Mi profesora de la uni y la chica del tren VI
Lucía siempre fue la profesora intocable, la figura de autoridad que dominaba el aula. Pero cuando la vulnerabilidad de su embarazo y la lujuria acumulada chocan en la intimidad de su despacho y luego en su casa, las barreras se derrumban. Esta noche no hay clases, solo la confesión de deseos prohibidos y una entrega que cambia las reglas del juego para siempre.
Estimado lector, si has llegado hasta aquí, quiero agradecerte antes de nada que hayas seguido esta historia desde el primer capítulo. Ver el número de visitas que reciben mis relatos hace que siga queriendo escribir. Os lo agradezco mucho.
El mensaje de Lucía decía que necesitábamos hablar, en ese momento una oleada de sentimientos invadió mi cuerpo. Me empecé a sentir mal anímicamente, había pasado de tener una vida sexual algo esporádica a tener una muy activa.
Recapitulemos, conocí a Lucía en la universidad, ya que era mi profesora de marketing empresarial y quedé impregnado por su presencia, su porte y su cuerpazo, ese mismo día conocí a Paula en el tren de vuelta a mi casa, una rubia de cuerpo espectacular, de ojazos que invocaban al pecado… con la que acabé follando con ella varias veces y había probado los placeres del sexo anal. En clase, con Marta, había llegado a un nivel de lujuria elevado para mí, literalmente nos masturbamos mutuamente en mitad de la clase, me corrí y el chorro de semen cayó en la mesa y Marta lo limpió con la mano, cosa que luego se tragó a lametazos.
Lo que pasó ese día en el baño con ella fue una experiencia brutal, la lujuria y la pasión nos había llevado a probar la lluvia dorada hasta tal punto que ella se tragó toda mi meada, me metió un dedo en el culo y me gustó muchísimo probar esa nueva técnica.
Entre medias de toda esa semana, había descubierto que Lucía estaba embarazada de un alumno que se tiró en Sevilla, que su ex novio le había puesto los cuernos con una chica de su trabajo. En ese parque, Lucía me mostró una parte de ella muy vulnerable, muy frágil y sensible. Ver a esa mujer fuerte, empoderada, con presencia y carácter llorar, hizo que mi cuerpo se estremeciera y la viera como algo más que una amiga a la que me quería follar y un sentimiento hasta ese momento que no conocía, decidió visitar mi cuerpo y en especial mi corazón y se instaló en ellos. Cambiando todo a su paso, confundiendo a mi cabeza y admitiendo una verdad que, hasta el momento, no quería asumir: me estaba enamorando de Lucía.
Por otro lado, la llegada al edificio de Lorena revolvió todo. Una señora de cuarenta y tantos que era enfermera, divorciada y sin hijos a su cargo, hizo que descubriera el extremo más profundo que podía alcanzar en el sexo. No sé que pasaba con esa señora que me descontrolaba, llegando hasta tal punto que nuestro último encuentro fue muy desagradable, pero a su vez muy placentero y apestoso. No entraré en detalles de nuevo, pero tengo que admitir que disfruté mucho verla humillada y sumisa, alcancé ese día un nivel de lujuria muy extremo y yo estaba fuera de mis cabales.
Lo más divertido es que lo de Marta y Lorena pasó justo en el mismo día. Pero lo que más era destacable, es que Lucía nos pilló a Marta y a mí entrando juntos al baño, cosa que, al verlo, me citó en su despacho. Para mi sorpresa, a medida que relataba lo que había hecho con Marta en el baño, se iba poniendo cachonda poco a poco, hasta el punto de necesitar masturbarse. Ella se dejó llevar por mi voz, por como iba relatando mi historia en el baño, fue maravilloso ver como su cuerpo se estremecía, como su respiración se iba entrecortando con cada caricia que se provocaba, como un tímido gemido iba dando paso a la lujuria.
Yo no me pude controlar y le comí el coño, ahí, en su despacho, mi lengua jugaba con sus labios vaginales y su cuerpo danzaba con cada movimiento de mi lengua, llegó el orgasmo y un gran chorro de agua salió de sus entrañas, impregnando mi cara, mojando mi pelo y cayendo sobre la mesa, mojando unos documentos que tenía que emplear para una reunión.
