Xtories

Nuevo encuentro con la madre de su amigo Diego

La madre de su mejor amigo lo llamó para pedir ayuda, pero la ausencia de su esposo cambió las reglas del juego. En la soledad del apartamento costero, la tensión acumulada por un encuentro previo estalla en una noche de lujuria descontrolada, donde el riesgo de un embarazo no deseado se convierte en el trasfondo de un placer prohibido.

perenquen12K vistas9.3· 15 votos

Pese a todo, paso un tiempo, y hasta me olvidé la madre de mi amigo, pensando que aquello había sido un encuentro casual, y que nunca más volvería a producirse. Sin embargo, cierto recibo una llamada de Marisa. Me indicó que su marido había heredado de sus padres un apartamento en la costa, cerca de la playa y que necesitaba reponer algunos electrodomésticos para acomodarlo adecuadamente. Como estaba bastante alejado de donde vivíamos, me iba a llevar más de un día, por lo que tendríamos que hacer noche, y que mejor era hacerlo un fin de semana.

No podía negarme. Aunque me ilusionaba volver a tener cerca a la madre de mi amigo, era un fin de semana, pero sabía que nos iba acompañar su marido. Lo que trastocaba cualquier intento de volver a estar con aquella. No obstante, no podía negarme y acepté. Quedamos en acudir el último fin de semana del mes, ya que no tenía problemas de exámenes. El día señalado me vino a recoger a la puerta de mi casa. Al subir el coche, me sorprendió no ver a su esposo. Me comentó: al final prefirió aceptar la invitación de unos amigos a una fiesta campestre, que venir con nosotros. Él se lo pierde. Estaremos mejor solos. Al tiempo que me echó una pícarona sonrisa.

Llegamos al apartamento, comprobando que no era muy grande, una habitación matrimonio, una sala-comedor y estancia, una cocina algo reducida. No obstante, tenía unas vistas estupendas hacia la playa. Llegamos en la tarde, por lo que me dijo que ella iba a recoger un poco el apartamento mientras yo iba instalando los electrodomésticos de la cocina.

Instalé pronto el horno, así como la nevera, y el microondas. A terminar ya eran casi las ocho de la noche. Vaya has hecho un buen trabajo- me comentó ella al ver como había quedado la cocina. Ok pues te parece bien nos duchamos y te invito a comer fuera. Ve recogiendo mientras me ducho primero.

Tras ella ducharme, entró ella al dormitorio y me dirigí a la ducha. Tras ello, nos vestimos, bastante informal, y salimos a comer una restaurante en plena playa. Parecíamos madre e hijo. Mientras terminábamos de cenar, recibió una llamada de su marido. Observé la cara de enfado de la mujer, contestándole de forma muy seca. Luego me comentó: La verdad es que me pone de los nervios. Últimamente solo piensa en salir con los amigos, bebe demasiado, y apenas salimos juntos.

Tras pagar la cuenta, ella me dijo que diéramos un paseo por la playa. Observamos algunas parejas besándose bastante acaramelados. Me echó una mirada, observando en sus ojos la lujuria. Deduje que la madre de su amigo debía estar bastante cachoda. Fue entonces cuando me dijo: ¿regresamos al apartamento?

Mientras caminábamos, ya era de noche, me cogió del brazo. Al subir el ascensor, me observó y acercándose para besarme, notando ardor en sus labios. Antes de llegar al destino, echó mano a mi entrepierna para comprobar como estaba. En esos momentos ya me tenía encelado. Gimió en mi oído, diciéndome: Uf como estás. ¿Oh cabronazo la tienes bien dura! Paro al llegar al piso y abrirse el ascensor. Por miedo a que pudiera vernos cualquier vecino, nos separamos hasta entrar en el apartamento. Tras cerrar la puerta, me di cuenta que la madre de mi amigo venía sumamente excitada, ya que rápidamente comenzó a retirarme la ropa, primero la camisa, besando mis pectorales, mordisqueando mis tetillas, mientras nos acercábamos al dormitorio. Ya dentro me retiró el pantalón, dejándome solo con el slip, verificando como se encendió su rostro al contemplar mi excitación. La pequeña prenda, mostraba un notable bulto, acreditando mi estado de erección.

