Xtories

La isla 6/24

José intenta resistir la tentación de la noche anterior, pero la mirada de Fabiola y el roce de su piel en la pesca despiertan un deseo incontrolable. Mientras él lucha por mantener la compostura, el campamento se llena de susurros y miradas hambrientas que no tardarán en romper las barreras del decoro.

WithoutShame11K vistas9.3· 39 votos

Cuando José se despertó a la mañana siguiente se encontró a Viviana prácticamente en la misma posición en la que se había quedado la noche anterior. La erección con la que se había levantado le empujaba a intentar algo con ella ya que tenían tiempo porque era bastante temprano y apenas había empezado a despuntar el sol, pero su lado racional se impuso y pensó que después del ajetreo de la noche anterior era mejor dejarla descansar, se vistió y salió todo lo rápido que pudo para evitar la tentación.

Según puso un pie fuera de la cabaña vio a Fabiola que volvía del baño, eso no se lo esperaba, era tan temprano que daba por hecho que todas estarían durmiendo.

- Buenos días, que pronto te despiertas tú ¿No?

- Si, me gusta levantarme temprano, así se aprovecha mejor el día. Me he sentido tentada de quedarme remoloneando un poco en la cama pero me ha dado cosa acabar despertando a Cris, así que he salido. Aunque todavía no controlo donde están las cosas he pensado que podría ir haciendo el desayuno con calma.

- Voy un momentito al baño y ahora vengo a ayudarte.

José se dio cuenta de que Fabiola le había echado una mirada furtiva a su entrepierna, había salido tan rápido de la cabaña que no había dado tiempo a que su erección matutina desapareciera. Le dio bastante vergüenza que ella le viese en ese estado, pero le dio más vergüenza aún cuando cayó en la cuenta de que era posible que les hubiera escuchado la noche anterior, si algo no había sido Viviana era discreta. Confío en que les hubiera dado tiempo a dormirse antes de que se empezaran a escuchar los gemidos. Se tranquilizó un poco pensando que eso era lo más probable, debían estar muy cansadas, sobre todo Fabiola y Cristina que habían tenido que hacer la mudanza.

A Fabiola le había turbado mucho ver semejante bulto en el pantalón de José, después de haber escuchado como se corría Viviana repetidamente la noche anterior se había quedado un poco sensible a esas cosas. Pensó que era posible que José se hubiese dado cuenta de que le había mirado y eso le daba bastante apuro, pero es que su vista se había quedado clavada sin que ella hubiera podido hacer nada por evitarlo, le había parecido desproporcionado lo que tenía ese hombre entre las piernas, no le extrañaba nada que su amiga gimiese de esa forma cuando se la metía.

Al volver del baño se encontró con que Fabiola ya había alimentado el fuego y estaba rebuscando por los armarios de la cocina a ver que encontraba, le gustaba que tuviese tanta iniciativa.

- Oye José, no quiero meterte más presión, soy consciente de que para eso te bastas y te sobras tú solo, pero estaría bien poner una pared al baño del río, si llegas a despertarte un poquito antes me hubieras pillado ahí, sentada en el trono.

- Si, es una de esas cosas que tengo en mente, mi idea es ponerle tres paredes y dejar al aire el lado que da al mar, así tendríamos un poco de privacidad y no perderíamos las vistas.

- No hace falta tanto, con poner solo una pared en el lado que da hacia el campamento y colgar un cartel como el de los taxis, de esos que por un lado pone libre y por el otro ocupado, sería suficiente, cuando alguien entre, que le dé la vuelta y al salir, lo mismo, así podríamos ver desde lejos si está libre y con esa pared sería suficiente para que no nos viesen, solo vamos ahí desde el campamento así que las otras paredes son innecesarias.

- Pues tienes razón, podríamos pintar de rojo un lado del cartel y poner unas hojas verdes en el otro, así se vería genial desde lejos.

- ¿De donde piensas sacar la pintura roja?

- Hay unos frutos que tienen un color rojo intenso y que manchan mogollón, seguro que con eso podemos darle color al cartel.

- Pues perfecto ¿Cuándo crees que nos podemos poner con ello?

- Tenía pensado montar una asamblea para decidir el orden de las prioridades de construcción según que cosas vieseis más necesarias. A mí me parece que hacer un horno más grande debería ser lo primero, tiene bastante miga y puede que nos lleve más de un día, pero es que cuando seamos ocho vamos a tener que hacer la comida en tres tandas.

- Me parece bien, pero podemos dividirnos en equipos y mientras unos hacen el horno otros montan la pared del baño, eso entre dos no se tarda nada. Oye, por favor, ayúdame que no encuentro nada.

José se dio cuenta de que se había quedado mirando el culo de Fabiola sin hacer nada mientras ella buscaba por todos los armarios de la cocina.

- Si, perdona, ves esa cabañita de ahí al lado, es la despensa, es donde guardo la comida que voy almacenando.

- Ahhhh, ya decía yo que para qué serviría eso ¿Y la otra?

- Esa de más allá es el trasero, podéis dejar ahí vuestras maletas si queréis, así no las tendréis molestando por la habitación.

- Joe, si que te has aburrido tú aquí.

- Bueno, el trastero fue la primera cabaña que me hice, al principio dormía ahí. Cuando ya conseguí estar un poco más asentado, me hice la que uso ahora, que es mucho más grande. Aún así acabo llena de comida por todas partes, pescado salándose, carne curándose, fruta secándose, vamos un festival para el olfato, así que decidí hacer una despensa y fue un acierto. Ven que te la enseño.

Era la primera vez que Fabiola entraba en esa cabaña y cuando la vio por dentro alucinó, allí había comida para alimentar a un regimiento.

- ¿Pero esperas muchas visitas o qué?

- No, parece mucho pero con esto no duramos ni diez días, no tenemos ni idea de como son las estaciones aquí y tenemos que estar preparados. Imagínate que dentro de dos meses no hay ni una mala baya en toda la isla, puede pasar perfectamente que estemos en la mejor época, animalillos por todas partes, fruta abundante y un montón de pescado, pero puede que cambiemos de estación y no haya nada que llevarse a la boca. Aquí no hay supermercado así que tendríamos un problema monumental, por lo menos deberíamos almacenar comida para un tiempo.

- Buff, y yo me pensaba que era muy previsora.

- Mira estas cosas que parecen almendras es lo que uso para hacer lo que bebemos en vez de leche, las machaco y sueltan un líquido que no está mal. Estás otras las hiervo y con el agua que se queda lo usamos como sucedáneo del café. Estás semillas las trituro y sirven de harina para hacer las tortitas, finalmente estos tres tipos de frutas, si las machacas, parecen mermelada de distintos sabores.

