Una señora decente (parte 4)
César le prohibió ser infiel, pero la ausencia del esposo abre la puerta a viejos amantes y nuevas tentaciones. Melissa descubre que su 'decencia' es solo una fachada para ocultar un deseo de ser usada, vista y humillada por hombres que no son su marido.
Quiero decir primero que no quiero ser juzgada por lo que voy a contar enseguida. En realidad, esta parte no debería ser importante y escribirla sobra. Quizás cometí algún error menor, pero tengan por seguro que César no es una victima inocente. Recuerden como empezó todo esto.
Yo siempre he sido una señora decente. Aún pienso en mi como una señora decente. Ya no siento odio contra mi esposo por compartir nuestra intimidad con desconocidos o exponer mi cuerpo al compartir nuestras fotos íntimas. Pero lo que me obligó a vivir con Vicente (si, eso fue su culpa), y con mi director, ha despertado en mí otras inquietudes. Ahora reconozco que el placer del sexo puede hacernos perder la cabeza y que saber disfrutarlo sin riesgos es importante. También acepto que personas como mi esposo César pueden estar más inclinados a exhibirse o compartir como forma de estímulo erótico. Yo misma he aprendido que el someterme o sentirme sucia me produce esa estimulación especial.
DOMINGO
Después de que consumamos esa deliciosa experiencia de tres con el maestro Jesús, pasamos dos semanas maravillosas disfrutando como pareja de una pasión muy intensa. Nuestro matrimonio se nutrió. Fui muy feliz con César y él estaba super caliente por mí. Cogíamos diario y me daba unas mamadas de panocha super ricas. Pero todo pasa y fue llamado otra vez a trabajar fuera. Salía su avión a las 4 de la tarde, por lo que ese domingo temprano me llenó de semen y preparó sus cosas y se despidió de mi:
- Me voy Melissa. Pero te quiero dejar muy claro lo que espero de ti: nada de andar cogiendo sin mi permiso. Soy dueño de tu cuerpo y debo estar presente cada vez que tengas sexo. Sin excusas ni pretextos. No eres una ramera.
- No te preocupes amor. Aprendí mi lección. Estos últimos días me llenaste la canasta y te voy a extrañar mucho, pero sé que me debo a ti y te juro por mi hija que te voy a obedecer y te sentirás orgulloso de tu esposa que te adora.
- Espero que así sea.
En ese momento no le quise decir que desde el acostón aquel, que él mismo planeo con el maestro Jesús, las cosas en mi trabajo estaban interesantes. Mi director me comía con los ojos todos los días, pero se contentaba con que le enseñara las piernas o la tanga. Desde fuera del ventanal de su oficina se veía normal una conversación como siempre entre director y maestra, pero discretamente me abría de piernas para que me viera lo que pudiera. Me encantaba provocarlo. Me gusta la atención.
Total, que César me dejó a las 11 de la mañana dándonos un beso profundo y yo llorando porque me dejaba sola. Ese día, como cada domingo fui al pueblo a visitar a mi mamá. Llevé pan y pasamos horas tomando café y contándonos tantas cosas. Como casi siempre que no viene César conmigo se me hizo tardísimo y ya no encontraba taxi para volver a casa. Mi mamá sugirió que me quedara a dormir con ella, pero el lunes temprano tenía que estar trabajando en la primaria, así que tuvo la idea de llamar a Vicente, ya que vive cerca y no se negaría a llevarme. Me puse roja y temerosa pues no había visto a Vicente desde aquella cogída, pero mi mamá no cambiaba de idea y ella misma lo llamó. Obvio, llegó rapidísimo a recogerme.
Yo me senté atrás en el taxi para no dar pie a malentendidos. Vicente ajustó su espejo y comenzamos a charlar.
- Qué tarde te vas maestra, ¿César no vino a ver a la suegra?
- No Vicente, tuvo que salir por trabajo.
- Ahhh… te deja mucho sola, no maestra?
- Algo, pero nos tenemos confianza.
- Eso es bueno maestra. Con mi esposa igual estamos muy bien.
- Que bien Vicente.
-…
- Me gustaría cogerte en tu cama maestra.
- ¡Vicente!! ¿Cómo dices esas cosas? Lo que pasó ya pasó y no se repetirá.
- Perdóname maestra. Pero es una fantasía que he tenido desde aquella vez que nos dimos un rapidín.
- ¿Rapidín???? (le pregunté sorprendida ya que para mi fue una cogída muy intensa).
