El funcionario Parte 10 (Final)
Descubrí que mi esposa no era la mujer que creía, sino una criatura elemental que solo encuentra su verdadera naturaleza follando con extraños. En lugar de destruirnos, esa revelación nos empujó a cruzar el mundo, dejando atrás la moralidad para abrazar el deseo puro y sin juzgamientos.
EL FUNCIONARIO Parte 10
Por un momento temí que el viejo no se marchara, que me hiciera salir del armario cuando estos canis de gimnasio ya se hubieran marchado y se follara a Jocelyn delante de mí y luego me mandara a dormir al cuarto de los masajes, sobre la camilla y él se quedara durmiendo con ella en nuestra cama.
Pero nada de eso sucedió. Ya no estaban allí ni el viejo ni los paletos
_Ya se han marchado_ dijo ella y abrió la puerta del armario y nos abrazamos.
Sentía su cuerpo caliente y magullado todavía, extenuado.
_ ¿Por qué le has dicho lo del armario?_
_Porque él comenzó a decir en el restaurant ¿tu esposo no estará dentro del armario? Me pareció escuchar ruidos el otro día, así que acabé por confesarlo, que sí, que nos espiabas desde allí.
_ ¿Él que dijo?_
_Se moría de risa_ dijo Jocelyn, avergonzada también, llevaba una salida de baño, de toalla y unas sandalias de caña en los pies.
_ ¿Nunca antes habías estado con dos hombres, al mismo tiempo?_
_No nunca_ dijo y negó con la cabeza también, volvimos a abrazarnos y nos besamos otra vez, su boca tenía un sabor dulce y cálido.
_Tengo la boca reseca, me voy a duchar ¿te duchas conmigo?_ dijo ella
Y nos duchamos juntos, nos besábamos muy dulcemente, pero no hubo nada sexual bajo el agua ni tampoco luego en la cama.
Cuando me desperté volví a repasar en mi mente todo lo que había sucedido y no me lo podía creer.
Esto es demasiado, es mucho, todo lo que ha pasado es mucho, nos hemos pasado ¿Cómo vamos a seguir a partir de ahora? Me decía.
Pero lo concreto es que ese día trabajé en el hospital y la verdad estaba de buen humor.
Por momentos hablaba con un paciente o con los otros médicos y con mi secretaria y me decía a mí mismo y se lo decía mentalmente a ellos, si supierais lo que hemos estado viviendo mi mujer y yo no lo creeríais.
Yo apenas podía creerlo tampoco y en otros momentos me parecía una monstruosidad como si hubiéramos cometido un crimen y debiéramos ser castigados por ello.
Pero nadie vino a castigarnos esa noche ni la siguiente y a la segunda noche, follamos ella y yo de una manera muy calma, con una paz extraordinaria, casi como una ceremonia de la Polinesia, ya sé que Filipinas no es la Polinesia, pero había algo de ritual y sagrado en ese coito primero, luego de la tormenta, las velas aromáticas, el incienso de sándalo, ese cuerpo de ella que era como una estatuilla de la fertilidad, la cadera estrecha y los pechos y las nalgas prominentes y me corrí dentro de su coño, dos veces esa noche.
Si quedaba embarazada no sabríamos de quien era el niño, hasta que no se hiciera un ADN.
Y entonces un día de esos que siguieron ella me dijo que el viejo la había llamado y que le pedía algo, una sesión de masajes, pero no para él.
_Una sesión de masaje, completa, como tú sabes_ ponía.
_ ¿Qué quieres que haga?_ me dijo ella
_No lo sé ¿Qué quieres hacer tú?_ dije
_Quiero ver a Benito otra vez_ dijo ella
_Si….claro….lo entiendo…._ dije, me había descolocado.
No pensé que ella tuviera el deseo tan marcado de volver a follar con él
_Y me dice que si no hago esta sesión de masajes con este amigo suyo no nos veremos más_ dijo ella.
_Es una forma de chantaje entonces_ dije yo
_Si, le gusta hacer esas cosas conmigo, como lo de los dos hombres del otro día_
_Te gustó estar con ellos ¿verdad?_
_Bueno, tú lo has visto todo, si me gustó_ dijo ella.