- Joe, si que te lo curras para hacer el desayuno.

- No hago eso todas las mañanas, lo de la machacar la fruta y el café si, pero para lo demás hago mucho de golpe, lo almaceno y luego solo hay que usarlo. Mira en esa garrafa está la leche y en ese bote hecho con cañas la harina.

- Eres el tío más apañado que he visto en la vida. No dejo de alucinar contigo.

- Como tú dices, me he aburrido mucho en esta isla.

- A mí me dejas un par de meses aquí sola y me comen los bichos.

- Venga cogemos las cosas y vamos a hacer el desayuno. Ahhh, pero antes mira esta garrafa, es de las que me llevé de vuestro campamento, la estoy usando para ver si consigo fermentar la fruta, en unos días lo probaré a ver si hay suerte y podemos tomarnos algo parecido a unos vinos.

- Yo creo que alguna botella de vino sacamos de nuestro barco, igual podemos ir a por ellas.

- También tenemos que ir a por más vajilla, en mi barco solo tenía seis de cada cosa, así que si vienen vuestras otras amigas no tengo ni platos, ni vasos, ni cubiertos, ni nada para ellas.

- Pues ya tenemos otra tarea para la asamblea, ir a nuestro viejo campamento a por cosas.

Mientras los dos estaban preparando el desayuno siguieron con su charla, que se prolongó mientras lo devoraban porque allí no se despertaba nadie más.

- Joe, pues hemos terminado de desayunar y aquí no se levanta nadie ¿Las despertamos?

- Déjalas que descansen, para ir a pescar con dos es suficiente.

- Te aviso de que no he cogido una caña en mi vida.

- No te preocupes, Viviana tampoco y ya es una experta pescadora.

Cogieron los aparejos y se fueron al saliente del acantilado. Por el camino, Fabiola pensó que si Elena conociese a José se le iban a pasar todos los miedos infundados que le provocaba, incluso podía pasar que le desmontase los prejuicios que tenía con los hombres. Estaba tan a gusto con él y le parecía un tipo lo suficientemente interesante como para que en otras circunstancias se hubiese planteado que tuviesen una cita, llevaba mucho tiempo sin tener ninguna y no era porque estuviese cerrada a ello, es que el mercado de hombres de su edad estaba fatal, además, después de haber escuchado como hacía gemir a Viviana, no descartaba que la cosa pudiera ir a más. Incluso sintió un ligero cosquilleo al pensar en la posibilidad de disfrutar lo que había visto marcarse en los pantalones de José un rato antes.

Cuando se pusieron a pescar, José se puso detrás de ella y la cogió las manos mientras sostenía la caña para enseñarle los movimientos tal y como había hecho con Viviana. Fabiola notó como se le erizaba todo el vello al sentir el abrazo de José, hacía ya algún tiempo que no la tocaba ningún hombre y le encantó la suavidad con la que José la guiaba en cada movimiento mientras se los explicaba muy cerca del oído. José intentó ser todo lo aséptico que pudo durante la clase pero sentir el roce de la suave piel de Fabiola despertaba una ternura en él que hacía tiempo que no sentía, además al tener sus cabezas tan pegadas podía percibir constantemente su olor y le estaba resultando embriagador.

José ya se había dado cuenta de que Fabiola era una mujer muy despierta pero aún así le sorprendió lo rápido que iba aprendiendo los movimientos, casi le fastidiaba que fuese tan espabilada, si seguía así no iba a tardar mucho en ser perfectamente capaz de pescar por sí misma, así que tendría que dejarla escapar de entre sus brazos y no podría seguir disfrutando del roce de su piel. Pero antes de que eso ocurriese José notó que su miembro también tenía intención de acariciar el cuerpo de Fabiola, eso hizo que José sintiese que ese momento, que estaba resultando mágico para él, tuviese que acabar, de ninguna manera quería que Fabiola notase su incipiente erección.

- Yo creo que ya puedes hacerlo tú sola ¿Te atreves?

Fabiola también se sintió un poco decepcionada, se sentía mejor que en casa entre los brazos de José pero no se le ocurría ninguna excusa para prolongar ese momento.

- Bueno, puedo intentarlo.

Justo cuando José se disponía a deshacer su abrazo notó un fuerte tirón en la caña.

- Ostras, ha picado, tira fuerte.

Fabiola sintió que los brazos de José se tensaban y apretaba su cuerpo contra ella. Enseguida comenzó a guiarla para sacar el pez del agua.

- Venga, tira y suelta, creo que has batido el récord de precocidad en la pesca, jamás había visto a nadie que consiguiera que piquen nada más coger la caña por primera vez.

Fabiola casi no le escuchaba, tenía toda la atención puesta en la dureza que notaba frotarse contra la hendidura de su trasero, sentía como iba ganando tamaño y consistencia con cada movimiento. Un calor inundó todo su cuerpo hasta hacer que sus mejillas se pusieran rojas.

- Joe, además debe ser un buen ejemplar, nos va a costar sacarlo del agua.

Fabiola pensó que para buen ejemplar el que notaba ella entre las nalgas y comenzó a moverse buscando maximizar el frotamiento contra él, en esos momentos lo que hubiera al otro lado del sedal la tenía sin cuidado.

- No seas tan brusca, un poco más suave, así.

Fabiola notaba la polla de José completamente endurecida moverse arriba y abajo entre sus glúteos y no quería que ese momento terminase jamás, así que hizo todo lo posible por alargarlo.

- Pero no sueltes más sedal, que entonces no terminamos nunca de sacarlo del agua.

José empezaba a estar apurado, su polla estaba a punto de ponerse como una piedra y por muy concentrada que estuviese Fabiola intentando aprender a sacar el pez, iba a terminar dándose cuenta de que se estaba empalmando como un adolescente.

A José le pareció que tardaron una eternidad en conseguir capturar ese pez pero a Fabiola se le pasó volando, llegó a notar como el miembro de José, completamente endurecido, terminaba de incrustarle las bragas en la hendidura de su trasero para alojarse entre sus nalgas y seguir frotándose contra ellas. Deseó que José soltase sus brazos y pasase las manos por todo su cuerpo acariciándola.

Para cuando por fin consiguieron sacar aquel pez del agua, a José le dolía la polla de lo dura que se le había puesto y Fabiola estaba convencida de que tendría que cambiarse de bragas porque las tenía chorreando.

Al terminar de meter el pez en la cesta, a Fabiola se le fueron los ojos a la tremenda erección que lucía José. Notaba como salivaba pensando en meterse aquella polla en la boca, jamás había tenido algo parecido entre los labios. José se dio cuenta de la dirección de la mirada de Fabiola y se sonrojó, se sentía como si estuviera desnudo. Con un gesto bastante infantil trató de ocultar la erección con las manos.

