Xtories

La isla 4/24

La isla 4/24. Viviana creía que sus mejores días de placer habían quedado atrás, hasta que el naufragio la llevó a una playa donde José la esperaba. Ahora, el agua salada no es lo único que las moja; con cada marea, las ganas de repetir se intensifican y las amigas comparten secretos que podrían cambiarlo todo.

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Viviana llevo a Berta hasta la poza para que se pudiese bañar por primera vez.

BERTA- Pues no está tan fría, no me parece necesario haber montado todo ese tinglado para ducharse con agua caliente.

VIVIANA- Parece ser que José se ha aburrido bastante aquí solo, me dijo que llegó un momento en que se buscaba cosas para hacer principalmente por no aburrirse, además, yo creo que es bastante friolero.

BERTA- Oye, una cosa ¿Te has dado cuenta de que José se ha empalmado mientras estábamos haciendo el armario?

VIVIANA- Si que me lo ha parecido, pero yo creo que es normal, piensa que lleva un montón de tiempo aquí solo sin ver a ninguna mujer.

BERTA- Debe estar muy necesitado el pobre para que se le ponga dura solo con vernos.

VIVIANA- Hombre, solo con vernos no ha sido, a mí me ha parecido que le dabas unas panorámicas bastante buenas de tu escote.

BERTA- Oye, que no lo he hecho aposta. Lorena le enseñaba las bragas cada vez que se rascaba y tenías que haber visto con qué cara te miraba el culo cada vez que te ponías a atar los nudos a cuatro patas, vamos que ahora no me eches la culpa a mí.

VIVIANA- Si no te echo la culpa, solo digo que no me parece tan raro que se haya empalmado. Y eso de que no lo hacías a aposta... Que nos conocemos mucho, a mí no me la cuelas.

BERTA- Bueno, igual podría haber sido un poco más discreta, pero es que es muy divertido ver como se pone con tan poca cosa y sus intentos por disimular son bastante cómicos, además ¿No te ha parecido que está muy bien servido?

VIVIANA- Si, era muy gracioso ver como intentaba disimularla, a mí me parecía imposible que eso no se notase.

BERTA- Y tú que llevas aquí un tiempo ¿No le habías visto nunca empalmado?

VIVIANA- Si, alguna vez, no te imaginas como se le pone cuando duerme.

BERTA- ¿Más de lo que hemos visto?

VIVIANA- Buff, mucho más, es un escándalo.

BERTA- ¿Y llevando tanto tiempo divorciada, y por lo que me has dicho sin probar varón, no te ha dado por intentar algo con él?

VIVIANA- Un poco sí, yo no sé que me está pasando en esta isla pero creo que estoy despertando de mi letargo sexual.

BERTA- Ummm, vaya ¿Y han dado resultado tus intentos?

VIVIANA- Yo diría que sí.

BERTA- Que calladito te lo tenías, cuéntame ¿Qué has hecho?

VIVIANA- Yo diría más bien 'Qué hemos hecho'

BERTA- Umm, esto se pone cada vez más interesante, venga dime que ha pasado.

VIVIANA- Pues esta mañana hemos hecho cosas.

BERTA- Ahhhh, lo he visto en tu cara, se te veía super feliz cuando hemos llegado. Vamos que ha ido bien la cosa ¿No?

VIVIANA- Si, ha ido muy bien.

BERTA- No sabes cuánto me alegro ¿Ya habéis hablado para ver si sois algo más? Yo os he visto super bien juntos.

VIVIANA- No, y no vamos a ser nada más, nos llevamos fenomenal y hemos hecho cosas, ya está, solo somos dos adultos en una isla desierta que han descubierto que se lo pueden pasar bien de muchas formas.

BERTA- A ver, adultos en una isla desierta somos todos ¿No te molestaría que alguna otra hiciera cosas con José?

VIVIANA- Mientras no lo deje seco y deje algo para mí...

BERTA- Vamos que piensas repetir.

VIVIANA- La verdad es que sí, en serio que no sé qué me pasa en esta isla pero se me han despertado las ganas, además el chico parece que sabe lo que hace, no te imaginas lo que he disfrutado.

BERTA- Con ese pollón no me extraña, jajaja.

VIVIANA- Joe, que bruta eres.

BERTA- Bueno, tú disfruta mientras puedas que igual te surge competencia, somos muchas y no hay más hombres por aquí cerca.

Cuando Berta y Viviana volvieron de bañarse José y Lorena habían terminado de colocar el armario en la cabaña y se lo enseñaron a Berta. A Lorena le había parecido fenomenal como quedaba y además les servía para separar espacios, aún estando en la misma cabaña era como si tuviesen habitaciones separadas.

BERTA- Muy buen trabajo chicos ¿Queréis que vayamos haciendo la cena ya?

JOSÉ- Yo todavía tengo que ducharme.

VIVIANA- Venga pues ve a ducharte mientras nosotras cocinamos. Hemos respetado tu agua calentita de la ducha, así que puedes usarla.

JOSÉ- ¡¡Muchas gracias chicas!!

Según José se fue, Berta tuvo que contárselo a Lorena, le estaba quemando en la boca lo que acababa de descubrir.

BERTA- Tía ¿Sabes que Viviana se ha follado a José?

LORENA- ¿En serio? Pues por como la miraba cuando estábamos con el armario, yo diría que se ha quedado con ganas de más, jajaja.

VIVIANA- No seas bicho, que a vosotras también os miraba.

BERTA- Pero no nos miraba con las mismas ganas, no intentes desviar la conversación, estamos hablando de que después de muchos años has vuelto a tirarte a un tío.

LORENA-¿Y que tal ha ido? ¿Os vais a casar ya? Jajaja.

VIVIANA- Que imbéciles sois, ya sabía yo que no os tenía que decir nada.

LORENA- Venga, nos dejamos de bromas, pero cuéntanos que tal ¿Piensas repetir?

BERTA- Ella no sé qué querrá hacer, pero a mí me parece que José no necesita pensárselo mucho, jajaja.

Berta sintió como Viviana le clavaba la mirada.

BERTA- Vale, vale, paro de decir tonterías y te dejo que respondas a Lorena.

VIVIANA- Pues la verdad es que si nos apetece yo no tengo intención de parar, no sé qué pensará José. En serio os digo que algo raro me pasa en esta isla que se me han despertado las ganas, igual es el aire puro o que estamos aquí medio asilvestrados, no sé, pero le veo y... Joe, es que nunca había disfrutado así con el sexo, no es que yo haya tenido muchas experiencias a parte de mi ex, pero este tío me ha hecho sentir como nunca.

