Exhibicionista
Elena siempre soñó con ser mirada, no solo admirada, sino deseada por extraños que se desmoronaran ante su desnudez. Él, con la promesa de cumplir su fantasía, reúne a desconocidos en una habitación cerrada, pero nadie esperaba que el simple acto de mirar terminara en un caos de semen y penetraciones inesperadas.
Mi mujer y yo ya teníamos y tenemos una excelente relación. Empezar por ahí un relato es propio solo de relatos eróticos en los que termina pasando cosas con gente ajena a la pareja. Nunca podría haber sospechado donde nos llevarían nuestros deseos un punto depravados. Todo empezó con una conversación sobre sexo entre Elena y yo.
Nos habíamos duchado juntos, polvo incluido, estábamos algo fumados, habíamos probado unos porros con un costo riquísimo que nos había proporcionado un amigo mío. La ducha no tuvo otra intención que tocarnos y follar pero sobre todo tocarnos. Secos, recién follados, relajados y tumbados mirándonos a los ojos o mirando al techo, empezamos hablando de recuerdos agradables que habíamos compartido, como nuestra primera vez que nos metimos en la cama.
Había sido por casualidad, habíamos ido unos cuantos amigos a Londres, en ese momento me gustaba Inés pero empezaba a vislumbrar que me podía gustar Elena, tanto Elena como yo estábamos derrotados del viaje, ella se metió en una habitación que le indicaron, Yo le pregunté a Inés, con quien yo pensaba que iba a dormir, tenía con ella una relación algo retorcida.
«—¿Qué tal si nos vamos a la cama?»
«—Vete tú, yo me quedo un poco más, duerme en la habitación donde se ha metido Elena, creo que tiene dos camas.»
Para allá que me fui, efectivamente, había dos camas y en principio utilizamos las dos y bueno, todavía no he vuelto, supuso la ruptura durante años con Inés, hoy volvemos a ser amigos, ahora solo amigos.
La conversación siguió por otros derroteros:
—¿Tienes alguna fantasía de sexo que no has cumplido? —Me preguntó. Yo tenía una pero no era muy correcta, se lo dije y luego se la conté, debía ser costo, en vez de suero, de la verdad.
—Es muy vulgar, me convierto en invisible y me cuelo en todas las casas para ver a la gente desnuda. Fijate si me gusta mirar, he llegado a ir a la cama, antes de estar contigo, por supuesto, con alguna chica sobre todo por verla desnuda, No es tan sencillo pero era un motor importante para acostarme con ella. —Soy algo mirón, casi todos los tíos lo somos, y eso entroncaba perfecto con Elena que era exhibicionista. Pasaba largos ratos mirándola desnudarse, cuando se duchaba, y siempre que estaba desnuda… ella disfrutaba y yo también. —¿Y tu? Si preguntas es porque tienes alguna fantasía—Le pregunté.
—No. Me da vergüenza.
—A mi me da vergüenza la mía y te la he contado.
—¿Te la cuento? —Asentí— Pues a mí… a mi me gustaría estar desnuda delante de mucha gente que me mira, —me mantuvo un rato en suspense— sobre todo tíos y ¿sigo?
—Claro, mira, de imaginar a esa gente mirándote. —Levanté la sábana y dirigí la vista a mi pene para mostrárselo, se estaba convirtiendo en un pene ilusionado. Le hizo un cariño como de pasada.
—Vale, de esto estoy menos segura, en mi fantasía, la gente se masturba encima de mi, no me echan el semen encima, puede que alguna gota, pero sí se masturban viendo mi cuerpo, incluso alguno se inclina para verme el coño de cerca. Sabes, me da vergüenza, pero… a veces me desnudo frente a la ventana deseando que alguien me vea. Perdona, no debería hacerlo. —Elena no era lo que se llama una tía buena, pero tenía, para mí, un cuerpo precioso. Sin ser profesional había posado para varios fotógrafos y teníamos unas colección de fotos preciosas muchas de ellas de desnudo, me aseguró que los fotógrafos habían sido respetuosos pero pilló a alguno con el bulto crecido en los pantalones y le gustó, solo uno alargó la mano para tocarla y ella se echó para atrás diciéndole —Si me tocas, me visto y me voy. —Pero eso ya me lo había contado otro día— ¿Te parece mal? —refiriéndose a desvestirse en la ventana.
—No te preocupes, estamos bien, está todo bien, eres muy guapa, es normal que te guste que te vean, a mi no me importa. Hasta creo que me gusta—Le dije cariñoso.
—Te quiero.
