Casada, amiga de mi madre y mi profesora
La llamada de su marido suena en el altavoz, pero sus piernas ya no responden a la razón. Mientras fingía una crisis de salud, Alex descubrió que la respetable profesora de su madre era una mujer hambrienta de placer prohibido. Ahora, la tensión es tan alta que el secreto podría costarle todo, pero el placer es demasiado adictivo para detenerse.
Desde que termine la universidad, una amiga de mi madre se vuelve mi preparadora o profesora para presentarme a unas oposiciones muy complicadas y difíciles. Mis padres no me obligaron, pero si me aconsejaron que preparara en concreto unas oposiciones. Había gente que ya las habían aprobado, que preparaban a gente como yo, previo pago de las clases. Que unas veces eran presenciales y otras no. La profesora en cuestión era Carmela, (entre 45-48 años — 1.72 — melena color cobre oscuro, aunque es castaña — 73kg — 105-110 de pecho — ojos azul intenso — boca morbosa — mirada penetrante — culo grande e insinuante), físicamente una mujer voluptuosa desde siempre, porque si físico no ha cambiado nada y siempre estuvo en mis fantasías más obscenas. Desde que empezó a prepárame, fuimos cogiendo más confianzas y cuando nos reuníamos, ahora menos por no estar viviendo en el mismo sitio, lo hacíamos en su casa y normalmente estaba vestida de forma cómoda, que resultaba más explosiva. Nunca intente nada no porque no me atreviera, sino porque su marido y algunos de sus dos hijos estaban siempre en la casa.
Tres veces me presenté y tres veces que no aprobé. Aunque la última vez estaba convencido de que lo borde todo. No me apetecía volver a presentarme, porque eran muy pocas plazas y había gente que llevaba mucho más tiempo que yo presentándose y no aprobaban. Mi familia era persistente para que me volviera a presentar. Gracias a la distancia física, no tenía que aguantarlos a todas horas. Una mañana me llama Carmela, que por trabajo estaba allí y que se iba en el AVE de la tarde. Quedamos a comer y toda la comida fue un acto de comerme la bola, para que no tirara la toalla. Como veía que no lo conseguía dijo —mira Alex, como yo creo en tu potencial, tienes que seguir intentándolo, porque no es solo que apruebes, es que luego en unos años se te rifaran muchas empresas... si te presentas y apruebas te debo una comida o una cena donde quieras, tú eliges lo que quieras—, seguro que detrás estaba la mano de mi madre. Aunque sabía que mis padres eran swinger, aunque ellos no supieran que yo lo sabía. Tenía muy claro que Carmela y su esposo Eloy no lo eran, entre otras cosas porque no solían salir de noche, la salud de Eloy no era muy buena o eso decían y porque pertenecían a un grupo un poco raro para mi gusto, porque tenían unas ideas muy estrictas.
—Pues mira te voy a aceptar el reto, pero además de la comida o la cena, ese día se hará lo que yo quiera, que siempre mi madre y tu sois muy mandonas— dije con un tono gracioso y ella acepto. No es que me matara estudiando, pero si puse el mismo interés que hasta entonces. Llego el día del examen, fui a Madrid y me examiné. Acabe tan pronto, que me marche bastante desilusionado, no porque pensara que lo había hecho mal, que pensé que lo había bordado, como me paso la última vez, sino porque el siguiente en salir lo hizo justo 23 minutos despues y salía echando las muelas. Un día de manera inesperada me llamo Carmela, estaba trabajando y se lo cogí con pocas ganas —bueno Alex, ya me dirás si es comida o cena... PORQUE HAS APROBADO— escuché esas palabras y no me lo creía.
—Espero que no sea una broma, porque no me gustan ese tipo de bromas— dije muy serio, pero a la vez muy nervioso esperando escuchar que me decía. —Es totalmente verdad, lo único que no has sacado muy buen número— su voz era de seriedad diciéndomelo y a continuación me volvió a preguntar lo de la comida o cena. —Pues si te parece cena y mejor aquí, porque si lo hacemos allí, al final se apuntará más gente— se lo dije esperando ver que contestaba. Su respuesta es que le dejara ver cuando podía y que ya me diría algo. Ese mismo día me envió un wasap —si te viene bien, este viernes no, pero el siguiente sin problemas. Si puedes, busca el sitio que yo invito—, le conteste que me venía bien.
