Xtories

Susy la prima de mi esposa iv

La prima de mi esposa se quedó a vivir con nosotros, y la tensión en la casa es insoportable. Cuando su prima me confiesa que mi esposa está dormida como una piedra, sé que esta noche no voy a poder resistirme. El riesgo de que nos descubran solo enciende más mi deseo.

perenquen25K vistas9.1· 21 votos

Tras los acontecimientos vividos, seguía con mi pensamiento en poder follar debidamente a Susy algún día. Lo sucedido hasta la fecha solo habían sido pequeños escarceos, pero yo quería más. Deseaba clavar mi falo a la prima de mi esposa.

Cuando parecía que aquella era una quimera, una vana ilusión, el destino puso la situación de mi parte. Ocurrió que unas semanas después, mi esposa sufrió un percance por una caída en plena calle fracturándose una cadera. Tras ser intervenida quirúrgicamente, le obligó a esta encamada por prescripción médica. En ese momento la vida parecía que se me había trastocado. Tuve que hacerme cargo de mi hijo, del cuidado de la casa, de mi mujer y encima acudir al trabajo. El mundo parecía que se me había venido abajo.

Sin embargo, una semana después, hizo su aparición Susy, quien le indicó a mi esposa que se quedaría por las tardes y noches en casa, cuando regresara del instituto, y se encargaría de ayudar en las tareas de la casa y del cuidado del niño. Fue una gran noticia. Era algo que no esperábamos, y que fuera precisamente Susy, fue algo que me alegró profundamente.

Mi esposa permanecía encamada, y sufría unos dolores bastante agudos, que le impedían dormir. El traumatólogo que la atendía le prescribió un fármaco, que, tras tomarlo, verificamos que la dejaba plácidamente relajada. Tanto, que tras tomar el primero de ellos, constaté que por fin entró en un sueño profundo no despertándose en toda la noche. Parecía como si aquel fármaco la hubiera dejado drogada.

Con tanta tarea, apenas tenía tiempo para mi vida personal. Ni siquiera me había llegado a masturbar. Cuando apareció Susy, entre risas y bromas, aproveché para desahogarme, con algunos escarceos, pero más bien tocamientos, casi siempre en la cocina, pero sin nada importante. Ambos añorábamos yo volver a estar solos.

Al poco tiempo de su presencia en casa, una noche, mientras cenaba en la cocina con ella, me preguntó: ¿Qué tal durmió mi prima anoche? ¿Parece que lo está pasando mal con esos dolores?

-Anoche, durmió plácidamente. Le conteste. De hecho, no se despertó en toda la noche. El fármaco que le recetó el médico, actúa como un relajante. Es como una especie de somnífero, que la deja totalmente relajada. Le dije, observando su cara.

Me percaté del efecto que causó mis palabras en Susy. Cuando aquella, regreso de llevarle la cena a mi esposa, me atreví a preguntarle: ¿Se tomó el fármaco?

Ella me miró sonrojándose, y contestándome: hace un rato. Parece que se ha quedado dormida. Ese fármaco tiene unos efectos fulminantes.

-Creo que dentro de un rato no la despierta ni una tormenta de relámpagos. Le contesté sonriendo.

Me acerque hasta situarme detrás de ella, mientras Susy se encontraba secando la loza. Olí el olor de su aroma, besándola en cuello, atreviéndome a lamer sus orejas, percibiendo el intenso escalofrío que produjo a la joven, que al momento comenzó a gemir: Oh Bérgamo…. No empieces…

-Uf nenita. ¡Es que me pones la polla dura como un risco! Anda. ¿tócala para que veas que no te miento? - le inste, tomando su mano para llevarla al encuentro del bulto que aparecía desafiante en mi pantalón.

Susy, debía encontrarse igualmente ansiosa y caliente, ya que no se lo pensó dos veces, dejándose llevar, hasta depositar su mano sobre el bulto de mi pantalón. ¡Oh joder como estas! exclamo agitada al sentir la dureza de mi falo.

-¿Porque no la sacas y la tomas en tu manita?- le sugerí morbosamente.