—Mi fantasía no hay forma de realizarla, salvo en alguna película fantástica, pero la tuya, no sé como, pero no es imposible, podemos pensar como hacerla realidad. Imagínate una serie de tíos mirando desnuda a una de las chicas más preciosas del universo.
—Tonto, no te rías de mi... No quiero hacerlo, solo es una fantasía. Esta pregunta es solo para ampliar mi fantasía: ¿Harías eso por mí?
—Lo intentaría porque tampoco es fácil, ya vamos a playas nudistas y nadie se hace una paja, que sepamos; mirarte sí te miran, si supiesen que te gustaba, alguno se la haría pero lo normal sería que temiese que yo le abriese la cabeza, cosa que no haría.
Esa noche nos dormimos, luego muchas veces le di vueltas a como dar paso a la fantasía de Elena.
—En mi fantasía, ahora, sales tú mirando como se masturban con mi cuerpo, tú, también lo haces, pero creo que tú lo haces viendo a los otros. —Me dijo otro día en la intimidad de la cama. —Sabes, es un poco como si me gustase que utilizasen mi cuerpo a la vez que lo admiran, tampoco es que tenga un cuerpo espectacular pero es mi fantasía.
Muchas veces pensaba en el tema sin decírselo a ella.
Pensaba: Puede presentarse a Miss Nude, ahí te hacen vídeos y la gente se hará pajas con los vídeos. Pero, desde luego en su casa, no delante de ella.
Pensaba: Ponemos un anuncio convocando a gente. Pero ¿como controlo a gente desconocida? Podrían intentar violarla.
Pensé buscar entre los amigos que fuesen discretos y pudiesen desear verla desnuda con la posibilidad de hacerse una paja. El peligro: Que se fuesen de la lengua, pensé, quizás ingenuamente, que aparte de la honradez personal, si se masturbaban les mantendría callados.
Otros muchos días me olvidaba. Otros volvía a pensar. Otras veces pensaba que eran todo tonterías.
A pesar del supuesto peligro indagué buscando a los posibles participantes en un chat. Lo hacía en el trabajo para que Elena no se enterase. Deseché que fueran muchos. Invité en el chat a la gente pidiéndoles que enviasen una foto y hablasen de si mismos, a mi vez envié una foto desnuda de Elena tapando su cara. Tuve bastantes respuestas. Fui escogiendo unos pocos. Concretamente cuatro que no vivían muy lejos. Tenía que decidir el día y por supuesto conseguir el respaldo de Elena.
Tengo un compañero, Andrés con el que me une bastante amistad, Andrés era un ligón profesional, siempre tiene dos novias a las que está dejando, dos con las que se está acostando y dos futuras a las que está preparando. Nunca iba de la mano por la calle con ninguna para que no le pescasen. No se puede ser así sin ser muy simpático. Entró en mi despacho cuando había ido al servicio y descubrió el chat.
—¿Estás preparando un encuentro de tíos con tu novia? —No tuve más remedio que contarle el sueño en el que los tíos solo se masturbaban y decirle que a pesar de lo que había visto no estaba decidido nada.
—Si piensas ser candidato, ya te digo que no, me das miedo.
—Pues claro que quiero ser candidato, no tienes que tenerme miedo, me gustan mucho las tías, les gusto a ellas y se lo pasan bien conmigo pero sabes que nunca me encapricho de ninguna. Soy el menos peligroso del mundo, salvo que las follo pero solo como sexo y sabes que respeto siempre las novias de mis amigos, a menos que ellos quieren que no las respete, lo que parece ser tu caso.
—Ya te he explicado que esto es solo para mirones, no para follar.
—Conozco poco a Elena pero lo suficiente para desear hacerme una paja mirándola desnuda, me la imagino preciosa.
—Bueno, si te empeñas, si ocurre y quieres, cuento contigo, me da seguridad que haya alguien que sea amigo, pero tienes que ser discreto.
—¿Discreto? ¿Acaso sabes algo de mis novias?, ni sabes como se llaman. —Yo estaba un poco loco, porque además era guapo, eso era meter el zorro en el gallinero, pero también pensaba que Elena disfrutaría de tener a Andrés ahí— Si mis planes dan resultado lo convocaré para el sábado en quince días.
Me quedaba una semana para convencer a Elena y tener tiempo de convocar a los masturbadores. los llamo así no de forma peyorativa sino para hacerme entender.
Esa misma noche empecé a insinuarlo.
—¿Has vuelto a tener la fantasía.
—Una vez y estabas muy guapo, ja ja.
—¿Salía yo?
—Te lo dije, ¿te parece mal?
