Todos quieren follarse a mi novia
Lleva meses soñando con ella, pero ella juega con fuego y él no sabe si tiene el valor de encenderse. Cuando la invitación a su cumpleaños llega, el hospital queda atrás y la tensión se vuelve insoportable.
PARTE 1
1
Cuatro meses llevaba ya trabajando en el hospital.
A mis 24 años había aprobado las oposiciones de celador y la verdad es que no podía estar más contento con mi nuevo puesto. La vi venir por el pasillo principal acompañada de otra enfermera y al verme a lo lejos, Lorena sonrió. Se acercó hasta el mostrador y me entregó la documentación de un paciente.
¿Dónde está el celador más guapo del hospital? dijo bromeando y después me hizo una carantoña en la mano. Esta noche, cuando termine el turno, vamos a salir a tomar unas cervezas, ¿te animas?
Hoy ya había quedado con unos amigos, puede que otro día... me excusé poniéndome rojo.
Sí, con unos amigos, ya, ya, eso dicen todos..., seguro que tienes novia y no nos quieres decir nada... oye, la semana que viene cumplo 30 y voy a invitar a unos cuantos a tomar algo al salir del curro, así que no quedes con nadie, eh y me guiñó el ojo dándose media vuelta, sin tan siquiera dejar que contestara.
Le encantaba jugar conmigo, aunque ella era así con todo el mundo y siempre que se acercaba al mostrador, me soltaba algunos de sus flirteos. Yo la verdad es que soy bastante tímido y vergonzoso y no le seguía la corriente, lo que parecía animar más a Lorena a vacilarme cada día; y esto me lo hacía prácticamente desde que comencé a trabajar en el hospital. No se me olvidará la frase que me dijo cuatro meses atrás, cuando me vio por primera vez tras el mostrador, sin tan siquiera conocerme.
“Madre mía, cada vez nos mandan celadores más guapos y jovencitos”.
Me quedé mirándola con cara de estúpido mientras se perdía de nuevo por el pasillo moviéndose con soltura. Todo lo que tenía de pequeñita lo suplía con su carácter, apenas llegaba al 1.55, pero era un completo terremoto. Alegre, extrovertida, simpática, jamás le ponía mala cara a nadie y además de trabajadora, era bien guapa.
Morena, pelo largo y liso, ojos verdes algo separados, lo que le daba una belleza muy peculiar a su cara, y un cuerpo pequeño y armonioso, en el que destacaban sus pechos grandes y generosos, que llamaban la atención por lo bien puestos que los tenía.
Recibí un codazo de mi compañero, Juanlu, que me sacó del trance en el que me encontraba.
Te gusta, Lorena, ¿eh?
No, no, ¿por qué lo dices?
Joder, tío, se nota demasiado, ya no lo puedes disimular...
¿Tú crees?
Pues claro, ¿por qué no te vienes esta noche y así hablas con ella?, solemos quedar los viernes unos cuantos al salir del curro, a tomar unas cervezas...
Es que ya me había comprometido con mis amigos, pero tomo nota y para otra vez me apunto...
No le había mentido. Era verdad que había quedado con mis colegas, y en cuanto llegué a casa, saludé a mis padres, me metí en mi cuarto y después de una ducha, le pedí a mi padre las llaves de su viejo carro.
Ten mucho cuidado, Marcos, no bebas, y por cierto, a ver si te compras tu propio coche, majete, que ya llevas unos meses trabajando...
Sí, papá, tranquilo, ya sabes que no me gusta beber...
Pasé a recoger a mis amigos uno a uno por su casa y después fuimos a cenar a unas famosas bodegas de un pueblo a las afueras de la ciudad. Yo era el único que no probaba el alcohol, por lo que casi siempre me tocaba conducir, aunque compartíamos los gastos de gasolina.
Como quien dice, todos acabábamos de terminar la universidad, pero seguíamos siendo unos niñatos, y excepto yo, que había aprobado la oposición y tenía un puesto fijo, el resto de mis amigos o bien tenían unos trabajos muy precarios, o hacían prácticas sin remunerar en alguna empresa, o estaban en el paro, por lo que por supuestísimo que seguíamos viviendo en casa de nuestros padres.
A ninguno se le había pasado por la cabeza, ni por lo más remoto, abandonar el nido familiar.
Y después de cenar, mis colegas se tomaron en la bodega un par de copas, unos chupitos y en cuanto salimos de allí, fuimos al OHM, uno de los bares más famosos de la ciudad. Yo no es que me considere ni un superatleta ni nada por el estilo, pero sí me gusta hacer deporte, aunque eso no tenía nada que ver en mi decisión, desde hacía unos cuantos años, de no tomar alcohol. Solo lo hacía por salud.
Lo que sí me encantaba era salir de fiesta, ver a la gente bailar, escuchar música, conocer chicas... y al entrar en el OHM, nos dirigimos a la barra para pedir unas consumiciones. Había muy buen ambiente y el bar estaba a reventar, como casi todas las noches.
Apenas llevábamos media hora allí cuando la vi entrar junto con una amiga. La reconocí al instante, aunque no llevara su uniforme de enfermera. Era Lorena. Joder, me quedé de piedra al observar cómo iba vestida y el corazón comenzó a latirme a toda velocidad.