A medida que avanzaba esta historia con el funcionario veía como Jocelyn se transformaba en un ser más elemental cada vez, en lugar de tornarse más compleja psicológicamente se volvía más simple, como si fuera esa su verdadera naturaleza, la simplicidad.
Aceptaba de modo natural que le gustaba follar con el viejo y que a mí me gustara mirar, como follaba con él y con otros.
Todo era simple y sin juzgamientos, no había un juicio moral de ninguna naturaleza, lo anterior habían sido solo poses artificiales, ella era realmente así como se presentaba ante mis ojos.
Una criatura simple, casi selvática, sin civilizar, le gustaba follar y le gustaba ser mi esposa, cocinar esos platos exóticos para mí y follar para que yo la viera y follar conmigo pero de otra manera.
Era como si aceptara que hubiera en ella distintas mujeres con distintas sexualidades.
Aceptaba esa diversidad y de alguna manera hacía que yo la aceptara.
Aunque dentro de mí, la parte más civilizada de mi ser, se negara todavía y fantaseara con dejar toda esta mierda y abandonar a Jocelyn a su suerte, acabar con lo nuestro que ya estaba definitivamente corrompido, podrido.
_Está bien, haz ese masaje ¿No sabes quién es?_ pregunte
Ella negó con la cabeza.
Me metí en el armario con Jocelyn delante, como aquella vez del primer masaje con el viejo, nos besamos antes de que yo entrara en el refugio, en mi puesto de voyeur.
Y luego esperé ansioso y luego le vi entrar con un hombre detrás.
Era el viejo del bar, el amiguete, el hombre cano que se había acercado a conversar con ellos en ese pub de viejos.
_Benito me ha hablado maravillas de ti…. Me ha dicho que tienes unas manos mágicas_ dijo el viejo, tenía una voz un poco aguda y quebrada.
_Gracias_ dijo ella.
Jocelyn llevaba una falda corta de hilo, un vestido como de lana, en forma de red, sus muslos quedaban al desnudo y era tan ceñido que se le pegaba al cuerpo marcando toda su voluptuosa figura, los hombros y los brazos casi musculosos al descubierto.
La piel de un suave moreno, el viejo la miraba de una manera tan anhelante que daba pena.
_Debe quitarse la ropa en el baño y ponerse esta toalla_ dijo ella
_Vale, cariño, ya vuelvo_ dijo el hombre
Jocelyn me miró y sonrió, mientras preparaba los aceites y otras cremas, parecía divertida y relajada, segura de que ese hombre no podría imponerse a ella de ningún modo.
El hombre volvió del baño, con la toalla enrollada en la cintura, el cuerpo seboso, las tetillas algo caídas, mucho pelo cano en el pecho también.
_Póngase boca abajo_ dijo ella
El viejo lo hizo, comenzó ella a desparramar aceite sobre ese cuerpo sin gracia y luego a untarlo con los dedos, punzando casi, los hermosos dedos morenos y perfectos sobre esa piel reseca y ajada.
Masajeo la parte posterior de los muslos, la espalda, hundiendo los dedos entre las vértebras, las plantas de los pies, el hombre suspiraba quedamente.
Y luego le hizo dar vuelta.
_Tienes muy buena mano_ dijo el viejo, un poco cohibido me pareció.
Jocelyn siguió masajeando los hombros y el cuello de ese viejo.
_Benito me dijo….que el precio era por un servicio completo…._ dijo el viejo
_No sé a qué se refiere Benito con eso…._ dijo ella muy seria.
_Venga, cariño, tú lo sabes muy bien…_ dijo el viejo, con aire libidinoso.
Entonces ella quitó la toalla y quedó a la vista una polla pequeña y blanda.
Sin decir nada, Jocelyn se inclinó y se la tragó de un solo bocado.
_La madre que me parió…_ dijo el viejo.
Ella le mamó la polla con los ojos cerrados, vi que el hombre estiraba su mano y por el espejo que había en la pared, comprobé que la mano se metía por dentro de la falda y acariciaba allí y sobaba las nalgas.
Jocelyn se quitó la polla de la boca y vi que esta había crecido considerablemente y entonces lamió los huevos.
