Infiel a mi novio en el parque
El uniforme escolar esconde un secreto ardiente. En el parque, bajo la mirada de los niños y el riesgo de ser vista, ella descubre que la vergüenza se mezcla con un placer prohibido que la dejará marcada para siempre.
Hola chicos, soy Melissa, mido 1.50 m, tengo un lindo cuerpo con unas tetas lindas y un culo redondo. Esto es la continuación de cómo mi ahora esposo, cuando fue mi amante, me metía mano y me daba verga donde se le ocurriera. Esa noche me mandó un mensaje y me dijo: —No vayas a la escuela, voy a pasar por ti para llevarte a desayunar… pero ya sabes que no es solo eso. Yo sonreí al leerlo y le respondí: —Sí, te veo… pero iré de uniforme. —Mejor… así me encantas más —contestó—, toda inocente por fuera y bien puta conmigo. Ya que no sabía qué iba a decir en mi casa para no asistir a clases. Cuando salí de casa al otro día en la mañana, me fui a mi primera y segunda clase. Mientras estaba en clase, me volvió a escribir: —Ya quiero verte… no sabes cómo traigo ganas de ti. Cuando me dijo: —Ya estoy afuera de la escuela… salte ya. Ya no entré a mi tercera clase y me dispuse a salir como fuera. Mientras caminaba pensaba: —Este hombre no me deja en paz… y me encanta. Cuando lo logré, él ya no estaba, así que me decidí a ir a un parque que está cerca de la escuela y ahí lo volví a esperar. —Más te vale que llegues… —murmuré sonriendo, sintiendo cómo ya me estaba calentando. Cuando llegó, me vio mi uniforme y me dijo: —Mmm… te queda muy bien… dan ganas de arrancártelo aquí mismo. Me besó y rodeó un brazo por mi cintura y me repegó hacia él. —Te extrañé… —susurró en mi oído—, necesito tocarte. Después, con la otra mano me la puso en mi pierna y levantó un poco mi falda. Yo me sonrojé y lo detuve por un instante, le dije: —Nos pueden ver… —Que vean —respondió sin dudar—. Tú eres mi puta y a mi puta yo la toco donde quiera. La verdad, me puse algo nerviosa, pero también me encantó cómo me habló. —Dime que te gusta… —insistió mientras subía más su mano. En ese momento de inmediato me excité y le contesté: —Sí… me encanta ser tu puta… hazme lo que quieras… Disfruto mucho de esa rica verga hasta el día de hoy, así que le dije: —Vámonos más adentro del parque… no quiero que pares. —Eso quería escuchar —dijo sonriendo—, vamos a escondernos… aunque no tanto. Ya más adentro del parque, nos subimos a uno de esos juegos donde andan mucho los niños que tienen toboganes. —Aquí está perfecto —dijo—, nadie nos va a interrumpir… o eso espero. Me metió en una tipo casita y apenas me senté me metió su mano bajo mi falda, comenzó a acariciar mi vagina y yo comencé a mojarme muy rico. —Mira nada más cómo estás… —susurró—, ya estás toda mojada por mí. Tenía ganas de gemir, pero nos podrían descubrir, así que solo seguí disfrutando y ahogando mis gemidos. —No te aguantes… —me provocaba—, me gusta escucharte. Después me metió sus dedos medios y aún más me excitaba, me decía: —Eres una puta muy obediente… y disfruto mucho cuando te vienes… hazlo para mí. —No puedo… —susurré—, nos van a oír… —Sí puedes… ven para mí… Ya no me pude contener más y solté un gemido y me vine muy rico. —Eso… así me gusta —dijo con voz baja pero excitada. Él, al notar eso, sacó sus dedos y los llevó a su boca, diciéndome: —Sabes muy rico… podría quedarme así todo el día. Yo creí que ahí acabaría todo, pero no… Cuando nos sentamos, me pidió: —Quítate tu tanga… ahora. Yo lo miré y le dije en voz baja: —¿Aquí? —Aquí… —respondió firme—, obedece. Y yo obviamente obedecí porque me había quedado con ganas de que me diera verga. —Así me gustas… obediente —añadió mientras me miraba. Después él me acostó en sus piernas y se sacó la verga y comencé a mamársela muy rico. —Eso… chúpamela bien —me decía—, como sabes hacerlo. La verdad es que esa verga, desde que la probé, se volvió mi vicio. —Me encanta tu boca… —gemía—, no sabes cómo me vuelves loco. Él me volvió a meter los dedos y a tocar mis tetas. —Tus tetas… me fascinan —decía mientras las apretaba. Yo le pedí: —Dame verga… tengo muchas ganas de sentirla… ya no aguanto. —Qué urgida estás… —respondió sonriendo—, súbete entonces. Me levanté, bajé su pantalón y me senté en su verga. —Eso… así te quiero —dijo mientras entraba en mí. Sentí muy rico, me comencé a mover muy rico y a decirle: —Soy tu puta… y me encanta complacerte… —Y yo voy a hacerte venir todas las veces que quiera —respondió. Él levantó mi blusa y me comenzó a mamar las tetas. —No pares… —le decía—, me encanta cómo me haces sentir. Yo gemía muy rico y me estaba dando verga delicioso. Después me bajó, me arrodilló y me empinó para volver a enterrarme su verga. —Así… así me gusta más —dijo mientras me acomodaba—, para ver ese culo. Yo seguía gimiendo, por un momento no me importó si nos veían. —Que nos vean… —murmuré—, no me importa… De solo imaginar que alguien nos pudiera ver me volví a venir muy rico. —Eres una puta deliciosa… —me dijo—, me encanta tu culo. Y me dio una nalgada. —Sí… sigue… no pares… —respondí. Él seguía dándome verga hasta que aceleró sus movimientos y de pronto sentí su semen caliente entre mis nalgas. —Toma… toda para ti —susurró. Yo quedé satisfecha de lo rico que me dio verga. —Me dejas loca… —le dije respirando agitada. Así, empinada como estaba, me limpió su semen con mi tanga para después pedirme: —Póntela… y no te la quites. —¿Así mojada? —pregunté. —Así… para que no me olvides en todo el día. En eso estaba cuando vimos a un policía pasar con su bicicleta. —Mira… —susurré nerviosa— —Tranquila… ya es tarde para arrepentirse —respondió sonriendo. Solo nos saludó y siguió su camino. Nos dispusimos a regresar a la escuela. Él se despidió de mí, me dijo: —Me encantó darte verga en el parque… y no te quites la tanga en todo el día. —No lo haré… —le respondí—, quiero seguir sintiéndote. Cuando por fin caminé para ir a casa, me sentía súper mojada, pero yo, como aún me sentía una puta muy obediente, no me quería quitar nada. Más tarde mi novio llegó a verme, pero yo ya era la puta del ahora mi marido. —¿Qué tienes? —me preguntó—, te veo rara. Así que entre plática le dije: —Me siento un poco húmeda… —A ver… —dijo curioso. Tomé su mano y la metí en mi vagina. —Estás muy mojada… —me dijo sorprendido. Yo le dije: —Es porque quiero que me des verga… Pero él no era tan aventado como mi amante. —Tranquila… —me dijo—, poco a poco. Me volvió a meter los dedos dentro de mi vagina hasta hacerme venir muy rico. —Así está bien… —decía— Y yo lo masturbé hasta hacerlo acabar en mi mano. Pasé mi mano por mi tanga hasta limpiarme y comencé a imaginar poder probar 2 vergas al mismo tiempo algún día. —Algún día… —susurré para mí misma— Espero les haya gustado mi relato… les mando muchos besos, mis amores.
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