Descubriendo mi condición 2
A sus sesenta años, Juanjo descubre que su cuerpo tiene un propósito que nunca imaginó: ser usado, llenado y humillado por dos hombres que saben exactamente cómo romper su resistencia. Esta noche, la sumisión no es un juego, es su nueva realidad.
Antes de comenzar la continuación del anterior relato y como suelo hacer a veces os cuento algo sobre mi. Mi nombre real es Juanjo Criado, ya voy para los 61 años casado de segundas con Sonia. Desde hace tiempo mi mente empezó a volar hacia el sexo de dominación/sumisión con hombres maduros y de aquellas aguas, estos lodos. En fin continuemos.
Después de corrernos los tres, el aire del salón olía a sexo puro: sudor, semen y aliento a whisky. Me quedé allí de rodillas en el sofá, temblando todavía, con el culo goteando la leche de Paco y la boca hinchada por la polla de Pablo. Ellos dos se miraron, sonrieron como lobos viejos y satisfechos.
—Venga, divorciado —dijo Pablo, el alto, dándome una palmada firme en el culo que me hizo gemir—. A la ducha. No vamos a seguir con el culo lleno de lefa seca y la cara pegajosa. Queremos que estés limpio para la segunda ronda.
Me ayudaron a levantarme, las piernas flojas. Paco me agarró por la cintura con esa mano pesada y me llevó casi en volandas hacia el baño principal. Era grande, con ducha de lluvia y mampara de cristal. Pablo abrió el agua caliente y los tres entramos desnudos.
Bajo el chorro, el agua nos cayó encima como una cascada caliente. Pablo me puso contra la pared de azulejos, pecho contra pecho, y empezó a enjabonarme el culo con las manos llenas de gel. Sus dedos se colaron entre mis nalgas, metiéndose dentro despacio, limpiando su propia corrida y la de Paco.
—Mira qué puto obediente —murmuró Pablo contra mi oreja, mientras me follaba con dos dedos—. Te has tragado mi leche como un campeón y ahora dejas que te limpie el agujero como si fueras mi zorra personal. ¿Te gusta que te traten así, eh, Juanjo? ¿Que dos viejos cabrones te usen como su juguete de sesenta y pico?
—Sí… joder, sí… —jadeé, apoyando la frente en su hombro ancho y peludo.
Paco se colocó detrás de mí, pegando su barriguita contra mi espalda. Sentí su polla ya medio dura rozándome el culo mientras me enjabonaba el pecho y los pezones con movimientos lentos, casi torturadores.
—Este culito de cincuentón divorciado está hecho para pollas maduras —dijo Paco, voz ronca por el vapor—. Aprieta tan rico… Me he corrido dentro en dos minutos y todavía quiero más. ¿Sabes lo que vamos a hacer ahora, putito? Vamos a follarte otra vez, pero esta vez vas a suplicar por cada centímetro.
Me enjabonaron entre los dos como si fuera un objeto: Pablo me lavaba la polla y los huevos con la mano cerrada, apretando justo lo suficiente para que doliera rico; Paco me metía dedos en el culo aprovechando la lubricación del gel, jugaba con ellos dentro de mi. mientras me mordía el cuello, dejando marcas rojas.
Cuando salimos de la ducha. Pablo me llevó de la mano al dormitorio. La cama era king size, sábanas negras. Me empujó boca arriba en el centro.
—Separa las piernas, divorciado. Enséñanos ese agujero que ya hemos abierto —ordenó Pablo.
Obedecí. Me puse las manos detrás de las rodillas y tiré hacia arriba, exponiéndome del todo. Paco se subió a la cama de rodillas, polla ya tiesa otra vez, goteando.
—Míralo cómo se ofrece —dijo Paco, escupiendo directamente sobre mi agujero—. Abre bien ese culo de casado aburrido. Que se vea cómo palpita después de la primera corrida.
Pablo se colocó a mi lado, de rodillas también, y me metió tres dedos de golpe, girándolos dentro.
—Joder, Paco, está dilatado pero todavía aprieta como virgen —gruñó—. Este cabrón quiere que lo destrocemos. ¿Verdad, Juanjo? Dilo. Dilo alto.
—Quiero… quiero que me destrocéis… —gemí, voz rota—. Quiero vuestras pollas dentro otra vez… por favor…
Paco soltó una risa sucia y se alineó con mi entrada.
—Buen puto. Pues toma polla de sesentón barrigón —dijo, y empujó de una sola embestida hasta el fondo.
Grité de placer, arqueándome. Pablo me tapó la boca con la mano.
—Calla, zorra. Que los vecinos sepan que hay un divorciado aquí tragando polla como una puta barata.
Empezó a follarme con ritmo fuerte, profundo, haciendo que mis huevos rebotaran contra su barriga cada vez que entraba. Pablo se subió a mi pecho, se sentó a horcajadas sobre mi cara y me metió la polla en la boca.
—Chupa, cabrón. Limpia lo que queda de mi corrida anterior mientras Paco te revienta el culo.
Succioné como pude, ahogado por su grosor, mientras Paco aceleraba.
—Joder… qué rico está… —jadeaba Paco—. Siento cómo me aprieta cada vez que le meto hasta las bolas… Este culo está hecho para recibir leche de viejos.
Pablo me follaba la garganta sin piedad, sujetándome la cabeza con las dos manos.
—Traga saliva, puto. Vas a correrte sin tocarte, ¿eh? Solo con polla en el culo y en la boca. Como el maricón sumiso que eres.
Tenía razón. Mi polla estaba tiesa como piedra, goteando sin parar sobre mi estómago. Cada embestida de Paco me golpeaba la próstata directo, y la polla de Pablo en mi garganta me hacía ver estrellas.
—Voy a correrme otra vez… —gruñó Paco—. ¿Dónde lo quieres esta vez, divorciado? Dilo con la boca llena.
Saqué la polla de Pablo un segundo, jadeando:
—Dentro… llenadme… quiero sentir vuestras leches mezcladas…
—Buen chico —dijo Pablo, y volvió a metérmela hasta el fondo.
Paco dio tres embestidas brutales y se corrió con un rugido, inundándome otra vez. Sentí el calor espeso llenándome, chorro tras chorro. Eso me empujó al límite: mi polla explotó sin que nadie la tocara, chorros de semen cayendo sobre mi pecho y mi barbilla mientras gemía alrededor de la polla de Pablo.
Pablo no tardó. Me agarró el pelo y se corrió en mi boca, obligándome a tragar todo.
—Traga, zorra… no dejes ni una gota…
Cuando terminaron, me dejaron allí tirado, jadeando, cubierto de semen propio y ajeno, culo goteando, boca hinchada. Pablo se tumbó a mi lado, me pasó un brazo por encima y me besó en la sien, casi tierno de repente.
—Buen trabajo, Juanjo. Has aguantado como un campeón.
Paco se dejó caer al otro lado, riendo bajito.
—Y todavía queda madrugada… ¿Te quedas a dormir, putito? Mañana por la mañana te despertamos con polla.
Solo pude asentir, exhausto y satisfecho como nunca en mi vida.
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