Desafortunadamente, cuando nuestros cuerpos estaban decididos a ser uno mismo, unidos por nuestros miembros ansiosos de conocerse, tocaron a la puerta y su compañera de trabajo interrumpió nuestro encuentro.
Tras ese primer contacto, fue cuando sucedió lo de Lorena. Pero bueno, ahí estaba yo, recién salido de la ducha, con la toalla rodeando mi cintura y tapando mi majestuosa polla que tanto placer me estaba concediendo esos días, leyendo el mensaje de Lucía.
Intercambiamos pocos mensajes y decidimos que lo mejor era hablarlo en persona, pero era de noche y los trenes ya no estaban en circulación, la única opción era ir en bus, pero el siguiente pasaba en una hora, así que ambos llegamos a la conclusión que era mejor que Lucía viniera a mi casa. Hablé con mis compañeros de piso y les pedí que me dejaran el piso para mi solo, pero no estaban por la labor de salir un viernes noche, cosa que me sorprendía, así que les dije que iba a venir una mujer a cenar conmigo y que, por favor, no fueran impertinentes. Aceptaron a regañadientes quedarse en sus habitaciones para no molestarnos, quedé en deuda con ellos, así que la próxima vez me tocaba pagarles varias rondas de cubatas, pero bueno, menos es nada.
Le volví a pasar la dirección de mi casa a Lucía y en 20 minutos estaba en mi portal. Esperé con ansias a que el ascensor llegase a mi piso, mi cuerpo estaba bastante nervioso y mis sentimientos estaban en una lucha constante. Por un lado, mi cuerpo quería volver a probar el sabor de su interior, mis manos ansiaban acariciar sus pechos y mi polla quería recibir el cálido abrazo de sus paredes vaginales mientras que mis oído se morían de ganas de oír como sus gemidos salían del interior de sus entrañas, por otro lado, mi corazón quería abrazarla, darle muchos besos en su cara, pasear con ella por la playa bajo el cálido pero frío abrazo de la luz de la luna mientras nuestros sentimientos salían por nuestras bocas y culminaban en un gran y hermoso beso, quería pasar con ella el resto de mi vida. Paula, Marta y Lorena pasaban a un plano oculto, a un sitio que no volvería a visitar nunca más por el bien de nuestra felicidad al lado de Lucía. En ningún momento llegué a pensar que haríamos con el niño que se gestaba en sus entrañas, no le di importancia, lo único que quería en ese momento es que llegase el ascensor y sonara el timbre, que anunciaba la apertura inmediata de las puertas y tras ellas, Lucía de pie.
A los pocos segundos, ese sonido maravilloso llegó a mis oídos, anunciando la llegada de Lucía, las puertas se abrieron con lentitud pasmosa, y allí estaba ella, de pie, como si la luz del interior la envolviera por un instante, como si el mundo hubiera decidido detenerse solo para dejarla aparecer.
Me quedé embelesado ante tal imagen, la vestimenta que llevaba era todo de negro, un negro limpio, compacto, que no absorbía la luz, si no que la domaba. Parecía que cada centímetro de tela supiera exactamente cuánto revelar y cuánto ocultar.
Llevaba un top ajustado de manga larga, de tejido fino, que se ceñía a su figura con una naturalidad casi calculada. A la altura de pecho, una pequeña abertura geométrica rompía con la continuidad de la tela, lo justo para dejar entrever sus pechos, pero no demasiado, como si fuera una rotura que nunca terminara de arreglarse. El cuello dejaba espacio para un juego de collares plateados que caían en destinas alturas, brillando con destellos discretos cada vez que la luz los rozaba.
Bajando la vista por su cuerpo, una faldita negra que parecía ser cuero, envolvía su silueta con firmeza. No era rígida, pero tampoco blanda, estaba equilibrada de tal manera que transmitía control. En un lateral, varias hebillas metálicas alineadas añadían un matiz más duro, casi desafiante, rompiendo con la elegancia uniforme con un detalle que parecía elegido a propósito, como si quisiera dejar claro que en ella no todo era suavidad.
