Xtories

Mi fina esposa, la perra de mi mejor amigo chacal

Siempre creyó que su matrimonio era el refugio perfecto contra el pasado. Pero cuando la fiesta del barrio lo deja inconsciente, despierta en un mundo donde su esposa ya no es la dama que conocía. Ahora, cada foto en su celular es una prueba de que ella prefiere ser humillada por el hombre que él considera un hermano.

Relatorsepxoscu21K vistas9.2· 12 votos

Nací y crecí en un barrio humilde de la Ciudad de México donde el aire huele a comida callejera y siempre hay fiesta. Ahí, entre canchas de cemento y callejones, conocí a Gabriel, era de mi edad pero a comparación de mi él era de carácter fuerté, peleaba, insultaba es decir no se dejaba de nadie y incluso me defendio par de veces, el y yo eramos inseparables, como hermanos de sangre. Pero la vida tiene formas extrañas de separar los caminos: después de la secundaria, él se quedó en las esquinas, ganandose la vida como podía y aprendiendo las reglas de la calle, mientras que yo, por un golpe de suerte y mucho estudio, conseguí una beca en una universidad privada.

Ya en la universidad fue donde conocí a Aurora mi esposa.

​Ella era todo lo que yo nunca imaginé tener. Venía de una familia de dinero, de esas que no preguntan el precio de las cosas. Pagaba una colegiatura como quien compra un café, pero lo que me terminó por enamorar no fue su dinero, sino que nunca fue supremacista conmigo. Me miraba a los ojos, no por encima del hombro. Nos casamos al graduarnos y, gracias a los contactos de la escuela, mi vida dio un vuelco total.

​Pronto nos mudamos a un departamento de revista. Me acostumbré al diseño minimalista, a las cenas caras y a ver a Aurora caminar por nuestra sala, con su figura impecable y esa elegancia natural que solo la clase alta posee. Yo sentía que lo había logrado: tenía la mujer perfecta en el entorno perfecto.

Mi vida sexual tambien era "Buena", mi mujer tenia un cuerpazo y yo siempre andaba con ganas de darle verga y ella me decia que disfrutaba aunque el sexo no era nada de otro mundo pero al final no era asi.

Un dia mientras trabajaba el teléfono sonó. Era Gabriel, con quien llevaba años de no hablar. ​Me invitaba a su fiesta de cumpleaños en el viejo barrio. Como era su cumpleaños y yo aun le guardaba apreció como a un hermano acepte. Ese dia quise ir solo, por una especie de protección a mi nueva vida, pero Aurora insistió.

—Quiero conocer de dónde vienes —me dijo con una sonrisa—. Quiero ver a ese amigo del que tanto me sueles hablar y de paso conocer el barrio donde creciste.

Yo sabía que ella no pertenecía a un lugar así, pero no pude negarme. Accedí para complacerla, convencido de que sería solo un par de horas en un mundo que ya no era el mío. Además que no creí que nada le iba a pasar porque a pesar de los años todavía me conocían en el barrio.

Cuando por fin llegó el día de la fiesta, yo iba vestido semi formal pues para ese punto mi estilo había cambiado bastante pero ella fue con un vestido llamativo color plateado que dejaba al descubierto la espalda y una pierna, por lo que de inmediato ella se convirtió en el centro de atención en el lugar.

​Al bajar de la camioneta, el contraste fue inmediato. Mi coche brillaba bajo los postes de luz amarillentos del barrio y la música a todo volumen retumbaba en las paredes llenas de grafiti. Gabriel ya nos esperaba afuera con una cerveza en la mano. Cuando se acercó, noté que el tiempo no había pasado en vano para él: tenía el cuerpo fibroso, marcado, y lleno de tatuajes de payasos y letras góticas que le subían por todo el cuello hasta la mandíbula. Se quitó la gorra para saludar, dejando ver su cabeza rapada y esa mirada pesada que solo tienen los que mandan en la zona.

​—¡Qué onda, carnal! Pensé que ya te habías olvidado de los pobres —me dijo con un abrazo fuerte, pero sus ojos no se despegaron de Aurora ni un segundo.

​Presentarlos fue un error, lo supe en cuanto vi la cara de mi esposa. Ella, con su vestido plateado que brillaba como un diamante en medio del lodo, estiró la mano con una elegancia que en ese lugar parecía un insulto.

​—Mucho gusto, Gabriel —dijo ella, tratando de mantener la compostura, aunque podía notar cómo sus ojos recorrían con una mezcla de miedo y morbo el pecho tatuado de mi amigo, que se asomaba por debajo de su playera.

​—El gusto es mío, jefa. No sabía que mi hermano tenía tan buen gusto —respondió él con una sonrisa.

