Casado yace con dos mujeres en la misma noche
Los maridos se embriagan y las abandonan en la mesa. Ahora, solo quedan ellas, la tentación y la habitación de un desconocido que promete lo que sus esposos ya no les dan.
Erique había acudido a la ceremonia nupcial de un buen amigo con el cual había realizado el servicio militar, el cual contraía matrimonio en otra provincia bastante distante de su domicilio familiar. Pese a ser invitado junto a su esposa Elvira, ésta no pudo acudir por motivos laborales, teniendo que acudir solo a la ceremonia.
Enrique era un aparejador, con una buena posición económica, que le permitía mantener bastante tiempo libre, suficiente para mantener una forma física bastante buena pese haber alcanzado la edad de los cincuenta y nueve años.
Había reservado una habitación en un hotel en el mismo donde se iba a celebrar el banquete nupcial, dado que así no tendría que trasladarse a hora de la noche. Llegó por la mañana, y en la noche acudió a la ceremonia y luego al banquete. Le habían reservado sitio en una mesa junto a otros cuatro matrimonios. Dos de estas parejas, era matrimonios compuestos por personas de más de setenta años. Otra pareja, el marido era casi de su misma edad, que tenía una esposa llamada Alexandra, que para su sorpresa no debía superar los 35 o 36 años; esta mujer era muy hermosa, con unos pechos voluminosos, que sobresalían bajo el traje que llevaba. Pero, lo que más le incitaba era comprobar el anatómico cuerpo de aquella mujer, que era capaz de enloquecer a cualquier hombre. Durante la comida llego a saber que su esposo era un acaudalado empresario, lo que evidenciaba el porqué de ese matrimonio entre un hombre ya sexagenario con una muchacha de apenas 36 años de edad.
Luego fijó su mirada en el otro matrimonio, verificando que era mucho más joven. El hombre no pasaba de 40 años y su esposa no superaba los 30 años, la cual dijo llamarse Encarna. Se fijo y verificó que ésta última estaba en período de gestación, de unos seis meses. Encarna resultó igualmente una mujer preciosa, y a pesar de su embarazo, lucía un buen cuerpo y poseía un trasero de esos que apetecen clavarla por detrás sin miramientos. Por otro lado, sus pechos, sin ser grandes, ya se estaban preparando para la lactancia, observando, que pese al tiempo de gestación tampoco estaba demasiado gruesa. La misma vestía un traje de premamá muy ligero de color rojo, algo escotado, por lo que se apreciaban bien sus hermosos pechos.
Durante la conversación con todos ellos comprobó que el marido de Alexandra y de Encarna, se enzarzaron en una conversación de negocios, al tiempo que demostraron tener bastante apego a la bebida, ya que no dejaron de tragar durante la comida y después de ella. Fue así que cuando había transcurrido una hora, antes del poste, ambos ya se les notaba bastante animados y apreciándose los efectos del exceso de alcohol. Como consecuencia de ello, mi conversación fue más amena con Alexandra y Encarna, y escasa con los otros matrimonios. Se dio la circunstancia de que me encontraba sentado al lado de Encarna, por lo que podía comprobar su estado de embarazo, lo bonita que era, su dulzura al hablar, evidenciando que poseía una sonrisa cautivadora.
Antes de que los novios procedieran a partir la tarta y servir el poste, los maridos de éstas, ya evidenciaban un estado de embriaguez notorio. Lo que evidenció que no prestaran atención a sus esposas. Agravado cuando pronto se desplazaron a otra mesa donde se pusieron hablar y beber con otros hombres, que parecían gente de negocios ya conocidos entre ellos. Los otros dos matrimonios mayores siguieron en la mesa, pero estaba claro que pronto se irán a dormir.
Enrique se quedó con las dos mujeres charlando animadamente, mientras sus esposos continuaban bebiendo sin prestarles atención. Captó como entre ellas hablaban sobre el estado de sus esposos, pero no dejaron de mantener una conversación fluida con el mismo.
