El portero, Parte 1 (Relato)
Él ve en su vulgaridad una llave para abrir sus propios demonios. Ella, desafiante, acepta el juego de la peluca y la mirada ajena. Ahora, el portero ha cruzado el umbral de su puerta, y la línea entre el castigo y el placer se ha borrado.
EL PORTERO Parte 1
_ ¿Te gusta, cariño?_ dijo Valeria
No supe que responder, la verdad es que no me gustaba, pero a ella no había nada que le quedara mal y es que era tan hermosa que incluso esto que acababa de hacer no menoscababa su belleza ni un ápice.
Se había rapado, se había cortado su hermoso pelo casi al ras, parecía una heroína de película post apocalíptica, no sé por qué lo había hecho, es decir sus explicaciones no me conformaban del todo.
_Porque es más cómodo y joder, quería probarlo_ me dijo ella
_Eres tan guapa que todo te queda maravilloso_ dije
Y era verdad, no mentía, pero preferiría que no lo hubiese hecho.
Valeria tenía un rostro perfecto y delicado, armonioso, un rostro de princesa, más femenina no podía ser, todo en ella eran miniaturas perfectas, la pequeña nariz, las orejitas, las cejas delicadamente delineadas, los bellos ojos y la boca sensual y carnosa como único detalle un poco excesivo.
Ella tenía 31 años y yo 34.
Y su cuerpo era igual, la piel muy blanca, todo era de una delicadeza casi frágil, la pequeña y curvada espalda, los delgados y largos brazos, todo era femenino y grácil casi al punto del dolor, excepto por otro detalle excesivo, sus pechos eran enormes, una exageración para ese torso fino y sensible.
Dos tetazas blancas, plenas y llenas, que parecían surgir de esa delicadeza extrema como una anomalía de la naturaleza, un pezón rojo furioso como una fresa coronaba esas areolas rosadas que ocupaban gran parte de la teta.
Un culo potente y redondo y unas piernas de bailarina clásica, finas y poderosas.
Así es que el pelo tan corto, casi militar no le quitaba femineidad en absoluto sino que parecía resaltarla aún más.
Por otro lado, la habían ascendido en la empresa multinacional en la que trabajaba en el sector de ventas y usaba trajes de blazer y pantalón ajustado que ceñían su culo potente y respingón, pero siempre pantalones, nunca falda, por lo menos desde hacía largo tiempo.
Y verla vestida así me daba una sensación extraña, andrógina, como si ella buscara masculinizarse para reforzar su autoridad en el ámbito laboral.
Habíamos comprado un nuevo piso y lo estaban refaccionando y decidimos alquilar un piso en Atocha por el tiempo que duraran las refacciones.
Era un edificio un tanto viejo y descuidado y no hacía dos días que nos habíamos mudado allí cuando sucedió esto que voy a contar.
Valeria había salido antes que yo, llevaba prisas y recibí reproche por mi lentitud, exasperante según ella.
Entonces bajé y miré la espalda de un orangután con uniforme de trabajo, mono azul y un lampazo en la mano y un cubo con agua, completamente calvo y obeso y le escuché decir, mirándome por el rabillo del ojo.
_Vaya mona rapada ¿la has visto?_ dijo
_ ¿A qué se refiere?_ dije, aunque ya me lo veía venir
_A la tía que acaba de salir, unas pintas, el pelo rapado como una presidiaria, no sé de qué van estás tías, una feminista de estas, de seguro_
_Era mi mujer_ le dije, serio, sin quitarle la vista de encima.
Era un poco más alto que yo, creo que pasaría del 1,80, muy gordo y le calculé más de sesenta años, seguro.
_Hostias, perdona, tío es que……._ abrió y cerró la boca varias veces
_Soy un bocazas…..no tengo cura, joder_ dijo por fin
_Vale, mi nombre es Adrián y alquilamos en el tercero_ dije y le extendí la mano
Me estrechó la mano con expresión culpable.
