Xtories

Mi cuñada Loles

Loles siempre fue la cuñada discreta, pero este verano en Valencia decidió que la discreción no era su estilo. Con miradas que queman y tocamientos que provocan, me llevó por un camino del que no quería volver, sabiendo que cada paso nos acercaba más al peligro y al placer prohibido.

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Hola soy Pascual y estoy casado con Rosa, estos nombres son ficticios.

Vivimos en la provincia de Tarragona, en un pueblo costero. Los dos tenemos la misma edad, 45 años, nos gusta cuidarnos, hacer un poco de deporte y sobre todo viajar mucho.

Este verano fuimos a Valencia, a casa del hermano de Rosa,(que se llama Vicente) por motivos de la herencia de sus padres. Tienen otra hermana que vive en Madrid, por lo cual ellos dos a la mañana siguiente se fueron muy temprano con el Ave a Madrid, para reunirse con la otra hermana. (Carla). Quedándome yo en casa de Vicente, con su mujer Loles. Cuando me levante encontré a Loles en la cocina preparando el desayuno, nos dimos los buenos días con dos besos. Ella llevaba una camiseta un poco larga, seguro que sería de su marido, la cual le marcaban sus curvas, Loles debe medir sobre el metro sesenta y poco, morena con el pelo largo hasta mitad espalda, y rellenita, sin estar gorda, su edad (estará por los 35) le da firmeza a sus carnes, unas grandes tetas y un buen culo. Por los movimientos de sus tetas bajo la camiseta, no llevaba sujetador y sus firmes muslos asomaban por debajo de ella, siendo una imagen muy sensual la que yo veía, nunca antes había visto así a mi cuñada y al verla, la vi muy sexy. Me dijo que me sentara y me pregunto…

-- Que tal habéis dormido?? seguro que habéis pasado calor, aquí en Valencia hace mucho.

--Si un poco de calor, pero hemos estado bien, gracias…le respondí.

Mientras hablamos, ella se giro y abrió unos de los armarios superiores, levantando bastante los brazos para bajar unas tazas. Con este movimiento su camiseta se subió un poco, dejando parte de sus desnudas nalgas ante mí. Al parecer tampoco llevaba braguitas. No llegando a las tazas, se puso de puntillas dando pequeños saltitos y estuvo alargando un poco mas sus brazos, con cada meneo su pompis quedaba más al descubierto, con lo cual mi visión de él era casi completa. Estado así de puntillas se giro hacia mí, pillándome de pleno mirando su culo.

--Perdona…fue lo único que supe decir.

-- De qué??... me pregunto. Anda ayúdame a bajar estas tazas, que están muy altas.

Me levante enseguida y fui a su lado para ayudarla, ella continuo en el mismo sitio, con los brazos aun levantados, por lo cual para alcanzar las tazas me tuve que arrimar un poco a ella y nuestros cuerpos se rozaron durante unos segundos. Me dio la sensación que a ella no le importo para nada esa situación. Le di las dos tazas que ella me había indicado, pero vi que en el estante más bajo también habían tazas. Ella se dio cuenta y me dijo…

--Esas son para todos los días, estas para las visitas.

Y se puso a preparar los cafés con leche y unas tostadas para desayunar, yo me volví a sentar. Desayunamos tranquilamente, sin prisas, charlando de diversos temas, sobre todo de la herencia y de las dificultades que estaba poniendo la hermana de Madrid. Al terminar me dijo que se iba a duchar y que luego me podía dar también yo una remojada, para bajar los calores. Su piso es antiguo, esta reformado y muy coqueto, pero solo tiene un baño.

Se metió en el baño y empezó a canturrear, yo me quede en el salón y me puse a tontear con el movil, pero mi cabeza se iba a la imagen de mi cuñada intentado coger las tazas y en su hermoso trasero. Quería pensar que fue un descuido, pero también pensaba que quizás fue una provocación. Estando en esas, salió Loles del baño, con una toalla en la cabeza y otra alrededor de su cuerpo, aun estaba bastante mojada, su piel morena brillaba y su sonrisa al mirarme, me hizo pensar de nuevo en ella de una manera que nunca hasta hoy lo había hecho. La deseaba.