- (Vicente suelta ahí la carcajada)… realmente no me has probado bien maestra jaja.
- Creo recordar que si lo hice (ya mojándome, pensando en la mamada que le di en su taxi).
- Invítame un café en tu casa y charlamos maestra.
- Está Dayana en casa, no podría…
- Entiendo. Asunto arreglado maestra jaja
Los que conozcan esta carretera saben que hay varios moteles de mala muerte por toda la ruta. Justo en el momento de esta charla pasábamos por el Motel Deus y todo fue dar el volantazo y entrar. Mi corazón latía muy rápido. Le había prometido a César que no cogería con otros sin él. Y ya estaba en el motel con Vicente ni siquiera 6 horas después de mi promesa. Tenía demasiadas cosas pasándome por la cabeza. Primero el remordimiento de ser infiel una vez más. Mentirle a César y temor por su castigo cuando se enterara. Al mismo tiempo recordaba el placer que viví con Vicente y con el profesor Jesús. Los orgasmos tan intensos. El sabor de sus vergas. Deseaba sentirlos otra vez. Tenerlos dentro.
Vicente abrió la puerta del coche y me invitó a salir. Me condujo a la habitación suavemente, sin prisas, pero sin preguntarme nada. Me sentó en la cama y se inclinó para besarme. Al principio suavemente pero mi lengua salió al encuentro de la suya. Sus manos acariciaban mi cuerpo primero por encima de la ropa y luego quitándomela. El se quito la camisa, pero fueron mis manos las que desabrocharon su pantalón y sacaron su deliciosa verga de los calzones.
Ciertamente quería probarla. Muchas noches cogiendo con César pensaba en el grosor de Vicente y lo rico que la mete. Me la puse en la boca y el empujó sus caderas rápido y con ritmo. Me asfixiaba por momentos, pero me ponía super caliente mamarla. Me bajó el pantalón con todo y tanga y me abrí de patas para que me clavara a su gusto.
¡Qué rico coge Vicente! Y dura bastante el cabrón. Me tuvo abierta de patas un ratote limando mi entrada con su fierro y luego me volteó para darme de perrita. Fuerte. Con intensidad. Cada empujón de sus caderas me hacía sentir su verga abriéndome el coñito un poco más. Su dedo pulgar hundiéndose en mi ano y azotándome las nalgas de tanto en tanto.
- ¡Qué puta eres maestra! Aprietas muy rico con esta panochita.
- ¡Cógeme más fuerte Vicente!… úsame…
- Me encantan tus nalgas Melissa… me las quiero comer en la cama de tu esposo
- Cuando quieras amor. ¡Soy tuya… soy tuyaaaa! (grité con mi primer orgasmo)
Vicente me llenó la panocha de semen y descansamos un rato abrazados casi como amantes. Luego me mamó la pepa casi tan bien como César y me hizo montarlo, viniéndose en mi cara después de un rato y grabando todo para su colección. Lo que me encanta de coger con Vicente es la pasión que le pone. No es de venirse y ya. Me toca, me come, me la mete rico. Sin ser violento como César, puedo decir que quien mejor coge de mis amantes es Vicente. Cuando me llevó a mi casa ya era muy tarde y Dayana me esperaba en la puerta. Nos vio besándonos apasionadamente dentro del taxi, yo sentada a horcajadas sobre su verga con el asiento en la espalda. No me preguntó nada, pero su mirada era de complicidad.
MIERCOLES
Quien haya trabajado en una primaria pública en el estado de V*** sabe lo difícil que es tener privacidad. Siempre hay algún padre de familia, unos niños o compañeros maestros. No es para nada como en las películas gringas donde el director tiene su oficina privada. Ese día yo necesitaba material para mis alumnos y pensé en ir a la bodega atrás de la dirección. Pero mejor le pedí permiso al maestro Jesús por ser el director. Él mismo me acompañó sonriendo a abrir con su llave y los compañeros nos vieron entrar como si nada. Sin embargo, ya dentro, cerró con rapidez la puerta y aprovechó para manosearme las nalgas. Yo coqueta lo besé en la boca y sabiendo que no teníamos mucho tiempo me puse de rodillas y le mamé la verga, aunque no lo hice terminar.
No cruzamos palabra al salir, pero noté que se le marcaba el bulto. Caminar junto a un hombre tan alto siempre me ha incomodado, pero me sentí orgullosa en ese momento de que vieran todos lo duro que se puso por mí.
