La isla 13/24
Fabiola sabía que no debía mirar, pero la curiosidad la consumía. Ahora, mientras desciende por la roca resbaladiza, sabe que cada segundo cerca de él es una trampa del deseo. No es solo sal lo que van a buscar, sino el límite de lo que pueden permitirse.
En cuanto Fabiola vio como José terminaba de eyacular sobre Cristina, supo que debían volver lo antes posible al campamento. Sin hacer ruido, se lo comunicó a sus amigas con un ligero toque en el hombro y unos cuantos gestos, ellas lo entendieron y todas regresaron rápidamente. A pesar del tremendo hormigueo que tenía en el vientre, que incluso le dificultaba pensar con claridad, Fabiola empezó a comprender muchas cosas durante el corto trayecto de vuelta, después de haber visto a José desatado entendía que sus amigas tuvieran discusiones por dormir con él, también dejó de extrañarle la forma tan escandalosa que tenía Viviana de gemir por las noches y ya no le parecía tan raro que las primas estuvieran dispuestas a compartirle a cambio de poder estar con él en una cama, después de lo visto no le parecía probable que fuese a dejar a medias a ninguna de las dos.
Una vez en el campamento se pusieron a trabajar todo lo rápido que podían para evitar cualquier sospecha sobre lo que habían estado haciendo durante la ausencia de José y Cristina. Ellos tardaron un buen rato en aparecer por allí principalmente porque a Cristina le costó bastante volver a un estado medianamente aceptable. Aún así a José le pareció que la eficiencia de ese grupo era francamente mejorable, viendo el ritmo al que avanzaba la construcción del armario era posible que cuando volviesen de ir a por la sal todavía estuviese sin terminar, sobre todo teniendo en cuenta que les iba a cambiar a la resolutiva Fabiola por una Cristina en un estado cercano a la inutilidad absoluta. Aún así consideró que la obtención de sal era mucho más prioritaria que terminar de amueblar el cuarto de Isabel.
VIVIANA- Os estábamos echando de menos ¿Dónde habéis estado?
JOSÉ- Ehhhh, hemos ido a que le enseñe unas cosas a Cristina en el bosque.
BERTA- Pues han tenido que ser de lo más interesantes esas 'cosas' porque habéis tardado un montón.
JOSÉ- Es que entre unas cosas y otras nos hemos entretenido un poco.
BERTA- José, se os oía desde aquí, no hace falta que disimules.
A Fabiola le estaba resultando un tanto extraño volver a ver al José de siempre, era como si no fuese el mismo que había visto reventando a pollazos a su amiga, por un lado estaba el José que ella conocía, un hombre agradable y generoso con su trabajo que le hacía sentirse tranquila y protegida, por otro lado estaba el semental que había visto en acción unos momentos antes y que hacía que se le mojasen aún más las bragas solo con recordar lo que tenía entre las piernas.
Lo primero que pensó José es que seguramente Cristina llevaría un poco mal que sus amigas se enterasen de que había sido infiel de nuevo, pero cuando la miró, ella seguía como ausente, no parecía que le pudiese afectar nada. Lo siguiente que se le vino a la cabeza es que el concepto que tenía Fabiola de él tenía que estar empeorando a marchas forzadas, si no pensaba ya que era un completo crápula poco le debía faltar. Dirigió su mirada hacia ella y no encontró ninguna respuesta en su rostro, le era completamente imposible descifrarlo ya que ella estaba poniendo el gesto más neutro posible para que José no pudiera ver el deseo que la invadía escrito en su cara. Eso le puso un poco nervioso y trató de cambiar de tema lo más rápido posible.
JOSÉ- Vale, nos habéis pillado, pero lo importante ahora es ir a por la sal. Fabiola ¿Estás lista?
A Fabiola la pilló un poco desprevenida la pregunta y lo primero que pensó es que no podía ir a ningún sitio con las bragas chorreando, así que buscó un excusa para ir a cambiárselas.
FABIOLA- Dame un momentito que miro a ver como está Isabel y nos vamos.
Se levantó de un brinco y se fue dentro de su cabaña, echó un vistazo a Isabel para comprobar que dormía plácidamente y cogió las primeras bragas que pilló para cambiárselas todo lo rápido que pudo. Al salir de la cabaña se encontró con que José estaba metiendo un par de garrafas vacías dentro de sendas mochilas.
FABIOLA- ¿Para qué es eso?
JOSÉ- Para traer la sal, vamos a necesitar las manos para agarrarnos por el camino, ya te he dicho que es complicado.
En un momentito estaban los dos yendo pendiente a bajo en dirección contraria a la playa. Fabiola comprendió muy pronto que José no había exagerado con la dificultad del camino, por ese lado la suave elevación en la que estaba su campamento descendía abruptamente hacia una superficie rocosa al nivel del mar. En algunas ocasiones, para bajarla tuvo que apoyar el culo en el suelo y dejarse caer con cuidado. Afortunadamente José estuvo todo el rato muy atento para ayudarla, pero notaba que también estaba muy pendiente de como se le subía el vestido cuando deslizaba pendiente abajo y le mostraba sin remedio su lencería. Se maldijo por no haber gastado unos segundos en escoger una ropa interior más adecuada, las bragas que se había puesto eran negras y pequeñas, hasta ahí no estaba mal la cosa, lo peor es que la tela era bastante transparente aunque los múltiples bordados que tenía disimulaban bastante.