--Venga, te toca ahora a ti. Lo tienes todo preparado…me dijo.

Me levante, le di las gracias y me metí en el baño. Al cerrar la puerta quise pasar el cerrojo pero no había. Me desnude, me mire en el espejo y vi que mi pene lucia una semi erección, provocada por mi mente respecto a mi cuñada. Me puse debajo del agua fría, la cual me fue muy bien por el calor ambiental y el calor mental. Estaba así intentando olvidar el cuerpo de Loles, cuando note que la puerta se abría, era ella claro está. Se quedo unos instantes mirándome, con la mampara transparente mi cuerpo estaba a su merced, yo no me tape, ni me gire. La deje que me mirara. Cuando ella creyó que el tiempo de observación era suficiente… me dijo…

--Voy a coger el secador del pelo.

Salió, dejando la puerta entornada. Yo me empecé a secar y a vestir, oía el zumbido del secador que venía de su habitación. Como termine antes, volví al salón y a mi movil. No sabía que pensar, ni mucho menos que hacer respecto a lo que estaba pasando con Loles. Al cabo de unos minutos salió de su habitación, con un vestido blanco ajustado de tirantes, que marcaba toda su figura, su melena morena aun mojada y unas sandalias.

--Al final, he decidido no secarme el pelo, así voy mas fresquita…me dijo, mientras me guiñaba un ojo.

--Estas preciosa así…le dije.

--Quiero mirarme un vestido para esta noche, ¿me acompañas?...Vicente no quiere ir nunca de compras conmigo…me dijo.

Le dije que si, cogimos el metro para ir de tiendas por el centro. El metro iba bastante lleno, es lo que pasa al vivir en un sitio tan turístico, al entrar en el vagón, Loles me cogió de la mano y me llevo hasta un sitio que había un poquito de espacio. Pero en la siguiente parada, se acabo de llenar, la gente nos empujaba, Loles se agarro a mi cintura y pego su cuerpo con el mío. En cada vaivén del tren, nuestros cuerpos se apretaban y se separaban, ella se aferraba a mí para no caer. El roce con su cuerpo, estaba provocando que mi pene empezara a endurecerse, ella lo notaba, y cada vez sus roces eran más fuertes. Por suerte llego nuestra parada, Colon, y la de casi todos los viajeros, bajamos y en el andén me volvió a coger de la mano.

--No te importa, verdad??...me pregunto. Así voy más tranquila y segura, además somos de la familia.

--Para nada Loles, somos de la familia…le dije sonriendo.

Empezamos a entrar y salir de diferentes tiendas de ropa, parecía que no encontraba lo que buscaba, empezaba a enfadarse y a ponerse de mal humor, era yo quien la intentaba animar. Por fin en la enésima tienda encontró el vestido que andaba buscando. Cogió el vestido y fuimos a los probadores. Entro, se lo probo y al momento asomo su cabeza con el vestido en la mano y me pidió que fuera a buscar una talla más pequeña. Con la ayuda de una dependienta encontré el vestido y se lo lleve. Al dárselo, ella descorrió casi toda la cortina del probador, estaba casi desnuda, solo llevaba un tanga blanco, su melena morena caía por delante tapándole parte de sus pechos, pero su espalda, culo y piernas las veía perfectamente reflejadas en el gran espejo que había dentro. Alargo su mano derecha para coger el vestido y su melena y pechos se movieron. Mi mirada no sabía hacia dónde dirigirla.

--Te gusta el vestido??...me pregunto. Entra y mira como me queda.

Dude unos segundos, no sabía qué hacer, ella no se lo pensó dos veces y se puso el vestido delante mío, sin correr la cortina, durante un breve tiempo, mientras levantaba los brazos para ponerse el vestido, vi sus grandes y hermosos pechos delante de mí a escasos centímetros. Sus caderas, su vientre, su pequeño tanga, era una preciosidad de mujer y yo ahí delante de ella como un pasmarote, sin reaccionar. Se acomodo bien el vestido y dándose la vuelta me dijo…

--Me puedes subir la cremallera, por favor???