​Entramos a la fiesta y el ambiente estaba pesado. El olor a marihuana se mezclaba con el de la carne asada y el reguetón viejo y Aurora se pegó a mi brazo de inmediato.

—Vámonos pronto —me susurró al oído con asco—. Este lugar es de puros nacos igualados, y tu amigo es un corriente. Mírale la cara, parece un criminal.

​Yo solo le pedí paciencia. "Solo un par de horas", le dije, mientras me pasaban el primer vaso de plástico con tequila barato. No sabía que ese tequila sería mi perdición. Conforme pasaba el tiempo, el alcohol del barrio, que pega mucho más fuerte que el de los antros y me fue nublando el juicio. Empecé a sentirme "en casa" otra vez, riendo con la gente, olvidándome de quién era.

Estuve asi hasta que en algún momento de la madrugada, las luces se sentían más borrosas. Recuerdo estar sentado en una mesa de madera con un vaso en la mano. A mi derecha estaba Aurora, incómoda, moviendo la pierna nerviosamente y a mi izquierda Gabriel, que no dejaba de servirme más tragos mientras soltaba chistes y recuerdos de nuestra infancia y que parecian que a mi esposa le causaban gracia.

Seguí tomando como si no hubiera un mañana, queriendo demostrar que todavía aguantaba el ritmo del barrio, pero el cuerpo ya no era el mismo. El mundo empezó a dar vueltas y las voces de la fiesta se convirtieron en un eco lejano. Recuerdo estar sentado en esa silla de plástico, con el brazo de Gabriel rodeándome los hombros como el gran amigo que juraba ser, mientras con la otra mano le servía más de ese tequila barato a Aurora.

​Pero de repente no sé si me pego mas el alcohol o me drogaron. Pero mis párpados pesaban toneladas y lo último que vi antes de que se me apagara el mundo fue a Gabriel acercándosele al oído para decirle algo a mi esposa y a ella fina y perfecta, quedándose muy quieta, dejando que el aliento de aquel malandro le rozara el cuello...

De ahi no sé cuánto tiempo pasó pero desperté de golpe con la boca seca y la cabeza a punto de estallar. Lo primero que hice fue palpar la silla de al lado: estaba vacía. El lugar de Aurora estaba frío.

​—¿Y mi esposa? —balbuceé, tratando de ponerme en pie.

​Apenas alcancé a levantarme unos centímetros cuando una mano pesada me cayó en el hombro y me empujó de vuelta al asiento. Era el "Chino", uno de los tipos que andaban con Gabriel.

​—Tranquilo, carnal. Siéntate, que todavía estás bien borracho—me dijo, mientras me ponía otro vaso de tequila enfrente—. Tu mujer fue al baño, ahorita regresa. No te desesperes.

​—Ya pasó mucho tiempo, déjame ir a buscarla —insistí, pero el tipo no se movió. Se quedó ahí parado frente a mí, bloqueándome el paso, como si fuera un guardia personal.

En mi borrachera, sentí una angustia punzante, pero el alcohol era demasiado pesado o no sé que pero mis párpados volvieron a caer. Me quedé dormido de nuevo.

​Cuando desperté por segunda vez, el sol apenas empezaba a asomarse. El ruido de la fiesta ya era solo un zumbido bajo. Sentí una mano suave en mi mejilla. Era Aurora. Estaba sentada a mi lado, impecable, con el vestido plateado perfectamente como si nunca se hubiera movido de ahí.

​—¿Dónde estabas? —le pregunté.

​—Aquí mismo, amor. Siempre estuve aquí, te quedaste dormido y no quise despertarte —me contestó.

​Me froté los ojos, queriendo creerle, pero algo en el ambiente se sentía sucio. Nos fuimos del barrio en silencio. Ella miraba por la ventana de la camioneta con una expresión que no pude descifrar.

​Desde ese día, la Aurora que yo conocía murió. En la casa, se volvió un iceberg. Ya no había besos al llegar, ya no había pláticas sobre el futuro. Pero lo más raro fue su cambio de ropa: empezó a comprar prendas que nunca hubiera usado antes, vestidos más cortos, escotes profundos, ropa que gritaba por atención. Y luego empezaron las salidas nocturnas: "Voy con mis amigas de la universidad", decía, mientras se ponía perfume y salía por la puerta sin siquiera mirarme.

​Yo sabía que algo andaba mal, pero era un cobarde. Prefería vivir en la mentira que enfrentar la verdad... hasta que una noche me dijo que habia decidido irse "tres días con su madre". Ustedes podrán pensar porque la dejé pero como mi suegra ya era bien mayor era común que ella se fuera a cuidarla.

