Xtories

Encuentro real con Lara

Lara no cierra la puerta de su habitación. Su hermano está en el salón, jugando, a solo unos metros de distancia. Ella te mira con ojos de zorra, desnuda de cintura para arriba, y te invita a disfrutar del peligro mientras el hielo se derrite sobre tu piel.

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Este relato es una historia completamente real que que me ocurrió hace algunos años con Lara. Conocí a Lara años antes de que se diese nuestro encuentro en una discoteca. Desde el día que nos conocimos ya había una gran tensión sexual entre nosotros. Ese día bailamos al ritmo de la música muy pegados pero no ocurrió nada entre nosotros. Años después manteníamos un poco el contacto hablando por instagram hasta que poco a poco empezamos solo a hablar a través de fotos. Principalmente eran selfies con un pequeño texto con el que manteníamos una conversación, pero poco a poco las fotos iban subiendo de temperatura.

Yo siempre he sido un chico alto, mido más de 1,80m y soy bastante delgado y siempre he llevado una barba cortita que a las mujeres con las que he estado les ha solido gustar bastante.

Lara es una chica de unos 1,60 m, con una melena castaña larga y lisa. Sus ojos color chocolate, grandes y ligeramente rasgados, le daban un aire felino y seductor que difícilmente pasaba desapercibido.

No era delgada, pero tampoco estaba gorda: tenía un cuerpo lleno de curvas, con caderas anchas y un culo redondo, firme y provocador que se movía de forma hipnótica al caminar. Era de esos culos que invitan a clavar los dedos… o los dientes. Sus tetas, esas tetas me vuelven loco, generosas, eran sin duda las más grandes que había tenido el placer de tener entre mis manos y en mi boca con unos pezones tan claros, prácticamente del color del resto de su piel, que se erizaban firmes en cuanto la besaba.

Habíamos intercambiado montones de fotos, a Lara le encantaba mandarme fotos de sus enormes tetas libres de cualquier ropa que las oprimiese, yo por mi parte le mandé mas de una vez fotos del efecto que tenían sus fotos en mi. Pero aun con todas las sesiones de fotos sin ropa que habíamos tenido, en persona no había pasado nada entre nosotros. Hasta un cálido día de principios de marzo. Ella vivía y estudiaba a las afueras de mi ciudad, ese día fui a buscarla a la salida de sus clases, ella vestía un escotado top negro que dejaba al descubierto su ombligo y gran parte de su abdomen, abrazando y resaltando sus generosos pechos, que se veían apretados, redondos. Abajo llevaba unos pantalones ajustados que se ceñían a sus curvas como una segunda piel, marcando sin piedad su culo grande y redondo, y dejando prácticamente nada a la imaginación. Tras un abrazo como saludo en el que ella presionó sus pechos contra mi fuertemente, arrancándome una erección al momento, cogí su cara con las dos manos por la mandíbula, dejando a mis dedos descansar en su cuello y la besé. Primero el beso era lento y romántico como si el tiempo se hubiese detenido, pero poco a poco comenzamos a calentarnos más, bajé mis manos a su cintura acercándola a mi para que sintiese mi potente erección. Esto surtió un potente efecto en ella que empezó a beber de mi con ansia, nuestras lenguas se peleaban furiosas y húmedas mientras se intercalaban mordidas en los labios y saboreábamos la saliva y nuestro deseo.

Finalmente pusimos fin al beso y nos dirigimos a su casa.Teníamos por delante un viaje de 15 minutos en autobús en el que apenas separamos nuestras bocas. Nos comíamos a besos sin parar, con lengua profunda y saliva por todas partes.

En un momento, Lara se separó un poco, me miró fijamente a los ojos con una cara de puta absoluta que me puso la polla aún más dura. Mordiéndose el labio inferior con descaro, deslizó su mano con firmeza por toda la longitud de mi miembro, apretándolo y acariciándolo por encima del pantalón. Me masturbaba lentamente, provocándome, tentándome a sacármela allí mismo para que acabara lo que había empezado. Estuve a punto de hacerlo… pero desgraciadamente el autobús ya estaba llegando a su parada. Nos bajamos los dos con la respiración agitada y la tensión sexual a punto de explotar.

