Sexo desenfrenado
Él la empuja contra la pared y ella se rinde sin luchar. Entre el dolor de las pinzas y el riesgo de ser descubierta en el ascensor, ella descubre que su sumisión es su mayor placer.
Hacia dos semanas que había conocido a un chico y me fuí a vivir con él. fisicamente no era nada del otro mundo, pero follando éramos uno. veíamos porno para enseñarnos que nos gustaba. me miraba, me agarraba del cuello y me empujaba contra la pared, y yo ahí débil y sin poder hacer nada contra él solo me quedaba seguir sus órdenes. se empezaba a restregar contra mí mientras me lamía la cara, me encantaba que me escupiese en la boca y a él hacerlo. a veces, si teníamos que ir a comprar esperaba a que fuésemos a salir de casa para calentarme, siempre me ponía muy cachonda. le dejaba correrse en mis bragas, luego ibamos al supermercado sabiendo lo que habíamos hecho y nos mirábamos con lujuria y deseo, nos encantaba. cuando volvíamos a casa yo no podía pensar en otra cosa que no fuese follarmelo. Le hacía meterse el ascensor para bajarle los pantalones y chuparsela, con cuidado por si venia algún vecino, aunque no me disgustaba la idea de hacer un trío, fuese con quién fuese. el vecino del 3 tendría unos 70 años, pero esas cosas me vuelven loca. Con todo ese calentón llegábamos a casa y me comía el coño. un día al quitarme las bragas las empezó a oler y a lamer, después me obligó a mirar cómo se hacía una paja con ellas. también me obligaba a masturbarme delante de él, cuando lo hacía me miraba con deseo y yo sabía que faltaba poco para que se levantase de la silla y viniese a follarme, entonces yo me masturbaba más rápido y más fuerte y gemía mucho más, le rogaba que viniese y me follase, que me tratase mal. le gustaba verme en la ducha con el chorro de agua, yo le miraba mientras sentía la suavidad y presión del agua en mi coño como si me lo estuviese lamiendo él
me hacía tantas cosas, me encantaba cuando me torturaba. teníamos mil juguetes sexuales. me ponía pinzas en los pezones y tiraba de ellas hasta que gritaba de dolor. a veces me ataba a la cama y me azotaba tan fuerte que me dolía al sentarme o me masturbaba tanto tiempo que tenía que llorar para que parase porque no aguantaba más. Cuando me follaba fuerte me dejaba agarrarle y arañarle. le metía un dedo por el culo mientras me follaba y yo oía sus gemidos en mi oído. me gustaba cruzarle la cara porque el me la devolvía más fuerte.
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