Hice la reserva en un restaurante asiático, en concreto en un coreano y lo hice porque a ella le gustaba mucho la cocina asiática y siempre andaba quejándose de que como a su marido no le gustaba ese tipo de cocina iba muy poco. Fui a recogerla al hotel, estaba sentado en la recepción esperando que bajara. Estaba contestando a unos wasaps, cuando alzo la vista y la veo. Iba discreta y elegante, con un traje de tres piezas, pantalón chaqueta y chaleco. El chaleco llevaba un leve escote y el traje era de color azul a juego con sus ojos. Al igual que los zapatos de tacón del mismo color. Antes de llegar a donde estaba, se dirigió al mostrador de la recepción y pude ver bien como le quedaba perfecta la ropa. Nos dimos dos besos y su perfume me inundo. Como era de esperar la cena le encanto y el restaurante también, que por cierto era muy pequeño. En los postres dije que ahora iríamos a un sitio a tomar una copa y a bailar. Rechazo la oferta porque decía que no estaría bien y porque estaba muy cansada, pero que, al día siguiente, porque no se iba hasta el domingo, ya que quería aprovechar y darse un baño en el mar.
Por la mañana fui a la playa y la pude ver, era grandota, pero todo lo tenía perfectamente en su sitio. Llevaba bañador, pero perfectamente podía llevar bikini, aunque entendí que con el pecho que tenía sería difícil encontrar una pieza que lo aguantara. Cuando me vio me sonrió y pasamos la mañana tranquilamente. Comimos en una terraza que había en la playa e hicimos una larga sobremesa. En ese tiempo logre convencerla despues de mucho trabajármelo para que fuéramos a tomar una copa por la noche. Me fui a mi casa a cambiar y regrese al hotel, estaba esperando cuando me llama al móvil para decirme que suba a su habitación. El corazón se me disparo y la polla se alteró completamente. —Alex de lo que voy a decirte... SECRETO, POR FAVOR— me lo decía con una mirada penetrante e indefensa. —Te he dicho que subas, porque Eloy llamara al teléfono del hotel seguramente, que no es que sea celoso o controlador, pero... bueno cosas de Eloy. Y lo mismo lo hace en cinco minutos que en treinta.— Vamos que Eloy era un celoso compulsivo. Todo esto me lo decía, llevando una falda a por encima de la rodilla, una blusa con un poco más de escote que el chaleco de la noche anterior y la pena que no tuviera uno o dos botones más desabrochados.
No sé el motivo, pero por lo menos yo lo sentía, una tensión especial. Acaba sonado el teléfono, pero su móvil. —Pues estoy en la habitación, no entiendo el motivo, será algún fallo. ¿Quieres que te llame del fijo? Porque te llamo— decía ella con extrañeza. Me miraba y su mirada era de tensión. Lleve adelante una de mis máximas, más vale pedir perdón que pedir permiso. Carmela estaba sentada en una silla, junto a una mesa que tenía la habitación. Tenía sus piernas cruzadas muy discretamente. Me senté en una silla que había al lado, podía escuchar un poco a su esposo. Que era quien más hablaba. Acaricio su rodilla y sus ojos se abrieron como que parecían que se saldrían de sus orbitas. El marido le había preguntado algo y al no contestar insistió, —nada, nada que me había asustado, que me pareció ver una cucaracha, que ya sabes cómo me ponen de histérica— le decía nerviosa a su marido, mientras a mí me miraba con ojos de loca y haciéndome gestos violentos con la cabeza para que parara.
Continue y aunque tenía las piernas cruzadas, metí mi mano por la parte de arriba, entre las dos piernas, que ella apretaba con mucha fuerza para impedir que algunos de mis dedos llegaran ahí. Enseguida sus pezones la traicionaban, porque se pusieron de punta llamativamente, su respiración, aunque trataba de contenerla, con esas tetas tan grandes era difícil de disimular, porque se levantaban de forma exagerada. Si quitar mi mano de donde estaba, con la otra empece a acariciar sus pezones por encima de su ropa. Luego desabroché un botón más, como ella tenía una mano agarrando la mia, la que estaba en sus muslos y la otra sujetando el móvil, podía hacerme con sus pezones, que ahora los apretaba con suavidad, entonces puso el altavoz en el móvil, lo dejo sobre la mesa y ya podía usar las dos manos para tratar de contenerme, pero en uno de esos movimientos, mi mano llego a la tela que separaba mis dedos de su coño. Estaba muy húmeda la tela.