- Perdón, no puedo controlarlo.

Fabiola también se avergonzó, no era propio de ella quedarse mirando de esa forma la entrepierna de un hombre.

- No te preocupes, son cosas que pasan.

Los dos se quedaron mirándose durante un momento que fue de lo más incómodo, José tenía unas ganas irresistibles de abalanzarse sobre ella para besarla y Fabiola creía que él se estaba dando cuenta de las tremenda atracción que sentía por su polla, si por ella fuera, se hubiera arrodillado y la habría engullido allí mismo.

Para romper la tensión, José soltó lo primero que se le ocurrió.

- Enhorabuena, has pescado tu primer pez super rápido y encima es enorme, con esto ya casi tenemos suficiente para comer hoy los seis.

Fabiola volvió a pensar que para enorme lo que tenía él entre las piernas, pero no se atrevió a decirlo.

- Gracias, he tenido un maestro maravilloso.

Una vez roto el hechizo los dos siguieron pescando, José no podía evitar mirar a Fabiola de vez en cuando, estaba preciosa con su pose de pescadora profesional mientras el viento hacía ondular su vestido y su pelo. A Ella no le estaba resultando nada fácil evitar mirar hacia el bulto del pantalón de José que no acababa de desaparecer. Aprovechó que un pez picó en el anzuelo de José y él estaba totalmente concentrado en traerlo hacia la superficie para recrearse la vista todo lo posible, pensó que si ella fuera Viviana no saldrían de la cabaña jamás, solo con ver como se le marcaba el glande era suficiente para no querer separase de él. Según José dejó el pescado en la cesta ella notó que su caña se tensaba.

- ¡Ha picado otro!

- ¿Te ayudo?

A Fabiola le pareció que era perfectamente capaz de sacar aquel pez del agua, tiraba mucho menos que el anterior, pero se imaginó notando de nuevo como se metía la polla de José entre sus nalgas.

- Si, por favor.

De nuevo José pegó su cuerpo al de Fabiola y pudo volver a aspirar su olor. Ella volvió a moverse tratando de encajar aquello en su trasero.

- Es curioso lo rápido que has pillado lo de pescar y lo que te está costando aprender a sacarlos del agua. No te muevas tanto, se más suave. Y no dejes que el pez recupere sedal, que sino no terminamos nunca.

A Fabiola le daba igual lo que le dijese, solo quería alargar aquello lo más posible. Entre los brazos de José su mente se iba a otro mundo, uno en el cual José pasaba las manos por su cuerpo mientras le restregaba el miembro contra su trasero y le daba besos por el cuello.

La polla de José no tardó ni dos segundos en volver a alcanzar toda su dureza en cuanto volvió a sentir las nalgas de Fabiola. Él se apuró muchísimo, era inaceptable volver a estar otra vez empalmado, estaba convencido de que Fabiola tenía que estar muy incómoda en esa situación y por eso no acababa de concentrarse en sacar el pez del agua.

A pesar de los esfuerzos de Fabiola consiguieron sacar a ese pequeño habitante del océano de su medio natural y meterlo en la cesta, comparado con el anterior parecía un boquerón.

- Pues yo creo que con esto es suficiente para comer y aumentar un poco nuestra despensa.

- Me está gustando mucho pescar, por mí nos podíamos quedar un rato más.

José pensó que si aquello continuaba iba a acabar volviéndose loco, así que aunque le apetecía muchísimo volver a sentir el cuerpo de Fabiola entre sus brazos, era el momento de volver al campamento.

- Otro día seguimos, está claro que necesitas practicar más lo de sacar los peces, pero estas ya se deben haber despertado y estaría bien aprovechar el día. Ahhhh, casi se me olvida, vamos a sacar las nasas.

Efectivamente en el campamento ya no quedaba nadie acostado. Berta, Cristina y Lorena se habían despertado casi al mismo tiempo y se habían puesto a comentar lo ocurrido la noche anterior mientras desayunaban.

BERTA- ¿Tú oíste algo anoche?

CRISTINA- Si, oí muchas cosas, jajaja.

LORENA- Yo aluciné, que forma más exagerada de gemir.

BERTA- Ya sabes el tamaño que gasta José, imagínate tener eso entre las piernas, seguro que tú también gemirías como una perra.

Se hizo el silencio, todas se imaginaron lo que se tenía que sentir con esa cosa entrando en su interior, bueno, Cristina nunca había visto a José empalmado así que solo pudo elucubrar como debía tenerla de grande para hacer que Viviana chillase de esa forma.

CRISTINA- Y lo que duró ¿A vosotras os parece normal un polvo tan largo?

Viviana había oído cuchicheos en el exterior de la cabaña y después de ver que el sol ya se había levantado se decidió a salir. En cuanto puso un pie fuera de la cabaña todas las miradas se dirigieron hacia ella, para colmo Berta comenzó a aplaudirla y todas las siguieron.

Plas, plas, plas.

BERTA- Vaya fiestecita que tuvisteis anoche, ehhhh...

Viviana se sonrojo completamente.

LORENA- Anda, siéntate y cuéntanos que hicisteis, que por lo visto lo tuvisteis que pasar muy bien.

Viviana se sentó con ellas y notó que todas guardaban silencio mientras la miraban esperando que hablase.

VIVIANA- ¿Pero que queréis que os cuente?

BERTA- Por mí cuéntanos todo lo que pasó desde que entraste en tu cabaña hasta que te quedaste dormida.

LORENA- Y no te dejes nada, si te sacaste un pelo de la boca quiero saberlo, jajaja.

VIVIANA- Esas cosas no se cuentan.

CRISTINA- Dinos por lo menos como la tiene de grande.

Era algo que a Cristina le daba mucha curiosidad, a ella le encantaba sentir como la abría la polla de su marido y no se podía imaginar cómo sería meterse algo más grande, así que tenía cierto interés morboso en saber si José superaba a su marido.

BERTA- Por como gemías te la tiene que haber clavado hasta sacártela por la boca.

VIVIANA- Pues sí, me dejó muy satisfecha, la verdad.

CRISTINA- ¿Pero como es de grande?

VIVIANA- Pues más de un palmo. - Dijo mientras mostraba su mano extendida.

Cristina sintió que su sexo se mojaba al imaginar semejante herramienta.

BERTA- ¿Y te la metiste entera? ¿No es eso mucha polla para ti?

VIVIANA- Enterita, pero sí, es mucha polla para mí, hubo momentos en que pensé que me iba a desmayar y además todavía me tiemblan las piernas.

