Erótika presencia
Llevaba meses imaginando cada curva de su vecina, pero nunca creyó que ella abriría la puerta y lo invitaría a entrar. Lo que empezó como una fantasía voyeurista se convirtió en una noche donde el riesgo y el deseo chocaron en una casa pequeña.
Mi posición era sumamente estratégica, había estado parapetado casi media hora, pero el culo de mi vecina lo merecía.
Por fin llego el momento, reconozco que al principio me decepcione un poco, no podría ver la carnosa raja de su culito, esta vez llevaba un mini short y me tocaba imaginar, como compensación llevaba un ancha camiseta de algodón, convenientemente abierta por las axilas, las tetas grandes y firmes se podía decir que pugnaban por escaparse libres hacia mi boca, nunca me había imaginado el tamaño de sus aureolas y mucho menos la firmeza de unos pezones largos como un pene pequeños.
Volví a su culo, ya sabéis que es el ideal depósito para mi río de leche, enseguida descubrí que en la parte inferior del pantalón había suficiente espacio para divisar una parte de su vagina, y quizá al moverse su agujero trasero con el que tantas veces me había pajeado.
¿Que hizo que aquel día todo fuera distinto?
Fue gracias a aquella prenda que cayo de la pinza, al agacharse sus tetas cayeron tan lindas como siempre, yo, cuando ella estaba de frente me cortaba un poco, mas por vergüenza que por respeto, pero no me dio tiempo a bajar la cabeza.
-¿me podrías subir la camisa?- me dijo con una voz dulce.
Me falto tiempo para cumplir su deseo, en menos de dos minutos estaba en la puerta de su casa, ella, como si intuyera mi llegada la abrió casi al mismo tiempo.
El pantaloncito corto le quedaba un poco pequeño y llevaba el botón de la cremallera abierto, me empalme salvajemente al descubrir parte de los pelitos de su coño, -no llevaba bragas-.
El sentido de la vista ya me funcionaba de forma automática, por lo que ella coquetamente, se tapo con los dedos separados el chochito, pero de una manera tal que parecía acariciárselo.
Me invito a una copa, para acceder a los vasos tenia que agacharse un poco con lo que los cachetes de su culo me decían-fóllame, fóllame-.
No había empezado a tomar el primer sorbo de mi guiski, cuando ella se derramo toda su copa en el pantalón blanco, tubo que salir de la cocina a buscar otra muda, pero la casa era pequeña, o ella muy coqueta, y en primera fila me regalo el espectáculo de su culo.
-¿puedes venir un poco?-.me dijo. Y yo por supuesto acudí con el rabo a punto de estallar.
Lo que ocurrió después me hizo olvidar a mi esposa. Pero os lo contaré mañana, porque ella esta a punto de asomarse.
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