El corto camino desde la parada del autobús hasta su casa lo hice manoseándola sin ningún disimulo. Le apretaba el culo con fuerza, clavándole los dedos en esa carne jugosa, y le sobaba las tetas por encima del top, estrujándoselas y sintiendo cómo se desbordaban entre mis manos. Lo hacía como reprimenda por lo guarra que se había comportado en el autobús, sin importarme una si algún vecino estaba asomado a la ventana o nos veía pasar.

Nada más entrar en su casa, me llevé una sorpresa. Sentado en el salón, con los auriculares puestos y el mando en las manos, estaba su hermano jugando a la consola. Él ni siquiera levantó la vista del televisor cuando entramos.

Lara intento presentarme, pero ni terminó la frase. El hermano solo levantó una mano a modo de saludo sin apartar los ojos de la pantalla y murmuró un “qué tal” seco.

Lara no perdió ni un segundo. Me agarró de la mano con fuerza y me arrastró por el pasillo hasta su habitación. Ni se molestó en cerrar la puerta. La dejó completamente abierta, como si no le importara una mierda que su hermano estuviera a solo unos metros.

En cuanto cruzamos el umbral, se giró hacia mí como una gata en celo. Me empujó contra la pared y se pegó a mi cuerpo, metiéndome la lengua hasta la garganta sin previo aviso. Empezó a comerme la boca de forma lasciva y hambrienta, gimiendo bajito mientras su saliva se mezclaba con la mía. Sus tetas grandes y pesadas se aplastaban contra mi pecho, y con una mano me agarraba del cuello para besarme más profundo, casi con violencia.

Su boca estaba caliente y húmeda, y besaba como si quisiera follarme solo con la lengua. Chupaba, mordía mi labio inferior y volvía a hundir su lengua, girándola y enredándola con la mía de forma sucia y ruidosa. Podía escuchar el sonido húmedo de nuestros besos resonando en la habitación… y la puerta seguía abierta de par en par.

No podía parar de pensar que ocurriría si su hermano decidía acercarse a su habitacion y nos pillaba, esa idea me excitaba hasta el límite, también Lara parecía excitarse todavía más con el riesgo: me mordió el labio con fuerza, me miró con esos ojos de puta y empezó a desvestirse. Se agarró el borde del top negro y se lo quitó por la cabeza de un solo movimiento. Sus enormes tetas rebotaron libres al instante, pesadas y perfectas. Se quitó el sujetador con prisa y lo tiró al suelo. Aquellas dos tetas grandes y redondas quedaron completamente expuestas, con los pezones ya duros y apuntando hacia mí. No lo dudé ni un segundo. Agarré con ambas manos aquellas tetas enormes, sintiendo su peso y lo suaves que eran, y me metí una de ellas directamente a la boca. Empecé a chuparla con ansia, succionando fuerte el pezón mientras mi lengua lo rodeaba y lo lamía. Mordisqueaba, chupaba y babeaba sobre su teta, haciendo ruidos húmedos mientras la apretaba con fuerza entre mis dedos. Lara soltó un gemido bajito y me agarró la cabeza, hundiendo mi cara más entre sus pechos. Le chupé la otra teta con la misma hambre, alternando entre una y otra, siempre escupiendo en su pezón antes de comermelo, dejándolos brillantes de mi saliva. Las estrujaba, las juntaba y metía la cara en medio, juntaba sus dos pezones para metermelos a la vez en la boca, lamiendo y chupando como un cerdo mientras ella jadeaba. Mientras me recreaba con un pezón, con la mano pellizcaba el pezón libre, ya lubricado por mi saliva con anterioridad.

Mientras yo estaba ocupado devorándole las tetas, Lara empezó a desvestirme. Me levantó la camiseta con manos ansiosas y me la quitó casi con violencia. Sus uñas me arañaron el pecho y la espalda al hacerlo. Bajó las manos y me desabrochó el cinturón con rapidez, abrió el botón del pantalón y metió la mano directamente dentro, agarrándome la polla dura por encima del bóxer.

—Mmm… Joder, la tienes enorme… —susurró con voz de puta, apretándome la verga con fuerza.