_Eso, cariño….Uffff cómeme las pelotas…._dijo el viejo, ella se apartó un mechón de pelo y repasó con la lengüita las bolas pequeñas y peludas de ese renacuajo, y lo pajeaba ferozmente con su manita, hasta que el viejo se corrió con unos estertores de moribundo, Jocelyn dejó que la lefa resbalara sobre el propio vientre del hombre.
_Joder, que boquita, tienes, dame un beso…._
_Las putas no damos besos ¿No lo sabía usted?_ dijo ella
_Con Benito haces de todo_
_Con él es algo especial_ dijo ella
_Ya veo que sí, déjame darte unos besos en el culo_
_El servicio ya ha acabado…_ dijo ella
_Venga, Benito dijo que serías buena conmigo…._
_Está bien, pero que sea rápido_ dijo ella, el viejo saltó al suelo, completamente desnudo y se colocó detrás de Jocelyn quien se inclinó y apoyó los codos en la camilla, de pie, las tetazas aplastadas sobre la camilla también.
El viejo levantó un poco más la pequeña falda y pude ver en el espejo como hundía la cara entre las nalgas carnosas y luego escuché un ruido como de sorbete y la carita de ella comenzó a descomponerse, su ceño se arrugo súbitamente ante el primer golpe de la lengua del viejo en lo más profundo de su intimidad.
O ella estaba muy cachonda o el viejo sabía muy bien lo que hacía, porque casi de inmediato los gemidos de Jocelyn llenaron la habitación.
_Ahhhhhh!!!.......Yes…yes…..sigue….sigue así…._ decía ella y el viejo comía y comía como un cerdo glotón y voraz, escuchaba los ruidos de deglución de su lengua y su boca, sobre el culo y el coño de mi esposa, sin tregua.
_Dios….sabes hacerlo…..cabrón……sabes hacérmelo, bastardo…._dijo ella, entrecerrando los ojos trastabillando un poco sobre sus sandalias de fino tacón.
PLASSSS!!!
Un azote en el culo, el viejo tímido se volvía cada vez más atrevido.
_OHHHH!!!.....yes…yes…..OHHHH….MY GOODDD!!!......._
La lengua rasposa no daba descanso allí entre medio de las nalgas, la cabeza cana estaba incrustada entre medio de esas montañas carnosas como si hubiese quedado atrapada allí para siempre.
PLASSSSSS!!!!
_OHHHHH!!!....YES…YES……..DIOSSSS….BASTARDOOOO!!....._ PLASSSS!!!.....SCHUP!!!...SCHUPPPPP!!!!
_OH MY GOD….AICUMMM!...... AICAMMMM!!!!!....._
PLASSSSS!!!….SCHPPPPGGHHH!!!
El ruido de sorbete que hacía la boca de ese viejo sobre el coño de Jocelyn era algo asqueroso y ella comenzó a correrse, se mordía uno de sus deditos ahora, mientras se retorcía como un pez al que acaban de sacar del mar.
Entonces el viejo se puso de pie y se limpió la boca con el dorso de la mano y levantó las caderas de ella con las dos manos y la acomodó mejor sobre la camilla, corrió la tira del tanga diminuto y cogió luego la botella del aceite para masajes y lo derramó sobre el culo expuesto y se afirmó, su polla estaba erecta otra vez.
_No espera, por ahí no…_dijo ella.
Pero ya era muy tarde el viejo se afirmó sobre la pequeña cintura con las dos manos y empujó y ella se aferró con las manitas del borde de la camilla y el viejo volvió a empujar y esa polla la penetró.
_Dios…..me la has metido en el culo, bastardo….._ dijo ella
PLASSSSS!!!
_AHHHHHH!!!.......JODER……POR MI CULO…….DIOSSSS!!!......._ Gritó ella
PLOPPP!!!....PLOPPPP
_Venga zorra que sé te gusta que te follen duro…..venga….._ dijo el viejo y la cogió del pelo y tironeó cruelmente y pasó una de sus manos por debajo del cuerpo para sobarle una tetaza.
PLOPPP!!!...PLOPPP
La pelvis huesuda chocaba contra los glúteos esponjosos.
_OHHHH!!!!......Si…..ME REVIENTAS MI CULO….MI CULO, CABRÓNNN!!!..._ Gritaba ella con los ojos cerrados.
El viejo levantó la carita de Jocelyn y la hizo girar y torcer el cuellito y la besó, en la boca, la besaba y le devoraba los labios al mismo tiempo que la enculaba, los dos de pie contra la camilla.