Durante la conversación Enrique se interesó ante Encarna por su embarazo, y las cuestiones típicas de las molestias de ese estado, indicando aquella que lo llevaba bastante bien. Preguntó a Alexandra por si tenía familia, contestándole aquel que no, mostrándose algo apenada. Esta confesó a Encarna que lo estaba intentando, y que estaba en tratamiento con médicos y hasta le susurró en voz baja a la compañera de mesa que estaba tomando un fármaco para favorecer la fertilidad. Pese a ese susurro, Enrique pudo escucharlo sonriendo para sus adentros. En todo caso, resultaba evidente, que el tema de no ser madre, tenía a la mujer bastante angustiada.
Al poco tiempo, Alexandra se levantó de la mesa y se fue en busca de su esposo, y al regresar llegó con el rostro bastante contrariado, sentándose otra vez, pero bastante malhumorada, indicándonos que no había forma de traerlos, que estaba ya casi ebrios y que se le habían unidos otros amigos de éstos últimos. Añadió que para colmo se habían sentado en unos reservados del hotel para beber, expresando que su esposo ni le prestó atención.
Los primeros compases de la música ya habían comenzado, y al poco tiempo Encarna me preguntó porque no salía a bailar. Él le respondió amablemente que le parecía mejor la compañía de ellas. Esto les alago bastante. Alexandra insinuó que no entendía como su mujer le había permitido viajar solo, que era un peligro, señalando que había mucha mujer suelta y que seguro, que con lo atractivo que era intentarían llevarlo a la cama. Rieron con ganas.
Al compás de sonido de una canción romántica, Alexandre que se notaba sulfurada con su esposo, le pidió a Enrique que la sacara a bailar y que luego sacara a Encarna. El hombre solicito se apremió a cumplir los deseos de sus acompañantes de mesa.
Bailaron varias piezas, verificando Enrique Alexandra se arrimaba bastante a su cuerpo, motivando que su vástago despertara y comenzara a mostrar una excitación patente en el pantalón. El hombre se puso algo tengo ante esta circunstancia, dado que era consciente de que poseía unos genitales bastante dimensionados. Su nerviosismo se acrecentó al conocer que Alexandra se había percatado del abultamiento de su pantalón, dado que su pubis quedaba justo a la altura. Aunque quedó alterado al comprobar que la mujer pronto comenzó a buscar mas su contacto. Tanto, que, en una de las canciones lentas, con las luces bastante tenues, la mujer osadamente lo tomó del cuello, colocando su cara junto a la suya. Mientras bailaban, le susurró: “estoy sumamente enfadada con mi esposo. Había venido a la boda con la intención de divertirme un poco, y, ya has visto, no se le ocurre otra cosa que embriagarse”.
Enrique trato de calmarla, aunque observaba a la mujer tensa, acalorada, hasta el punto que notaba calor en las propias manos de la misma.
Regresaron junto a Encarna, al ver que los otros matrimonios mayores se habían retirado. Invitó a Encarna a bailar y ella sorprendida le contesto: “ja ja con mi estado ve a ser un poco complicado”.
El le indicó que era un buen bailarín y que haría lo posible porque lo disfrutara, pese a su situación. La canción era romántica, y durante el baile la pego a su cuerpo, pese a estar embarazada, dado que tampoco tenía una barriga muy exagerada. Encarna era un poco más baja que Alexandra, pero su cara era una divinidad, y en ocasiones ella comprobó como la miraba, sonrojándose. Él le comentó: lo siento, pero no puedo evitar comprobar lo bella que eres. Y con ese embarazo mucho más. Encarte se volvió a sonrojar, aunque luego arrimó igualmente su cara a la del hombre, momento en que volvió a notar como el vástago de Enrique se había vuelto a increpar bajo el pantalón.
Tras bailar varias piezas con una y otra, mujer de forma alternativa, Alexandra fue a ver como estaba su marido nuevamente. Al momento regresó mucho más enfadada, diciendo que no había quien los levantara de allí, que estaban totalmente ebrios al igual que los otros amigos. Según comentó parecía que le había contestado con malos modales al solicitarle que se marcharan.
