Xtories

Silvia se deja tomar y acaba inundada de semen 🤗

La furgoneta está cerrada y su novio no volverá en horas. Silvia abre las piernas y deja que el primer hombre la tome, sabiendo que hay cinco más esperando. ¿Podrá contener el placer y el secreto cuando los pasos de él se acerquen?

Victor MartinezFont13K vistas

Silvia se deja tomar y acabada inundada de semen 🤗

Silvia aún estaba abrazada al rubio, con su polla semi-blanda dentro de ella y la poca corrida tibia reposando en lo más profundo de su coño, cuando el traductor le tocó suavemente el hombro.

—Mi turno, preciosa… —le susurró en un español perfecto, con voz grave y seductora.

El rubio salió de ella con cuidado y se apartó hacia un lado. El moreno, el galán del grupo, ocupó su lugar sin prisa. Era más elegante en sus movimientos: cuerpo atlético pero no exagerado, mirada intensa y una sonrisa que parecía hecha para derretir bragas.

Se colocó entre las piernas abiertas de Silvia, rozó con la cabeza de su polla los labios hinchados y empapados de ella, y entró despacio, centímetro a centímetro, hasta hundirse por completo.

—Dios… qué coño más perfecto tienes… —murmuró contra su oído, con la voz baja y cálida, solo para ella—. Tan caliente, tan mojado… Me estás abrazando por dentro como si no quisieras soltarme nunca.

La veinteañera soltó un gemido largo y tembloroso. El traductor empezó a moverse con ritmo lento pero firme, profundo, sabiendo exactamente cómo tocar cada punto sensible. Mientras follaba, no dejaba de hablarle al oído, con ese piquito de oro que parecía hecho para volver locas a las mujeres:

—Eres una puta maravilla… ¿sabes? Tan guapa, tan caliente, tan generosa… Me encanta cómo tiemblas cada vez que entro hasta el fondo. Imagina que fueras mía… Te tendría todas las noches así, abierta y gimiendo solo para mí… Calentita y siempre bien atendida… Mmmfff… Serías mi diosa…

La novia de Manuel cerró los ojos y se aferró a su espalda, clavándole las uñas. El placer iba creciendo de una forma distinta: más profundo, más emocional, más intenso. Cada embestida iba acompañada de una frase susurrada que le erizaba la piel:

—Así, cariño… déjate llevar… Quiero sentir cómo te corres alrededor de mi polla. Quiero que te corras tan fuerte que te olvides hasta de tu nombre… Aaaaaahhh… Sí… Estás demasiado buena para follar a escondidas… Mereces que te traten como la reina que eres mientras te destrozan el coño.

Silvia empezó a jadear más fuerte. Sus caderas se movían solas contra él, buscando más profundidad. El traductor siguió hablando, lento, constante, hipnótico:

—Qué tetas más hermosas… tan grandes y suaves… Me volvería loco chupándotelas todas las mañanas. Y este coño… joder, este coño es adictivo. Mejor que cualquier novia que haya tenido. Tan apretado, tan jugoso… Te estás corriendo ya, ¿verdad? Lo noto… apriétame más, mi vida… córrete para mí.

El orgasmo llegó como una ola gigantesca que llevaba rato formándose.

La chica se corrió con una intensidad que hacía meses, quizás años, que no sentía. Todo su cuerpo se tensó, sus piernas temblaron violentamente alrededor de la cintura del traductor y un gemido largo, agudo y casi sollozante salió de su garganta:

— ¡Ahhhhhh… joder… me corro…!

Su coño se contrajo con fuerza brutal alrededor de la polla del galán, expulsando un chorro caliente de flujo que empapó el asiento y los muslos de ambos.

El orgasmo duró mucho más de lo normal: olas y olas de placer que la dejaban sin aliento, sacudiéndola entera mientras él seguía follándola despacio, prolongando el éxtasis.

Durante todo el orgasmo, el traductor no dejó de susurrarle al oído, con la voz ronca pero tierna:

—Eso es… córrete, preciosa… qué bonita te ves corriéndote… Eres una diosa… Mi diosa…

Cuando las contracciones empezaron a bajar, Silvia estaba temblando, con lágrimas de placer en los ojos y la respiración entrecortada. Se abrazó fuerte a él, hundiendo la cara en su cuello, y en ese momento de absoluta vulnerabilidad se le cruzó por la cabeza una idea loca, morbosa, que ni siquiera se tomó en serio… pero que la excitó como pocas cosas:

«Joder… con lo bien que folla y lo que me dice… ¿y si dejara a Manuel y me quedara con este tío? Que me hablara así todas las noches… que me follara así todas las mañanas…»

Sabía que nunca lo haría. Era solo un pensamiento caliente, un capricho del momento, pero la imagen de romper con Manuel y entregarse a este desconocido tan elocuente y hábil la puso aún más cachonda.

