Kami - (Parte 4 y final) Tengo un amante
Ella siempre dejó que él dirigiera el juego, pero esta vez las reglas cambian. Con la oficina vacía y las puertas cerradas, ella decide que es hora de mostrar quién manda realmente, desatando una noche de placer prohibido donde el dolor y el goce se funden en un solo grito.
De aquel fin de semana inicial, en el que comencé esta historia con mi maduro amante, han pasado ya un par de meses. Lo que estoy viviendo junto a él no lo catalogaría como una simple aventura, es una relación. Si es que tiene nombre o no, es otra cuestión. Lo importante es que estamos satisfaciendo nuestros fuegos internos al menos un par de veces a la semana, pasando intensas (y extensas) jornadas de sexo cuando mi esposo se encuentra lejos cumpliendo con su trabajo. Aunque creo que él también ha sido beneficiado de mis experiencias extra-maritales, ya que cuando está en casa le doy casi todos los días. Y digo “le doy” porque soy yo quien lleva la iniciativa, poniendo en práctica varias cositas que he aprendido, me he convertido en toda una experta. Hasta sexo telefónico tuvimos una vez, sin que mi esposo notara que mientras él se tocaba en la soledad de su habitación imaginando lo que le relataba, yo lo estaba poniendo en práctica con mi amante en vivo.
Pero esta vez quiero contarles nuestra última reunión. Lo habitual era juntarnos a cierta hora en algún motel que él elegía (nunca era el mismo). El siempre llegaba antes, ya que le gusta ducharse antes del sexo (una pequeña manía suya), ahí me esperaba desnudo y listo para la batalla. Bueno, ese día quise sorprenderlo, así que me anticipé y escogí el lugar. Le envié un mensaje indicándole dirección y número de habitación, tal como lo hacía él antes de cada encuentro.
Yo llegué muy temprano, para invertir los papeles esta vez. Me quité la ropa de calle y entré al baño a arreglarme para él, y esperarlo lista. Me vestí solo con una bata en tono rosa abierta hasta el ombligo, insinuando mis pechos desnudos en el escote. Abajo apenas llegaba hasta mis muslos, que adorné con unas pantys de malla negras, sujetas por un portaligas a tono y zapatos negros de taco alto. Me sentía tan sensual.
Hola pequeña, ya estoy aquí...listo para tí - grito hacia el tocador cuando llegó.
Espérame ahí bebé, ya voy, no entres. Pon una buena música ambiental. - le respondí.
Esperé escuchar su música ambientar el lugar para salir del baño. Le hice señas que se quedara sentado mientras caminaba hacia él, moviendo cadenciosamente mi cuerpo al ritmo de la canción. Me planté frente a él bailando con sugerencia, apartándome y, negándole con el dedo si intentaba tocarme. Me quité el cinto que cerraba la bata y lentamente la abrí para mostrarle que no llevaba nada bajo ella, salvo el portaligas. Me acerqué con la cinta en las manos, tomé sus muñecas y las até, susurrándole al oído - Hoy deseo usarte como a mí me plazca. Así que esta vez no puedes tocar - la sonrisa lateral que me regaló, me confirmó que le gustaba la idea.
Habiendo inmovilizado sus manos, me abrí la bata y empecé a pasarle los pechos por la cara, acercándolos para que los besara y chupara. Apenas me tocó y mis pezones se endurecieron, reclamando más de esos labios. Se los acerqué a la boca para que los atendiera como el ya sabía que me gusta. Luego comencé a besarle el cuello, mordía sus orejas, bajé a su pecho, abriéndole la camisa para exponer su abdomen que tanto me gusta. Lo empujé para recostarlo e, hincándome entre sus piernas, le bajé el pantalón y luego el bóxer, liberando su miembro que ya estaba erecto como me encanta. Lo metí en mi boca y se lo mamé, demostrándole todo el deseo que despertaba en mí. Usando solo mi boca alternaba entre suaves lamidas y salvajes chupadas. Se sentía espectacular tenerlo así de excitado, retorciéndose de placer en la cama, aunque sabía que no lo haría acabar tan fácilmente.