Ella se giró, echándome una mirada, que parecía algo lujuriosa, y me dijo: Bérgamo. Para… ¡el niño aún esta despierto! Como buscando una excusa para que me controlara.

Me retuve, pensé que en el fondo aquella tenía razón. Aun así, le susurre al oído: vale, por ahora lo dejamos. Pero, “esta noche iré a tu dormitorio”. Quiero que me esperes desnudita.

La joven se estremeció ante mis palabras. Me miró con agitación, diciéndome muy bajito, con cierto reproche: ¿estás loco? Tienes que olvidarte. Luego, sonriendo añadió: Si estas tan salido ¿Por qué no vas al estudio y te tocas una paja? Así al menos te relajas.

La sujeté por detrás, apretándola contra mi cuerpo, acercando el bulto de mi falo a su trasero, con el fin de mostrare como me encontraba de excitado, diciéndole: ¿sientes cómo me has puesto? ¡esta noche te voy a comer toda! ¡ve preparándote! Y sin más, la deje con la palabra en la boca y me retiré para dirigirme a mi dormitorio, cambiarme de ropa y poder dormir un poco junto a mi mujer.

Al entrar en el dormitorio me percaté que Norma, al igual que en la noche anterior, había entrado en un profundo sueño, y, pese a que la intenté despertar un poco sacudiéndola, solo escuché algunos gemidos, sin que llegara abrir los ojos. ¡Tuve claro que no se despertaría hasta la mañana siguiente!

Me puse a ver la TV en voz baja echado sobre la cama. Me había quedado únicamente con un slip. No me concentraba en lo que veía en la TV. El solo pensamiento de saber que Susy estaba en el dormitorio cercano, me empezó agitar. Mi pene comenzó a crecer y encabritarse bajo mi pequeña prenda. Me di cuenta que me estaba poniendo como una moto. Menos mal que mi esposa no podía verme, sino hubiera pensado cualquier otra cosa.

Acalorado, retiré mi prenda y observé mis genitales. ¡Tenía una erección mayúscula! Mi falo estaba envarado, y hasta me dolían los testículos. Toque los mismos, verificando que estaba bien llenos. No en vano llevaba más de dos semanas sin sexo. Ni tan siquiera me había masturbado.

Observé a Norma tendida en la cama, inmersa en un sueño profundo. Ella no podía aliviar mi tensión. Pero mi tensión estaba por las nubes. No podía más. No me lo pensé dos veces. Fui al baño, tomé una bata, y me la coloqué por encima quedándome debajo únicamente con el slip. De esa forma salí fuera del dormitorio. Primeramente, me acerque a la habitación de mi hijo, verificando que seguía igualmente dormido. Tras dejar la puerta entreabierta, me dirigí al dormitorio donde se alojaba Susy.

Una vez frente a la misma, pensé en lo que iba hacer. Era una auténtica locura, pero mi excitación estaba por las nubes. Toque suavemente, y casi al momento tire del pasador, abriendo la puerta. La joven se hallaba mirando su móvil, metida en la cama, con las sábanas por encima.

Al verme llegar, note su agitación. Bérgamo… ¿qué haces aquí?

Sin contestarle, me acerque hasta su cama. Ella al verme, me dijo: ¿no deberías estar en la cama con tu esposa?

-Ella duerme plácidamente. El que no puede conciliar el sueño soy yo. Y ¡veo que tú tampoco! - le conteste.

Note como se sonrojó, intentando como arroparse mejor, temerosa de que me metiera dentro de su cama. Retiré mi bata, mostrándome solo con el slip. Al ver el enorme bulto que sobresalía bajo mi pequeña prenda, volvió a sonrojarse, pero no me dijo nada. Es más, se quedó como absorta, sin retirar su mirada de mi slip. Le indique: nena, ¡así como estoy, no puedo conciliar el sueño!

Levantó su cabeza y me miró a la cara, como preguntándome. Pero no me dijo nada. Sin más palabras, abrí la sabana y me metía en la cama acercándome a ella. La acaricie suavemente, verificando que solo tenía puesto una camiseta de dormir y unas braguitas. No se había colocado sostén.