El traductor notó cómo su coño volvía a apretarle con fuerza y sonrió contra su cuello.

—¿Te ha gustado, cariño? —susurró, besándole el lóbulo de la oreja.

Silvia solo pudo asentir, todavía temblando, con una sonrisa boba y satisfecha en los labios.

Estaba feliz, saciada y peligrosamente enamorada del momento.

Y todavía quedaban varios ingleses esperando su turno para correrse en su boca… mientras Manuel seguía, inexplicable pero convenientemente, sin aparecer.

***

Su novia aún temblaba por el orgasmo más intenso que había tenido en mucho tiempo, abrazada al traductor, cuando notó que él también estaba al límite.

Sus embestidas se volvieron más cortas, más profundas y urgentes. El chico le mordió suavemente el cuello y le susurró al oído, con la voz ronca y entrecortada:

—Voy a correrme… ¿Estás lista para mí, preciosa?

Ella solo pudo gemir y apretar más las piernas alrededor de su cintura, como respuesta.

En ese mismo instante, uno de los chicos que se estaba pajeando a su derecha soltó un gruñido ahogado. Estaba de rodillas en el asiento, con la polla en la mano, apuntando hacia la cara de Silvia. Su ritmo se aceleró visiblemente.

—Ooohhh… What a fucking semen sack… Fucking bitch… Mmmfff…

El traductor dio una última embestida fuerte y se corrió dentro de ella con un gemido largo y profundo, poniendo los ojos en blanco de excitación.

Silvia sintió claramente cómo su polla palpitaba y soltaba varios chorros calientes y abundantes, llenándola mucho más que el rubio. El semen se mezcló con el poco que ya había dejado el otro inglés y con sus propios fluidos.

Casi al mismo tiempo, el chico que se masturbaba no aguantó más. Se inclinó hacia delante y acercó la punta de su polla a los labios de Silvia.

Ella, todavía jadeando por el orgasmo y por la corrida que acababa de recibir en el coño, abrió la boca sin dudar. Justo cuando el traductor seguía eyaculando dentro de sus entrañas, la veinteañera metió la segunda polla entre sus labios y la succionó con avidez.

Las dos corridas llegaron prácticamente a la vez.

En su coño: chorros calientes y densos del traductor, que seguían saliendo mientras él se apretaba contra ella.

En su boca: el chico se corrió con fuerza, soltando varios golpes gruesos y abundantes directamente sobre su lengua, ya más que acostumbrada a recibir lefadas de desconocidos habitualmente.

La gozosa y calenturienta rubia infiel tragó todo lo rápido que pudo, pero aun así sintió cómo la boca se le llenaba de semen espeso y caliente. Tragó una vez, dos, tres… gimiendo alrededor de la polla mientras el traductor seguía vaciándose en su interior.

Las dos sensaciones a la vez fueron abrumadoras.

Sentía su coño lleno, rebosante, con el semen del traductor escapando un poco alrededor de la fálica herramienta que aún la penetraba. Y al mismo tiempo, la boca llena del sabor fuerte y salado del otro chico, tragando sin parar para no dejar que nada se derramara, a la vez que lo miraba directamente a los ojos.

El moreno se quedó dentro de ella unos segundos más, besándole el cuello con ternura, mientras Silvia seguía chupando y tragando la polla del segundo chico hasta dejarla limpia.

Cuando por fin sacó la verga de su boca, la joven tenía los labios hinchados y brillantes, un hilillo de semen escapando por la comisura que ella recogió rápidamente con la lengua.

Respiraba con dificultad, con las mejillas rojas y los ojos vidriosos.

Tenía semen en el coño y en la boca… y todavía quedaban varios ingleses más esperando.

El traductor le acarició la cara con cariño y le susurró al oído, con esa voz que la volvía loca:

—Eres increíble… la mujer más caliente y generosa que he conocido nunca.

Silvia solo sonrió, todavía temblando, y miró alrededor con mirada de pura zorra satisfecha.

Su coño palpitaba, lleno y goteante.

Su boca sabía a corrida.

Quiso descansar un instante, recobrar un poco el aliento… pero sus amantes tenían unas intenciones diametralmente opuestas.

Moviéndose con una coordinación casi instintiva, dos de ellos se acercaron al mismo tiempo: uno se colocó entre sus piernas abiertas, ocupando el lugar que acababa de dejar el traductor, y el otro se arrodilló a su lado, apuntando su polla dura directamente hacia su boca.

No hicieron falta palabras. La chica abrió las piernas un poco más y levantó la cabeza, ofreciéndose sin reservas. Empezaba estar cansada, sí, pero sabía que oportunidades como aquella no se presentaban todos los días.

El primero empujó su verga dentro de su coño en un solo movimiento suave pero profundo. Estaba empapado, resbaladizo por las dos corridas anteriores y por su propio flujo.