Llegué a casa para encontrar a Dayana viendo la tele con su novio Miguel. Ella estaba en short rosa y camiseta blanca. Noté que el elástico de la tanga le asomaba por encima del short y aunque fodonga se veía sexy. En eso llegó el maestro Jesús sin anunciarse y con una botella y sin más me dijo que tendríamos una fiesta. No podía rechazar a mi jefe. Sabía a lo que venía y no podía decir que no. Tenía prohibido andar de puta y, con todo, aun me escurría semen de Vicente de la noche del domingo
Algo que nunca ha entendido César es que nosotras en el estado de V*** nos gusta la fiesta. Nos gusta bailar y cantar y tomar. César es un gran amante, pero nunca me ha dado esta clase de diversión. El profe Jesús pidió empanadas y se trago 12 con una coca de dieta. Mientras comíamos todos le dijo a Dayana que se encargara de la música y trajo la bocina.
Dayana partió pista moviendo sus caderas rítmicamente para sacar a bailar a Miguel. El profe sin asomos de vergüenza sacó su celular para grabar cómo mi hija movía las nalgas en el apretado short. Al tiempo dijo: “No niña, ponte tacones”. Ella riendo obedeció y trajo unos para mí. Yo aún tenia la misma falda sastre que llevé a la primaria. Dayana con tacones y short diminuto parecía piruja. Saqué a bailar a mi jefe para evitar que siguiera grabando, pero la verdad a ella no le importaba. Parecía disfrutar la atención de mi director y de su novio. El profe Jesús me dijo al oído: “Que rica está tu hija maestra. Las mueve como tú”.
Yo ya algo tomada y disfrutando del baile me dejaba tocar las nalgas por el profe Jesús. Pasé mi mano por su verga y comprobé que ya estaba dura. Deseaba que me clavara ahí mismo, pero me daba pena con mi hija. Dayana tuvo la peregrina idea de sentar a Miguel en el sillón individual y acercarse a la bocina para cambiar la música. Horrible el perreo que puso, pero se acercó de vuelta doblando la cintura y moviendo la cola como perra. Los dos hombres aplaudieron y ella en un desplante se fue hacia mi jefe agitando las nalgas sobre de él. El profe Jesús no iba a parar ni de grabar ni de tocar. Comenzó a pasar sus grandes manos por las nalgas de Dayana acercándola a su verga para que se frotara con ritmo.
Yo vi la cara que puso el pobre Miguel y me dio lástima. Tan guapo y sin poder controlar a la novia. Para resarcirlo un poco me acerqué de espaldas a el y le sacudí mis nalgas como lo hacía Dayana con mi jefe. Nunca pensé que Miguel fuera capaz de tocarme. Siempre ha sido un muchacho callado y respetuoso. Hasta tímido diría yo. Pero sí, Miguel no dudó en comenzar a manosearme las nalgas e incluso fue más allá y sobaba mi panocha por encima de la tanga. Ya estaba escurriendo, viendo de reojo como mi jefe manoseaba a mi hija enfrente de nosotros y sintiendo las manos del novio de ella acariciando mi concha.
No podía dejar que esto se saliera de control y riendo, jalé a Dayana para cambiar de pareja. Ambos varones parecían decepcionados y comenzaron a protestar, pero en ese momento los callamos poniendo nuestras bocas en las suyas. El profe Jesús me metía la lengua en la boca y abría mis nalgas con ambas manos. Le dije al oído: “vamos a mi cuarto”, y por tercera vez en la semana me iban a meter un cogidón.
Aceptemos que el maestro Jesús está muy gordo para subírseme, con mi 1.50 de estatura y mi peso parezco muy menor junto a él. De forma que me disfrutó inicialmente en 4 y después cabalgándolo hasta exprimir su tranca dentro de mi panocha hasta 3 veces esa noche. No siento atracción física por mi jefe. Pero el morbo de estar cogiendo con el director de la primaria después de que manoseara a mi hija me mojaba mucho. Su truco favorito esa noche era ponerme en 4 o de ladito y pasarme su vergón por los labios vaginales estimulando mi clit sin metérmelo. Me hacía aullar como perra con estos roces. Yo con la boca revivía su verga después de cada eyaculación y él a su vez me comía el coño saboreando su propia leche. Nos bañamos juntos por la mañana y llegamos a la primaria aún con el cabello mojado. Si alguien sospechaba no nos iban a decir, pero yo me sentía la favorita del director.