Mi mirada estaba en modo escaneo, de arriba abajo, analizando cada centímetro de su cuerpo, sus piernas estaban envueltas en unas medias finas, de color negro que hacía juego con su vestimenta, alargando la figura hasta convertirla en una línea estilizada y segura. Pero lo que más destacaba era su pelo, ello definía su presencia y me volvía loco, caía en ondas suaves, perfectamente formadas y como si cada mechón hubiera sido guiado hacia su sitio exacto. El color rojizo brillaba bajo la luz artificial con una intensidad calidad, casi hipnótica, creando reflejos que se movían entre el ámbar y el fuego. El flequillo atrapaba la mirada, recto, impecable, enmarcando su mirada con precisión, aportando un contraste entre lo ordenado y lo salvaje del resto de la melena. No existía ni un solo detalle descuidado, todo su cabello transmitía intención, presencia e identidad.
Era una combinación extraña: elegancia, suavidad y algo más oscuro latiendo debajo, como si su forma de vestirse no fuera solo una cuestión estética, sino una manera de advertir que acercarse demasiado podía tener consecuencias.
Las puertas del ascensor terminaron de abrirse y los tacones de Lucía rompieron el silencio tan ruidoso que se había formado en los segundos que el ascensor subía, salió del ascensor y nos saludamos dándonos dos besos y un fuerte abrazo tras ellos.
Por mi nariz se colaba un olor maravilloso, olía a algo dulce, que no resultaba inocente, primero llegaba una nota fresca, casi luminosa, como a fruta recién abierto, pero que duraba lo justo antes de dar paso a un perfume más cálido, más envolvente. Había flores en él, sí, pero no eran delicadas: tenían cuerpo, presencia, como si respiraran demasiado cerca. Y al fondo, persistente, una dulzura densa de vainilla, pero suavizada por el calor que emanaba de su cuello, lo que provocara que no desapareciese, que se quedaba flotando en el aire incluso después de que ella dejara de moverse. Como una huella invisible, agradable y ligeramente inquietante.
- Hola preciosa -le dije a su oído mientras seguíamos abrazados.
- Hola mi niño, tenía ganas de verte...
Nuestros cuerpos se atraían mutuamente, mis brazos se posaban en su cadera, apretando su cuerpo contra el mío. Sus brazos rodeaban mi cuello, empujando mi cabeza contra sus hombros, mi sangre hervía, mi cuerpo temblaba fruto de los nervios que estaba sintiendo en ese mismo momento. De manera inconsciente, cabeza se fue separando de su hombro, retrayéndose poco a poco mientras que mi boca buscaba la suya, despacio, como con miedo, nuestros labios se fundieron en un beso apasionado en mitad del pasillo, entre el ascensor y la puerta de mi casa. La luz del pasillo se apagó y la del interior de mi casa nos alumbraban, como indicando el camino que debíamos seguir para entrar. Nos separamos y nuestras manos se encontraron, abrazándose con nuestros dedos entrelazados y puse rumbo hacia mi casa, arrastrando tras de mi a Lucía y ella cerrando tras de mí la puerta que dejaba al mundo exterior fuera, tras ella, nuestro mundo se estaba formando.
Lucía se sentó en el sofá cruzando las piernas tras de sí, como intentando mantener la intimidad a raya, en un balanceo entre lo soez y lo elegante, lo sensual y lo caótico. Me dirigí a la cocina y destapé una botella de vino que tenía guardada para alguna ocasión especial, esta era una y no quería desaprovechar la oportunidad que se me estaba ofreciendo.
Salí de la cocina con la botella y dos copas en la mano, Lucía observaba con sus hermosos ojitos verdes todo el salón, analizando cada centímetro cuadrado de lo que era parte de mi hogar. Podía verla ahí sentada, con la luz reflejada en su hermosa cara, como su piel blanquecina brillaba y resplandecía, en ese mismo momento, podría afirmar que los ángeles existían y tenía a uno de ellos en mi sofá.
- Qué pasa nene, ¿tengo algo? -me preguntó cuando me pilló observándola con cara de gilipollas.
- Sí, tienes una cara de gilipollas… JAJAJA -le dije en tono vacilón.
- Eres imbécil, pero eres tú y te lo paso. Anda ven, siéntate.