Se había puesto un pantalón vaquero gris ancho y en la parte de arriba un body negro ajustado de tirantes, con un escotazo terrible. Era imposible no quedarse mirando esas tetazas. Tenía pinta de que no llevaba ropa interior, era como si se hubiera puesto el vaquero por encima de un bañador, y como el pantalón era bajo y un poco caído, se le veía la piel por los laterales de sus caderas, donde terminaba la tela del body. En los pies lucía unos botines negros por encima de los tobillos, con un taconazo fino de unos diez centímetros.
¡Espectacular!
Dudé unos segundos si llamarla o no, pero no hizo falta, pues ella enseguida me vio entre la multitud y esbozó una sonrisa, saludándome con la mano. Le comentó algo a su amiga, que se dirigió hacia la otra parte de la barra y Lorena se aproximó a mí, abriéndose paso entre la gente.
El corazón todavía me latió más deprisa.
¡Hola, Marcos!, ¡pero vaya sorpresón encontrarte aquí! y sin que me lo esperara, me plantó dos besazos bien sonoros en la mejilla.
Ya te dije que había quedado con mis amigos, que esta tarde parecía que no me creías...
Ja, ja, ja, ya sabes que era broma, ¿vienes mucho al OHM?
Alguna vez, ¿y tú? le pregunté a Lorena.
No mucho, aunque últimamente cada vez más, me gusta el rollo del sitio y tal...
¡Genial!, a ver si coincidimos algún día...
Sí, claro, yo encantada y me dedicó una de sus sonrisas.
Al mirar hacia abajo, me quedé de piedra al ver su llamativo escote, lo que todavía me puso más nervioso y cuando estaba a punto de invitarle a una copa, comencé a tartamudear.
No sé si qui... quieres...
Hoy he venido con una amiga, ella había quedado con un par de chicos y yo soy la acompañante...
¿Cita a ciegas?
No, pero casi...
Bueno, pues ya me contarás... ¡suerte en tu “cita”!
El lunes hablamos, por cierto, estás muy guapo con esa camisita blanca, eh y me desabrochó un botón. Así mejor, hazme caso...
Tú también estás muy guapa, se me hace un poco extraño verte así...
¿Así, cómo...?
Tan maquillada, con ropa distinta a la del hospital... ya me entiendes...
Sí, claro, bueno, me tengo que ir, Marcos, ¡ay, Dios, qué rico eres! y me deleitó de nuevo con una de esas sonrisas que me derretían a la vez que me acariciaba la mejilla. Se dio medio vuelta y cuando estaba a punto de perderse entre la gente se giró y volvió a acercarse a mí. Ah, por cierto, el viernes es mi cumpleaños, y una no cumple 30 todos los días, después de trabajar hemos quedado para ir a cenar y tomar algo, somos siete u ocho, ya sabes, los de siempre, también viene tu compi, Juanlu..., y me gustaría mucho que aceptaras mi invitación, y esta vez no me vale un no por respuesta me dijo al oído.
¡Eh, sí, claro, sí que voy!
Bien, bien... entonces contamos contigo... y subió las cejas dos veces, haciéndose la interesante y después se dio media vuelta.
La seguí con la mirada hasta la barra, donde la esperaban su amiga y dos morenazos bien atractivos, altos y fuertes, con los brazos lleno de tatuajes. Y casi al instante se me borró mi sonrisa de idiota al darme cuenta de que no tenía ninguna posibilidad con ella. Si le gustaban ese tipo de chicos, yo estaba en las antípodas de ellos.
1.70, rubio, pelo liso, ojos claros, y delgadito, aunque muy fibrado, era lo opuesto a aquellos dos guaperas.
Yo no era tonto, sabía que ella no se comportaba de esa manera conmigo porque yo le gustara ni nada por el estilo, Lorena era así de extrovertida y simpática con todo el mundo, aunque a mí me vacilara un poco más de lo normal. Era muy consciente de que mis posibilidades con ella eran nulas, y es que no teníamos nada que ver el uno con el otro, ni en la edad, pues me sacaba seis años, ni en la manera de vestir, ni en el estilo; además, veníamos de dos mundos distintos, yo era un niño de papá recién salido de la universidad y ella una chica de barrio, curtida, con una infancia difícil y por si eso fuera poco, nuestro carácter era como el día y la noche...
Salvo que los dos trabajábamos en el mismo hospital, no teníamos nada más en común.
Me sacaron de esos pensamientos tres de mis colegas, que se acercaron a mí al verme hablar con Lorena.
¿Y esa morenita quién es, Marcos?, ¿ya has pillado?, es increíble la facilidad que tienes para ligar... me comentó uno de ellos, abrazándome por detrás.
No, idiotas, es solo una compañera de trabajo.
Pues joder con la compañera de trabajo, ¡menudas tetas tiene!, así es como me gustan a mí, delgaditas, bajitas, pero con curvas, ¡menudos tetones tiene!, hacía mucho que no veía a una tía con las tetas así, ¡uf, son perfectas! dijo Gabriel, que cuando bebía solía hacer comentarios muy precisos y certeros.