Todas estaban sintiendo como se mojaba su ropa interior.

LORENA- Pues ya verás el día que le dé por practicar sexo anal, jajaja.

Cristina casi pensó que se estaba meando, había veces que su marido se ponía muy bruto y la sodomizaba, al principio siempre le dolía pero luego le encantaba sentir como la llenaba los intestinos con su polla. Recordó la última vez que había sucedido, ella estaba tranquilamente cocinando cuando su marido apareció detrás de ella, la dobló sobre la encimera, le bajó las bragas de un tirón y comenzó a presionar la polla contra su esfínter sin ningún tipo de preparación. Ella suplicó para que no le hiciera eso, le ofreció chupársela o dejar que se la follase todo lo que quisiera pero no hubo manera, sus súplicas no tuvieron ningún efecto, se la clavó sin miramientos mientras le decía que ese día quería reventarla el culo y que se lo iba a taladrar hasta que no pudiera sentarse. Al principio lo paso bastante mal pero acabo gozando muchísimo y cuando sintió como le llenaba los intestinos de lefa mientras le decía que era una zorra por disfrutar de aquella manera con una polla en el culo se corrió a lo bestia. No podía imaginarse lo que sería tener algo todavía más grande clavado en su trasero.

BERTA- Joder que bestia eres, como le meta eso por el culo la revienta.

VIVIANA- Ya siento que me revienta metiéndomela por otros sitios así que imagínate, jajaja.

LORENA- ¿Y se la chupaste?

VIVIANA- No, eso no lo hicimos.

BERTA- ¿Por qué? ¿No te gusta chupársela? Tiene que ser una pasada sentir eso en la boca.

VIVIANA- Y lo es, te llena la boca solo con el capullo, pero ayer no nos dio por ahí.

CRISTINA- ¿Así que ya se la has chupado?

VIVIANA- Si, hemos hecho de todo.

BERTA- ¿Y a ti también te lo ha comido?

VIVIANA- Si, es increíble la habilidad que tiene con la lengua.

LORENA- Joder, tal y como lo estás poniendo parece que hayas encontrado al hombre perfecto, encima estuvisteis mazo de rato, no me puedo creer que todo ese tiempo estuvierais follando sin que se corriese.

VIVIANA- Pues fóllatelo tú y lo compruebas.

BERTA- Me parece que vamos a tener que creerte sin necesidad de más pruebas.

VIVIANA- En serio que creo que deberíais probarlo, yo no sé si a mí me pasa algo raro en esta isla o es él, pero no me hubiera podido imaginar lo que se puede disfrutar con el sexo antes de hacerlo con José. Me gustaría que lo probaseis y me dijeseis si he estado engañada toda la vida o José es un bicho raro.

LORENA- Joder Vivi, lo pintas de una manera... ¿No te estarás enamorando?

VIVIANA- Que va, es un tío muy majo, pero ya está, a mí me gustan un poco más malotes.

BERTA- Por eso fuiste la primera en divorciarte, los malotes como maridos son una mierda.

CRISTINA- Callaros que por ahí vienen.

Todas se giraron para ver como José transportaba con dificultad la cesta con los peces y Fabiola sostenía como si fuese un trofeo algo parecido a una langosta.

JOSÉ- Tenéis que ver el pedazo de pez que ha pescado Fabiola, nos ha costado un horror sacarlo del agua.

FABIOLA- Bueno, yo diría que lo hemos pescado entre los dos, que tú no has soltado la caña en ningún momento.

Cuando Viviana vio el pez, lo primero que se le vino a la cabeza fue le imagen de José frotándose contra el cuerpo de Fabiola para ayudarle a sacarlo del agua, estaba segura de que a José se le habría puesto dura y ella lo habría notado. Decidió que sería una de esas cosas que le pediría que le contase por la noche.

JOSÉ- Ha sido su primera captura, eso es empezar con buen pie y lo demás tonterías.

VIVIANA- Sí, seguro que has disfrutado mogollón pescándolo ¿Verdad?

Fabiola notó el doble sentido de las palabras de Viviana y no le quedó claro si le estaba reprochando algo o era solo una bromita, así que decidió seguirle el juego a ver por dónde iba.

FABIOLA- Buff, se ha puesto muy dura la cosa, pero al final lo hemos conseguido entre los dos.

VIVIANA- Cuanto más duro se pone algo más satisfacción da conseguirlo, seguro que te has vuelto una aficionada a la pesca y estás deseando repetir.

Por la cara de pilla que estaba poniendo Viviana quedó claro solo la estaba vacilando un poco.

FABIOLA- Pues sí, me ha encantado, ha habido momentos un poco tensos sacando los peces del agua pero por mí me hubiera quedado todo el día pescando con José.

BERTA- Pues a mí me parece que tiene que ser un poco rollo.

VIVIANA- El día que lo pruebes te va a encantar, créeme.

JOSÉ- Me quedaría todo el día hablando sobre pesca con vosotras pero tenemos un montón de cosas que hacer, vamos a preparar el pescado mientras termináis de desayunar y luego nos organizamos ¿Os parece bien?

LORENA- Sí, que ya va siendo hora de ponerse en marcha.

Al final decidieron que Viviana se iría con Lorena y Fabiola a por frutos y José se quedaría con Cristina y Berta para ir haciendo el horno.

VIVIANA- Puff, no sé yo si estoy preparada para ser la que coja los frutos, igual cojo alguno que no debo y os enveneno.

JOSÉ- Estoy seguro de que vas a hacerlo fenomenal, de todas formas, si quieres, cuando volváis reviso lo que traigáis para que te quedes más tranquila.

LORENA- Venga, vámonos ya, que luego hay que hacer la comida y se tarda un rato.

Las chicas se fueron y se quedó José con Cristina y Berta en el campamento.

JOSÉ- Lo primero es ir a por barro, hay un sitio, río arriba, que está un poco empantanado y es perfecto, va a darnos bastante trabajo traerlo hasta aquí y además nos vamos a poner pringando, avisadas estáis.

CRISTINA- Pues entonces voy a cambiarme.

Cristina optó por ponerse el vestido más corto que tenía y las braguitas más sensuales, estaba decidida a comprobar cómo de grande la tenía José.

Cuando José la vio aparecer, lo primero que pensó es que esa mujer no había trabajado en la vida, a nadie se le ocurriría ir con ese vestidito a rebozarse en el barro.

Cogieron la tela de una de las velas del barco de José para meter ahí el barro y así poder transportarlo, luego se fueron río arriba. Durante el camino José se dio cuenta de que iba a tener que disimular mucho sus miradas porque con lo cortos que eran los vestidos se les veía el principio de las nalgas en cuanto había que esforzarse un poco para subir alguna roca, así que cuando se pusieran a trabajar aquello iba a parecer un desfile de ropa interior.