LORENA- Pues fenomenal, tú si que vas a aprovechar las vacaciones, jajaja, además, por lo que he visto cuando montábamos el armario, parece que tiene con qué hacerte disfrutar.

BERTA- ¿Tú también te has dado cuenta de que se ha puesto...?

LORENA- Como para no darse cuenta, si hasta me han dado ganas de agarrársela para comprobar si era de verdad.

BERTA- Pues Viviana me ha dicho que a ella no le importa si alguna se anima a hacer cositas con José, así que por ella no te cortes.

LORENA- ¿Entonces no estáis saliendo ni nada parecido?

VIVIANA- No, no, nada parecido, si llevamos dos días aquí, casi que os diría que prefiero que alguna más lo pruebe porque me ha volado la cabeza, en serio que yo no sabía que se podía disfrutar de esa manera, no sé si soy yo que he estado desperdiciando mi vida o es que me he encontrado con un fuera de serie.

BERTA- Joe, como nos lo pintes así te dejamos sin tu caramelo.

LORENA- Y con lo que se adivina debajo de sus pantalones...

VIVIANA- Bueno, dejar el tema, que puede aparecer en cualquier momento.

Efectivamente José no tardó mucho en volver, en la ducha le habían vuelto a entrar ganas de masturbarse, pero entre que hubiera sido muy sospechoso que tardase mucho y que Viviana le había prometido compensarle por dejarle a medias, decidió darse una ducha rápida y volver al campamento. Al poco rato de llegar José estaban cenando, a él le pareció que las mujeres estaban más risueñas de lo normal, sobre todo Lorena y Berta que se reían por todo, él no pillaba las gracias la mitad de las veces, pero pensó que debían estar muy cansadas y eso les estaba afectando.

JOSÉ- Bueno pues ahora que hemos terminado de recoger, yo me quiero quedar haciendo otra nasa, pero vosotras si queréis podéis iros a dormir que se os ve muy cansadas.

BERTA- Que va, nosotras estamos estupendamente, dinos que quieres que hagamos y nos ponemos con ello. Igual Vivi es la que tiene más ganas de que nos vayamos todos a la cama, jiji.

Viviana la volvió a fulminar con la mirada y José pensó que no se darían cuenta, pero tenían que estar hechas polvo para tener así de floja la risa.

- Bueno, pues si queréis podéis ir haciendo unas mochilas, mañana las usaremos cuando vayamos a recolectar y no tengo suficientes para todas.

Todos se pusieron a trabajar bajo la luz de las velas en un ambiente de risas constantes. José fue el último en terminar, no es que hacer una nasa fuera mucho más complicado que montar una mochila, pero es que tuvo que estar todo el rato dándoles indicaciones para que pudiesen hacerlas y además Lorena seguía rascándose cada poco rato y le costaba concentrarse teniendo sus bragas a la vista cada dos por tres.

JOSÉ- Voy un momento a tirarla al mar, a ver si mañana conseguimos tener un poco más de marisco para cada uno, vuelvo enseguida.

VIVIANA- Vale, nosotras nos vamos yendo a la cama.

En cuanto José desapareció las chicas se pusieron a hablar bajito.

BERTA- Pero tía, que te has pasado todo el rato enseñándole las bragas a José.

LORENA- Es que quería dejárselo en bandeja a Vivi, jajaja.

VIVIANA- Ya, como que a ti no te gusta como te mira ¿No?

LORENA- Digamos que no me desagrada, venga chao que tengas una buena noche, jajaja.

Se fueron cada una a su cabaña y según entró Viviana en la suya se planteó que hacer, estaba ya notando cierto cosquilleo solo de pensar que podría volver a pasar algo con José, pero desde por la mañana no se le había pasado del todo el temblor de piernas y temía que como volviese a tener un encuentro con José no se iba a poder levantar al día siguiente, además no le hacía ninguna gracia que sus amigas la escuchasen gemir y sabía que le iba a ser imposible controlarse, así que dudo si cambiarse rápidamente y meterse en la cama a hacerse la dormida, o esperar un poco para que José la viese con el camisón e insinuarse un poco. Al final decidió ponerse el camisón y meterse en la cama, pero no se haría la dormida y que pasase lo que tuviese que pasar, eso sí, no podía follar con José, en todo caso se la chuparía un poco, tenía ganas de probar como se sentiría semejante polla en la boca, así al día siguiente podría andar sin parecer un pato mareado y además no dejaría a José con el calentón.

Cuando José llegó a su cabaña se encontró a Viviana metida en la cama con medio cuerpo fuera de las sábanas. Pensó que ese camisón le quedaba de fábula, incluso con la tenue luz de las velas se veía como se pegaba a su cuerpo y le marcaba cada curva. A Viviana le encantó ver el deseo en la mirada de José y se convenció de que esa noche iba a probar el sabor de su miembro, a su ex marido le gustaba mucho como lo hacía y quería demostrarle a José sus habilidades.

VIVIANA- Anda, métete en la cama que te habrás quedado helado en el acantilado.

JOSÉ- Bufff, si, pero solo con verte se me está pasando.

VIVIANA- No seas zalamero que he visto como miras a mis amigas.

José se sintió completamente descubierto y pensó que se le había acabado la fiesta en esa isla.

VIVIANA- Que no pasa nada tonto, que no me voy a enfadar por eso, que ya sé que tú y yo solo somos dos adultos que se lo pasan bien juntos.

José respiró aliviado y se metió en la cama en cuanto terminó de quitarse la ropa.

VIVIANA- Uy, pues si que estás frío, anda pégate a mí a ver si entras en calor.

Viviana estaba tumbada boca arriba y José la abrazó pegando su cuerpo al de ella todo lo que pudo. En cuanto ella notó el roce de su cuerpo, se le erizó todo el vello del cuerpo y no fue por lo frío que estaba.

VIVIANA- Creo que te debo una por lo de esta mañana, aunque a lo mejor preferirías que fuese Lorena la que te la pagase.

JOSÉ- Lo siento, no he podido evitar mirarla.

VIVIANA- Que no pasa nada, que me da igual lo que hagas con ella, no me voy a poner celosa, pero dime ¿Te han gustado mucho sus braguitas?

José pensó que no tenía ningún sentido disimular, estaba claro que Viviana se había dado cuenta de todo.

JOSÉ- La verdad es que sí.

VIVIANA-¿Y qué te gustaría hacer con ellas? ¿Tocárselas, quitárselas?

