibidas, por las palabras de amor, y por “enseñarle cómo su culito podía ser fuente de tanto placer” Maldito, maldito, ¡Maldito! ¿Cómo se había atrevido a decirle “Te amo”? ¿Cómo se había atrevido a cogérsela en el mismo lugar que a mi? ¿Cómo podía haber sido tan dulce con ella? ¿Cómo?, ¿Cómo? ¡¿Cómo?! Le había comido el clítoris el infeliz, y le había dicho que la amaba. Para mi, con eso, la traición de Jorge era completa. Jamás di la vuelta para mirar las mías, hasta que de nuevo y con los años, volví a terapia.
Fue una tarde de leer y releer esas malditas cuarenta páginas de mensajes que lo decidí: Si Jorge podía ser un maestro para coger, Yo también podía ser maestra para lo mismo.
Siempre me gustó el porno. Recuerdo haber comenzado muy chica, como muchos, en la pc de escritorio en la que hacía mis tareas en la secundaria. A veces pienso que los calentones que me ponía, fueron en parte los responsables de lo que pasó con mi padre. A veces pienso que solo me gusta hacerme daño con eso, y que todas vemos porno, unas más y otras menos, pero que todas lo hacemos. Siempre ponía en el buscador el nombre de mi ciudad, se me hacía excitante encontrar
Ver porno fue el siguiente trago de veneno que me bebí en la vida. Encontré a mi Jorge con su alumna. En una cogida de campeonato. Casi dos millones de visitas. Jamás se miró el rostro de ninguno de los dos. Pero apostaría mi vida a que eran ellos.
Yo conocía el cuerpo de Jorge. Por completo. Y sé que ese video era de él.
Al inicio aparecía aquella mujer, con unos pechos preciosos y proporcionados, aureolas rosas y ni una bendita estría en todo el cuerpo, ponía la cámara a funcionar, y al voltearse, hasta yo suspiré la primera vez que lo vi. Unas nalgas perfectas y redondas, hermosas, levantadas como si estuvieran desafiando a la gravedad. Un cutis perfecto, de mocosa, Una espalda en la que se marcaban, sin ser groseros, todos los músculos importantes, un tatuaje que acentuaba la sensualidad de la chica, unas alas de ángel con detalles en colores amarillos, rosas, rojos y azules, como si fuera una pintura impresionista.
Después del primer plano de ella, mientras se acercaba al espacio donde sería filmado el acto amatorio, aparecía Jorge, ya completamente desnudo y completamente erecto, para comenzar a ver cómo se agachaba ella a comerlo. Por una fracción de segundo, mientras aparecía su cuello delgado y su barbilla perfecta, estuve segura de que era una bendita alumna de mi Jorge, pero traía puesto un antifaz de carnaval.
Lo mamaba como estrella porno. El movimiento de cabeza era perfecto, y se notaba el movimiento de la lengua mientras se tragaba la verga de mi Jorge con una puta hambre que yo tenía mucho que no sentía. La mocosa hacía todo un esfuerzo por hacerlo venir con su mamada, como si no supiera que el muy cabrón controlaba eso a la perfección. Dejó de mamarlo para subir a besarlo, y las manos de Jorge recorrían todo su cuerpo, centrándose en las nalgas, en esas preciosas nalgas. vi una gota de flujo saliendo de su vagina. La mocosa estaba perdida de excitación, mientras era besada y acariciada con fuerza.
Ella lo tomó de una mano, y lo acercó a la cámara, ya los dos en primer plano, ella le dio la espalda, se dobló y arqueó la cintura para recibir su verga en la vagina, y mi Jorge comenzó a cogérsela con ese ritmo que a mi me volvía loca. Conforme iba mirando la danza de sus cuerpos me fui excitando, si bien estaba rabiando, también estaba encendida, pensaba que así me vería cuando Jorge me cogía. La mocosa comenzó a estremecerse, se pellizcaba los pezones y se comenzó a morder una teta, mientras luchaba por mantener el equilibrio. Y si, su orgasmo llegó a chorros. La bendita parecía mearse mientras Jorge le metía tres dedos en el culo y hacía su movimiento del tornillo. La mocosa bajó a volver a mamarlo, ya perdida.
Su mirada se notaba embriagada, intoxicada. El video no tenía sonido, solo música, pero yo sé que la mocosa estaba gimiendo mientras el comía la verga a mi Jorge, mientras bajaba la boca para lamerle los testículos, mientras se tallaba las mejillas y la frente, la nariz y los labios de la boca con su verga, y aunque no se miraba en el video, sé que la muy puta se estaba restregando el clítoris, o terminando de abrirse el culo para recibir a mi Jorge. La forma que se haya estado estimulando, era lo de menos. Tuvo un orgasmo de esos que te levantan una ampula de envidia, mientras se metía la verga de Jorge hasta el fondo, ya sin mamar, ya solo sintiendo el glande de mi Jorge en el fondo de la garganta.