Cuando llegaron al lugar, las dos mujeres se miraron con cara de asco, era un auténtico barrizal, en cuanto pusieron los pies dentro se quedaron pegadas, era muy difícil moverse ahí dentro, tenían que llevar mucho cuidado si no querían quedarse atrapadas.

Al principio de estar recogiendo el barro a José no le costó demasiado disimular las miradas, pudo ver algún trozo de nalga cuando las chicas se agachaban o algún canalillo pero no le resultó demasiado desconcentrante. Lo malo fue que según se iba mojando la ropa los vestidos se les pegaban más al cuerpo, dejó de poder verles el canalillo pero a cambio podía percibir perfectamente la forma de los pechos de Cristina porque iba sin sujetador y el vestido se le adhería al cuerpo como una segunda piel, además las dos acabaron con los pezones completamente endurecidos por culpa de la ropa mojada y la suave brisa. Pero eso no era lo peor, cuando se agachaban sus nalgas quedaban casi completamente a la vista, las de Cristina no eran gran cosa, por lo menos desde el punto de vista de José, tenía un culo bastante pequeño que puede que se adaptase muy bien a los cánones de belleza y además llevaba unas preciosas bragas azules muy transparentes que le dejaban ver la separación de sus nalgas, pero lo que atraía la vista de José sin remedio eran las generosas posaderas de Berta aunque se mantuviesen bastante más tapadas que las de su amiga. Cada vez que se agachaba a por barro José recordaba el incidente del día anterior en el árbol y notaba como le picaba la entrepierna.

Cristina se dio cuenta de que Berta estaba acaparando casi toda la atención de José y aunque era indiferente para su objetivo de poder descubrir el tamaño real de lo que escondían esos pantaloncitos, le tocó un poco la autoestima, ella se había puesto de lo más provocativa y Berta iba vestida completamente normal, no podía ser que se llevase ella todas las miradas, así que decidió jugar un poquito más fuerte. Cada vez que se agachaba evitaba flexionar las rodillas dándole a José una perspectiva inmejorable de su trasero. Él no tardó en darse cuenta de ese detalle y empezó a tener un serio problema de concentración, la postura que adquiría Cristina al agacharse le permitía ver la zona de su vagina y las braguitas que llevaba eran tan transparentes que le dejaban incluso apreciar sus labios.

José comprendió inmediatamente que tenía un problema, su polla estaba creciendo por momentos y ni siquiera podía colocársela para disimular un poco, en cuanto tocase su pantalón acabaría lleno de barro. Cristina se sintió orgullosa cuando vio que el bulto de José empezaba a crecer, pensó que si seguía con aquella táctica era posible alcanzar su objetivo pero José decidió cortar esa situación ya que podía ser muy comprometida para él.

- Bueno chicas, yo creo que con esto ya tenemos suficiente para empezar y si cargamos más luego va a ser muy difícil llevarlo.

A Berta le pareció bien y a Cristina no le quedó más remedio que asentir y emprender el camino de vuelta.

José pensó que había logrado evitar una situación muy incómoda pero cuando se pusieron a trabajar para hacer el horno todo se complicó aún más. Decidieron que se sentarían los tres formando un triángulo y que cada uno iría haciendo el trozo de pared del horno que quedaba entre sus piernas. Las chicas demostraron tener una flexibilidad muy buena y se sentaron con las piernas completamente abiertas, además Cristina se despreocupó completamente de que su vestido tapase su entrepierna. Berta si que intento que su vestido ocultase lo que debía pero cada vez que se movía para coger más barro dejaba a la vista sus pequeñas bragas y en alguno de esos movimientos a José le había parecido que algo de su vello púbico escapaba de la prenda.

José no sabía que hacer, si miraba a Cristina podía apreciar hasta el color rubio de los pelitos de su sexo a través de la transparente tela de sus bragas, eso le estaba calentando terriblemente, su polla ya tenía un tamaño considerable y no dejaba de crecer mientras le daban unas ganas insoportables de hundir su cabeza entre esos preciosos pelitos color oro. Pero también quería estar atento a los movimientos de Berta, el reducido tamaño de su ropa interior le daba la esperanza de que en cualquier movimiento pudiese llegar a ver algo de su sexo.

Cristina no quitaba ojo a la entrepierna de José, se le marcaba perfectamente en el pantalón gracias a que este estaba mojado y que en algún momento el tamaño de su polla había rebasado el de la tela del calzoncillo. Podía incluso apreciar la forma de su glande, y lo mejor era que había superado claramente el calibre de la de su marido y seguía creciendo, si seguía así en algún momento iba a asomar la cabeza por la pernera.

José tenía una lucha interna, por un lado debía huir de esa situación si no quería que las chicas se acabasen dando cuenta de la tremenda erección que se le había formado, pero por otro lado no quería perderse el espectáculo que le estaban dando. Al final logró imponerse su lado cobarde.

JOSÉ- Uy que poco barro queda, voy a por más, vosotras podéis seguir haciendo el horno mientras tanto, con un poco de suerte vuelvo antes de que se os acabe.

BERTA- Te acompaño que me estoy quedando acartonada sentada en esta postura, además así terminamos antes, yo creo que Cristina se basta para acabar de gastarlo mientras nosotros traemos más. Venga, nos lavamos las manos y vamos para allá.

José pensó que, aunque Berta le acompañase, podría conseguir que se le bajase la erección y además tampoco tenía ninguna excusa para oponerse.

Cristina estaba contenta con haber conseguido que José se empalmara y haber visto cuanto le podía crecer, no estaba segura del todo de que hubiese alcanzado su máximo potencial pero le valía para hacerse una idea y para que su imaginación jugase fantaseando con ser penetrada por tan increíble polla. No le pareció mal quedarse un rato sola, con un poco de suerte conseguiría calmarse antes de que regresaran, lo necesitaba, ella no quería ser infiel a su marido y la visión de ese tremendo pollón la estaba haciendo calentarse hasta unos grados que la hacían dudar de que pudiera contenerse y no abalanzarse a engullirlo.

Berta notaba un hormigueo considerable en su sexo, la visión de la polla de José marcándose completamente contra su pantalón no la había dejado indiferente pero esperaba que con el paseo y un poco de sudar recogiendo barro se le pasase. Mientras andaban río arriba Berta iba abstraída pensando que era imposible que Viviana se hubiera metido todo eso, tendría que llegarle por lo menos hasta el esternón. Se distrajo demasiado en sus pensamientos y pisó mal, cayó al suelo y notó cierto dolor en el tobillo, se quedó sentada y se agarró la zona dolorida.