José se preguntó si estaría convirtiéndose en algún tipo de enfermo sexual. Estaba genial con esa mujer, llevaban todo el camino hablando muy a gusto, pero en cuanto le vio las bragas, ya no podía prestar atención a nada más a pesar de que solo un rato antes se había corrido por segunda vez en ese día, pensó que realmente tenía un problema. Aunque Fabiola llevase unas bragas preciosas no le parecía normal que le estuviera provocando una incipiente erección. La cosa no hizo más que complicarse cuando llegaron al último tramo en el que había que descender un poco por una pared casi vertical. Primero bajó él para poder ayudar a Fabiola a ir colocando los pies en las grietas de la roca. En cuanto ella comenzó a descender pudo ver como sus labios vaginales asomaban entre los bordados a través de la tela de sus bragas, Fabiola tenía que abrir bastante las piernas para colocar los pies en las hendiduras y él, al estar justo debajo de ella, tenía una vista espectacular de su entrepierna.
Fabiola era muy consciente de que tenía que estar dándole a José una panorámica inmejorable de sus poco discretas bragas. Enseguida se planteó si la estaría observando con esos ojos cargados de deseo con los que le había visto mirar a su amiga. Sintió que el hormigueo de su vientre, que llevaba desde que le había visto con Cristina sin darle tregua, la impulsaba a tratar de prolongar esa situación.
- Ayúdame, no encuentro donde poner el pie.
José le agarró el pie y se lo llevó hasta un hueco bastante profundo para que pudiera apoyarse sin dificultad mientras no quitaba ojo de su entrepierna. Ella buscó deliberadamente un sitio lo más alejado posible del anterior para colocar el otro pie. José sintió que su miembro empezaba a crecer sin freno en cuanto vio como se abría de piernas buscando un apoyo, le dieron unas ganas incontrolables de alargar todo lo posible su cuello hasta poder alcanzar con la boca esos labios que se marcaban y se dejaban entrever a través de sus bragas.
A Fabiola le quedaba poco más de un metro para poder colocar los pies en la superficie lisa y horizontal donde se encontraba José, sabía que podía salvar esa distancia con un simple salto pero ese diablillo interior, que era alimentado por su hormigueo hasta convertirse en un auténtico monstruo, la empujaba a seguir provocando a José.
- No puedo moverme, agárrame un pie.
José pensó que como tuviese que sostenerla un pie su cabeza iba a quedarse muy cerca del sexo de Fabiola y no tenía nada claro que pudiera contenerse.
- Ya puedes saltar, estás muy cerca del suelo.
- No, seguro que me tuerzo un tobillo, cógeme el pie y colócamelo en otro agujero más abajo, luego ya salto.
A José no le quedó otra opción que obedecer, tuvo que meter la cabeza prácticamente debajo de la falda de Fabiola para poder ayudarla, no es solo que tuviera un primer plano de su sexo únicamente tapado por esas preciosas bragas mientras ella mantenía las piernas abiertas, es que llegaba a percibir su olor. La polla terminó de crecerle hasta su máxima expresión pero consiguió reprimir sus instintos y no hundir la nariz en la entrepierna de Fabiola para aspirar su aroma.
Según le bajaba el pie a Fabiola hasta encajárselo en un hueco más abajo, su culo de le iba acercando a la cara, además tenía la cabeza metida debajo de la falda, así que hasta que la tela no deslizó por su cara hasta ocultar las nalgas de Fabiola, él pudo ver en primer plano su culo tapado únicamente por unas bragas que le gustaban cada vez más. Cuando por fin le dejó el pie bien apoyado en un hueco, Fabiola bajó rápidamente la otra pierna hasta apoyarla en el suelo y a José no le dio tiempo para retirarse. Sintió como el cuerpo de Fabiola chocaba contra el suyo, sobre todo notó como sus nalgas le impactaban en el miembro haciendo que se doblase hasta dolerle. José sintió que se desestabilizaban e instintivamente se agarró al cuerpo de Fabiola para evitar que se cayeran los dos al suelo.
Fabiola sintió como la polla de José impactaba contra su culo y como él la agarraba después, apretándose más contra ella. Emitió una mezcla entre gemido y jadeo que hizo que la polla que sentía en el culo diese un brinco. En cuanto se estabilizaron, José se dio cuenta de que tenía media mano sobre una teta de Fabiola, ella también se percató de ese detalle, y también de que la otra mano la agarraba tan abajo que un dedo de José estaba sobre su zona púbica, muy cerca del lugar donde el hormigueo era más intenso. Pero lo que más notaba, era como la polla de José se aplastaba contra su trasero. Sintió que era igual que cuando pescaban, pero ahora José la estaba abrazando como ella había deseado.
José sabía que debía soltarla pero algo más fuerte que su voluntad se lo impedía. Tras un par de eternos segundos notó que el culo de Fabiola se restregaba contra él.
- José, la notó mucho.
- Lo siento.
José salió de su parálisis, soltó a Fabiola y se separó ligeramente de su cuerpo. Ella se dio la vuelta y le miró primero a la cara desde muy cerca, luego echó una miradita a su miembro que casi le rozaba la entrepierna y de nuevo le miró a la cara. El deseo más absoluto se había apoderado de ella pero aún así, y a pesar de que en esos momentos le parecía que el miedo a acabar pillada por José era infundado, no quería arriesgarse lo más mínimo a que le doliese ser una más. Le pareció que lo más sensato, teniendo en cuenta el estado en el que se encontraba, era tratar de que le calmase sus ansias sin acabar follándoselo.
- Mis amigas dicen que eres muy habilidoso con las manos.
José estaba superado por la situación, verse tan cerca de ella y con la polla a punto de explotarle, le tenía totalmente descolocado y no sabía que hacer, casi no podía ni pensar así que no entendió lo que le quería decir Fabiola.
- Tú lo estás pillando muy rápido, yo creo que ya podrías construirte una cabaña.
- Me refiero a tus otras habilidades manuales.
En ese momento José sí entendió a que se refería, pero tampoco sabía que decir.
- Me lo han pintado tan bien que me da curiosidad probarlo.