Oye, no os paséis, que es mi amiga... ¡ya estáis borrachos!
¿Esa es la que te gusta?, se te nota mucho, cabrón...
¡Qué nooo...!, ¿cómo me va a gustar?, es solo una compi del hospital, además, está con esos...
Pues si no quieres nada con ella, me la podías presentar...
Una mierda, y menos en ese estado... le dije a mis colegas. ¡Venga, anda, iros por ahí y dejadme tranquilo!
Y en cuanto se marcharon a bailar y me quedé solo, me situé estratégicamente en la barra para poder ver mejor a Lorena. Charlaba con uno de los morenazos, el que quedaba libre, pues la amiga parecía mucho más interesada en el otro y ya se le había adjudicado.
El guaperas que hablaba con Lorena estaba encantado de conocerse, yo podía oler a esos chulos a distancia, un narcisista de manual, el muy cabrón era casi perfecto con su camiseta negra ajustada, esos brazos musculados, su sonrisa profidén y le miraba descaradamente el escote a Lorena, que por supuesto que se había dado cuenta de dónde tenía puesta la vista.
Pero eso no parecía importarle a Lorena, que se atusaba el pelo nerviosa, tonteando con él, sonriéndole y me sentó como una puñalada en el estómago cuando ella le tocó el brazo, estableciendo un primer contacto físico.
Fue una punzada ilógica de celos, y ahí es cuando caí en la cuenta de que realmente me gustaba.
Y mucho.
Debería haber pagado mi Coca-cola zero zero y largarme de allí, eso sería lo normal, lo que hubiera hecho todo el mundo, dejar de martirizarme con esa escena tan dolorosa, pero me quedé plantado como un gilipollas, viendo a Lorena zorrear con ese tipo.
Y es que ella tampoco se quedaba atrás.
Se notaba que estaba muy interesada en ese cabronazo, se tocaba el pelo continuamente, se humedecía los labios sin dejar de sonreír, afirmaba con la cabeza cada vez que él decía algo y había dejado la mano apoyada sobre su bíceps. Entonces el moreno pasó el brazo por detrás de su espalda, agarrándola por la cintura.
Sus labios se quedaron muy cerca, casi pegados, y ahí fue cuando observé que los otros dos, se estaban morreando a su lado. La amiga de Lorena y el guaperas no perdían el tiempo y se comían la boca con ganas.
Y ahí deduje que Lorena y su amigo no iban a tardar mucho en hacer lo mismo.
Eso ya no estaba dispuesto a verlo. Apuré el refresco y salí del bar sin decir nada a mis colegas. Como se suele decir, hice una bomba de humo y desaparecí. Al regresar de la bodega ya había dejado el coche en el garaje de mis padres, por lo que caminé los quince minutos que había desde el OHM hasta mi casa, sin dejar de pensar en Lorena.
Tenía una sensación extraña dentro del cuerpo, me encontraba mal, triste, muerto de celos, pero a la vez se me venía a la cabeza su impresionante escote y cómo se lo miraba ese puto cerdo. Me los imaginé enrollándose en medio del bar, y eso todavía me cabreó más, pero a cada paso que daba noté cómo se me iba poniendo más y más dura.
Entré al portal molesto y encendido a partes iguales, subí las escaleras con rabia, de dos en dos y a la una de la mañana, y completamente a oscuras, me situé en el descansillo entre el tercero y el cuarto, me saqué la polla y me hice una paja rápida, eyaculando contra una de las paredes mientras fantaseaba con las tetazas de Lorena.
Y ya en casa me maldije por no haberme quedado más tiempo en el OHM. Tumbado en la cama me comía la incertidumbre de saber qué habría pasado entre mi compañera y el morenazo. ¿Se habrían enrollado?
Seguramente sí.
Estuve tentando de mandarles un mensaje a mis colegas para preguntárselo, pero me pareció demasiado patético y al final me quedé con la duda. Y ya metido en la cama y a punto de dormirme, vibró el móvil en la mesilla y me entró un whatsapp.
No podía creérmelo. Era ella.
Lorena 1:34
Hola, Marcos, me ha gustado mucho encontrarme contigo esta noche
A ver si volvemos a coincidir
Un beso.
Me quedé de piedra. Estuve unos segundos dudando, pues me pilló tan de sorpresa que no sabía ni qué contestar, aunque tenía que hacerlo, porque ella ya había visto que yo leí su mensaje. Mi respuesta debía ser escueta y concisa, mostrándole interés, pero sin parecer desesperado por ella.
Marcos 1:36
Hola, Lorena!
A mí también me ha gustado mucho verte
Claro, y para otro día nos tomamos algo
Qué tal terminaste la noche?
Estuve unos minutos esperando una respuesta, pero Lorena ya no me volvió a contestar. Mierda. Quizás no tenía que haber preguntado lo último. ¿Y a mí qué me importaba?, eso no era cosa mía. ¿Qué se supone que me iba a poner?, “bien, me he ido con el moreno y me ha follado”. Era una posibilidad, pero apenas había pasado media hora desde que yo salí del OHM, así que era poco probable que eso hubiera sucedido.
Al menos, de momento.