_Vale, que manera de empezar, yo soy Ismael, Isma, el portero de aquí_ dijo
_Estaremos solo unos meses, están refaccionando nuestro piso_ dije
_Joder, que corte, perdona lo que he dicho de tu mujer, es que además….._
_ ¿Qué?_ dije, había algo en ese tío que me repelía y al mismo tiempo me divertía.
_Que además es guapa de cojones, no sé por qué se hacen esas cosas en el pelo y joder, no tendrías que habérselo permitido, hombre_
_Bueno, ya es adulta y lleva el pelo como le da la gana, así son las cosas_
_Pues mal van las cosas, eso te lo digo yo_
Y fue como si empatizáramos de alguna manera, como si estuviera de acuerdo con él, mi imaginaba que mi padre jamás hubiera permitido que mi madre se cortara el pelo al ras, como una presidiaria.
_Tú lo has dicho, es guapa y todo le queda bien_ dije
_Es un pedazo de mujer, de eso no hay dudas_ dijo él, chasqueando los labios.
La frase y el gesto eran por demás obsceno y por un momento tuve como un deja vu, como si ya hubiera vivido esta misma escena.
_Bueno, me voy a trabajar_
_ ¿En que trabajas tú?_
_Poder judicial, a meter en galera a los malos_ dije
_Pues suerte con eso y la próxima vez no dejes que tu mujer haga lo que se le dé la gana_ recomendó.
Me fui de allí, meneando la cabeza, pero luego fui reconstruyendo la conversación y recordé su primera frase. ¿Has visto esa mona rapada?
Joder, que fuerte, que despectivo, con una mujer como Valeria que era una belleza y toda delicadeza, que era una bailarina de ballet clásico, un bailarina clásica bastante tetuda, eso sí.
Cuando machismo, despreciativo, una admiración y un deseo que debían mitigarse con el desprecio y la vulgaridad.
Y claro, sentía esa independencia de mi mujer, ese renunciamiento a una feminidad convencional y establecida como una ofensa a la autoridad, a la autoridad machista que él hacía suya.
Demasiada psicología hay en mi me dije, la criminología tenía ese componente un poco enfermizo en mi racionalidad, no podía evitarlo, el tratar permanentemente con el delito y las conductas desajustadas me hacían ver ese comportamiento sociópata en todo.
Sería capaz de asumir la forma de violencia seguramente, sería capaz ese hombre de ejercer violencia sobre una mujer como Valeria si tuviera la oportunidad, seguramente, ya esa frase despectiva, la mona rapada, lo anunciaba.
Pero por suerte nunca tendría la oportunidad y entonces sentí como un cosquilleo en el estómago y sabía que el trabajo me ocupaba demasiado lugar en la cabeza y que ese alquitrán y suciedad no me lo podía quitar fácilmente y se entremezclaba con mi vida.
De un modo enfermizo, desajustado.
Traté de no pensar mucho más en el asunto, y luego, esa tarde, yo había regresado a mi casa, primero, y después, escuché la llave en la puerta, y la vi a Valeria, como siempre, bellísima, pero, esta vez, su pelo rapado me llamaba más la atención aún, después de lo que había pasado con el portero, siendo que ya hacía una semana que se lo había cortado así. —Hola, cariño, ¿cómo estás? —dijo ella, y nos besamos en la boca. Su boca era carnosa, suave, frutal, toda delicadeza, como era ella, suave por completo, por entero fresca.
Y luego se sentó en el sofá, cruzó las piernas, y se quitó los zapatos de tacón, y se masajeó los pies desnudos, finos, y suaves, y delicados.
—Joder, he tenido un día —dijo ella, y también se acarició la nuca, esa nuca rapada ahora, con esos pelillos erizados que raspaban un poco al tocarlos. Otra vez me dio una impresión nueva, verla hacer eso, tocarse el pelo, o el poco pelo que le quedaba.
—¿Así que has tenido un día difícil? —dije.
—Sí. Prepárame una copa, haz el favor.
—Claro, cómo no. ¿Sabes lo que me ha pasado hoy? —
--- ¿Qué? —dijo ella, mientras seguía acariciándose uno de sus pies.
—Pues he tenido una conversación de lo más interesante con el portero.