La mocosa se levantó, ansiosa, ya completamente ebria de sexo y de deseo, y mostró a la cámara un culo precioso, rosado, virginal, que hasta se me imaginó apetecible, apenas con un pequeño lunar a unos dos centímetros de los pliegues, que en lugar de afearlo, resaltaba su perfección, lo mostró, ya abierto de excitación, listo para ser perforado, pero para hacer más sensual el video, lo frunció con coqueteo, como si de un guiño se tratara, y nuevamente, de la mano jaló a Jorge a su espalda, y tomando su verga con la derecha, lo guió a penetrarla, abriéndose la nalga con la izquierda.
Jorge le daba con gusto, con deseo, con alegría, y la mocosa ponía cara de ebria, de satisfacción. Ella ya estaba un paso más adelante de la excitación. La estúpida sabía moverse, y yo lo vi, con mis propios ojos, unos minutos de sus movimientos de culo, cintura, caderas y nalgas, y mi Jorge comenzó a acelerar, mientras la chica tomaba bocanadas de aire, como si se ahogara, pero sin agua, y se miró un orgasmo más, con un cuerpo estremeciéndose al máximo, mientras se agachaba de nuevo y con palabras que no pude escuchar, pero con ademanes que si pude entender, le pedía a Jorge el semen en la cara.
Salieron los goterones de leche directos a su cara. La muchacha los jalaba a su boca con los dedos, como si se tratara del único alimento de una muerta de hambre. Y si. Cuando Jorge terminó de ponerle la leche en la cara, ella se llevó la verga a la boca y comenzó a mamar como si no hubiera existido un orgasmo. Lo mamaba, y hablaba, Yo solo escuchaba la música que le habían puesto, pero sé que ella le decía que lo amaba, sé que le daba las gracias por amarla y sé que le pedía más. Allí terminaba el video. Allí terminaba yo también, que había estado frotándome el clítoris desde la escena en que le metió la verga en el culo.
Cuando recobré la conciencia de mi, estaba decidida a pagarle a Jorge con la misma moneda, como si no hubiera sido yo la puta que fui durante toda mi relación.
No fue difícil comenzar a dar clases. Lo sugerí un par de veces y Jorge me tomó la palabra. A él le correspondía evaluar y asignar a los nuevos maestros. En menos de tres meses de mi ocurrencia, me encontraba frente a un grupo, haciendo mi mejor esfuerzo por estar al nivel.
Había dejado de putear al grado que lo hacía antes de tomar terapia. Pero no me faltaba con quién liberar mi cólera y mi lujuria. Las más de las veces fueron clientes. Si a algún empresario o a algún ejecutivo le faltaba un empujón para cerrar un contrato con el despacho, le permitía el empujón de tripas, que yo disfrutaba para lograr lo que necesitaba. Jorge había hecho lo que había querido, y quería demostrarme que yo también podía. Eso si. Me había vuelto más cuidadosa. No permitía nada sin un condón de por medio, digamos que me había hecho, por lo menos higiénicamente responsable. Yo seguía amando a Jorge, y si era posible, aún más que antes, pero también lo odiaba. Y también lo odiaba más cada día.
Claro que enfrenté a Jorge con el video. Claro que me mandó a la mierda y me dijo que estaba loca. Que no podía afirmar nada, si no estaba su cara, y la de su alumna consentida. No debo mentir, si quiero que me puedan entender. La alumna consentida tenía un puto cuerpazo. Unas nalgas preciosas, una cintura diminuta. Unas piernas de infarto. Todos los hombres y también las mujeres interrumpían lo que estaban haciendo al verla pasar. Siempre que la describí a otra persona, siempre la ataqué. Pero haciendo honor a la verdad, la chica era preciosa. Eso si, se notaba a leguas la inocencia fingida, y que me lo pregunten a mi, que era experta en eso. Era una mocosa como yo. Con el alma de puta. Y ella quería darle a Jorge esa inflada de ego que él necesitaba después de saber lo puta que era yo. O eso pensaba.
