No se como pasó (2)
Beatriz no debería estar tocándote. Su marido está a metros, el grupo los espera, y el riesgo de ser descubiertos es constante. Pero ella te mira con deseo puro y te lleva a un rincón donde el tiempo se detiene.
¡Hola! ¿qué tal? Yo soy de nuevo, esta vez os voy a contar mi segundo encuentro con mi maravillosa compañera de trabajo.
Todo comienza una tarde de verano, de este pasado verano, cuando yo, ella, su marido y cuatro compañeros mas decidimos pasar un dia juntos en la piscina.
El dia era magnifico, el sol lucia y calentaba los cuerpos de todos los que nos habíamos reunido en aquel centro de diversión como era aquella piscina. Decidimos pasar el dia completo allí. Primero comimos y luego después de hacer la digestión decidimos tirarnos desde los trampolines, jugando y nadando todos juntos.
Después de un rato de hacer el tonto en el agua decidimos tumbarnos al sol en la hierba y nos quedamos un rato dormidos. No sé cuanto tiempo había pasado cuando desperté pero el caso es que nos habíamos quedado Beatriz y yo solos. Yo me levante y me dirigí hacia las duchas cuando ella se levantó y me siguió.
Me puse bajo el chorro y ella siguió andando y se metió en la zona de nudismo que había allí mismo. La zona de nudismo se encontraba rodeada de arbustos de forma que ninguna mirada curiosa pudiera introducirse en su intimidad. Yo desde la ducha podía ver el interior ya que un pequeño hueco se había abierto entre los arbustos, probablemente algún voyeur lo había hecho intentando ver algo, como yo lo intentaba ahora.
Entonces la vi, estaba tumbada sobre la toalla sin la parte de arriba del bikini y yo bajo la ducha comencé a excitarme. Mi verga empezaba a crecer y ni siquiera el agua fría de la ducha aflojaba mi erección. Cerré la ducha y me dirigí hacia allí. La zona nudista se dividía en dos, naturalmente, me metí en la de hombres y desde allí, desnudo y completamente empalmado me puse a espiarla, entonces su mirada se cruzó con la mia. –Cuanto has tardado. –me dijo. – Venga pasa aquí, no hay nadie-
Yo no podía aguantar mas y me metí en la zona de mujeres. Estaba muy nervioso y excitado porque pudieran pillarnos. – ¿Has traído tu toalla?-. Si, la tengo aquí.
- Venga tápate con ella y ponte encima mío -. Yo obedecí y me puse encima de ella. Ella se quito la braga del sujetador y se abrió de piernas para mí. – Venga mi hombre, te quiero dentro de mí-. Me puse encima de ella y se le metí toda. Tapados con la toalla nadie nos veía, pero se notaba el movimiento. – Venga no pares, sigue, sigue, aaaaahhhh, aaaahhhh -
-Ssssssssh, calla, nos van a oír – le dije. – No te preocupes no hay nadie aquí, están todos en el agua, sigue no té pares ahora que me corro, sigue, aaaahhhh -. Yo obedecía, me encantaba sentirla dentro de ella y al cabo de un momento me corrí sin dar un grito y me quité la toalla de encima. – Aahh, ha sido magnifico que bien lo haces. Si ha estado estupendo. Ha sido maravilloso. Nos vestimos y salimos de allí y volvimos a la piscina cada uno por separado para que nadie se diera cuenta de lo que habíamos hecho.
A eso de las 7 de la tarde decidimos irnos de la piscina y volver cada uno a su casa, su marido, que había traído coche, quedó en venir a buscarnos ya que lo había dejado lejos. En esto que Beatriz se vuelve hacia a mí y me dice en voz baja: ven conmigo. ¿Qué dices? ¿Estas loca? Mi marido tiene el coche aparcado muy lejos y además yo tengo las llaves por lo que no podrá traerlo y tendrá que volver, es tan despistado.
Pusimos la excusa de que íbamos a tomar algo y nos fuimos a los vestuarios. Nadie se extrañó de que desapareciéramos juntos. Entramos en una zona que yo no conocía y que al parecer estaba cerrada por obras. ¿Adónde vamos? Tu sígueme – me dijo-. Nos metimos en un pequeño cuarto que había allí. Ella se me quedo mirando y me besó en la boca, fue un beso apasionado, luego me metió la lengua en la boca y yo le correspondí metiendole mi lengua muy adentro también. Después de besarnos me dijo: tómame. Pero ¿por qué haces esto? Eres una mujer casada, les estas poniendo los cuernos a tu marido. Ya, ya lo sé – me dijo – pero yo te deseo, estas buenísimo, y cuando me apetezca hacer el amor contigo lo haré, antes me apetecía y lo hemos hecho y ahora me apetece y vamos a hacerlo otra vez. Venga no preguntes y follame. Yo no podía decirle que no, la deseaba un montón y me puse manos a la obra.
La bese el cuello, la boca y enseguida me empalmé, entonces se me ocurrió algo, cogí él top del bikini y le ate las manos a una tubería, si mi amo, así, así, me decía, le chupe las tetas, primero los pezones y luego todo el pecho, iba cambiando alternativamente. Luego le baje la braga del bikini y le metí un dedo en el coño húmedo y chorreante, aaaaaaahhh, ¡qué gusto!¡sigue así!, yo obedecía, metiendoselo y sacándoselo, ella se moría de gusto y se corrió con un grito que pude ahogar poniéndole la braga en la boca.
Después le acaricié todo el culo me encantaba su culito, yo estaba echo polvo, entonces no pude mas, me masturbé y me corrí y el semen saltó a su tripa. ¡eres un bestia!, me gritó, entonces la mire con ojos libidinosos y agarrandola de las caderas se la metí, la tenia floja pero en seguida se me enderezó y le pregunté: ¿cuánto tiempo nos queda? Cinco minutos mas o menos - me contestó – vale entonces iré rápido, empecé a bombear, dentro, fuera, dentro, fuera, sosteniéndola con las manos y suelta en el aire porque tenia las manos atadas.
Sentimos un ruido fuera y eso me excitó aun más porque me corrí dando un grito que fue amortiguado porque mordí la braga del bikini, ella se corrió inmediatamente después mío, después de acabar, la desaté y nos vestimos. Alguien preguntaba que si había alguien allí, y nos escabullimos sin que nos vieran.
Nos reunimos con el resto, que al parecer no nos habían echado en falta, y en ese momento su marido entro por la puerta ya que se dio cuenta de que no tenia las llaves del coche, él me miró y no debió de notar la expresión que se te queda después de una buena corrida, nos miro a todos y se disculpó. Las llaves la tenia yo, trasto, le dijo Beatriz, dicho esto nos fuimos todos. Nos guiñamos un ojo sin que nadie nos viera, cómplices de nuestro secreto.
Si os gustado, podéis escribirme.
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