Entró sin resistencia, arrancándole un gemido largo y satisfecho. El segundo chico, casi al instante, le metió la polla en la boca.

Silvia la recibió con los labios abiertos y la lengua lista, chupando con ganas mientras sus ojos se cerraban de placer.

Los dos empezaron a follarla al mismo ritmo: embestidas profundas y constantes en el coño, y movimientos de cadera que le follaban la boca con la misma cadencia.

La novia de Manuel se sentía completamente llena por ambos extremos. Gemía alrededor de la polla que tenía en la garganta, vibrando contra ella, mientras su coño se contraía con fuerza alrededor del otro chico.

No tardaron mucho.

El que la follaba por el coño fue el primero en tensarse. Gruñó, aceleró un poco y se corrió dentro de ella con varios chorros calientes y espesos que se sumaron a los anteriores.

La joven promiscua sintió cómo su interior se llenaba aún más, cómo el semen empezaba a rebosar y a escaparse alrededor de la manguera que seguía moviéndose.

Casi en el mismo momento, el chico de la boca soltó un gemido ahogado y se vació directamente en su garganta. La dueña de esta tragó todo lo que pudo, con avidez, con auténtico esmero, sintiendo los golpes calientes y salados bajando por su esófago.

Un poco de leche se le escapó por la comisura de los labios, pero lo recogió con la lengua sin perder ni una gota. No quería desperdiciarla.

Antes de que pudieran retirarse del todo, otros dos chicos ocuparon sus lugares casi sin pausa.

—¡Aaaaaahhh…! ¡Me matáis, cabrooones…! ¡Hhhhffffff…! —jadeó ella, tratando de aprovechar los espacios temporales interfálicos para tomar aliento—. ¡Pero qué gusto…! ¡Mmmmmmfff…! ¡Seguid…!

Otro par de rabos entró en ella: uno en el coño, hinchado y rebosante de semen, y otro en su boca, que ya sabía a corrida de varios hombres.

Esta vez fue aún más simultáneo. Los dos chicos que la estaban usando llegaron al clímax casi a la vez. El de abajo se corrió con fuerza dentro de su coño, empujando profundo mientras gemía.

El de la boca se vació en su lengua con chorros abundantes que Silvia tragó con dificultad, pero sin derramar casi nada. Sentía, a la vez, cómo su garganta albergaba un generoso río de virilidad masculina que ni ella misma estaba segura de cómo podía tragar sin toser.

El último chico restante no quiso esperar más. Se acercó y, mientras el anterior aún salía de su boca, ya le estaba metiendo la polla. La veinteañera, con los ojos ya medio en blanco de placer, lo recibió con un gemido ahogado, chupando con energía renovada.

El último orgasmo del grupo fue rápido y brutal: el chico que la follaba por el coño se corrió con un gruñido animal, inundándola una vez más, y el que tenía en la boca eyaculó casi al mismo tiempo, llenándole la boca por última vez.

La novia de Manuel engulló todo lo que pudo, con los ojos llorosos por el esfuerzo, mientras sentía cómo sus fértiles entrañas rebosaban de semen, totalmente colapsadas de semillas varoniles. Un hilo espeso y blanco le bajaba por el culo y goteaba sobre el asiento de la furgoneta.

Cuando por fin terminaron, los seis chicos se apartaron ligeramente, respirando agitados, mirándola con una mezcla de admiración y gratitud.

La joven dama se quedó allí, recostada, con las piernas abiertas, el vestido arrugado alrededor de la cintura, los pechos al aire y la cara y el coño completamente cubiertos de semen. Tenía la respiración entrecortada, el pelo revuelto y una sonrisa suave, casi tierna, en los labios hinchados.

Pensó en silencio:

«No son malos chicos… Me han respetado todo el tiempo. No me han forzado nada, no me han insultado, no han sido bruscos… Solo han disfrutado de mí y me han hecho disfrutar como una loca. Me han tratado bien.»

Se sentía extraña pero feliz. Usada, llena, saciada… y curiosamente respetada.

El traductor se acercó, le acarició la mejilla con ternura y le susurró al oído:

—Eres una diosa. Gracias por esto.

Silvia sonrió, aún con sabor a corrida en la boca, y contestó en voz baja:

—Gracias a vosotros… Me habéis hecho pasarlo de puta madre.

Fuera, en el aparcamiento, se oyó el sonido de pasos acercándose.

Su chico al fin volvía del súper.

Silvia se incorporó rápidamente, se bajó el vestido como pudo, se limpió la boca con el dorso de la mano y respiró hondo.

La furgoneta seguía cerrada.

Y ella, por dentro, seguía chorreando semen de varios hombres.

Pero su cara… mostraba solo una sonrisa tranquila y satisfecha cuando miró hacia la ventanilla, esperando el momento exacto para salir.

***

Víctor Martínez de Font

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