Xtories

La cualidad de la palabra. 36

Nunca imaginó que invitar a una amiga a la cama sería tan sencillo. Pero cuando Nilea cruza la puerta, la dinámica de Guille y Berta cambia para siempre, y el deseo se vuelve un juego de tres que nadie esperaba jugar.

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Y algo de acabar con alguien si hubo esa noche.

Los tres estaban en la cama. Guille tumbado y con las dos esposas lamiéndole la polla. A veces eran las dos mujeres a la vez. Otras, una de ellas tenía la polla dentro de la boca succionando.

- Chicas, no puedo más.

- Vale, cuando quieras.

- Adelante, cariño.

El chorro de semen parecía un surtidor mojando los dos rostros que tenían las bocas abiertas.

Mientras Guille relajaba su cuerpo las mujeres se lamieron la cara una a la otra. Terminando con un morreo.

Berta se interesó:

- Guille cariño. ¿Has quedado bien?

- Sí, gracias.

Violeta le cogió el flácido pene y moviendo el pellejo hizo que saliera una pequeña gota de semen. La recogió con la lengua.

Berta la empujó para que quedase tumbada.

- ¡Vamos! – Ordenó a Guille. – Ahora le toca pasarlo bien a Violeta.

Entre los dos acariciaron sus tetas un rato, luego Berta continuó sola añadiendo algunos besos a los labios. Guille bajó al sexo.

Violeta, esperando ansiosa la caricia en el coño, ya tenía erecto el clítoris. Y al notar los dedos y boca de Guille explotó. Tuvo el primero de los cuatro orgasmos que siguieron porque la caricia continuó hasta que Guille ya tenía otra vez dura la polla.

Miró a Berta que asintió, podía follar ya a Violeta. Sonriendo al lado los animó a amarse.

- Luego yo. – Pidió.

Puso el glande en la entrada a la vagina de Violeta y de un suave empujó la metió. La muchacha gimió de gozo.

- ¡Ah, sí! ¡Bien! – Su voz formaba parte de los suspiros.

- ¿Te gusta, cariño? – Preguntó innecesariamente Berta.

- ¡Uh! ¡Hoy la tiene magnífica!

- Su coño es acogedor. – Murmuró Guille.

Violeta se corrió dos veces. La primera con ese ritmo dentro de su cuerpo y la segunda al recibir las descargas de semen.

- ¡Oh! ¡Dios! ¡Me has llenado el coño!

Berta todavía sujetaba una teta de Violeta y una suya con la otra mano. Acariciaba las dos a la vez.

Guille se dejó caer al lado de Violeta para preguntar:

- ¿Estás bien?

- ¡Uhm, cariño! Estoy mucho mejor que bien.

Berta pasó por encima de los dos para abrazar a Guille. Iba a ponerse en esa postura que tanto le gusta y el marido no lo permitió.

- No cariño. Ven acércate más. Quiero besar tu boca.

Violeta se había limpiado el coño con la sábana. Les miró. Sonriendo se acercó a Berta. Sin avisar le separó las nalgas y metió un dedo por el ano.

- ¡Qué! ¡Serás bruta! – Dijo Berta alzando la voz.

No estaba enfada, estaba sorprendida.

Guille colaboró en darle la vuelta a Berta y se puso con las tetas. Las acarició, besó y chupó los pezones. Violeta le comía el coño.

Le consiguieron varios orgasmos que no contaron en el que Guille y Violeta cambiaron los lugares para disfrutar de tan rico e íntimo jugo de Berta.

Hasta que Guille, cesando las caricias, se retiró de entre las piernas.

Violeta ya no atacaba las tetas de Berta, pero sí la besaba en el rostro, en la boca. Se separó para acercarse a Guille y coger la polla que estaba gorda sin ponerse dura todavía. La pajeó.

- Vale, cariño. – Ordenó: - ¡Fóllala!

Guille, ya con la polla en condiciones de follar, miró que Berta tenía los ojos cerrados y respiraba con fuerza. Su pecho empujaba las tetas que mostraba los amoratados pezones. Se acercó. Acarició su rostro y preguntó:

- Cariño ¿Qué hacemos ahora?

Berta abrió los ojos le miró, miró también a Violeta, y ya pudo hablar.

- Ven, cariño. Soy tuya.

Guille dudó. Pero ver que Berta se cogía las tetas, apretándolas, indicaba que podían continuar amándose. Se puso encima y la penetró.

Estuvieron follando entre gemidos y suspiros hasta que Guille se corrió. La diferencia fue que Berta no tuvo más orgasmos. Guille protestó al retirarse.

- Nena, si no tenías ganas de más, deberías decirlo.

- No, cariño. Vi en tu rostro las ganas de poseerme. Y eso, me entregué.

- No vuelvas hacerlo. – Pidió Guille.

Violeta se quedó mirando. Comprendía qué pasaba y permanecía quieta, en silencio, sin saber qué hacer.

Más tarde se ducharían. Ellas emplearon el mismo baño mientras que Guille fue al de la otra habitación.

Las mujeres hablaron sobre si tenía o no que haber follado con Guille sin tener ganas.

- Bueno. Le amo. Me entrego a sus caricias.

- Conoces esa frase de saber decir no. ¿Verdad?

- Bueno. Si lo llego a decir habría obedecido. Pero ya viste su rostro, estaba más preocupado por mi bienestar que por follar. Por eso lo premié.

Violeta, preparando el cepillo de dientes, agitó la cabeza. Dudaba.

El viernes por la tarde Violeta y Nilea bajaban del coche estando ya dentro del garaje de la casa de los Nopales, y Nilea se asombró al ver que su amiga no llevaba equipaje.

- Bueno es que todavía vivo aquí, entremos en la casa y ya te contaré más cosas.

- ¿Aquí? Ya hace meses que…

Antes de llegar a la puerta Berta salió a recibirlas. Se besaron en los labios por lo que Nilea preguntó si no estaba Guille.

- Sí. Está trabajando en el despacho. Termina un detalle que quiere repasar para estar tranquilo este fin de semana. No te preocupes desde ahí solamente nos podría ver si se asoma a la ventana. – Con un gesto la invitó a entrar en la casa. - Pasa, pasa.

