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Mis desahogos: Abdul - Parte 1

Marc creía que tenía el control sobre ella, pero Sandra acaba de descubrir que la verdadera tentación no viene de su compañero de trabajo, sino de las manos que ella misma liberó. Ahora, las fotos explícitas de Abdul no son una amenaza, sino una invitación que ella decide aceptar.

Sandra7.8K vistas9.3· 18 votos

Hola a todos, mi nombre es Sandra vivo en Barcelona y soy médico en mi perfil podeis encontrar más de mí en una pequeña presentación. Este es mi primer relato y es un relato que formará parte de una serie pues la historia se desarrolla a lo largo de varios meses. He de decir que esta historia es real, la viví y me encantó aunque por motivos de la ficción cambio algunos nombres y omito ciertas cosas. También endulzo y exagero algunos encuentros sexuales para daros más alegrías. Espero que disfrutéis.

Abdul - Parte 1.

Conocí a Abdul hace tres años, una noche que hacía guardia. Marc y su compañero entraron atropelladamente en el CUAP sujetando a una chico negro de casi dos metros, forcejeaban con él mientras sangraba por encima del ojo y gritaba en frances todo tipo de insultos. Yo estaba despidiendo a una anciana que había venido con una pequeña arritmia y mis ojos buscaron los de Marc con furia, pero acabaron en los del chico negro con ternura.

Marc era un amigo, especial, guardia urbano que trabajaba siempre de noche, un animal nocturno se decía así mismo. Un animal sí era, y sin duda era el responsable de la herida del chico. Me acerqué enfadada junto con la enfermera que estaba conmigo y un celador se nos unió.

- ¿Marc que es esto? - Le increpé.

- Se ha dado con la ventanilla él solo, dale unos puntos y un calmante que le tenemos que filiar. - Lo del calmante lo soltó como si se tratase de un animal.

- ¿Él solo?

- Sí. - La cara del compañero era un poema.

Me planté delante del chico, me miraba desde arriba con la respiración acelerada y furia. Intenté tocarle y se apartó, le miré con los ojos más comprensivos que pude.

- Tranquilo, solo quiero ayudarte. Te vamos a pasar dentro y vamos a curarte. ¿Me entiendes? - Silencio. - We want to help you, to heal that…

- Entiendo español, pero ellos me pegan yo no fio. - Se zarandeó y casi logra librarse del agarre, Marc echó mano a la porra.

- ¿Qué te hemos pegado?

- Callate. - Salté a Marc. - Deja de retorcerle el brazo así o se lo vas a dislocar. ¿Cómo te llamas?

- Abdul.

- Abdul, escucha voy a pedir que te suelten y vas a venir conmigo y mi compañera a una sala donde te vamos a curar. ¿Vas a estar tranquilo? Nadie te va a pegar. - Eloy nuestro celador, maño y corpulento, dio un paso hacia él, le hice un gesto para que no lo hiciera.

- Vale.

- Soltadle, no creo que se os escape.

- No sabes lo que nos ha costado cogerle…

- Me lo imagino, ahora todos tranquilos.

A regañadientes Marc y su compañero dejaron al chico que se había tranquilizado y no forcejeaba, seguía esposado pero a eso estaba acostumbrada. Le puse una mano en el brazo que le habían retorcido, era puro músculo no una mole pero si nervudo. Mi tacto le acabó de tranquilizar, me sacaba dos cabezas, sabía que yo no era una amenaza.

- Ven con nosotras, vosotros en la puerta del box no se os ocurra entrar hasta que acabemos.

Fuimos al box con él y le sentamos en la camilla. Conseguí que los dos policías se quedasen en la puerta y le examiné la herida ahora que estaba a mi altura.

- No te lo has hecho tú, ¿verdad? - Negó con la cabeza, me volví a Vane mi compañera enfermera. - Curale, ahora vengo para suturar, por favor revisa si tiene más heridas voy a hablar con estos.

- No vayas tú. - Se tensó un momento, le mire a los ojos de nuevo eran profundamente marrones.

- No te preocupes, ahora vuelvo.

Salí y agarré a Marc por el brazo, me lo llevé a nuestra mini oficina. Cerré la puerta y nos quedamos solos. Él sonrió con malicia y lujuria.

- Que cachonda te ponen las guardias, ¿eh? - Se me acercó y me cogió de las caderas.

- Aparta. - Se le torció el gesto.- ¿Cuánto le habéis dado? -Me soltó y se dio la vuelta, no podía mirarme a la cara.

- Mira Sandra, se ha resistido al arresto y es un animal… Se me ha ido con lo de la ceja pero poco más.

- Tú sí que eres un animal. Le tengo que hacer un parte de lesiones, solo que lo sepas. -Me giré y encaré la puerta. Marc se me echó encima y me empotró contra ella.