VIERNES
Ese viernes hubo feriado y Dayana empezó con su regla, así que me pidió que fuera a la farmacia a traerle tampones. Y aquí yo me pregunto: ¿es que acaso los hombres pueden oler mi putez o ya soy famosa en el rumbo? Caminando por el parque, sin meterme con nadie, se me acerca un señor. Alto, delgado y en forma. Con el pelo blanco y bien parecido. Ya llegando a los 70 supongo, y muy bien vestido.
- Hola, ¿cómo está?
- ¿Perdone? ¿Lo conozco? (tratando de identificarlo como el abuelito de algún alumno)
- Claro que me conoces chaparrita.
- De la primaria o… usted me confunde con alguien más…
- No. Si te conozco.
- No señor. Se equivoca.
- Te vi salir de esa reja gris y admiré cada paso que dabas por el parque.
- Ya ve, me confunde…
- No te confundo, anda… dame tu teléfono.
- No suelo darles mi número a desconocidos.
- Me llamo Javier R***. Soy cafetalero de C****. Mi hijo tiene un negocio de café aquí en el centro y vengo a una reunión con otro socio.
- Lo siento. Tengo que ir a la farmacia.
- Trae condones chaparrita, y te invito un café… con leche.
Me alejé caminando rápido. Me iban temblando las patitas de los nervios. Era un hombre ya mayor pero muy guapo y rico probablemente. Cierto que yo iba con una falda ajustada que resaltaba mis formas, pero no me creía que a mi edad de la nada me tiraran la onda. Esta gentuza ya no respeta ni a las maestras decentes.
Regresando de la farmacia por el mismo camino ya no lo ví. Pero a un costado del parque, efectivamente hay una tienda de café y ahí estaba él en una mesa hablando con otro señor. Un hombre más joven atendía el negocio, pensé que era su hijo. Otra vez, no me juzguen… pero me acordé de que ya no teníamos café y aunque no era habitual clienta de esa tienda pensé que era lo mas cercano y rápido. Me acerqué a pedir un kilo de café y sentí la mirada de los tres hombres sobre mí. El hijo me empezó a atender y Javier lo interrumpe:
- Espera Javierito, ya atiendo yo a la chaparrita.
- Es la maestra Melissa papá. Vive aquí adelante.
- Hermoso nombre. Las maestras chaparritas son adorables cuando las mueven rico.
Javierito solo sonrió y dejó que Javier me atendiera. En ese momento me sentía excitada por venir a provocarlo y arriesgarme a lo que pasara.
- Sólo quería un kilo de café por favor.
- Pásate chapis, acá adentro tenemos un surtido especial de café… y leche.
- (Entrando al cuarto del fondo por una cortina donde había otra mesa pequeña y estantería llena de producto). ¿Qué precio tienen estos?
- Toma el que gustes, es gratis.
Al tiempo que decía esto siento que se acerca demasiado a mí y pone sus manos en mis caderas pegándome a su cuerpo. Puedo sentir su verga en la cola. Pasa a sujetarme por el tronco acariciando mis pequeñas tetas. Me excita sentir su cuerpo detrás del mío. Sin protestar páro más la cola ofreciéndola.
- Qué fácil eres putita. Desde que te vi caminando moviendo las nalgas se me antojó cogerte.
- (no contesto nada más que un suspiro profundo y eso lo hace entender que siga)
Me inclino sobre la mesa y él batalla para levantarme la falda por lo ajustada que está. Le ayudo incorporándome un poco y desabotonando para que me la saque por abajo. Me acaricia las nalgas y me dedea riquísimo el coño mojado. Siento que se inclina sobre mi y me láme desde el clítoris hasta el ano. Me tiene muy excitada con cada lamida. Separo las piernas para que me coma mejor y meta sus dedos. Lubrica un par en la panocha para luego meterlos en mi culito. Estoy gimiendo quedito. Sin darme cuenta se abre la bolsa que traje de la farmacia.
- Así que sí me trajiste los condones putita… 2 cajas con 3 preservativos cada una. No te preocupes, nos alcanza bien.
No entendí bien que quería decir con “nos alcanza” cuando giro la cabeza y veo a su hijo mirándonos desde la cortina.
- De verdad que tiene muy ricas nalgas esta zorra papá
- Si hijo, sujétala fuerte por adelante.
El hijo obediente me toma de las manos y me jala hasta recostarme boca abajo sobre la mesa, de manera que mis hoyos quedan expuestos a Javier. Poniéndose un condón me la mete por la panocha muy rico. Un ritmo muy rápido y el perfecto tamaño de verga para estirar mi cuevita de manera muy erótica. Javierito no me deja mover sujetándome las manos, pero no hace falta que lo haga, ya estoy entregándome.