José seguía sin saber que decir pero sí que se le ocurrió algo que hacer. Mientras la miraba directamente a los ojos la comenzó a acariciar el muslo subiendo la mano por él y arrastrando con ella la falda del vestido. Llegó a descubrir sus bragas y pasó la mano por su entrepierna presionando ligeramente sobre su sexo, se entretuvo en repetir varias veces el movimiento hasta que metió la mano por dentro de sus bragas para acariciarla directamente su entrepierna.
Mientras tanto Fabiola no dejaba de mirar hacia el miembro de José que seguía completamente erecto apuntando a su sexo a muy pocos centímetros de él. Ella sintió como José la acariciaba su vello púbico y en cuanto empezó a masajearle el clítoris, notó un fuerte latigazo de placer que la hizo pensar que no iba aguantar de pie los tocamientos de José.
- Anda, vamos a sentarnos en esa roca, ahí estaremos más cómodos.
José seguía descolocado, no se podía creer que eso estuviese pasando y no reaccionó. Fabiola viendo la falta de iniciativa de José, le agarró la mano que tenía dentro de sus bragas, se la sacó y le condujo tirando suavemente de ella hasta una roca perfecta para sentarse los dos, le indicó que apoyase el culo en ella y luego se sentó pegada a su lado. De nuevo José se quedó quieto sin saber que hacer, ella se levantó la falda del vestido, abrió ligeramente las piernas y puso la mano de José sobre su muslo casi rozando su sexo, no quería que él se diese cuenta pero estaba ansiosa por volver a notar esos dedos jugando con su sexo.
José entendió perfectamente lo que Fabiola quería y, después de admirar de nuevo su ropa interior, deslizó suavemente la mano hasta colarla por la parte superior de sus bragas. Fabiola sintió como volvía pasar sus dedos por todo su sexo y se quedó petrificada mirando como le latía la polla sin descanso dentro de los pantalones. José se esmeró en acariciarle el clítoris con delicadeza hasta que se atrevió a ir metiéndole un dedo de vez en cuando.
- Mis amigas también dicen que se te pone muy dura.
Fabiola alargó la mano y agarró con decisión la polla de José sobre el pantalón, él notó como el sexo de su amiga parecía convertirse en un río mientras ella empezaba a mover la mano arriba y abajo por todo su tronco.
José comenzó a hacer más presión sobre su clítoris y a meterle los dedos con más decisión mientras ella seguía con la vista clavada en su polla, algo la impulsaba a sentirla lo más posible. Fabiola metió la mano por dentro del pantalón de José hasta poder pajearle directamente piel con piel. Ella sentía que esa mano que se colaba una y otra vez en su interior estaba haciendo auténticos estragos en ella, descargas de placer manaban de su sexo y le recorrían todo el cuerpo. Se decidió a sacar a la luz esa tremenda polla y se puso a pajearle más intensamente mientras no podía dejar de mirar como el glande parecía ir a explotar en cualquier momento. Le estaba provocando auténtica gula verlo, cada vez estaba más ansiosa por sentirlo en su boca. Estaba a punto de inclinarse sobre él para devorarlo con devoción cuando sintió que José hacía la pinza con dos dedos sobre su clítoris para aplastarlo y conseguir que el capuchón sobresaliese al tiempo que con un tercer dedo se lo frotaba con insistencia, para colmo José llevó también la otra mano hasta su sexo para meterle los dedos mientras le miraba a la cara con una sonrisa maliciosa, parecía que tenía muy claro el efecto que eso iba a provocar en ella.
El orgasmo que tanto rato llevaba anhelando explotó de repente con una violencia inusitada. José miró como se contraía su gesto y se mordía los labios, la maravilló verla así, trató de prolongar su placer todo lo posible por el mero hecho de poder disfrutar viendo su cara desencajarse de placer y como todos sus músculos se tensaban. Cuando Fabiola terminó de correrse y la vio recostarse en la roca completamente relajada, José pensó que no podía desaprovechar la ocasión que tenía de probar su sabor.
- No puedo dejarte así.
- ¿Cómo que no puedes dejarme así? Pero si acabo de tener un orgasmo maravilloso.
José se levantó y se arrodilló entre las piernas de Fabiola, le hubiera encantado poder quedarse contemplando su sexo un buen rato pero pensó que si no era rápido podría perder su ventana de oportunidad. Sin tiempo para reaccionar, ella notó como le apartaba las bragas a un lado para comenzar a pasar la lengua por sus labios. No pudo hacer otra cosa que quedarse semi tumbada, con las piernas abiertas dispuesta a recibir todo el placer que José quisiera proporcionarle. Él aspiró su aroma y continuó degustando sus jugos hasta que decidió apoderarse con los labios de su clítoris y comenzar a pasar la lengua sobre él, le encantó, era bastante grande y le permitía jugar de distintas maneras. A veces lo lamía, otras jugaba a pasar repetidamente y muy rápido la punta de su lengua por él y otras le hacía pequeñas succiones. Cuando vio que Fabiola comenzaba a contraer los músculos, llevó una mano hasta su sexo y le apretó el clítoris con dos dedos para a continuación succionárselo con fuerza. Ella pareció volverse loca en ese instante, comenzó a balancear la cadera como si estuviera follando y llevó una mano hasta la cabeza de José para apretársela contra su sexo.
- ¡Ahhh! José ¿Qué me estás haciendo? Ummmm ¡Que gusto!
José siguió trabajando su clítoris mientras ella cada vez se movía más intensamente, no se sentía capaz de gestionar el placer que estaba sintiendo, la embargaba por completo. José notaba como se retorcía y como sus músculos tenían pequeños espasmos, así que decidió que era el momento de subir otro nivel, llevó la otra mano hasta la entrada de su vagina para comenzar a penetrarla con varios dedos cada vez con más energía.
- ¡Ahhhh! José, no puedo más ¡Ahhhhh! Vas a hacer que me corra otra vez ¡Ahhhhh!
