Laura - ¿Quién engaña a quién?
Abrí la puerta esperando sorprender a mi esposo, pero encontré una imagen que cambió todo. En lugar de dolor, sentí un fuego incontrolable al ver el tamaño de su amante. Ahora, la pregunta no es si lo denunciaré, sino si podré resistir la tentación de unirme a ellos.
Me llamo Laura, tengo 55 años, mi marido tiene 60 años. Con muchos años de casados e hijos adultos, de entre 20 y 30 años. Quiero confesar algo que ocurrió hace bastantes años. En ese tiempo mi esposo era muy deportista, dedicaba tiempo a cuidar su cuerpo, le gustaba lucir sus brazos musculosos y unos hermosos pectorales. Aunque en lo que ocupaba más tiempo era en trabajar su trasero, lo tenía duro y bien formado, se veía muy atractivo.
Como consecuencia de nuestro trabajo (ambos eramos enfermeros) era habitual que no nos viéramos durante varios días por los malditos turnos. A veces, cuando yo iba de salida de mi jornada, él estaba recién entrando a la suya. Por otro lado, esa forma nos funcionaba para no dejar tanto tiempo a solas a los niños en casa.
Una noche, de esas en que se daba la fortuna de estar ambos en casa, aprovechamos la soledad de nuestra alcoba y que los niños dormían en sus habitaciones, para demostrarnos nuestro amor. Nos besamos y acariciamos mientras nos íbamos desnudando, éramos bastante intensos en eso. Nos recostamos entregados a nuestra pasión. Nos acomodamos para quedar en posición de 69, algo que nos encantaba porque nos permitía darnos placer mutuamente. Yo estaba de espaldas en la cama y él sobre mí con su cabeza entre mis piernas, intentando entregarnos el mayor placer posible. Como tenía mis manos libres, aproveché de acariciarle el trasero, a él le gustaba, solo que esta vez acerqué mis dedos más de lo acostumbrado a su orificio. No le molestó, así que probé a lamerle también. Noté que al hacerlo comenzó a suspirar más sonoramente, le gustaba. Humedecí bien mis dedos (para no lastimarlo) y comencé a hacer presión en su esfínter, él se quedó quieto, solo respiraba muy agitado, evidentemente excitado por mis incautas caricias. Se incorporó un poco, dejando toda su zona perineal a mi disposición. Le metí con cuidado un dedo, luego dos, para luego iniciar un suave juego con mis dedos entrando y saliendo rítmicamente de su ano, lo que ya sin dudas disfrutaba mucho, hasta que, finalmente y sin aviso, acabó derramando todo sobre mis pechos. Después de aquella noche este juego se hizo habitual en nuestra intimidad, incluso me lo pedía si es que me tardaba mucho en hacerlo. Lo cierto es que tampoco me llamó mayormente la atención, ya que sé que es una zona muy sensible y erógena para los hombres, y si le daba placer a mi esposo, yo estaría feliz de dárselo.
Tiempo después, salí de casa rumbo a mi turno nocturno. Al llegar al hospital se burlaron de mí, me había confundido de rotación y no tenía que presentarme esa noche, así que al cabo de una hora ya estaba de vuelta en casa. Esa noche llovía tormentosamente. Toda empapada entré a casa, el intenso ruido de la lluvia en el techo conspiró para que nadie notara mi llegada. Saludé sin obtener respuesta, “los niños deben estar dormidos” pensé. Pasé por su cuarto y constaté que los 3 dormían, así que seguí a mi habitación por el oscuro pasillo, entusiasmada porque todo se alineaba para darle una sorpresa a mi esposo y de paso satisfacer el placer carnal, como cada vez que coincidíamos. Abrí la puerta de nuestro dormitorio con suavidad, planeando desnudarme y meterme a la cama con mi hombre. Ni siquiera alcancé a abrirla por completo cuando vi a mi esposo sentándose sobre el miembro de otro hombre. Me quedé en shock por esa imagen, retrocedí y cerré la puerta. Muda de la impresión, me fui al comedor y caí sobre una silla para tratar de asimilar la escena. Tras unos minutos volví hacia la alcoba, ahora iba molesta y con la idea de enfrentar a mi esposo, pero al llegar habían cambiado posiciones y era el otro hombre quien era penetrado por mi esposo. Ese miembro, que tanto me gustaba lamer y atender, estaba metido por completo en un culo que no era el mío. Pero eso no fue lo peor, al reconocer al otro tipo me quedé estática al ver que era Braulio, mi vecino, que junto a su esposa eran a quienes recurríamos cada vez que necesitábamos algún favor doméstico; que nos cuidaran la casa o nos vieran los niños, ese tipo de cosas. Es decir… ¡Era nuestro amigo!
