Allí donde te halles, te volveré a encontrar. 7
Isabel siempre exigió respeto, pero esa tarde en la laguna, el respeto se convirtió en lujuria. Con el agua del lago aún en su piel y el secreto guardado bajo la ropa, Toño descubrió que servir a su patrona podía ser mucho más que un trabajo.
Diciembre de 2014
Doña Isabel
Mientras caminaba rumbo a mi extraña misión imaginando divertido a Ramón con el culo al aire, no dejaba de intrigarme la extraña alianza entre Don Ismael y Don David. Un hecho que me tenía inquieto y debía tratar de averiguar de qué se trataba, no solo por lo que implicaba que estuviera de por medio el hijo de puta de Jhoel, sino también porque ese tipo de alianza de poderosos podía ser muy perjudicial para el futuro de la cooperativa.
Arranqué la mañana pasando el barrefondo en la piscina. Según las indicaciones de Ramón, debía evitar hacer ruido a horas tan tempranas. Estábamos a principios de enero, el clima era cálido y las noches se prolongaban, haciendo que por lo general, la gente se levantara tarde. Solo había una excepción, Doña Isabel y por eso lo pasar el barrefondo temprano.
A las siete en punto, cuando el sol ya empezaba a calentar, apareció la patrona por la puerta trasera de la casa. Con andar sinuoso de modelo, y cubierta por un largo pareo sobre su malla enteriza, dibujaba cada paso como una artista, sin dejar de mirar el entorno con indiferencia.
Antes de que alcanzara el natatorio desplegué las tumbonas con sus mesitas y recogí la manguera de aspiración dándole la espalda. Por sugerencia de mi amigo, evité mirarla en todo momento, no porque a ella fuera a disgustarle, sino también porque lo más probable era que su celoso marido estuviera espiando.
Además estaba completamente transpirado y la imagen sería desagradable. Las bombachas de campo y las amplias camisas de trabajo eran muy cómodas para la faena diaria pero muy inapropiadas para esas mañanas de treinta grados.
Me estaba retirando cuando me llamó
¿Oye tú, cómo te llamas?
Toño señora. -Le contesté sin darme vuelta
¿Por qué me das la espalda? Date la vuelta.
No corresponde señora, no estoy presentable.
Eso deja que lo evalúe yo, voltéate.
Me giré despacio mirando al piso y mostrándome avergonzado por la transpiración que se marcaba groseramente bajo mis axilas.
Mira como estás, deberías usar ropas más livianas. ¿Acaso no tienes?
Sí señora, pero no las he traído, nadie me explico cómo venir vestido.
Pues a partir de mañana puedes usar remera y pantalones cortos durante el día, a menos que la tarea indique otra cosa. Te aconsejo que te traigas muda de recambio y mírame a los ojos cuando te hablo.
Levanté la cabeza lentamente y quedé conmovido, a su belleza natural y su negro pelo recogido, le agregaba el detalle de unos labios carnosos pintados de un rojo intenso y unos ojos turquesa brillantes como para perderse en ellos.
También recórtate esa barba, vas a ser mi asistente como lo es Ramón y no me gusta como te queda. Luces desprolijo. Ahora márchate que voy a nadar, atiende mi jardín y luego llévale alimento a mis caballos que por la tarde saldremos a montar.
Recorté mi barba, pero no cambié mis ropas, tampoco era cuestión de tomarme confianzas y dejar mal parado a mi amigo. Así fue transcurriendo la semana, atender el natatorio bien temprano, cuidar de su jardín y sus caballos y por las tardes largas cabalgatas sin hablar más de lo necesario, realmente un trabajo muy liviano para lo que normalmente estaba acostumbrado. El resto de la familia directamente me ignoraba.
El viernes a la noche fuí a visitar a Ramón, ya lo habían traído de regreso y se estaba recuperando.
Que tal amigo, ¿cómo lo estás pasando en mi trabajo?