Al cabo de un rato me quité la bata, totalmente desnuda me subí a la cama y me acomodé sobre él dejando mi vagina en su cara y mi cara frente a su pene para continuar con mi felación, y a la vez permitiéndole chupar mi conchita ya húmeda, en un exquisito 69. Luego me "senté" sobre su rostro y me tomé con ambas manos las nalgas para abrirlas, dandole completo acceso a mi culo. Lo lamió con ganas, cómo suele hacerlo, haciéndome gemir con cada lamida. Incluso sentí su lengua empujar en mi hoyito, que parecía querer abrirse para él. Debí interrumpir a menudo mi maniobra bucal, ya que su lengua era tan hábil que me estremecía, hasta provocar mi primer orgasmo. Sentí mis fluidos escurrir, sabía que eso lo excitaba mucho. Me incliné y empecé a masturbarle fuertemente, dando lamidas y chupadas al glande hasta que lo sentí tensarse. Con mi lengua le acariciaba la cabeza sin dejar de pajearlo con la mano hasta que logré que acabara en mi boca, por primera vez desde que nos conocimos. No dejé salir gota alguna de su semen.
Una vez terminé de limpiar todo resto de su orgasmo me volteé, montándome a horcajadas sobre sus caderas, aprisionando su pene con mis labios mayores. Sin dejarme penetrar, movía la cadera en círculos, estimulándonos simultáneamente. Su mirada era una exquisita mezcla de calentura y perversión. Lo besé fuerte, sintiendo el sabor de mi propia excitación aún en sus labios. No tardé en sentír que su miembro recuperaba dureza, lo tomé con la mano y, mirándolo a los ojos, comencé a restregarmelo yo misma por el culo, empujándolo hacia mi virgen hoyito. Yo le había confesado la curiosidad que sentía por el sexo anal, estimulada por las sensaciones que me daban su lengua y dedos cuando jugaba con mi esfínter durante el sexo. Aunque él me había dicho que quizas no estaba lista para eso, con sus caricias y besos me hizo desear probarlo con él.
Me advirtió que me dolería, así que cerré los ojos al sentir que, con bastante esfuerzo y dolor, mi esfínter comenzó a ceder. Esa cabezota, más ancha que el resto de su miembro y que tanto placer me daba cuando me penetraba vaginalmente, lentamente se comenzó a meter. Mordiéndome el labio sentí como me desvirgaba el culo. No me moví mucho hasta que la sentí que se había metido, solo entonces fui bajando y tragando cada centímetro del resto de su miembro. De seguro verme perdida en esa nueva experiencia le puso nuevamente a mil, llenando de sangre los cuerpos cavernosos de su pene, hinchándolo totalmente otra vez. Noté en mi interior como pulsaba, lo que me calentó más. Inicié un lento sube baja, y aunque el dolor inicial de a poco cedió, sentía detalladamente su tronco deslizarse en lo estrecho de mi agujero. El permaneció inmóvil, para no provocarme dolor supongo, aunque la verdad yo lo estaba pasando cada vez mejor. Abría los ojos cada tanto y lo miraba con cara de placentero dolor, al parecer eso lo excitó mucho, tanto que tras un rato me dijo que iba a eyacular.
No aguanto. Sácalo, voy a acabar - me dijo, pensando que querría que lo hiciera fuera, pero no. Intensifiqué mis movimientos, mirándolo fijamente a los ojos, hasta que por fin se dejó ir, llenándome el culito con semen.
Para mí fue como recibir una inyección de adrenalina sentirme llena de su leche, me moví fuertemente hasta caer sobre él. Solté un fuerte grito involuntario, como nunca antes me había pasado, mientras explotaba también en un intenso orgasmo. Solté sus amarras, tomé su carita y le di un profundo y apasionado beso.
Exquisito. Mejor de lo que imaginé – le dije antes de dejarme caer a su lado con mi cuerpo mojado.
FIN.... (por ahora)
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