Encarna comenzó a manifestar que se hallaba bastante cansada, que le dolían sus pies, que los tenía hinchado debido a su embarazo. Ellas se alojaban en otro hotel mucho más distante, por lo que después de un rato, al verificar el apuro de Encarna, Enrique se apresuró a decirles: si lo desean pueden acudir a mi habitación que esta en este mismo hotel y descansar un rato y asearse.
Encarna miró al hombre sonrojada contestándole: No se. Agradezco tu ofrecimiento. Pero, no me parece muy correcto ir a una habitación del hotel contigo.
Enrique se apresuró a decirle: lo siento no quería ofenderlas. Soy un caballero se lo he propuesto porque me parecía que lo estabas pasándolo mal.
Encarna no obstante se disculpó, señalando: no quería ofenderte, pero no se me da cierta cosa…. acudir a la habitación de un hotel de otro hombre distinto de su esposo.
Enrique iba a intervenir de nuevo, cuando escucho decir a Alexandra: yo también tengo ganas de asearme y descansar un rato. Nuestros maridos seguro que tardaran bastante en marchar de aquí. Además, ¿has visto cómo están? ¡Ni se ha preocupado de nosotras! Vamos, aceptemos la oferta de Enrique.
Encarna anta la reacción de Alexandra estuvo dispuesta, dado que es la que mas necesitaba estaba de un descanso. Tomaron el ascensor, subiendo a la séptima planta donde se ubicaba la habitación que había reservado Enrique. Una vez dentro, Encarna fue la primera en pasar al aseo ya que venía bastante apurada.
Durante los momentos en que estaba aseándose Encarna, Alexandra, sentada en la cama le pregunto al hombre: he visto que te gusta Encarna. Me he fijado como la mirabas.
Le contesto: Encarna es una mujer muy bonita, pero tiene marido. Además, también me he fijado bastante en ti.
Ella exclamo como sorprendida: ¡Ah si!, también te has fijado en mí.
Le manifestó: Pues sí. Alexandra eres una mujer muy hermosa, y tienes un cuerpo capaz de hacer volar la mente de un hombre. Seguro que levantas muchas pasiones.
Ella le sonrió, sonrojándose: Ya. Me he fijado en el baile. Dando a entender que se había percatado de mi excitación.
Enrique con cierto nerviosismo se apresuró a contestarle: -Lo siento de veras Alexandra, no fue intencionado. Say un hombre muy activo sexualmente, y al sentir el contacto de una mujer tan hermosa como tú, me fue imposible evitarlo. De verdad lo siento.
Aquella le contesto con cierta admiración: - Ya, pero también comprobaré que te excitaste bailando con Encarna.
- Ya de ti dije que es una mujer preciosa, y aunque esté embarazada, el encuentro muy deseable.
Ella mostro una sonrisa, y morbosamente le pregunto: - ¿Tan deseable la encuentras, como para cogértela, aunque este embarazada?
Enrique se quedó petrificado, no esperaba aquella pregunta.
-¿Te refieres a si sería capaz de hacerle el amor?. Le contestó el hombre.
Ella irónicamente le contesta- pues claro, ¿a qué crees que me refiero? ¿Te la follarías?
Enrique trago saliva, sin saber como contestarle. Al final terminó diciéndole: - Como te he dicho ella es una mujer muy deseable, y sería un verdadero placer hacerle el amor a una belleza como Encara, aunque este embarazada. Pero, aunque me gustaría,….eso sería hacerse falsas ilusiones. Encarna me parece una mujer demasiado seria, incapaz de serle infiel a su esposo.
Alezandra, con más morbo aún le mira fijamente y le dice: - ¿tú crees? Pues, yo no estaría tan segura. No te diste cuenta de que ella se pegaba a tu cuerpo como una lapa durante el baile. Además, sé que su marido no la atiende ahora que está embarazada, con la justificación de que le hace daño al bebe. Se detuvo y luego continuo:
-Por lo que me ha contado, lleva más de tres meses sin hacer el amor, y, me “consta que está desesperada”.
