Xtories

Cogí con el maduro vergón del chat

Llevaba años buscando esa conexión específica en la pantalla, pero nada preparaba para la realidad de su cuerpo. Cuando el acuerdo se hizo presencial, la distancia digital se disolvió frente a una promesa de placer intenso y una diferencia de edad que solo servía para encender la llama.

NicoleLima3717K vistas9.3· 8 votos

Una de mis distracciones es entrar al chat. Cuando era joven conocí a varias personas por ese medio, un par de malas experiencias, pero por lo general, todo bien. Hará unos dos años empecé a “chatear” de nuevo. Me entró la curiosidad de saber si existía aún la página en la que lo hacía y descubrí que sí, que sigue funcionando.

Al principio entraba al canal Perú, pero me aburrió pronto. Tras dos palabras con cualquier tipo, ya querían quedar para un encuentro sexual. La verdad no me provocaba algo así. Entraba, y entro, para distraerme y punto. Con un par logré congeniar mejor y estuvimos conversando por buen tiempo. Pero ambos terminaron en lo mismo, que querían “al menos 8 horas o la noche entera”. Pues eran “super potentes” y dos horas “eran insuficientes”. Me daban risa, les seguí el juego un tiempo y luego simplemente corté.

En ese tiempo descubrí el canal de cornudos. Me llamó la atención y empecé a entrar. Ahora solo ingreso, cuando puedo, al mismo. Casi todos los varones son españoles o argentinos. No buscan encuentros, sólo charlar y eso me distrae, relaja e incluso calienta.

Hablamos de las infidelidades, de las mías y de las de ellos. Nos contamos detalles, experiencias, aventuras, se exagera un poco y se fantasea otro tanto. Pero me estimula y entretiene.

Hace un par de meses empecé a charlar con un señor peruano. De 65 años. Casi 30 años más que yo. Muy divertido y conversador, de los que con cuchara te van sacando hasta la textura y color de la tanga que usaba para cada encuentro. Igual me narraba sus experiencias, aunque, en su caso, ya de un pasado algo lejano.

Tuvimos mucha química y realmente conversar con él era muy estimulante para mí. Intercambiamos fotos. Se veía incluso mayor de lo que decía. Luego supe que tuvo, antes de la pandemia del Covid, un cáncer de estómago que lo trató muy duro, pero del que logró recuperarse. Durante el Covid me comentó que vivió aterrado, pero que felizmente no se contagió.

Fotos van, fotos vienen, escalamos a fotos íntimas y me sorprendió el enorme tamaño de su pene flácido. Nunca me compartió una foto de su pene erecto, pero mi imaginación volaba imaginándolo.

Finalmente quedamos en encontrarnos. Y el jueves pasado lo hicimos. Aún hoy sábado tengo fresco su recuerdo entre mis piernas.

Sali de la oficina donde trabajo. Caminé un par de cuadras. En la esquina donde habíamos acordado ya me estaba esperando en su auto. Subí. Nos saludamos amicalmente, con beso en la mejilla. En directo se veía tal como en las fotos. Zalamero me dijo que yo me veía “más sexy”.

Enrumbó hacia un hotel cercano. Trabajo en Miraflores, un distrito “elegante y caro”. Usualmente voy a hoteles en Lince o Surquillo, otros distritos más baratos. Que fuéramos a uno en el mismo distrito fue un excelente punto de partida. Me sentí halagada.

Al entrar a la habitación tenía ganas de orinar y entré al baño. Cuando salí él estaba desnudo sobre la cama. Con su enorme pene, pero flácido, muerto sobre su vientre.

Me desnudé y me senté a su lado. Charlamos un rato. De lo bueno que era conocernos. Como si estuviéramos en el chat. Nos acariciábamos y poco a poco sentí ganas de chupar ese enorme pene aún dormido.

Cuando empecé, pude meterlo todo en mi boca. Pero fue un instante. Al sentir mis labios y mi lengua sobre su verga, su excitación se aceleró y en segundos su verga se puso muy dura. Y muy grande. Mucho más de lo que podía entrar en mi boca. Lo empecé a chupar, pero sobre todo lamer, que era lo que más me provocaba. Al tenerlo junto a mi cara podía sentir lo enorme que era. Eso me tuvo lista en pocos minutos. Con poco más que sus caricias sobre mis senos y rostro, mi concha estaba ya chorreando.

Dejé de chupárselo y me senté sobre sus piernas. Le miraba el rostro mientras acariciaba su enorme pene. Entre gemidos me dijo que “por más de 2 años no cogía con nadie”. Lo sabía, me lo había dicho por el chat. Ya no tiene intimidad con su esposa y la última vez fue con una prostituta venezolana, pero no tuvo la mejor experiencia. Ver su rostro lascivo me hizo sentir que lo estaba disfrutando y mucho. Eso me motivo aún más. Siempre me excita mucho saber que gozan conmigo.

Me acomodé sobre él. Me dejé caer sobre su verga lentamente, entregándole, poco a poco, mi concha jugosa. Me hizo gemir rápidamente. Sentir esa enorme verga era delicioso. Comencé a moverme, casi bailar sobre él. Era tan grande que ninguno de mis movimientos hacía que se saliera. Cuando me muevo mucho en esa posición, con vergas “normales” me pasa que se salen. Pero el jueves, hiciera lo que hiciera, siempre la tuve dentro. Tuve un par de orgasmos antes que me pidiera que me ponga como perra.

Lo obedecí con gusto. Al borde de la cama, como me gusta, con él de pie. Me reventó la concha, está vez era él quien se movía como loco, como joven. Tuve un orgasmo y, en el segundo en esa posición, se vino dentro de mí.

Miré mi reloj y habían pasado casi 50 minutos desde que ingresamos a la habitación. Tenía que volver a casa. No le había dicho a Diego que saldría. Simplemente había pensado en algo rápido y pasar luego por el supermercado, para comprar algo y llegar sin rollos a casa.

Al salir de la habitación mi amigo me dijo “queda pendiente esa colita”. Pienso en eso ahora.