—Si lo organizase, ¿te atreverías.
—No, no creo.
—Pero ¿te gustaría? Imagínate cinco tíos desnudos mirándote y masturbándose. —Sonrió con un gesto muy gracioso.
—Me pone caliente, pero no, me daría miedo.
—Yo estaría presente.
—Estando tú me daría menos miedo... —Me dio un pico.
—Pues es una pena porque de verdad lo estoy organizando.
—Ja ja ja, ¿vas por la calle ofreciéndome?
—Por las redes sociales, incluso tengo un amigo voluntario, uno muy atractivo.
—¿Sí? No me digas ¿Quién?
—Andrés.
—¿Andrés vendría a mirarme y hacerse una paja? Si liga mucho, no le hace falta.
—Pero me dijo que le gustaría verte desnuda porque piensa que debes ser preciosa y es verdad, lo eres.
—¿Te ha dicho eso? ¿Se lo has contado de verdad? Estás loco. ¡Qué vergüenza…! Ah, me estás tomando el pelo.
—Realmente no se lo he dicho. Me ha pillado mientras seleccionaba otros cuatro desconocidos. ¿Quieres ver sus fotos?
—¿Tienes fotos? Esas fotos quiero verlas pero hacerlo me daría vergüenza. Ya te lo he dicho.
La llevé al ordenador y le enseñe los cuatro chicos que había seleccionado. Estaban desnudos, dos de ellos empalmados. Las miró detenidamente.
—Buena elección. Lástima. ¿Y como te han enviado fotos desnudos? No le habrás enseñado una mía?
—Pues sí, no se te reconocía, ya se habrán hecho alguna paja.
— Me estoy poniendo caliente. ¿Nos vamos un ratito a la cama?, un ratito solo no, también a dormir. —Habíamos cenado
—No se hable más. —Nos fuimos a la cama y disfrutamos de un polvo excelente. Desnuda y sin nada encima se tumbaba boca arriba y abría un poco las piernas.
—¿Me pondría así?
—¡Qué guapa eres! Así o transversal y con las piernas un poco abiertas y puede que colgando para que puedan mirar de cerca, incluso si quieren oler. Ummmmmm, ¡Que aroma más exquisito! —Y me acercaba a su vulva y aspiraba el olor.
—Tonto. Vamos a dormir o terminaremos echando otro y mañana nos levantamos temprano.
Tardó dos días en sacar el tema.
—¿Pero a ti te gustaría?
—¿El qué?
—Ya sabes, que unos tíos se masturben mirándome. A mi me daría vergüenza.
—A mí me gustaría solo si te gustase a ti. Yo no quiero nada más que a ti.
—¿Pero a ti te excitaría?
—Si tu te excitas yo me excito, si lo pasas mal, no. La fantasía me excita porque te excita a ti, si a ti te excitase que te toquen el tobillo me pasaría todo el tiempo tocándolo.
—El tobillo puedes tocarlo... Lo otro, todavía tengo que pensarlo.
—O sea que un poco te apetece, si no ya estaba cerrado el tema. Bueno, no quiero influir.
—¿Para cuando sería? ¿Tengo tiempo para pensarlo?
—El sábado de la semana que viene.
—Mañana te contesto. Ven dame un beso.
Al día siguiente me contestó. No hay intriga porque si la respuesta fuese otra no habría relato.
—Casi me he decidido. Prométeme que esto no hará daño a nuestra relación. Prométeme que no tendrás celos. Si nos hace daño, no no y no, estas cosas pueden tomar caminos descontrolados.
—Te quiero y nada cambiará.
—De cobardes no se escribe la historia, ¿no se dice así.
—Algo así, ¿quiere decir que das luz verde?
—Si el verdes es el color del sexo, sí. De momento me podías dejar las fotos y quizás me ponga en igualdad de condiciones con ellos.
—Si quieres tú miras las fotos en el ordenador y yo me siento en el suelo entre tus piernas. —Asintió, se sentó en el ordenador, yo en el suelo y le bajé las bragas y le hice pasar un buen rato con final feliz.
Avisé a los cuatro y en el trabajo le conté a Andrés como iban las cosas. Contraté un apartahotel, que me recomendó Andrés. para no dar nuestras señas. Elena y yo estábamos excitados y nerviosos, Andrés divertido.
El día anterior hablamos Elena y yo.
—¿Aparezco desnuda?
—Como quieras yo creo que nos desnudamos todos a la vez.
—Me tocaré un poco. ¿Te parece?
—Me parece bien pero al tocarte no tapes demasiado tu sexo, vienen a mirar, pero seguro que les gusta que te toques.