--Si claro…fue mi torpe respuesta.

Entre en el probador y le subí la cremallera del vestido, muy despacito, contemplado su hermoso culo y su espalda. Se dio la vuelta, se miro en el espejo y me miro a mi también en el espejo a su lado.

--Te gusta lo que ves…???

--Me gusta mucho el vestido y como te queda puesto, realza mucho tu figura…le respondí.

Empezó a quitarse el vestido, quedándose de nuevo solo con el tanga, su melena estaba vez la echo para atrás, quedando sus pechos al descubierto, sus pezones duros desafiantes hacia mí, mientras me volvía a preguntar…

--Te gusta lo que ves…???

--Loles,…

No pude continuar, pues la cortinilla del probador se abrió y una señora con su hija, pensando que estaba vacío, casi se mete con nosotros. Al vernos, se disculpo y cerro de nuevo la cortinilla. Yo también me salí enseguida, dejando a Loles que se vistiera. Salimos de la tienda como si nada hubiera ocurrido, me volvió a coger de la mano y seguimos charlando de diversos temas. Se estaba haciendo la hora de comer, Loles propuso ir a un restaurant que habían abierto hacia poco tiempo y aun no había ido. La comida y la sobremesa transcurrió en un ambiente muy agradable y distendido, volvimos a hablar del tema de la herencia y los problemas que estaba dando.

--Esta pareja llegaran a última hora de la tarde, iremos a buscarlos a la estación y de ahí a cenar los cuatro juntos…me dijo Loles.

--Si eso tengo entendido…conteste.

--Que te apetece hacer, pues aun queda bastante tiempo. Casa con el aire acondicionado puesto toda la tarde o nos vamos a la playa??...me propuso Loles.

Enseguida le dije que prefería ir a la playa, pues estar toda la tarde con ella a solas en casa, no me imaginaba lo que podría pasar. Si me volvía a insinuar algo, no me veía capaz de rechazarla, quería evitar cualquier tentación, ahora estaba seguro que ella quería algo conmigo, me gustaría estar con ella, pero tampoco quería engañar a mi mujer…

La vuelta a casa fue tranquila y sin aglomeraciones en el metro. Llegamos, cada uno fue hacia su habitación a cambiarse de ropa y ponerse los bañadores, ya cambiados nos tomamos unos cafés con hielo antes de salir de nuevo. Vuelta al metro y esta vez dirección la Malva-rosa, una vez en la playa andamos un poquito para buscar una zona que no estuviera muy llena, pues por ser a primera hora de la tarde había bastante gente. Pusimos nuestras dos toallas y nos quitamos la ropa, Loles llevaba un bikini blanco, que resaltaba mucho con su piel morena, se tumbo boca abajo y enseguida me dijo…

--En la bolsa hay bronceador, ¿me pones por la espalda y piernas??

Sin contestarle, me acerque a la bolsa y busque el bronceador, me coloque a su lado de rodillas y empecé a ponerle crema por la espalda, con cuidado pase mis manos por su espalda extendiendo la loción. Al llegar a la tira del sujetador, me comento…

--Si te molesta, puedes desatarlo.

Yo continuaba sin contestarle, desabroche el sujetador y deje caer las tiras hacia los lados, siguiendo con mi tarea de extender el bronceador por su espalda…me pare unos segundos al llegar a su braguita del bikini.

--También quiero por las piernas, por favor.

Le puse mas crema por las piernas y continúe con mi agradable tarea, le había puesto un poco por la parte interior de los muslos y ahí me deleite con el masaje, ella iba abriendo poco a poco sus piernas, y yo cada vez me acercaba mas a su entrepierna, mis dedos despacio se iban aproximando a su chochete y su culito, solo una diminuta porción de tela me separaba de su sexo. Aparte un poco la tela del bikini, así le pude poner crema por sus nalgas y masajearlas, al ver que ella no decía nada, me atreví a rozar esa tela por la parte interior de sus muslos con mis dedos, notando como ella separaba cada vez más sus piernas y sus caderas tenían un leve movimiento, levantado un poquito su culito. Continúe con el masaje por encima de la tela y apartando un poco el bikini roce con mis dedos su mojada vagina, dio un pequeño respingo, pero enseguida quite la mano al darme cuenta que estábamos en la playa, rodeados de gente. Mire a mi alrededor, dándome cuenta que la mayoría de la gente no se había percatado de lo nuestro, pero vi que un par de chavales que estaban cercanos a nosotros no se habían perdido detalle del tórrido masaje.