No recordaba que su marido, desde su ordenador podía acceder a las cámaras de seguridad. Y orientarlas. Pero realmente Guille estaba más atento a su trabajo que en espiar el recibimiento de la visitante.

Las mujeres subieron directamente al primer piso y Nilea sonrió al ver que le daba la habitación varias veces empleada por todas. Pero se puso triste al recordar a Ana María. Violeta vio ese cambio en su rostro y con ganas de reír dijo como si recordara.

- ¡Cuántos chochetes se han visto juntos en esta habitación!

A lo que Berta añadió que el número de tetas era el doble.

La risa fue interrumpida por Guille desde la puerta que permanecía abierta. La golpeó con los nudillos y preguntó:

- ¡Hola! ¿Puedo pasar?

Berta corrió a su lado y le dio un beso en los labios. Estaba ruborizada por si había oído el comentario de los chochetes. Su esposo sabía que tuvo relaciones con esas chicas, además de Ana María, durante dos años, y que las aprobaba, pero le daba vergüenza reconocerlo.

Violeta miró sonriendo a Nilea antes de acercarse a Guille y también besarse en los labios. Ambas quedaron cogidas a Guille y este las sujetaba por las cinturas.

La impulsiva Violeta, no podía esperar más y se puso a contar que los tres vivían juntos como matrimonio. Nilea, que no se lo creía se echó a reír ante lo que consideraba una broma. Se sentó en la cama y Violeta corrió para hacerlo a su lado.

Hubo que dar más explicaciones durante varios minutos.

- ¿De verdad? ¡Me tenéis asombrada! – Murmuró Nilea parpadeando varias veces. - Berta, yo pensaba que... lo vuestro era… era cariñoso, y sexi, pero no tan serio.

Miró a Guille que se había sentado en una butaca y tenía a Berta sobre sus piernas. La cual se sujetaba pasando un brazo por el cuello de su esposo. Violeta continuaba a su lado sobre la cama.

Nilea preocupada se cubrió la boca. Pensaba que había hablado de más al desconocer que Guille estaba enterado de todo.

- Lo nuestro es cariño, amor. Amo mucho más a mi esposo, pero no quiero renunciar a Violeta. - Berta sonreía. - Lo hablamos entre los tres y ya ves, Guille tiene dos esposas, y nosotras una esposa y un esposo.

Violeta añadió sonriendo:

- Nuestro querido esposo es muy cariñoso, y muy hábil, sabe hacer maravillas en nuestros cuerpos.

Berta propuso:

- Y es aquí donde tenemos que hablar, cariño. - Sonreía. Antes de hacer la propuesta miró a su marido. - ¿Quieres unirte esta noche?

Nilea volvió a asombrarse. Violeta explicó:

- No será exactamente igual que cuando estábamos con Ana María. Ya ves, habrá un chochete menos, pero dispondremos de un pene que, como ya he dicho, hace maravillas. ¿Cuánto hace que no has estado con un hombre?

- Pues, ni me acuerdo. Pero es que yo…

- ¡Cómo! - Se asombró Berta que conocía su vida antes de unirse a Ana María. - ¿En todo este tiempo no has ido de caza a una discoteca?

- Pues no. – Agitó levemente la cabeza y ya añadió: - Creo que no sabría. Me dedico a repasar cosas del trabajo, leer...

- Bueno. Eso tiene remedio. – Ofreció Berta: - Nuestro esposo te hará disfrutar. Ya verás que sí.

- Si quieres puedes unirte esta noche. - Pidió Violeta.

- Y ese detalle es muy importante. - Añadió Guille imponiendo seriedad al momento. - Si quieres. Y puedes estar segura que en caso que digas no, tampoco será un problema que mis esposas te prefieran esta noche.

Nilea miraba esos rostros que parecían felices.

- No sé qué decir. Todo son sorpresas.

Guille empujó a Berta para que se quitase de encima. Se levantó dispuesto a dejarlas solas.

- Chicas, hablarlo tranquilamente. Estaré en el despacho cerrando unos archivos del ordenador. - Miró la hora. - Luego iré a la cocina a ver qué hay para cenar. – Y sonriendo a Berta propuso: - En caso de que sea una noche de chicas me es suficiente con un mensaje al móvil.

Moviendo los labios sin emitir sonido, Berta le dijo que le amaba y le lanzó un beso.

Poco más tarde las chicas entraron en la cocina cuando Guille freía unas patatas.

- ¡Hola, guapas! Espero que vaya bien una sopa de verduras que ha dejado hecha la señora Natalia. Detrás, os estoy regalando el paladar con mi mayor especialización: unas tortillas francesas con patatas fritas.

Violeta se acercó dando las gracias y un beso en la mejilla.

Berta, también se acercó dándole las gracias y le dio otro beso en la mejilla.

Por último, Nilea, se acercó para darle un beso en la mejilla. Y al retirarse también le dio las gracias.

Guille sonreía, pero no estaba seguro de lo que pasaba. Desconocía si las esposas ya tenían un acuerdo con la invitada o Nilea estaba jugando.

Las chicas prepararon la mesa y llevaron los platos. Guille sirvió la sopa.

- Natalia es estupenda en la cocina.

- Sí. Esta buena la sopa.

- Tiene trocitos. Me gusta.

- Pues esto no es nada. Esperar a probar mis tortillas.

- Ya estarán frías. - Protestó Violeta con ganas de chinchar.

- ¡No! ¡Qué va! ¿No has oído hablar de ese maravilloso electrodoméstico llamado microondas?

En el gabinete, Berta accionó el mando para que se destapara la televisión. En un sofá se sentaron Berta y Violeta, en el otro Guille con Nilea.

No hizo falta que Guille preguntara qué habían acordado. Berta y Violeta empezaron a besarse y acariciarse por encima de la ropa. Nilea se acercó a Guille y le besó en los labios. Murmuró:

- Guille, por favor, con cuidado y cariño. Hace mucho que no... he estado con un hombre.

- Será como tú digas. Permite que te haga una pregunta. ¿He de emplear preservativo?

- No. Pero no te voy a explicar por qué.

No hacía falta. Guille ya sabía que ese medicamento sirve para regularizar los periodos menstruales.

Estuvieron un buen rato con los besos en los que Nilea se acostumbró a que, aunque Guille estaba afeitado, había algo de roce que un rostro femenino no tiene.

