El balneario Parte 1 (Relato)
No es solo la arena y el sol lo que quema. Es la certeza de que dos desconocidos te miran como si ya te hubieran devorado. Y lo peor no es que lo digan, sino que ella parece escucharlos con una sonrisa que no es para ti.
EL BALNEARIO Parte 1
Bueno, en realidad cuando pasó todo lo que pasó, yo no hacía mucho que salía con Camila. Serían 6 o7 meses, me debo haber puesto de novio con ella más o menos por mayo. Yo tengo 24 años, estudio ingeniería, estoy en el último año.
Ella tiene 23 y estudia Derecho. La cuestión es que nos conocimos en una fiesta y bueno, me pareció una bomba. Rubia, hermosa, las tetas impresionantes, un culo, unas piernas, no es muy alta, o no tan alta como parece, 1,65m.
Pero Camila es lo que podemos decir en Argentina, un minón, impresionante, una pendeja hermosa, divina. Y bueno, yo más o menos soy de la misma altura que ella, un poco bajo para ser hombre, pero eso no me importa. La cuestión que empezamos a salir, pegamos onda, estuvo todo bien desde el principio, cogimos bien.
La notaba un poco mustia, como si no le gustara demasiado, la verdad.
La verdad es esa, pero bueno, yo estaba realmente loco con ella y seguimos adelante. Ella es de Adrogué, su familia es de Adrogué y la mía es de San Isidro, es decir, ella es de zona sur y yo soy de zona norte.
La zona norte es como la más cheta de Buenos Aires, dentro de provincia digamos. Pero en la zona sur también hay muchos chetos, porque hay gente de mucha guita, como era el caso de Camila, que los padres tenían una fábrica y tenían campos. Así que bueno, estuvo todo muy bien, ese verano fuimos primero a Enero a Punta del Este, con mis viejos, con algunos amigos, lo pasamos bárbaro.
Después estuvimos en Pinamar con unos primos míos. Y Camila es una chica muy dada, muy simpática, siempre sonriente. Tiene una cara muy linda, una nariz perfecta y recta, unos ojos azules muy lindos.
Y se viste bien, es una chica fina, bueno, todo lo que uno puede esperar de una chica que te guste. Y en la primera quincena de Febrero, ella me dice: _ ¿Por qué no vamos a Miramar? que una tía tiene un departamento y me lo deja por 15 días_
Así que bueno, fuimos para allá, yo no tenía muchas ganas la verdad, porque casi no conozco Miramar y no conocía a nadie allá.
También teníamos un balneario que la tía ya había dejado pago, porque había pagado toda la temporada. Así que fuimos, la carpa, era la carpa 21, me acuerdo, de un balneario en el centro de Miramar. Llegamos ese primer día, llevamos el equipo de mate, Camila se sacó el pareo, y entonces vi que unos tipos de la carpa de al lado se la quedaron mirando.
Uno de los tipos era barbudo, muy musculoso, y tenía varios tatuajes en los brazos, incluso tenía un brazo todo tatuado de negro, como a veces hacen algunos para tapar un tatuaje previo. El tipo era pelado, tenía una barba negra, era musculoso, pero así y todo tenía como un poco de panza. A mí en realidad el gimnasio me gusta poco y nada, tengo un físico normal, y casi no tengo tatuajes.
Camila no tenía ninguno, ningún tatuaje, a ella tampoco le gustan demasiado. La cuestión que ese tipo y otro que estaba ahí, al que ya pronto voy a describir, se le quedaron mirando, y realmente les chorreaba la baba por la boca, porque se quedaron locos con ella, mirándole las tetas y el culo. Y claro, esos pechos de Cami, como no mirarlos, eran impresionantes, eran impresionantemente grandes, y parecían desbordar el bikini y reventarlo.
Y además, el bikini de abajo era tipo tanga, o cola less, y la tenía bien metida en el culo. La cuestión que ella se denudó, sin importarle nada, quedó en el bikini y dijo:_ Vamos al agua,¿ vamos al agua, amor?_
_ Sí, claro_ le dije yo.