—¿Y si me apetece que me toque alguien? Ten en cuenta que me pondré caliente.
—Como quieras pero son cinco, si dejas a uno los otros querrán. Tú veras si quieres que te toquen cinco.
—Ya, tienes razón pero si me tocasen uno o cinco ¿como lo tomarías?
—Por mi no te preocupes, yo acepto todo menos que te enamores de otro, claro que si lo haces ya será tarde.
—No pasará, estate seguro.
Llegó el día, Elena vestía sencillo, una camiseta bonita, una falda ancha, ropa interior nueva pero no demasiado sexi, queríamos que pareciese lo que era, o creíamos que era, una persona normal, aunque en definitiva tampoco es muy normal lo que íbamos a hacer.
Llegamos con tiempo para preparar el terreno, trajimos bebida para animar. Fueron llegando uno a uno, según llegaban les ofrecíamos un cubata. No me acuerdo de los nombres, había un Alejandro y un Manolo pero ni siquiera tengo claro quien es quien. Cuando estuvieron todos les dirigí una palabras.
—Sabéis de que va esto, en principio va de mirar y disfrutar cada uno por su cuenta, Laura (cambié el nombre) es una chica normal con una fantasía: estar desnuda mientras vosotros os masturbáis mirándola. Si habéis aceptado supongo que es porque os gusta mirar, a mi me gusta. Si queréis algo preguntad y si no, propongo que nos desnudemos. Podéis acercaros lo que queráis a mirar, pero sin tocarla. Comencé a quitarme la ropa para dar ejemplo. —Si queréis algo fuera de la línea, preguntad.
—Me gusta oler, ¿puedo?.
—Sin acapararla, sí. Empecemos que tanta regla es un rollo.
Elena pidió al que en ese momento estaba más cerca que le desabrochase el sujetador. Una vez libres las tetas le preguntó si quería quitarle las bragas. Se las quitó mirando. Una vez todos desvestidos, Elena se tumbó transversal a la cama con las piernas abiertas y colgando, solo uno estaba erecto, el que había desabrochado el sujetador y bajado las bragas. Estaba preciosa, Elena fue mirando a los ojos y a la polla uno a uno, a Andrés le sonrió, Elena dirigió su mano a su vulva y se rozó con el dedo cerrando los ojos, su vulva por el contrario se abrió. El que preguntó si podía oler se acercó a oler, contando con él y otro ya había tres erectos. Aún así estaba todo un poco frío, los participantes estaban algo indecisos. Elena sugirió:
—Estamos un poco fríos. Si queréis podéis tocarme pero solo con un dedo pero, por favor, uno a uno, si no, me agobio—Todos tenían ya la mano en la polla, él que había desabrochado el sujetador abrió el fuego y tocó ligeramente una teta y pinzó suavemente el pezón, Elena le dirigió una amplia sonrisa— Gracias —empezó a masturbarse. Todos tenían ya la polla erecta, Elena se seguía rozando muy suave la vulva. Andrés, como no, le tocó ligeramente el clítoris. Elena abrió los ojos y le sonrió. Otro tocó el otro pezón con el dedo pulgar. Elena se metió un dedo en la vagina y gimió un poco. Todos, incluido yo, se masturbaban, al gemir varios aceleraron. Elena dirigía la vista a alguna polla y gemía. De vez en cuando uno tocaba a Elena la teta, la barriga, la parte interna de los muslos. Uno le acarició el pie. Elena, si podía, miraba quien era y le sonreía. Uno de los desconocidos se corrió y le echó el semen en las tetas, Elena le acarició los huevos y le sonrió. Andrés vio que había pañuelos de papel, una caja que habíamos llevado nosotros, cogió uno y le limpió el semen, aprovechando para notar la turgencia de sus tetas. Efectivamente no era exactamente lo pactado pero a mi no me importaba y al parecer a Elena tampoco. Andrés le pasó dos dedos por el clítoris y Elena respondió gimiendo, por supuesto su vulva estaba brillante por la humedad adquirida y los suaves vellos púbicos se empezaban a apelotonar. Hubo otra baja que descargó entre el pubis y la ingle. Andrés volvió a limpiar, esta vez con dos pañuelos porque era una corrida más abundante y parte había caído en el vello sexual, tras limpiar pasó un dedo entre el labio mayor y el menor. Cayó otro más que por estar más atrás le descargó en el muslo cerca de la rodilla. Andrés ya tenía el título de limpiador y volvió a quitar el semen.