Bueno, despues de tres dias llego de noche y cuando regresó, diciendo que estaba agotada se metió directo a la cama y no pude más. Esperé a que se durmiera y tomé su celular. No me tomó mucho encontrarlo: un chat sin nombre, lleno de fotos y videos.

​Me quedé petrificado frente a la pantalla. Deslicé el chat hasta el principio de todo, buscando el origen de mi desgracia, y lo que encontré me drenó la sangre de la cara. El primer video era de la noche de la fiesta. Mientras yo estaba abajo, estúpido, borracho y custodiado por los "amigos" de Gabriel, mi esposa fina y educada estaba siendo brutalmente cogida en una habitación.

Mi esposa, la graduada de universidad privada, tenia el vestido plateada alzado hasta su cintura dejando su culo expuesto. Y ​Gabriel detras cogiendosela con fuerza mientras la sujetaba del cabello con una mano. El video era grabado por Gabriel ue tenia la camiseta para arriba mostrando sus abdominales tatuados y en el video los gemidos de loca de mi esposa se mezclaba con la musica de la fiesta y los jadeos de el mientras le decia que tenia un rico culo..

Pero lo peor de todo no fue verla engañándome. Lo peor fue sentir cómo, mientras veía a mi mejor amigo del barrio coger a mi esposa mi verga se iba endureciendo al escuchar los gemidos de actriz porno de ella, mientras tenía las manos apoyadas en el borde de una mesa, con la espalda arqueada y la cabeza echada hacia atrás. Y es que no se veía asustada; se veía perdida en un placer que parece que yo nunca pude darle. Y aunque en el video la musica sonaba fuerte sus gritos aun se escuchaban con claridad.

​Pero lo peor vino después. El chat no solo eran videos de encuentros; era un diario de depravación. Los días que no se veían, el teléfono de Aurora ardía con mensajes y fotos que me hicieron sentir como un extraño en mi propia casa. Gabriel le mandaba fotos de su miembro, exhibiéndolo sin pudor, y ella le contestaba con una vulgaridad que me quemaba los ojos. "¡Qué vergota!", le escribía ella, acompañando sus palabras con fotos de sus tetas y de su cuerpo desnudo en nuestro propio baño.

Al pasar los mensajes me di cuenta que ella era quien lo buscaba con una desesperación enfermiza, alimentando el morbo de su próximo encuentro con promesas de todo lo que le dejaría hacerle.

​Las fotos eran cada vez mas subidas de tono y me quedé hipnotizado viendo la diferencia física que la tenía obsesionada. Gabriel tiene una verga notablemente más grande que la mía; calculo unos 20 centímetros oscuros y gruesos que contrastaban violentamente con la piel clara de Aurora.

En los videos, él la trataba con un desprecio absoluto, como si fuera un objeto de su propiedad. La ahorcaba, la humillaba con las palabras más sucias y le dejaba marcas rojas en los muslos. Y ella, mi dama respetable, se transformaba en una perra rabiosa, pidiéndole siempre más, rogándole que la reventara con esa vergota.

​Asi llegué al video de su supuesta visita a su madre. Ahí estaba ella en un departamento manchado y sucio capaz de Gabriel, el video era borroso con ese movimiento de quien graba con una mano mientras la cogen en cuatro y asi era. En el video se veía a Gabriel de lado a un espejo, con su gorra blanca y el torso desnudo y marcando embistiendo por detrás la piel pálida de Aurora contra la oscuridad de la habitación.El la sometía mientras la sujetaba con una fuerza que yo jamás me atreví a usar y que producia fuerte sonidos al chocar con el culo de mi esposa que a su vez la hacia gritar de placer.

La vi gemir con los ojos en blanco, suplicándole que le diera más duro, que no tuviera compasión y gabriel asi lo hacia.

Pero el chat seguía descendiendo hacia un lugar más oscuro. Las fotos que vinieron después, las que ella guardaba como trofeos de su propia degradación, eran una selfie que Gabriel se había tomaba mientras ella estaba en cuatro pero en la cama.

​Él aparecía arrodillado en la cama mientras mi esposa estaba delante de el inclinada. Tenía una cadena de plata gruesa que le brillaba en el cuello tatuado y su miembro, esa "vergota" que Aurora mencionaba con tanta urgencia en mensajes, estaba expuesta con un cinismo absoluto. Él no posaba con amor, posaba con dominio. Me quemaba la vista ver sus tatuajes de payasos, esos que en el barrio significan que no le tienes miedo a la muerte, y pensar que Aurora los había recorrido con los mismos dedos que me tocaba a mi.