Él siguió con el tratamiento que le estaba dando al sexo de Fabiola mientras ella no paraba de retorcerse hasta que sintió que le incrustaba la cabeza contra su entrepierna al tiempo que todos los músculos de su cuerpo se contraían al unísono y estallaba en un orgasmo monumental. José intensificó todo lo que pudo las penetraciones de sus dedos y la succión que estaba haciendo sobre su clítoris mientras lo apretaba con fuerza entre las yemas de sus dedos. Ella sintió que se le iba la cabeza y se sumergía en un océano de placer, no fue consciente de cuánto duró el orgasmo pero cuando acabó se quedó completamente relajada, tirada sobre la roca, aunque todavía pudo notar pequeños espasmos en sus músculos durante unos instantes.
José se levantó y la miró, tenía unas ganas tremendas de tirarse sobre ella para besarla y acariciarla mientras se recuperaba, pero se contuvo. Fabiola tardó un ratito en abrir los ojos y mirar a José, le pareció realmente increíble de lo que era capaz ese hombre, a ella también le dieron ganas de abrazarlo y besarlo, incluso sintió un deseo enorme de que la hiciese el amor a pesar de lo relajada que se encontraba. Pensó que efectivamente sus miedos no eran infundados, si por ella fuera se quedarían eternamente abrazados sobre esa roca, se asustó de lo que estaba sintiendo y comprendió que no podría volver a repetir aquello, y mucho menos permitirse probar lo que se sentiría con esa polla clavada en su interior. Le dolió en el alma dejar a José con una erección de esa magnitud pero no podía arriesgarse más, ya le parecía que había llegado demasiado lejos.
- Bufff, José ha sido increíble, mis amigas no habían exagerado nada, incluso diría que se han quedado cortas. Dame un momentito que me recupere y ahora te ayudo a coger la sal.
José comprendió que aquella maravillosa situación se había terminado y trató de concentrarse en recoger la sal aunque no podía apartar de su cabeza la imagen de Fabiola tirada sobre la roca con las piernas abiertas, su sexo expuesto y una cara de felicidad y relajación infinitas.
Tras un rato recogiendo sal él solo, Fabiola se unió a la labor. Le dio un apuro tremendo ver que José continuaba con su erección, había perdido consistencia pero ahí seguía, no se sentía capaz de hacer nada más con él sin correr el riesgo de no querer que se separasen nunca jamás.
- Lo siento José, me da mucha cosa que tú te hayas quedado así después de lo bien que me has dejado.
- No te preocupes, se me pasará, además no creo que me pase nada por tomarme un descanso.
Al poco rato ya estaban charlando tan animadamente como siempre aunque a Fabiola no se le quitaba el remordimiento de haberle dejado a medias, incluso pensó que podría hacerle una mamada, pero en cuanto se imaginó con esa polla en la boca se volvió a mojar, no quería ni pensar en lo que le pasaría si José eyaculaba en su garganta.
Durante el camino de subida Fabiola necesitó que en alguna ocasión José la empujara el culo para poder ascender algún obstáculo y cuando llegaron de nuevo a lo alto del acantilado él volvía a lucir una erección más que respetable. Fabiola estuvo tentada de hacerle una mamada allí mismo pero cada vez estaba más convencida de que lo deseaba más ella que él, no podía hacerlo sin arriesgarse a querer repetirlo eternamente, ya estaba segura de que jamás podría olvidar aquella excursión a por sal, así que no podía arriesgarse a añadir más cosas a la lista de lo que iba a extrañar de José.
Cuando llegaron al campamento el resto de mujeres ya habían terminado de montar el armario y estaban atareadas haciendo unas sillas, pero Isabel seguía durmiendo. José trató de que su erección no fuese muy evidente y se fue directamente a guardar la sal a la despensa. Viviana lo vio y no resistió la tentación de enterarse de primera mano de lo que había ocurrido, salió tras él y le alcanzó cuando ya estaba dentro de la despensa.
- ¿Qué pasa, Fabi te la puesto dura y te ha dejado así?
- Ehhh, bueno, podríamos decir que sí.
Viviana volvió a mirar hacia la entrepierna de José y le pareció que tenía una erección monumental, antes al pasar hacia la despensa no se había dado cuenta del tamaño que había alcanzado. Tenerla así de cerca y recodar lo que había visto esa misma tarde cuando les habían espiado a él y a Cristina la encendió. A pesar de que había conseguido llegar al orgasmo mientras se tocaba mirándoles eso no había sido suficiente para apagar del todo la calentura que le había provocado verles y encima le había hecho desear ser ella la protagonista, le parecía que en ese momento tenía una oportunidad inmejorable para hacerlo.
- Ummm ¿Y no quieres contarme lo que ha pasado?
- Nada, no ha sido nada.
- Buff, pues para no ser nada la traes enorme.
Mientras se lo decía le pasaba la mano por toda su dureza.
- Viviana para, que estoy muy sensible y no respondo.
- Ummm, mejor me lo pones ¿No vas a contarme cómo te la ha puesto así de grande?
- Es que le he visto las bragas.
- Lo tuyo es increíble, con el día que llevas y se te pone así por unas bragas.
- Es que eran muy bonitas, para por favor que me descontrolo.
- ¿Más bonitas que estas?
Mientras seguía pasando la mano arriba y abajo por todo el miembro de José sobre el pantalón, Viviana usó la otra mano para enseñarle unas bragas de tiro alto llenas de encajes y bordados que se ajustaban perfectamente a su cuerpo marcando su vulva y dejando entrever su vello púbico.
- Tú lo has querido, ahora te vas a enterar.
José la aplastó con su cuerpo contra el único trozo de pared que había libre en toda la despensa, le bajó con un gesto rudo los tirantes del vestido y se lanzó a comerle las tetas mientras metía la mano dentro de sus bragas y comprobaba que ya estaba mojada.