Hice un falso amago de hablar y casi le da un ataque, me decía con la cabeza que no hablara, lo que hizo que aflojara sus piernas un poco, sin nada de ayuda por su parte y con mucha maña, logre apartar sus bragas un poco y uno de mis dedos acaricio su clítoris. Poco a poco fui acariciándolo, manipulándolo con la punta de mi dedo, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo mi toque experto. Su clítoris, ya duro y sensible, respondía a cada movimiento que hacía. Carmela seguía en la llamada con Eloy, pero ahora su voz era un hilo apenas audible, llena de jadeos contenidos que intentaba disimular con toses falsas y respuestas monosilábicas.
—Carmela, ¿estás bien? Te oyes rara— escuché la voz de Eloy a través del altavoz. —S-sí, cariño, solo que... ah... el aire acondicionado está muy fuerte y me... me he resfriado un poco— logró decir mientras mis dedos exploraban con más audacia su coño cada vez más húmedo. Sus bragas estaban completamente empapadas, y la tela delgada apenas ofrecía resistencia a mis dedos que ahora se deslizaban con facilidad entre sus labios. Sentí cómo sus piernas, que antes apretaba con fuerza, comenzaban a abrirse lentamente, cediendo a mi invasión deliberada. Su respiración se aceleraba, y sus pechos se elevaban y descendían de forma exagerada con cada jadeo, los pezones erectos evidentes incluso a través de su blusa.
Aproveché que su atención estaba dividida entre mi mano entre sus piernas y la llamada de su marido para desabrochar otro botón de su blusa. Ahora tenía acceso casi completo a su escote, y con mi otra mano comencé a masajear sus pechos enormes, sintiendo el peso de ellos en mi palma. Apreté sus pezones entre mis dedos, provocando que arqueara la espalda y emitiera un gemido que rápidamente intentó disimular.
—Carmela, ¿qué ha sido ese ruido?— preguntó Eloy, con un tono de sospecha en su voz.
—N-nada, amor, solo que me he golpeado el dedo meñique con la mesa— respondió ella, mientras sus ojos me suplicaban que tuviera cuidado.
Pero yo no tenía intención de ser cuidadoso. Quería ver hasta dónde podía llegar, hasta qué punto se dejaría llevar por la situación. Mis dedos continuaron su exploración, deslizándose más adentro, encontrando la entrada de su coño caliente y húmedo. Introduje un dedo lentamente, sintiendo cómo sus músculos vaginales se contraían alrededor de él, como si intentaran retenerlo o expulsarlo, no estaba seguro.
Su reacción fue inmediata. Sus caderas comenzaron a moverse sutilmente, acompasando el ritmo de mis dedos que ahora entraban y salían de su coño con mayor confianza. Su mano, que antes sujetaba la mía intentando detenerme, ahora la encontré sobre mi muñeca, no para detenerme, sino para guiar mi mano, para asegurarse de que mis dedos llegaran exactamente donde ella necesitaba.
—Cariño, creo que tengo que colgar, que no me encuentro muy bien y tengo que ir al aseo— dijo Carmela con voz temblorosa. —¿Estás segura? Me preocupas— preguntó Eloy con preocupación. —¡No, no, por favor! Tranquilo— respondió ella casi con pánico. —Solo necesito ir al baño y descansar un poco. Mañana te llamo, ¿vale?—
Después de una breve conversación más, finalmente colgó. La habitación quedó en silencio, solo roto por los jadeos de Carmela y el sonido de sus bragas mojadas mientras mis dedos continuaban su trabajo. Se recostó en la silla, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, entregándose completamente al placer que le estaba proporcionando.
—Alex, no deberíamos... Eloy podría llamar de nuevo...— susurró, aunque sus acciones contradecían sus palabras, ya que sus caderas continuaban moviéndose al ritmo de mis dedos.
—Ya colgaste, Carmela. Y aunque volviera a llamar, ya no contestarás— dije con una sonrisa maliciosa mientras con mi otra mano terminaba de desabrochar su blusa por completo, liberando esos pechos magníficos que había deseado durante años.
Sus pechos eran aún más impresionantes de lo que había imaginado. Grandes, firmes, con pezones perfectos que ahora estaban erectos y ansiosos por mi atención. Me incliné y tomé uno en mi boca, mientras mis dedos continuaban la tortura en su coño. Ella gimió abiertamente ahora, sin la necesidad de contenerse, con sus manos entrelazadas en mi pelo, presionando mi cabeza contra su pecho.
—Sí, así... sigue, por favor —suplicaba entre gemidos.
La situación era increíblemente excitante. Allí estaba, la mujer que había sido mi profesora, la amiga de mi madre, la mujer de mis fantasías más oscuras, con las piernas abiertas mientras mis dedos la llevaban al éxtasis con la ayuda de mi hábil lengua. Su cuerpo respondía a cada toque, cada caricia, cada movimiento de mis dedos dentro de ella.