Y experta me hice en esa etapa de mi vida en rabiar de celos. Que yo miraba a la alumna y me imaginaba a mi Jorge arrodillado, abrazándose a sus piernas y comiéndole el culo. La miraba con un vestido y me imaginaba a mi Jorge arrodillado a frente a ella, subiéndole una pierna al hombro, para lamerle el clítoris. Cuando la miraba sentada, me imaginaba a mi Jorge, de pie frente a ella, dándole su deliciosa verga. Era verla e imaginarla en cualquier situación sexual posible con mi amado hombre. Y lo peor es que yo los había leído. En su papel de mosca muerta la muy puta le había escrito: -“Mi amor, eso que me hiciste de estar en todos mis lugares me dejó estúpida por ti. Te amo George, y te amo tanto que a veces ni me creo que algo tan bueno me pueda estar pasando”- ¡Perra y mil veces perra! ¡Puto y mil veces puto Jorge! ¿Cómo podía joderse todos los agujeros de esa mocosa? Si solo debía joderme los míos.
Entre el rencor y la rabia, me encendía. E iba a buscar a mi amor a su oficina para mamarle la verga y dejarlo seco. Para que nadie se le acercara. O eso creía yo. De cualquier forma mi modo de puta celosa estaba al máximo, así como mi sed de venganza.
Fue en Mayo de 2009. El semestre se acercaba a su fin poco a poco. Yo me había mantenido en el modo profesional todo el tiempo. Me sabía deseada por mis alumnos. Eran épocas de calor y yo sé que abusaba de la ropa ligera. Sabía que me miraban todo el tiempo, y que más de uno de los chicos del grupo haría lo que fuera por tenerme. El escogido fue Pablo. Eran chico no tan chico. Tenía ya 27. Hijo de un prominente empresario de apellido libanés. Tenía mundo, había viajado y contaba ya con sus primeros negocios. Había retomado la carrera por exigencia de sus padres. Solo bastó que le pusiera un poco más de atención. Rozar mis nalgas con sus hombros cuando pasaba junto a su banca, y agacharme para ver sus apuntes y que él me viera las tetas sin disimulo y sin molestia mía, para que entendiera la indirecta.
Mi plan comenzó revisándoles los trabajos finales un jueves por la noche. Dejé a Pablo al final. No había llevado auto, y le pedí que me llevara. Pablo era un tipo listo y ágil de mente, pero no pensaba meterse en problemas si no lo valía. Fue claro desde las primeras palabras que cruzamos en el coche. ¿No es usted la novia del Maestro Higareda? -Me preguntó.-
-Es un gran tipo, un gran maestro, y un gran abogado. Y es muy importante aquí- continuó.
-¡Es un pendejo!- le dije, sorprendida por que mi víctima tuviera tanta admiración por Jorge. Pablo se rió y me dijo: -Se ha cogido a quien ha querido aquí- -la entiendo. Quiere venganza- dijo con picardía.
-Quiero un diez para cogérmela- terminó por decir, después de una pausa que se me hizo incómoda. Y me dejó desarmada. Mi parte seductora, que siempre se sabía deseada, mi plan de la venganza, mi idea de que era una mujer súper atractiva, mi ego y mi orgullo de puta, se habían ido a la mierda. Pablo me estaba dando la peor humillación de todas. Y peor aún, el muchacho podría ponerme en evidencia con compañeros y hasta con el mismo Jorge.
Yo quería un video donde un cabrón alumno me hiciera disfrutar como el cabrón de Jorge a su alumna favorita. Y este alumno hijo de puta me estaba cobrando un diez. Todo mi plan se había derrumbado. Yo misma me había derrumbado. Pero como siempre he dicho, No importa toque me tire, mi orgullo me levanta. Así que volteé a mirar a Pablo con mi cara de putita.
-A mi no me gustan las putas. Mi novia es guapa, y la quiero. Estoy satisfecho con ella- Todo eso dijo y todos los colores se me subían al rostro. -Pero si me pone el 10, me la cojo Miss, usted es guapa- -No es que vaya a ser como un esfuerzo- El hijo de su puta madre me había herido en lo más profundo en menos de dos minutos. Y necesitaba recuperarme antes de que todo se me saliera de control.
Hice pausa. Necesitaba recuperar el control lo más rápido posible. Y Pablo se iba a arrepentir toda su puta vida de la humillación que me estaba haciendo.
-Párate. Párate y sácala- le dije en tono de mando, el tono que había aprendido de mi Jorge. Y en ese momento me di cuenta de cuánto había aprendido de él y con él.
El muchacho se descolocó. Pero la voz de mando funciona igual con todos. Así me descolocaba a mi las primeras veces que Jorge me habló así. Se detuvo y se puso nervioso. Le tomé el cabello de la nuca, lo jalé lo justo para que arqueara una ceja de dolor. Yo lo besé.