- ¿Esto es lo que te hubiese gustado hacerle a Fabi?
- No, le hubiera hecho esto.
Le dio la vuelta al cuerpo de Viviana dejándola de cara a la pared, se sacó la polla, le subió la falda del vestido, contempló un instante lo increíblemente bien que le quedaban esas bragas a su culo y dirigió la punta de su miembro hasta la entrada de Viviana para penetrarla sin más preámbulos que los necesarios para apartar las bragas de su camino.
- ¡Ahhhh! Siii, fóllame como te hubieras follado a Fabi ¡Ahhhhhh!
José se puso a embestirla mientras ella se apoyaba en la pared y hacía temblar toda la pequeña cabaña. Afuera todas pudieron escuchar los primeros gemidos de Viviana y vieron como empezaba a moverse la cabaña de la despensa.
BERTA- Joder, Fabi nos tienes que contar que ha pasado, no sé qué habrás hecho pero has dejado a José hirviendo.
Fabiola se puso roja mientras pensaba que había desaprovechado la oportunidad de ser ella la que gimiese de esa manera.
FABIOLA- Tampoco es que le haya torturado mucho.
Mientras se seguían escuchando los potentes gemidos de Viviana, las chicas vieron como aparecía Isabel por la puerta de su cabaña con cara de incredulidad. Mientras Berta se partía de risa, Lorena le hizo un gesto a Isabel para que mantuviese la boca cerrada. Ella se acercó en silencio al grupete y en voz baja empezó a preguntarles.
ISABEL-¿Pero esto os parece normal?
BERTA- Normal no es, el polvo que van a echar seguro que es extraordinario como siempre, pero ya empiezan a ser habituales este tipo de cosas. Me parece que te vas a tener que ir acostumbrando, a nosotras también nos está costando un poco no te creas.
ISABEL- Joder, está gimiendo como si fuera el mejor polvo de su vida y le estuviera metiendo todo el brazo.
LORENA- El mejor polvo de su vida no creo que sea, parece más bien un aquí te pillo aquí te mato, seguro que en estos días los ha tenido mejores, pero tendrías que ver lo que calza José para entender porque gime así.
ISABEL- Bufff, pues nunca me hubiera imaginado que Vivi fuese así de fogosa.
BERTA- Ni ella tampoco, jajaja.
A Fabiola no hacía más que crecerle de nuevo el cosquilleo de su sexo mientras escuchaba a Viviana, se estaba sintiendo un poco imbécil pensando que cada uno de esos pollazos que hacían temblar la despensa podría haber sido para ella.
Al poco rato todas pudieron escuchar claramente como Viviana se corría, unas más y otras menos todas sintieron cierto picor en su sexo, incluso Isabel notaba como iba creciendo algo dentro de ella que la impulsaba a meter la mano dentro de sus bragas.
Dentro de la despensa José estaba dándole un respiro a Viviana mientras se enardecía mirándole el trasero enfundado en esas preciosas bragas.
- Bufff, Viviana, necesito correrme ya, déjame que te la meta por el culo por favor.
- ¿Eso es lo que te gustaría hacerle a Fabi?
- Eso y muchas otras cosas.
- Venga tonto, Imagínate que soy Fabi y hazme lo que quieras.
José la puso a cuatro patas en el suelo y se la volvió a clavar en la vagina mientras le iba dilatando el ano para preparárselo para lo que le esperaba.
Afuera volvieron a escuchar los tremendos gemidos de Viviana aunque la cabaña dejó de balancearse peligrosamente.
ISABEL- Pues no tiene pinta de que eso sea un aquí te pillo aquí te mato.
BERTA- Para los estándares de José todavía puede serlo perfectamente.
ISABEL- Pues yo he echado infinitos polvos más cortos que ese.
LORENA- Y todas, pero me parece a mí que esta experiencia nos va a cambiar la forma de ver el sexo.
Viviana estaba a punto de llegar por segunda vez al orgasmo cuando sintió que José se la sacaba y dirigía la polla hacia su dilatado esfínter. Temió por un instante que tal y como estaba José de excitado, se la clavase hasta el fondo de una sola embestida sin lubricante ni nada, pero enseguida comprobó que a pesar de lo caliente que estaba era capaz de mantener un mínimo de autocontrol para ir dilatándole el culo con su polla a la velocidad justa para poder soportarlo y disfrutarlo.
- ¡Ahhhhh! Me partes ¡Ahhhhh!
José se la fue enterrando en el trasero todo lo despacio que sus ansias le permitían mientras la agarraba por las nalgas y se las abría.
ISABEL- Joder, cada vez chilla más fuerte, parece como si la quisiera desmontar.
BERTA- Bufff, la tiene que estar dando de lo lindo.
FABIOLA- Si, como siga así mucho rato la vamos a tener que recoger con camilla.
LORENA- A lo mejor Viviana no lo aguanta y tenemos que ir alguna a ayudarla.
BERTA- Jajaja, las ganas que tú tienes.
CRISTINA- A mí no me parecería tan raro.
BERTA- Ya, y casualmente os presentáis voluntarias porque sois todo sacrificio ¿No?
CRISTINA- Yo estoy casada, no puedo.
Casi se echan a reír al escucharla decir eso como si realmente se lo creyera.
Viviana comenzó a aullar descontroladamente mientras sentía que un nuevo orgasmo estallaba en su interior al tiempo que José la sodomizaba con todas sus fuerzas hasta llenarle el intestino de leche. Afuera todas se callaron para escuchar el tremendo golpeteo de ambos cuerpos mientras Isabel empezaba a tener dudas de que su amiga no estuviese siendo torturada.
Instantes después todo el ruido cesó y se quedaron mirándose.
LORENA- Pues al final si que ha sido un aquí te pillo aquí te mato.