Me bajó los pantalones y el bóxer de un tirón hasta los tobillos. Mi polla saltó libre, dura y palpitando delante de ella. Lara la agarró con la mano completa y empezó a masturbarme lentamente mientras yo seguía comiéndole las tetas como un desesperado, chupando, mordiendo y babeando sobre sus enormes pechos.

La puerta seguía completamente abierta. En el salón se encontraba el hermano de Lara, mientras la muy puta nos tenía desnudos parecía, esperando a ser descubiertos.

Lara me miró con una sonrisa traviesa y viciosa, todavía con las tetas brillantes de mi saliva. Se bajó lentamente de puntillas hasta quedar de rodillas frente a mí, con sus enormes pechos colgando pesados y bamboleándose con cada movimiento.

—Fóllame las tetas… —susurró con voz ronca y llena de deseo.

Se agarró sus dos tetas grandes con ambas manos, las levantó y las juntó alrededor de mi polla dura. El calor y la suavidad de su carne fueron brutales. Mi verga desapareció completamente entre aquellos dos melones enormes, solo asomaba la cabeza morada por arriba.

Empezó a mover sus tetas arriba y abajo, masturbándome con ellas de forma lenta y apretada al principio. La piel suave y caliente de sus pechos envolvía mi polla completamente, resbalando gracias a toda la saliva que la muy cerda escupía cada vez que mi polla asomaba. Cada vez que subía y bajaba, sus tetas se deformaban y se apretaban más fuerte alrededor de mi grosor.

—Joder… tus tetas me vuelven loco —gruñí.

Lara aceleró el ritmo, follándose las tetas con más fuerza. Las apretaba fuerte con las manos mientras las movía rápido, creando un canal caliente y húmedo. De vez en cuando sacaba la lengua y lamía la cabeza de mi polla cada vez que subía, dejando hilos de saliva cayendo sobre sus pechos.

Sus tetas rebotaban y chocaban entre sí con cada movimiento, produciendo ese sonido húmedo y obsceno tan característico de las cubanas. Yo podía sentir cómo mis huevos golpeaban la parte inferior de sus pechos mientras ella me pajeaba cada vez más rápido y con más ganas.

Pero de repente Lara paró en seco. Dejó de mover sus tetas alrededor de mi polla y se quedó mirándome con una sonrisa perversa. Sin decir nada, se levantó lentamente, completamente desnuda de cintura para arriba, con las tetas brillantes de saliva y algo enrojecidas por el roce.

Se dio la vuelta y salió de la habitación tal como estaba: con las tetas al aire, el culo marcándose en esos pantalones ajustados y caminando descalza por el pasillo. Ni siquiera intentó taparse.

Al cabo de unos segundos, volvió por el mismo camino. Esta vez traía en la mano un pequeño bol de cristal lleno de cubos de hielo. Sus tetas seguían moviéndose pesadamente mientras caminaba de regreso. Se arrodilló otra vez frente a mí, dejó el bol en el suelo y sacó un cubito de hielo. Sin apartar la vista de mis ojos, pasó el hielo lentamente por encima de sus tetas ya mojadas, rodeando sus pezones duros. El contraste del frío hizo que se le pusieran aún más tiesos y se le escapara un gemidito. Después me miró con malicia, agarró mi polla todavía dura con una mano y empezó a frotar el cubito de hielo directamente sobre la cabeza hinchada, bajando poco a poco por el tronco mientras el hielo se derretía y el agua fría chorreaba por mis huevos.

Lara sacó el cubito de hielo que acababa de restregar por toda mi polla y, mirándome directamente a los ojos con una cara de zorra total, se lo metió lentamente en la boca. Cerró los labios alrededor del hielo y lo chupó con gusto, dejando que se derritiera un poco mientras su boca se enfriaba.

Sin decir ni una palabra, se inclinó hacia adelante, abrió la boca y se tragó mi polla de un solo movimiento.

—¡Joder! —gruñí al sentir el contraste brutal.