La siguiente foto era un primer plano que me revolvió el estómago. Era una selfie de Gabriel mordiendose el labio y se veia su abdomen tatuado. Y ahí estaba el contraste que Aurora buscaba: la piel curtida, oscura y la cara de malandro haciendo una mueca como de burla y que al parecer tanto le gustaba a mi esposa. Y despues una foto tomada al parecer por ella donde solo se veia los abdominales marcados de Gabriel brillosos de sudor y con tatuajes mientras la embestia ya que se veia sus piernas a los lados pero no aparecia su chepa.

​Pero el chat no terminaba ahi, lo que correspondía a esos supuestos "días con su madre" habia sido un marathon de sexo completamente documentado. Esa noche no concebia en mi cabeza que la mujer que me decia que estaba con su madre y me decia que me amaba estaba encerrada con mi mejor amigo cogiendo sin remordimiento alguno. En la imagen, Gabriel sostenía la cámara con la lengua afuera, en un gesto de burla total, mientras Auorosa estaba de rodilla con la vergota de el en su boca chupandosela con una cara de depravación que nunca le vi cuando me la chupaba a mí.

Tambien vi una foto de su chepa, esa que yo siempre traté con delicadeza, completamente profanado. Estaba cubierta por una cantidad de semen que yo nunca he votado y que se derramaba sobre su vello púbico y su piel clara. No era el rastro de un encuentro amoroso; era la firma de Gabriel, dejada ahí con el desprecio de quien marca territorio.

Otra imagen mostraba a Aurora de frente, con sus pechos perfectos y firmes, esos que yo admiraba en nuestra sala, ahora siendo usados como apoyo para la vergota de Gabriel que ella mismo sostenía contra ellos, el contraste entre la piel de porcelana de mi esposa y la oscuridad de él era una bofetada de realidad: ella buscaba lo opuesto a mí.

Tambien encontré una toma desde arriba, donde Aurora aparecía de rodillas. Llevaba puesto un abrigo de piel negro que le colgaba de los hombros, pero debajo estaba completamente desnuda. Su mirada estaba fija en el miembro de Gabriel, que se alzaba frente a su rostro con una autoridad absoluta. Ella no se veía obligada; se veía devota, lista para recibir lo que fuera que ese malandro quisiera darle, las fotos de los actos eran ángulos de pesadilla. Imágenes donde se veía la penetración cruda, con el vello oscuro de Gabriel chocando contra la piel blanca de los muslos de Aurora. En una de ellas, ella estaba arqueada, mostrando su trasero hacia la cámara mientras él la tomaba desde atrás, con una mano peluda apoyada en su espalda para mantenerla en su lugar y lo más doloroso fue ver las fotos donde ella ya ni siquiera miraba a la cámara. Estaba perdida, con el cabello castaño desordenado sobre la cara, las piernas abiertas al máximo y la boca abierta en un grito silencioso de placer y dolor. En una de esas tomas, una mano tatuada la sujetaba por el muslo, apretando su carne con una fuerza que dejaría moretones, mientras era poseída con una violencia que yo nunca me atreví a imaginar.

Al terminar de ver esa última ráfaga de imágenes, el silencio de mi habitación se volvió insoportable. Miré a Aurora, que seguía durmiendo a mi lado con esa expresión de "dama" que ahora me parecía la máscara más cínica del mundo. Ella no solo se había ido con su madre; se había ido a ser la perra de ese tipo a los que decía tenerles asco pero en el sexo les súplicaba que la humillen.

​Y lo peor de todo, lo que me hacía querer llorar y gritar al mismo tiempo, era que al ver esas fotos de ella siendo profanada por la manos de Gabriel, mi cuerpo seguía reaccionando con una intensidad que me daba asco de mí mismo. Estaba atrapado en el morbo de mi propia destrucción. Cerré el celular con las manos empapadas en sudor. Saber que mientras yo trabajaba para mantener nuestros lujos, ella se mensajeaba con él enviándole fotos de su intimidad y corriendo a buscar esa verga brutal me destrozaba, pero no podía dejar de imaginarla. Aurora ya no era mi esposa; era la puta personal de mi mejor amigo, y yo me había convertido en el espectador silencioso que a pesar de todo disfrutaba ver como se la cogía.

Estuve leyendo mucho por meses en internet y en algunos foros me aconsejaban que nos metieramos al mundo cuck pero no me siento preparado para eso, tengo duda de que si nos metemos a eso nunca poder pararlo y a pesar de todo aun amo con locura a mi mujer y aunque se que se sigue revolcando con mi mejor amigo no reclamo ni digo nada.

Les dejo mi correo si quieren hacer sus aportes: [email protected] si tuvieron experiencias similares, tambien experiencias de voyerismo, swingers, infidelidades, aventuras o alguna relacionada con algun familiar me las pueden tambien contar. Déjenme sus comentarios.... no se olviden de calificar...