Cuando pasamos al lado de los tipos, los saludamos, ellos nos saludaron también. El otro que estaba con el pelado, era un tipo grande, de unos 60 años, un viejo, que tenía una remera blanca, un tipo bastante cobrizo, aindiado, lo que nosotros llamamos, entre los “chetos” entre comillas, porque yo tampoco me considero un “cheto”, un marrón. Pero tenía el pelo teñido de rubio, así casi blanco, platinado, un pelo que era como pinchos de cerdo.
Y pasamos delante de ellos, nos saludaron, nos fuimos al mar. Nos metimos en el agua, que estaba muy fría, como siempre en el Atlántico, más en esa zona. Salimos chorreando agua, volvimos, y cuando volvíamos, uno de ellos, el pelado, estaba cebando mate, y ahora había una nena, jugando, una nena de unos 8 años, más o menos.
Nos dijo: _ ¿quieren un mate, chicos?_
_ Bueno_ dijo Camila, antes de que yo pudiera decir nada, porque la verdad es que no tenía muchas ganas de entablar conversación ni relación con ellos. Bueno, la cuestión que Cami se puso a tomar mate con ellos, nos preguntaron de dónde éramos, les dijimos. Y ese tipo que se presentó como Diego, nos dijo: _ Nosotros somos de Banfield, este es mi suegro, Richard_
_Hola_ dijo él, mientras jugaba con la nena _ ¿Así que de Adrogué? ¿De qué parte de Adrogué?_
Rápidamente entendí que se había formado una especie de complicidad entre ellos, porque todos eran de zona sur, de Banfield, ellos dos, y de Adrogué, Camila. _ ¿De qué parte son ustedes, Cami?_ Dijo Richard, como entablando una confianza.
Camila le dijo, y les comentó que su familia eran dueños de la fábrica Tal. Ah, de la fábrica Tal, es muy importante en Adrogué. Sí, tiene como 100 años, dijo ella.
_ ¿100 años? la puta madre, dijo él, que bárbaro.
_Yo tengo un taller mecánico, dijo Diego. La verdad es que ver a Camila al lado de ese tipo que mediría por lo menos 1,80, me daba una cierta aprehensión, porque lo veía muy musculoso y como muy pegado a ella, en una actitud casi beligerante, mientras le daba un mate.
Y también vi que los dedos de ambos se tocaban al pasarse el mate. La cuestión es que tuve unos celos que hasta ahora nunca había tenido tratándose de Camila. El otro hombre, el mayor Richard, el suegro de Diego, miraba todo muy divertido.
Tenía unas facciones duras, aindiadas, cobrizas, y unos ojos negros que parecían sonreír maliciosamente al mirarnos, al calibrarnos como pareja. No sé por qué, pero pensé que estaba pensando alguna cosa mala con respecto a mí, y eso no me gustó. En ese momento llegó una mujer, también de unos 40 años, como Diego, y dijo llamarse Yanina.
Era la esposa de Diego y la madre de esa nena de 8, y de otro nenito que tendría unos 4 o 5 años. Ella también se puso a jugar con él, y nos preguntó:_¿cómo está el agua, chicos? fría ¿No?
_ Está linda_ dijo Camila. Levantando un poco un piecito desnudo sobre la arena, poniéndolo en punta de pie, los tipos no dejaban de mirarla. La mujer esta, Yanina, estaba un poquito con algunos kilos de más, y tenía el pelo castaño, y no era fea. Y miró a Camila, examinándola, y seguramente pensando, mira la hija de puta este el físico que tiene. Recordé una frase que solía decir una tía mía cuando veía a alguna chica joven, que era muy linda, que decía, a esta échenle ácido. Supongo que Yanina habrá pensado lo mismo de Camila, a esta mejor échenle ácido.
Realmente me gusta mucho la playa, la arena, ver el cielo tan celeste, las nubes blancas, el sonido de las olas al romper. Y nos pusimos con Camila a jugar a las cartas. Ella me había enseñado a jugar a la canasta y yo algunos otros juegos que conozco.