- Tu ano se ve divino así ensalivado putita
- Úsame, soy tuya… me entrego a ti…
- Así me gustan. Que rueguen por la verga (contestó al tiempo que incrementaba el ritmo)
Por fin Javierito me suelta las manos para sacarse la verga y metérmela en la boca. Sin condón, pero con mucha lengua y saliva. Se la mamo como becerra desesperada por darle placer. Javier saca su verga de mi chucha y la apunta al ano. Cambia de condón y me la clava despacio, pero con decisión. Me duele un poco pero no es tan grueso como el del profesor Jesús o el de Vicente. Me empieza a nalguear con la mano abierta y el ruido de los cachetazos llega hasta afuera de la tienda.
- Despacito amor, despacito…
- Aguántate puta. Así te gusta más.
- Siii!!!... Así sii. Que rico. Me vengo amor… me vengoooo.
- Que culito tan apretado tienes. Se nota que casi no lo das.
- Me entrego a ti amor. Me entrego a tiiiii aaah (un orgasmo más)
Me sujeta fuerte de las caderas y siento que se viene en el condón dentro de mi recto. Javier chico suelta su chorro casi al mismo tiempo dentro de mi boca y me jala del cabello para evitar que me aparte… me trago lo que puedo. Cuando pienso que ya han terminado entra el otro cafetalero y me ordena que me voltee sobre la mesa. Apoyo mis pies en sus hombros al tiempo que él se pone un condón y me penetra la panocha muy rápido, solo queriendo terminar sin importarle nada más. Esta posición me encanta. Ver mis pies en los hombros del que me clava es muy erótico. Se viene muy rápido, cosa que agradezco.
Llego a casa algo adolorida, con moretones en las nalgas y muy satisfecha. Dayana me recibe la bolsa con los tampones y se da cuenta que traje 2 cajas incompletas de condones. Una vez más me mira con complicidad.
------------------------------------------------
Durante las siguientes tres semanas tuve mi agenda llena. Hasta me di el gusto de cumplirles algunas fantasías:
A Vicente un par de sesiones de fotos en lencería en mi casa y consiguiente cogída en la cama de mi esposo. Le daba morbo ver la foto del cornudo mientras me clavaba.
Con el maestro Jesús me tuve que aguantar un anal con su enorme tranca y un par de veces me puse ropa de Dayana para coger con él.
Javier y Javierito morían por darme una penetración doble y se los cumplí cuando me invitaron a su finca de café para cogerme en su casa.
Podría relatar estos encuentros con mas detalle si me lo piden, aunque ahora pienso escribir lo que pasó cuando regresó César a casa. Fue algo demasiado intenso.
Hablando de mi esposo, me comunicaba con él todos los días y algunas veces mientras estaba con alguno de mis amantes en la cama. Confieso que sí, me daba un poco de culpa por no saber respetar sus órdenes y dejarme emputecer por mis amantes. Me daba pánico contarle lo que pasaba mientras estaba fuera. Él ni se imaginaba lo que yo estaba viviendo.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Celos del pasado
Él creía conocerla, pero cada confesión era un nuevo abismo. Ahora, mientras ella se va con una sonrisa, él se queda solo, imaginando que su lengua…
Comparte:Infidelidad consentidaErotismo romanticoRelacion jefe subordinada
- Hetero: Infidelidad
Cuernos por el vecino - Narrado por la esposa
La lavadora se rompió, pero la verdadera avería estaba en la tensión acumulada entre la casa vecina.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoRelacion jefe subordinada
- Hetero: Infidelidad
Las confidencias de Lourdes
Lourdes sabe que Javier la mira, pero ella decide que no bastan las miradas. En la intimidad de la cocina, mientras sus esposas charlan en el salón,…
Comparte:Infidelidad consentidaPoder y controlMadurez vs juventud
- Hetero: Infidelidad
El nuevo jefe de mi mujer 3
Él cree que está a miles de kilómetros, pero cada mensaje es una confesión ardiente. Ella no solo le cuenta su aventura, sino que le pide que la…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Un lío gordo (II: Andanzas)
Diego creía conocer a su esposa, pero cada visita médica y cada viaje revelaban una Silvia distinta, poseída por extraños.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion jefe subordinadaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Soy Casada
El metro se llena de gente, pero sus ojos solo buscan una cosa: ser tocada por un desconocido mientras su marido, a un metro de distancia, no se…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo buscadoDeseo reprimido