Muy bien, he comprobado que eres un caradura. Llamar trabajo a eso es ofender a los trabajadores. Con razón no te marchas de esa casa. Ja ja ja. ¿Y tú como andas?
Aquí me ves, con el culo roto. Solo pensar en ir a cagar me pone los pelos de punta. No sabes como duele.
Bueno ya sabes lo que te espera cuando cambies de bando Ja ja ja. Tú recupérate tranquilo que tu puesto está cubierto.
¿La jaca te trata bien?
Ni bien ni mal, directamente no me trata. Ja ja ja
El sábado apuntaba a ser un día bochornoso, anunciaban treinta y ocho grados de temperatura, alta humedad y con aviso de tormentas por la tarde. Por primera vez me vestí con un vaquero bermudas elastizado, una remera entallada y zapatillas deportivas.
Noté que Isabel me miraba con detenimiento mientras recogía mis cosas, pero fiel a mi costumbre, le dí la espalda en todo momento y no le dirigí la palabra más que para los buenos días.
Dado el aviso de tormentas y el calor reinante, decidí cambiar la rutina y me dirigí primero a las caballerizas a darles de beber agua y alimentar a los caballos. El jardín podía esperar, ya que lo más probable era que lloviera y la cabalgata vespertina se pospusiera.
Luego de atender a las bestias, pasé al fondo del establo para buscar dos bolsas de fertilizante de cincuenta kilogramos cada una para el jardín y la huerta respectivamente. Si iba a llover era el momento ideal para que penetre en la tierra.
Estaba por cargarlas sobre mi hombro cuando escuché gruñidos y pasos apresurados entrando a la carrera en el establo. Me asomé discretamente y alcancé a divisar al figurín de Juan que traía a la rastra a doña Isabel, vestida con bañador y pareo, tomada de la muñeca.
Déjame…¿Qué haces?¿Estás loco? Si nos vé Ismael nos mata. Dijiste solo una vez.
Pues te he mentido, será todas las veces que yo desee, si no quieres que él se entere de lo que has hecho. Y sí, estoy loco. Loco por follarte. Accede y se termina ahora.
Eso nunca, antes muerta.
Entonces libera esas tetas y hazme una cubana, estoy loco por verlas.
Dijiste solo una paja.
Juan tomó el teléfono, seleccionó una foto y la amenazó.
¿Lo haces?¿O mando la foto?
Vale, pero no me vayas a acabar encima.
La morocha deslizó los breteles y liberó el par de tetas más hermosas que ví en mi vida. Para mi sorpresa estaba empitonada.
En el momento que el macarra liberó su pequeña polla y la introdujo en el glorioso tetamen, decidí entrar en acción. Indignado como estaba, cargué las dos bolsas al hombro y salí de mi escondite. Pasé caminando indiferente a espaldas del figurín y mirando a los ojos a la paralizada hembra saludé con normalidad.
Buenos días doña Isabel.
El efecto del saludo fué inmediato, la mujer saltó para atrás con un alarido en el momento justo en que Juan explotaba, empezando a lanzar lechazos a diestra y siniestra.
Cuando se dió cuenta de lo que pasaba, empezó a los gritos.
Ehh, tú…ven aquí.
Al ver que no le hacía caso, me corrió con la polla aún afuera y me tomó del brazo
Ven acá...Hijo de puta…¿Eres sordo acaso? Te estoy llamando.
Mi reacción fué inmediata, me desprendí de él, le dí un empujón y le tiré las dos bolsas encima. El figurín alcanzó a recibirlas en sus brazos y terminó cayendo de culo, aplastado por el peso del abono.
Acá, el único hijo de puta eres tú, basura. A una mujer no se la fuerza. Veremos que dice el patrón de esto.
Y a tí quién va a creerte infeliz, es tu palabra contra la nuestra. Encima me has agredido, te voy a mandar preso.
Sacando mi teléfono móvil del bolsillo, le canté un órdago con una sonrisa.
A mi no va a creerme, pero a todo lo que tengo grabado, creo que sí.
Como mala persona que era, intentó negociar.