—¿Con el portero? —dijo ella. —Joder, así te las gastas tú, ¿eh? —dijo ella. Pero estaba de buen humor, me daba cuenta, sonreía.
—Sí, es que no sabes lo que me ha dicho de ti.
—Sí, ya me imagino, ¿alguna grosería? —dijo ella.
—No tanto.
—A ver, suelta, ¿qué es lo que te ha dicho?
—Que eres una mona rapada.
—Joder, ¿y eso te ha causado gracia? —dijo ella. Su rostro se había demudado de un momento a otro, se había puesto seria y rígida.
La frase le había desagradado profundamente, me daba cuenta. —¿Pero qué idiotez es esa? —dijo.
—Bueno, no puedes esperar otra cosa de un tío tan machista. Es que eso que has hecho, de cortarte el pelo así, es como una afrenta.
—¿Una afrenta? venga ya, hombre, eso lo puede sentir solamente un machista de mierda —dijo ella.
—Bueno, pero es lo que es.
—Sí, claro que es lo que es —dijo ella. Nos quedamos mirando, le alcancé su vaso de ginebra con tónica y con hielo. Nuestros dedos se tocaron levemente sobre el cristal empañado por el hielo de la copa.
—¿Qué estás pensando? —dijo ella.
—Que tal vez este podría ser el hombre —dije yo.
—Pues joder, sí que te has vuelto loco. Y además, que ya lo hemos hablado, que si llegara a suceder eso, el hombre lo elegiría yo.
—Bueno, pero ¿por qué lo tendrías que elegir tú?
—¿Otra vez con eso? ya lo hemos hablado, ya que soy yo la que va a poner el cuerpito, ¿no crees?
—Sí, tú vas a poner el cuerpito, como dices. Pero yo voy a poner algo peor, mi orgullo, mi dignidad.
—Venga, hombre, eso es porque tú mismo lo has querido o has querido creer que quieres algo así, ya sabes que por mí nada de nada.
—Sí, ya lo sé, tú estás dispuesta con una mujer, pero a mí ese rollo no me acaba de convencer. — dije. Ella meneó la cabeza y sonrió un poco despectivamente.
—Debes ser el único hombre del mundo al que su mujer le propone hacer un trío con otra mujer y se lo piensa y luego dice que no.
—Es que no quiero ver cómo le comes el coño a una tía.
—No, no quieres ver cómo le como el coño a una tía, pero sí estás dispuesta a que le chupe la polla a un tío.
—No, no es eso, tú lo sabes, y además, joder, simplemente ha sido una conversación ¿No?
—Sí, una conversación, pero ahora me vienes con que podría ser este tío.
—Bueno, es que este tío tiene algo—
---- Sí, ya lo sé, dijo ella
---¿Sí, ya lo sabes qué?---
--- Que tiene algo patibulario, que podría ser uno de los criminales con los que tratas a diario en el juzgado.
Me quedé sorprendido de que ella tuviera un pensamiento tan sofisticado y tan acertado al fin y al cabo. No se me había ocurrido así, pero podría ser que el portero Ismael con esa frase que había dicho, con ese cuerpo de orangután alto y fornido, con esas orejas grandes, bien podría ser uno de los criminales con los que yo trataba a diario, o un prototipo de esos criminales sexuales, de esos pervertidos, un asesino serial.
—Tampoco es que es el estrangulador de Boston, dije.
—¿El estrangulador de Boston, el monstruo de Florencia? ¿A qué otro asesino serial te vas a referir? —dijo ella. —Mira que ya me los conozco de memoria.
—Bueno, ¿te los conoces tan de memoria como yo me conozco las estrategias de venta de la empresa en la que trabajas?
—Sí, pero yo no te propongo que salgas a vender los productos de mi empresa.
—Y yo tampoco te estoy proponiendo que te folle el estrangulador de Boston.
—Bueno sería, hijo —dijo ella.
Y se quitó el blazer, y sus tetazas blancas, debajo de la camisa blanca, se mostraron en todo su esplendor, y los pezones se pegaron a la tela. Y me pareció que hubo un movimiento, así, como de querer lucirlas, de querer lucirse en ese momento determinado en que hablábamos de esto, de un tema prohibido, de un tema que no estaba debidamente desarrollado, ni expuesto con seriedad. Simplemente era un juego, un juego dialéctico que no pasaba de la conversación.