BERTA- Pufff, aún así me ha dado una envidia tremenda.
ISABEL- ¿En serio? Pero si han estado un cuarto de hora por lo menos ¿Me estáis diciendo que eso ha sido un polvo rápido?
FABIOLA- Jajaja, si, el más rápido hasta la fecha, ha hecho récord de la isla, jajaja.
Isabel no entendía nada, sus amigas habían normalizado completamente tirarse varias al mismo tío, hacerlo con total tranquilidad mientras el resto les escucha chillar como si las estuviesen matando, comentar los polvos de sus amigas como si de un partido de fútbol se tratase y para colmo, que durasen a saber cuánto. Pero lo que más la descolocaba no era eso, era que ella misma había estado tentada de meter la mano dentro de sus bragas delante de todas. Hacía poco que se había divorciado y los últimos tiempos con su marido habían estado muy escasos de sexo, empezó a ver cristalino que necesitaba darse alguna alegría, pero aún así el tremendo calentón que se le había quedado no era ni medio normal.
Cuando ambos salieron de la despensa, Berta se puso a aplaudirles vigorosamente y todas la siguieron con entusiasmo, incluso Isabel se sumó y se oyeron hasta silbidos. José se puso rojo al instante pero Viviana, con todo el descaro del mundo, comenzó a hacer reverencias como si se fuera la actriz principal de un teatro.
FABIOLA- Anda, vamos a bañarnos que entre unas cosas y otras se nos va a hacer tarde.
ISABEL- Siii, tengo unas ganas locas de probar esa ducha caliente, me siento asquerosa. Ahhh, y también tengo que probar la lavadora de la que tanto habláis, mi ropa parece cartón de la cantidad de sal que tiene por lavarla en el mar.
LORENA- Pues después de bañarnos ponemos una lavadora, es verdad que no es la mejor que he probado pero infinito mejor que lavar a mano en el mar sí es.
JOSÉ- Yo voy preparando la cena, no tardéis mucho que yo también quiero ducharme.
Mientras Fabiola le enseñaba a Isabel como funcionaba la ducha, el resto de mujeres se fueron desvistiendo para meterse en el agua. Cristina tuvo que despegar las bragas de su vello púbico porque estaban completamente adheridas a causa del semen de José.
LORENA- Joder Cris, te ha puesto fina, un poco más y tienes que echarles disolvente para quitártelas, jajaja
Cristina se ruborizó e Isabel alucinó con que se hubiese atrevido a ser infiel a su marido, jamás hubiese pensado que eso sería posible.
BERTA- Calla, que yo también las tengo un poco pegadas.
LORENA- ¿Y tú Vivi?
VIVIANA- Yo no, el mío todavía está fresco, jajaja.
ISABEL- Pero... ¿Os lo habéis tirado las tres hoy?
BERTA- Y Lorena también, pero ella todavía no ha conseguido hacer que se corra, jajaja.
Isabel no reconocía a sus amigas, que Berta y Lorena se lo tomasen con esa naturalidad le sorprendía mucho pero siempre habían sido las más liberales del grupo y dentro de lo que cabe, dadas las circunstancias, había una mínima posibilidad de que no lo viesen tan raro, pero lo de Viviana era una sorpresa absoluta y lo de Cristina no terminaba de creérselo ni viendo la prueba irrefutable con sus propios ojos. Pensó que efectivamente Elena tenía razón y en esa isla sus amigas habían dejado de lado cualquier sombra de recato para entregarse a sus bajas pasiones sin miramientos.
Lorena empezó a plantearse que era posible que no le atrajese mucho a José, por la forma que tenía de follársela nunca lo hubiera dicho pero era un hecho que de momento era incapaz de conseguir que eyaculase.
Fabiola se sintió un poco mal por tener secretos con sus amigas de toda la vida, además ellas no estaban escondiendo nada, así que decidió confesar.
FABIOLA- Yo también he hecho algunas cosas con José esta tarde.
LORENA- ¡Ahhhh! ¡Sorpresón!
VIVIANA- Cuéntanos ¿Qué has hecho?
FABIOLA- Pues poca cosa, comparado con lo vuestro, juegos infantiles, le he dejado que me tocase y luego se ha lanzado a usar su boca conmigo.
VIVIANA- ¿Y que tal?
FABIOLA- Pues increíble, supongo que os haréis una idea.
VIVIANA- Joder, por eso ha vuelto así de excitado, ya decía yo que no era normal como estaba.
CRISTINA- ¿Y por qué no te lo has tirado? Tú eres una mujer libre, puedes hacer lo que te dé la gana.
Isabel no salía de su asombro, ese tío había hecho cosas con sus cinco amigas el mismo día, aquello era hasta sospechoso. Quería enterarse de todo así que seguía de pie mirando como se bañaban y todavía ni siquiera se había quitado la ropa para meterse en la ducha, estaba claro que en cuanto se pusiera a ducharse iba a perderse todos los chismes que se contaban mientras se bañaban en la poza.
FABIOLA- No es tan fácil, no sé como explicároslo, vais a pensar que soy imbécil.
BERTA- Creo que lo último que pensaría de ti es que eres imbécil, pocas tías más avispadas que tú conozco.
FABIOLA- A ver, lo que pasa es que siento una conexión especial con José, creo que nunca he conocido un tío con el que esté tan a gusto desde el primer día, me siento super comprendida con él y tiene una forma de preocuparse por mí, bueno por todas la verdad, que me destroza las defensas. No sé, ojalá le hubiera conocido en otras circunstancias.
CRISTINA- ¿Te estás enamorando?
FABIOLA- No, no es eso, bueno, intento que no pase, por eso no quiero tirármelo. Veo demasiado fácil acabar pillada por él si lo hago, sobre todo viendo las maravillas que contáis.
VIVIANA- Yo creo que lo puedes intentar, a mí me parece que te mira de una forma especial.
