Los ferrer.... tomás ferrer y su secretaria
Ella aparenta ser una joven frágil y virginal, pero sus lágrimas son solo el cebo para un depredador. Cuando la puerta del despacho se cierra, la inocencia se rompe y la pasión desatada de una secretaria oculta revela su verdadera naturaleza.
TOMÁS FERRER Y SU SECRETARIA
Vamos a centrarnos ahora en la figura de Tomás Ferrer. Como ya dijimos al principio es el heredero de una pequeña fortuna y del negocio familiar, que nuestro hombre lleva con inteligencia y grandes dotes de mando.
Lo que pocos saben es que el recto y severo Tomás Ferrer está locamente enamorado de su secretaria, una guapa jovencita, apenas unos años mayor que su hijo Rubén, y que entró a trabajar a su servicio hace tan sólo un año y medio, pero que se ha convertido para el veterano empresario en algo más que una obsesión, y no vayan a pensar que sus esposa es una estrecha que no le da lo que él espera, ya conocemos a Lola y sabemos que no es así. Lo que Tomás Ferrer siente por Patricia, su secretaria es algo diferente y se remonta a su primer amor de adolescente, mucho antes de conocer a su actual y voluptuosa esposa.
¿Que cómo es la tal Patricia? Pues todo lo contrario a Lola. Patricia es pequeñita, apenas llega al metro sesenta, y delgadita.
Tiene sus curvas, pero no es ni de lejos tan exuberante como Lola. Eso sí, lo que más destaca en su fisonomía es su trasero, un culito durito y respingón que hace la delicias de todo aquel que se cruza con ella por la calle.
¿Y qué decir de su cara? La cara de Patricia es como el de esas muñequitas de delicada porcelana, blancas y de labios rojos como la sangre, enmarcada en una cabellera de pelo rubio en la que despuntan unos preciosos ojos azul cielo, que dan al conjunto el aspecto de un delicado ángel.
Pero no nos dejemos engañar por su frágil e inocente aspecto. Dentro de la dulce Patricia bulle una ninfómana de primera categoría, que lo único que busca es que alguien la despierte.
Como bien va a comprobar Tomás Ferrer dentro de muy poco…
Son las cinco de la tarde cuando el patriarca de la familia Ferrer llama a su secretaria para pedirle algo antes de salir de su despacho y volver a casa después de una larga jornada laboral.
Cuando la guapa jovencita entra en el estudio, a Tomás Ferrer no le cuesta comprender que ha estado llorando.
-Señorita –siempre galante, Ferrer se alza de su sillón y tiende un kleenex a su ayudante-. ¿Le ocurre algo?
-¡Nada! –Exclama Patricia al tiempo que toma el pañuelo de papel y se suena los mocos y se enjuga las lágrimas.
-Vamos, vamos, Patricia –con gesto paternal, Tomás la rodea con sus brazos y la estrecha suavemente contra su cuerpo-. Creo que sabe que aparte de su jefe soy su amigo, y que me lo puede contar todo.
-L-lo sé, s-señor Ferrer –tartamudea la joven secretaria intentando sonreírle a su jefe.
Luego, sin embargo, vuelve a estallar en sonoros e inconsolables lamentos.
-¡SOY MUY DESGRACIADA, SEÑOR FERRER! –Grita por fin mientras apoya su cara contra el hombro de su jefe.
-¿Por qué, querida? –Tomás Ferrer, sin quererlo comienza a sentirse excitado al notar el perfume de la muchacha tan cerca.
-¡M-me ha puesto los cuernos! ¡CON ESA GUARRA TETONA DE VANESSA CORTÉS! –Llegados a este punto, se ha acercado tanto a su jefe, que puede notar la dureza de su ya enhiesta polla contra su pierna y ella, espantada, se aparta de repente.
-L-lo siento, Patricia… -Se disculpa el maduro empresario de inmediato-. No era mi intención ofenderla. Al contrario…
Como respuesta, su joven secretaria le dedica una triste sonrisa.
-N-no se preocupe –titubea mientras vuelve a acercarse a su jefe-. Yo tampoco soy de piedra. Puedo parecer una chica recatada, casi una estrecha, y es cierto lo que dicen por ahí que aún soy virgen. Pero no soy de piedra, y puedo notar cómo me mira cuando cree que no lo veo –mientras habla, comienza a mordisquearse el labio inferior con gesto entre inocente y lascivo-. También puedo imaginar esas grandes manos suyas sobre mis delicados pechos y mi trasero –su mano, insegura y cándida comienza a acariciar la verga de Tomás Ferrer por encima de la tela del pantalón, logrando que vuelva a ponerse dura como una barra de hierro.
-P-Patricia… -Ahora es el hombre el que tartamudea-. He de decirle una cosa…
-Dígame, jefe –susurra la secretaria al oído de su patrón, mientras con manos nerviosas y temblorosas pugna por desabrochar el pantalón y liberar la polla de del hombre.