Pero a la vez ella no podía entender por qué a mí no me seducía en nada la idea de que estuviera con otra mujer. Es que no me imaginaba yo estando con otra mujer. No necesitaba eso.
Pero simplemente la idea de que ella le comiera al coño a otra mujer, o que se lo comieran a ella, me daba un poco de asco. Y lo que ella había comentado sobre un hombre al que ella le comiera la polla, en realidad esa imagen no estaba bien presente en mis fantasías, no se representaba con claridad en mi mente. Solo tenía esta imagen, la de un hombre que la abrazaba contra su cuerpo de ogro y la miraba de un modo despectivo.
Pero eso había sido antes de que ella se cortara el pelo, cuando todavía tenía su largo pelo liso y negro cayéndole sobre los hombros.
---- Ni de coña estaría con un hombre así. Vamos, ya te he dicho que si finalmente me decidiera, o si nos decidiéramos los dos en realidad a probar algo así, yo tendría que elegir al tío, ¿sabes?---dijo Valeria
--- ¿Qué tipo de tío elegirías? Dije.
---¿Qué tipo de tío? No sé, supongo que alguien parecido a ti---
---- O sea, estarías conmigo por duplicado---- Dije.
---Bueno, puede ser, puedes verlo así, pero sabes que esa no es mi fantasía, es la tuya.
---Entonces, ¿lo harías simplemente por complacerme?
---Sí, seguramente que sí, pero ya te digo, bueno, ya lo sabes, lo hemos hablado muchas veces, no creo que eso vaya a suceder en la realidad.
---- Bueno, tal vez tendríamos que comenzar por algo más sencillo.
----¿Cómo qué? Dijo ella.
---Como por ejemplo, invitar a este tío, a Ismael, a tomar una copa aquí con nosotros y ver cómo te sientes con él, cómo me siento yo al verte con él.---dije
---Joder, tienes que estar loco para pensar algo así. Ni de coña, vamos, que antes te digo que buscamos un tío por internet y me lo follo y ya está, así te quedas contento.
Y en ese momento comprendí que realmente me molestaba esa actitud tan lanzada de ella. Ese decir, me lo follo y ya está. No quería eso, no era mi fantasía.
Mi fantasía era un tío que la abrazara y que la mirara respectivamente. Y luego, ¿qué pasaba luego? No me había hecho todavía a la idea de que ese tío finalmente se la follara, de que le metiera su polla en el coño, de que la besara en la boca. Y en ese momento intenté imaginarlo e imaginé a Ismael besándola en la boca, cogiéndole la nuca raspada y atrayéndola hacia sí.
Valeria medía un metro setenta y dos, era más baja que él y seguramente quedaría como una flor delicada entre sus manos de bruto, sus manos de orangután
--- Dime que no lo estás pensando seriamente, dijo ella.
---No, claro que no---dije
--- Porque ya te he visto la expresión de los ojos. Estabas abstraído, pensando en algo, como cuando estás pensando en uno de estos casos en el juzgado, en la fiscalía.
-- No, no, nada que ver con eso, te juro que no. Simplemente había pensado en esa fantasía que te he mencionado alguna vez.
----¿Cuál? ¿La del hombre que me abraza?
--- Sí, esa, la del hombre que te abraza y te mira, un poco despectivamente.
---¿Por qué quieres eso? ¿Por qué no eres capaz tú de mirarme despectivamente?---
---Sabes que no, que yo nunca podría mirarte de ese modo. Para mí tú eres...
----No me digas eso de una delicada flor otra vez porque me descojona, tío. Sabes que no me gusta nada.
---- Está bien, no te diré que eres una delicada flor, menos ahora que te has cortado el pelo así.
----Joder, lo que faltaba, otra vez lo del pelo—
--- Como una mona rapada--- dije.
-----Sí, claro, una mona rapada, pero seguramente que ese tío me estaría mirando las tetas también, ¿no? A ver si la mona rapada no puede ponerle cachondo--- dijo ella, desafiante, casi como una competición.