Tenía que quedarme con lo positivo, y es que a la una y media de la mañana, ella se acordó de mí y me había escrito un mensaje. Eso ya podía considerarse algo más que un simple juego entre compañeros y reconozco que esa noche me dormí ilusionado, fantaseando con la remota posibilidad de que yo le gustara a Lorena, aunque fuera solo un poquito...
2
El resto del fin de semana no volví a tener noticias de Lorena y el lunes a primera hora, me la encontré en el hospital, como siempre, tan sonriente y simpática. Me sorprendió que no hiciera mención a nuestro encuentro fortuito la noche del viernes, pero como iba acompañada por una enfermera, y yo estaba con Juanlu, tampoco dije nada.
A ver, los dos celadores más guapos del hospital, necesito a uno que me ayude a subir a un paciente a planta y nos dejó la documentación en el mostrador.
Voy yo me adelanté.
¡Genial, pues acompáñame!
Fuimos juntos hasta la sala de observación charlando sobre cosas del trabajo, pero Lorena no sacó el tema de nuestro intercambio de mensajes nocturno y yo me comporté como todo un profesional. Empujé la camilla, trasladando a un anciano para que quedara hospitalizado y mientras subíamos en el ascensor, me situé detrás del paciente junto a Lorena y nos quedamos mirando.
Retiré la vista cuando ella me miró seria. Esta vez no sonrió y enseguida entendí que Lorena prefería mantener las distancias y no seguir tonteando más conmigo para no darme la más mínima esperanza. Después de dejar al paciente, me despedí de ella con un simple “hasta luego” y regresé cabizbajo con Juanlu, que enseguida adivinó que algo me pasaba.
¿Todo bien, Marcos?
Sí, claro...
Es que vienes alicaído, tío, ¿ha pasado algo con Lorena?, te he dejado a este paciente porque sabía que querías ir con ella, eh, pillín y me soltó un codazo en las costillas.
El viernes al final sí que voy al cumple de Lorena...
Ah, genial, ¿se lo has dicho?
Sí, claro.
Yo creo que le gustas, eh, siempre está preguntando por ti y tal...
¿Tú crees?, la conoces desde hace más tiempo que yo...
Sí, desde hace cuatro años que entré aquí, ella acababa de llegar también y desde el principio nos hemos llevado muy bien, es una tía de puta madre...
¿A ti te gusta?
No, tío, ¿qué dices?, es solo una amiga...
Haríais buena pareja, eres alto, guapete, yo creo que le gustan los chicos así, y más o menos tienes su edad, tenías 32, ¿no?
35, gracias por quitarme años, ja, ja, ja, pero yo no creo que sea su tipo, además, nunca me había fijado en ella, como tenía novio... dijo Juanlu.
Algo me comentaste, que estuvo casada o algo así...
Sí, lo pasó muy mal con su separación, yo estuve apoyándola en lo que pude, y ahí afianzamos bastante nuestra amistad... y ahora como que la vuelvo a ver más sonriente desde que llegaste tú, oye, que a mí me encantaría que salierais juntos, eh, yo creo que se lo merece...
¿Y eso?
Joder, por lo de su ex, ¿es que no sabes la historia?
¿Lo de su ex?, no, no sé nada...
Pues fue una movida de la hostia...
Ah, ¿sí?
Sí, luego si tenemos un ratito, te lo cuento con un café.
Vale.
Me dejó muy intrigado la revelación de Juanlu, pues apenas sabía nada de la vida privada de Lorena, solo que estaba separada y poco más. Se me hicieron eternas las dos horas hasta que pudimos escaparnos a la cafetería y nos sentamos en una mesita apartada con nuestro café y un croissant mixto.
No tuve ni que pedírselo, pues Juanlu vio en mi cara la impaciencia por escuchar la historia de Lorena y comenzó a hablar.
Todo esto lo sé de primera mano, no es nada de oídas, así que te pido discreción en este asunto.
Sí, claro.
Pues verás, Lorena salía con un chico de su barrio, bueno, era su novio de toda la vida por así decirlo, creo que empezaron cuando tenían 15 o 16 años y han estado juntos pues eso, desde adolescentes. Era la típica relación tóxica, muy tóxica... ya sabes, estos que se odian, se pelean y a las dos horas ya se han reconciliado, aunque la mayor parte del tiempo se lo pasaban discutiendo.
Entiendo.
El año pasado se casaron, de aquí del hospital no invitó a nadie, salvo a mí..., pero ya en esa época su relación era insostenible, y después de más catorce años, se separaron unos pocos meses después, el tío era un celoso patológico y un controlador, la tenía maniatada, si quedábamos a tomar un café ya la estaba llamando que dónde estaba, si iba a comer con las amigas la pasaba a buscar, si nos tomábamos un café después del curro no le dejaba ni una hora y venga a llamarla, ¡era insoportable!, a mí me daba mucha pena, Lorena, porque es una tía de puta madre y este la tenía amargada, pero bueno, aun así se casó con él.
No pinta muy bien la historia...