FABIOLA- ¿Tú crees? ¿No será que soy la única a la que todavía no se ha tirado y por eso me mira distinto?
VIVIANA- Siempre te ha mirado distinto, a las demás las ha podido mirar con esos ojos que... Ufff, bueno, ya sabéis a lo que me refiero, que te miran y te encienden del deseo que reflejan, vamos que parece que pudiera embarazarte con la mirada, pero a ti te mira de otra forma, más tierna diría yo.
LORENA- Es cierto, a Cris le ve las bragas y se le pone dura al instante pero lo tuyo es distinto, a ti te mira a la cara, alguna vez le he visto mirarte mientras te ríes y parecía feliz solo con verte.
BERTA- A ver, entiendo el problema, tienes miedo a pillarte por él y no ser correspondida, viviendo todos juntos en el campamento puede ser complicado, pero no entiendo que no te lo tires, tampoco va a cambiar tanto la cosa, y de verdad que tienes que probarlo.
FABIOLA- Hoy me he decidido a hacer cosas con él porque me he visto fuerte, pero después de hacerlas... Ahora estoy segura de que debo alejarme de él todo lo posible.
VIVIANA- Joder, yo creo que si alguna tiene posibilidades de tener algo con él eres tú, deberías intentarlo, yo creo que haríais una pareja fantástica.
FABIOLA- No tengo ninguna posibilidad, siento deciros esto, no quiero que os sintáis mal, pero... ¿Vosotras creéis que va a cambiar semejante harén por mi? No se ha visto en una como esta en la vida. Además, viendo de lo que es capaz, no creo poder satisfacerle, iba a estar reprimido todo el día.
BERTA- Con dejar que nosotras también nos aprovechemos de él, solucionado, jajaja.
A Fabiola esa frase le hizo reflexionar, jamás se había planteado algo así, pero era cierto que esa sería la única posibilidad de tener algo con José, así él no estaría reprimido, sus amigas no la odiarían por quitarles el caramelo de la boca y ella no se volvería loca pensando que en cualquier momento le podría poner los cuernos, lo único malo es que no tenía nada claro estar preparada para algo así.
FABIOLA- Bueno, eso ya es futurizar demasiado, yo creo que no debo hacerme ninguna ilusión o sino voy a pasarlo fatal.
Todas se callaron pensando que era una situación realmente compleja, si Fabiola se emparejaba con José iba a ser muy difícil contenerse y no traicionar a su amiga aunque le deseasen lo mejor.
Isabel viendo que ya habían terminado de contárselo todo se decidió a desnudarse y meterse en la ducha, pero en cuanto se quitó el vestido sintió que José podría estar espiándola desde cualquier sitio sin que ella se diese cuenta.
ISABEL- Oye, ya sé que os vais a reír de mí pero... ¿Nunca habéis pensado que José os podía espiar en la ducha? Entiendo que después de todo lo que habéis pasado ya os da absolutamente lo mismo pero yo...
BERTA- Pues si, lo hemos pensado, pero desgraciadamente nunca ha sucedido, jajaja.
FABIOLA- Todavía estás muy influida por las locuras de Elena, puedes estar tranquila, mientras no le provoques es completamente inofensivo.
VIVIANA- Eso sí, como le provoques es capaz de dejarte inconsciente a pollazos, jajaja.
LORENA- Doy fe, jajaja.
CRISTINA- En serio, por increíble que parezca, es cierto, a mí me ha dejado como drogada media tarde.
Isabel terminó de desvestirse y se metió en la ducha, sintió un placer enorme cuando el agua caliente resbaló por su cuerpo arrastrando la sal y la arena. Mientras se frotaba para quitarse toda la mugre se sorprendió pensando que tampoco le importaría mucho que José estuviese espiándola, tendría su puntito que pudiendo hacer de todo con casi cualquiera de sus amigas estuviera mirándola a ella.
Al salir del agua Fabiola decidió que ella también iba a prescindir del sujetador, casi se sentía estúpida llevándolo, la única que todavía lo llevaba era Isabel y tenía bastante más pecho que ella, además necesitaría tiempo para adaptarse a las costumbres de ese campamento. Isabel también se percató de que era la única en ponérselo y se sintió un poco mojigata, pero pensó que iría viendo si se sentía suficientemente cómoda como para prescindir de él. Cuando las mujeres volvieron, se encontraron con que José ya tenía la cena en el horno y se estaba entretenido terminando de montar las sillas que ellas habían dejado a medias.
JOSÉ- Joe, habéis tardado mogollón, voy a ducharme corriendo que en un ratito estará hecha la cena.
BERTA- Es que estábamos criticándote, jajaja.
JOSÉ- Conociéndoos no me extrañaría nada que fuera verdad.
José les echó un vistazo, seguía alucinando con su suerte, era un grupo de mujeres excepcional en cuanto a forma de ser y físico, además estaban especialmente atractivas cuando salían recién lavadas del baño. El detalle de que todas fueran sin sujetador excepto Isabel no pasó desapercibido para él, sobre todo la novedad de que a Fabiola se le marcasen los pezones a través de la tela del vestido, pensó que si volvía a tener una oportunidad, no podía desperdiciar la ocasión de al menos tocárselos y sintió que su polla se despertaba de nuevo, no es que se empalmase pero un poco morcillona si que se le puso, no podía entender que nunca acabase de relajarse y le pareció más extraño todavía que algo tan nimio le afectase teniendo en cuenta el ajetreo que llevaba ese día.
José se fue a duchar y Lorena se fue con Isabel a poner la lavadora con su ropa y la poca que tenían sucia las demás. Cuando Lorena terminó de enseñarle a Isabel como ponerla en marcha y la dejaron funcionando se le despertó el diablillo interior.