Enrique se sorprendió ante aquella revelación: - que bobada. A mi esposa le estuve haciendo el amor hasta pocos días antes del parto, y nunca sucedió nada. Además, hay mujeres que en ese estado son más activas sexualmente. A su marido habría que darle unos buenos azotes.
Y mirándola a la cara le preguntó: - Vale, me has hablado de Encarna, pero y, ¿tu?, ¿te atiende bien tu esposo como mereces?
Ell abrió los ojos, la miró sorprendida y le contesto: - bueno eso es muy privado. ¿no crees?
- perdona, no quise ofenderte. Además, eres muy libre de contestar o no.
Ella le miró y al final le contestó: - Ya, de todas formas, es lo mismo. Ese es otro idiota (especialmente enfadada por lo ocurrido esa noche). Para hacerme el amor tengo que echar una instancia (le dijo riendose).
- Ya…Pero ¿lo hacéis con frecuencia? Quiso ser mordaz Enrique que parecía haberla entrado el gusanillo con aquella conversación.
- Depende de a que llamas tu frecuencia?
- Pues, no te miento si…., hacerlo una o dos veces por semana, como mínimo.
Ella se echó a reír, y le contesto: ¿Por semana? A veces pasa hasta casi dos semanas. Se detiene y morbosamente, le repregunta: Ya, y tú, ¿cuántas veces haces el amor tu a tu esposa? No de vas a saltar con eso de que eres el macho hispánico ¿verdad?
El hombre haciendo gala de su ego le dijo: -pues, ¡si por mi fuera lo hacia todos los días!, pero las necesidades de mi mujer no sobrepasan de hacerlo dos o tres veces a la semana como media.
Ella le miró a la cara: - “Te quieres quedar conmigo”, ¡no creo nada de lo que me dices!.…¡A tu edad hacerlo 3 veces a la semana!….Imposible! Aunque, ¡sé que estas bien dotado! Al menos eso me pareció cuando bailábamos. - lo dijo sonriendo.
- Bueno no me puedo quejar, y quizás tenga un aparato mayor que la media. Pero, te confieso que soy muy activo sexualmente. En eso no te miento.
En ese momento salía Encarna del baño, comprobando por su la forma que los miraba, que había escuchado parte de la última conversación, pero se calló y no hizo comentario alguno.
Alexandra entonces sin añadir más se dirigió al baño, y él se quedó sentado sobre la cama con Encarna. Comentó que se encontraba más aliviada tras haberse aseado.
Entonces Erique le dijo: Porque no te echas un poco en la cama, así descansas. Y.. si quieres puedo darte unos masajes en los pies, que veo que los tienes doloridos. Te aseguro que soy un manitas en esos menesteres.
Ella le miró medio sonrojada, y sorprendida: -pero eso no es muy correcto ¿no crees?
-y ¿quién lo va a saber? Alexandra tampoco dirá nada. Y además, creo que lo necesitas.
Ante su insistencia, ella sorpresivamente, se recostó sobre la cama, y entonces Enrique le dijo que iba al baño a buscar una loción que tenía allí en su estuche. Tocó en la puerta del aseo y se lo pidió a Alexandra que me alcanzara el bote de crema que había en el baño. Ella desde dentro del contexto: entra tú mismo y cogerlo. Yo ahora no puedo.
Ante aquel ofrecimiento, el hombre entró en el baño, verificando que Alexandra tenía subida la falda hasta la cintura, y se había quitado las bragas. Se estaba lavando su vagina en el bidet. El pene de Enrique se increpó automáticamente, emergiendo y destacando bajo su pantalón. extremo que no pasó desapercibido para la mujer que se limitó a sonreír.
Cogió la crema y salió, no sin antes echar un vistazo a las fabulosas nalgas de aquella mujer, verificando que tenía el pubis recortado y un triángulo de vello bastante negro.