--- Bueno, veo que al menos te ha tocado un poco el orgullo, dije
-----Ni orgullo ni hostias, Adrián, déjate de tonterías. ¿Vamos a cenar a algún sitio? ---dijo ella
----Vale, vamos a cenar, ya sabes dónde, dije.
Nos dispusimos a salir a la calle, a ir a un sitio al que íbamos seguido, nuestro restaurante amigable, donde el camarero sabía perfectamente nuestros nombres y lo que íbamos a pedir para cenar, seguramente.
Nuestro restaurante diario, el que era como una extensión de nuestra propia sala, de nuestro propio piso, y me alegré de que ese lugar también estuviese cerca del nuevo piso al que estábamos refaccionando. Valeria se había puesto un pantalón blanco muy ceñido a su culo y a sus piernas, y unas botas negras de media caña con un ligero tacón, y una camiseta blanca con tirantes que dejaba sus hombros al desnudo. Me parecía que entre las botas y la camiseta le hacían un aspecto demasiado militar que concordaba perfectamente con su pelo rapado, y así salimos a la calle, y en la recepción nos encontramos con el portero.
—Buenas noches, pareja —dijo, con una gran sonrisa. Yo le saludé y Valeria apenas le miró.
—Buenas noches, que tengáis una bonita noche —dijo y le abandonamos detrás de nosotros sin siquiera responderle.
—Así que mira, ahí tienes a tu hombre —dijo Valeria, despectivamente, cuando salimos. Caminábamos tranquilamente por la acera, y de pronto me di cuenta de que había una suerte de pique entre nosotros, de que había un espíritu de desavenencia. Como si el haber mencionado esa sola idea, esa loca idea, de que ella podía estar con otro hombre, y ese hombre fuera alguien como Ismael, nos hubiese convertido en rivales, en cierto modo, como si estuviéramos compitiendo los dos, un aspecto competitivo entre ella y yo que nunca había existido hasta el momento.
Todas esas sensaciones nuevas se aplacaron durante la cena en el restaurante. La cotidianidad y la rutina de estar en un lugar conocido fueron como un bálsamo, como que tuvo un efecto reparador sobre esa nueva rivalidad que existía entre nosotros. Y esta vez conversamos tranquilamente sobre las cosas del día, y luego es como que volvió ese espíritu de paz en el que siempre estábamos inmersos, juntos, ella y yo, conviviendo con un apacible amor, suave como ella o como era ella antes de raparse la cabeza.
Luego regresamos a casa ya y nos preparamos para dormir, y en un momento dado Valeria salió del aseo, desnuda y nos besamos, y entonces fue que follamos. Y mientras la penetraba y ella me abrazaba, me lo dijo.
_ ¿Y estarías dispuesto a ver como ese hombre me folla, como ese ogro se folla a la flor delicada, como dices tú?_
Y eso me puso tremendamente, y comenzó un mete y saca violento.
_Yo creo que no lo soportarías, no soportarías ver cómo me folla, como me mete su polla en el coño, como me besa en los labios, como me chupa las tetas_ dijo ella, guarramente y ambos nos corrimos de una manera nueva y más salvaje que todas las veces en que habíamos follado antes.
_Veo que te pone esto_ le dije después.
__No, Adrián, no me pone nada, y tú lo sabes, simplemente lo dije para azuzarte un poco, y es que realmente lo creo_
—¿Qué es lo qué crees? —dije.
—Que no soportarías ver como otro tío me mete mano o directamente me folla, y menos un tío como ese, como el portero_ dijo ella, desnuda en la cama con sus tetazas recostadas pesadamente sobre el esbelto torso
—Bueno, eso no lo sé, supongo que tienes razón, que no lo soportaría. Ya lo hemos hablado, que son solo fantasías que quizá nunca lleguen a hacerse realidad.
—Pero te digo una cosa —dijo ella—, a veces me gustaría hacerlo para que realmente lo vivas, lo sientas en carne propia, como una lección.
—¿Quieres darme una lección? —dije.