Ella flexionaba un poco las piernas para que la verga entrara mejor.
Mi esposa era ya una mujer pública, la hembra de todo aquel que el viejo eligiera para ella.
Debía hacer algo, no podía permitirlo.
Recordé que Benito había sido amigo del marido de Carmen y le pedí una foto, por suerte ella tenía una, era una reunión de viejos compañeros de la mili.
Con esa foto fui una tarde al ministerio de sanidad y universidad.
Había una mujer de unos cuarenta años en recepción, le enseñé la foto.
_Perdona, estoy buscando a este hombre…_ dije
_ ¿Don Benito? ¿El portero? Pero no trabaja más aquí, desde hace cinco o seis años por lo menos, se ha jubilado ya…_
_ ¿El portero?_ dije
_Bueno, sí, portero y un poco de todo, maestranza, limpieza_
_Pero….pensé que era un funcionario….._
_Bueno, no…… él estaba aquí desde que había dejado la mili, contó una vez, debe haber trabajado casi cincuenta años aquí…._
Me dijo la mujer, con la foto entre las manos.
_ ¿Se encuentra bien de salud? Don Benito digo_ dijo la mujer.
_Si, está muy bien….-
Regresé a casa, los gemidos de Jocelyn se escuchaban apenas entré a nuestro piso, fui hasta el cuarto, Don Benito, el funcionario, el portero, la tenía en cuatro patas sobre la cama y la embestía salvajemente, ella estaba con los ojos cerrados, los tetones colgando obscenamente, entrechocándose entre ellos y el viejo me miró con curiosidad, el corpachón de ese hombre y el cuerpazo curvado de mi esposa estaba bañados en sudor.
Fui hasta la cocina a preparar algo de comer.
Ella follaba con él bastante seguido pero creo que en realidad tomé la decisión de que debíamos marcharnos de Madrid un día en especial, un día en que sabía que ellos irían al pub de viejos que Benito frecuentaba,
Recuerdo que me vestí con el disfraz ridículo con la barba y la peluca y las gafas, una especie de hippie de los años 70, con gorra ridícula, primero les espié desde la acera, como la vez anterior.
Jocelyn llevaba un minivestido blanco que le marcaba todo su cuerpazo curvilíneo y destacaba el moreno suave de la piel.
Y estaban en la barra del bar, ella cruzada de piernas, exhibiendo esas hermosas piernas, largas, torneadas, los muslos musculados, los finos zapatos de tacón, de color blanco esta vez y el viejo a su lado, con su panza, tirante bajo la camisa y el chaleco, con corbata, un funcionario, bebiendo algo con una amiga especial, luego del trabajo.
Y yo les miraba fascinado, la primera impresión siempre deja una huella indeleble en nuestro espíritu.
Y yo estaba prendado de esa primera imagen de ella que tuve aquella noche en Manila, una hermosa y exótica mujer, junto a un hombre maduro en la barra del bar de un hotel cinco estrellas, una acompañante de lujo, una prostituta de alto nivel, una scort vip.
Y el viejo tocaba levemente su rodilla con una mano y ella sonreía, casi con timidez y se acercó a saludarles el viejo cano que le había dado por el culo en la sala de masajes y cogió la manita larga y delicada de Jocelyn y la besó en un gesto caballeresco, pasado de moda.
Y bebieron algo y charlaron, de forma relajada, ella en medio de esos dos viejos con los que había tenido intimidad plena, a los que les había mamado las pollas y con los que se había besado ya.
Y el que los viera no sabría nada de todo eso, de esa vida secreta, furtiva, que pasaba lejos de los ojos de la gente.
Y luego el viejo cano se alejó de ellos y yo me quedé observándolos otro rato. En este periodo en que la relación de Jocelyn con el viejo se había formalizado de algún modo, ella se había vuelto más hermética aún, menos proclive a compartir sus sentimientos conmigo y más que sus sentimientos tendría que decir sus pensamientos.
Como si no hubiera ningún pensamiento en esa hermosa cabecita en realidad, seguía siendo cariñosa conmigo, aunque de un modo distante, seguía haciendo masajes a las viejas vecinas de la urbanización y viviendo con una tranquila alegría casi sin preocupaciones.