- ¿Estás bien?

- Buff, no lo sé, me he torcido un poco el tobillo y me da cosa apoyarlo.

- Déjame que te lo revise.

José se colocó en cuclillas en frente de ella y Berta levantó la pierna para acercarle su tobillo, en cuanto lo hizo, José pudo ver toda su zona púbica tapada únicamente por sus diminutas bragas, para colmo ella mantenía las piernas abiertas a los lados de su cuerpo y él podía disfrutar de una visión inmejorable. Mientras probaba a mover con cuidado el tobillo de Berta no podía apartar la mirada de su entrepierna, veía claramente como su vello rebosaba por los laterales de la tela y no podía evitar pensar que cuando se lo contase a Viviana iban a acabar follando como salvajes.

- ¿Te duele?

- No, pero me molesta un poco cuando lo mueves hacia la derecha.

Berta era consciente de que estaba mostrándole las bragas a José y encima con las piernas abiertas, pero ya que él se estaba preocupando tanto no quería hacerle sentir incómodo haciendo un gesto brusco para taparse, además se estaba quedando hipnotizada viendo como le palpitaba la polla bajo el pantalón y su pequeño diablillo interior la empujaba a seguir provocándole.

Mientras José seguía moviéndole con cuidado el tobillo ella se iba calentando más y más. Las furtivas miradas que él le echaba a la entrepierna eran seguidas de pequeños respingos de su polla y ella sentía como su sexo se iba mojando al tiempo que crecía el hormigueo en su vientre, ambas cosas la excitaban, esas miradas llenas de deseo la encendían y esa forma que tenía la polla de José de decirle que ansiaba explorar su interior le daba unas ganas tremendas de complacerla. Se descubrió a sí misma abriendo un poco más las piernas y llevando ligeramente la pelvis hacia José, no recordaba haberse calentado de esa manera con ninguna otra polla y decidió que por lo menos tenía que verla.

- José

- Dime

- ¿Otra vez se te ha puesto dura mirándome las bragas?

José pensó que no había escapatoria posible, Berta tenía que estar pensando que era un salido sin remedio.

- Perdona, es que...

- Se te ha puesto muy grande.

José no sabía que responder mientras notaba como sus mejillas ardían.

- Yo creo que me la podrías enseñar, tú me has visto ya dos veces las bragas y yo nunca he visto una de ese tamaño.

José la miró incrédulo por lo que acababa de oír, estaba sin palabras, además le parecía que le estaba echando mucha cara, una cosa era ver unas inocentes bragas de forma accidental y otra sacarse la polla para que se la mirase todo lo que le diese la gana. Berta también se dio cuenta de que igual era una proposición bastante injusta y pensó que tampoco pasaba nada por igualarla un poco.

- Bueno, admito que es echarle algo de morro, para que estemos igual, si me dejas vértela te dejo que me quites las bragas.

La polla de José dio un respingo al oírla, eso sí era una propuesta que no podía rechazar.

- Ehhh, vale, me parece justo.

- Venga, tú primero que a mí me da mucho palo.

José pensó que él también se iba a morir de vergüenza, además estaba completamente empalmado lo que lo hacía todavía peor, pero era un sacrificio aceptable a cambio de ver lo que tenía Berta entre las piernas.

José se levantó sin mirarla a la cara, pensó que cuanto antes pasase el mal trago mejor y se bajó de un tirón los pantalones y los calzoncillos dejando su miembro completamente expuesto a la mirada de Berta. Ella sintió como su sexo chorreaba al ver salir de un brinco la polla de José de sus pantalones y para colmo se quedó apuntando directamente a su cara. No podía apartar la vista de ella, tenía el glande completamente hinchado y se le marcaban las venas, le parecía imposible que Viviana hubiera podido metérsela entera. A José le dio una vergüenza tremenda estar completamente empalmado justo delante de la cabeza de Berta, así que rápidamente se volvió a sentar entre sus piernas y se dispuso a disfrutar de la visión que el esperaba.

- Ya he cumplido mi parte del trato, ahora te toca a ti.

- Vale, puedes quitarme las bragas.

- ¿Pero no te vas a levantar?

- Me da cosa por el tobillo, puedes quitármelas igualmente estando sentada ¿No?

- Ehhh, si claro.

José se arrodilló entre las piernas de Berta y ella se subió el vestido descubriendo completamente su ropa interior para que él pudiese acceder a ella. José le dirigió una mirada antes de llevar las manos hasta el lateral de las bragas y tratar de bajárselas. Ella vio que le estaba costando, así que levantó ligeramente el culo del suelo para facilitarle la operación, después lo volvió a apoyar y sintió el terreno directamente contra la piel de sus nalgas. José retiró las bragas hasta que no pudo bajarlas más porque Berta continuaba con las piernas abiertas a los lados de su cuerpo. Era una visión tremendamente sugerente para él, tener a aquella mujer con las bragas por las rodillas y abierta de piernas justo enfrente de él hizo que su polla se pusiera a palpitar exageradamente. A Berta le pareció que no podía quedarse con las bragas a medio bajar, eso era peor que quitárselas del todo, así que levantó una pierna por encima de la cabeza de José para que él pudiese sacar al menos un lado por ella. El movimiento de Berta provocó que José pudiese verle el principio de sus labios y el clítoris, que le pareció que estaba hinchado. Le costó un poco reaccionar pero consiguió sacar las bragas por la pierna levantada de Berta y cuando ella volvió a apoyarla en el suelo, él sentía que la polla le iba a reventar.

Ella estaba fascinada con la forma tan exagerada que tenía de palpitar y sintió el impulso de provocar que aquello durase el mayor tiempo posible, llevó una mano hasta el final de su vestido y lo levantó para que José pudiese seguir viendo su sexo. Pensó que no podía dejar pasar esa ocasión sin sentir como latía esa tremenda polla y con un poco de vergüenza probó suerte.

- Te está palpitando muchísimo ¿Me dejas tocarla? Es que quiero probar como se siente.

José volvió a alucinar con la proposición de Berta pero pensó que si jugaba bien sus cartas ella no podría negarse a permitirle algo parecido.

- Ehhh, si, vale.

Berta agarró la polla de José tímidamente.

- Buff, la tienes durísima y te palpita mogollón.

- A mí también me gustaría tocarte.

Tal y como estaba de caliente era un poco arriesgado dejar que José pusiera las manos sobre su sexo pero habría sido muy injusto negarse.

- Puff, bueno, es lo justo, puedes hacerlo pero tampoco te pases.