Y va a peor, porque después de la boda, el cretino este todavía empezó a controlarla más, a separarla de sus amigos, no le dejaba hacer nada, le decía que dónde iba así vestida, no podía ni ponerse escotes ni minifaldas, ni maquillarse, y ya en casa la humillaba, la insultaba, le decía de todo, aunque según Lorena nunca le puso una mano encima, cosa que dudo, solo era maltrato psicológico. Estaba anulada. Y Lorena cada vez venía más triste al curro, más alicaída, ¡estaba hundida, tío!
¡Joder, qué hijo de puta!
Cuando estás metida en una mierda así, no ves lo que te pasa, hasta que día en un bar se le fue la pinza al marido y le dio un ataque de celos porque un tío estaba mirando a Lorena, le pegó una paliza y a ella creo que le agarró fuerte del brazo delante de todo el mundo, por lo que los propios porteros del bar, activaron el protocolo de violencia de género. Le pusieron orden de alejamiento y un par de días más tarde se presentó al hospital echo una fiera y vino a buscarla, gritando, completamente fuera de sí...
¿El marido?
Sí, ¡menuda movida!, tuvieron que echarle entre Marce y Raúl, los de seguridad y les costó, porque el tío se puso muy violento, al final hasta tuvo que venir la policía.
¡Joder!
Sí, fue muy fuerte, y Lorena se quedó jodidísima con el numerito de su marido. Por suerte, la jueza ratificó la orden de alejamiento de 200 metros durante varios años, no sé cuántos y unos trabajos en beneficio de la comunidad y creo que tiene que hacer un curso también y luego por la paliza creo que le metieron 18 meses de cárcel, pero al final no ha entrado...
Se lo merecía.
Ya te digo...
Menos mal que Lorena le ha perdido de vista...
Según comentaban por aquí, el tío se ha ido a Francia, Burdeos o por ahí.
Mejor, que no vuelva... afirmé yo.
El piso que compraron antes de casarse se lo ha quedado Lorena, llegaron a un acuerdo rápido con los abogados, han firmado lo que hayan firmado y ya están separados legalmente...
¡Qué bien!, por lo menos se ha librado de ese tipo...
Desde luego...
Y casualmente y ya a punto de irnos, apareció Lorena sola por la cafetería. Al vernos, nos saludó con la mano y se acercó hasta nosotros con el café y un donuts de chocolate.
¿Qué hacéis aquí tan apartados?
Tomando un café y hablando de ti dijo Juanlu y yo me puse rojo como un tomate.
¿De mí?, uy, uy, qué le estarás contando al pobre Marcos.
Nada, solo que tienes mucho peligro...
Bueno, eso sí es verdad, ja, ja, ja...
Ja, ja, ja...
Asistí como oyente al buen rollo que se traían entre manos mi compi y Lorena y de repente, Juanlu se levantó de la silla.
La pena es que ya nos íbamos, se nos ha hecho un poco tarde soltó mirando el reloj y yo me incorporé con él. No le hagas el feo a Lorena y quédate con ella un poquito, tonto.
Sí, porfa, no me dejes sola me pidió Lorena.
¿No te importa? le pregunté.
Claro que no, yo te cubro... pero me debes una y me dio un puñetazo en el hombro.
Apuntada.
Lorena tomó asiento a mi lado con su pelo recogido en una coleta y le pegó un buen mordisco a su donuts. Hacía siglos que no me comía una mierda de esas. ¡Qué buena pinta tenía!, ¡me encantaba hasta ver el chocolate entre sus dientes! ¡Y cómo olía!
¿En serio estabais hablando de mí?, seguro que sí, porque te has puesto muy rojo...
No puedo evitarlo...
Se te da muy mal mentir, ja, ja, ja, eso es porque eres muy buen tío. Se nota. ¿Y qué te ha contado Juanlu exactamente? me preguntó tintineando con el móvil en la mesa, y entonces vi que la silicona de su funda de Mini Mouse, tenía una buena raja en uno de los laterales.
Me ha dicho que te conocía desde hace años y tal.
Sí, la verdad es que desde que llegué al hospital me he llevado muy bien con Juanlu, tienes suerte de tenerlo contigo. Es currante, gracioso y muy buen compañero.
Sí, no tengo queja, me está enseñando muy bien...
¿Y por qué te ha contado eso?, ¿es que le has preguntado por mí?
No, bueno, ha salido la conversación dije encogiéndome de hombros.
¡Oh, vaya, pensé que era porque estabas interesado!, el viernes al final vienes, ¿no?, ni se te ocurra fallar, que ya se lo he dicho a estas, que contaran contigo para la cena...
Sí, claro, no me lo perdería por nada del mundo afirmé y al momento me arrepentí de haber soltado esa frase tan cursi. Bueno, tengo que irme ya, siento dejarte sola murmuré mientras ella se chuperreteaba los dedos de la mano después de terminarse el donuts.
¿Estás huyendo mí?, no soy tan peligrosa cómo te crees... me soltó guiñando un ojo.
No, no estoy huyendo, solo es que ya llevo mucho tiempo fuera de mi puesto... y me levanté de la silla.
Vaaaale, vete ya, tonto... ahora nos vemos...
Pues hasta ahora.
Adiós, guapo...
No había avanzado ni tres pasos cuando me llamó en alto.
¡Marcos!
¿Sí? y me volví hacia ella.