-Oh Bérgamo. No deberías estar aquí. Me susurró, pero sin mucha determinación.

-Te dije que vendría a verte. Uhm ¡que calentita estas! Susy, “estas para comerte todita”.

La joven me dejó sorprendido, al comprobar, que, sin que le dijera nada, acercó su mano, y la introdujo dentro de mi slip, alcanzando mi pene. Sentía el calor de su mano sobre mi falo, sintiendo un tremendo escalofrío. Luego vi como la comenzó acariciar por encima, apretándolo y manoseando mi pene como en otras ocasiones. Recorrió el falo de arriba abajo, percibiendo la agitación de su cuerpo a medida que iba pasando el tiempo. Sin que volviera a indicarle nada, bajo su mano más abajo atrapando mis testículos. Me miró a la cara, mostrando cara de sorpresa, y en cierto sentido de lujuria: joder, ¡esta noche los tienes bien llenos!. ¿De verdad hace tiempo que no te masturbas?

-Ya de dije que hace más de dos semanas.

Note como se ruborizó. Agitada ante mis palabras, echo la sabana para atrás, y, tirando de mi slip lo bajó hasta las rodillas. Lo continuó acariciando, hasta que, en un momento dado, se colocó de rodillas ante mí en la cama, viendo como acercó su boca a mi pene. No me lo esperaba. Comenzó a lamerlo superficialmente, rodeando el glande con su lengua, para terminar por engullir una parte del mismo. Oh si nenita… uf sigue…así… Uy Susy que boquita tienes….oh.. nena continua…

La joven, continuó agachada entre mis piernas mamando mi nabo. Pero, temí que de continuar así terminara corriéndome en su boca. Pero, yo quería más. Necesitaba penetrarla de una vez. Por ello, intenté concentrarme, acariciando su espalda, bajando mi mano hasta alcanzar sus nalguitas. Introduje mi mano dentro de ellas, acariciando el ojete, escuchando su ronroneo al sentir mi mano. Bajé la misma aún más, incorporándome en la cama, quedándome casi sentado, sin que ella dejara de continuar mamando mi verga. Le bajé la braguita, dejando a la vista todo su trasero, que pude constatar claramente reflejado en el espejo del armario empotrado de la habitación. Observé la mata de vello entre sus piernas, bajé más mi mano, y alcancé sus labios vaginales. Susy gimió entrecortadamente volviendo a sacar el falo de su boquita al sentir como le acariciaba sus labios vaginales. Pase mis dedos de arriba abajo, y abriendo los mismos para alcanzar el interior de su vagina.

La joven no pudo más y retiró mi verga de su boca, volviendo a gemir más desconsoladamente, sintiendo como le dedeaba su cuevita. Volví a palpar claramente su himen, comprobando que continuaba virgen. Mi dedo corazón no paro de insistir sobre ese punto, sin presionar, pero viendo que ello agitaba sobremanera a la joven.

Sin que le dijera nada, ella misma se incorporó, se retiró su braguita, y terminó de retirarme igualmente el slip, instándome a que me volviera a recostar boca arriba sobre la cama. Me observó con carita de autentico morbo, miró mi falo, y se colocó a horcajadas a la altura del mismo. Luego, lo tomó entre sus manos, y lo puso en horizontal. Me di cuenta que quería jugar como en la ocasión anterior. Al instante bajó, abrazando sus labios vaginales todo mi pene, para luego, comenzar a moverse hacia delante y hacia atrás, utilizando mi falo como rail. Me quedó patente que ese juego le había encantado a la joven.

Ví como sus labios vaginales se deslizaban por encima de mi pene, embadurnando el mismo, realizando movimientos más acelerados, como si me cabalgara. Note el calor de su cuquita, y eso me enardeció más. La joven había tomado bastante confianza, y se movía frenéticamente sobre mi pene. Pero, yo anisaba y necesitaba introducir mi miembro dentro de la nena ya.