Sabía yo que disfrutaba de los polvazos que el viejo le regalaba y estaba más buena que nunca, más felina, más sensual, con ese florecimiento de una tía buena cuando está bien follada.
Y vi cómo se besaban, ella sentada todavía en el taburete y el viejo de pie a su lado, las bocas se encontraban y los labios chocaban y se devoraban con morosidad, tenían todo el tiempo del mundo para ellos, dos amantes que se degustaban con el encanto de lo conocido y también de la novedad, cuando todavía el descubrimiento físico es reciente, todavía el amor carnal es joven y existe el deseo verdadero, real y pleno.
Y la manaza del viejo en la pequeña cintura y cada detalle que veía se amplificaba en mi mente y emitía ondas sonoras o eléctricas que se desparramaban por todo mi cuerpo y eran estímulos dolorosos y llenos de morbo a la vez.
Era una enfermedad, de la mente, del cuerpo, del espíritu y me di cuenta que algo debía hacer o acabaría por perder a Jocelyn o aniquilarme yo.
Debíamos marcharnos, con el hijo que estaba por venir, lejos de Madrid, lejos de todo, lo comprendí cabalmente en ese instante.
Y de pronto vi como ellos se alejaban de la barra y el viejo la cogía la pequeña cintura y a mi mujer se le marcaban las nalgas ampulosas debajo del ceñido vestido. Carnes duras, firmes ejercitadas, redondeadas y pulposas, el hermoso culo de una hembra en el apogeo de su belleza física.
Y entonces crucé la calle y entre al pub y algunos me miraron con rutinaria indiferencia y esta vez ni siquiera pregunté, simplemente subí esas escalera prohibidas, las que conducían a los reservados que supuestamente estaban en obra.
Y el camarero me miró pero supongo que el viejo ya lo había puesto sobre aviso.
Oye, si viene un tío raro, es el marido de la filipina, déjale subir al cornudo, le habría dicho.
Lo cierto es subí esos peldaños alfombrados, tomándome de los pasamanos de roble, resabios de un tiempo mejor de ese lugar en decadencia y llegué a la planta alta y estaba bastante oscuro, en un rincón había un piano de cola, tapado con una funda de color blanco y luego pequeños sofás que formaban cubículos con su correspondiente mesillas y escuché unos gemidos ahogados, un rumor de cuerpos que estaban juntos y caminé a tientas y los vi, estaban en un sofá contra una pared revestida de madera oscura y se besaban, entonces me senté yo en la punta de uno de esos pequeños sofás desde donde podía verles sin que me vieran.
Se besaban y el viejo metía las manos por dentro del vestido y acariciaba las hermosas piernas, apretujando los muslos, dejando las marcas de sus toscos dedos allí, impresos en la suave piel.
Por dios, que hijo de puta, ni siquiera era funcionario, era un puto mentiroso, un aprovechado, un vulgar portero sin ninguna influencia o tal vez sí.
Un año y medio más tarde cuando ya estábamos instalados en Manila, me llegó un correo donde me avisaban que el título de médica de Jocelyn estaba homologado, ni siquiera sé si el viejo tuvo algo que ver o no.
Y luego el viejo bajaba la cremallera que el pequeño vestido tenía en la parte de atrás y pude ver el sujetador de encaje de color crema y los tetones gigantes desbordando todo y el viejo hacía saltar un pecho por encima del sujetador y lo besaba y lamía, delicadamente primero con la punta de la lengua sobre el pezón como un botón oscuro y en punta y luego tragando todo como un becerro, metiéndose dentro de la boca toda la areola rosácea,
Y ella manoseaba la enorme polla por sobre los pantalones del traje y luego desabrochaba el cinturón y luego bajaba la cremallera e inclinaba el esbelto torso desnudo con las tetas saliendo por encima del sujetador y su boquita buscaba la polla erecta y la engullía, una prostituta de lujo con su cliente, en un decadente bar de Manila.
Dando placer al hombre blanco, al invasor, al cruel hombre occidental que conquistaba las selvas y las riquezas del territorio virgen, ávidos como lobos que venían del país de las nieves y del frío, asolando las tierras cálida y selváticas, follando todo lo que se encontraba a su paso, sean hombres, animales, naturaleza.