- No me jodas Sandrita, con lo que tenemos tú y yo. -Su mano volvió a ponerse juguetona y se pasó por mi vientre para luego meterse en mis vaqueros.- Si tu haces un parte de lesiones yo igual le mando un video o dos a tu marido, ¿quieres eso?

Respiré hondo y con algo de rabia mientras sus dedos se metían en mis bragas y enredaban en mi pubis. Marc era un cabrón, un cabrón al que me había follado unas cuantas veces desde que llegué a Barcelona hace nueve años, estando soltera y con novio y casada desde hace dos años.

- Eres un subnormal. Saca esa mano de ahí. -Hizo amago de obedecerme pero antes hundió uno de sus dedos en mi coño, estaba algo mojada pese al enfado al fin y al cabo soy una sumisa nata.

- Tenemos un trato, ¿no? - Se chupó el dedo y me soltó.

- No haré parte, pero le curo y le dejas irse.

- ¿Estás loca? No puedo hacer eso, estaba trapicheando, es un hijo de puta y tengo la cuota…

- Si le detienes parte de lesiones y se te cae el poco pelo que te queda, si le dejas ir ya pillarás a otro que sea más dócil.

- Parece que te haya gustado el mandingo, es un puto negro camello…

- Marc, no voy a hacer mal mi trabajo y encima permitir que te salgas con la tuya.

-Vale, vale… Hacemos eso, pero me ayudas con esto. -Y allí se sacó la polla, dura y sin circuncidar, gorda y venosa. - Que tu flujo me pone como una moto.

- Tú estás metido, es que no se puede ser más idiota. Con la que tenemos montada y quieres una mamada…

- Yo quería follar, pero venga me conformo con una mamada.

No hizo amago de guardarse el rabo así que cedí, y que coño que me gusta chupar y también me había calentado con todo y en todos los sentidos. Le dije que se acercase y me puse en cuclillas con la espalda apoyada en la puerta, le dije que empujase también por si acaso alguien intentaba entrar. Así con su polla, como he dicho bastante gorda, unos tres dedos, delante de mis labios empecé a darle lametones. Sabía que hacerlo de es esa forma le volvía loco, le retiré el prepucio y continué lamiendo su glande rojo. Le hinchó algo más y noté su pulso en mi mano derecha que le masturbaba. Me lamí mis labios húmedos y puse mis labios sobre su polla, empecé entonces la mamada propiamente dicha.

Se la comí en mis términos, introduciendo casi toda en mi boca, de longitud no iba tan bien servido mi amigo especial, y jugando con mi lengua sobre el glande. Al sacarla de mi boca le recorría toda la longitud con lametones, y volvía a empezar. Para que acabase, deslizando dentro de la bragueta del pantalón del uniforme mi mano izquierda le apreté los testículos y me la tragué hasta el fondo. Marc ya sabía lo que debía hacer, empezó a mover sus caderas follándome la boca y eyaculó en paneas un minuto. Me lo tragué todo, aunque prácticamente estalló tan dentro de mi boca que no hubiera podido escupirlo. Me levanté aún con la espalda en la puerta, Marc me besó y yo me limpié su beso con el dorso de la mano.

- Que buena eres Sandra, no sé qué haces con es mierdas de tu marido.

- Ese mierdas no es un matón al que le pone pegar a la gente.

- Bueno zorra, los dos sabemos que a ti una hostia de vez en cuando te pone bastante.

Me pellizcó el pezón izquierdo y se guardó su segunda porra. Salimos y fuimos al box, Vane me informó de más heridas que había visto en Abdul, algunas un poco más preocupantes pero antiguas. Desde la puerta Marc le soltó una perorata, su compañero pasó y le quitó las esposas. La tensión se disparó un momento pero logré calmarle y decirle que era libre, que ellos ya se iban. Así fue, ellos se fueron y quedamos solos con él. Pedí a Eloy que nos dejase también a Vane y a mi solas, que ya no había peligro.

- ¿Qué has visto Vane?

- Mirá, tiene una herida parece un corte profundo y está infectado, en el costado.- Hizo un gesto a Abdul para que se levantase la camiseta. Quedó con el torso, casi esculpido en ébano al descubierto me di cuenta entonces que era mucho más joven de lo que yo pensaba. Vi la herida, en efecto una laceración y la piel alrededor estaba de un color insano.

- Te han cortado, ¿verdad?

- Uno hijo de puta.

- Te vamos a curar esto y dar antibióticos, para la infección.- Procedimos a la sutura y la nueva cura.- ¿Cuántos años tienes? -Me miró extrañado.

- ¿Cuántos tu? - Vane y yo reímos.

- Yo treinta y cuatro y me llamo Sandra.

- Eso ya sé, Vane dijo. Yo veinte y dos.