No iba a dejar que un muchacho que era mi alumno me hiciera sufrir. Lo besé con toda la habilidad obtenida a lo largo de mi vida. Lo besé fuerte primero, como si yo fuera el hombre. Exploré en su boca, medí sus labios, los chupé y les di pequeñas mordidas, entré a su boca con mi lengua, y le llegué lo más profundo que pude a la suya. Luego subí al paladar, e inhale su respiración hasta dejarlo sin aire. Lo dejé respirar y repetí, ahora acompañado de subirme a él y de tomarle la cara con ambas manos, el mismo beso. Lo escuché gemir bajito, y supe que era mío.
Si me iba a tratar como puta, le iba a demostrar que era la más puta. Encima de él me saqué las tetas, de nuevo lo tomé de los cabellos y lo acerqué a mamármelas. Estaba embelesado comiéndome las tetas, cuando le solté la primera bofetada. -¡Te dije que te la sacaras!- le espeté, y pasó lo que yo tenía previsto. El muchacho se calentó. Torpemente se bajó el cierre y sacó una buena herramienta. Bajé y le di la mejor succión que sabía dar, haciéndole un círculo con los labios, y tratando de meterle la lengua al meato. Mientras hacía esto, pellizcaba su pecho y le pasaba las uñas hacia el vientre alternadamente. Lo escuché ronronear y supe que lo tenía en mi poder.
Me levanté y lo volví a besar con la misma fuerza, e incluso con más. Mientras lo besaba, me fui sacando la tanga, que estaba completamente mojada. Cuando la tuve en mis manos, se la puse en la boca, justo en el espacio más húmedo, donde estaba mi vagina unos minutos antes. El olor lo estaba poniendo mal. Pero mi mal trato, más. Seguía jalándole el cabello y respirándole al oído, seguía yo ronroneando como si mi deseo fuera de una eternidad. Él no lo sabía, pero las putas, todo lo podemos fingir. Sentí sus manos subir por mis piernas, acercándose a mis nalgas, lo solté y lo miré como si mi deseo se desbordara, miré hacia su verga, me relamí los labios, le retiré las manos, volví a mamarlo, pero ahora más profundo, hasta que su glande llegara a lo más profundo de mi, pero el pantalón no me lo permitía.
-Pásate atrás y bájate eso- Le dije de nuevo con voz de mando. Miró hacia abajo, excitado y desconcertado, mientras yo iba pasando por la otra puerta. Me puse en posición de gata en celo. Levantaba el culo lo más que podía, mientras la falda se bajaba hacia mi espalda, haciendo que el viera cómo mi culo estaba en pompa, mientras me metía lo suyo hasta la garganta, y aún hasta el fondo, me empujé más hacia adelante, mientras él hacía los sonidos naturales de un hombre que vive por primera vez esa experiencia. Hice mi mejor movimiento: tocar mi garganta fuertemente con la mano, en la zona donde él tenía el glande, por dentro, y solté un gemido desde el estómago, que le transmitía mi vibración. Sentí un espasmo. Rápido, lo saqué de mi y me di la vuelta, ofreciéndole el culo y mi vagina. Pero él me había humillado, y no se los daría.
De nuevo lo jalé de los cabellos y puse su boca en mi culo. Pablo era un estúpido comiendo el culo. Pero no me importó, comencé a dirigir su cara para que rozara los pliegues de mi ano, le movía la cara a voluntad, tomado por el cabello, mientras yo movía las nalgas a un ritmo que sabía que me daría un orgasmo en los siguientes segundos. Traje a mi mente los momentos más calientes de mi vida sexual. Quería mojarle la cara, terminar de encenderlo, y si quería hacer eso, debía de darle una mojada de cara que nunca hubiera vivido. Comencé a venirme ruidosamente, le solté todos mis jugos y hasta un poco de orina. Terminé, y lo dejé que me metiera un par de dedos en el culo, mientras los metía hice el sonido de estar a punto de otro orgasmo, y al momento que apuntaba su verga a metérmela, abrí la puerta, me pasé adelante y esperé a que se sentara.
Pablo estaba salido, excitado, sorprendido, caliente y estúpido. Cuando se sentó junto a mi y metió aire para decir algo, le dije: -Si quieres coger conmigo, te vas a disculpar Pablo, y no solo eso, me vas a rogar por estar conmigo, o no lo tendrás- Se quedó callado varios minutos en lo que controlaba su excitación. Me pidió la disculpa merecida y me pidió dejarle “Hacerme el amor”
-Hoy no- le dije, con mi cara de dueña de la situación. Para que aprendas a tratar a una mujer -continué- Me gustas muchísimo -le mentí- y desde que te conocí -le seguí mintiendo para inflarle el ego- Pero ni por eso, ni por nada voy a permitirte que me trates mal. -le dije-
Pablo puso cara de arrepentimiento, pero me confesó que mi bofetada lo había encendido más de lo que se hubiera imaginado, y entonces ataqué de nuevo. Vámonos Pablo -le dije- llévame a otro lado- y Pablo tomó camino al motel más cercano.