--Jo, no pares ahora cuñadito…refunfuño Loles. Me gusta lo que estabas haciendo.

Levantó un poco la cabeza de la toalla y mirando lo abultado de mi paquete, me dijo sonriendo de manera picarona.

--Por lo que veo, a ti también te gustaba lo que estabas haciendo.

--Perdona Loles, no sé que me ha pasado por la cabeza, no volverá a ocurrir…le dije.

Se incorporo, dándose la vuelta y sentándose, la parte superior del bikini que llevaba desabrochada se resbalo cayendo y dejando sus hermosos y generosos pechos al descubierto. Estaban morenos como el resto del cuerpo, deduje que practicaba topless con frecuencia, los chavales que teníamos cerca, no perdían detalle del cuerpo de Loles. Pero ella estaba más pendiente de mi que de lo que pasaba a nuestro alrededor.

--No quiero que te disculpes, por nada. Llevo todo el día provocándote, cualquier otro por menos ya me hubiera follado…empezó diciendo Loles. O es que no te gusto??

--Claro que me gustas, eres una mujer preciosa,…pero estamos los dos casados…le conteste.

--Tenemos unas horas antes de que vuelvan nuestras parejas…dijo Loles.

Se quedo mirándome unos instantes para ver que decía, me quede callado, no sabiendo que contestarle…me miro, se tumbo boca arriba esta vez.

--Al menos me pondrás crema, verdad??

Le puse bronceador por su barriga, primero hacia abajo hasta llegar a la braguita del bikini, en ese momento ella se la bajo un poquito más y yo baje también mi mano un poco más. Sus piernas se abrían despacio, como dándome permiso a continuar, pase fugazmente mi mano por encima de la tela del bikini, notando un pequeño respingo en su cuerpo y la subí hasta sus pechos los cuales estaban esperando mis manos, sus pezones duros, al tocarlos con mis manos llenas de bronceador aun se endurecieron mas, y de sus labios se escapo un leve gemido. Con una de sus manos disimuladamente tanteo mi entrepierna, encontrando mi pene duro como un palo, yo continúe poniéndole crema y ella ya sin disimulo alguno sobaba mi polla por encima del bermuda. Al ver el cariz que tomaba la cosa, le dije…

-- Loles, estamos en la playa, hay gente que nos está mirando.

-- Pues, vamos un rato al agua…me contesto ella.

Yo la mire a ella y mire mi abultado paquete, y le dije…

-- Ahora no me puedo levantar de aquí.

-- Jajaja…vaya tienda de campaña que tienes ahí montada.

Me tumbe boca abajo, intentado no pensar en mi cuñada y así que mi erección desapareciera y también haber si se le quitaban las ganas de bañarnos. Pero cuando llevábamos unos minutos en silencio, oí que me decía…

-- Venga, que seguro que ya no la tienes empalmada, vamos al agua.

Se sentó de nuevo y empezó a ponerse la parte de arriba del bikini, se puso de pie, me tendió la mano y me ayudo a levantarme, así cogidos de la mano llegamos hasta la orilla. Según entrabamos empezó a dar saltitos, sus pechos iban al compas de los brincos, más de uno se la quedaba mirando.

-- Ummmm…que fresquita y buena esta el agua, vamos mas para dentro…dijo Loles.

