Carta a mi amigo, mi ex amante
Entre risas y alcohol, la línea entre la amistad y la lujuria se difuminó. Ahora, desde la distancia, ella revive los secretos que compartieron y la tentación de lo que pudo ser, si no fuera por el miedo a ser descubiertos.
Todavía recuerdo la primera vez que nos provocamos, fue sobre un discusión sobre ropa interior y tu me pediste que te la enseñara, claro estábamos un poco pasados de copas y esa conversación nunca debió de darse porque tu tienes a tu pareja y yo a la mía. Siempre supimos que era algo solamente físico, de lujuria y pasión, pero solo en eso quedo. Nos reímos y seguimos tomando, nunca me hubiera imaginado que si te la enseñaría eventualmente.
También estuvo mal la primera ves que nos besamos, todo era risas y siempre teníamos alcohol de por medio, si no nos estuvieran esperando, quizás hubiéramos tenido el valor de llegar a algo más. Me dijiste bueno solo para no quedarnos con las ganas y claro que no nos quedamos con ella. Nos tocamos y besamos pase mi mano por encima de tu pantalón y tu por debajo de mi blusa, nos besamos apasionadamente en tu coche. Regresamos donde estaban los demás invitados y fingimos que nunca paso nada, aun guardo fotos de ese día, que de vez en cuando veo y se me sale una sonrisa. El secreto, las risas y miradas que nadie más comprendía, ni comprenderán. Y así pasaron muchas veces, mi mano sobando tu pene por encima de tu pantalón y tu tocando mis muslos sobando mi húmeda vagina por encima de la ropa. Fotos y mensajes muy explícitos acompañaban el inter en que nos volvíamos a ver y seducir. Me encantaba ese poder que tenías, esa seguridad con la que me pediste que me quitara los calzones en aquella reunión y sin dudarlo los quité por debajo de mi vestido, tampoco te importo besarme afuera del baño cerca de la sala donde todos estaban, ahora que lo pienso, que terrible idea fue esa, donde cualquiera nos pudo haber descubierto. Sin embargo, lo repetimos una y otra ves a merced de que cualquier persona nos viera.
Y sin embargo cuando estábamos solos, a la luz del día nunca nos atrevimos a nada más, sabíamos que no era correcto y solo el alcohol nos daba ese impulso que necesitábamos para jugar, jugar con fuego. Y se sentía incomodo, no es que no me gustara tu compañía, solo que no me podía concentrar, todo el tiempo me debatía entre tirarme encima de ti y hacerlo de una vez por todas o quedarnos con las ganas para siempre.
Y así fue como nos dimos el ultimo beso cuando estaba por cambiarme de ciudad recuerdo que fue chiquito y discreto, me dijiste porque te vas, en realidad quería no hacerlo, quizás hacerlo hubiera hecho más fácil el adiós.
Los mensajes no pararon, ni las fotos a pesar de la distancia seguíamos hablándonos cosas sucias, imaginándonos todo lo que nos haríamos si nos tuviéramos en frente. Me mantenías cachonda imaginando, tenia que usar todo mi arsenal para apagar las ganas que tenía. Toda esa ropa interior que llegue a comprar en ese tiempo, toda fue pensando en ti y como me la arrancarías.
Pero lo que mas extraño de todo es la honestidad con la que nos contamos las cosas, solo un cómplice, alguien que compartía ideas similares a las mías y que no me importaba que me contara de su vida sexual fuera de nuestros juegos porque al final de cuenta éramos amigos. Extraño a mi compañero de secretos. La ultima ves que nos vimos acordamos que no podíamos seguir más, y es que sentí por primera ves las consecuencias de que fuéramos descubiertos, no habría perdón. No habría perdón de mi esposo que adoro y de tu mujer que se ha convertido en alguien muy especial, cualquiera pensaría que hipócrita, pero no, en realidad mi intención nunca fue quitarte del camino de ella o que termináramos juntos. Hay no me rio de pensarlo, a lo mucho me hubiera encantado que la convencieras de que hiciéramos un intercambio o un todos contra todos, sabes lo cachonda que soy y lo que pienso al respecto. Pero no, vivimos en un circulo donde todo eso está mal visto. Entonces cuando me pediste que paráramos sentí un gran alivio, fue como quitarme un peso de encima. Aunque te confieso que lo extraño todo, extraño tus mensajes preguntándome si me había portado bien, y yo a ti esperando una respuesta sucia contándome tus aventuras. Te confieso que hoy en día sigo teniendo sueños húmedos en los que pasa de todo menos tu pene adentro de mí, que curioso que ni en mis sueños lo pueda hacer contigo, es el destino quizás. Ojalá que esta vida de señora un día me permita volverte a contar una aventura excitante como las que alguna ves nos contamos y que tú me puedas contar las tuyas. Siempre te recordare con cariño y lujuria. Atentamente tu amiga ex amante.
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