Comencé a llevar a cabo una estrategia, elevando mis muslos, elevando con ello el trasero de la joven. Ella continuó con sus movimientos, pero al realizar un movimiento hacia atrás, la punta de mi nabo se puso un poco en vertical por a las puertas de la vagina de la joven. Me di cuenta que toda la raja de su vagina quedó expuesta y mi pene a las puertas de la misma. Deduje que, si tiraba de la joven hacia delante, arrastraría el cuerpo de la joven, y terminaría clavándose mi falo. Era mi oportunidad.

Antes de que se diera cuenta, la tomé fuertemente de sus caderas, y tiré fuertemente hacia mí, viendo como la cabeza de mi falo, se introdujo a presión dentro de su cuevita, rompiendo a su paso el himen de la joven, y entrando una buena parte de mi falo dentro de la misma. ¡’¡Ya estaba, ya había entrado dentro de la joven!

El alarido que dio Susy al sentir como se rompía su telita y mi falo ingresaba en su coñito, se hizo oír en toda la casa. Oh noo me duele… ooo sacala… ooo

Lejos de sacarla, totalmente embravecido, la tomé por sus nalguitas con mayor decisión, volviendo a tirar de ellas hacia mi pelvis, terminando de ensartarle la totalidad de mi falo. Mi pene se perdió dentro de aquella caliente y estrecha cuevita. Un nuevo alarido resonó, esta vez con mayor intensidad.

Era evidente que había entrado con suma violencia dentro de la joven. La fricción de sus estrechas paredes vaginales, no acostumbradas a la invasión de un intruso como mi pene, presionaban mi pene, como queriendo expulsarlo. Los alaridos de la joven continuaron. Temí que pudiera despertar a mi mujer.

-Oh Bérgamo…sácala…... Me has roto por dentro… Me siento rota….me dijo casi lloriqueando.

-relájate preciosa. Ya la tienes dentro. Pronto desaparecerá el dolor. -le comenté sin soltar sus nalguitas, que férreamente apretabas contra mí para mantenerle dentro la totalidad de mi falo. No tenía la menor intención de sacársela.

En ese momento, mi corazón se agitó al escuchar cómo se abría la puerta de la habitación. La joven y yo, nos quedamos sorprendidos. En el umbral de la puerta apareció mi hijo pequeño, con una carita que evidenciaba que lo habíamos despertado, mostrándose semidormido. Era evidente que los gritos de Susy lo habían despertado. Nos quedamos quietos, viendo como mi hijo, aún con las manos frotándose sus ojitos semidormidos, seguía en la puerta.

-tranquila, aparenta normalidad- le susurre al oído a Susy.

Susy permaneció encima de mis muslos, con toda mi verga dentro de su coñito. Pese al dolor que parecía continuar, tuvo valor para tomar la sabana y cubrir parte de nuestros cuerpos, justo en el momento en que el niño de acercaba a nosotros. Este, llegó al borde de la cama. Nos miró con cara extraña. Seguramente le extrañaría ver a Susy sobre mis muslos, metido en la cama de aquella. No obstante, intenté aparentar tranquilidad y le pregunté: Hola nene. ¿Te hemos despertado? Susy y yo estamos jugando.

Papi. ¿ y..a que juegan? me preguntó casi balbuceando, a media lengua, dada su corta edad.

-¡Estamos jugando al caballito!. Es igual que cuando hemos jugado tu y yo, a veces. Papi es el caballito y Susy monta al caballito. Intenté decirle aparentando la mayor tranquilidad, ante la cara de asombro de Susy. Anda Susy, sigue jugando le dije mirando a la joven, quien no se lo acababa de creer ¿Verdad que también te gusta este caballito?

Menos mal que la sabana que había colocado la joven, impedía que el niño pudiera ver que estábamos totalmente desnudos de medio abajo. Susy, me miró enrojecida, exclamando: Oh si… me gusta mucho el caballito. Exclamó mirando al niño, sobreponiéndose, Arre caballito… oh si me gusta mucho,

Susy comenzó a subir y bajar, desclavándose y volviéndose a clavar mi falo. Aún con su coñito dolorido, se atrevió a moverse. No obstante, me di cuenta que su vagina se había adaptado mejor a las dimensiones de mi verga y las fricciones eran menores. Susy me miraba con su carita enrojecida por la situación, pero, pese a todo no dejo de moverse, de arriba abajo, notando como cada vez se iba excitando más.