Guille pasó una mano por debajo del jersey para acariciarle la cintura.

- Nilea, cariño. Para el cuidado que quiero procurarte debemos ir a un sitio más cómodo.

Estaba clara la propuesta. Debían ir a la cama.

- Bien. Sí.

Se levantaron. Avisaron a las otras.

- ¡Eh, señoras! Subimos a la habitación. ¿Venís?

Al lado de la cama Guille ayudó a Nilea a quitarse la ropa. Berta entraba quitándose el jersey mientras que Violeta ya mostraba sus bonitas tetas, aunque no se había quitado el pantalón.

Las dos esposas se amaban cuando Guille se dedicaba a chupar, y otras caricias, las tetas de Nilea. Sus rojos pezones pronto reaccionaron poniéndose duros. Rememoró cuándo había visto unos pezones de ese color. Sí. A la misma Nilea al principio de la universidad en la casa de Aurora. Y mucho antes con aquella chica del instituto que se acariciaron hasta correrse. Dejó los recuerdos a un lado y se centró en Nilea. Despacio llevó una mano a su sexo y se alegró al notarlo mojado. La mujer aún no se había corrido, y ya disfrutaba de sus caricias.

Guille pensó que no todas las mujeres son como su querida Berta y sus maravillosas tetas.

- No recordaba tus bonitas tetas.

Nilea sonrió. Conocía muy bien el mapa que las pecas dibujan en sus tetas. Y lo llamativos que son sus pezones.

Guille decidió situarse entre las piernas de Nilea y lamer su sexo. Y la rubia alemana le animó:

- ¡Sí! Ven. Suave, por favor.

Berta gimió de gozo al ser masajeadas sus tetas. Violeta le decía lo mucho que la amaba. Las dos estaban desnudas y pronto se dedicarían a lamerse los coños.

- Espera cariño. – Pidió Violeta. – Deja que saboree tus tetas.

- ¡Ah! Bien. – Aceptó Berta a cambio de saborear su cuerpo. - Luego quiero tu garbancito en mi boca.

- Sí, nena. Será todo tuyo.

Guille se dedicó con ganas a esa vulva color rosa de Nilea, hasta conseguirle dos orgasmos.

- ¡Uf! Tu lengua es... áspera. Y juguetona.

- Espero que te haya ido bien, cariño. Yo desde luego que sí. Tu coñito es muy sabroso. Y ahora... ¿Quieres ponerte encima?

- Pues... Sí. Hace mucho que...

Se dio cuenta que repetía similar frase a cada momento. Decidió callar. Guille ya estaba enterado de su situación y ese momento era para disfrutar.

Nilea se situó sobre Guille, pero antes de meterse el pene en su cuerpo, lo cogió con una mano. Apretó suavemente sobre el frenillo viendo que el meato se abría. Aspiró con fuerza notando un olor que hacía tiempo no… otra vez esa frase.

Del meato salió una gota transparente y la cogió con dos dedos. La llevó a la nariz y luego sacó la lengua. Parecía disfrutar de un sabor que hacía mucho no probaba.

La frase.

Se situó mejor sobre Guille y así pudo restregar el glande por toda la vulva, sobre todo por el clítoris.

- ¡Uhm! Duro. Suave y calentito.

Manteniendo sujeto el pene, movió la cadera y se lo metió despacio por la vagina. Haciendo leves movimientos de vaivén. Guille pensó que era para no hacerse daño y aunque algo de verdad había en eso, lo cierto es que Nilea disfrutaba al notar cómo se abría su cuerpo para recibirlo. Comparaba ese pene de músculo con los de plástico empleados durante su relación con Ana María. Y curiosamente la palabra que los diferenciaba era: sabor.

Moviendo la cadera para que esa dureza se deslizara a lo más profundo de la vagina exclamó:

- ¡Esto es sabroso!

Guille la cogió por la cadera dudando qué caricia le gustaría más. En esa postura las tetas quedaban a su alcance. Y como tenía dos manos con una la sujetó por la nalga y la otra la llevó a las tetas.

- Te mueves muy bien, cariño.

Al lado, Violeta gemía su orgasmo al ser lamido su clítoris por Berta. La llamó bruja, varias veces.

- Deja que ahora yo te la devuelva.

- Espera, cariño. Seguro que te gustará otro más.

- Brujita.

- Te amo.

Tras unos cinco minutos con esa barra de carne dentro de la vagina, Nilea avisó que tenía próximo su orgasmo.

- Adelante, cariño. Disfruta. - Animó Guille que en ese momento tenía sus manos en las nalgas de la rubia. - Yo también lo tengo cerca.

Nilea aceleró el ritmo de su cadera, y se corrió gimiendo, suspirando mientras afirmaba lo mucho que le gustaba.

- ¡Uhm! ¡Qué bueno!

Si bien cambió el ritmo no dejó de moverse, aunque Guille sí que notó las contracciones de su vagina sobre el pene. Naturalmente le dejó los testículos chorreando.

- Nilea, cariño. Me falta poco.

Le estaba pidiendo que no se detuviera. Necesitaba de su movimiento para disfrutar.

- ¡Adelante, adelante! Quiero notarlo. – Animó Nilea.

La alemana ahora se movía con ganas sabiendo que pronto su coño se llenaría de semen. Quería notarlo. Quería volver a sentir esa sensación por dentro.

No transcurrió ni un minuto cuando Nilea notó los calientes chorros de semen dentro de su cuerpo y disfrutó como de algo que sabía que existía, pero parecía olvidado. No volvió a correrse, aunque lo pasó muy bien. Gimió alargando una vocal varios segundos. Para concluir afirmando:

- ¡Calentito!

Guille quedó satisfecho. Ver la cara de gozo de Nilea era todo un premio a su decisión de no retrasar su eyaculación. Es chica se merecía pasar un buen rato con un hombre que se esforzaba en hacerla disfrutar. Abrazados, estuvieron dándose besos cortos y antes de cambiar de pareja, Nilea le murmuró al oído:

- En otro momento quiero sentirte en mi boca.

- Cuando quieras.

Poco más tarde Berta y Guille disfrutaban entre besos y caricias permitiendo que el marido pudiera recuperarse.