José notó como Viviana empezaba a pasar su mano suavemente por encima de su calzoncillo a la altura de su miembro y este reaccionó al instante, entre la imagen que conservaba de las bragas de Lorena y el morbo que le estaba produciendo la situación, su polla empezó a coger consistencia muy rápidamente.

JOSÉ- Umm, me encantaría poder acariciarlas así.

José llevó la mano hasta el final del camisón de Viviana, mientras la acariciaba la parte interior del muslo lo fue subiendo hasta alcanzar sus bragas y se puso a pasar con delicadeza los dedos sobre ellas.

Viviana vio que José había comprendido perfectamente el juego y se envalentonó otro poco.

VIVIANA- Ummm ¿Solo te gustaría hacerle eso?

JOSÉ- Quizá se las tocaría un poquito más rudo.

Viviana sintió como José frotaba la mano contra su sexo y notó una pequeña corriente eléctrica recorriéndole el cuerpo, cerró la mano alrededor de su miembro y comenzó a moverla despacio.

VIVIANA- Y las tetas de su prima Berta, también me ha parecido que se las mirabas mucho ¿Qué te gustaría hacer con ellas?

JOSÉ- Ummm, se las agarraría así.

La mano de José se apoderó de uno de los pechos de Viviana y se lo amasó con ganas.

VIVIANA- Venga, demuéstrame lo que harías con las tetas de mi amiga.

Sin dejar de frotar el sexo de Viviana con una mano, apartó el tirante del camisón hasta descubrir su pecho, la miró a los ojos y llevó la lengua hasta su pezón dándole suaves lamidas.

VIVIANA- Ummm, seguro que a ella le encantaría que se lo hicieses, siempre dice que los tiene muy sensibles.

JOSÉ- Entonces yo creo que le gustaría más esto.

Viviana notó como José pegaba los labios a su pezón y se lo succionaba mientras aumentaba la presión que hacía con la mano sobre su sexo.

VIVIANA- Ummm, José, lo haces muy bien.

Sin pararse a responderla José metió la mano por dentro de sus bragas para acariciar directamente su clítoris. Viviana sintió como su sexo se convertía en río y decidió que tenía que ponerse las pilas si no quería volver a correrse antes que José. Metió la mano por dentro de sus calzoncillos y sacó su miembro para empezar a pajearle con algo más de ritmo.

José retiró el otro tirante del camisón y se deleitó un buen rato con los pechos de Viviana, le encantaba tocárselos y chupárselos. Mientras tanto la iba masturbando con mayor intensidad y cuando vio que ella empezaba a morderse los labios para evitar gemir se puso sobre su cuerpo y le apartó las bragas a un lado con la intención de dejar el camino libre a su polla. Viviana seguía masturbándole mientras él acercaba la punta del miembro hasta su entrada, estaba loco por volver a metérsela.

En cuanto José consiguió introducirla un poco Viviana sintió como su vagina le enviaba olas de placer y no pudo contener un fuerte gemido.

VIVIANA-¡Ahhhh! José para ¡Ahhhh! No podemos hacer esto aquí, me van a oír.

José se detuvo completamente frustrado y la miró con cara de no entender nada.

VIVIANA- Ven, déjame que te la chupe.

Viviana tiró de la polla de José hasta que él se colocó de rodillas al lado de su cabeza y en ese momento la engulló sin miramientos, estaba dispuesta a proporcionarle a José la mejor mamada de su vida. Él uso una mano para volver a apoderarse de sus pechos y la otra la volvió a meter dentro de sus bragas para continuar masturbándola. Según Viviana le iba dando más placer con la boca, José sintió la necesidad de empezar a meterle los dedos y enseguida notó como se empezaban a ahogar los gemidos de ella contra su polla.

Viviana no se lo podía creer, ese hombre le estaba dando más placer con su mano del que había sentido en la mayoría de polvos con su exmarido, además sentir esa pedazo de polla completamente endurecida en su boca la estaba excitando muchísimo. No tardó demasiado en darse cuenta de que por mucho que se esforzase, iba a volver a correrse antes que él.

José fue subiendo la intensidad del movimiento de sus dedos mientras le estrujaba los pezones hasta que, por como le succionaba la polla, le pareció que ella debía estar acercándose al orgasmo. En ese momento retiró la mano de sus pechos y la uso para frotarle el clítoris con energía al tiempo que seguía clavándole los dedos.

Viviana sintió que el placer que sentía subía otro escalón más y estalló en un orgasmo, a pesar de que estaba completamente desbordada de gusto no dejó de succionar la polla de José con ansia, si hubiera sido capaz se la habría clavado en la boca hasta la empuñadura. Cuando sintió que su orgasmo terminaba liberó la polla de José de la húmeda prisión en la que la tenía presa y aprovechó para coger una gran bocanada de aire, pero casi sin darle tiempo para reponerse, José se puso a cuatro patas sobre ella en la posición del sesenta y nueve, le apartó las bragas a un lado, respiró su aroma y empezó a pasar suavemente la lengua por sus labios vaginales. Ella seguía recuperándose de su orgasmo pero cada vez José iba ejerciendo más presión con la boca sobre su sexo y volvió a sentir que el placer la embriagaba, de nuevo engulló el miembro de José y se dispuso a terminar lo que había empezado.

A José le estaba encantando la forma que tenía Viviana de comerle la polla y fue consciente de que no iba a tardar demasiado en hacerle eyacular, así que se esmero todo lo que pudo en el trabajito que le estaba haciendo a su sexo. Aprisionó el clítoris entre sus labios y comenzó a succionárselo con la misma intensidad que aplicaba ella sobre su polla. Todavía tardó un poco en notar como su esperma se preparaba para salir despedido, en ese momento metió los dedos dentro de la vagina de Viviana y comenzó a penetrarla con furia mientras seguía haciendo el vacío sobre su clítoris con todas sus ganas. Viviana sintió una explosión de placer que la condujo directamente a un nuevo orgasmo, con una mano presionó la cadera de José contra su boca, necesitaba sentir esa polla clavándose en su garganta, y con la otra apretó la cabeza de José con fuerza para hundirla en su sexo. Notó que José intentó decir algo y sacar la polla de su boca pero ella estaba sumida en un increíble orgasmo y quería la experiencia completa, hizo más fuerza sobre la cadera de José para dejarle claro que por nada del mundo quería que sacase la polla de ahí y basculó la pelvis para obligarle a seguir comiéndole el coño. Viviana sintió como José la succionaba el clítoris como si se lo quisiera arrancar al tiempo que notaba como el miembro de José daba brincos mientras soltaba las primeras descargas dentro de su boca, su orgasmo subió todavía más de intensidad, no pudo reprimir un profundo gemido justo antes de notar como se acababa su clímax y José soltaba las últimas gotas de leche sobre su campanilla.

