Es cierto, mi vida, te corneo con todos... (2)
Sabe que su esposo la mira con hambre contenida. Esta noche, en la sala de su propia casa, le dará el espectáculo que siempre soñó: verla perder el control con los primos de él, mientras nadie interrumpe.
Es cierto, mi vida, te corneo con todos... (2) (Bailando con tus primos...) Mujer Dominante 4
Me pareció una buena idea festejar te el cumpleaños en casa, una reunión pequeña, con los más íntimos. Con mi mamá, mi tía, tu tío, tus primos y un par de vecinas cercanas. El marco ideal para homenajearte con un regalito de cumpleaños que sabía que te iba a enloquecer. Aunque todavía no lo habíamos hablado, hacía tiempo que sospechaba que tenías ganas de verme follada por algún otro macho.
Galardones no me faltan. Los hombres no dejan de mirarme el culo y las tetas, y con mi linda carita el conjunto es demoledor. Ganas tenía, pero todavía no me había decidido a hacerte ese "regalito".Me pareció que tu fiesta de cumpleaños era la ocasión ideal, y en eso había pensado cuando invité a tus primos. La idea me había rondado varias veces en la cabeza, y desde el día anterior estaba con la idea fija de dar el siguiente paso. Con tu primo.
Siempre me había gustado tu primo, así que cuando me sacó a bailar sentí que me había sacado la grande. Y cuando digo "la grande" sé de que estoy hablando. Porque no sólo se la ví, sino que se la sentí muy a mi gusto. Ahora que sospechabas que podía cornearte, ibas a darte la gran panzada, viendo las rotaciones de mi culo. Una vez decidida, mi vida, me preparé para enloquecerte con mi actitud.
El gran pedazote en su pantalón me tenía alucinada, así que lo acomodé justo en la unión de mis muslos, contra mi faldita, y me pegué como una lapa a su cuerpo. Yo no quería que te perdieras detalle, de modo que cuando sentí la dura prominencia de su polla endurecerse contra mi intimidad comencé con las pequeñas rotaciones de mi culo a darte una visión inequívoca del disfrute que me estaba dando con su enorme tranca contra mi conchita. El disfrute comenzó enseguida, primero el mío que ya estaba lanzando mi intención. Seguramente ustedes no se esperaban lo que siguió, y mi desparpajo te iba a calentar muy rápido, mi cielo. El desenfado con que me apreté contra la tranca de Julio fue toda una declaración de principios.
Seguramente estabas criando una erección de novela, y yo seguí a full restregándome contra el soberbio nabo de tu primo. Cuando lo apreté por la espalda contra mí, el pobre se quedó de una pieza. Él no sabía que yo quería cornearte, pero pronto comenzó a sospecharlo. Y al ver como se le iban desorbitando los ojos en su cara cada vez más colorada, bajo las fricciones de mi restregada contra su muy rígida tranca, sabiendo donde estaban posados tus ojos procedí a acentuar las rotaciones de mi redondo culo contra la indefensa virilidad de tu primo, expuesta a los rozamientos imperiosos de mi lujuria. Seguramente aún tenías tus dudas, pero tu polla sabía muy bien de que la íbamos. Al hermano mayor de tu primo tampoco se le escapaba detalle, a juzgar por la bruta erección de ángulo recto que empinaba sus amplios pantalones náuticos. Y me prometí que algo haría al respecto.
Mi mamá echaba breves ojeadas al proceso, pero por lo que yo sabía de su relación con mi padre, el asunto no la inquietaba en lo más mínimo. Aunque a tu tío las miradas furtivas de mi mamá le alertaron su atención. Cosa que a mi mamá no se le escapó. A mi papá siempre se le escapaban las actitudes de mi mamá, y mi mamá se aprovechaba de la situación, Así que acentuando un poco sus contorneos, atrapó la atención de tu tío, alejándola de mi lúbrico culo.
Pero a esas alturas la cachondez del franeleo a tu primo, me hizo olvidar todo lo que no fuera el excitado picor que se estaba enseñoreando de nuestros genitales. Su enorme polla ostentaba una rigidez tremenda. Al fin, mis restregadas se hicieron más verticales, arriba y abajo, contra la tremenda prominencia en el pantalón de tu primo, de modo que frotaba con ella mi clítoris. El pobre se dejaba hacer, mientras su rostro se ponía más y más colorado. No había duda de que no te perdías detalle. Pero la naturaleza siguió su camino, y yo soy una amante de la naturaleza.
Mis gemidos se unieron a sus jadeos y lo sentí venirse, pulsando los golpes de su acabada contra mi conchita. Ahí dejé que mi culo se expresara con una seguidilla vertiginosa de temblores en cascada pulsando irresistiblemente en correspondencia con los temblores de tu primo, que se había quedado estático en el momento máximo de su climax. Saber como debías de haberte puesto con el espectáculo, me hizo sentir la,más puta de las esposas. Si ahí te había quedado alguna duda, al ver la gran mancha en el pantalón de tu primo, la cosa se te debía de haber aclarado bastante.
Pero yo quería más. Arrastrando a tu primo a nuestro dormitorio, me arrodillé, restregando su pringoso pantalón contra mi cara. El espeso semen había corrido a raudales, y yo me lo pasé por toda la cara y el cuello. Y lo chupé a través del pantalón, tragando como una loca. Vos no pudiste colarte en el dormitorio, para ver lo que siguió allí. Pero el hermano mayor de tu primo, sí. Cuando vio como terminé tragándome golosamente el espeso semen de su hermano, me levantó la grupa y sin perder un segundo peló su enhiesta tranca enterrándomela en la concha, mientras yo continuaba chupando la acabada de su hermano. La sorpresa de la enterrada -cosa que no me esperaba porque no sabía que el hermano mayor nos había estado viendo- pero me excitó tanto la nueva garchada que me estaban dando, y me sentí tan puta que en menos de cinco pollazos, me corrí con esa caliente tranca, taladrándome con tantas ganas. En ese momento pensé en vos y en lo que habías presenciado allí afuera y en lo que podías suponer que me estaba pasando ahora con el hermano mayor de tu primo, o con ambos. Bueno, que me dieron otra cogida, la segunda vez a dúo. Al mayor se la estuve chupando como veinte minutos. Una hermosa pija, musculosa y digna de una goumert. Estuvimos una hora adentro del cuarto, así que seguro que te fuiste al baño a hacerte una paja, o dos, o tres. Al no poder entrar en el dormitorio, te debés haber quedado con una tremenda duda, lo que me puso aún más caliente.
Cuando volví al living, las ojeras me llegaban hasta el suelo. Pero las tuyas eran como para dar cuenta de veinte pajas.
Cuando se fueron tus primos los invité con mi mejor sonrisa a visitarnos pronto. Y se miraron con una sonrisa cómplice.
"¡Ah, mi cielo, como me gustan tus primos...! Me gustaría verlos más seguido..."
"¡Y otro día tenemos que invitar a tu tío, ese tan viril que parecía querer comerme con los ojos...!"
Yo sabía como tocar tu vena sensible. Y estaba segura de que en ese momento, tu vena sensible estaba irrigando intensamente tu lugar más sensible.
No habíamos hablado sobre el tema, pero creo que ya entonces sabías las ganas que tenías de verme bien cogida por otros machos.
Quiero que me cuentes que has sentido con esta historia de amor conyugal. Nómbrame el relato, y hazme tus comentarios escribiéndome a [email protected]
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