El viernes nos tomamos esa copa pendiente, ¿no?, ¿o también vas a salir huyendo? me preguntó reclinándose hacia atrás en su silla, sacando pecho.
Sí, claro.
Pues hasta el viernes, nene y me guiñó otra vez el ojo, mientras apuraba su taza de café humeante...
3
Habíamos reservado en el restaurante a las nueve, pero quedamos una hora antes para tomarnos unas cañas. Yo llegué sobre las 20:15 y ya estaban todos allí. Lorena se había pedido el día libre en el hospital, y en cuanto me vio, esbozó una sonrisa de oreja y oreja y abrió los brazos para venir a abrazarme.
¡Muchas felicidades!, 30 eran, ¿no? la saludé con efusividad y ella me plantó dos besazos en las mejillas, como el viernes anterior.
¡Gracias!, ¡qué alegría verte!, ya pensé que me dabas plantón, ja, ja, ja... ¡qué guapísimo está mi niño! exclamó Lorena al verme con mi camisa de rayas, pantalón chino y unas adidas Samba.
Pero la que estaba guapa de cojones y radiante era ella, aunque se notaba que ya se había bebido, como mínimo, una jarra de cerveza de medio litro y ya tenía otra en la mano. Llevaba el pelo suelto, los labios bien pintados de un rojo intenso, ojos sombreados, y una camiseta roja de tirantes que dejaba poco a la imaginación.
¡Vaya escotazo!
Se le marcaban los pezones a lo bestia y estaba clarísimo que iba sin sujetador. Y si la parte de arriba era provocativa, qué decir de esa minifalda de cuero, corta no, cortísima, lo que hacía que sus piernas parecieran más largas, ayudada además, por unos botines tobilleros de cremallera con un impresionante tacón. No enseñaba el culo, pero casi, y dudo que se pudiera agachar en toda la noche o hacer cualquier mínimo movimiento, o se le verían los glúteos, y para rematar, las medias de rejilla quizás eran un poco choni para mi gusto, pero pegaban perfectamente con el estilo de Lorena.
Y a ella le sentaban de maravilla.
Venga, vamos, ¿qué quieres tomar? me preguntó agarrándome la mano, acompañándome hasta la barra.
Una Coca-cola...
¿Una Coca-cola el día de mi cumpleaños?, ¡no me fastidies!
Zero, zero, por favor...
Pues marchando una zero zero para Marcos y después se fueron acercando a mí las enfermeras del hospital, dándome dos besos y Juanlu, que hasta que llegué yo, era el único chico de la fiesta.
Al menos, ya éramos dos.
¡Ey, tío!, menos mal que no me has dejado solo con estas, ¡menudo peligro tienen! dijo estrechándome la mano.
Ya te gustaría a ti, Juanlu le contestó una de ellas.
Se acercó Lorena con un refresco y antes de entregarme el vaso, me susurró al oído.
Y en serio, muchas gracias por venir, Marcos, significa mucho para mí...
Venga, Lorena, alegra esa cara le pidió una de sus compis al ver que ella se había emocionado de repente, que aquí estamos para pasárnoslo bien.
Ya sabéis que han sido unos meses difíciles... y sus labios temblaron, a punto de llorar, junto con mi madre, sois las personas más importantes que tengo... ¡os quiero mucho a todos!, y ya no lloro más, joder, ¡que hoy hay que quemar la puta noche! gritó levantando la jarra.
¡¡Por Lorena!!
Unos minutos más tarde pasamos al comedor y yo noté cómo la cumpleañera buscó, como el que no quiere la cosa, sentarse a mi lado. Y al poner el culo en la silla, Lorena bajó la mano y me apretó el muslo por debajo de la mesa. Entonces se acercó a mí y me susurró al oído sin que nadie más lo escuchara.
¡Hoy no te me escapas, nene!
Fue toda una declaración de intenciones, y al mirarla pude ver en su cara que lo decía totalmente en serio.
Aquellas palabras me alteraron más de lo que podía imaginar, y noté mi corazón palpitando a toda velocidad, y es que con ese susurro ya había conseguido que me pusiera muy nervioso y que además, me empalmara bajos los pantalones. Me palpitó la polla con tan solo sentir sus dedos apretando mis muslos, aunque enseguida retiró la mano de debajo de la mesa. Tampoco quería llamar la atención.
Éramos diez invitados al cumpleaños y Juanlu y yo nos habíamos sentado cada uno en un extremo. Mi compañero era todo un picaflor de manual. El rey del Tinder. Me fijé en él y estaba encantado de estar rodeado de enfermeras, a sus 35 años, se autoproclamaba como todo un soltero de oro y razón no le faltaba. No es que fuera un guaperas y empezaba a mostrar unos signos preocupantes de alopecia, por lo que llevaba el pelo muy rapado para disimular su coronilla de cura, pero lo suplía con un muy buen estado físico, su altura de casi 1.90, unos brazos fuertes y sobre todo, con una labia demasiado suelta.
Iba a tener una noche complicada, rodeada de tantas mujeres que oscilaban en una horquilla de entre 28 y 52, algunas solteras, otras casadas y otras separadas, pero yo no podía ayudarle e eso, pues bastante tenía con preocuparme por lo mío.