Violeta le lamía el sexo a Nilea, que parecía enlazar un orgasmo con otro. A Violeta no solamente no le importaba que estuviera la esencia de Guille, sino que parecía buscarla al meter su lengua por esa vagina. Hasta que decidió cambiar de postura, se puso encima, le alzó una pierna a Nilea y acercó su sexo al otro. Follaron.

- Cariño, tienes un botón muy sabroso.

- Pues tu chochete es suave y muy rico.

Nilea miró esa boca, esos labios, brillaban, y recordó:

- ¡Ah! ¡Tenía semen!

- Sí. Tenías. Ya no.

Afirmó pasándose la lengua por los labios. Casi a la vez recordaron la misma frase:

- ¡Qué cerditas somos!

Berta tenía un orgasmo y jadeando pedía a su esposo que dejara de acariciar sus tetas.

- Por favor. Me gusta mucho, pero es que ya me acarició Violeta y…

- Sí, cariño. Y ahora escoge sitio. ¿Quieres encima, debajo?

Cómo respuesta Berta separó las piernas y se ofreció.

- Ven, cariño. Ven así y disfruta de tu esposa.

- ¿Pero y tú?

- Lo estoy deseando.

Guille intentó ser lo más cariñoso posible. Poco a poco se introdujo en el cuerpo de su esposa. El acto fue lento, rítmico. Entregado. Berta gemía sin estridencias y de vez en cuando afirmaba que era a quien amaba. Lo tenía sujeto por los hombros, pero sin empujarle ni retenerlo, el contacto era parte de la caricia. Guille le daba algún beso en el rostro, en los labios mientras intentaba no perder el ritmo de su cadera.

Ambos notaban el roce total de su intimidad.

Minutos más tarde el cuerpo de Berta se tensó. El espasmo que precede o empuja al orgasmo, aunque nació en su vientre, recorrió su cuerpo desde sus rodillas a la garganta. Como permanecía callada parecía algo suave cuando en verdad Berta se sintió trasportada a un lugar tan hermoso como el Paraíso.

Guille avisó que lo tendría pronto, y Berta simplemente asintió. Lo quería. Necesitaba notarlo. Disfrutarlo.

Notó que el glande se ensanchaba y lanzaba el primer chorro en su interior. Sintió arder sus entrañas. Supo que solo con otro chorro se apagaría ese fuego. Así fue. Nuevos chorros de semen la llevaron a alcanzar un placer tan intenso como poco antes. Lanzando un largo suspiro pudo regresar a este mundo a tiempo de escuchar a su esposo.

- Berta. Cariño mío. Eres maravillosa. Te amo.

Había sido una entrega total y absoluta tanto de los cuerpos, como de las almas.

Al lado, compartiendo la cama, Nilea sonreía ante una escena que calificaba como bonita, tierna... Mientras que, abrazada a ella, Violeta estaba muy triste. Unas lágrimas surcaban su rostro.

Al separarse Berta y Guille, Nilea se desprendió de Violeta para acercarse y besar Berta, y murmurar lo bonito que le resultaba verlos amarse.

- ¡Pones una carita preciosa! – Le dijo a su amiga.

Guille se marchó por agua. Regresó en unos minutos con una bandeja con tres vasos. Los ofreció. Violeta y Nilea recogieron el suyo. Y Guille cogió el tercero entre las dos manos para darlo a Berta. No era una simple entrega, era una ofrenda a su diosa.

Berta asía con una mano la parte superior del vaso y Guille no soltaba la inferior. Se miraron a los ojos y Berta vio en los ojos de su esposo el mensaje con esa frase dicha mil veces.

“Tu elixir, mi diosa”.

- Gracias, mi rey. - Murmuró Berta.

Nilea casi aplaude al verlos tan enamorados. Violeta no puede retener otra lágrima.

Minutos más tarde Nilea y Berta intercambian caricias mezcladas con gemidos y orgasmos. Gozaban sin saber cuántas veces se habían corrido cada una esa noche, era imposible llevar la cuenta.

Violeta follaba con energía sobre Guille. La muchacha parecía un terremoto. Sus tetas botaban a los lados mientras su cadera se alzaba y hundía para que la polla de Guille se deslizara como a ella le gustaba en ese momento.

- ¡Así, cabrón! ¡Hasta el fondo!

Unos minutos más tarde, el grito que lanzó al correrse casi hizo que vibraran los cristales de las ventanas. Tres segundos jadeando y volvió a galopar sobre Guille. Ordenó:

- ¡Sí! ¡Dame todo!

Rato más tarde Guille quedaba derrotado sobre la cama mientras las mujeres se lavaban.

Nilea preguntó a Violeta si le pasaba algo, la encontraba muy callada.

- Nada. – Respondió forzando una sonrisa. – Estoy cansada.

- Sí, yo también. – Afirmó Berta.

Al regresar encontraron que Guille no estaba y Berta fue a buscarlo a la habitación que empleaba ele matrimonio. Ahí estaba. Preguntó y la respuesta fue:

- No cabemos todos en la misma cama. No te preocupes, cariño. Ves con tus amigas y a dormir.

Hubo un besito en los labios y desearse buenas noches.

Por la mañana Guille regresaba de correr entre las calles de la urbanización. El recorrido había sido más corto de lo normal ya que no quería esforzarse. Sonrió al pensar que tres mujeres en la misma cama era más agotador que echar el mismo número de polvos con una. Algo que no terminaba de comprender. Al entrar en la cocina fue directamente a prepararse un café, aunque hacía casi una hora que desayunó necesitaba algo dulce en ese momento.

En eso llegó doña Natalia.

Tras el saludo la mujer ofreció galletas, tostadas incluso tarta de Santiago que Guille rechazó.

- Gracias, señora. Pero ya había desayunado antes. Ahora es un café por... por golosina.

Se quedó mirando a la asistenta y preguntó curioso:

- Perdone señora. ¿Le tocaba venir hoy?

La respuesta fue que unas compañeras tenían vacaciones y a quien tocaba acudir estaba enferma. Por eso estaba ella en la casa.

Guille temió que volvieran a abusar de ella. Que acudiera en festivo después de toda una semana ya era algo que estaba sucediendo demasiado. Hasta que en otro momento y a través de Jenaro se enteró que era normal lo que sucedía. En esa empresa ya no tenían tantas contratadas como antes. Les resultaba más rentable pagar horas extras que hacer nuevos contratos.