José se dejó caer a su lado completamente satisfecho, la abrazó y en poco rato Viviana notó como su respiración se relajaba mientras él iba cayendo en el sueño. Ella estaba como en shock, había sido un orgasmo brutal, el quinto del día, todo era absolutamente inimaginable para ella, ni la cantidad ni la intensidad de los orgasmos de ese día le hubieran parecido alcanzables apenas veinticuatro horas antes. No sabía que ocurría en aquella isla, o que especie de ser extraterrestre se había encontrado, cada vez estaba más convencida de que sus amigas tenían que probar aquello, por un lado era una experiencia que debían disfrutar, y por otro, quería saber si era esa isla paradisíaca la que había hecho que algo nuevo naciese en ella, o era que ese hombre, al encontrar la forma de hacerla gozar de aquella manera, había hecho que siempre tuviese ganas de más. Sin ir más lejos, solo con mirar a su compañero de cama y sentir como al dormirse se le estaba volviendo a endurecer, unas poderosas ganas de cabalgarle se estaban apoderando de ella a pesar de que estaba satisfecha como nunca en la vida.

Cuando José abrió los ojos, Viviana acababa de salir de la cama, lo primero que vio fue el cuerpo de su compañera de habitación casi completamente desnudo, solo llevaba puestas sus braguitas, pero esa estimulante visión apenas le duró unos pocos segundos antes de que ella le mirase con una sonrisa entre tierna y picara para a continuación dejar caer sobre su cuerpo el vestido que llevaría ese día. Le plantó un beso en la frente y salió de la cabaña con un escueto 'Te espero fuera'. José no tardó en seguirla y se la encontró alimentando el fuego. Ella se giró hacia él y comprobó con satisfacción que todavía no había desaparecido su habitual erección mañanera, esperaba tener algo que ver con la insistencia de su polla por mantener la posición horizontal. Entre miradas que habrían hecho prender hasta al amianto, prepararon el desayuno de los cuatro y devoraron su parte, el cuerpo les pedía recuperar fuerzas y prepararse para el nuevo día. Dejaron sobre la mesa los dos desayunos restantes y se fueron a pescar con una motivación que se hacía más evidente con cada mirada.

Antes de nada sacaron cada uno una nasa del mar, ambos tuvieron premio y se quedaron exultantes, ese día prometía ser inolvidable. Lanzaron sus anzuelos y esperaron pacientemente a que algún pez despistado picara, el primero en capturar uno fue José, aunque lo que de verdad deseaban los dos es que fuese la caña de Viviana la que recogiese algún fruto. Por fin la espera tuvo resultado y Viviana sintió como su caña se doblaba por la fuerza de un pez intentando arrastrarla.

- ¡Ha picado! ¡Ha picado! Ayúdame a sacarlo.

José se colocó tras ella exactamente igual que el día anterior y trató de ayudarla en su lucha contra aquel animal acuático. Ninguno de los dos se preocupó demasiado en darse prisa por sacar el pez del agua, ambos se concentraron sobre todo en rozar sus cuerpos, para cuando finalmente metieron la primera captura de Viviana en la cesta José lucía una erección monumental.

- Definitivamente la pesca se ha convertido en mi deporte favorito.

José se acercó un poco más a ella y le bajó el tirante del vestido lentamente.

- Yo creo que para que se pueda considerar deporte debería tener un poco más de ejercicio físico.

- Y yo creo que debería tener un código de vestimenta en el que estuviera prohibido llevar unos pantalones como estos.

Mientras José veía aparecer el pecho de Viviana ella se encargaba de bajarle los pantalones. Apenas unos instantes después Viviana estaba tumbada boca arriba sobre la roca con José metido entre sus piernas y toda la ropa de ambos en un montón. José se dedicaba a devorarle los pechos con ansia mientras ella le pajeaba restregándole la polla por su sexo con la intención de que se decidiera a penetrarla de una vez.

- ¿Ahora también me vas a poner la excusa de que nos pueden oír?

- No, ahora quiero que me hagas chillar hasta que me quede afónica.

Mirándola a los ojos José comenzó a introducirle el miembro en su interior, ella estaba ansiosa por sentirlo completamente dentro de ella.

- Déjate de calentamientos, quiero notar como me la clavas hasta lo más profundo.

José le dio una fuerte estocada que la arrancó el primer gemido.

-¡Ahhhh!

- ¿Así está bien?

- No, quiero muchas más como esa.

José no se hizo de rogar y le dio lo que le estaba pidiendo, ella sintió como le sacaba el aire de los pulmones con cada embestida. A José le volvía loco la forma tan salvaje que tenía de gemir y se agarró a sus nalgas para poder clavársela con todas sus fuerzas. Fue un polvo brutal desde el principio, los dos se habían levantado ansiosos por disfrutar del cuerpo del otro. Tal y como le había pedido, José se esforzó en hacerla chillar de gusto, la penetraba con fuerza haciendo chocar la pelvis contra su clítoris con violencia, ella estaba descompuesta de placer, emitía auténticos alaridos con cada embestida. Viviana no tardó mucho en sentir que su orgasmo era inminente, sus músculos se contrajeron e intentó agarrarse al desnudo suelo de roca desesperadamente, pero era imposible, en su lugar se aferró a la espalda de José y le atrajo hacia su cuerpo con todas sus fuerzas mientras él seguía penetrándola con violencia.

Cuando terminó el orgasmo de Viviana ella se quedó exhausta tirada sobre la roca, casi no sentía el cuerpo aunque si que notaba que esa increíble polla seguía alojada en su interior sin haber perdido un ápice de su dureza, también sintió como José separaba el torso del suyo, le agarraba las piernas por los tobillos y las colocaba sobre sus hombros antes de comenzar a bambolear suavemente las caderas. Ella le miró a los ojos incrédula mientras notaba como en esa postura la polla se le clavaba aún más profundamente. José le devolvió la mirada con una expresión en la cara que era una mezcla de pura lujuria y un 'Ahora te vas a enterar'. En cuanto José empezó a imprimir más ritmo y fuerza a sus estocadas, ella volvió a gemir salvajemente cada vez que notaba como la polla de José impactaba contra su útero. En un pequeño momento de lucidez en mitad de la tormenta de placer en la que se encontraba, Viviana se dio cuenta de que José estaba hipnotizado viendo como rebotaban sus pechos, ella misma se los estrujó e inmediatamente sintió como José la empotraba con mayor frenesí aún, lo que la llevó de nuevo al clímax rápidamente. A José le volvieron loco los gemidos tan exagerados que emitía y los gestos de placer que contraían su cara, tuvo que sacar a toda prisa la polla de su vagina para evitar correrse dentro de ella, a cambio se masturbó compulsivamente eyaculando abundantemente sobre su sexo hasta caer rendido a su lado.