Hice caso a la orden que me dio y me senté a su lado, no sin antes, acomodar una mesita cerca de nosotros, donde dejé la botella y las copas. En ese momento no caí en que estaba embarazada y aún no sabía que decisión había tomado. Inconscientemente serví ambas copas, llenando hasta cerca de la mitad con vino.
- Oye… tengo la cabeza hecha un lío Rubén… -me dijo con tono tristón, mirándome a los ojos.
- Cuéntame, que te pasa bombón.
- Son muchas cosas y necesito contártelas.
- Pues empieza si te sientes cómoda.
- Bueno a ver, he tomado una decisión -dijo mientras se acariciaba el estómago- y no quiero seguir adelante. No quiero traer al mundo a una persona que no fue concebida con amor, quiero que crezca con un padre a su lado, no solo conmigo, es una decisión que me ha costado tomar, pero estoy decidida.
Notaba cierta angustia y nerviosismo en su voz, se incorporó un poco y agarró la copa de vino, llevándosela a la boca y dando un gran sorbo a la bebida.
- Así que necesito que me acompañes en todo este proceso, quiero que estés a mi lado. ¿Vas a estarlo? Necesito que me seas sincero por favor.
- Por supuesto que voy a estar a tu lado, te dije que te iba a acompañar y apoyar en la decisión que tomases ¿Quieres que coja cita?
- Te agradezco mucho tu sinceridad, eres la única persona en la que confío aquí, coje cita cuanto antes por favor.
- El lunes sin falta llamo, ¿De acuerdo?
- Joder Rubén, eres un cielo de persona… respecto a lo que pasó hoy… -se puso más nerviosa y su voz se entrecortaba- no quiero que te lleves una mala imagen de mí, pensarás que soy una suelta, pero no es así, no sé qué me pasó.
- Lucía, lo que pasó hoy significó mucho para mí. Llevaba unos días con la cabeza hecha un lío y hoy simplemente decidí no pensar y actuar.
- Para mí también significó mucho, soy una mujer que necesita generar un mínimo de confianza para hacer cualquier cosa y ahora estarás pensando en lo del chico de Sevilla, eso fue un error absoluto, yo no quería, pero mi cuerpo me traicionó y el muy hijo de puta me engatusó, desafortunadamente terminé disfrutando, pero bueno, eso es un borrón que ya no quiero volver a revivir. Lo de hoy fue muy especial, me atraes Rubén, desde el primer día que te vi sentado en el fondo de la clase, desde la primera vez que viniste a mi mesa y me enseñaste la ciudad. Intenté apagar ese sentimiento machacando a mi cabeza que eras mi alumno y lo había conseguido, hasta que te vi entrar con Marta al baño y me puse celosa, quería ser yo y algo dentro de mí provocó un incendio. Como te dije, antes de ser profesora soy mujer, una mujer a la que le gusta el sexo, no tengo reparos en decirlo, pero no con cualquiera, soy de la vieja escuela, de las de tener pareja para toda la vida. Tengo que advertírtelo nene, no estoy preparada para volver a acostarme con otro hombre, lo de hoy sé que ha sido un poco incongruente con lo que digo, pero me calentaste mucho.
- Te entiendo Lucía, yo también he estado con ese sentimiento rondándome la cabeza, cuando me contaste lo de tu embarazo, supe que algo dentro de mí había cambiado. En otra ocasión, mi deseo hacia ti habría cambiado, pero no fue así, verte así, tan sentimental conmigo, provocó una oleada de sentimientos incontrolables.
- Claro, por eso decidiste hacer lo que hiciste con Marta…
- Como tú misma has dicho, trataba de apagar lo que sentía diciendo que eras mi profesora. Pero no fue así, desafortunadamente, pasó lo que tenía que pasar con Marta, pero se quedó todo ahí.
En ese momento, recibí una llamada, el móvil se iluminó enseñando el nombre de Paula.
- ¿No vas a contestar? -preguntó Lucía mirando el móvil.
- Puede esperar, no es importante, ahora la prioridad eres tú y no quiero que nada ni nadie interrumpa el tiempo que estamos pasando juntos -dije mientras colgaba el móvil y cogía de paso mi copa de vino, dándole un sorbo al sabroso jugo de uva.
- No me importa eh, igual es importante.