Yo me dejaba llevar y agradecía el frescor del agua, pues con el calor que hacía y el calentón que yo llevaba necesitaba de una buen refrigeración. Ella no me soltaba de la mano y cada vez íbamos mas hacia dentro, cuando el agua le llego a ella por el cuello, se detuvo y miro a nuestro alrededor, casi no había gente en esa zona. Paso sus manos por mi cuello, dio un pequeño saltito y con sus piernas se abrazo a mi cintura, empezó a menear sus caderas y a rozar su sexo con el mío, mi pene no tardo en reaccionar, su siguiente paso fue besarme, su lengua se abrió paso y la mía la estaba esperando con ansia de jugar con ella. El beso tórrido y deseado desde hacía horas hizo que mi pene se acabara de endurecer, lo cual hacia que ella se frotara con mas energía, una de sus manos se soltó de mi cuello y se metió en el agua, en busca de mi polla, al cogerla de sus labios salió una expresión que me acabo de poner cachondo…

-- Vaya polla que tienes cabron, quiero follarte…!!!

Con su mano consiguió bajarme el bermuda, dejando mi polla libre de la prenda, una vez hecho esto la dirigió hacia la braguita de su bikini apartándola un poco e introduciendo mi polla en su chochete, gimió un poco de placer, se agarro de nuevo con las dos manos a mi cuello, y haciendo un poquito de fuerza con sus caderas se la acabo de introducir en su coño.

--Joder cuñadito, que bien armado estas.

Como pudo empezó a culear para clavarse mas y mas mi polla en su interior, se aferraba fuertemente a mi cuello y con el vaivén de las olas de vez en cuando dábamos algún que otro trago de agua, pero nuestra calentura era superior a estos pequeños inconvenientes. Yo también culeaba todo lo que podía para que mi polla no se escapara, pues era difícil mantener el equilibrio. Estábamos completamente ajenos al resto del mundo hasta que oímos una voz femenina que nos llamaba la atención, diciéndonos que ya éramos mayorcitos para hacer ciertas cosas a la vista de todo el mundo y que allí había muchos niños. Como pudimos nos disculpamos con la señora y poco a poco fuimos hacia la orilla, yo me subí las bermudas y espere a que mi erección no fuera visible para salir del agua. Nos tumbamos en las toallas y nos pusimos a reír como dos adolescentes pillados infraganti.

--Maldita reprimida, nos ha fastidiado el polvo, pero si nos vamos a casa podemos terminarlo antes que lleguen los "madrileños"…exclamo Loles.

Nos vestimos, Loles se puso la camisola veraniega que llevaba, y vi como se quitaba la parte de arriba del bikini, me miro con cara picarona y también se quito la braguita, recogimos nuestras cosas para irnos de nuevo en busca del metro para volver a casa. El metro iba bastante lleno, pues la gente empezaba a volver de la playa, había un sitio y Loles me cedió el asiento para mi, enseguida comprendí la jugada, ella se sentó sobre mí, dándome la espalda y posando su culo encima de mi sexo. No hizo falta que se moviera mucho Loles, pues con los vaivenes del metro su cuerpo se acoplo perfectamente a mi polla, la cual enseguida volvió a ponerse grande y dura. Si el viaje hubiera durado un poca más, creo que me habría corrido allí mismo.

Solo salir del metro, sonó el movil de Loles.

--Vaya, es mi maridito…!!! dijo ella.

Después de unos breves momentos de hablar con él y de unas pocas preguntas por parte de ella, la oí que decía con voz triste.

--Que bien cariño, cuanto me alegro de lo que me dices, nos vemos en un ratito. Un beso.

Su cara era un poema, se la notaba contrariada y molesta. Siguió andando como un zombi sin abrir la boca, le tuve que insistir para que me explicara lo que pasaba. Muy molesta, me conto que su marido y mi mujer acababan de llegar a Valencia, estaban cogiendo un taxi y llegarían en pocos minutos a casa. No teníamos tiempo para hacer nada, nuestra idea de poder estar en casa a solas se había desvanecido en un segundo. Los tramites notariales habían ido muy bien, pudiendo adelantar la hora de vuelta.

De repente, mi cuñada me miro, se sonrió y me dijo…

--Hoy te has escapado cuñado, pero la próxima vez te juro que no…!!!