Sentí cómo sus músculos comenzaban a contraerse, cómo su respiración se volvía más aguda, cómo sus gemidos se volvían más frecuentes y urgentes. Estaba cerca del orgasmo, muy cerca. Aceleré el ritmo de mis dedos, al tiempo que con mi pulgar presionaba su clítoris con movimientos circulares.
—¡Alex! ¡Dios, sí! ¡Ah! ¡Ah!— gritó cuando finalmente el orgasmo la recorrió por completo, sacudiendo su cuerpo con ondas de placer que la hicieron arquear y temblar violentamente.
Su coño se contrajo fuertemente alrededor de mis dedos, inundándolos con sus jugos mientras el orgasmo la dominaba por completo. La mantuve así, disfrutando de cada momento de su clímax, hasta que finalmente su cuerpo se relajó, completamente satisfecho. Cuando abrió los ojos, los encontré llenos de una mezcla de gratitud, sorpresa y un poco de culpa. Me ayudó a incorporarme y me dio un beso largo y apasionado, una mezcla de sus labios y el sabor de su propio coño en mi boca.
—No puedo creer que hayamos hecho esto— dijo cuando se separó, arreglándose la ropa. —Eloy podría haber llamado en cualquier momento.—
—Pero no lo hizo— respondí con una sonrisa. —Y, además, ¿recuerdas lo que dijiste? Que, si aprobaba, ese día se haría lo que yo quisiera.
Su expresión cambió, de la culpa a una sonrisa cómplice.
—Así que, ¿qué quieres ahora, Alex?— preguntó con voz seductora, sus ojos azules brillando con anticipación. —¿Qué quiero ahora?— repetí con una sonrisa canalla, mientras me levantaba y me desabrochaba el cinturón. —Quiero que veas de cerca lo que has provocado, Carmela. Quiero que te arrodilles y me mires mientras te lo enseño todo.—
Sus ojos azules se abrieron de par en par, una mezcla de shock y lujuria en su mirada. Sin decir una palabra, obedeció, deslizándose de la silla hasta arrodillarse en la alfombra frente a mí. Su blusa seguía abierta, y sus enormes pechos colgaban pesados y perfectos, con los pezones todavía erectos por el orgasmo que acababa de tener.
Abrí la cremallera de mis pantalones y saqué mi polla, ya completamente dura y pulsante. La cabeza era de un color rojo oscuro, y la vena principal que recorría todo el largo estaba tan hinchada que parecía a punto de estallar.
—¡JODER, ALEX!— exclamó Carmela con la voz ronca por la excitación. —¿Qué coño tienes ahí? Es... es monstruoso. Nunca he visto una polla tan grande, tan gorda. Y esas venas... me muero por sentirlas dentro de mi coño.— dijo rompiendo su vocabulario perfecto y correcto que tenía siempre.
Se acercó con cuidado, como si temiera que pudiera morderla, y extendió una mano temblorosa para tocarla. Sus dedos se cerraron alrededor del tronco, apenas pudiendo rodearlo por completo. —Es más gruesa que mi muñeca — susurró, fascinada. —Eloy es un buen hombre, pero su polla no llega ni a la mitad de esto. ¿Cómo aguantas sin correrte con una cosa así? La de Eloy ya estaría goteando solo de mirarla.—
Con un movimiento decidido, se inclinó y pasó la lengua por la cabeza de mi polla, recogiendo la gota que ya se había formado. Un gemido profundo escapó de su garganta. —UMMMM... Sabe a salado, a macho— dijo antes de tomar la cabeza en su boca, trabajando con su lengua mientras su mano seguía masturbando el resto del tronco.
La vi con asombro cómo más y más de mi polla desaparecía entre sus labios, hasta que tuvo que parar, ahogándose ligeramente. —No puedo más— dijo con los ojos llorosos por el esfuerzo. —Es demasiado grande para mi boca, pero joder, cómo me gusta. Quiero que me la metas toda, Alex. Quiero que me partas el coño con esta bestia. Quiero sentir cómo me abres hasta el fondo, cómo me llenas como nunca me han llenado.—
Se levantó con agilidad y se quitó la falda de un tirón, dejando caer también sus bragas empapadas. Su coño estaba completamente depilado, los labios hinchados y rojos, brillando por la humedad. Se giró y se apoyó en la mesa, ofreciéndome su culo grande y perfecto.