Tras recuperar el resuello, José se sintió un poco mal por no haber aguantado hasta que el orgasmo de Viviana hubiera terminado.

- Perdona, no podía aguantar más, me hubiera gustado seguir hasta exprimir del todo esa corrida tan brutal que estabas teniendo.

- Esto es surrealista ¿Pero como se te ocurre pedirme perdón después del pedazo de orgasmo que he tenido? Si sigues un poco más me desmayo, te lo juro, ha sido increíble.

- Algún día espero poder aguantar un poco más y que se te funda el cerebro de gusto.

- No tengo ninguna duda de que eres capaz de hacerlo, ahora mismo no puedo ni pensar.

- Bueno, te dejo descansar un ratín, pero no puedo prescindir de mi compañera de pesca, hoy volvemos a ser seis a la mesa y necesito tus habilidades pesqueras para llenar todos esos estómagos.

- Buff, no puedo moverme, me tiembla todo el cuerpo, dame una tregua y en un momento me pongo a ello.

Viviana tardó un poco más de lo que esperaba en estar lista para pescar, suficiente como para que a José le hubiese dado tiempo a sacar un par de peces del agua. Cuando por fin se puso a ello, notaba como el temblor de sus manos se propagaba por todo el sedal, pero eso parece ser que atrajo a los peces y enseguida pescó uno que por su forma de tirar debía ser de buen tamaño. Está vez no fue un paripé para conseguir que sus cuerpos se rozasen, necesitó la ayuda de José sin remedio, incluso entre los dos les costó sacarlo del agua y sin buscarlo volvió a sentir como la polla de José se endurecía entre sus nalgas.

- No me lo puedo creer ¿Ya estás así otra vez?

- Lo siento, no sé qué me pasa en esta isla, o quizás seas tú, pero es rozarte y me vuelven las ganas.

- Anda, vámonos que con esto ya tenemos más que suficiente y peces también hay muchos, jajaja.

- Jajaja, si vámonos, que como tenga que volver a ayudarte a sacar un pez, no paro hasta dejarte inconsciente.

- Bufff, no me digas eso que nos quedamos toda la mañana pescando, jajaja.

- Pues no creas que no me apetece, pero tenemos un montón de cosas por hacer.

- Me has dejado reventada, no sé yo si hoy voy a ser de mucha ayuda.

- Bueno, te puedes quedar en el campamento preparando lo que hemos pescado y si te ves con fuerzas, puedes cortar unas cuantas cañas para ver si terminamos de amueblar las habitaciones de tus amigas.

Al despertarse Lorena y Berta se pusieron a marujear mientras se vestían.

BERTA- Oye ¿A ti no te pareció oír unos gemiditos ayer?

LORENA- Pues si, pero poca cosa, si ese es el concepto de Viviana de estar teniendo el mejor sexo de su vida, el de antes ha tenido que ser una mierda tremenda.

BERTA- Ya te digo, me está dando hasta pena y todo.

Cuando salieron de la cabaña se encontraron el desayuno preparado.

LORENA- Joe, como se lo curran, jamás he estado en un hotel mejor que esto.

BERTA- Ya ves, lo único de lo que me atrevería a quejarme de este pedazo de resort es de que se pasan un poco con el ambiente íntimo por la noche, un poco más de iluminación no estaría mal, jajaja.

LORENA- Bueno, y que se toman demasiado en serio las clases de manualidades, que son un no parar, jajaja.

BERTA- Ya ves, hay que decirle al profe que se relaje un poco, jajaja.

LORENA- Creo que Viviana lo está intentando de todas las formas posibles y no lo consigue, jajajaja.

BERTA- Jajaja, me parto, jajaja.

LORENA- Bueno, ahora en serio, tenemos que currárnoslo un poco más, no puede ser que José se esté partiendo el lomo y nosotras estemos mejor que en un hotel.

BERTA- Totalmente de acuerdo, ya vale de vaguear, a partir de hoy vamos a ser las trabajadoras más eficientes que haya visto en su vida.

LORENA- Mírales por ahí vienen y yo diría que han tenido una mañana de pesca muy productiva.

BERTA- Por la sonrisa estúpida que trae Viviana yo creo que incluso les ha sobrado tiempo para relajarse un poco, jajaja.

Las chicas les saludaron efusivamente en la distancia y Viviana les devolvió el saludo, José necesitaba las dos manos para transportar la cesta con el pescado así que se limitó a mover un poco la cabeza.

LORENA- Joe chicos, no hacía falta que os curraseis tanto el desayuno, nos hemos sentido hasta mal por no echaros una mano.

VIVIANA- No os preocupéis lo más mínimo, entre preparar dos y preparar cuatro, no hay mucha diferencia.

BERTA- Venga, ya es hora de que nosotras nos pongamos en marcha ¿Qué hay que hacer ahora?

JOSÉ- Terminar de desayunar tranquilamente mientras nosotros colocamos un poco esto y luego nos vamos al interior de la isla, tengo ganas de enseñároslo, yo creo que os va a gustar lo de recoger frutos, bueno, la parte de coger los animales de las trampas da un poco de pena pero no estamos para desperdiciar alimentos.

LORENA- Tardamos un instante en terminar de desayunar y nos ponemos a tus órdenes para lo que haga falta, si hay que destripar unos bichos, se destripan.

En un instante las dos habían terminado de desayunar y estaban preparadas para lo que hubiese que hacer.

JOSÉ- ¿Pensáis ir así al interior de la isla?

BERTA- ¿Así como?

JOSÉ- Con esos vestiditos, se podría considerar que vamos a hacer una excursión al monte.

LORENA- Pues yo solo me he traído ropa por el estilo, vamos que en un alarde de previsión metí una chaquetilla por si acaso.

BERTA- Y yo igual, piensa que nosotras veníamos a un crucero por unas islas paradisíacas, no teníamos planeado acabar jugando a ser Robinson Crusoe.

JOSÉ- Venga, pues coger las mochilas que hicisteis ayer y andando, Viviana también fue así y se apaño muy bien.