Nuevamente choqueada volví a sentarme al comedor, trataba de asimilar la situación. Repasando la imagen, mi mente dio un giro extraño. Comencé a reparar detalladamente en el miembro de Braulio, era grande y bastante grueso. Me quedé pensando en cómo fue que eso pudo entrar en el culo de mi marido, que además, se veía que disfrutaba teniéndolo dentro. Tanto pensamiento me comenzó a colapsar, así que opté por salir a la calle. Empapada por la lluvia llegué a casa de mi amiga Rosa, que vivía a una cuadra de mi hogar. En cuanto me vio en su puerta supo que algo había pasado. Le conté todo con detalle, incluso mis últimos pensamientos. Me dio ropa seca y organizó todo al verme tan confusa. Decidió que lo mejor era que me quedara con ella por el tiempo que fuera necesario, aunque, a pesar de lo insólito del descubrimiento, no lloré ni sentí rabia.
– No decidas nada mientras no aclares tus pensamientos – me aconsejó antes de acostarnos. Ella está separada, así que me dormí abrazada a ella.
Al otro día en la mañana, más o menos a la hora que lo hacía normalmente después de un turno nocturno, volví a mi casa. Estaba más tranquila, de hecho ni siquiera me sentía molesta. Si pensaba en la situación, lo que dominaba el recuerdo era la imagen del imponente miembro de Braulio. Al llegar a casa, y tal como pensé, mi esposo ya se había ido al trabajo, así que aproveché de regalonear un poco con mis hijos antes de que se fueran a la escuela. Luego me fui a acostar y me dormí.
Más tarde, después de comer, mientras lavaba los platos, veo por la ventana pasar a Braulio, mi vecino. Salí cómo por instinto y lo saludé como si no hubiera visto nada, y le pedí prestado un atornillador con la excusa que era para reparar un mueble en casa. Sabía que no me negaría su ayuda.
¡Claro! - me dijo - Vamos a casa para que vea uno del tamaño que necesita - agregó
Creo que debe ser uno “bien” grande - le respondí mientras lo seguía a su casa. Ya en ella le pregunté por Rosita, su esposa.
Está en su trabajo. No vuelve hasta la tarde - me contestó mientras buscaba entre sus herramientas.
¿Le sirve este? - preguntó ofreciéndome un atornillador bastante grande.
Déjeme vérselo - le respondí recibiendolo. Lo miré directo a los ojos y me pasé el mango por los labios - Mh… no es lo que necesito - agregue pasándole la lengua.
Su mirada se iluminó y sonrió socarronamente. Me acerqué y puse mi mano en su bulto, para ver confirmar que lo que había visto no era un engaño de mi mente. Al palpar confirmé que era realmente lo que recordaba, así que me arrodillé frente a él y comencé a bajarle el pantalón. A través del slip ya se notaba su excitación, su tamaño iba en aumento, era largo y de un calibre descomunal. No logré rodearlo con mis dedos, era realmente enorme. Lo besé e intenté meterlo en mi boca. Él metió su mano en mi escoté y amasó mis senos con decisión, como si supiera que eso me calentaba. Con su otra mano me tomó por el pelo y con un pequeño empujón me ayudó a tragar su cabeza por completo. Lo estimulaba con mis manos sin necesidad de sacármelo de la boca. Sus dedos estimulando mi pezón, y sentir ese tremendo monstruo palpitar entre mis labios, me excitaba. Se lo jalaba con fuerza y trataba de meterlo más en mi boca para conseguir mayor estímulo, hasta que tras solo un momento me sujetó la cabeza y descargó toda su leche en mi boca. La verdad es que me decepcionó un poco que su resistencia fuera tan breve, aunque igual se sintió bien haberlo excitado con tanta facilidad.
Él quiso seguir. Intentó quitarme la ropa para joderme ahí mismo, pero a pesar de que deseaba saber cómo sería ser penetrada por ese miembro, me negué. Le dije que otro día y que ese sería nuestro secretito, y me fui, sintiéndome satisfecha por una parte, por comprobar de que Braulio era un macho.
Más tarde llegó mi esposo, los niños andaban jugando con otros niños, así que estábamos solos. Yo aún estaba cachonda por lo del vecino, así que sin dejarlo llegar al cuarto tuve sexo con él de una forma que hacía tiempo no teníamos. Ya relajados, le manifesté que tenía ganas de probar estar con dos hombres, a él le entusiasmó la idea, así que quedamos en que yo elegiría al tercero con el que me compartiría. Aunque creo que mi elecciónya estaba hecha.
Gracias por leerme
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