Yo a su edad a estas horas de la madrugada o estaba en una discoteca o durmiendo en mi cómoda cama, él estaba en otro país y hecho un cuadro. Le curamos del todo y le acompañé a la puerta, nos despedimos y justo en el último momento tuve un despertar de maternalismo.

- Abdul, toma mi número. Es el personal, si necesitas algo, ayuda o lo que sea llámame o escríbeme.

- Gracias, Sandra.

Se fue, antes de amanecer me había escrito diciéndome que ese era su móvil que lo guardase. Lo hice, y le conté a Joan desayunando lo ocurrido ahorrandome ciertos detalles claro. Me sonrió mientras me servía las tostadas.

- Eres un amor Sandra. A veces no sé qué haces conmigo.

Yo sí lo sabía, Joan era bondadoso, generoso y nada mal parecido, solo me fallaba en lo sexual. Padecía eyaculación precoz y eso las pocas veces que lo hacíamos. Nuestra vida sexual se reducía a un par de encuentros al mes, si llegaba. Le quiero, le he querido durante los últimos siete años y cuando todo esto sucedía le quería más si cabe, me había dado todo lo que podía en dos años de matrimonio.

Si os preguntáis porqué le puedo querer tanto y ser infiel y no sentirme mal, es sencillo hice las paces con ello hace mucho incluso Joan sabe que le fui infiel en el inicio de nuestra relación. Fuimos a terapia, y durante un tiempo dejé de ver a otras personas. Intenté que él fuese todo, pero no funcionó, estaba frustrada sexualmente y me tuve que buscar un desahogo, ahí entró Marc y otros. Me sentí una mierda por hacerlo, pero fui madurando un sentimiento o más bien la ausencia del mismo hacia estos desahogos. Solo es sexo y diversión, para todo lo demás tengo a Joan.

- Tú si eres un amor.- Le besé y nos despedimos.

Me fuí a dormir, me desperté para ir al gimnasio, cenar y así acabó el día que conocí a Abdul. Pasaron varios días, quizá un par de semanas hasta que volví a saber de Abdul. Me escribió un mensaje, me pedía quedar si era posible por la zona del Paseo de Colón, no quería hablar por teléfono. Allí nos vimos, cerca de la Cara de Barcelona, allí se alzaba el enorme chico negro. Parecía otro, calmado y sonriente con un chandal de Adidas blanco y nuevecito.

- ¿Qué tal? -Le saludé.

- Bien, ¿tú?

- Muy bien. Me alegro de verte bien, estás muy guapo.

- Tu también, bonitas piernas. -Era un día cálido y llevaba unos “shorts” vaqueros y una camiseta algo escotada.

- Jajaja… Gracias. Y bien qué te cuentas, ¿qué necesitas?

- Cita.

- ¿Una cita médica? -Me quedé descolocada, si quería una consulta se había explicado muy mal.

- No. Cita, tú y yo. Yo te gusto, por eso das teléfono.

- Abdul… -Sonreí era muy mono, guapo y con cuerpazo pero le sacaba doce años y desde luego no le había querido tirar los tejos.- No te dí mi número para eso, era por si necesitabas algo de ayuda.

- No necesito ayuda, quiero cita contigo. Eres guapa, estás buena.

- Estoy casada, Abdul. No busco novio.

-El policía hijo puta dice que tu casada sí… -Asentí, ya lo entendía. -También dice que tu puta, que gusta buena polla y que no importa marido.

- Eso…- Me puse como un tomate, el imbécil de Marc además era un bocazas.- No es cierto. Abdul, lo siento pero me voy si alguna vez necesitas ayuda me dices pero no esto.

- Sandra…- Me agarró del hombro pero me zafé y seguí andando.

Escribí a Marc diciéndole de todo, y dejándole claro que se había acabado cualquier cosa que hubiéramos tenido y que si se iba de la lengua o hacía algo contra Joan o contra mí yo misma le hundiría. Después procedí a bloquear su contacto por todos los medios posibles. Llegué a casa hecha una furia y me hundí en sofá, temí por un momento que Marc realmente tuviera esos videos, pero lo dudaba siempre tenía sus manos en mis tetas o mi culo cuando follabamos. Cogí el móvil y repasé conversaciones con él, nunca mencionó nada de videos. Me fui calmando y me metí en Tinder a ver el ganado, un par de likes y tíos babeando por mi me devolvería el ánimo.

Deslicé apenas diez minutos y fui filtrando los mensajes que me llegaban, primero por el físico de los remitentes y después por el contenido. Descarté calvos y “hola guapa”, y reduje la lista a quince candidatos. Todos en una media de treintaicinco a cuarenta años, los prefiero algo mayores. Aún con la mente en el brevísimo encontronazo con Abdul me fije en un perfil por encima del resto un mulato cubano, muy musculado y con el pelo rapado, rapado que no calvo.