—Mírame, Alex— dijo mirándome por encima del hombro. —Soy una perra caliente. Soy la amiga de tu madre, la profesora respetable, y ahora estoy aquí con las piernas abiertas, con el coño goteando, esperando que me folles como una zorra. ¿Te imaginas qué diría tu madre si me viera así? ¿Y Eloy? Pobre hombre, ni imagina que su esposa está a punto de ser destrozada por una polla como esta.—
Me posicioné detrás de ella, frotando la cabeza de mi polla por sus labios vaginales, mojándola con sus jugos. —¡Dios, sí! Metémela ya, por favor! ¡Estoy ardiendo, necesito que me folles! ¡Rompe mi coño, Alex, hazme tuya!—
Con un movimiento lento pero firme, comencé a introducir mi polla en su coño. Sentí la resistencia inicial, seguida de un gemido de dolor y placer mezclados cuando la cabeza entró por completo.
—¡Ahhh! ¡Joder, qué grande! ¡PARA, PARA UN MOMENTO!— gritó, aunque sus caderas ya se movían hacia atrás, buscando más. —Siento como si me estuvieras partiendo en dos. Pero no pares, por favor, no pares. Metémela toda, quiero sentirla hasta el fondo de mi garganta.—
Continué empujando, centímetro a centímetro, mientras ella gemía y se quejaba, mezclando insultos y súplicas.
—¡Sí, así! ¡Más hondo! ¡Hazme tu perra! ¡Quiero que recuerdes este coño toda la vida! ¡Quiero que cuando folles a otras jovencitas pienses en cómo mi coño apretaba tu polla! ¡Quiero que Eloy note la diferencia cuando vuelva a tocarme, quiero que sienta cómo me has ensanchado, cómo me has dejado marcada para siempre!—
Finalmente, mi pelvis tocó sus nalgas. Estaba completamente dentro de ella, hasta el fondo. Permanecimos así un momento, sintiendo cómo los músculos de su coño se contraían alrededor de mi polla, adaptándose a su tamaño.
—No me lo puedo creer— susurró. —Estoy completamente llena. Siento cada centimetrro de tu polla dentro de mí. Las venas, el grosor... es increíble. ¿Cómo aguantas sin correrte? Yo ya estoy a punto de explotar y apenas hemos empezado.— hablaba nerviosa sin parar.
Comencé a moverme, lentamente al principio, luego con más ritmo. Cada embestida provocaba un gemido de Carmela, que ahora había perdido toda inhibición.
—¡Sí, así! ¡Más duro! ¡Metemela toda! ¡Destrózame el coño! ¡Quiero que mañana no pueda andar de lo bien que me la habrás metido!— decía muy cachonda, completamente desaforada.
Sus pechos gigantes balanceaban con cada embestida, y se agarró a los bordes de la mesa para no caerse. Su coño estaba increíblemente caliente y apretado, y sentía cómo sus jugos corrían por mis bolas, mojándolo todo.
—Estoy cerca, Alex— gimió. —Muy cerca. No aguanto más. Me corro, me corro, ¡MEEEE COOOOOORRO!—
Su cuerpo se tensó, y sentí cómo su coño se contraía violentamente alrededor de mi polla mientras un orgasmo devastador la recorría de pies a cabeza. Gritó sin pudor alguno, sin importarle si alguien en las habitaciones vecinas podía oírla. Pero yo no me detuve. Continué follándola mientras ella se recuperaba, buscando mi propio placer.
Mi polla seguía dura como una piedra, palpitando con la energía de ver cumpliéndose una de mis grandes fantasias. Carmela se giró, sus ojos azules brillando con una lujura insaciable. Me miró de arriba abajo, deteniéndose en mi miembro erecto, todavía cubierto con la mezcla de sus jugos.
—Joder, Alex, ¿cómo coño puedes seguir así?— dijo con asombro, acariciando mi vientre con la mano. —Acabo de correrme como una perra en celo y tú sigues ahí, con esa bestia lista para más. Eloy se corre una vez y se queda frito una hora. Tú eres una máquina de follar.—
Se acercó y me besó con pasión, su lengua explorando mi boca mientras su mano volvía a rodear mi polla.
—No pares, Alex, por favor— suplicó entre besos. —Sigue follándome. Necesito sentir esa polla dentro de mí otra vez. Necesito que me llenes, que me uses, que me trates como la zorra que me he convertido contigo.—
Comenzó a mover sus caderas, frotando mi polla contra su coño todavía sensible. Sentí cómo se humedecía de nuevo, cómo su cuerpo respondía a mi contacto.
