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Infiel días antes de mi boda

A pocos días de su boda, una joven se deja llevar por la tentación en un hostal barato. Una noche de pasión cruda y sin compromiso la deja con una nueva conciencia sobre su cuerpo y su relación.

NicoleLima3711K vistas8.9· 7 votos

Como deben haberse dado cuenta, soy una mujer muy ardiente. Antes de conocer a Diego tuve una vida sexual muy plena, con experiencia sexual desde muy joven. Si bien no puedo considerarme promiscua o libertina, tuve varias parejas sexuales. La mayoría de ellos mis novios, que tuve algunos y, eventualmente, chicos con los que ligaba en alguna fiesta o discoteca (cuando no tenía un novio).

Cuando conocí a Diego fui yo quien tuvo la iniciativa para empezar a tener relaciones sexuales. Desde la primera vez que nos acostamos, el sexo fue algo monótono y soso. Sólo eventualmente llegaba a tener orgasmos. Pero estaba enamorada (y sigo estándolo) y Diego era (y es) el hombre perfecto en todos los demás aspectos de una relación.

Cuando me propuso matrimonio éramos aún muy jóvenes. Teníamos 22 años. Nos casamos a los 23. Acepté pues pensé que ya había “vivido bastante” y que mi vida sexual había sido plena y que la vida, al final, es mucho más que sexo.

Seguro es así. La vida no es solo sexo. Pero tengo claro ahora que el sexo es parte importante de la vida. No se puede negar lo obvio.

La primera vez que me acosté con otro hombre, ya estando con Diego, fue unos 15 días antes del matrimonio. Luego que sucedió, pensé tirar todo por la borda y decirle a Diego que no lo merecía. Que él necesitaba a su lado una mujer distinta, menos sexual (no pensaba decirle eso obviamente). Lo evité dos días y lo repensé. Y, finalmente, no le dije nada. Seguimos con lo planeado, nos casamos, tuvimos dos hijos y seguimos casados hasta ahora.

Hoy pensaba en esa primera infidelidad. Vino a mis recuerdos.

No fue algo planeado. Todo lo contrario, podría decirse que fue muy fortuito. Ahora, con la distancia de los años, creo que fue el destino, que me enseñó que, a pesar de amar como amo a Diego, mi cuerpo necesita más de lo que él puede darme.

Había quedado con dos amigas en salir a cenar y tomar unos cócteles. Éramos muy jóvenes, recién graduadas, pero las tres ya con empleo. Fuimos a un restobar muy lindo. Rápido una se fue y quedamos sólo dos. Se nos juntaron dos conocidos de mi amiga que quedó, que justo estaban allí, e hicimos grupo de cuatro.

Mi amiga terminó yéndose con uno de ellos y, como tenía aún media copa, me quedé con el otro chico. Comenzó a piropearme y me deje llevar. Había perdido esos momentos de coquetería desde que empecé a salir con Diego y me resultó muy agradable.

Terminé aceptando su propuesta y fuimos a un hotel. Él no sabía que yo estaba a unos días de casarme. De hecho, no lo volví a ver en mi vida. Fue solo una noche “loca”.

Me llevó a un hostal cerca del bar. Muy barato y, para ser sincera, poco cómodo y con una habitación hasta deprimente. Pero todo eso me calentó más. Me hizo revivir mi vida previa, de universitaria yendo a cualquier sitio a coger.

Entramos besándonos a la habitación. Nos desnudamos y rápidamente me di cuenta que tenía una verga “normal” no grande, no enorme, pero igual mucho más grande que la de Diego. Eso me calentó. Seguíamos de pie. Me arrodillé y empecé a chupársela con ansias. Sentir ese tamaño, que no era nada especial tampoco, quizás por lo gruesita si, me ponía a mil por hora.

Luego me acomode como perrita, en 4 patas, al borde de la cama. Él, de pie detrás de mí, se puso un condón (no se lo había pedido, pero se lo puso) y me penetró. Sentir la diferencia en tamaño y sobre todo el grosor, me hizo volar, tuve un orgasmo muy rápido. Mientras lo tenía, me ensalivó el culito con sus dedos. Casi gimiendo le dije que no (con Diego no lo había y no lo hacemos por allí) pero, como siempre dicen, era un no que se entendía como un sí. Me ignoró. Y despacito, le agradezco ahora, fue metiéndome su verga por el culito. A pesar que no era muy grande, sentí dolor. Tenía con Diego ya dos años y todo ese tiempo no lo había hecho por mi colita.

Cuando había metido toda empezó a moverse rápido y llegué y llegó. La sacó, se quitó el condón, lo botó y sin más empezó a vestirse.

Decidí vestirme también. Salimos. Quizás ni 20 minutos de sexo. No fue una “sesión maravillosa”, o un “momento increíble” pero me vino a la mente pues fue mi primera infidelidad (aunque aún no estaba casada).