-papi.. ¡yo quiero también jugar!. Escuche que me decía el nene.

-No hijo. Mañana jugamos, pero ahora tienes que seguir durmiendo. Vamos vete a tu cuarto y sigue durmiendo. Le dije, nervioso ante la petición de mi hijo. Vaya situación..

La joven intentó desistir, pero yo la anime diciéndole al oído: relájate, y olvídate de la presencia del niño. Quiero que te corras. Vamos nena: monta tu caballito… así… arre caballito….

Mi hijo se retiró hasta la puerta sin marcharse, Susy continuó cabalgando hasta que no pudo más viendo como las paredes de su vagina se contrajeron, como si pretendieran estrangular mi falo, sintiendo como entraba en trance y alcanzaba su orgasmo. Era el primer orgasmo con la polla de un hombre dentro de su coño.

Se agitó, sacudiéndose sobre mis mulos, retorciendo su cuerpo, hasta quedar casi extenuada. La sujete, quedándose unos momentos como ida. Cuando por fin se recuperó, observó el niño de nuevo y me dijo: mejor será que lo dejemos. Voy acostar al niño.

La joven tomó sus braguitas que tenía bajo las sábanas y se las colocó, levantándose y yendo hacia el joven. Me dijo al oído: oh Bérgamo, me rompiste por dentro. Lo tengo todo dolorido.

Pese a todo, tomo al niño y marchó hasta la habitación del mismo, acostándolo en la cama. Yo me puse la bata, sin el slip, me acerqué a ver a Norma, constatando que continuaba dormida. No se había percatado de nada. Volví entonces hasta la habitación de mi hijo, verificando que Susy, se encontraba recostada de lado, mientras dormía al niño, el cual parecía había vuelto a coger el sueño.

Contemplé aquel trasero, desnudo y únicamente con la pequeña tanga, y mi falo volvió a increparse. Me acerqué, y le dije: ¿duerme?

-si. Ya está casi rendido. Me contestó ella.

Al ver que me colocaba detrás de ella, al borde de la cama, giró su cara hacia atrás. Al comprobar que se me había abierto la bata quedando mi pene nuevamente al aire, me echó una mirada que pese a ser de reproche, envolvía auténtica lujuria.

Sin decirle nada, me acomodé detrás de la misma, aparté su braguita, obligándola a levantar una de sus piernas, lo que me dio acceso a colocar mi miembro justo a las puertas de su coñito. Me iba a decir algo, cuando presioné fuertemente viendo como mi falo ingresó dentro de su cueva. Nuevamente mi falo estaba dentro de la prima de mi esposa. Arremetí con fuerza, tomando sus caderas, y clavándole completamente mi falo hasta la empuñadura.

-Oh… otra vez nooo.. ooo exclamó, aunque débilmente, por miedo a que despertara de nuevo al menor.

Comencé a penetrarla con decisión, arremetiendo una y otra vez en aquella posición, clavando sin cesar mi pene dentro del coñito de la joven. Mi agitación era tal que mi verga parecía crecer mucho más dentro de la cueva de Susy. Esta, pese a sus primeros reproches, comenzó a colaborar, llevando su trasero al encuentro de mi verga, apretando la misma con sus paredes vaginales produciéndome un placer inaudito. Ella me miró girando la cabeza mientras la culeaba una y otra vez.

Oh cabronazo…. Me estas reventando… pero… sigue… joder…sigue ahora no pares…

Instigado por sus palabras, arremetí como mayor fuerza, bombeando frenéticamente el coño de la joven, quien pronto apretó con suma fuerza sus paredes, intentando estrangular entre ellas mi falo, viendo como a los pocos minutos volvía alcanzar su segundo orgasmo. Las contracciones de su cuerpo, y convulsiones, casi despiertan de nuevo al niño, teniendo ella misma, que calmarlo con una de sus manos, mientras terminaba de venirse.