VIVIANA- Yo me quedo aquí que con tres sois más que suficientes, voy a preparar el pescado para comer, bueno y a salar alguno, que al final hemos pescado mogollón.

José se internó en la isla con las dos mujeres y fue enseñándoles los arbustos de donde se cogían las mejores bayas, las plantas que tenían las raíces comestibles y los árboles con los mejores frutos.

BERTA- Venga, a este árbol me subo yo, que tiene las ramas un poco finas y con tu peso seguro que se parten.

JOSÉ- Si eres la mitad de buena trepadora que Viviana te va a resultar facilísimo subir.

Hasta alcanzar las primeras ramas necesitó un poco de ayuda que su prima le proporcionó sin problema, así que en un momento estaba encaramada al árbol. Con lo corto que era su vestido José podía verle perfectamente las bragas y se quedó petrificado mirándolas. Berta se dio cuenta enseguida de que José podía ver su lencería sin hacer el más mínimo esfuerzo y le dio un poco de vergüenza, recordaba muy bien las bragas que llevaba y no eran nada discretas, blancas, casi completamente transparentes y bastante pequeñas, era peor que estar desnuda delante de él.

Cuando las escogió el día anterior antes de irse a bañar estaba un poco juguetona y pensó que si José se ponía así de tonto viendo las insulsas bragas de Lorena a nada que le dejase ver un instante esas tan sugerentes iba a ser divertidísimo, no estaba entre sus planes darle una panorámica tan buena ni durante tanto tiempo de su entrepierna. Dada la situación era inútil intentar evitar que se las viese, así que prefirió hacer como que no se daba cuenta.

Tras coger unos pocos frutos y lanzárselos a los de abajo, se percató de que la polla de José estaba hinchándose cada vez más, sintió que un hormigueo se apoderaba de su sexo y recordó las palabras de Viviana diciéndoles que se podía poner mucho más grande de lo que habían llegado a ver. Decidió que ya que ese árbol estaba a reventar de fruta se iba a entretener en recogerla toda, con un poco de suerte podrían comprobar hasta que punto podía crecer el bulto de los pantalones de José. No tardó nada en sentir como la tela de su vestido rozaba sus pezones completamente endurecidos, al haberse puesto un vestido con la espalda descubierta había pensado que luciría mucho mejor llevándolo sin sujetador, además no tenía nada de escote, así que le pareció que podía ir así tranquilamente.

Lorena veía como José miraba a su prima pero pensaba que ella no se estaba dando cuenta, era imposible que Berta estuviera dando ese espectáculo conscientemente, que le enseñase un poco el escote, o que le dejara ver un instante parte de sus bragas para provocarle un poco y ver su reacción, era algo que podía ser hasta gracioso, pero aquello era puro exhibicionismo, hasta ella, que no tenía ningún interés en la anatomía de su prima, había visto como se le transparentaba todo el vello púbico. Por otro lado veía que la polla de José no hacía más que crecer y eso que ya tenía un tamaño tremendo. No sabía como avisar a Berta sin que José se diese cuenta, además cada vez le daba más curiosidad descubrir las dimensiones que podía alcanzar la herramienta de José, así que se limitó a observar la escena, en el fondo no era para tanto que se le vieran un rato las bragas a su prima, si iban a tener que convivir todos juntos en esa isla al final se acabarían acostumbrando a que pasasen ese tipo de cosas.

Por supuesto José se percató al instante de que los pezones de Berta se habían puesto como diamantes en punta, después de haberle visto ligeramente un trocito de areola el día anterior empezaba a hacerse una idea de como serían sus pechos al completo, tenía que tener los pezones tremendamente puntiagudos para que se le marcasen de esa forma. Las tetas de Berta le estaban pareciendo de lo más apetecibles pero de donde no podía despegar la vista era de su entrepierna, esas pequeñas braguitas transparentes le estaban volviendo loco, podía ver con toda claridad que tenía el vello púbico recortado en forma de rectángulo, incluso le parecía adivinar la forma de su clítoris entre los pelitos, deseaba con todas sus fuerzas meter la cara entre las piernas de Berta y devorar su sexo hasta que ella misma le incrustase la cabeza contra él.

Para cuando se decidió a bajar tenían todas las mochilas llenas de frutas de ese árbol, la polla de José estaba completamente endurecida hasta el punto de amenazar con atravesar la tela de los pantalones y Berta sentía que tenía una fuente entre las piernas.

Al bajar del árbol, el vestido de Berta se enganchó en algún saliente del tronco, ella se quedó con los pies apoyados en el suelo, abrazada al árbol y con el vestido tan subido que la única parte de su cuerpo que tapaba era la cabeza, José podía ver todo su culo cubierto únicamente por esas bragas transparentes. Era una imagen tremendamente provocativa, las generosas nalgas de Berta sobresalían en todas direcciones de la escasa tela, se podía distinguir perfectamente la hendidura de su trasero desde su nacimiento antes de meterse bajo la tela, hasta perderse entre sus piernas. Berta intentó zafarse de su absurda prisión pero eso solo hacía que la visión que tenía José de su culo fuese aún más provocadora, tratando de zafarse del árbol lo sacaba hacia fuera casi como si se lo estuviera ofreciendo. José tuvo que hacer un gran esfuerzo de autocontrol para no amasar esa poderosas nalgas e introducir su polla entre ellas hasta hacerla chillar de placer.

Lorena no pudo aguantarse la risa, su prima alternaba dos estrategias completamente incompatibles entre sí, a veces se estiraba infructuosamente tratando de alcanzar el punto donde su vestido se había quedado enganchado y otras trataba de tirar de su vestido hacia abajo despegándose del tronco del árbol todo lo posible mientras le ofrecía una visión inmejorable de su trasero a José que permanecía petrificado mirándoselo con la polla completamente empalmada. No le hubiera extrañado nada que se le hubiera caído la baba mientras admiraba el culo de su prima como si fuese una aparición mariana.

BERTA- Pero no seas cabrona y ayúdame a liberar el vestido.

LORENA- Jajaja, no puedo, jajaja, está muy alto, jajaja, yo ahí no llego, jajaja.

JOSÉ- Yo te ayudo, estate quieta.

Si por él fuera se habría quedado eternamente mirando ese trasero pero estaba claro que Berta lo estaba pasando mal, así que decidió liberarla intentando molestarla lo menos posible. Se puso detrás de ella e intentó alcanzar el punto donde se había quedado enganchado el vestido.

JOSÉ- Está muy alto, no sé si voy a poder llegar.

BERTA- Por favor, libérame, haz lo que sea.

