Pedro 12
El destino tiene un sentido del humor cruel: justo cuando él decide ser honesto, descubre que su esposa ya no le pertenece. Entre lágrimas y confesiones, el pasado se desmorona, pero en los brazos de otra mujer, un futuro inesperado comienza a tomar forma.
A pesar de mi edad, y de ser un hombre cabal, me sentía un poco infantil e inmaduro, este viaje era para aceptar el puesto definitivo en Tailandia, como asesor general de comunicación en mi empresa, y me obligaba a cambiar de residencia, no había pensado que fuera así, pero lo tome como una señal del destino.
Llegue a casa y me sorprendió encontrarla vacía, eran las 12 de la noche y ella debería estar en casa, pero no lo estaba y no había signos de que en el día hubiera estado ahí, una punzada de celos apareció en mi estómago, aunque fueron deshechos en el instante, por qué soy el primero que reconoce que eso facilitaria las cosas, me acerque al vestidor y al abrir el gabinete donde dejaba los relojes y gemelos, vi la bolsa de la farmacia que compre el día que me fui, y que llevaba el paquete de preservativos y lubricante que nunca aparecieron en mi maleta, un calor invadió mis mejillas y la duda de la suspicacia de mi esposa me dejaron con la boca seca.
Decidí no postergar más y me senté a esperarla con un coñac y con la televisión encendida en cualquier canal, estaba decidido a decírselo y no mentirle más, también le dejaría la casa, y una pensión generosa, aunque ella era autosuficiente, en su trabajo era la mejor y jamás necesito de mi para sus lujos.
Abrí los ojos con un portazo, pero era de día y los rayos de sol me cegaron por un momento, y entonces la vi, vestida de deporte pero sin el mínimo signo de haberlo practicado, su rostro, que siempre me había recordado a una princesa Disney, cubierto de pecas, tenía algo distinto, no podría definir qué era, pero desde luego no era la misma mujer que deje hacia 3 meses, inclusive su cuerpo se veía distinto, sus caderas, que siempre fueron generosas, tenían más volumen y siendo honestos, estaba absolutamente radiante, parecía más feliz que nunca y sentí una auténtica emoción de verla.
Cuando me vio, dejo caer el móvil al suelo y me acerque a ella y solo me dijo que no me esperaba tan pronto, le dije que teníamos que hablar y ella me dijo que si, que había muchas cosas que poner sobre la mesa, ya que en estos meses fuera, apenas lo habíamos hecho.
Le dije sin miramientos que no había sido fiel y que ella no merecía eso, le conté de Paula, la cual me esperaba en su apartamento, ella no parecía enojada, cosa que me sorprendió, estaba tranquila y me dejó hablar todo el tiempo,ella, que desde el minuto uno fue quien llevó la voz cantante en nuestra relación, por primera vez estaba sin decir nada.
Nada me habría preparado para lo que me dijo, y no puedo decir que me sentara del todo bien, pero sus palabras estaban llenas de vehemencia y sus lágrimas significaban muchísimo más de lo que espere, me confesó que se había reencontrado con Pedro, un amigo de la adolescencia, y que se había enamorado, y me dijo que estaba embarazada, comprendí que esa belleza tan plena que la hacía resplandeciente, era un embarazo que yo no pude darle nunca.
La abracé, le dije que no llorará, por qué si algo siempre había existido entre nosotros, era la sinceridad, y ahora mismo, ambos, lo estábamos siendo, le dije que no sería honesto si no aceptará que un pelín de celos me entraron, pero que en este punto, ambos sabíamos que dejamos de ser marido y mujer, para ser amigos, que si no fuera de esa manera, ni Pedro, ni Paula estarían en nuestras vidas en este momento.
La abracé fuertemente, Oli su cabello, y sentí su cuerpo, recordé cuando la bese por primera vez, su boca juvenil y llena de sensualidad me volvió loco, pensé en nuestra primera vez en su habitación estudiantil y como una mujer tan joven podía ser tan arrolladora, recordé como hizo de nuestra relación un baluarte que nadie podría vencer, excepto nosotros mismos, mientras estábamos así, creí ver algo por el ventanal del salón, pero no le di importancia, había sido sincero y ella también y era un peso menos encima.
Le dije que está casa sería suya, que podía vivir o venderla, los próximos diez años yo estaría en Tailandia y era algo que ya había decidido, y tal como espere se negó, pero le asegure que no había discusión en ello, le expliqué que tendría una pensión, pero en ello no accedió y quedamos en que mañana iríamos juntos con el abogado a firmar un divorcio de común acuerdo, yo tenía una semana para dejarlo todo arreglado y volver a instalarme en Bangkok.
Me duche y antes de ir a ver a Paula, pensé en que quería que fuera mi esposa,Paula me había enamorado de una manera distinta pero igual de importante, ella era tímida, muy propensa a culparse de todo y mil veces después de hacerle el amor me decía que era la última vez, y también sé que me ama porque la he pillado más de una vez llorando después de escuharme hablar por el móvil con mi mujer.
Compré un anillo en una joyería que vi, un tímido brillante solitario, que sería ideal para los largos y delgados dedos que me acompañarían por siempre, llegue a su apartamento y me abrió aún en pijama, estaba adorable, y la cogí en brazos, la puse sobre la isla de la cocineta y le quite la ropa, ella sin decir nada, se dejó hacer, y cuando mi boca llegó a su coño, los gemidos se hicieron protagonista, su mano empujaba mi cabeza y los pequeños pero turgentes pechos saltaban ante sus movimientos de placer, un rápido orgasmo me lleno la boca, y me puse de pie y sacándome la polla, la penetre, viéndola a los ojos, mientras con una mano le cogía el rostro, con el otro la atraía hacia mi, quería verla a los ojos y perderme en ese pequeño cuerpo que me hacía suspirar y me llenaba de ilusión y esperanza. Cogí sus piernas y las enrolle en mi cintura y la lleve a la habitación, ahí la tumbe en la cama y besandole el cuello, los pechos, la boca, seguí haciéndola mía, hasta que no pude aguantar más y me corrí en su interior, sintiendo como su coño envolvía mi polla como un perfecto guante.
Nos quedamos abrazados un buen rato, sin decir nada, recobrando el aliento y las fuerzas, y sin darme cuenta, le dije: ¿ Quieres ser mi esposa?
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