- No es nada de lo que deba preocuparme ahora mismo Lucía.
Tras decirle eso, acerqué mi mano a su cara y le acaricié la mejilla, nuestros ojos se miraban mutuamente, sin quitar visión, como queriendo leernos mutuamente nuestro el interior. Mis pulsaciones empezaron a aumentar y en un acto de valentía, volví a besarle. Noté el calor de sus labios, nuestras lenguas se saludaron tímidamente mientras nuestras respiraciones hablaban en vez de nuestras palabras. Nos besamos durante unos segundos hasta que nos separamos.
- Rubén…. Esto no puede ser…
- ¿Por? ¿Qué pasa? No estamos haciendo nada malo y ambos queremos.
- Lo sé, pero es que no sé Rubén, tienes que asegurarme que no voy a ser otra más en tu vida. ¿La tal Paula esa quién era? Porque llamar a esta hora… tonta no soy.
- Lucía, prometo no mentirte así que te diré quién es. Es una chica que conocí hace bastante tiempo y con la que tenía encuentros esporádicos, ella no significa nada para mí, porque desde que te conocí, dejé de comunicarme con ella, pero se ve que no lo quedó claro -maquillé la verdad.
- Rubén, eres libre de hacer lo que quieras, no tienes porqué coaccionarte por mí.
- Es que me gustas Lucía.
En ese preciso momento, el timbre de mi casa sonó y me acerqué a abrir. Era Lorena.
- Hola guapo, estaba haciendo la cena y no me queda sal ¿Me puedes dar un poca?
- Sí claro.
Fui a la cocina y cogí un paquete de sal que tenía abierto, casi a punto de acabarse y se lo di. Por un momento creí que venía a decirme algo de lo que había pasado esa tarde, pero afortunadamente no fue a más.
Tras cerrar la puerta volví a sentarme al lado de Lucía, que estaba mirando el móvil, leyendo algo y cuando llegué volvió a dejarlo en la mesita, tenía la copa en la mano y seguía dándole sorbos al vino.
- Estás guapísima Lucía -comenté mientras con mis dedos acariciaba su cara.
- Gracias, tú tampoco te quedas atrás. Me encanta tu sonrisa y tus ojitos.
- Lucía, no voy a negar lo evidente, me gustas bastante y ardo en deseos de hacerte el amor.
- Rubén… no me hagas esto, yo también te deseo, pero no estoy preparada, de verdad te lo digo.
- No pasa nada, te comprendo y estoy dispuesto a esperarte lo que haga falta si eso significa estar años. No tengo prisa.
Con los sentimientos ya puestos encima de la mesa, el vino haciendo su trabajo e inhibiendo nuestras conciencias, nos dejamos llevar. Sin darnos cuenta nuestras bocas volvieron a juntarse, nuestras lenguas ya se saludaban como si se hubieran echado de menos durante años. Nuestras manos empezaron a acariciar nuestros cuerpos y nuestra respiración empezó a entrecortarse. La temperatura en el ambiente iba aumentando a cada beso, a cada caricia, nuestras bocas se comían con ansias, mis manos dieron paso a suave masaje en sus pechos, blanditos y turgentes. Sin previo aviso, ella me agarró de la polla, que ya estaba dura, y empezó a masajearla por encima del pantalón.
- No vamos a follar, pero te debo un orgasmo, no soy tan hija de puta.
Lucía me recostó en el sofá, se arrodilló en frente de mí y me bajó los pantalones, yo me quité la camiseta y me quedé solo con los calzoncillos. Con el bulto de mi pene queriendo reventar la tela, con delicadeza y cuidado, sus dedos agarraron el elástico y lo deslizó poco a poco, hasta que mi duro miembro quedó al aire, erecto y firme apuntando al techo.
- Dios que polla tienes Rubén, madre mía.
Tras esa exclamación, rodeó la base de mi polla con su mano y empezó el leve sube y baja de muñeca. Mi respiración aumentaba, con su mano libre empezó a masajearme los huevos mientras con la otra me apretaba la polla a cada subida.
- Yo probé la calidez de tu lengua, me parece justo que tú también la probase.