Berta sintió como José se pegaba a su cuerpo metiendo la polla, que tenía la consistencia de una roca, entre sus nalgas y hacía esfuerzos por estirarse para alcanzar el enganchón, eso provocaba que su polla se frotara una y otra vez por su trasero. A José no le resultó nada fácil rescatarla y tardó un poco de tiempo en conseguirlo. Para cuando lo hizo, Berta llevaba un rato sintiendo que la humedad que desprendía su sexo había rebasado la tela de sus bragas y resbalaba por sus piernas, si no hubiese estado su prima delante no hubiera podido asegurar que una vez libre no se hubiera lanzado a devorar aquella polla o peor aún, se la hubiera clavado hasta lo más profundo de su sexo. Durante el tiempo que José tardó en liberarla llegó a desear que la penetrase sin misericordia mientras ella estaba atrapada y completamente indefensa, jamás había sentido una polla de semejante calibre y dureza, la lujuria se había apoderado de ella hasta el punto de haber estado moviendo su culo buscando que el frotamiento fuera todo lo intenso posible.

JOSÉ- Por fin, ya está.

Berta se recolocó el vestido, se dio la vuelta y miró el bulto de José con la cara totalmente enrojecida por una mezcla de vergüenza, lujuria y el esfuerzo que había hecho. Podía distinguir perfectamente el glande totalmente hinchado aplastarse contra la tela del pantalón, era el más grande que había visto en su vida con diferencia, se moría de ganas de metérsela en la boca y chupársela hasta hacerle eyacular, además se imaginó lo que tenía que gozar Viviana con semejante polla clavada en el coño y sintió como su sexo volvía a expulsar litros de flujo imaginándose a cuatro patas con José penetrándola salvajemente desde atrás.

BERTA- Gracias.

LORENA- Joe tía, perdona, pero no te imaginas lo ridícula que estabas.

BERTA- Eres una cabrona, en estos momentos tengo unas ganas de arrancarte el vestido y dejarte completamente en bolas que no te lo puedes imaginar.

LORENA- Pues entonces José se iba a quedar también desnudo, porque como se empalme un poco más revienta el pantalón seguro, jajaja.

En ese momento fue José el que se ruborizó e intentó aplastarse la polla para devolverla al interior de su calzoncillo y que así se disimulase un poco la tremenda erección que tenía. Lo de que se le hubiese salido por fuera de los calzones a base de restregarla por el culo de Berta le había dejado completamente en evidencia y no sabía ni que hacer ni que decir, además la tenía tan dura que le dolió muchísimo volver a meterla en su prisión y siguió doliéndole un buen rato cuando lo consiguió debido a la presión que hacía la prenda sobre su miembro.

BERTA- Venga, vamos a terminar lo que tenemos que hacer y olvidarnos para siempre de este bochornoso incidente.

LORENA- No creo que pueda, es de lo más gracioso que he visto en mi vida.

BERTA- No me vaciles que te aseguro que vuelves al campamento en bolas.

JOSÉ- Venga si, vámonos, que todavía tenemos que revisar las trampas y recoger leña.

Berta sentía que había fuego en su interior, no podía mirar a José sin desear que la poseyese con esa tremenda polla que seguía marcándose en sus pantalones y había sentido frotarse contra su trasero apenas unos instantes antes, ya nunca iba a poder verle de la misma forma. Lorena intentaba disimular la risa que le daba cada vez que miraba a su prima y recordaba como trataba de liberarse inútilmente de esa cómica cárcel de tela mientras José la miraba completamente empalmado, además ella también sentía cierto hormigueo y un poco de envidia imaginándose a Viviana disfrutando de esa polla. José seguía avergonzado y apenas se atrevía a hablar, su polla no terminaba de relajarse y creía que esas dos mujeres tenían que pensar que era un degenerado por haberse empalmado de esa manera mirándole el culo a Berta mientras ella lo pasaba fatal atrapada contra el árbol.

Cuando Viviana terminó de limpiar el pescado se sintió tremendamente orgullosa, le había costado un buen rato pero había hecho una obra digna del mejor pescadero, comparado con eso, dejarlo todo preparado para meterlo en el horno y salar lo que sobraba le pareció un juego de niños. Después se fue a cortar cañas, las piernas aún le temblaban pero por lo menos el resto del cuerpo no parecía un flan.

En la playa la mañana había transcurrido de una forma muy diferente.

CRISTINA- Estoy hasta las narices de los malditos mosquitos, menos mal que no vamos a volver a dormir aquí nunca más.

FABIOLA- Pufff, estoy ansiosa por llegar al campamento de arriba, a ver si vienen estas pronto y nos ayudan con los colchones.

CRISTINA- A mí me da igual cuando quieran venir, yo voy a hacer mi maleta y me subo, ellas que vengan a por el colchón cuando les dé la gana.

ELENA- Pues yo creo que aquí se está tan ricamente, es cierto que hay mosquitos, pero si no fuera por eso...

FABIOLA- A veces pienso que eres gilipollas perdida, te hemos dicho que el campamento de arriba no tiene nada que envidiarle al mejor resort de punta cana, que José es super majo, ni te va a violar ni te va a descuartizar, la comida es infinitamente mejor que la mierda de latas de conservas que llevas comiendo desde que naufragamos, casi no nos queda agua y ya todo te tiene que saber a coco, no puedo entender que sigas queriendo quedarte aquí.

ELENA- Pues yo no puedo entender que estéis perdiendo el culo por quedaros a merced de un desconocido que por lo poco que sabemos de él podría haber hecho todo ese tinglado de campamento con la intención de atraer a mujeres indefensas como nosotras para primero violarlas y luego comérselas. La única explicación que encuentro es que el sol os haya reblandecido la sesera y os parezca que convertiros en las esclavas sexuales de ese tipo es un futuro prometedor.

FABIOLA- Definitivamente eres gilipollas, yo también voy a hacer mi maleta y me piro, no te aguanto ni un minuto más. Cuando vengan Berta y Lorena les das nuestro colchón y les preguntas si les ha obligado ya a comerle la polla, a ver qué te contestan. Y tú Isa, no tienes que quedarte aquí solo por que a Elena se le haya metido entre ceja y ceja que José es un sicópata, si te vienes con nosotras buscamos la manera de acomodarte, José es super ingenioso, seguro que encuentra la forma de hacerte un colchón.

ISABEL- Yo estoy bien aquí, me quedo con Elena, pero gracias.