—No, no es que quiera darte una lección, pero quiero liberarte de esa fantasía absurda, porque está claro para mí que no soportarías ni un minuto ver como otro hombre se me acerca, ya sea este paleto o cualquier otro.
—Sí, en eso tienes razón, supongo---dije. Así quedó zanjada la cuestión, y nos dormimos.
Pasó un día o dos. Yo a veces conversaba con Ismael de cualquier cosa, y me parecía lo mismo que al principio, es más, lo confirmaba. Era un tío bastante básico, machista, simple, un poco misógino. Trataba de enmendar lo que me había dicho, diciéndome cada tanto que Valeria era muy guapa, que era hermosa, y en un momento hasta me dijo que ella podía usar una peluca, que si se ponía una peluca seguramente le quedaría maravillosamente.
Me quedé pensando en esa idea de la peluca, joder una peluca para que Ismael se sintiera atraído hacia ella, para conquistarle, y luego me puse a buscar en internet pelucas para mujer, y vi que había una gran variedad. Pero llegado el punto de comprar una peluca para que ella la usara, pensé que sería mejor una peluca rubia, que contrastara un poco con sus cejas, morenas, para que se destacara bien que era una peluca, que era un pelo artificial, que no era el propio, que estaba desempeñando un papel. Y fue así que compré una peluca, al otro día me llegó en un paquete por internet, y la abrí y la miré, era tal cual la había imaginado, rubia, el pelo liso y suave, y tenía un flequillo.
Tuve la tentación de probármela yo mismo, a ver cómo me quedaba, pero no lo hice, en cambio esperé a que llegara Valeria del trabajo, y se la enseñé.
_ ¡Joder! ¿Y esto? Pero es que te has vuelto loco de verdad__-dijo ella
_ Es solo un juego ¿Por qué no te la pones, a ver cómo te queda?_ dije
_ Pero venga hombre ¿es que no puedes soportar que lleve el pelo como a mí me gusta, como me sale de los cojones?
_ Es solo un juego, póntela, venga_ dije
Al final accedió a ponerse la peluca, esa peluca rubia, que claro, ella al ser tan guapa, le quedaba espectacular, el pelo era liso, y suave, y sedoso, y le llegaba hasta los hombros, y ella se contoneó frente al espejo, y llevaba unos pantalones negros ajustados, y el blazer, y la camisa blanca.
_Mira que bien te queda_ le dije.
_Sí, pero no hace juego con mis cejas, ¿no crees? Se nota demasiado que es una peluca._
_Bueno, así lo había querido yo_ dije.
_Joder Adrián, es que eres terrible, eres como un niño, te gusta jugar, te gusta jugar demasiado_
_ No sé si demasiado, pero me gustaría que la usaras, que la usaras cuando….._ comencé a decir
_ Si piensas que voy a ir con esto al trabajo, estás completamente loco_
_ No, no hablo de ir al trabajo, me gustaría que mañana, cuando vayamos a salir del edificio para ir al trabajo, la llevaras puesta, cuando veamos que está Ismael trajinando abajo, ¿sabes? Y tú sales primero con la peluca, luego te la quitas si quieres, y yo salgo después a ver qué me dice.
_Joder, es que estás loco, cariño, no puedo creer que me estés proponiendo algo así_
_ ¿Por qué no? Es simplemente un juego._ dije
_ Vale, vale, me lo pensaré y mañana te digo_ y luego se quitó la peluca y esta quedó abandonada sobre una silla. Y yo me quedé un largo rato contemplándola, como si la peluca supiera un secreto
Y lo increíble de todo es que al otro día, ella se apareció con la peluca y me sorprendió, no esperaba que lo hiciera tan pronto al menos, pero allí estaba con esa peluca rubia que le quedaba de forma espectacular, la hacía muy guapa, más guapa que con el pelo rapado como lo llevaba.
Sí, me tuve que confesar a mí mismo que sí, que lo del pelo rapado había sido un completo error, y además el verla de rubia también me puso cachondo repentinamente y tuve una erección. Me pregunté si no tendría algo que ver el hecho de que la había vestido así para Ismael, como si fuera una muñeca. Yo misma la había preparado para que ese palurdo la admirara y la deseara.