Antes de que me bajara el slip, yo le retiré la blusa que llevaba, así como el sostén, mostrándome de nuevo sus hermosos senos. Al volver a contemplar aquellos preciosos pechos, recordé nuestro encuentro anterior. Sin demora me concentré en tomarlos entre mis manos, para tras masajearlos un poco, llevar mi boca a sus pezones, los cuales saboreé y chupé con esmero, haciendo gemir a la mujer. Me di cuenta que eran uno de sus puntos débiles, ya que no paró de gemir ante el gozo que sentía con mi concentración en sus senos.

Ello descontroló a la mujer, quien rápidamente me volvió a echar sobre la cama, tirando fuertemente de mi slip, dejándome completamente en pelotas. Al contemplar mi vástago a pleno rendimiento, noté nuevamente la lujuria en sus ojos, exclamando: uhm como la tienes. La tomo en su mano, ansiosa por verificar su dureza, diciendo: ¡parece que te haya crecido!, La noto mas grande que la otra vez.

Mientras me la manoseaba en toda su amplitud, note que esta vez bajó su mano morbosamente, alcanzando mis pelotas. Me miró con cara de autentica felina, al comprobar que estaban bien llenas. Oh cabronazo. Las tienes a reventar. Mientras las palpaba abiertamente, me preguntó: ¿Cuánto hace que no te corres?

Le contesté: hace casi una semana.

Mi contestación la dejó agitada, diciéndome: ¿No me digas que no te has corrido en todos estos días?

Sin contenerme le reconocí: desde que supe que iba a venir con Vd. me he reservado.

La mujer me miró sorprendida, exclamando: ¿es que aún sigues pensando que voy a permitir correrte dentro? ¡estás loco! y volvió a palpar mis huevos, notando su agitación al comprobar mi estado.

Pese a todo, volvió a tomar mi pene, subiendo y bajando su mano por todo el tallo, descapullándolo morbosamente.

Yo la atraje hacia mí, y le recosté sobre la cama. Le retiré la falda que llevaba quedando únicamente con una tanga. Era tan trasparente, que podía verse la maraña de vellos que poseía todo su pubis. Con maestría logre retirarle dicha prenda, dejándola igualmente en pelotas. La observé allí recostada sobre la cama, desnuda, con sus piernas medio abiertas mostrándome su vagina, que relucía entre la gran cantidad de vellos. Exclamé: uhm señora. Pero que buena está. No sabe las ganas que tenía de volver a verla de nuevo así.

-¿de verdad te gusto? Se que tienes novia. Ya tengo mi edad.

-No tiene comparación señora. No la cambiaría por ninguna. Ni siquiera por mi novia. Le contesté lujuriosamente.

Ella observó como mi cipote seguía en pie de guerra, fierro y emergiendo entre mis piernas como un autentico misil, y me contesto: Veo que te verdad te gusto. Parece que se te ha puesto más dura. ¡Que cabronazo! ¿quieres volver a clavar a la madre de tu amigo?

La miré morbosamente, diciéndole: señora. Pensé que iba a venir su marido y que me iba dejar en ascuas. Pero esta noche la voy hacer disfrutar como nadie lo ha hecho.

Note como le brillaron los ojos ante mis palabras, diciéndome: Ya veo que te ha alegrado que mi esposo no viniera. Él se lo pierde. Y luego me confiesa algo que había notado desde el primer momento: la verdad Rodry es que cuando supe que mi esposo no iba a venir, pensé en cancelar el viaje. La realidad es que desde ayer me encuentro bastante caliente, sumamente ardiente. Sabía que si venía me ibas a intentar follar, y puedo estar en mis mejores momentos. Ya sabes que no me cuido. Con mi esposo lo hago en esas ocasiones con condón para evitar un nuevo embarazo. Y tras detenerse un momento, añade: ¡sé que no te gusta hacerlo con preservativo! Y, viendo como te corres, es una temeridad haber venido.

Le miré sorprendido ante aquella confesión. La madre de mi amigo me estaba confesando que podía estar en sus momentos fértiles. Algo que me impacto, y me dejó preocupado. Ella continuó diciéndome: Le dije a mi marido que iba a cancelar el viaje, y que vendríamos otro día, pero el me insistió en que viniera. Que era mejor que te aprovechara para que terminaras de instalar los aparatos en el apartamento.