Pronto nos olvidamos de que estaba esa gente ahí, y empezamos a jugar a las cartas, sin pensar en otra cosa. Yo decía: _ No mi amor, tenés un nueve bebé, tenés que tirarlo ahora, porque si no después no te sirve. A Camila no le importaba que yo fuera tan competitivo para jugar a las cartas, y le daba lo mismo.
Incluso yo me equivoqué, e hice una jugada que no tenía que hacer, y ella dijo, no, hacéla de vuelta, tira las cartas otra vez. Así lo hice, y después jugamos a los dados. Entonces Diego se acercó a nuestra mesa, y dijo: _ Como les gusta timbear a ustedes, se divierten barato_
_Sí, dijo ella con una sonrisa_ ¿quieren jugar con nosotros?_
_ No, no, en realidad les quería decir si quieren jugar al fútbol_ Diego tenía una pelota, y: _ Vamos amor, dale, copate_ dijo Camila
_Está bien, dije yo, que no tenía muchas ganas de jugar al fútbol, que tampoco me gusta demasiado, a pesar de que soy hincha de River y que voy a la cancha seguido.
El fútbol no es una de mis prioridades, ni de mis pasatiempos favoritos. Fuimos al sector más abierto de la playa, salimos del balneario, del sector de carpas. Y fuimos con la pelota, con Diego y con Camila, que caminaban a la par, yo un poco más atrás, y vi que más atrás de nosotros venía Richard, el suegro de Diego.
Y por supuesto, le estaba mirando el culo a mi novia, esas nalgas perfectas y grandes y redondas sin importarle nada
_ ¿Hace mucho que son novios, pichón?: dijo Richard Odio que me digan pichón, y que me pregunten así, mas sobre mi relación con Cami, y además mirándole el culo de esa forma.
_ Hace unos meses_ le dije, tratando de ser cortante.
_ Mirá vos que bien, ¿y piensan casarse y todo?_ Dijo el tal Richard.
_No, por ahora no pensamos eso, yo tengo que terminar la carrera, estoy en el último año_ dije
Luego me preguntó que estudiábamos cada uno de los dos, se lo dije. Llegamos a la parte de la playa donde podíamos jugar al fútbol, muy cerca del agua. Comenzamos a jugar, y Diego y Richard se veían que jugaban muy bien.
Además, ellos jugaban contra nosotros, hicimos dos arcos, pequeños. Y bueno, creo que pasé un papelón, porque yo no juego muy bien. Y ellos sí, y además Camila se esforzaba mucho por jugar bien y competir contra ellos
Y por momentos, forcejeaban, ella con Diego y con Richard por la pelota. Y vi cómo se pegaban a ella, y la empujaban un poco, tratando de establecer un contacto físico. Que no me gustaba nada.
A Camila le gustan mucho los deportes, juega al hockey sobre césped, y también al handball en un club de Adrogué. Y por supuesto tiene mejor estado físico que yo. Yo al poco tiempo me cansé, y ya no quería jugar más.
_Dale, dale amor, seguí jugando, me decía ella. Copate_ siempre dice copate para pedirme que haga alguna cosa. _Dale Gero, juguemos un poco más_ me decía
Entonces Diego se dio cuenta._ ¿Gero? _preguntó.
_ Mi nombre es Gerónimo, y me dicen Gero_ dije.
_Ah, Jero, no Pajero_ dijo Richard. Los dos se rieron un poco, y Cami se rio también. Pero un poco forzadamente, creo que no le había gustado tampoco a ella. Que hicieran ese chiste boludo con mi nombre.
Jero, Pajero, lo he escuchado un montón de veces. Así que, bueno, la cuestión es que dejamos de jugar al fútbol con ellos. Volvimos, y ya estábamos llegando a las carpas.
Y Diego le dice a Cami, _¿No quieren que nos metamos en el agua otra vez?_ pero mirándola a ella. _Yo la verdad que no, dije, ya se me está secando la malla.