Los que se habían corrido seguían mirando. Quedaban dos por descargar, un desconocido y Andrés. El desconocido se plantó con las piernas de Elena alternando entre las suyas, le metió un dedo por la vagina y con él dentro, arremetió contra su polla y se corrió en su ombligo. Andrés volvió a limpiar. Cuando el otro se retiró, se metió entre las piernas de Elena.
—Creo que le gustará a todos, no es más que sustituir el dedo. —Acercó su pene y acarició con él la vulva, recorría desde el clítoris hasta abajo y volvía. No se como decirlo, Andrés tenía una polla especialmente bonita, era de tamaño normal pero tenía la piel aparentemente más fina que las pollas que yo había visto, por supuesto el glande estaba bastante colorado y húmedo. Nadie protestó, por el contrario, el pene apretaba el sexo de Elena sin intentar entrar, estaba claro que ambos disfrutaban, la situación hacía que destacase un lunar grande que Elena tenía fuera de la zona púbica en la tripa pero cerca del final del muslo y que destacaba sobre la piel blanca. Elena se terminó corriendo. Cuando ella se calmó, Andrés volvió a hablar.
—Si nadie se queja voy a meter un poco mi pene en la vagina, lo he esquivado hasta ahora, pero creo que se lo merece y en este momento soy el que estoy más preparado. —Realmente lucía un pene totalmente preparado todo recto, tieso y colorado en el glande, coincidí en que lo merecía. Ni Elena ni yo dijimos nada y el que calla, otorga. Yo estaba admirado de su atrevimiento, dudé de mi vocación exclusiva heterosexual y miraba las reacciones de Elena que me devolvió la mirada como solicitando mi aprobación. Me sorprendí deseando que lo introdujese y lo restregase por dentro anticipando el placer de Elena, incluso deseé que fuera ella misma quien se lo metiese aunque entendía que no lo haría pensando que me podía molestar, si yo estuviese en el lugar de Andrés no lo dudaría. Andrés lo tenía fácil, colocó el glande en la entrada y empujó hasta el fondo. Elena disfrutó y gimió con la boca abierta y Andrés empezó a entrar y salir de ella, con gran sentido de la puesta en escena, solo estaba unido con Elena por los genitales sin tumbarse encima de ella, dejando que todos viésemos la acción. Elena miraba a Andrés sin verle, con cara de sufrimiento, deseando liberar la tensión que llevaba dentro. Todos tenían la polla erecta de nuevo y se volvían a masturbar. Elena volvió a contraer su pelvis y supongo la vagina y Andrés salió corriéndose en el pubis, Elena siguió moviendo su pelvis y su vulva en contracciones hacia arriba y abajo.
El que se corrió la primera vez se adelantó a Andrés y limpió la corrida y le dio un beso a la vulva.
Elena me miró.
—¿Te parecería mal que les haga la paja yo en agradecimiento? —Sonreí invitándola.
Uno a uno, menos a Andrés que se había llevado la mejor parte y estaba muy reciente y no se acercó, les fue haciendo la paja con la mano y a ratos la lengua, más que la boca. Una vez que se los despachó, volvió a dirigirse a todos.
—Espero que lo hayáis pasado tan bien como yo, si queréis podéis ducharos, como somos muchos no os demoréis en la ducha y antes si queréis dadme un abrazo. Se puso en pie.
Uno a uno abrazaron desnudos a Elena desnuda, todos se apretaron contra ella, la mayoría pusieron una o las dos manos en el culo de Elena, mi pene volvió al estado de erección, yo no me había corrido, estuve a punto varias veces, Andrés se quedó para el último, el penúltimo porque el último fui yo. Al abrazarla muy fuerte noté lágrimas en sus ojos. Le pregunté alarmado.
—No lo he podido evitar. Son de felicidad. —Me dijo llorando y riendo.
Todos me dieron la mano y besaron a Elena antes de irse, dijeron que si repetíamos contasen con ellos. Andrés nos dio un abrazo, Elena todavía estaba desnuda, le pasó la mano hasta llegar a la vulva por detrás y subió la mano acariciando una nalga, lo hizo con naturalidad, seguro de si mismo.
—Ha sido un gran placer y eres realmente bonita, no te preocupes, vuelves a ser la pareja de mi amigo. —y de mi se despidió hasta el lunes.
Nos duchamos, hicimos el amor y nos fuimos para casa. En el coche hablamos un poco.
—Al final tomó un poco el camino descontrolado.
—No me quejo ¿y tú?
—No tengo tanta cara como para quejarme, lo pasé muy bien, lo sabes, fue muy excitante.
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