Me recosté a su lado ambos desnudos, y acercándome a su cara le pregunté: ¿se arrepiente de haber venido?

-Oh Rodry. Sabes que te deseo. Si mi marido hubiera sospechado que también me ibas a meter tu aparato, seguro que no hubiera insistido. Pero, en mi estado…. Eres un verdadero peligro. Al tiempo que volvió a tomar en su mano mi pene, apretándolo fuertemente.

Tras unos masajes a mi falo, me dice: ¿Sabes? entre en una farmacia para comprar condones, pero me entró vergüenza ya que era un dependiente, y encima había esperando, otras señoras detrás. Además, pedir que fueran de la talla grande XXL era algo que me superó.

Sin hacerle comentario al respecto, comencé de nuevo a saborear y chupar sus pechos, para luego ir descendiendo, bajando por su ombligo, hasta llegar a su pubis. Saber que carecia de condón era una noticia, buen y mala. No obstante, tenía la esperanza de volver a clavarla a pelo. Por ello pase mis dedos entre aquella maraña de vellos, hasta que al final mi boca se situó cerca de sus labios vaginales. Note la cara de agitación de Marisa al ver cómo me acercaba a su vagina. Oh nene ¿qué pretendes hacer? oh no pretenderás… oh eso no Rodry… ¡oh debe estar oliendo mal!

Sin atender a sus peticiones, acerqué mi boca, extraje mi lengua y la pase por toda la raja, lamiendo principalmente sus labios vaginales, de arriba abajo en forma de brocha, levantando los primeros gemidos de la mujer. El olor a hembra en celo impregnó mis fosas nasales. Pronto me adentré en la ranura de su coño, concentrándome en su clítoris, bastante abultado, que tomé entre la comisura de mis labios, haciendo que la mujer comenzara a revolverse, sacudiendo sus caderas. Oh Rodry…. Oh cabronazo… que me haces… ooo siii sigue así… oh joder….

Ante la intensificación que mi boca le estaba produciendo a su sexo, la mujer comenzó a convulsionarse, batiendo sus caderas de arriba abajo, y acercando su coño más a mi boca, casi restregándomelo por toda la cara, hasta el punto de tomar mi cabeza entre sus manos, para apretarla contra su entrepierna, terminado con alcanzar el primer orgasmo de la noche. Oh siii… oh me vengo… siiii

Marisa me apretó con tanta furia, que apenas podía respirar, mientras restregaba todo su coño contra mi boca y fosas nasales, bañando las mismas con sus abundantes fluidos, viniendo obligado a tomarme parte de ellos, ya que apenas podía respirar. Cuando por fin acabo, retiró mi cabeza de su entrepierna, me miró lujuriosamente, exclamando: oh Rodry…jamás había sentido nada igual. Siempre he pensado que eso era una indecencia.

-¿te has gustado? Le pregunte.

Me sonrió morbosamente, diciéndome: Me he corrido bestialmente. Pero,…creo que lo he hecho en tu boca, esto último lo dijo con una media sonrisa en la boca.

Sin esperar más, subí colocándome entre sus piernas, acercando mi pene a la entrada de su vagina. Al ver que la iba a penetrar, intento detenerme diciendo: Rodry… “sin condón en mi estado es peligroso”. Puedo quedar embarazada.

Acerque con fuerza mi pene a la entrada de su panocha, entrando mi glande dentro de su cueva, diciéndole: Uhm Marisa. ¡Esta noche no se va a escapar de que le heche un buen polvo! Me tiene bastante arrecho. Se que también lo desea. Puedo sentir el calor de su coño.

-Oh muchacho…. Ya te dije que estoy en mis días fértiles. Por eso estoy tan caliente.…….me vas a desgraciar me dijo, al sentir como, sin esperar más, de un golpe de riñones le alojé gran parte de mi embravecido pene. Una vez dentro de su vagina sentí el tremendo calor que desprendía aquella cueva. Debía ser cierto lo que decía, ya que su coño parecía una caldera ardiendo. Uhm señora… como tiene es coño… uf que caliente…

- Oh Rodry… tienes que sacarla… ooo.. ¡cómo me abres!…. Pero pese a sus protestas, me percaté que puso sus manos en mis caderas, abriéndose para que mi pene se alojara en ella más profundamente.