_Dale amor, copate_ me dijo ella. _Dale, vamos otra vez al agua, que debe estar divina. _No, no, no, gracias, dije yo. La verdad es que quería alejarme de Diego y de Richard.
Pero iba a ser imposible, porque estaban en la carpa de al lado, e iba a tener que aguantarlos. No me quedaba otra. En ese momento, Richard me dijo, bueno, dale, vamos, tomamos otro mate nosotros.
Y me puso el brazo sobre los hombros y medio que me llevó hasta el sector de las carpas. En cambio, Cami y Diego se fueron a bañar al mar. Vi cómo se alejaban, el cuerpo de ella era impresionante, escultural.
La verdad es que estaba buenísima, no puede ser lo fuerte que está, no se puede creer. Y Diego, caminando al lado de ella, era también una especie de oso fuerte, muy musculoso. Y no pude evitar pensar que hacían buena pareja, que físicamente se correspondían, más que Cami y yo.
El culo de Camila eran dos globos enormes, dos protuberancias impresionantes. Cuando habíamos estado en Punta del Este o en Pinamar, ella estaba un poco acomplejada. Decía que estaba gorda, en comparación con mis primas y otras amigas que eran más flacas realmente.
No es que Camila estuviera gorda, pero no era una chica de esas que se podía decir flacas, escuálidas, como generalmente se usa ahora, como es la moda de ahora. Los vi por última vez que corrían hasta el agua y se metían.
Richard seguía con el brazo sobre mi hombro y medio que lo empujé un poco para que sacara el brazo.
_ ¡Eh, sos un poco arisco! _dijo él. La verdad es que me daba un poco de asco ese hombre, como me miraba y parecía querer influir sobre mí en esas decisiones boludas. Nos sentamos junto con Yanina, que era su hija, claro, y los dos nenitos, y empezamos a tomar mate. Tomé unos mates con ellos pero Yanina y el padre, Richard, hablaban entre sí.
Y luego yo me fui a mi carpa con alguna excusa y busqué un libro que había llevado. Y me senté en una reposera y empecé a leer. Realmente tenía ganas de irme de ahí y pensé que lo íbamos a pasar realmente mal si esta gente se nos pegaba así, de esa manera.
Al poco tiempo volvieron Cami y Diego de la playa, riéndose. Parecían muy contentos. Yanina le echó una mirada de odio a Diego y a Cami, a los dos.
Y dije para mí: _Que bueno, por lo menos Yanina también está celosa. Ya éramos dos los que sentíamos celos. Luego nos pusimos otra vez a jugar a las cartas con Camila y nos aislamos un poco.
Le dije por lo bajo: _ Son unos pesados estos, no quiero que estemos todo el tiempo pegados a ellos._
_Sí, no te preocupes. En realidad no son malos_ me decía Cami._ Lo que pasa es que son un poco brutos. ¿Viste cómo somos la gente de zona sur? dijo ella, guiñándome un ojo y riendo. Claro, pensé que todos eran de zona sur, pero de estratos sociales muy diferentes.
Ese día, a la noche, no hicimos más nada porque estábamos muy cansados de todo el viaje. Así que nos dormimos relativamente temprano. Al otro día, nos levantamos tarde también, hicimos algunas compras.
Camila llevaba uno de esos pareos que se le pegaban al cuerpo, le quedaban espectaculares. Y fuimos otra vez a la playa. Almorzamos en un chiringuito que hay ahí.
Comimos unos mariscos, unas rabas y unos cornalitos. Y fuimos otra vez a nuestra carpa. Por supuesto, Diego y Richard y Yanina ya estaban ahí.
Y también otra pareja de una carpa vecina. Noté que tenían esa costumbre de unirse varias personas de las carpas vecinas para pasar el rato y tomar mate y charlar. Como una cosa natural, nos unieron a nosotros también.
Nos dijeron, vengan chicos, a tomar mate con nosotros. Y tuvimos que hacerlo. Yo no tenía ni media gana.