José alargó su mano hasta tocar el sexo de Berta, estaba empapado. No pudo contenerse y restregó la mano por él, prestando especial atención a sus labios y su clítoris. Al notar como José acariciaba su intimidad sintió una descarga de placer recorrerla.

- Ummm, José, eso es algo más que tocar.

José notó como la mano de Berta empezaba a moverse sobre su polla iniciando una suave paja y se envalentonó para volver a acariciar su sexo haciendo algo más de presión. Ella lo había hecho de forma completamente involuntaria, no entendía muy bien lo que le estaba pasando pero no podía parar, la dureza de ese pollón la tenía fascinada.

- Ufff, José, te estás aprovechando un poco ¿No te parece?

José notaba como la mano de Berta iba cogiendo ritmo mientras la suya iba haciendo cada vez más presión sobre su sexo al tiempo que aprovechaba para acariciarla el clítoris. Ella sentía que se estaba descontrolando, ese hombre sabía exactamente como tocarla para que perdiese los papeles.

- Ummm, José, como sigas así...

- Me estás poniendo muchísimo, no puedo parar ahora.

Ella había llegado a un punto en el que tampoco quería parar pero temía que si seguían así se iba a acabar follando al tío que se tiraba a su amiga y eso no podía ser, así que se le ocurrió una solución de compromiso.

- Te hago una paja y ya ¿Vale?

José pensó que con una simple paja iba a ser difícil que él llegase al orgasmo, pero estaba tan excitado que con un poco de suerte y algo más de motivación era posible que pudiese valer.

- Igual se alarga demasiado, podrías dejarme que te toque también las tetas para acelerar la cosa.

A Berta le pareció una petición casi infantil, comparado con lo que tenía ella ganas de hacerle eso era un juego de niños.

- Haz lo que quieras con mis tetas.

José continuó masturbándola al tiempo que llevaba la mano hasta uno de sus pechos y se lo amasaba. Pudo notar el pezón totalmente endurecido a pesar de estar cubierto por el sujetador y el vestido, lo estrujó entre sus dedos mientras seguía aferrándose al pecho de Berta. Ella sintió que había traspasado el límite y ya no podía pensar racionalmente, la mano de José estaba haciendo estragos en su sexo y la presión sobre su pezón le añadía otra capa de placer. Seguía pajeándole con pasión pero ya solo podía pensar en metérsela en la boca, le estaba pareciendo la cosa más apetecible del mundo. Entre que la notaba dura como el hierro al tiempo que palpitaba sin parar en su mano, y que veía como el glande se hinchaba hasta parecer que iba a explotar, sentía que necesitaba probar como sería tener aquello golpeando contra su paladar.

- José por favor, córrete ya, no aguanto más.

En vez de responderle, José metió los dedos en su vagina y comenzó a penetrarla con ellos.

- ¡Ahhhh! José, me voy a correr ¡Ahhh!

Él aumento el ritmo con el que la penetraba y pellizcó con más fuerza su pezón, ella sintió que una nueva ola de placer la inundaba y estalló en un orgasmo. José notaba como Berta se aferraba a su polla mientras se corría y no le dio tregua, le retorció el pezón mientras le clavaba los dedos con furia hasta que ella emitió un largo gemido y se dejó caer de espaldas en el suelo.

José se quedó con la polla huérfana, de rodillas entre las abiertas piernas de Berta mirando su sexo totalmente empapado y abierto, solo podía pensar en follársela allí mismo. Berta le vio totalmente empalmado, con el miembro apuntado hacia su sexo y con una cara que era la viva imagen de la lujuria así que comprendió perfectamente lo que estaba pensando José, no es que ella no tuviera ganas de que eso sucediese, pero no lo podía permitir.

- Anda, ven y te la chupo un poco. - dijo con la voz todavía afectada por el orgasmo que acababa de tener.

José se puso de rodillas al lado de la cabeza de Berta y dejó la polla al alcance de su boca. A pesar de haberse corrido salvajemente instantes antes, en el momento en que Berta vio la polla de José acercarse a su cara sintió un impulso irrefrenable hacia ella. La agarró y se la introdujo en la boca como si estuviera hambrienta, en cuanto José sintió como se la succionaba volvió a llevar una mano hasta el sexo de Berta para masturbarla de nuevo y con la otra se agarró a una de sus tetas.

Mientras todo eso ocurría, Cristina había terminado con todo el barro que le habían dejado y pensó que lo mejor era ir a ayudarles a traer más, así que se lavó las manos y se fue a buscarles. Todavía estaba yendo río arriba cuando empezó a escuchar unos ruidos un poco raros, decidió ir con cuidado hasta ver lo que era, tenía un poco de miedo de encontrarse algún animal salvaje. Cuando por fin pudo ver de dónde provenían los ruidos se quedó de piedra, eran sus amigos, Berta estaba tumbada en el suelo, con las piernas abiertas y sin bragas, mientras que José, totalmente empalmado y con la polla al aire, se movía hasta ponerse de rodillas al lado de la cabeza de su amiga. Cristina se llevó una impresión monumental, no era lo mismo ver como se le marcaba en el pantalón que poder observarla libre y en todo su esplendor, todavía le impresionó más ver como su amiga agarraba esa increíble polla y se ponía a devorarla con auténtica pasión. Con mucho cuidado para que no la oyesen buscó un sitio entre la maleza que le procurase una buena perspectiva de lo que estaba sucediendo sin que la pudieran ver y se dispuso a disfrutar del espectáculo.

Berta estaba totalmente concentrada comiéndose esa polla, nunca había tenido algo semejante en la boca, la impresionaba mucho como se la llenaba, además era de lo más agradecida y expresiva. Cuando José volvió a poner la mano sobre su sexo la sintió palpitar exageradamente, le gustó mucho poder percibir cuánto le excitaba, y en cuanto le agarró un pecho volvió a notar sus latidos. Le estaba encantando comerse esa polla y para colmo, su sexo estaba disfrutando otra vez de lo lindo con las atenciones que estaba recibiendo.

José viendo que Berta parecía estar totalmente ensimismada en la maravillosa mamada que le estaba procurando, metió la mano por dentro de su vestido para poder tocar sus pechos sobre el sujetador, viendo que ella no protestaba porque estuviera avanzando sin permiso se decidió a meterla por dentro del sujetador y así poder acariciar directamente la piel de sus pechos a la vez que le estrujaba el pezón sin la molesta tela de por medio. Al hacerlo sintió como Berta le succionaba la polla aún con más empeño y se decidió a masturbarla con más energía.

Berta no se lo podía creer, si seguía así ese tío iba a conseguir que ella se corriese por segunda vez antes de que él eyaculase, y eso que estaba haciéndole una mamada de campeonato.