Follando las hembras exuberantes que se entregaban a su dominador.
Como Jocelyn lo hacía, su título de médica, su cultura adquirida solo era una pátina que recubría su verdadera naturaleza de hembra concupiscente, hecha para follar y entregarse y complacer a su macho.
Y la boca succionaba esa enorme verga y luego lamía los huevos y el viejo le levantaba la corta falda del vestidito y exploraba su culo, mojándose los dedos con saliva y hurgando allí, metiendo un dedo y dos también.
Y entonces vi pasar una sombre frente a mí, el viejo cano se unía a la fiesta, se sentaba también a contemplar el espectáculo, como un espectador más que ha llegado un poco tarde.
Ahora el viejo masturbaba furiosamente a Jocelyn mientras esta le mamaba la polla.
_Joder….como te corres…como te corres con mi polla en la boca…_masculló el viejo
Y el curvado cuerpo femenino de mi esposa era sacudido por los temblores del orgasmo una vez más.
Y luego ella se montaba en él y veía como sus nalgas poderosas se contraían por el esfuerzo y ella botaba sobre la polla, con el largo pelo castaño oscuro flameando y golpeando su pequeña espalda y luego vi al viejo cano que iba hacía ellos y liberaba su polla y se acoplaba por detrás y esa polla mucho más pequeña que la de Benito se metía en el culo expuesto y ofrecido de Jocelyn y hacían una doble penetración y los tres cuerpos se sacudían como una solo entidad y ella trataba de reprimir los gritos y luego el viejo le amordazó la boca con una mano y le sacudieron unos buenos azotes como recompensa.
Me alejé luego de haberme corrido yo también y esa misma noche escribí a Manila, a Manuel, al iniciador de Jocelyn, al hombre que le había quitado la virginidad cuando ella tenía ya 25 años.
Fue todo muy natural, puse en venta el piso de Madrid, ella confirmó que estaba embarazada, se dejaba guiar como un corderillo.
Manuel fue de gran ayuda para conseguir mi visado de trabajo, la casa en la playa, en esa época yo había cobrado una herencia también, de un tío, un hermano de mi madre.
El niño nació en la época de lluvias.
Se parecía tanto a Jocelyn que casi no me preocupaba si era mío o del viejo.
Y digo esto porque yo también me había corrido dentro del coño de mi esposa muchas veces luego de esa primera vez.
La casa estaba frente al mar, el trabajo en el hospital no había sido muy exigente.
Eran las mejores playas de Filipinas, las de Port Barton, las aguas turquesas y transparentes y la arena blanca, muy fina, coralina a diferencia de otras playas de arenas volcánicas.
Jocelyn venía caminando por la orilla del mar con nuestro hijo de dos años de la mano.
Ella lucía un cuerpo escultural como siempre.
No sabía si el niño era hijo del viejo o mío, su rostro era aún más asiático que el de la propia Jocelyn, seguramente se parecía más a alguno de sus abuelos filipinos que a mí.
Tenía el cabello, largo, liso y con un hermoso flequillo, el mar era su patio de juegos.
Tuve que hacerlo, busqué huir hacía al único lugar que podía.
Volví al mismo paraíso terrenal donde había encontrado a Jocelyn.
Ella trabajaba como médica también, aunque en una sala de primeros auxilios al otro extremo de la isla.
Como decía Stevenson en un poema, la corriente de la vida, arrojándome como una crecida súbita en esta lejanas islas
Se refiere a las islas de Samoa donde finalmente murió.
Yo me he visto arrojado a estas Filipinas donde no sé si acabaré mis días, pero aquí vivo en ese estado del espíritu que algunos identifican con la felicidad, tengo una hermosa casa, una hermosa esposa, un hermoso niño, el mar muy cerca ¿Tengo? ¿Son realmente míos, la casa, la mujer, el niño?
A veces, muy de tanto en tanto, una o dos veces por año, Manuel hace los arreglos para que ella se encuentre con un hombre maduro en el mismo hotel de Manila donde la vi por primera vez, yo me siento en una de las mesas y les veo con la misma fascinación de aquella vez que ya parece más lejana cada año que pasa, con ese dulce arrobamiento con que miramos las cosas cuando somos niños.
Con ese ingenuo asombro con que solo se ven las cosas por primera vez.
FIN
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