¿Cuánto quieres por eso? Puedo pagarte bien.
Solo quiero tres cosas, dame tu teléfono, márchate esta misma tarde y no vuelvas a amenazar a la señora, si lo vuelves a hacer, le paso todo al patrón y luego te rajo al medio.
Apoyé mis palabras sacando el puñal de mi cintura y abriendo las dos bolsas al medio lo dejé sumergido en una montaña de estiércol reseco. Finalmente le saqué el celular y tomando en mis brazos a la aterrorizada señora que estaba hecha un ovillo sollozando en el piso, la saqué del establo y la dejé sobre una tumbona luego de entregarle el móvil del impresentable.
Por suerte era temprano y nadie notó el incidente. Volví al establo y el figurín había desaparecido, tomé una pala, recogí el abono en una carretilla y continué mi trabajo en el jardín como si nada hubiera sucedido.
Pasado el mediodía, como el cielo encapotado anunciaba tormenta, entré en la casa y me despedí de doña Isabel sin mirarla a los ojos como era mi costumbre. No había dado más que un par de pasos, cuando corriendo tras de mí, doña Isabel me tomó de un brazo, me obligó a darme vuelta y apoyando el dorso de la mano en mi mentón, me levantó la cara para que la mire.
Gracias.
Acto seguido me dió un beso cálido en la comisura de la boca que dejó paralizado a su hijastro que en ese momento entraba en la casa-.
Conociendo la laguna
El sábado por la tarde se desató un típico aguacero de verano. El domingo mejoró el tiempo pero con mucho viento y el lunes ya amaneció caluroso otra vez. Volver a poner la piscina y los jardines en condiciones me llevó toda la semana y la relación con la patrona volvió a los niveles previos al accidente. Como si nada hubiera pasado.
El sábado por la mañana me avisó que preparara los caballos a la hora de siempre, pero que cargara en el mío el bolso que había dejado en el establo y unas viandas que me entregaría la encargada de la cocina ya que íbamos a ir a la laguna de La ballenera.
Al llegar la hora, saqué los caballos ensillados y recogí las viandas, el bolso y una tumbona que se plegaba como mochila. Al llegar doña Isabel, la ayudé a montar y partimos rumbo al lugar.
Al ser la primera vez que iba me dejé guiar por ella, la laguna estaba rodeada por un monte de eucaliptos que la aislaba visualmente del entorno. Al cruzar por uno de los senderos, paralelo al arroyo que allí nacía, arribamos a un claro junto a la orilla donde montamos el campamento.
Desde ese lugar se podía apreciar la laguna en toda su magnitud, con las sierras como telón de fondo adornando el bucólico paisaje. El reflejo del sol en el agua iluminaba el ambiente y aumentaba la transparencia del espejo, ya de por sí alta debido al fondo de rocas.
Completando el paisaje y en medio del espejo de agua de cien hectáreas, se hallaba una isla frondosamente arbolada que contaba con un pequeño muelle de madera y una coqueta cabaña de pescadores del mismo material. Frente a este y sobre la orilla cruzando la laguna, otro muelle contaba con una rampa de madera para la bajada de botes o pequeñas lanchas.
Ayudé a desmontar a doña Isabel, descargué del caballo una gran lona, la desplegué en el piso, monté la reposera. Y a su lado dejé el gran bolso y las viandas.
Para no molestar a la señora mientras se desvestía, mantuve la mirada en el piso, tomé las riendas de los dos caballos, los llevé a unos cien metros y los até a la sombra bajo un frondoso árbol, con soga lo suficientemente larga para que puedan pastar y tomar agua.
Retomé mis pasos, pasé por detrás de la señora sin mirarla y cuando me estaba alejando, me llamó.
Necesito que me ayudes.
Levanté la cabeza para mirarla y casi me muero. Sentada sobre la tumbona lucía un biquini muy pequeño de color negro, que apenas cubría sus preciosos pechos.