Durante el camino, volví a sacarle la herramienta del pantalón y regresé a mamarlo como si lo amara de toda la vida, como si fuera mi hombre. Como si fuera mi Jorge.
Entramos al motel y lo dejé hacerme lo que él quisiera y al ritmo que quisiera. Cada persona en el mundo conoce su propio ritmo, y si lo que quieres es encender a alguien al punto de que el fuego se lo coma, debes seguir su ritmo y no el tuyo. En un momento de conciencia, me di cuenta que también Jorge me había enseñado eso. Yo sabía muy bien qué le haría a Pablo. Iba a ordeñarle la próstata cómo había aprendido con Mario y aún mejor de cómo lo hacía con él, para darle el mejor orgasmo de su puta vida.
Bajé a mamarlo en la cama. Y mientras él se revolvía de placer, fui acercando mis dedos a su culo. Quiso poner resistencia, subí a comerle la boca y a acercarle la vagina a su verga, solo rozándolo por fuera mientras le di una generosa ración de bofetadas, alternadas con mis mejores besos y con dejarle comerme las tetas. Bajé de nuevo, sabiendo que ya había vencido su resistencia, y comencé a trabajarle el culo.
Nunca nadie se lo había hecho. Vi como se salía un hilo de saliva por la comisura de los labios mientras le hacía una mamada espectacular, pero cuando llegué a su próstata, comenzó a perder el control. Se arqueaba, lo que hacía que mis dedos llegaran más profundo, los ojos se le ponían en blanco, y yo me tragaba su miembro hasta aplastar mi nariz en su pubis, sentí los primeros espasmos y lo saqué de mi boca. Comenzó a soltar una cantidad de semen no vista antes por mi. Este semen no era tan delgado como el de Mario. Pero la cantidad era incluso mayor. Yo seguía masajeándole la próstata mientras Pablo gritaba y volvía a gritar, con mi mano libre le agitaba la verga y le masajeaba los huevos, no le iba a dejar ni una gota se semen dentro.
Quedó en shock. Era como yo la primera vez que tuve un orgasmo de esa potencia. Yo me puse amorosa y comencé a frotar mi clítoris con su pierna para hacerme venir. Comencé mi teatro, mientras le repetía todo lo que lo deseaba, todo lo que me gustaba y lo bien que había estado, aunque realmente él no hubiera hecho nada. Me llegó apenas un orgasmo. Pero lo fingí como si fuera el más grande del mundo. Lo único que yo deseaba es que Pablo se quedara prendado de mi, y que me necesitara al día siguiente y al día siguiente, y al siguiente. Eso era lo que me exigía mi alma de puta.
Todas puteamos. Unas por dinero, otras por poder. Unas por amor y otras por desamor. Yo estaba puteando por venganza, por mi orgullo constantemente herido, por dominar a un mocoso, como mi Jorge dominaba a mocosas, por sentir que podía. Por poder.
Pablo dejó un charco de semen. Se quiso poner tierno y lo mandé a la mierda. Tú lo que necesitas es quien te enseñe en la cama -le dije- Y tuve la respuesta que necesitaba: -Haré lo que quieras y como quieras Eli- -Nunca pensé que fueras tan hermosa sin ropa- terminó.
Cogí con Pablo seis meses más. No le puse el diez que pedía. Siempre fui la más higiénica con él. Siempre un condón. Nunca beberme su semen, nunca una marca, y nos tomé fotos, cientos de fotos y videos haciéndole el culo. Si alguien se enteraba de lo nuestro, lo verían con el puño de Elizabeth hasta el fondo del recto y él haciendo ruiditos de puta.
A pesar de que nunca tuve un video como el de mi Jorge con su alumna favorita, me sentía a la altura de mi Jorge. -Las putas que contamos historias, somos las peores, nos las contamos también a nosotras mismas- Sentía que había logrado lo mismo que él. Que me había vengado, y que estábamos parejos. Así llegó mi siguiente etapa de mi vida con él, dos infieles, una cuidadosa y el otro cínico. Una llena de rencor, otro lleno de dudas. Pero aún con todo así, vivimos nuestro paraíso, en la calle y en la cama, en la vida y en el amor.
Hasta que en una de muchas, me descubrió.
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