Su cabeza se inclinó y empezó a besarme desde la rodilla y fue subiendo poco a poco hasta alcanzar mis huevos con sus labios. Le estuvo dando besitos mientras me pajeaba poco a poco, luego su cálida lengua salió de su boca, con timidez y empezó a lamerme los huevos. Yo estaba mirando como su cabeza se movía de lado a lado mientras que su lengua jugaba con mis testículos. Empecé a gemir y mi respiración se entrecortaba, su mano se movía rápidamente, mi polla alcanzaba su nivel máximo de dureza. Su lengua dejó de jugar con mis huevos y se fue abriendo paso por el tronco de mi polla, a medida que subía, sus labios me daban besitos. Dirigió su mirada hacia mí, sus ojos verdes y los míos se miraron fijamente, como buscando un refugio donde habitar y su boca se abrió de par en par, introduciendo poco a poco mi polla en su interior. Su lengua abrazaba mi rosado prepucio, dándole la bienvenida, haciendo círculos sin dejar ni un solo centímetro de carne endurecida sin lamer.
Su boca se cerró, introduciendo la mitad de mi polla en su interior y empezó a succionar. Con la mano me iba pajeando poco a poco mientras con la otra me acariciaba los huevos, su mirada seguía fija en mí y yo no podía asimilar el placer que me estaba dando. Mi cuerpo estaba electrizado, mis pulsaciones iban al máximo permitido y puse mi mano en su cabeza, apretando de golpe e introduciendo la totalidad de mi polla en el interior de su boca, llegando hasta el fondo de su garganta. Tras ese gesto, Lucía cerró la boca y mantuvo mi polla en su interior hasta que la sacó, con una arcada y una inmensa hilera de babas, tras ese atragantamiento, sus ojos empezaron a lagrimear, bañando sus pestañas y unas lagrimitas deslizándose por sus mejillas.
Lucía me follaba la polla con la boca con pasión, con deseo.
- Quiero verte las tetas -le dije
Se puso de pie y con un baile sensual se quitó el top, dejando al aire sus majestuosas tetas blanquecinas, con pezones duritos y unas aureolas rosaditas.
- Las quieres probar a que sí
- Sí -afirmé con deseo y lujuria
Se inclinó hacia mí y puso sus tetas en mi cara, abrí mi boca con voracidad y empecé a chuparle los pezones mientras con mis manos las magreaba. Los gemidos de Lucía se hicieron notorios a medida que le agarraba las tetas, mi mano se fue deslizando por su cuerpo hasta encontrar el final de su faldita, entrando por debajo y buscando el interior de su cuerpo.
- Hoy no, Rubén, hoy te toca a ti. Saca la mano de ahí por favor.
- Ambos sabemos que quieres que te toque Lucía.
- Sí, pero hoy quiero que disfrutes tú, así que por favor, respétame por favor.
- Está bien, manos quietecitas y fuera de ahí. Trae esas tetas a mi cara de nuevo.
Lucía estaba con una mano pajeándome la polla mientras yo le comía las tetas, no tardaría en correrme y como si de una conexión se tratase, empezó a aumentar la velocidad de su mano. Qué paja más satisfactoria me estaba haciendo la jodida.
- Quiero probar a que sabes Rubén, tú probaste mi sabor y yo también quiero.
- Lucía, te deseo tanto, deseaba esto desde el primer día que te vi en clase, desde el primer acercamiento -le dije mirándole a los ojos- estas tetas me volaron la cabeza desde ese día, desde que me pillaste mirándote el escote.
- Sabía que me estaba mirando las tetas.
- Esque mira que preciosidad de tetas tienes.
A medida que intercambiábamos escasas frases, su mano se movía bastante rápido y mi orgasmo estaba a punto de llegar.
- Me voy a correr Lucía sigue así, no papares -le dije entre jadeos.
- Dios que dura tienes la polla nene. Damelo todo, lo quiero para mí.
- Sigue, no pares, ponme las tetas en la cara.
Mientras le chupaba las tetas, con mi mano le agarré del culo y empecé a apretar, tras ese gesto, Lucía volvió a inclinarse y me chupó la polla con ganas mientras seguía pajeándome. Con su mano libre me agarró los huevos y los apretó.
- Méteme un dedo en el culo, eso me pone Lucía.