Terminaba el café cuando le llegó un mensaje al teléfono. Berta preguntaba dónde estaba. Al poco de contestar bajaron Berta y Nilea a la cocina. Vestían unos ligeros pijamas.

- ¿Sabes dónde está Violeta?

- ¿Qué? Creía que con vosotras.

- No. - Contestó Nilea y añadió: - Se ha llevado sus cosas.

- ¿Todas?

- Solamente ha dejado unos libros. - Respondió Berta.

- Pues no sé cuándo se fue. - Recordó Guille: - Esta mañana no me asomé a donde dormíais para no molestar. – Pellizcó su camiseta para mostrar que iba manchada de sudor: - Como veis acabo de llegar de correr. – Añadió dubitativo: - Creo que he estado fuera una media hora. Puede que poco más.

Nilea preocupada mostró su teléfono al afirmar que el de Violeta estaba desconectado.

Las chicas desayunaron mientras Guille fue al garaje solamente para comprobar que faltaba el coche de Violeta. Luego a ducharse en el baño de su habitación.

Natalia se retiró, iba a quitar el polvo de los muebles al mismo tiempo que pensaba que no le importaba qué hacían los señores por las noches. No quería saberlo. Y fue esta misma señora quien regresó corriendo a la cocina llamando a Berta.

- ¡Señora! ¡Señora! Hay una carta sobre el escritorio del señor.

Las tres mujeres corrieron por la carta.

Al salir del baño Guille se encontró con Berta y Nilea sentadas en la cama. Aunque en principio no importaba, su esposa y la amiga conocían bien su cuerpo, se cubrió con la toalla.

Fue Nilea quien leyó en voz alta la carta de Violeta mientras Guille se vestía.

Violeta admitía que estaba enamorada de Berta y que a Guille llegó a apreciarle con gran cariño. Pero se había dado cuando que estaba en medio de una relación de pareja y que realmente sobraba. Que antes de que alguien pudiera ser dañado decidía retirarse. Se marchaba a Sierra, a seguir los dictados de su padre. La postdata añadía:

- Es la tercera vez que salgo mal de una relación. Creo que me meteré a monja.

Quedaron callados un rato hasta que Guille dijo que podía contratar a alguien que la localizara. Sería fácil gracias al coche y el teléfono.

- Aunque ya dice que está en Sierra, con su familia. – Miró a Berta proponiendo: - Podríamos ir a buscarla.

Berta se negó. Si se había ido así es que, por el momento, no quería hablar.

- Dejemos que decida ella cuándo quiere hablarnos.

Al medio día se marchó Nilea en taxi a su casa, alegando que no se sentía cómoda. Y la pareja pasó el fin de semana más triste que recordaran en mucho tiempo.

El lunes por la tarde Berta y Violeta estuvieron hablando casi una hora por teléfono. Violeta decía más o menos lo mismo que en la carta. Se había dado cuenta que sobraba y por eso se retiraba. Que tardaría en olvidarles, sobre todo a ella. Afirmó que sus padres la recibieron con menos bronca de lo esperado. Y desde ese día volvía a tener acceso al dinero de su padre con una novación de tarjeta bancaria. Tenía pendiente una entrevista de trabajo en ese colegio que le buscó su padre y que al parecer ya la esperaban.

Guille pidió hablar con ella, pero ya había colgado. Pulsó el icono de rellamada, y nada consiguió, el teléfono estaba desconectado.

- Bueno. ¡Qué remedio! Me habría gustado decirle que empezaba a enamorarme de ella.

Berta le miró:

- Cariño. No se lo creería.

- Tienes razón. – Recordó sus risas. Sus gestos. - Me caía bien, la apreciaba, pero no estaba enamorado. No todavía.

Se abrazaron. Tras un beso, Guille pidió perdón.

- Cariño. Lo siento. Intenté acercarme a ella y no lo conseguí. Y ahora deja que diga una cosa y no quiero ofenderte. – Berta asintió. – Verás. Violeta me gusta. Su cuerpo está muy bien, y follando, pues eso. Pero no la amaba. Era sexo. De ella nada puedo decir. Si me amaba o era simplemente que me aceptaba para estar contigo. Lo dicho, creo que lo he estropeado.

Berta quedó callada.

- Cariño. Tengo un lio en la cabeza. Cuando lo deshaga volveremos a hablar. ¡Ah! Te amo, no lo dudes nunca.

A finales de enero volverían a reunirse con la Arno Schäfer para la venta de Textil Amapola. A la que rebautizaban como kommerzieller blauer Mohn. (Comercial Amapola Azul).

Guille pensó que tendrían que cambiar el color del emblema.

Preguntó por Gilda, pero lo entrevistados nada sabían.

Los negocios desde Mundo Globo iban bien. Guille ya se desenvolvía como un tiburón comprando y vendiendo empresas, calculó que serían unas cuatro o cinco al año con muy buenos beneficios. Luego estaba las participaciones en otros negocios, los prestamos... Los hoteles ya tenían reservas para el verano entre el setenta y el ochenta por ciento de ocupación. Los bancos Fuente Ahorro rendían, al igual que las fábricas Espuela y Merino repuntaban en las ventas.

Y, sin embargo, el abuelo le riñó. La compraventa no debía bajar de siete al año, las reservas en los hoteles debían ser antes, y había que ajustar gastos y personal en los bancos.

- La fábrica de recambios va bien. Mientras que en la de cartonajes has perdido clientes. – Le miró fieramente al añadir: - Y eso que la gente emplea menos plástico. Vamos, no seas holgazán y arréglalo.

El viaje de Semana Santa sería a Nápoles y sur de Italia. Invitaron a Nilea. La alemana aceptó, pero lo dejó bien claro desde el primer día: Era amiga y que si participaba en la cama sería solamente sexo. Sin compromiso.

- Será pasar un rato con vuestras caricias y besos. Sin más. ¿Vale?

- Vale. – Sonrió Berta.

Guille apretó la boca.

Estaban en una cafetería en el centro comercial donde habían acudido por pasear y hacer algo ya que nada compraron.

- ¿Estamos de acuerdo, chicos? – Insistió Nilea al afirmar: - Lo paso muy bien con vosotros, pero debéis saber que me siento monógama.