Y lo mío era Lorena.
No sé la de brindis que hicimos durante la cena, y un par de horas más tarde, el ambiente era todavía más distendido. El único que no iba borracho era yo, aunque me lo estaba pasando genial y mientras tanto, Lorena a mi lado, se bebía ya su quinta copa de vino. La cabrona tenía mucho aguante, y es que si yo hubiera bebido lo mismo, posiblemente ya estaría fuera de juego hacía un buen rato, pero a ella solo se le notaba en el habla.
Empezaba a tener la lengua de trapo, aunque cuanto más bebía más divertida y cariñosa se ponía.
Ya no se cortaba y me agarraba del brazo mientras hablaba conmigo, tonteando con todo descaro y fueron unas cuantas veces las que bajó la mano para sobarme el muslo. Y sus dedos cada vez se acercaban con más peligro a mi polla.
¡Uf, menuda erección tenía ya!
Apenas podía mirar hacia ella. El escote de su camiseta roja era demasiado pronunciado y la falda se le subía tanto al sentarse, que casi se le podían ver hasta las braguitas. Si es que llevaba. Me pilló unas cuantas veces con los ojos puestos en sus pechos, pero es que era inevitable, y lo peor es que ella se dio cuenta y además, sabía de sobra, que con esas tetas podía hacer conmigo lo que le diera la gana.
Antes de los postres, apareció el camarero con una tarta y un número 30 bien grande sobre ella y nosotros le cantamos el cumpleaños feliz y le dimos los regalos que habíamos pagado entre todos; un libro, una minifalda de cuero casi igual de corta que la que llevaba puesta, una camiseta negra con una Mini Mouse rockera y por último, un satisfyer de última generación, que abrió entre los aplausos y los gritos de todos los invitados.
Creo que esto es lo que más voy a usar afirmó mostrando la cajita del juguete erótico, aunque espero no estrenarlo esta noche y me dedicó una mirada que desató las risas y las bromas de todos mis compañeros, y yo me puso más rojo que los labios de Lorena.
Y cuando ya le habían dado todos los regalos, yo le saqué un detallito solo de mi parte.
Bueno, te ha traído esto... es una tontería, espero que te guste...
¡Ay, por favor, qué mono!, pues claro que me va a gustar dijo Lorena abriendo el pequeño paquete que le había entregado, en el que había una funda nueva para su móvil, también de Mini Mouse y una cajita de experiencia, que incluía un fin de semana en un hotel de España, junto con un desayuno, cena romántica y un masaje.
Puedes ir con la persona que quieras... tienes para gastarlo hasta finales de 2027 o así...
Ah, pensé que era un regalo de pareja para venir tú conmigo y los compis comenzaron a reírse y a dar palmas.
No, no, puedes ir con quién quieras, no era para que fueras con... y aunque intenté excusarme, ya era tarde. Y ahora no solo se me cambió la cara de color, es que comencé a sudar de vergüenza delante de todos.
No era mi intención desde luego, que ella se pensara que mi regalo era para invitarme a mí, pero enseguida comprendí que quizás sí, que aquello podía dar lugar a error y a malas interpretaciones.
Muchas gracias, amor, me han encantado tus regalos y ya sabes, cuando quieras nos vamos de viaje dijo agitando la cajita delante de mi cara.
¡Marcos, Marcos, Marcos! comenzaron a jalearme todos y yo ya me quería esconder bajo de la mesa.
No me gustaba nada ser el centro de atención. Lo pasaba realmente mal y cuanto más sudaba, más me puteaban los cabrones de mis compañeros.
Entonces, ¿qué me dices?, ¿vienes o no? me preguntó Lorena y yo me quedé unos segundos sin saber qué contestar.
Venga, tío, espabila... me pidió Juanlu pasándome el brazo por el hombro. ¡Sí, sí que va a lo del hotel ese contigo! afirmó él. Por supuesto que va...
¡Beso, beso, beso, beso...! y yo negué con la cabeza ante el nuevo grito de mis compañeros.
Vale, vale, tranquilidad, dejad tranquilo a Marcos les calmó Lorena haciendo un gesto con la mano, sacando la cara por mí, aunque sinceramente, no me hubiera importado que me comiera la boca allí delante de todos. ¡Y ahora a tomar unas copas, a la primera estáis invitados!, ¡pero solo a la primera, eh, borrachos!
Con unas copas de más, todos estaban ya bastante más desinhibidos que al principio de la noche. Juanlu y Lorena fueron los encargados de pedir las consumiciones y se acercaron a la barra mientras yo me quedé bien acompañado, por ni más ni menos que otras siete enfermeras.
Ha sido muy bonito tu regalo, seguro que le ha gustado mucho a Lorena me dijo María, una rubia con el pelo corto que rondaba los cuarenta años y que parecía que llevaba toda la noche muy interesada en Juanlu, con el que ya había tenido un affair de una noche.
Muchas gracias...
Pero ten cuidado, eh...
¿Cuidado con qué...?
Con estos dos, se llevan muy bien, siempre he pensado que harían muy buena pareja, ¿no te parece?