Regresó con Encarna, y procedió a extender un poco de crema por sus pies, realizando luego unos masajes con suavidad, pero efectivos, que dieron su fruto, el cual quedó reflejado en la cara de la mujer. Quiso ser más osado y continuó extendiendo el masaje por las pantorrillas de la mujer, subiendo cautelosamente hasta alcanzar sus muslos. Enrique se percató que aquella mujer, pese a en período de gestación, se estaba poniendo cachonda ante sus masajes, hasta el punto que percibió como entreabrió un poco las piernas, mostrando por primera vez sus braguitas. El hombre al verlas, notó como se increpó su vástago. Aquella hembra que inicialmente se negaba a cualquier contacto, en esos momentos estaba cediendo lujuriosamente.
En esos momentos vio salir a Alexandra del baño, quien al ver lo que hacia a su amiga, le dijo: - Vaya que bien….¿también me darás un masaje a mi?.
Enrique se sonrió, diciendo: Lo primero es ir al baño, ya que tengo que orinar. Luego te daré el masaje si lo deseas.
Mientras se dirigía el baño, escuchó como las mujeres comenzaron hablar entre ellas, y las oía reírse. Entre la conversación, pudo escuchar alguna referencia a las dimensiones de su pene. Agitado, se demoró un poco, y luego regreso con ellas. Se dirigió a Alexandra: -¿sigues queriendo que te de ese masaje?.
Ella se hecho en la cama al lado de Encarna como respuesta, y Enrique comenzó a realizar el masaje, subiendo igualmente por sus pantorrillas, comprobando que la misma abrió también sus piernas, pudiendo comprobar anonadado y francamente sorprendido, al verificar que aquella mujer no llevaba bragas. Era evidente, que se las había quitado en el baño, se había aseado, pero no se las había vuelto a poner. Era algo que no hubiera esperado. No obstante, se recreó contemplando el coño de la misma, verificando que tenía unos labios vaginales rosados, bastante abultados, y que en ese momento se hallaban bastante abiertos, dejando a la vista una buena parte del interior de la hermosa raja. Poseía el pubis recortado y con un triángulo de vellos, que lo hacían más apetecible.
Enrique mientras continuó con los masajes, comprobó que se estaba poniendo como un toro encelado. Ello le instó a ser más osado, y continuó con sus manos avanzando llegando cerca de los muslos.
La mujer haciéndose la indiferente, hablaba con Encarna, y al ver la acción del hombre, morbosamente se subió de forma cautelosa su falda, con la intención de que el hombre pudiera contemplar con toda nitidez su hermosa vagina.
Alexandra, miró a Encarna, morbosa, sonriendo, mientras se relamía pasando la lengua por sus labios, al ver la cercanía de la cara del hombre muy cerca de su panocha. Encarna la miró con agitación, pero al propio tiempo notaba como se mojaba su vagina ante aquella visión.
Enrique no sabía cómo iba acabar aquello, pero decidió olvidarse de todos sus prejuicios, de la posible infidelidad hacia su esposa, y aún consciente de que podría ser mal interpretado por Alexranda. Pero, al final se decidió, y acercó su boca a la cuquita de la mujer, para comenzar a darle unas glamurosas lamidas barriendo con lengua la hermosa raja de arriba abajo. Al instante la mujer gimió. El coño de aquella señora, no solo desprendía calor, sino que parecía una caldera. De hecho, el hombre de dijo para si: “debe estar demasiado caliente! Observó igualmente la cara de Encarna, quien le miro lujuriosa contemplando lo que le hacía a su amiga, pero no dijo nada al respecto. Solo se dedicó a mirar, pero no pudo reprimir la lujuria que mostraba su rostro.
Enrique ya puesto en la labor, y ante la aceptación tácita de Alexandra, bajo su cara y la sepultó entre los vellos, lamiendo sin cesar la entrada de la vagina. El sabor de los jugos que emanaban le instaban a continuar. La mujer recogió sus piernas plegándolas a su vientre, mostrando toda su vagina al hombre. Ella misma apartó los crespos vellos de la entrada, y abrió los labios vaginales con sus manos, mostrando su clítoris, a fin de que el hombre se concentrara en él.
