Soy la mujer de desconocidos II
El auto se detuvo en la carretera y la suerte cambió. Martín no quería dinero, quería su cuerpo. Y ella, cansada de las reglas de su esposo, decidió que esta vez no habría testigos... o sí.
Hola, espero les este gustando esta serie de relatos, a mi me esta encantando revivir esos momentos dentro de estas líneas, así que vamos con una nueva historia, por cierto, no es obligatorio, pero yo les recomiendo leer el relato anterior a este, y si alguno quiere charlar sobre alguno de mis relatos y preguntar cosas puede hacerlo mandando un mail a [email protected], recuerden, solo charlar.
Pues bien, días después de lo que paso con el taxista mi esposo me dijo que él no tenia problemas si yo quería tener sexo con otras personas, le parecía que a mí me había gustado, y si, tenia razón. La única condición que puso es que él tenia que estar presente en el acto.
Pasaron unos meses en los que tuve varios encuentros con Juan, el taxista, casi siempre era él quien me mandaba mensajes para vernos, coordinábamos un día que los niños estuvieran en casa de mi mamá y entonces el pasaba a vernos, cada encuentro con el era más excitante que el anterior, yo me volvía loca, y ya no era por el hombre, sino por la situación de ver cómo le crecían los cuernos a mi esposo, inclusive, dejé de llamarle amor. Ahora era David para mí.
En el relato anterior dije que me era impensable tener sexo con personas conocidas yo estando casada. Así pensaba hasta que paso lo siguiente.
Yo soy trabajadora social, y trabajo en una escuela multigrado, es decir, tiene alumnos desde jardín de niños (3 años) hasta nivel media superior (18 años). Normalmente el trabajo es darles seguimiento a los alumnos que van bajos de calificaciones, a los alumnos cuyos papás están en situaciones complicadas, o en casos mas graves, atender conductas de bullying, y este fue el último caso.
Me pasaron el caso de Jaime, un chico que ya había tenido varios reportes por conducta. Yo me entreviste con el chico, y ya se imaginarán, el típico estereotipo de matón de una escuela, malhablado, su ropa desalineada, con un montón de collares y pulseras, altanero. Al final y como es habitual en esos casos, termine llamando a los papás.
Al otro día, Jaime llego junto a su papá, un hombre de unos 50 años, muy alto, yo creo que medía fácil 1.90 m, algo gordo y malencarado. Lo mas impactante era Jaime, que ahora se mostraba como un chico sumiso, débil, temeroso. Cuando entramos supe porque, el señor Martin, era muy grosero con su hijo, le daba golpes a cada rato, le gritaba, conmigo solo eran las groserías y sus ojos, que no paraban de recorrerme de arriba abajo, y mirarme el escote.
Jaime juro que ya se iba a portar bien, y él papá se iba a asegurar de ello, y yo de que su papá no lo matará a golpes. Así que intercambiamos nuestros números para darle seguimiento.
Y desde ese día todas las mañanas, Martin, me mandaba mensaje de “buenos días, ¿cómo esta?” y eso es todo, yo respondía por educación y para saber el estado de Jaime. Luego se sumaron los “buenas noches, que descanse. Y poco a poco se nos hizo habitual y familiar. Comenzamos a tener conversaciones más largas.
El era mecánico, y trabajaba en el taller de su amigo. Un día que iba rumbo a la escuela, el coche se me quedo a media carretera, solo me dio el tiempo suficiente de hacerme a la orilla, primero le hable a David, pero estaba ocupado en el trabajo, y se me ocurrió hablarle a Martín, dijo que tenia que llevarse el carro al taller, pero que me podía llevar a la escuela, y sí, por la confianza yo acepte, á demás creo que ya me había acostumbrado a sus miradas y los coqueteos que me hacía.
Me llevo, y me dijo que en la tarde pasará al taller. Entonces cuando llegué. Ya tenia el carro reparado, pero salió con que la compostura fue muy cara, que tuvo que pedir varios favores para conseguir las piezas. Y ahí fue cuando me lo soltó
-Mira, la cosa es que el taller no es mío, y la neta no puedo hacerte una rebaja, no sin obtener algo a cambio-
-No entiendo, ¿Algo a cambio? -
-Si, mira, yo ya te dije varias veces, te estuve chingando con que me gustas y tú siempre me das la vuelta con que no es ético, que qué va a decir tu esposo, la escuela si se entera, y eso me vale verga, yo la neta es qué sí quiero cogerte bien duro, ¿entonces como ves? Si me das unas mamadas y dejas que te coja no te cobro nada-
Yo estuve pensando y sinceramente es que no me parecía tan mala idea, es decir, por coger, ya cogía con otro que no era mi esposo. En la escuela no se iban a enterar. Y además me iba a ahorrar esa considerable cantidad de dinero.
Entonces nada más decirle que aceptaba se me abalanzo como un orangután, me empezó a besar, y yo diciéndole que aceptaba pero que ahí no, y entonces me cargo y me llevo a la parte detrás del taller, que es como una bodega.
Nada más llegar y comprobar que no había nadie, me empecé a desnudar, por miedo a que él rompiera mi ropa, y así, desnuda, pero con tacones, me hizo hincarme para mamársela, la verdad la tenia grande, pero no tan grande como me imagine que la tendría. Se la estuve mamando, hasta que casi se viene, y entonces, me carga así sin avisar y me ensarta con su verga.
Ahí sí pensé, que bueno que no la tiene mas grande, me estuvo cogiendo, muy rico la verdad, ya después de las primeras veces mi vagina se acostumbro a su verga, y yo ya bien caliente, empecé a masajear mi ano, a meterme un dedo, dos, hasta que Martín vio y me los empezó a meter el, y ya luego cuando estaba algo dilatando, me la empezó a meter por mi culito, si me dolió un poco, porque, aunque habitualmente lo hacia por el ano, no lo dilataba tanto.
Me estuvo cogiendo tan rico que se me olvido no gritar, estaba loca. Así hasta que comenzó a jadear que se venía, rápido me baje para que me los echara en la boca, y pues si soltó un montón, yo recuerdo qué si trague un buen, pero aun así se me salía de la boca.
Ya después nos vestimos, el me ayudo, me medio alinee el pelo, y cuando salimos de la bodega, estaba su amigo, el dueño del taller. Y dice, hasta acá se escucho que se estaban divirtiendo, ¿ya terminaron? Y yo avergonzada, pero a la vez caliente porque nos habían escuchado.
Martín me entrego las llaves del carro, me enseño las piezas nuevas, los tickets, y si era mucho dinero, echamos a andar el carro, y como si nada, entonces me despedí de el con un beso en la boca y regresé a mi casa.
De camino, iba recordando lo bien que me lo había pasado, y sin necesidad de que estuviera David, mi esposo, entonces comprendí que esto lo podía hacer con quien quisiera, donde quisiera y cuando quisiera.
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