Berta se acercó para preguntar al oído:

- ¿Seguro que no te gusta cómo Guille te rasca el coño por dentro con su polla?

- Vale. Sí. Me gusta. – Admitió sonriendo. - Pero sin compromisos y siempre estando tú también en la misma cama.

- Cariño. – Berta sonreía. – Acabas de decir que eres monógama.

- Sí. Y siendo mi amiga no quiero que haya malos royos entre nosotras. Verás: me prestas su polla un ratito y luego te lo quedas.

Berta reía al replicar:

- Con él ya usado. Claro.

Guille se llevó la diestra sobre la bragueta disimuladamente y provocando la risa de las mujeres murmuró:

- Soy un objeto.

Fueron a Nápoles en miércoles por la noche con el Peregrino en vuelo directo.

Nilea ocupaba una habitación cercana a la de la pareja. No compartieron ninguna noche. No hubo propuestas ni insinuaciones.

Para hacer turismo el jueves y viernes contrataron un guía privado que les mostró las calles de la ciudad, los palacios y museos. Y en coche les llevó a ver las ruinas romanas de los alrededores incluyendo Pompeya.

El guía quedó asombrado al ver que los tres leían perfectamente las lápidas y letreros en latín. E incluso mantenían divertidas conversaciones en ese idioma en las que le dejaban participar.

Aunque llevaban calzado adecuado, con tanto adoquín y desniveles en las ruinas quedaron agotados. Por eso dedicaron las noches a dormir.

Y fue Berta quien el viernes noche, durante la cena, de pasta, claro, lanzó un suspiro.

- Taedet me Romanorum. (Estoy cansada de los romanos).

- Quis credat? (¿Quién lo creería?) – Dijo Nilea sonriendo.

- Cras requierm nocte haber fun. (Mañana descansamos para divertirnos por la noche). - Respondió Guille.

Añadió antes de que hubiera malinterpretaciones.

- Me refiero a tomar algo, ir a una discoteca…

A Berta le parecía una buena idea.

- Hace mucho que no vamos a bailar.

- Por mí vale. Pero sin cansarnos mucho que el lunes tengo que empezar otra campaña de ventas.

Guille se interesó un tanto intrigado. ¿Qué era eso de otra campaña de ventas? Se supone que está en contabilidad. Niea se explicó:

- Sí. Pero últimamente me ocupo de proyectos de ventas. Ya ves. Lo que empecé haciendo cálculos logísticos ahora me toca hacer hasta el eslogan y colaborar en la presentación.

- ¿Te gusta? – Se interesó Berta.

- Pues no mucho. – Hizo una graciosa mueca. - Pero parece que a los clientes sí. Y por lo tanto al señor Onofre. – Y añadió con voz claramente disgustada. - Aunque me he dado cuenta, resultó muy fácil, que a unos clientes lo que les gustó fue ver que una rubia hacía la presentación.

Hubo que recordar a Berta que Onofre Montes es el director de la fábrica.

Ante el requerimiento de Berta explicó que solían pedirle que cambiara el embalaje de un producto que se vendía poco. Entonces hacía unos garabatos con el ordenador sobre ese algo ya existente y resulta que gustaban en los comercios. Explicó:

- Se trata de coger algo que tenga una salida mediocre, cambiarle el color, o el ancho, o añadir una goma o quitarla, ponerlo en una caja nueva llamándolo por otro nombre y ya está. - Lanzó un suspiro. – Lo dicho, no termina de gustarme dibujar, pero sí el trato con los clientes con la excepción de los babosos. Y, bueno, la verdad es que a veces echo de menos los números.

- Eres creativa y lo aprecian. - Dijo Berta para animarla.

- Seguro que es algo temporal. - Añadió Guille.

Tras un corto paseo alrededor del hotel se retiraron a las habitaciones. Guille estaba silencioso mientras se cambiaban de ropa, por lo que Berta preguntó qué le pasaba. Pidió disculpas por su distracción y explicó:

- Hace un año pensaba que mi secretario es mayor. Se jubila dentro de unos meses. Y que tú podrías ser mi secretaria cuando termines los estudios, pero eres buena en los negocios y mereces poder superarte. Luego pensé que fuera Nilea. Y ahora creo que alguien que en clase sacaba mejores notas que yo, no puedo relegarla a secretaria. – Lanzó un suspiro. - Dice que no le gusta lo que hace y quizás deba darle una oportunidad.

Berta, sentada en el borde de la cama, se apretó la base de los dedos de los pies en un masaje, luego estiró las piernas sin alzarlas para mover los dedos.

- Ya veo. Piensas en ofrecerle la misma oportunidad que el abuelo ofreció a Violeta, y la rechazó.

- Sí. ¿Qué opinas?

Guille se fijó que el sujetador había dejado unas marcas en la espalda de Berta y las acarició como si las borrara. Berta pidió que el masaje fuera más fuerte y ya respondió:

- Creo que, si acepta, en diez años se convertirá en nuestra jefa. Es muy buena en todo lo que hace.

- Hablaré antes con el abuelo.

- Bien. – Se puso el suéter del pijama y ordenó: - Ahora abrázame necesito la nana de tu corazón en mi oído para dormir.

Guille se tumbó bocarriba y Berta apoyó su cabeza en el pecho de su marido. Al poco, Berta, sin moverse de esa postura tan agradable para ella, preguntó:

- ¿Tienes ganas?

- ¿De dormir hasta mañana? Sí.

- Cariño… Ya sabes a qué me refiero.

- ¿Follarías, aunque no tengas ganas si te lo pido?

- Pues...

No esperó la respuesta.

- Te amo. Vamos a dormir. - Le dio un beso en la cabeza.

- Yo también te amo. – Le dio un beso en la tetilla por encima de la camiseta. - Buenas noches.

Al día siguiente pasearon por la ciudad, sin prisas, incluso viendo escaparates. Cansados de la comida italiana comieron en un restaurante húngaro que se encontraron por casualidad. Guille, pidió gulash y las chicas pollo con paprika acompañado con ñoquis, y naturalmente bebieron cerveza en lugar de vino.

Berta se palmeó la barriga y propuso:

- Esta noche sí, vamos a bailar que hay que rebajar todo esto.