-Tiene razón… Hace tiempo que llevo fijándome en usted. Me parece una joven muy atractiva.
En ese instante, Patricia detiene su labor y eleva su azul mirada hacia su jefe.
-Su esposa es una mujer muy hermosa y exuberante –musita con voz ingenua y dulce-. ¿Cómo es posible que usted se pueda fijar en mí?
-Vamos, niña –Tomás Ferrer la conmina a alzarse y, antes de que la joven pueda reaccionar, la besa en la boca con gran pasión-. Mi mujer es muy hermosa, pero tú me recuerdas a mi primer amor.
Luego, las grandes y toscas manos del hombre suben el jersey de su secretaria, y desabrochan el sencillo sujetador, dejando libres sus pechos, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños, de pezones rosados, y comienza a besarlos.
Mientras, Patricia ya ha logrado liberar la polla de su jefe, y se entretiene pajeándola y acariciándola con sus jóvenes manos, hasta lograr que el miembro alcance una nada despreciable longitud de diecinueve centímetros y un grosor aún mayor que el de su hijo mayor.
-¡Santo Cielo, señor Ferrer! –Exclama la muchacha al notar la gordura del pollón de su jefe entre sus manos-. ¡Es muy gorda, y yo soy virgen! N-no sé si me atreverá a…
-Tranquila, cariño –le susurra entonces el hombre mientras comienza a desabrocharle la estrecha falda de tubo que tan bien resalta su culito respingón-. Te prometo que haré lo posible para que no te duela –y tras bajarle la falda, le baja también la tanguita, blanca y con dibujos de florecitas por delante, al tiempo que sigue hablando-. Y para eso, nada mejor que lubricar tu dulce coñito…
-Mmm… Jefe… -Susurra Patricia al notar como la lengua de su maduro patrón recorre los labios de su rasurada vulva-.
Luego, y quizás de forma inconsciente, se lleva la mano a los pechos y comienza a acariciarse los pequeños pezones, hasta lograr que se pongan duros y enhiestos como pequeños garbanzos.
Mientras, en su entrepierna, Tomás Ferrer ha abierto sus labios y ha comenzando a lamer con suavidad y delicadeza su rosado clítoris, logrando en pocos minutos que la joven se deshaga en gemidos y lubrique abundantemente.
De repente, Patricia agarra la dura polla de su jefe y se la acerca a su húmeda entrepierna, al tiempo que gime con voz entrecortada.
-¡Jódame, señor Ferrer! ¡Rómpame el coño con su gordo cipote!
-¡Sííí! –Casi grita Tomás Ferrer al oír las calientes palabras de su secretaria mientras, muy despacio y cuidadosamente, comienza a penetrarla, con mucho cuidado de no hacerla daño con su gorda verga.
Lentamente, su gruesa polla, y gracias a la abundante lubricación de la vagina de la joven, comienza a enterrarse centímetro a centímetro, hasta quedar enterrada por completo en el mojado coñito de Patricia, quien, a cada embestida, lanza un leve gemido de puro e infinito placer.
-Mmm… ¡Diosss! –Jadea la joven mientras se aferra con fuerza al cuello de su maduro amante-. ¡Es taaan gorda! –Gime fuera de sí-. ¡Y está taaan dura!
-Sí, mi amor –También Tomás Ferrer jadea mientras siente el cálido cuerpo de su bonita y virginal secretaria rodeando su miembro, duro como la piedra-. Estás sumamente mojada, cielo… Mmm… Me encanta…
-¡SÍÍÍ! –Grita Patricia fuera de sí, a pesar del dolor que el grueso pollón de Tomás le produce en su estrecho y recién estrenado sexo-. ¡FÓLLAME, CABRÓN! ¡METÉMELA HASTA EL FONDO, HASTA LOS HUEVOS! –Vuelve a gritar mientras gruesas gotas de sudor comienzan a rodar por su rostro y entre sus bien formadas y duras tetas.
Por fin, y sin poder aguantar más, Tomás Ferrer saca su polla del coño de su secretaria y la sujeta con su mano derecha, mientras con delicadeza, hace que la joven se arrodille hasta quedar a la altura de su hinchado y morado capullo.
-Abre la boca, cielo –pide jadeante el maduro empresario mientras sacude su verga al tiempo que la joven lame el glande.
El primer disparo de leche blanca, cremosa y abundante cae sobre la cara de Patricia, que suelta y leve gritito de sorpresa y satisfacción.
El resto es lamido con ganas por la joven, que parece plenamente satisfecha por su primera experiencia sexual.
Luego, ambos amantes vuelven a vestirse y se despiden como cualquier otro día, conscientes de que lo ocurrido esta tarde es algo que quizás no se vuelva a repetir nunca más.
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