Comencé a embestir a la mujer, clavando y sacando mi falo de su ardiente conejo, de forma casi violenta, con dureza, como si necesitara clavársela bien adentro. Marisa gemía ante mis embestidas, gritando alocadamente ante la ferocidad de mis penetraciones. No en vano mi vara entraba extremadamente dura, abriendo sus paredes vaginales al máximo, sin miramientos.

Ello dio el fruto deseado, ya que al poco tiempo la mujer se vino, abriendo sus piernas y tomándome por la cintura en forma de tenaza para sentir mejor ni nabo, y poder correrse alocadamente. Oh siii me matas… o… me vengo

Pese comprobar cómo se venía, la seguí penetrando sin descanso, logrando que la mujer alcanzara una seria de posteriores microrgasmos, uno tras otro, quedando casi agotada. Aun así, permanecía dentro de su ardiente panocha, perforando la misma, casi con el mismo ímpetu. De hecho, la obligué abrir bien sus piernas, colocando mis manos en sus muslos, motivando que su vagina quedara expuesta, y bastante abierta, aprovechando para perforar su coño con bravura, metiendo y sacando mi nabo como una perforadora. Estaba a punto. Llevaba días sin correrme, y necesitaba descargar. Ella lo intuyó, y pese a sus débiles fuerzas en ese momento, intentó impedirlo, diciendo: Rodry tienes que hacerlo fuera…. No… dentro no puedes… oh cabronazo lo vas hacer…. Me vas a preñar…. Exclamo agitada.

En aquel momento me encontraba fuera de mis casillas. No controlaba, solo quería descargar mi semen. El caliente coño de la mujer, aceleró mis deseos de hacerlo dentro de ella. Sabía que podía estar ovulando, como aseguraba. Pero necesitaba hacerlo. Aceleré el bombeo de mi falo, reiterado mi continúas metidas y sacadas hasta que no pude más. Los movimientos desesperados de la mujer por deshacerse de mi presión, más me enardecieron. La primera lechada salió con extraordinaria fuerza, lanzada profundamente en la panocha de la madre de mi amigo. Luego vinieron varias más, una tras otra. En la posición de misionero en que estábamos, mi pene ingresaba completamente hasta le misma base dentro de la vagina, por lo que mi semen era vertido bien adentro. Estaba seguro de estar regando holgadamente los ovarios de aquella mujer con mi semen.

Oh… me vas a preñar…o como te siento…. me llenas oooo

Prácticamente me vacié dentro de su concha, mientras ella me miraba fijamente a los ojos, enardecida. Contrariada por venir contra su voluntad dentro de ella, pero a la vez, carcomida por la lujuria de sentir el batir de mi semen en sus ovarios. Cuando terminé, me quedé un tiempo dentro de ella, aún con mi duro falo, hasta que empezó a decrecer. Había sido la eyaculación más copiosa que recordaba.

Marisa me miro, entre sorprendida y enfadada: lo has hecho dentro. “Te has corrido tanto que seguro me has dejado embazada de nuevo”. ¡eres un verdadero loco!

No supe que contestarle, pero estaba satisfecho. Había sido un polvo inigualable, casi violento, pero placentero para ambos.

Cuando por fin extraje mi falo, noté como ella misma se miró su vagina, observando como emergía de su interior una hilera de liquido blanquecino, evidenciando que mi corrida había sido abundante. Joder nene… me has llenado. Se recostó sobre la cama, haciendo lo mismo, intentando darnos un respiro, añadiendo: ¡No pensé que te fueras a correr dentro!. Ahora si que tengo un verdadero problema.

A pesar de su evidente enfado por haberlo hecho dentro, al rato, se giró en la cama y me abrazó, pasando sus manos por mi cuerpo, recostando su cara en mi pecho. De hecho, nos quedamos dormidos, abrazados casi toda la noche, dado que el calor reinante no precisaba ni siquiera que no abrigáramos. Y así hasta la mañana siguiente.

continuara