-oh si… sigue uffff que bien… uffff que bien lo haces. Sigue…
Alexandra comenzó a rotar las caderas suavemente y fue aumentando su ritmo, mientras el hombre lamía con deleite y sus líquidos empapaban la cara del mismo. Este recorrió la canal hasta llegar al agujero trasero, se lo chupó con ganas y regresó a su gruta. Los gemidos de la mujer fueron subiendo de tono:
- Joder que bien lo haces, nunca mi marido me lo ha comido así. Sigue por favor, cómemelo todo…ogggg dios que bueno. sigue…
No tardó mucho en percibir como se convulsionó entrando en un tremendo orgasmo, sin importarle que sus fluidos llenaron la boca del hombre.
-ohhh siii que bien… ohhhhh me vengooooo.. que buenoo
Tras acabar con su orgasmo, se incorporó de la cama, y le dijo: -Anda ¡cómeselo a Encarna! ¡que lo está deseando!
Encarna, se levantó de inmediato como si le hubiera picado un escorpión, saltando de la cama y contestando: - ¿Quéeee? Ni hablar…..a mi no...
- Vale Encarna si no quieres no voy hacerte nada. No te asustes. Por favor no pasa nada. le contestó Enrique para calmarla.
Alexandra ante la negativa de su amiga, observó el bulto del pantalón del hombre. Era una temeridad, pero le entraron los deseos de ver el pene del mismo, sabiendo que seguramente intentaría penetrarla. No se lo pensó más y acercándose le desabrochó la correa del pantalón, tirando de ellos hasta sacárselos completamente. Acto seguido, con mucho deseo en su mirada, le bajo el slip, dejando a la vista los genitales del varón.
Ambas mujeres se quedaron sorprendidas ante las dimensiones del vástago de aquel hombre que habían conocido en el banquete esa misma noche. Ante la excitación que mostraba aquel pene, Alexandra exclamó: Joder. ¡Si que esta bien dotado! Y dirigiéndose a Encarna le dijo: ¿has visto…?.. es el doble de la de mi esposo. Pero mira que venas…ufff.. que buena polla se gasta.
Al momento tomando en sus manos el enorme vástago, la acariciado de arriba abajo, mirando morbosamente a la cara al hombre, para luego llevarla a su boca, comenzando a darle una soberana mamada. Comprobó excitada que no le cabía toda en su cavidad bucal, a riesgo de atragantarse. Tras unas buenas lamidas más, comprobó que el pene estaba duro y tieso como el palo de una bandera. No quería que se corriera aún. Sabía que no debía, pero “quería clavarse aquel pedazo de verga”.
A tal fin, se incorporó, y acercándose al oído del hombre le susurro: joder, me has puesto arrecha. No pensaba hacerlo. Pero,….uff “vas a tener que metérmela”…… Pero debes hacerlo despacio. La tienes muy grande… mucho más que la de mi esposo. ¡Pero, necesito tenerla dentro!
Se colocó en posición para que la penetrara, diciéndole: -Otra cosa. Tendrás que correrte fuera. Creo que estoy en mis días fértiles. Me noto muy caliente. No debo correr riesgos.
Enrique le puso la cabeza de su pija en la entrada de la vagina, y con gran parsimonia, aumentado su excitación, presionó metiendo primeramente la punta. ¡Uffff Alexandra estas quemando! Fue avanzando poco a poco, notando como la vagina se iba abriendo al paso de su potente daga. – oh Dios como me abres. Pero…no pares sigue.…
La agitación de la mujer al comprobar como aquella daga le estaba abriendo su cavidad vaginal como nunca, le hizo alardear gritos de júbilo, suplicando: Oh cabronazo… no me hagas sufrir más…¡Métemela toda!, la necesito toda.
De un solo empujón Enrique se la dejó ir toda. ¡Hasta el fondo!: Oh Dios.. ohhhh
Se puso a gritar y a llorar y darle palmadas en la espalda diciendo: cabrón que pija tienes, me tienes bastante abierta, mi marido lo va a notar. Pero no pares….