José notaba que cuanto más ganas ponía él en frotarle el clítoris, más empeño ponía ella en la mamada, así que se decidió a volver a meterle los dedos y rápidamente sintió como se ahogaban pequeños gemidos contra su polla.

Cristina estaba alucinando, veía como su amiga disfrutaba comiéndose esa impresionante polla y se moría de envidia, le encantaría sentir como se le clavaba hasta la garganta esa monstruosidad. Con un gesto casi instintivo llevó una mano hasta el final de su vestido, se lo subió y deslizó la mano dentro de sus bragas, en cuanto empezó a acariciar su clítoris sintió un placer desbordante, haber estado provocando a José la había excitado muchísimo y además poder espiar a su amiga mientras daba semejante espectáculo era de lo más morboso, notaba que su sexo estaba hipersensible y cada caricia sobre él la procuraba descargas de placer.

José notaba, por como le estaba comiendo la polla, que Berta se acercaba cada vez más al orgasmo y pensó que a ella no le importaría demasiado que le viese las tetas, él estaba deseando hacerlo desde que hace unos días le había visto parte de la aréola escapando de su sujetador. Mientras aumentaba la intensidad de las penetraciones que le estaba propinando con sus dedos, tiró suavemente de su vestido y su sujetador hacía abajo hasta dejar uno de sus pechos a la vista, le parecieron preciosos con su marca del bikini perfectamente delimitada y su pezón totalmente endurecido, se tomó unos instantes para contemplarlo y luego volvió a amasárselo al tiempo que se lo estrujaba.

Berta notó que José cada vez la masturbaba con mayor intensidad y le quedó claro que no iba a tardar mucho en llegar al orgasmo. Después sintió que le descubría uno de los pechos e inmediatamente su polla se puso a palpitar exageradamente dentro de su boca, eso la calentó aún más, pero lo mejor llegó cuando le pellizcó el pezón y fue como si accionase un interruptor, se empezó a correr tan salvajemente que tuvo que sacarse la polla de la boca para poder gemir a gusto. A José le encantó ver la cara de placer que ponía mientras gemía suavemente y se esforzó por darle todo el placer posible, se puso a clavarle los dedos frenéticamente y a retorcerle el pezón sin piedad hasta que terminó de correrse.

Mientras tanto, Cristina no se perdía detalle de lo que estaba ocurriendo, le encantaría que su marido se preocupase de masturbarla de aquella manera mientras le obligaba a comerle la polla. Hacía un rato que había metido también su otra mano dentro de las bragas para poder meterse los dedos al mismo tiempo que se frotaba el clítoris, le estaba resultando de lo más morboso poder espiar a Berta en esas circunstancias. Su amiga cada vez le estaba dando más envidia y cuando vio que soltaba el miembro de José para empezar a correrse al tiempo que él le castigaba el sexo sin piedad, casi se corre ella también, se había quedado a punto, si no fuera porque temía que se le escapasen gemidos si se clavaba los dedos con más intensidad lo habría conseguido.

José estaba tremendamente excitado y no tenía ninguna intención de parar, viendo lo agradecido que era el sexo de Berta decidió darle a conocer su especialidad, estaba seguro de que con una buena comida de coño la iba a dejar completamente satisfecha. Se puso a cuatro patas sobre ella, en la postura del sesenta y nueve, para empezar a pasar suavemente la lengua por sus labios.

- José, no es necesario, ya he tenido dos orgasmos maravillosos.

Él la ignoró por completo y siguió deleitándose con la increíble cantidad de jugos que brotaban de su vagina. Poco a poco fue aumentando la intensidad de sus lametones hasta que decidió centrarse en el clítoris, empezó dándole suaves pasadas con la lengua para ir poco a poco haciéndolo con más fuerza hasta que aprisionó el clítoris entre sus labios y se puso a succionárselo. En ese momento sintió que Berta volvía a meterse su polla en la boca y retomaba la mamada. Él sabía que no iba a aguantar mucho más sin correrse, así que se esmero en hacer que ella disfrutase todo lo posible.

Cuando Cristina vio que su amiga volvía a engullir con ansia la polla de José, volvió a clavarse los dedos frenéticamente. Está vez estaba decidida a llegar al orgasmo pasase lo que pasase, no aguantaba más. Apretó los labios para no gemir, se puso a frotarse el clítoris compulsivamente y a meterse los dedos con todas las ganas que tenía atrasadas hasta que se corrió viendo como José le clavaba los dedos a su amiga mientras seguía con la cabeza incrustada en su sexo y como ella se esforzaba por meterse esa gigantesca polla hasta el estómago.

José notaba que Berta se estaba aplicándolo con verdadera desesperación en la mamada y sabía que su eyaculación era inminente así que le metió los dedos con furia otra vez en la vagina mientras le succionaba el clítoris como si quisiera arrancárselo. Ella recibió tal descarga de placer que nuevamente se empezó a correr sin remedio, pero está vez no soltó la polla, al contrario, le dieron ganas de metérsela hasta el fondo, agarró a José por el culo y le obligó a clavársela hasta que no pudo aguantar que entrase más profundo. José sintió que iba a eyacular y separó su cabeza del sexo de Berta para avisarla.

- ¡Me corrro!

La reacción de Berta fue instintiva, basculó la pelvis mientras que, con la mano que tenía libre, agarró la cabeza de José y la incrustó de nuevo contra su sexo, estaba en mitad del orgasmo más maravilloso de su vida y por nada del mundo quería que terminase. José volvió a succionarle el clítoris con todo el ansia que le proporcionaba el orgasmo y comenzó a eyacular en la garganta de Berta, ella mantenía la cabeza de José hundida en su sexo mientras sentía como la polla le palpitaba exageradamente en su boca y empezaba a soltar sin parar chorros de lefa contra su campanilla. Cuando terminó su orgasmo, quitó la presión que ejercía sobre la cabeza y la cintura de José, él se separó de su sexo para coger aire y sacó la polla de la boca de Berta aunque aún estaba escupiendo los últimos restos de semen que fueron a caer sobre su cara.

El orgasmo de Cristina había terminado unos momentos antes, pero aún así se quedó quieta para ver el final del espectáculo, había sido brutal y además le encantó ver como la polla de José escupía las últimas gotas de lefa entre espasmos. A pesar del increíble orgasmo que se había proporcionando no podía decir que se hubiese quedado tranquila del todo después de presenciar semejante exhibición.

José se dejó caer al lado de Berta en el suelo y esperó un tiempo prudencial para ver si continuaban con su labor.

- ¿No crees que deberíamos ir yendo a por el barro? Cristina ya se debe estar preguntando porque tardamos tanto.