—Pero cuidado— dijo de repente, separándose un poco. —No te puedes correr dentro de mí. No tomo nada y con mi edad, una caída sería un desastre. No quiero quedarme embarazada, joder, ya tengo hijos mayores.—
Me miró con seriedad, aunque sus ojos seguían llenos de deseo. Pero su advertencia solo excitó mi imaginación.
—No te preocupes— dije con una sonrisa maliciosa. —Si no puedo correrme en tu coño, me correré en tu culo.— Sus ojos se abrieron de par en par, una mezcla de shock y miedo en su mirada.
—¿En el culo?— repitió con voz temblorosa. —No, Alex, no... nunca me han follado el culo. Eloy dice que es una cosa de maricones, que no es normal. Y con tu pollón... joder, me destrozarías. No cabe, es imposible.—
—Todo cabe si se quiere, Carmela— dije acercándome y acariciando sus nalgas. —Imagina cómo se sentirá esta polla gorda y venosa entrando por tu culo, estirándolo, llenándolo por completo. Imagina el placer, el dolor mezclado con éxtasis.— le susurraba.
La vi dudar, luchando entre el miedo y la curiosidad. Sus ojos se movían entre mi polla y mi cara, evaluando la situación.
—No... no puedo— dijo finalmente, aunque su voz sonaba poco convincente. —Es demasiado grande, me hará daño.— decía como autoconvenciéndose. —Solo un poco al principio— dije, girándola y apoyándola contra la pared. —Luego solo será placer. Te lo prometo. No es el primer culo que me follo ni el ultimo—
Se quedó quieta un momento, respirando profundamente. Luego, con un suspiro que sonó a rendición, se movió.
—Espera— dijo, separándose. —Si vamos a hacerlo, vamos a hacerlo bien.—
Caminó hacia el neceser que había sobre la mesita de noche y abrió un pequeño tubo de crema para las manos. Volvió hacia mí, con una sonrisa tímida pero decidida.
—Es lo único que tengo— dijo. —Pero mejor que nada, supongo.—
Se puso de espaldas a mí, apoyando las manos en la pared y arqueando la espalda para ofrecerme su culo. Con movimientos torpes, comenzó a aplicarse la crema en su ano, sus dedos temblorosos explorando una zona nueva para ella.
—Ayúdame, Alex— suplicó mirándome por encima del hombro. —Dime qué hacer.—
Me acerqué y tomé el tubo de crema, aplicando una cantidad generosa en mi polla y luego en su culo, mis dedos explorando su entrada, preparándola para lo que estaba por venir.
—Relájate, Carmela— dije suavemente. —Respira hondo. No te tenses y relájate. Confía en mí.—
Asintió, y comencé a presionar la cabeza de mi polla contra su ano. Sentí la resistencia inicial, sus músculos contraídos negando la entrada.
—¡Ahhh! ¡Para, para!— gritó cuando la cabeza comenzó a entrar. —¡Joder, qué grande! ¡Me duele!—
Me detuve inmediatamente, esperando a que se acostumbrara a la sensación. Su respiración era agitada, su cuerpo tenso.
—Sigue, pero despacio— dijo finalmente. —Muy despacio.—
Continué empujando, centímetro a centímetro, deteniéndome cada vez que ella lo pedía. Sus gemidos eran una mezcla de dolor y placer, sus manos agarradas a la pared como si fuera su único salvavidas.
—¡Dios! ¡Qué grande! ¡Siento como si me estuvieras partiendo!— gritaba mientras más y más de mi polla desaparecía en su culo. —¡No puedo más! ¡Sácalo! ¡Es imposible que entre!—
Pero cada vez que pedía que parara, sus caderas se movían sutilmente hacia atrás, buscando más. Era una lucha interna entre el dolor y el placer, entre lo que creía que debía sentir y lo que realmente sentía. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, mi pelvis tocó sus nalgas. Estaba completamente dentro de ella, hasta el fondo.
—Lo logramos— dije con voz ronca. —La tienes toda dentro.—
Se giró para mirarme, sus ojos llenos de lágrimas pero también de triunfo.
—La tengo toda— repitió con una sonrisa. —Tu pollón entero en mi culo. Joder, me siento llena, bien follada, pero también... increíblemente viva.—
Comencé a moverme lentamente, muy lentamente, permitiéndole acostumbrarse a la sensación. Cada embestida provocaba un gemido, una mezcla de dolor y placer que la llevaba cada vez más cerca del éxtasis.