Pero a Camila parecía gustarle y estar bien cómoda con ellos. Finalmente hicimos amistad y yo también me relajé. Y Diego ya no se mostró tan belicoso conmigo, sino que trataba de integrarme lo más posible.
Incluso volvimos a jugar al fútbol. Y esta vez él jugó conmigo y Richard con Camila. Pero de todas maneras no podía dejar de ver cómo la miraban, como dos buitres.
El deseo con que le miraban las tetas, el culo, el pelo rubio y largo. Y bueno, no era para menos, porque Camila era muy hermosa. Al final me dije, bueno, es normal que la miren así.
Pero como Diego y yo jugábamos enfrentados a Camila y a Richard, cuando había un forcejeo por la pelota, otra vez noté que se pegaban y medio que se empujaban entre ellos. Y parecía como una especie de juego erótico, de algún modo, que no me gustaba nada.
Esa noche fuimos a bailar con Camila a un lugar que nos había recomendado una de sus primas, que estaba bastante seguido por Miramar. Y estuvimos allí, en la disco, hasta tarde.
Y al otro día también nos levantamos tarde. Ese día por la mañana fue la primera vez que cogimos ahí en Miramar. Creo que estuvo bastante bien, aunque como siempre yo la notaba a Camila un poco......demasiado tranquila, digamos, que no se alteraba demasiado al coger. Si bien finalmente ella llegaba al orgasmo luego de que la masturbara con los dedos.
Bueno, ese día fuimos otra vez a la playa. Lo mismo de siempre, tomar mate con Yanina, con los chicos, con Richard y con Diego, jugar al fútbol. Ya se había establecido una rutina que a mí no me gustaba demasiado. Salvo cuando podíamos jugar a las cartas, que ahí sí estábamos un poco más aislados. Pero noté también a veces que Diego nos miraba y se sonreía.
Porque yo a veces me apasionaba demasiado por el juego e incluso discutía o peleaba con Cami, como si fuéramos dos amigos. Yo mismo me di cuenta de eso.
Tengo la voz aguda y por momentos sonaba yo más chillón que ella. La cuestión que ese balneario tiene como unas escaleras que lleva a los vestuarios y a una pileta que hay, una piscina. Que generalmente está llena de chicos. Así que por eso es que no íbamos. Pero ese día yo volví de los vestuarios, bajando por unas escaleras y vi las cabezas de Diego y de Richard, que estaban en un sector que se usaba para fumar.
Porque tampoco es que se puede fumar en el balneario, en el sector de carpas. Entonces me puse cerca para escuchar y veía la parte de arriba de sus cabezas, y podía escuchar desde la escalera sin que me vieran. Y entonces los escuché hablar.
_ ¡Qué buena está la pendeja esta hija de puta! ¡Qué tetas que tiene! ¡Por favor! ¡Qué pechos! Tremendo, ¿no? Para quedarse ahí y babearlos._ Dijo Richard.
_Es una bebota hermosa_ dijo Diego.
_Y encima el novio este Gero, este pajero. Me parece medio putito, ¿no? _Dijo Richard.
_Sí, es un putazo bárbaro. ¿Viste la vocecita que tiene? Como chilla cuando juegan a las cartas_ dijo Diego
_ Y aparte que al lado de ella parece una cosita de nada. Si es de la misma altura o más bajito. Es un enano. Es un enano y debe tener una pija enana_ dijo Richard.
_ La verdad que te juro que a la bebota esta cómo me la garcharía_ dijo Diego
_Sí, te entiendo. Te entiendo, Diego. Y quién no. Yo también le rompería el culo. De qué manera_ Dijo Richard. Me chocó que hablaran así, siendo que uno era el suegro del otro.
Es decir, que Diego hablaba de ponerle los cuernos a Yanina, que era la hija de Richard. Pero a este no parecía importarle. _Te digo una cosa, yo desde que me separé, que no sabés lo que daría por cogerme una pendeja como esta_ dijo Richard, ese pelo teñido de blanco que tenía, era tan ridículo y se quería coger a Camila el idiota.