Su boca estaba helada. El frío del hielo mezclado con su saliva caliente creó una sensación increíblemente intensa. Empezó a chupármela con ganas, bajando y subiendo la cabeza mientras el cubito de hielo aún estaba dentro, rozando mi tronco y mi glande con cada movimiento. El frío me quemaba de placer, haciendo que mi polla se pusiera aún más dura y sensible. Lara gemía con la boca llena, el sonido húmedo y baboso llenaba la habitación. El hielo se iba derritiendo rápido, y el agua fría se mezclaba con su saliva espesa, chorreando por mi polla y cayendo sobre sus tetas enormes. Cada vez que bajaba hasta el fondo, el cubito tocaba mi glande y me provocaba un escalofrío de placer que me subía por toda la columna.

—Joder que pollón tienes… —me repetía mientras paraba para tomar aire.

—Es la primera vez que no me trago una polla entera — Sus halagos solo hicieron que mo polla se hinchase de orgullo y excitación aun más.

Ella aceleró el ritmo, chupando con más fuerza, haciendo ruidos obscenos y húmedos mientras me la mamaba con el hielo. De vez en cuando sacaba la polla de su boca, sacaba la lengua helada y me daba lametazos largos y lentos desde los huevos hasta la punta, antes de volver a metérsela hasta la garganta.

El contraste entre el frío del hielo y el calor de su garganta era una locura. Mis piernas temblaban y tenía que hacer un esfuerzo enorme para no gemir demasiado alto, porque la puerta seguía abierta.

Lara me miró desde abajo con ojos llorosos y llenos de vicio, con la boca llena de mi polla y restos de hielo derritiéndose en sus labios. Sacó un momento la verga, escupió un hilo espeso de saliva fría sobre ella y susurró con voz ronca:

—Córrete en mi boquita.—

Y Lara se volvió a lanzar a mamándomela con esa boca helada y viciosa, chupando con fuerza y mirándome desde abajo con ojos de auténtica zorra. El hielo ya se había derretido casi por completo, pero su boca seguía fría y empapada, haciendo que cada pasada me llevase hasta el límite.

—Voy a correrme… —avisé con la voz entrecortada, agarrándola fuerte del pelo.

Ella, en vez de apartarse, gimió con mi polla dentro de la boca y aceleró el ritmo, chupando más fuerte y más profundo, como si estuviera desesperada por sacarme toda la leche. Me metía la polla hasta el fondo de la garganta, con arcadas húmedas y babosas, mientras sus tetas grandes se bamboleaban golpeando mis muslos.

No aguanté más.

Con un gruñido bajo y animal, le apreté la cabeza contra mi polla y empecé a correrme con fuerza. El primer chorro grueso y caliente le explotó directamente en el fondo de la garganta. Lara abrió mucho los ojos, pero no se apartó. Siguió chupando mientras yo le llenaba la boca de lefa.

Disparé chorro tras chorro, espeso y abundante, inundándole la boca. Su lengua se movía debajo de mi polla, recogiendo todo mientras intentaba tragarlo, pero era tanta la cantidad que se le escapaba por las comisuras de los labios. Gruesos hilos de semen blanco le chorreaban por la barbilla y caían sobre sus tetas enormes.

Lara gemía como una cerda, con la boca completamente llena de mi corrida. Mantuvo los labios apretados alrededor de mi verga, succionando hasta la última gota, tragando ruidosamente lo que podía mientras sus ojos llorosos me miraban con puro vicio.

Cuando por fin saqué la polla de su boca, aún medio dura y brillante de saliva y semen, ella abrió los labios lentamente. Tenía la boca inundada de lefa espesa y blanca. Me enseñó cómo le había llenado toda la lengua y el interior de las mejillas antes de cerrar la boca y tragar con dificultad, haciendo un gesto de placer al sentir cómo bajaba por su garganta.

Un hilo grueso de semen le seguía colgando del labio inferior. Lara lo recogió con el dedo, se lo metió en la boca y lo chupó mirándome con una sonrisa de puta satisfecha.

Después de tragarse hasta la última gota, Lara se levantó lentamente con una sonrisa satisfecha. Sin decir una palabra, se acercó a mí, me agarró del cuello y me dio un profundo y guarro beso, metiéndome la lengua con descaro para que probara el sabor de mi propia corrida en su boca. Nos besamos de forma sucia durante unos segundos, compartiendo los restos de mi lefa, hasta que finalmente se separó con una mirada viciosa.