—¡Más rápido! ¡Más duro!— suplicó finalmente, perdiendo toda inhibición. —¡Fóllame el culo, Alex! ¡Trátame como la perra que soy! ¡Hazme tuya!—
Aceleré el ritmo, mis manos agarradas a sus caderas mientras la follaba por el culo. Sus pechos gigantes balanceaban con cada embestida, y sus gemidos llenaban la habitación.
—¡Sí, así! ¡Destrozame el culo! ¡Hazme una verdadera perra! ¡Quiero que recuerdes este culo toda la vida!—
De repente, justo cuando estábamos en el punto más álgido, su móvil sonó. Carmela intentó ignorarlo, pero el teléfono insistió.
—Mierda— maldijo. —Es Eloy.—
Con una mano temblorosa, cogió el móvil y contestó, poniendo el altavoz.
—¿Qué?— dijo con un tono de impaciencia y enfado que no había escuchado antes. —¿Qué coño quieres ahora? ¿No te he dicho que no me encontraba bien?—
—Carmela, ¿qué te pasa? ¿Por qué hablas así?— preguntó Eloy con voz preocupada. —Te oigo rara, como si estuvieras corriendo o algo.—
—¡Pues claro que estoy corriendo, joder!— gritó Carmela mientras yo continuaba follándola el culo, cada embestida más profunda que la anterior. —¡Estoy corriendo en la habitación del hotel! ¡Intento hacer un poco de ejercicio para sentirme mejor! ¿Hay algún problema con eso? Porque es lo mimo ue hago en casa muchas veces—
Mientras hablaba, sus ojos se encontraron con los míos en el espejo, y vi cómo una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro. Estaba disfrutando de la situación, de la transgresión, de hablar con su marido mientras otro hombre la follaba y ademas por el culo.
—No, cariño, solo que te oigo muy agitada— dijo Eloy. —¿Estás segura de que estás bien?—
—¡Estoy perfectamente!— gritó Carmela mientras un orgasmo la recorría, su cuerpo temblando violentamente. —¡Nunca he estado mejor! ¡Ahora déjame, que tengo que terminar mi ejercicio!—
Colgó bruscamente, arrojando el móvil a la cama.
—Joder, Alex— dijo volviéndose hacia mí, sus ojos brillando de lujura. —Eso ha sido lo más excitante que me ha pasado en mi vida. Hablar con mi marido mientras me follabas el culo... me he corrido como una perra.—
Se acercó y me besó con pasión, su lengua explorando mi boca.
—Y ahora, cariño, es tu turno. Es tu turno de correrte, Alex. Quiero sentir tu leche caliente llenándome el culo, quiero que me marques por dentro, que me dejes tu semilla donde ningún otro hombre ha estado.
Sus palabras fueron el detonante final. La excitación de la situación, la transgresión de hablar con su marido mientras la follaba, la sensación de su culo apretado alrededor de mi polla... todo se unió en una explosión de placer indescriptible.
Aceleré el ritmo, mis embestidas ahora más profundas y violentas. Cada vez que mi pelvis chocaba contra sus nalgas, un gemido escapaba de sus labios. Sus pechos gigantes balanceaban salvajemente, y sus manos se agarraban a mis brazos, sus uñas clavándose en mi piel.
—¡Sí, así! ¡Más duro! ¡Destrózame! ¡Hazme tuya! ¡Córrete dentro de mi culo, Alex! ¡Llénamelo todo!
Sentí cómo mis testiculos se contraían, cómo el placer se acumulaba en la base de mi espina dorsal, buscando su liberación. Con un rugido que hizo temblar las paredes de la habitación, vacié mi carga dentro de ella, sintiendo cómo mi polla pulsaba una y otra vez, llenando su culo con mi semen caliente.
Nos quedamos así un momento, ambos jadeando, mi polla todavía dentro de ella, mientras sus temblores disminuían lentamente. Cuando me retiré, vi cómo mi semen comenzaba a salir de su culo, corriendo por sus muslos, mezclado con la crema que habíamos usado.
—Joder, Alex— dijo volviéndose para mirarme, sus ojos brillando de satisfacción. —Eso ha sido... épico. Nunca me habían follado el culo, y menos podía imaginar que con una polla como la tuya. Me duele, pero joder, qué bien me ha dolido.
Se acercó y me dio un beso largo y apasionado.
—Y para pensar que tenía miedo de esto— dijo con una sonrisa maliciosa. —Ahora quiero más. Quiero que me folles el culo todas las noches, que me dejes tan abierta que Eloy note la diferencia cuando intente tocarme.—
Nos tumbamos en la cama, agotados pero satisfechos. Sus pechos enormes se elevaban y descendían con cada respiración, y yo no podía evitar acariciarlos, sintiendo su peso y su calidez en mis manos.