El hombre se quedó quieto por un momento, con todo su vástago alojado en la ardiente vagina, hasta que ella se acostumbró tener su pija dentro de ella. Una vez que comprobó que la mujer comenzó a relajarse, empezó a moverse despacio. Fue ella la que me dijo: oh Dios… cabronazo, que placer me estás dando. Sigue…. se siente muy rico. Me gusta…. Me está entrando bien adentro…
Enrique espoleado por la mujer comenzó a moverse de forma sincronizada, bombeando una y otra vez aquel coño, que perforaba sin piedad, viendo como comenzó a gemir y a gritar ante el placer que le estaba dando.
-oh cabron me matas.. ooohhh siiiiii
Le besó las tetas y se las chupó, con lo que notó que la fémina se relajó mejor, abriendo mejor sus piernas, pidiéndole que se la metiera hasta el fondo. Dios como te siento. ¡Métela toda!... Que grande. Uffff me voy a correr…..oggggg
Los bufidos de la mujer fueron espeluznantes ante las arremetidas del hombre, que la siguió perforando mientras se venía glamurosamente.
Tras alcanzar el orgasmo nuevamente, continuó con el bombeó una y otra vez sin parar, hasta que pronto tuvo un segundo orgasmo, no parando de gritar y gemir.
En ese momento Enrique, observó a Encarna, comprobando que la misma se estaba masturbando con la mano metida dentro de su braguita, mietras presenciaba la follada de aquellos.
Eso fue suficiente para que Enrique, tomara la decisión de salirse de Alexandra y sin el consentimiento de Encarna, se acercó a la misma, que se recostó sobre la cama. Ni corto ni perezoso, pasó su boca sobre la braga de la mujer, lamiendo y oliendo. En esta ocasión la embarazada no lo impidió. Mas bien suspiró al comprobar que le iba a comer el coñito.
-relájate Encarna…. no te hare daño…
-oh que me vas hacer ohhh
Lamió los extremos de sus muslos, y al rato apartó las bragas de aquella, comprobó extasiando el hermoso coño de aquella casada, verificando que no se cuidaba los vellos, por lo que tenía una pelambrera muy grande y negra. Separó los vellos, y puso su boca en la raja detectando la alta humedad y excitación de la mujer. Encarna comenzó a suspirar, gimiendo y moviéndose acompasadamente mientras el hombre lamía toda su raja, en un acto similar al realizado con la otra amiga. Ello fue suficiente para que esa muy se olvidara de su gestación, y comenzara a jadear, corriéndose al instante. ¡Joder sí que estaba caliente y deseosa!, se dijo el hombre
Alexandra que había visto lo acontecido, se acercó al oído de Enrique y le susurró: ¡Follatela!, ¡no ves que lo está deseando! Hace mucho tiempo que no se la follan. ¡Has visto lo deseosa que está! ¿A qué esperas!
Al ver que Encarna seguía sobre la cama sin inmutarse, abrió las piernas de la misma un poco más, la retiró totalmente la braga, y dirigió su potente nabo hacia aquel sabroso coño. Sorprendentemente tampoco lo impidió. Se notaba ansiosa, y en el fondo ansiaba ser clavada por aquella hermosa verga. Notó como su coño se abría, deseosa de que entrara ya. Enrique presionó viendo cómo pudo introducir más de la mitad de la verga. La al ver como la abría, exclamó:
- Oh dios que grande. Por favor ten cuidado con el bebe. Ohhhh es enorme… ohhhhh.
De un golpe de riñones le terminó de encajar la polla hasta los huevos, y ella al instante empezó a suspirar. El morbo de follarse a una embarazada hizo encabritar aún más al hombre, viendo cómo se endurecía aún más su vástago dentro de aquella. Decidió follarla a placer, y darle una buena cogida, consciente de que lo estaba necesitando.