Y al mirar hacia la barra me los encontré a los dos charlando, riéndose, había mucha complicidad entre ellos y Lorena le comentó algo al oído a lo que Juanlu sonrió y puede leer en sus labios “qué hija de puta eres”.
No sé de qué estarían hablando, pero después de pedir las copas y mi Coca-cola, nosotros nos quedamos bailando en círculo unos metros separados de la barra y Juanlu y Lorena no se movieron del sitio y siguieron con su conversación, que a cada minuto estaba más animada. Incluso mi compi ya se permitía el lujo de poner la mano en su cintura con cada frase que le soltaba al oído y a mí me empezó a entrar un estúpido ataque de celos.
Incluso me llegué a molestar con Juanlu y eso que no me había hecho nada, pero en ese momento de la noche, me pareció el típico baboso que no tenía un objetivo claro y cualquiera le valía para follar.
Y ahora le estaba entrando descaradamente a mi Lorena.
El muy cabrón sabía que ella llevaba unos vinos de más y le miraba las tetas sin disimular lo más mínimo, y a Lorena le encantaba ser el centro de atención y que sus pechos despertaran toda clase de fantasías libidinosas entre nosotros.
Sinceramente, me hubiera gustado que la cumpleañera estuviera más pendiente de mí, y es que en absoluto me había imaginado la noche así, bailando sin ninguna gracia con todas las enfermeras, mientras Lorena y Juanlu se eternizaban en la barra y ya llevaban más de media hora juntos.
¿De qué estarían hablando?
No es que fuera asunto mío, pero me sentía completamente fuera de lugar, y lo que más me fastidiaba eran las miradas de lástima que me echaban el resto de enfermeras, como si ellas supieran algo que yo desconocía. Me sentía como un estúpido por haberle regalado la experiencia a Lorena delante de todos, pero ya no había vuelta atrás y de repente vi a Juanlu levantando la mano para llamar a una de las camareras.
Se iban a pedir otra copa y él sacó un billete de veinte euros que dejó en la barra para invitar a Lorena, que cada vez iba más borracha. La noche ya se estaba torciendo mucho y al mirar mi vaso,comprobé que ya solo me quedaba el limón y un hielo medio deshecho.
Vamos a pedir otra copa me dijo María, ¿te pido una Coca cola, Marcos?
La idea que me rondó por la cabeza fue la de desaparecer sin hacer ruido, como solía hacer con mis colegas, pero siendo el cumpleaños de Lorena, no lo vi preceptivo y me tragué el orgullo de verla tonteando con Juanlu, así que acepté.
Sí, una Coca cola... ¿hay que poner bote?
No, tú no, hombre, que nosotros vamos a copas, faltaría más... ¿me acompañas a pedir? me preguntó María y vi una buena oportunidad de acercarme hasta Lorena y mi compañero sin llamar mucho la atención ni parecer un cortarrollos celoso.
En cuanto nos vieron se quedaron callados y María yo nos pusimos en medio de los dos, momento que ella aprovechó para hacerle una pequeña broma a Juanlu, que no aceptó de muy buen grado nuestra interrupción.
Perdona, no queríamos molestar me disculpé con Lorena.
Tú nunca molestas, guapo, además, todavía tenemos esa copa pendiente, eh, que no se me olvida... en cuanto termine esta, te busco me soltó mostrándome el vaso casi entero.
Claro, estaré por aquí...
Te veo muy bien acompañado, eh, pillín bromeó entonces mi compañero, dándome un puñetazo en el hombro.
Sí, no me quejo.
Y de repente se hizo un silencio incómodo y pasamos unos minutos tensos hasta que pudimos pedir, en los que tuve la sensación de que sobrábamos allí y les estábamos fastidiando. Nos fuimos con la música a otra parte en cuanto nos sirvieron y Juanlu y Lorena se quedaron de nuevo en la barra.
Los dos solos.
Otra vez me invadió ese sentimiento extraño en mi estómago, una mezcla de celos y morbo igual que el viernes anterior, cuando la vi con el morenazo en el OHM, sin embargo, decidí que esa noche tenía que quedarme. No podía hacer lo mismo y después pasar todo el fin de semana pensando cómo habrían terminado la noche Juanlu y Lorena.
Sabía que iba a ser doloroso verlos enrollados, y me preparé para lo peor cuando los vi ya extremadamente juntos. Mientras hablaban, sus bocas estaban casi pegadas y la mano de mi compañero no se separaba de su cintura.
Entonces sucedió.
Inexplicablemente, aquello me provocó una erección tan dolorosa como involuntaria. No lograba entenderlo, me acababa de empalmar viendo a Juanlu mirando las tetazas a Lorena como un puto salido y hasta me pareció que el muy cabrón se relamía. Pero lo peor no fue eso.
Lo que más me jodió fue la sonrisa de satisfacción de Lorena. Ella no era tonta y después de que Juanlu llevara una hora delante de su escote, ya sabía de sobra que podía hacer con él lo que le diera la gana. Y es que mi compañero, entre el alcohol que llevaba encima y el cuerpazo de Lorena, ya había caído bajo su embrujo.
Y después ella se tocó el pelo y sacó pecho, exhibiéndose todavía un poco más, totalmente confiada en que el día de su cumpleaños Juanlu no se le iba a escapar...
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