—¿Te imaginas lo que diría tu madre si supiera lo que hemos hecho?— preguntó de repente, con una sonrisa pícara. —Su buen hijo Alex, follándose a su amiga Carmela por todos los agujeros. Se pondría verde de indignación.—
—O quizás se pondría cachonda— respondí con una sonrisa. Después de todo, ya sé que tus padres son swingers.
Sus ojos se abrieron de par en par, una mezcla de shock y curiosidad en su mirada.
—¿Cómo coño lo sabes?— preguntó. —¿Quién te lo ha dicho?—
—Los he visto, Carmela— dije con sinceridad. —En una de esas fiestas a las que iban. Los vi follándose a otras personas, disfrutando como dos adolescentes.—
Se quedó callada un momento, procesando la información. Luego, una sonrisa lentamente se dibujó en su rostro.
—Joder, pues qué mundo— dijo finalmente. —Y yo aquí, pensando que éramos todos tan respetables. ¿Y Eloy? ¿Sabes él también?—
—No creo —respondió. —Eloy es diferente. Es más tradicional, más... celoso. —Pero al final va a tener razon, su mujer es tan puta como lo es tu madre a la que tanto hemos criticado por la vida que llevaba con tu padre— dijo Carmela con una risa. —Si supiera lo que su esposa ha hecho esta noche, probablemente tendría un infarto.—
Se acercó y me besó de nuevo, su lengua explorando mi boca con renovada pasión.
—Pero ya que estamos en confesiones— dijo separándose un poco. —Tengo que admitir algo. Desde que eras adolescente, he fantaseado contigo. Te veía crecer, convertirte en hombre, y no podía evitar imaginar cómo sería follarte. Cuando tus padres me pidieron que te preparara las oposiciones, joder, casi me corro solo con la idea. Pero era solo eso fantasías e imaginación, porque era imposible que pasara—
Me miró con sinceridad, sus ojos azules transparentes.
—Y esta noche... ha superado todas mis fantasías. Eres increíble, Alex. Me has dado la mejor follada de mi vida y no lo digo por halagarte.—
Sus palabras me llenaron de orgullo, y sentí cómo mi polla comenzaba a responder de nuevo, endureciéndose lentamente.
—¿Otra vez?— preguntó con asombro. —¿Cómo coño lo haces? ¿Eres un superhéroe o algo así?—
—Solo soy un hombre que tiene a la mujer más sexy y cachonda del mundo en su cama— respondí con una sonrisa. —Y que no ha terminado de explorar todos sus agujeros.—
Se rio, un sonido claro y feliz que llenó la habitación.
—Pues tienes razón, cariño— dijo, acariciando mi pecho. —Pero antes de continuar, necesito un descanso. Joder, no puedo creer lo cansada que estoy. Y además muy satisfecha—
Nos tumbamos en silencio un momento, disfrutando de la intimidad del momento. Afuera, la ciudad continuaba su ritmo, pero dentro de esa habitación de hotel, el mundo se había detenido, reducido solo a nosotros dos, a nuestros cuerpos entrelazados, a nuestros secretos compartidos.
—¿Y ahora qué?— preguntó Carmela rompiendo el silencio. —¿Qué hacemos mañana? ¿Volvemos a ser profesor y alumno? ¿O seguimos siendo amantes?—
—Lo que tú quieras, Carmela— respondí sinceramente. —Pero seamos sinceros, después de esto, ¿podemos volver atrás? ¿Podemos pretender que no ha pasado nada?—
Se quedó callada un momento, reflexionando.
—No— dijo finalmente. —No podemos. Y no quiero. Esta noche me ha cambiado, Alex. Me ha despertado. He descubierto una parte de mí que no conocía, una parte que quiere más, que necesita más.—
Se giró para mirarme, sus ojos brillando de determinación.
—Quiero seguir viéndote, Alex. Quiero seguir follando contigo. Quiero explorar todos nuestros fantasmas, todos nuestros deseos. Da igual lo que digan los demás, da igual lo que piensen. Esta noche es solo el principio.—
Me besó de nuevo, y sentí cómo el deseo volvía a crecer entre nosotros. La noche era joven, y teníamos mucho por descubrir, mucho por explorar. En nuestra despedida, me dejo claro que no sabía si debía de contárselo a su marido o no y lo dejo en el aire. Lo hizo en un tono de preocupación, arrepentimiento y liberación.
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