Hizo una mueca como de asco, pero en ese momento ella estaba tan concentrada en darme placer que no le dio importancia, me recosté más sobre el sofá y levanté las piernas, mirando al techo, dejando la visión de mi ano ante su cara. Sin previo aviso, Lucía metió su cara y me empezó a chupar el culo.
- Hay que estimularlo primero para no hacer daño jajaja -dijo con tono lascivo.
Su lengua jugueteba con mi ano mientras su mano seguía pajeándome, cuando ya tenía mi culo lubricado lo suficiente, sacó su cara y con despacio me metió un dedo en mi apretado ano. Ese placer que había sentido en el baño con Marta volvió a invadir mi cuerpo. Ese inmenso placer recorrió mi cuerpo y erizó mi piel y mi cerebro dio la advertencia a mi polla para que se preparase ante el inminente orgasmo que me provocaba.
Como una adivina, dejó su dedo metido en mi ano mientras lo movía suavemente, bajé mis piernas y ella se acercó a mi polla, mientras su mano empezó a moverse más rápido, mis gemidos y gruñidos invadían el salón, mi respiración se entrecortaba y en el momento previo a la corrida, con mis manos empujé la cabeza de Lucía y le metí la polla en la boca y acto seguido me corrí dentro de ella, vaciándole toda mi carga en su interior. Una buena carga de semen se alojó en su boca y cuando acabé de correrme, sacó mi polla limpia de su boca, me miró a los ojos y abrió la boca, pude ver como una gran carga blanquecina y viscosa reposaba en su lengua, luego cerró la boca y se lo tragó, volvió a abrir la boca enseñándome que no quedaba ni rastro de mi semen.
Sacó el dedo de mi culo y se puse de pie.
- Uff que placer Rubén, he sentido mucho con tan poco.
- Me has dejado seco Lucía.
- Encima sabes bien JAJAJA, lo del culo fue lo que más me ha gustado.
- Me has dejado impresionado con la lamida que me has dado, no me lo esperaba en absoluto.
- Rubén, hay muchas cosas que no conoces de mí y que tienes que descubrir.
- Dios que hambre me ha entrado Lucía, quédate a cenar por favor.
- Claro que me quiero quedar, me quiero quedar contigo para toda la vida, si quieres claro.
- Ya contaba con ello.
Lucía se puso el top cubriendo sus hermosos pechos. Pedimos comida al chino y cenamos mientras hablábamos de nuestras cosas, terminándonos la botella de vino, sin darnos cuenta nos dieron casi media noche.
- Oye, la hora que es ni de coña te dejo que te vayas ahora a tu casa. Tú te quedas a dormir aquí conmigo.
- No te preocupes anda, me voy a mi casa sin problema.
- No no, ni de coña. Además, has bebido y los viernes suelen ponerse los policías a hacer control en la rotonda. Tú te quedas.
Esa noche sin duda fue una de las más maravillosas que pude pasar.
Nos fuimos a mi habitación y le dejé un pijama, a pesar de habernos masturbado mutuamente durante el día, le daba vergüenza dormir desnuda a mi lado. Estando ya los dos acostados en la cama, nos pusimos a hablar un ratito antes de quedarnos dormidos.
- Por cierto ¿te acuerdas de que te comenté que iba a venir mi amiga María a visitarme?
- Sí.
- Pues me ha dicho hace un rato que al final si que viene. Llega mañana en el ave de las 10, habrá que ir a recogerla. Tengo muchas ganas de que la conozcas, te va a caer muy bien.
- Me alegra oír eso, pues mañana a las 10 nos vamos a por ella.
Nos dimos un beso en la boca y nos dormimos mirándonos.
Continuará.
Espero que os haya gustado este relato, acepto vuestros comentarios tanto buenos como malos, solo así podré saber cómo puedo mejorar. Cualquier sugerencia es bienvenida.
También quiero disculparme si no es lo suficientemente erótico y agradeceros el tiempo que os tomáis en leerme, me gustaría que mis relatos no caigan en lo más simple y directo. Añadir que desafortunadamente esta historia está llegando a su fin. Tardaré unos días en publicar el final de esta serie, pero quiero que os guste y darle un buen cierre.
Un saludo.
SR.LEX
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