Cuando finalizó, se giró y buscó mi boca. Luego viendo que el niño dormía nuevamente, me hizo salir de ella, y levantándose, me tomó de la mano y me llevó hasta su habitación. Yo la seguí sin decir nada. Una vez dentro, Susy se recostó sobre la cama mirándome, abriéndose de piernas, mostrándome su coñito recién desvirgado, instándome de nuevo a poseerla en aquella posición.

Observé algunos restos de sangre entre los labios vaginales, signo evidente de la desfloración que había sufrido. Sin pérdida de tiempo me metí entre sus muslos, acerqué mi falo. Este mantenía una erección notable, y se encontraba totalmente descapullado. Las venas resaltaban en el mismo, denotando mi tremenda erección. Presioné, viendo como nuevamente mi falo ingresaba, pero esta vez con mayor facilidad. Los anteriores orgasmos de la joven, había lubricado su vagina, y facilitado mi penetración.

Comencé un mete y saca persistente, el cual fui aumentando poco a poco. Me estaba follando a la prima de mi mujer, con el pleno consentimiento de la misma. Apoyando mis manos sobre la cama para sostenerme, arremetí con dureza y demostrando bastante vigorisidad, contra su vagina, ensartándole mi falo hasta la empuñadura.

-Oh Bérgamo me vas a terminar por abrir totalmente… pero sigue. oh me gusta…. Sigue clavándome así… o… vas hacer que me corra de nuevo – escuche decir a la joven, agitada ante mis embestidas, que hacían estremecer todo su cuerpo.

Continué durante varios minutos más clavándola de esa forma, hasta lograr que la joven volviera alcanzar nuevamente el orgasmo. Susy se retorcía sobre la cama, mientras le endosaba mi verga, en una penetración frenética, hasta el mismo útero. Como contrapartida, esa intensa penetración, me había llevado al límite. Sentí que ya comenzaba a emerger mi semen. Me di cuenta que tenía que salirme, o me iba a terminar corriendo dentro de la joven.

Sabía por otro lado, que mis testículos estaban repletos, y mi eyaculación iba a ser copiosa. Debía salirme y ser mas cauto. Sin embargo, la joven continuó retorciéndose con toda mi tranca dentro, era como si tuviera pequeños micro orgasmos. Para colmo en su agitación, me tenía tomado por la cintura, en un intento de que mi falo le llegara lo más adentro posible, tirando de mi cuerpo al máximo. Me di cuenta, que no iba a tener tiempo para salirme.

Pese a la inexperiencia de la joven, me percate de que ella también se dio cuenta de mi inminente venida. Pero, esto actuó como un acicate más para que aumentara sus pequeños orgasmos, mientras me decía: Oh Bérgamo…no paro de correrme…. Me vas a matar…. Oh cabronazo…. te vas a correr dentro… oh noo… es peligroso…oh… joder… lo vas hacer. ooo

Ya era tarde. Mi semen comenzó a brotar sin remedio, saliendo disparado contra las paredes de la vagina de la joven. Oh si nena… me viene…¡ahí te va mi lechita!…. Oh que bueno…. Oh nenita te voy a dar toda mi lechita… tómala….

-Oh Bérgamo…. Me vas a terminar embazando… o como te siento o joder…

Lance una y otra vez varias lechadas de espeso semen, que se depositaron profundamente en la vagina de la joven. Mientras me venía sentí un placere inaudito. Era algo que no había experimentado con otra mujer, ni siquiera con mi esposa. Prácticamente me desleche dentro de la joven.

Cuando por fin acabe. Me quedé unos momentos dentro de ella, descansando, ya que me había quedado reventado. Cuando por fin salí de la joven, observé su vagina. No solo sus labios vaginales se hallaban muy inflamados, sino que el boquete te su vagina era mayúscula, y además, comenzaba a fluir resto de mi semen.

La joven me miró, y me dijo: Oh Bérgamo. Te has corrido dentro. Me has llenado mucho. Y tocándome los testículos de nuevo, añadió: ¡los tenías bien cargados!.

Nos quedamos recostados sobre la cama, durmiendo plácidamente. De madrugada, me desperté, tome mi bata y tras darle un beso a la joven, decidió volver al dormitorio con mi esposa.

.....