Mirándome con curiosidad me alcanzó un protector solar en aerosol y se dió vuelta para que se lo aplique en la espalda. Si por delante estaba buena, por detrás era un espectáculo.
La rocié de arriba abajo sin tocarla, le devolví el pote y me marché a las apuradas para que no note mi empalme. Al llegar al muelle, me desvestí apresurado quedándome solo con un pequeño slip, me trepé al mismo, deje mis ropas sobre él y desde allí me zambullí.
Luego de varios minutos de intensas brazadas, alcancé el otro muelle, me trepé y me tiré a tomar sol quedándome adormecido sobre él. Me despertó el ruido de chapoteo en el agua, abrí los ojos, y al verla llegar nadando, me levanté, me asomé al borde y le extendí la mano sin mirar para ayudarla a subir. Para mi sorpresa, jaló de mí y me zambulló en medio de sus carcajadas.
Al pararme, noté que con mi metro noventa hacía pie. Situación que aprovechó doña Isabel para colgarse de mi cuello y enroscar sus piernas en mi cintura.
¿Por qué nunca me miras?
Por una cuestión de respeto.
¿Desde cuándo mirar a alguien es una falta de respeto.
Usted es muy bonita señora, a uno se le van los ojos y yo debo cuidar el puesto de Ramón.
Pues desde hoy me miras todo lo que quieras, ya me has visto prácticamente desnuda y cuando estemos solos me llamas por mi nombre, nada de Doña o señora.
Como usted diga señora.
Ja ja ja eres todo un caso.
Tener a esa hembra enroscada en mi cuerpo, me estaba pasando factura y no sabía como liberarme sin que notara el bulto bajo mi malla.
Mucho respeto, mucho respeto, pero por acá abajo piensan distinto ja ja ja - lanzó refregando su pubis por mi erección.
Ese va por cuenta propia seño…perdón… Isabel, perdone usted.
Pues no te preocupes, es un halago para una vieja como yo y por favor tutéame y puedes llamarme Isa como mis amigas. Eso sí...solo en privado.
Como digas Isa...hmmm.
Sin dejarme contestar, me comió la boca con hambre atrasada mientras no dejaba de restregarse contra mi polla. Tal era su excitación que me bajó el slip y haciendo su biquini a un lado, se levantó un poco, la calzó en su raja y se dejó caer.
El grito que pegó al empalarse, me dejó el oído zumbando.
Hijo de puta...que tranca te gastas...me revientas.
Intenté levantarla para salirme y apretando las piernas no me dejó.
La sacas y te mato.
Cuando se acostumbró a la intrusión, comenzó a subir y bajar ensartada, llegando a un orgasmo explosivo que la dejó rendida con la cabeza apoyada sobre mi hombro. Crucé mis manos bajo sus prodigiosas nalgas y sin desclavarla, subí la escalera del muelle y la llevé a la cabaña de pescadores.
Siempre preparada para recibir visitas y solo iluminada por los rayos de sol que se colaban por la ventana, lucía acogedora. Buscando donde terminar la faena, encontré una robusta mesa donde deposité suavemente a mi amante. El resto del mobiliario consistía en una pequeña cocina, un sillón cama y un pequeño baño con ducha.
Me incliné sobre ella y llevando sus piernas a los hombros continué la faena lentamente, llevando al delirio a la hembra desatada. Cuando finalmente le entregué mi simiente, estaba definitivamente entregada.
La tomé en mis brazos y la llevé al sillón donde la terminé de desnudar sin dejar de jugar con mi lengua en su erguidos pezones, bajé por su cuerpo y sin importarme saborear sus jugos mezclados con mi simiente, me prendí a su coño como si no hubiera un mañana.
La mezcla de sensaciones llevaron a la mujer a niveles de éxtasis tal, que entró en una sucesión de orgasmos que le hicieron perder el sentido.
Recobró la consciencia al sentir mi lengua entre sus nalgas, se vió en la cama boca abajo y temió por lo que podía suceder. Cuando un par de mis dedos hurgaron en sus entrañas, supo que no lo podía parar.