- Ha estado muy bueno.

- Habéis tenido una buena idea, sí.

Nilea recordó lo que parecía una pregunta:

- Pero tú has ido a correr esta mañana.

- Claro. Una hora cada día. – Respondió sonriendo Guille. - Si tu amiga descubre que engordo un gramo coge el bisturí para quitármelo.

Berta le murmuró al oído, aunque Nilea podía oírla.

- ¡Bruto! Yo no te haría eso. – Sonreía al explicar: - Te metería en la cama hasta asegurarme que mediante polvos recuperabas el peso que me gusta.

- Y yo soy el bruto. - Rio Guille.

Por la tarde las chicas decidieron ir de tiendas, y Guille, pensando que nada necesitaba comprarse, regresó al hotel con la intención de trabajar un rato. Como ya esperaba algunos mercados de Europa no cerraban en Semana Santa o fiesta de primavera, pero había pocas variaciones. Mientras que el mercado de los países americanos prácticamente estaba paralizado. En Asia había movimiento, pero afectaba poco a la durmiente Europa occidental, porque en la oriental basaban la semana de pasión en otro calendario.

Terminó pronto por lo que decidió dar un paseo

Por la noche, tras una cena ligera fueron a una discoteca donde había mucha gente que bailaba tan bien que las chicas pasaron inadvertidas. En general todo el mundo iba muy bien vestido, aunque unas cuantas muchachas, seguramente del mismo grupo, vestían trasparencias y Guille se esforzaba en no quedarse mirando esas tetas.

No habían bebido demasiado, pero estaban mareados y cansados cuando a las cuatro de la madrugada regresaron al hotel. Los oídos les zumbaban todavía por la música tan alta.

Al día siguiente, domingo por la tarde, regresaban a Zamalca. En lo que duró el vuelo tuvieron tiempo de hablar, y Guille y Nilea de repasar cosas de sus trabajos ante las preguntas de Berta.

A mitad de mañana del lunes Guille recibió una orden del abuelo. Primero un mensaje: Llama en cuando puedas. Y luego la orden más concreta:

- Ven a comer a la villa, tenemos que hablar de los padres de tu amiga Violeta.

Había dicho amiga, en lugar de esposa. Sabía que Violeta no estaba con ellos. Don Francisco estaba enterado de todo. Preguntó:

- ¿Qué has averiguado?

- Luego.

Quedó un tanto mosqueado, hasta que la adrenalina del trabajo lo absorbió en otros temas.

En Villa Montesinos don Francisco estaba en su despacho. Al parecer hablaba con un notario y no quería ser molestado. Doña Amparo estaba en el gabinete del primer piso. Como casi siempre miraba la televisión al mismo tiempo que charlaba mediante mensajes con las amigas.

La abuela se alegró de ver a su nieto, y como era normal preguntó por Berta.

- Tiene clase esta tarde. Le he dejado un mensaje para que venga a cenar. Si os va bien, claro.

Los ojos de la mujer brillaron. Se puso contenta.

- Es perfecto. Me gusta mucho esta niña. Y si bien siento lo sucedido con Violeta me parece que… bueno. Perdona, hijo mío. Es cosa vuestra. Yo no me meto en eso.

- ¿Cómo sabes...?

- Rumores en el club y confirmado por tu abuelo. Y hablando de rumores estábamos un grupo de amigas al que se había agregado una mujer llamada Susana Carrasco, chismosa casi profesional, cuando ocurrió que una amiga enseñó la foto en la que aparecéis toda tu promoción de economía, y Susana se sorprendió al verte, diciendo que no sabía que un putero había ido a la universidad. Algunas reímos y preguntaron de quién hablaba. – Mirando a Guille aclaró: - Sois muchos en la foto. Te señaló mientras afirmaba que le gustaría saber qué tonta te había pagado los estudios.

Los ojos de doña Amparo volvieron a brillar al hablar de su mejor amiga.

- Antonia me miró, ya la conoces, y me pareció escuchar como sacaba la espada. Cargó contra Susana defendiéndote. Diciendo que si bien no eres un monje tampoco un delincuente. Y que tienes dinero para comprar la universidad entera, con profesores y jardines, junto con el club de golf con todo su equipamiento, y que aún te sobraría para repetir más veces con otras universidades.

Guille abrió los ojos sombrado.

Doña Amparo amplió la sonrisa sin dejar de mirar a Guille, y continuó narrando el suceso:

- Como puedes suponer, Susana no se lo creía. Ese rostro era de total incredulidad. Entonces otra amiga dijo tu nombre completo, esto es, tus cuatro nombres y tres apellidos. - La abuela hizo un gesto intentando cubrir su boca. Su sonrisa. - Susana palideció. Sin relacionarlo contigo había oído hablar de tu familia, de tu poder económico, y al poco recordó que tenía que marcharse inmediatamente.

- ¡Caramba con tus amigas!

- Sí. Por separado, son corderitos, pero todas juntas pueden actuar como una manada de lobas. Disfrutaron destrozando a Susana.

Comieron los tres juntos. Tras el café, don Francisco preguntó por qué lo llamó a la villa.

- Muchacho, me reservo el poder pedirte explicaciones de cualquier cosa dentro de la Comercial. Y el derecho a voto de calidad en Inversiones. Por lo demás te ocuparás de todo. Es decir, todo. - Apretó la boca un instante, bufó y ya continuó: - Otra cosa. Al contrario de lo que hicieron tus padres me gustaría que vengáis a vivir aquí, en la villa. Pero no os obligaré.

Doña Amparo pidió a Guille que acudieran a la villa. Que le gustaría ver que ese caserón volviera a ser un hogar.

- Lo hablaré con Berta. - Se sentía abrumado, pero aun así hizo una broma. - ¿Puedo ocupar la habitación principal?

Don Francisco le miró serio sin ganas de seguirle la broma. Mientras que doña Amparo sí lo hizo.

- ¿Y compartir la cama con varios fantasmas?

- Cambiaría las sábanas.

Doña Amparo ya se cubría la boca al reír.

- Mientras no nos saques de nuestras habitaciones puedes hacer lo que quieras. Mi colchón ya tiene memorizado mi postura favorita.

Don Francisco miró a su esposa. En su mente “veía” varias posturas que hicieron en esa cama, mientras su rostro permanecía impasible.