_ ¿Y te digo una cosa? Le dijo Diego. Haciendo una confidencia_ Me parece que esta es más puta que las gallinas_
_ ¿Sí? Vos decís._
_Sí, la pendeja esta quiere guerra. Si el putito este no se la debe coger como ella quiere, estoy seguro._ dijo Diego
El que hablaran así, de mi novia y de mí, era tremendo. Me dio un asco terrible. Igual, no pude evitar tener una sensación de morbo. Que pensaran que se podían coger a Camila. Ellos, que eran dos negros de mierda, a los que Cami, estoy seguro, no les daría pelota de ninguna manera si lo intentaban. Y pensé, bueno, que lo intenten. Van a ver cómo les va. No creo que muy bien, me dije. La cuestión, que a partir de ese momento, ese día y el siguiente, noté que Camila, en lugar de retraerse ante ellos, cada vez se portaba de forma más simpática. Charlaban todo el tiempo.
Diego la invitaba a ir al mar con él. Camila era una buena nadadora y Diego, a pesar de que no había hecho natación nunca de manera formal, también nadaba bastante bien y se metían bastante mar adentro. Cuestión que yo no podía seguirlos.
Yanina a veces les reprochaba algo. _Diego, dejá a esa chica que está con el novio, que se quede tranquila con el novio. Vos no te metás mar adentro con ella.A ver si les pasa algo. A ver si tienen que llamar al guardavidas. Y Diego decía, si yo nado mejor que cualquier guardavidas. Muy canchero, muy creído. Y a la vez notaba que Camila parecía mirarlo con otros ojos, como una cuestión de aceptación y de regocijo y hasta de admiración, porque la verdad es que Diego tenía un físico bárbaro. Salvo por la panza esa que tenía, en realidad estaba muy marcado, los pectorales y los músculos de los brazos.
Tenía unos bíceps tremendos. Richard también estaba muy bien físicamente a pesar de la edad, porque tenía más de 60 años, pero era un tipo muy musculoso y magro. A pesar de que no se cuidaba nada y siempre estaban tomando cerveza al final del día con Diego.
Varias veces nos invitaron y Camila también aceptó y se prendió con ellos a tomar cerveza. Hubo un par de días en que Yanina se fue antes con los chicos y Richard la llevó en el auto y nos quedamos los tres juntos conversando y tomando mate. En ese momento Diego parecía querer congraciarse un poco conmigo, me preguntaba cosas de la carrera y qué pensaba hacer en el futuro.
Yo más o menos hablaba con él, pero notaba que mientras yo le hablaba, él casi no me prestaba atención y miraba a Camila, quien a veces miraba para otro lado o miraba hacia el mar. Me pareció extraña la actitud de Diego y mucho más cuando, a pesar de que ya era tarde, le dijo otra vez de meterse en el mar. Ella dudó un poco, pero finalmente aceptó y fueron hasta el agua. Yo los vi alejarse.
Los vi meterse en el agua, saltar las olas, los dos atléticos con buenos cuerpos, cuerpos que parecían corresponderse en cuanto a esa sensación de salud física y poderío que transmitían los dos, siendo ella mujer y el hombre. Vi las nalgas redondas y carnosas de Camila cuando se sumergía en el agua, y se hundía bajo las olas y luego emergía otra vez, metiéndose en el agua con Diego, hasta que casi les perdí de vista de tan hondo que se habían metido, y luego agucé la vista y los vi a los dos, uno muy cerca del otro, casi pegados. El corazón empezó a latirme muy fuerte, tenía una sensación de celos horrible y una especie de amargura.
Los vi un buen rato como nadaban y se movían, por momentos se alejaban, por momentos se acercaban y parecían conversar muy cerca uno del otro, y luego finalmente volvieron a la costa. Entonces le pregunté a Camila, así a boca de un jarro, sin importarme nada.
_En un momento, ¿qué hacían? Estaban muy cerca_ dije yo caminaba al lado de ella, los dos largando gotitas de agua, Diego miraba al frente, sin decir nada.