LORENA- Al respecto de lo que has dicho antes sobre lo fácil que es espiar en la ducha ¿Quieres que echemos un ojo mientras José se lava?
A Isabel le pareció muy feo hacer eso pero se le despertó cierto gusanillo, por lo que contaban sus amigas tenía que ser un espectáculo digno de verse.
ISABEL- Pero tía, no podemos hacer eso.
LORENA- No pasa nada por echar una miradita, con un poco de suerte está empalmado y puedes admirar lo que esconde José, de verdad que es algo digno de verse.
ISABEL- ¿Seguro que no nos va a pillar?
LORENA- Si no gritas de la impresión cuando lo veas, no, jajaja.
ISABEL- Venga vale, una miradita y nos vamos.
José era consciente de que no tenía mucho tiempo para ducharse y estaba intentando ser todo lo eficiente posible pero aún así, cuando se estaba frotando sus partes no pudo evitar pensar en lo movido que había sido el día, recordó en todos los sitios que había estado su miembro en las últimas veinticuatro horas y notó que su polla se ponía algo más que morcillona.
Las dos mujeres buscaron un sitio lo más discreto posible desde el que se pudiese ver a José y le pillaron justo limpiándose su miembro. Isabel se quedó impactada e instantáneamente sintió un calor crecer en su sexo que se expandía por todo su cuerpo, su amiga tenía razón, era un espectáculo digno de verse.
Lorena vio que su amiga se quedaba hipnotizada mirando como José se frotaba la polla para limpiársela y dejó que pasase un tiempo prudencial para que pudiera grabarla bien en su mente, quería que entendiese lo que estaba pasando en ese campamento. Cuando José terminó de lavarse y se disponía a secarse y vestirse, le hizo un gesto con la mano para que volviesen con las demás. En cuanto se alejaron un poco Lorena no pudo evitar interesarse por la impresión que le había causado.
LORENA- ¿Qué te ha parecido?
ISABEL- Bufff, me cuesta imaginar que os podáis meter todo eso.
LORENA- Pues tienes que verla en todo su esplendor, asusta un poco.
ISABEL- ¿En serio? ¿Eso puede crecer más?
LORENA- Jajaja, te ha gustado el espectáculo, ehhh...
ISABEL- Bufff, mejor no preguntes.
En cuanto llegaron al campamento vieron que ya estaban sacando la comida del horno y dispuestas a comenzar a servir los platos.
LORENA- Venga, ir sentándoos que seguro que José llega enseguida y podemos ponernos a cenar.
Efectivamente antes de que hubieran terminado de servir, José se estaba sentando en la mesa y abriendo las botellas de vino que habían traído del otro campamento.
Al poco rato de empezar a cenar se puso a llover pero todos siguieron como si nada, el techo que cubría el merendero y la cocina les mantenía perfectamente secos. Isabel se acordó de Elena, la pobre tenía que estar calándose de nuevo, le esperaba otra noche horrible. Viendo como ellos continuaban con sus risas disfrutando de una estupenda comida caliente a la luz de las velas sin que la lluvia les afectase lo más mínimo, se convenció de que Elena era una cabezona y se alegró mucho de haber cambiado de campamento, de repente se encontraba como si estuviera en unas maravillosas vacaciones en vez de en un infierno al borde de la inanición.
Fue una cena memorable, el poco vino que les tocó a cada uno les hizo algo de efecto y, si habitualmente ya eran divertidas sus cenas, aquella fue para haberla grabado y ponérsela en bucle. No fue raro que cualquiera de ellos tuviera que girarse para escupir lo que tenía en la boca porque no podía aguantarse las carcajadas. Al final José sentía que al día siguiente iba a tener agujetas en la tripa de tanto reírse y no era el único al que le pasaba lo mismo.
En cuanto terminaron de recogerlo todo, José les dijo que se iba a dormir, estaba hecho polvo después de haber vivido un día de lo más intenso. Ellas decidieron quedarse un poco más de cháchara, a pesar de la lluvia estaban tan ricamente allí y de lo más animadas.
FABIOLA- Me preocupa José ¿No os parece que está más demacrado cada vez?
BERTA- Pues yo le veo muy feliz.
FABIOLA- Si yo también le veo muy feliz, pero le va a dar algo como siga con este ritmo.
VIVIANA- Por cierto, he pensado que hoy podéis quedaros a dormir con José y yo duermo en vuestro cuarto con Isabel, así seréis tres en la cama más ancha y nadie dormirá apretado.
BERTA- Claro, que lista, hoy que José está reventado y ya debe estar dormido.
VIVIANA- Ya sé que poco vais a poder hacer hoy con él, pero así se va acostumbrando a que nos cambiemos de habitación y luego no le parecerá tan raro, además es cierto que tres en una de vuestras camas estarías muy estrechas.
BERTA- Joe, Vivi, gracias, aunque hoy no sirva para nada es un gesto súper bonito que aceptes cambiarte de cuarto.
Fabiola se sintió orgullosa de sus amigas, si seguían manteniendo ese espíritu podía dar la crisis por solucionada.
Un rato después todas se fueron a descansar, Viviana e Isabel se metieron en el cuarto de Berta y Lorena, y ellas en la cabaña con José.
LORENA- ¿Te vas a meter solo con las bragas a la cama?
BERTA- Pues claro, no va a ver nada que no haya visto antes.
LORENA- Pues entonces yo también, nunca se sabe lo que puede pasar.
Decidieron ponerse una a cada lado de José aunque tuvieron que moverle un poco para entrar las dos.
LORENA- Joder, está completamente empalmado.
BERTA- Ni lo mires, tenemos que dejarle descansar.
A ninguna les resultó fácil estarse quietas sabiendo que al fin tenían a José en la cama con ellas, pero se contuvieron y consiguieron dormirse bastante rápido, ellas también estaban cansadas después del ajetreo que llevaban.
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