Cuando Berta llegó, Guille le hizo un resumen de la conversación. Casi se pone a bailar de contenta cuando gritó:

- ¡Te conviertes en el Señor de Montesinos!

Guille protestó:

- Mi apellido es Cifuentes.

- Nunca dejamos de ser Montesinos. - Intervino el abuelo. - Mi madre, que es quien compró esta casa, le puso ese nombre en lugar del de su marido.

Doña Amparo aportó su opinión.

- Ser el señor de Montesinos es casi un título nobiliario.

Más tarde se pusieron a hablar de los padres de Violeta. Don Francisco recordó la existencia de una empresa cuya sede estaba en Madrid, pero ya tenía garras, esto es sucursales, por varias ciudades: Adil.

- Es la culpable del descalabro de la empresa del padre de vuestra amiga.

- ¡Lo han vuelto hacer!

- Sí. Tienen apoyo financiero. – El abuelo dijo el nombre del banco y de dos grandes empresas. - El beneficio es casi seguro y mediante ese ejército de abogados se sienten impunes.

Añadió el nombre del famoso bufete: Roldan y Blanco.

Berta, algo sorprendida, pidió explicaciones.

- Parece que ya los conocéis.

Guille la cogió de una mano. Intentando no extenderse demasiado contó lo sucedido unos años atrás en la empresa de su padre. Que fue a negociar con ellos el retorno de gran parte del capital, pero ahora volvían a fastidiar a empresas crecientes vendiéndoles negocios emprendidos por ellos, pero que de alguna forma estaban destinados al desastre.

- Está mal, pero no es ilegal. – Concluyó. - La compraventa es acordada por ambas partes.

- Yo creo que se trata de una estafa. – Opinó Berta. - El vendedor dispone de una información que hace pública después de la venta.

Don Francisco afirmó que los abogados de la Comercial llevaban un mes buscado por dónde atacar, pero era difícil.

- Sus abogados son muy buenos por lo que de ir a juicio nuestra argumentación debe ser sólida.

Berta, doblemente picada al saber que atacaron a su padre y la familia de una buena amiga, aportó su opinión:

- Sin entrar en los tribunales debemos darles de su medicina. Venderles algo que los arruine. O por lo menos que les duela. Pero no se me ocurre qué puede tentarlos.

Don Francisco soltó un gruñido haciendo ver que buscaba un método sin conseguirlo. Berta miró en dirección de la ventana cómo buscando una solución que no hallaba.

Anochecía, las tardes son cortas en invierno. Por el oeste todavía clareaba mientras por el este ya estaba oscuro. La noche iba a ser clara.

Mirando el cielo Berta murmuró:

- Desde esta casa se ven muchas estrellas. – Lógico, no estaba en la ciudad, sino rodeada de bosques y campos. La autopista quedaba algo retirada. - En cuanto pase esa nube, la Estrella Polar se podrá ver muy bien.

Tras un minuto de silencio Guille exclamó:

- ¡Hermoso Norte!

Solo don Francisco comprendió la propuesta de su nieto, por eso asintió sin abrir la boca. Se refería a Alshamal Aljamil, el emirato árabe con el que ya tenían negocios. Guille explicó a las mujeres:

- Las potabilizadoras rinden peor de lo acordado por culpa de la contaminación y la salinidad de ese pequeño mar. Los ministros de economía y comercio están que muerden contra nosotros hasta tal punto que lo del hotel en los Pirineos queda aparcado. Me enteré ayer. – Miró al abuelo al añadir. - Nada dije porque quería hablar con ellos. – Don Francisco asintió. Parecía enterado también de eso. - Pero los de Adil no saben lo de las potabilizadoras. Además, podemos apelar al emir que nos debe un favor personal, que hable bien de nosotros y las potabilizadoras durante medio año. Así vendemos a Adil el mantenimiento y control. Unos meses más tarde el Emir cancela el contrato por falta de rendimiento, dejando a Adil con el culo al aire.

Berta asintió. Y preguntó al abuelo qué opinaba.

Doña Amparo permanecía callada, atenta. Notaba en el ambiente la tensión de algo importante.

- ¿Yo? ¿Mi opinión? – Respondió don Francisco. - Tu esposo es el director general de Inversiones Fuente Ahorro y director adjunto de la Comercial Cifuentes. Puede hacer lo que quiera. - Soltó ese gruñido que ya era característico en él y añadió: - Habrá que sobornar al Emir y no se conformará con una chocolatina.

Los ojos de Berta brillaban de admiración por el logro de su marido. Se unió a un muchacho y ahora era el heredero del título Señor de Montesinos, con todo el poder que eso conlleva.

- Pues digo que adelante. - Dijo Guille sonriendo. - Podemos gratificar al Emir con parte de la venta de las potabilizadoras a Adil. Luego, cuando no tengan dinero para tan buenos abogados haremos que aquellos a los que vendieron humo les demanden por estafa.

- El proceso será largo. - Advirtió don Francisco. - Y pueden ganarlo o quedar nulo judicialmente.

- Y muchos delitos habrán prescrito. - Añadió Berta.

- Pero en ese tiempo perderán credibilidad y dinero si la prensa airea lo sucedido en una larga lista de damnificados.

Berta se adelantó a doña Amparo al decir que muchas empresas no querrán salir en esa lista. Y la abuela añadió.

- Seria admitir algo deshonroso.

- Pues se dice el qué, cómo y cuándo pero no a quién. – Miró al abuelo al añadir. – Podemos dirigirnos a ellos e intentar convencerlos.

Don Francisco hizo una mueca. No le gustaba emplear la Cualidad para eso.

- Ya veo. – Dijo doña Amparo. - Y si se requiere más aclaración del dato, el periodista puede decir que no puede hacerlo sin el consentimiento del informante y a la vez perjudicado. Sería necesaria una orden judicial que Adil, no solicitará porque sería perjudicial para ellos.

Todos se quedaron mirando a don Francisco que simplemente miraba a los jóvenes moviendo la cabeza afirmativamente.

Esa noche la pareja se quedó a dormir en la villa. Y estando en la cama Berta cabalgó a su marido al tiempo que le agradecía entre gemidos que cuidara de su familia sin tener en cuenta lo mal que lo trataron.

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