Dos horas más tarde, ronroneando sobre mi pecho, comprendió su error. Jugó con fuego y se quemó.
No puedo con mi alma, no sé cómo haré para volver.
No temas, hay un pequeño bote al costado de la cabaña. Lo vi al venir hacia acá.
Aún no entiendo qué ha pasado, creía que eras un sumiso y has hecho conmigo lo que has querido. Eres mucho más hombre de lo que pareces
No se cual es tu vara para medir un hombre, pero una relación sexual no lo define.
Pero si le sumo lo que hiciste por mí en el establo sin pedir nada a cambio, ni preguntar el motivo de la extorsión, sí lo hace.
Defenderte de un hijo de puta no tiene ningún mérito. Mis mayores me despreciarían si no lo hiciera. Y con respecto a los motivos, imagino que algún día me los contarás si lo crees conveniente.
Tenlo por seguro y ahora vamos marchando que se hace tarde.
Volvimos en el pequeño bote, y al llegar al muelle lo saqué del agua mientras Isabel preparaba unos bocados. Una hora después nos vestimos, ensillé los caballos y volvimos en silencio. Cada uno en su mundo.
Llegamos a la caída del sol. Mientras Isabel marchó a la casa y descubrió tristemente que nadie la echó en falta, desensillé los caballos, los cepillé y los guardé en los establos.
Al pasar junto a la piscina observé que en las tumbonas se hallaba Isabel conversando con su hija Inés, una copia mejorada de su madre en versión rubia y a su lado, vestida con un bikini que enseñaba más de lo que ocultaba, compartía la charla Juana, su voluptuosa cuñada.
En el agua, dos jóvenes jugaban a la pelota con su padre y alejado en un rincón mientras fumaba un puro, el desgarbado Jhoel, vestido con camisa y bermudas, me observaba con malicia. Al pasar junto a él…
Eyy tú, ven aquí.
Levanté la cabeza y miré a Isabel, al verla negar muy suavemente con la cabeza sonriendo, seguí caminando mirando al piso y sin hacer caso al llamado, lo que irritó al novio ignorado haciendo que se levante y me tome de un brazo.
Eyy rotoso…A tí te hablo.
Levanté la cabeza y en esta ocasión, el leve gesto de Isabel fué de asentimiento. Me zafé de su agarre y tomé al inmundo del cinto con una mano y de la camisa haciendo un puñado con la otra. Levantándolo sobre mi cuerpo, lo arrojé de cabeza al agua provocando la hilaridad de todo el grupo, menos la de Juana, la hembra voluptuosa de mínimo bikini, que observaba mi torso mordiéndose los labios.
///////////
Continúa en
- Relato #185518— title-regex: contiguous parts (6 -> 7)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Volver a sentir (2)
El estrés de una noche de urgencias y la ausencia de pasión en su matrimonio fueron la chispa perfecta.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Tarde o temprano se sabrá que Andrea es inocente
Ella está encerrada, acusada de crímenes que no cometió, y él tiene el poder de liberarla. Pero antes de romper las cadenas, necesitan romper sus…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Descubriendo el placer de viajar - 01
La oficina se vacía, el hotel se silencia y él se va. Pero la habitación queda a la espera, y esta vez ella no piensa quedarse sola.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Amiga… ¿me prestas a tu novio?
Nunca imaginé que mi novia me 'prestaría' a su amiga para una boda. Pero cuando el alcohol y la soledad de un hotel rural nos dejaron solos, la…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Un delicioso viaje de trabajo con mi jefa Alicia
El viaje de trabajo prometía ser una gira corporativa, pero la distancia y la noche tenían otros planes.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaPoder y control
- Hetero: General
Seducido por la niñera de mis hijos, una ex-monja
Teresa llegó para cuidar a sus hijos, pero su presencia cambió todo. Lo que empezó como una solución doméstica se transformó en una tentación…
Comparte:Relacion profesor alumnaTransgresion moralPoder y control