ELENA- No sé por que le defiendes tanto ¿No será que te gusta el imbécil ese? Seguro que estás deseando tirártelo, llevas tanto sin follar que dejarías que te la metiese hasta un mono.

FABIOLA- ¿Pero se puede ser más idiota? Yo creo que la que necesita una buena polla eres tú, desde que llegamos estás obsesionada con que José nos va a violar a todas ¿No será que ese es tu sueño húmedo? Porque es un tío de lo más legal, que sino le convencía para que te la metiese hasta por la nariz, y yo le iba a ayudar, a ver si así se te quita el amargor ese que tienes.

ELENA- Venga, pírate ya, vete con tu novio, con un poco de suerte te mete su micropene por el culo como a ti te gusta.

Fabiola no se dignó ni a contestarla, terminó de hacer su maleta y se fue con Cristina al campamento de arriba. Afortunadamente durante el trayecto se le medio pasó el cabreo, Elena tenía la facultad de sacarla de sus casillas cuando se ponía imbécil, pero a pesar de eso, en el fondo, la apreciaba mucho. Incluso se sintió mal por haberle dicho todas esas cosas, pero pensó que cuando se presentase en el campamento con la cabeza gacha, medio desnutrida, hasta las pelotas de beber agua de coco y acribillada a picotazos, ya arreglarían las cosas.

Cuando Fabiola y Cristina llegaron al campamento después de haber arrastrado sus enormes maletas de ruedas pendiente arriba, se lo encontraron vacío aunque el horno seguía encendido y había un montón de pescado listo para ser cocinado. No entendían que podía haber pasado, incluso llegaron a barajar la posibilidad de que Elena tuviese razón, pero al poco rato apareció Viviana cargada de cañas recién cortadas.

FABIOLA- ¡Viviana! ¡Que alegría verte! Ya pensábamos que os había pasado algo.

VIVIANA- ¿Pero que nos va a pasar?

FABIOLA- Yo que sé, es que Elena nos ha puesto la cabeza como un bombo ¿Dónde están Berta y Lorena?

VIVIANA- Se han ido con José a recolectar y esas cosas, vendrán en un ratito supongo.

FABIOLA- ¿Pero no habíamos quedado en que irían a ayudarnos con el colchón?

VIVIANA- ¡Ostras! Se nos ha pasado ese detalle por completo.

CRISTINA- Joe, menos mal que hemos decidido subir aunque no hubiesen llegado, sino podríamos haber estado todo el día discutiendo con Elena.

VIVIANA- ¿Que pasa? ¿Habéis tenido bronca?

CRISTINA- Si, y muy gorda, yo nunca había visto así a Fabiola.

FABIOLA- Joder, es que cuando se pone gilipollas... No hay dios que la aguante, así le piquen tantos mosquitos que no pueda ni abrir la boca.

VIVIANA- Bueno, relajaros que os veo un poco tensas, ya estáis aquí y vais a estar fenomenal. Esta tarde mandamos a Berta y Lore a por vuestro colchón y listo ¿No queréis ir dejando vuestras cosas en la cabaña? Ayer conseguimos terminar vuestro armario y creo que hoy José pretende que terminemos de amueblar vuestra habitación y la de las primas.

CRISTINA- Siiiiii, estoy deseando instalarme aquí y volver a darme una ducha de agua caliente.

VIVIANA- Lo de la ducha me parece que va a haber que negociarlo, pero en todo caso puedes bañarte en la poza, está estupenda el agua. Venga, instalaos, que yo voy metiendo el pescado en el horno, somos muchos y vamos a tener que hacer varias tandas, además éstos deben estar a punto de llegar.

FABIOLA- Joe, se te ve tan feliz, espero que se me pase el mal rollo y acabe estando como tú.

VIVIANA- Ni te imaginas lo bien que estoy, son las mejores vacaciones de mi vida sin duda alguna, por mí que tarden años en rescatarnos.

CRISTINA- ¡Mira! ¡Ahí vienen!

VIVIANA- Venga daros prisa en instalaros, que si le doy vidilla al fuego estamos sentados a la mesa en un ratito, vais a flipar con la comida de hoy.

En cuanto Berta y Lorena vieron a sus dos nuevas compañeras de cabaña se dieron cuenta de que se habían olvidado completamente de ir a por su colchón.

LORENA- Lo siento tías, se nos ha pirado del todo lo de vuestro colchón, está tarde vamos sin falta.

Después de los besos y abrazos de bienvenida se pusieron a trabajar en la cocina mientras Fabiola y Cristina se acomodaban. Cuando terminaron de dejar sus cosas, la segunda tanda de pescado estaba a punto de salir del horno y ya se habían encargado de guardar todo lo que habían traído del interior de la isla.

A Elena también le había afectado la discusión con Fabiola, no quería enemistarse con ella, era muy consciente de lo importante que era en el grupo de amigas, además sentía cierta admiración por ella, le parecía la mujer diez, sabía estar en cualquier situación, la llevabas a cualquier lado y siempre iba perfectamente vestida para la ocasión, en una fiesta era la mujer más elegante, en una obra la mejor albañil, si había una riña era la voz de la moderación y ponía paz, vamos que le hizo pensar que a lo mejor ella no estaba bien. Se dio cuenta de que desde que habían naufragado le pesaba demasiado la responsabilidad de ser la capitana del barco, se había sentido tan sobrepasada que había intentado hacer como que no pasaba nada para que todas siguieran en unas vacaciones estupendas organizadas por ella.

Tenía que admitir que su postura no había sido la más constructiva, pero de toda la conversación lo que más se le había quedado grabado es que le dijese que era una amargada que necesitaba que le metiesen una buena polla, con otras palabras claro, que Fabiola hablaba muy bien. Desde que había llegado a la isla estaba un poco rara, hasta se le había despertado un poco la líbido, y eso que no había hombres a la vista. La última noche se había masturbado, en silencio, mientras Isabel dormía a su lado, pensando en un compañero suyo de la policía local, eso era muy raro en ella. En su matrimonio sintió que su exmarido dejó de desearla y eso llegó a matar también el deseo de ella, le creo un resquemor hacía los hombres que la hacía pensar que eran todos unos guarros y que solo la querían por sus grandes tetas, cuando se cansaban de ellas, dejaba de interesarles. Pero en esa isla había vuelto a sentir ese deseo. Pensó que inconscientemente podría estar temiendo que se dejase llevar por sus impulsos y acabase tirándose a José. Esa idea le dio miedo, era el único hombre de la isla y era un hecho que algo se había despertado en ella, si tardaban mucho en rescatarlos a saber lo que podría ocurrir.