Salimos cogidos de la mano, pero luego ella bajó primero en el ascensor y yo discretamente por la escalera, siguiéndole los pasos en su descenso, y era como si descendiéramos los dos a algún rincón oscuro de nuestra mente, un nuevo rincón inexplorado por nosotros hasta entonces, porque de algún modo ya estábamos interactuando con ese hombre, con un tercero, quien además estaba ajeno a nuestros juegos. Nosotros estábamos jugando con él simplemente. Y espié como ella avanzaba por ese pasillo, Ismael estaba trabajando como siempre, repasando algo con una franela en la mano, y la vio pasar, tan potente y tan delicada. «Buenos días», le dijo.
«Buenos días, Ismael», dijo ella, pronunciando su nombre, tal vez por primera vez, y salió con un bolso colgado del hombro, con su traje de siempre de color negro, pantalón ajustado y blazer, y la camisa blanca, y la peluca rubia que la hacía tan refinada y sensual.
Y luego, cuando ella hubo transpuesto la puerta de salida, comencé a caminar, yo también, por ese pasillo de los ascensores hasta donde estaba Ismael, y este me miró y dijo._ Joder, pero qué bien le queda esa peluca a tu mujer_
_ ¿Sí, has visto? La he convencido yo para que se la ponga_ dije
_Hombre, no me dirás que es porque yo te lo he pedido_ dijo él
_No, no me lo has pedido, simplemente me comentaste algo de la peluca, y pensé que sí, que tal vez tenías razón_
_Joder, es que queda guapísima, eh, con esa peluca, con esa peluca rubia. Te juro que si no fuera tu mujer, tío, sería capaz de………de tirarle los tejos_ dijo de repente, como cogiendo carrerilla
_Isma ¿cómo me dices eso, hombre? Si no fuera mi mujer, pero es que es mi mujer_
_Claro, claro, sí, sí, lo entiendo, no te preocupes, es solo una manera de decir……claro que no, pero bien, si en algún momento ella y tu...joder, no sé ni lo que digo, soy un bocazas_ dijo él.
Pero le vi que se sonreía malignamente, casi como si hubiese adivinado que había algo oculto en ese hecho de que ella llevara la peluca, como si ya hubiéramos iniciado un juego entre los tres y él ya fuera consciente de eso, ya se hubiese percatado de que algo sucedía. Seguramente tenía ese instinto particular de las personas vulgares para apreciar ese tipo de juego, para darse cuenta de que había algo en el aire, en el ambiente que nos delataba y que de alguna manera nos poníamos bajo su órbita, bajo su poder.
Aunque claro está, ni siquiera podía imaginar lo que Valeria y yo habíamos hablado en la intimidad.
_Te juro que, joder, que si no fuera tú mujer_ volvió a decir él y meneó la cabeza.
_Es que está guapísima así, con esa peluca, el pelo es que lo cambia todo, ¿no?_ volvió a decir y ahora buscando mi complicidad
_ Sí, claro, tienes razón, el pelo lo cambia todo_ dije.
Entonces estaba ya a punto de salir del edificio y me giré y le miré otra vez y él me miró.
_ ¿Qué?_ dijo con el lampazo en la mano
_Oye ¿quieres beber una copa en mi casa esta noche, luego de cenar? _ dije, sintiendo que el corazón se me salía del pecho.
_Hombre, sí, claro, cómo no_ dijo él sorprendido.
_Entonces vente, te esperamos, ya sabes cuál es el piso_
_Sí, claro que lo sé_ dijo él y le dejé allí y noté que seguía un poco sorprendido y cortado con la idea. Le había sorprendido realmente y entonces le escribí a Valeria y se lo dije: _He invitado a Ismael a beber una copa en casa esta noche_
_ ¿Qué? ¿Estás loco? dile ya mismo que no_ dijo ella
_Es solo un juego, no veas la cara que puso, ha quedado flipado con tu peluca_ escribí
_No cuentes conmigo para nada_ dijo ella, pero yo sabía que ya habíamos iniciado algo extraño y morboso y que este juego apenas había comenzado.
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