_No, es que tuve un calambre y Diego me hizo un masaje en la pierna y en el pie_ dijo ella. Los calambres son jodidos, ¿viste Gerito?_ Me dijo Diego, casi sin mirarme. Si tenés un calambre, por ahí no podés nadar y hasta podés llegar a ahogarte, me dijo.
_Sí, claro, dije, medio como un chico a quien le están diciendo una mentira. Luego seguimos caminando, fuimos hasta la carpa, otra vez esa rutina de tomar unos mates, ellos parecían más implicados que nunca y yo me sentía realmente aparte. Ya miraba casi con rencor a Camila y le reprochaba que se mostrara tan sonriente y tan solícita con Diego.
Cuestión es que esa noche decidí hablar con ella y le dije: _ Mirá que este hijo de puta de Diego quiere cogerte. Se lo escuché decírselo al otro, a Richard, que vos estás muy buena, que le encantaría cogerte._
_Bueno, bueno Gero, no te preocupes. Después de todo, es normal que diga una cosa así._ dijo ella
_ ¿Cómo que es normal?, le digo yo.
_ Y sí, bueno, es un tipo, ¿no? Es un tipo y bueno, yo soy una mujer que soy linda y bueno, eso no lo puedo evitar, ¿sabes? Que un tipo se entusiasme conmigo._
_Bueno, está bien_ dije. Lo que menos quería era discutir con Cami. Esa noche la sentí un poco fría, alejada de mí, a pesar de que salimos con unos amigos de ella que estaban en ese momento en la ciudad.
Al otro día, otra vez las mismas rutinas de siempre, de la playa. Yo en algún momento le sugerí, si no sería mejor que volviéramos a Pinamar, pero ella me dijo que no, que la estaba pasando bien, y que Miramar le traía muchos recuerdos de la infancia, y que prefería seguir quedándose allí. Bueno, la cuestión que yo otra vez estuve todo el tiempo vigilando a Diego y a Richard, para ver en qué momento se iban a fumar, porque quería escuchar qué era lo que decían.
En un momento dado, eso pasó, ellos se fueron, y Camila se quedó charlando con Yanina. La relación entre ellas parecía haber mejorado de algún modo misterioso, porque Cami también era muy cariñosa con los hijos de la pareja, y jugaba con ellos, se tiraba la arena a jugar con ellos. La cuestión es que se había ganado la buena voluntad de Yanina también.
Otra vez hice la misma, de la vez anterior, subí a los vestuarios, y cuando bajé las escaleras me desvíe un poco para poder escuchar lo que hablaban desde el sector de los fumadores, y en ese momento Richard y Diego estaban solos, y pude escuchar perfectamente lo que decían.
_ Ayer no sabés cómo le metí mano, decía Diego, le toqué el piecito varias veces, porque ella decía que tenía un calambre, yo no sé si no estaba boludeando con eso del calambre, pero bueno, aproveché para hacerle unos masajes, y después del pie también toqué la pierna, no sabés lo duras que tiene esas gambas_
_ Claro, si esta pendeja juega al hockey, dijo Richard.
_Te digo la verdad Richard, esto que quede entre nosotros, creo que a esta pendeja me la termino garchando_ dijo Diego
_Hijo de puta, dijo Richard, pero te digo una cosa, únicamente te perdono que le metas los cuernos a mi hija, si me la garcho yo también
_ Bueno, ya te lo dije, si me la cojo yo, te la coges vos también. De alguna manera lo vamos a hacer, porque esta pendeja me parece que es alta putita, ¿sabés? una fiestera tremenda_ dijo Diego
_ ¿Vos decís?_ dijo Richard
_ Si, se le nota en la carita, le gusta la pija, que no veas.
_ ¿Y el putito?_
_ El putito no se da cuenta de nada, habrá que manejarlo. Yo creo que no pasa de unos días, que me la tengo que coger, y después te la coges vos también_
_Dios mío, lo que daría por romperle el culo a esa bebota. Me vuelvo loco, me vuelvo loco_ dijo Richard
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