Le contesté a su mensaje diciéndome: “qué tal mami?”. La conversación fue breve y en una hora me estaba recogiendo con su coche a cuatro calles de mi casa, los desahogos así no me gustaba ni que supieran donde vivo. El coche era un Ibiza rojo, algo sucio por dentro y con un par de santos en el salpicadero. Él era mayor que en las fotos, más cerca de los cincuenta que los treinta y seis del perfil. Mantenía buen físico aunque sin pelo. Propuse ir a un hotel, él no parecía muy dispuesto y acabamos por acordar un zona de Montjuic que él denominó como tranquila. Yo seguía con la misma ropa que cuando quedé con Abdul, horas antes.

Aparcó y en efecto la zona estaba desierta, además anochecía ya. Entramos en materia, no besaba mal pero era fumador. Me quitó la camiseta y empezó a comerme las tetas, eso se le daba mejor, mis pezones se pusieron como piedras y él los mordió suavemente dándome una justa mezcla de placer y dolor. Me abrió el pantaloncito y empezó a meterme los dedos. Eran dedos gordos y callosos, sabía lo que se hacía y con cada movimiento, giro y entrar y salir logró que me acercase mucho a un primer orgasmo. Empecé a disipar mis prejuicios, no había sido honesto en su perfil pero me iba a servir de desahogo.

Cuando ya me tenía loca de placer le busqué yo a él y abrí su pantalón. No mentiré, esperaba encontrar lo que todas las leyendas urbanas achacan a los mulatos cubanos. Pero al fin y al cabo las leyendas leyendas son, la polla era bonita aunque no pasaba de los quince o dieciséis centímetros, era como la de mi marido de tamaño aunque confiaba que no de funcionamiento. Se la chupé un rato, estaba limpio y sabía rica además en lo que chupaba no paraba de llamarme guarra y puta lo cual me excitaba. Busqué un condón en mi sort que estaba en el asiento delantero, habíamos pasado a la parte de atrás hacía un rato, se lo coloqué y le cabalgué dándole la espalda. Él bufaba y resoplaba y me agarraba las tetas desde atrás, acompañaba mis saltos sobre su polla con su cadera. No estaba mal pero quería más, quería que su cuerpo de “macho men” me rompiera. Le di unos golpes en el muslo para cambiar de postura y como pude le dejé el culo en pompa.

Me preparé para recibir una buena embestida y así fue, él cargó con todo su peso y me zarandeó entera. Pero no me llenaba por así decirlo y una vez estuvo dentro no continuó cargando con esa intensidad se limitó a moverse como un conejito y no como un toro que yo esperaba. Fueron veinte minutos de contestar a sus “¿Te gusta mami?” con “oh sí papi”. Se corrió bufando y adiós. Me dejó donde me recogió y me dijo de cuando repetir, le dije que le avisaría y deshice el “match”.

En casa Joan preparaba la cena, me preguntó porqué llegaba tan tarde. Desvié la conversación con la suficiente sutileza, la mejor mentira es la que no se cuenta. Nos fuimos a la cama y él se durmió primero, yo leía cuando mi móvil vibró en la mesilla. Eran más de las doce y apenas le presté atención, una simple mirada de reojo a tiempo de ver la notificación. Era una imagen de Abdul, una foto de su polla y era enorme. Solté el libro, el pulsó se me aceleró, siempre procuraba silenciar cualquier contacto que me pudiera mandar un posible mensaje así para evitar riesgos con Joan. Cogí el móvil, entré al chat y leí los mensajes que acompañaban la imagen.

Esto es por tú

Con tu foto

Policia cabrón dijo que tu puta para buena polla

Esta buena polla para tú

Mucha leche

La siguiente imagen capturaba aquel rabo inmenso explotando en una eyaculación que no parecía humanamente posible. Joan a mi lado dormido, yo viendo eso excitada. Era la más grande que veía que no fuese de una película porno, dude incluso que fuera real. Otra imagen en la que se veía la cara sonriente de Abdul me demostró que sí era suya. Dudé un segundo, antes de contestar, no era mi tipo, muy joven además aquello entre sus piernas, me gustaba el tamaño pero eso era demasiado solo había estado con un hombre con algo comparable y yo era más joven y por ese hombre soy como soy.

Cuando fui a terapia con Joan yo ya llevaba años yendo para tratar mi adicción al sexo. Yo sabía que había un culpable en la génesis, no era yo sola, la culpa de que ahora necesita la polla de veintidós años de Abdul era suya, no mía. Me dije que Abdul sería solo otro desahogo, uno muy placentero y ya. Eso me dije.

Hola Abdul, todo eso es tuyo…

CONTINUARÁ.