-oh siii.. ohhhhh como me abres ooooo
Enrique comprobó con agitación que follar aquella mujer embrazada era un auténtico placer. Su polla entraba y salí de ella a un ritmo frenético hasta que la mujer alcanzó pronto su orgasmo, que disfrutó intensamente. El la siguió bombeando, dando muestras de un aguante y poderío poco común para un hombre de aquella edad. Encarna se sorprendió al ver iba alcanzar su segundo orgasmo, que alcanzó admirada, y disfrutando intensamente del mismo.
Mientras se relajaban, aún con sus pelvis juntas, observaron que Alexandra había marchado de nuevo al baño. Encarna entonces miró a Enrique, y le dijo: Aún no te has corrido. ¿Porque no follas de nuevo Alexandra y te corres dentro?
El hombre la miró algo sorprendido.
Pero ella añadió: Me ha confirmado que está ovulando. Porque no te la follas bien y “la preñas”. Creo que su marido, o no puede o no quiere. Estoy seguro que está deseando que la preñes. ¿Te atreverás?
Enrique no daba crédito a lo que le estaba pidiendo aquella mujer. Estaba perplejo, sin saber que responder. Aquella mujer quería que volviera a coger a su amiga y se corriera dentro. Mientras se mantenía indeciso, una vez salió de la vagina de aquella, sintió las manos de la mujer palparle abiertamente sus testículos diciéndole: “Eres el semental que necesita Alexandra”. Veo que tienes lo huevos repletos. Y mirándolo fijamente añadió: Te retienes, y pareces dudar. Pero,…sé que “te la quieres volver a follar hasta preñarla”. Y apretándole fuertemente los testículos le dijo: ¿verdad?, veo que eso te excita. “eres un cabronazo”.
En ese momento Alexandra volvía a salir del baño. Al como el hombre tenía el pene envarado de nuevo aún en las manos de su amiga, exclamó: Pero, ¿no te has corrido dentro de Encarna? ¿A que estas esperando?
Encarna le miró y le contesto: ¿Te lo reservo para ti!...¡quiero que seas tú la que le extraiga la leche a este semental. ¿Acaso no quieres sentir como se viene en tu coñito?. Te has fijado los huevos que tiene. Te aseguro que los tiene bien repletos.
-estas loca Encarna. ¿Cómo puedes pensar que voy a dejar que se corra dentro de mi? ¡Sabes que me podía preñar! - le contesto agitada, y como sorprendida ante las pretensiones de su amiga.
-No encontrarás un semental mejor. ¿Cuánto llevas buscándolo? ¿Seguro que tu esposo no te va a preñar, o no quiere hacerlo? y, acariciándose a ella, le acarició los senos sobre el vestido, diciéndole: ¿quieres o no quieres ser madre?
Alexandra se estremeció. Ciertamente se notaba sumamente cachonda. Las palabras desafiantes de su amiga, la estaban volviendo loca. Miró al hombre que formidablemente se la había follado esa misma noche, y que se mantenía recostado sobre la cama con todo su falo hincado hacia el techo como un verdadero misil.
Se dijo para si que era una autentica locura, pero no pensó desperdiciar la ocasión. En el fondo su amiga tenía parte de razón. Sabía que su esposo era poco probable que la embarazara. Quiso hacerlo. Sin pensarlo, se retiró las bragas que había vuelto a colocar, y desafiante se fue hacia el hombre, subiéndose a la cama, colocándose a horcadas sobre los muslos del mismo. Acercó su coño, descendiendo hasta alcanzar la cabeza de la enorme daga, y se fue dejando caer ensartándose aquella barrena hasta los huevos. Oh cabronazo como la tienes… oh me abres toda….
Se hallaba tan caliente, y aún tenía bastantes fluidos dentro, que mitigaron el dolor, y pronto se sintió a gusto con aquella barrena dentro. Comenzó a cabalgarlo como una diosa, y mientras Encarna la incitaba.
Enrique aprovechó para desnudar completamente a Alexandra sacando el traje por la cabeza, sin dejar aquella de cabalgarlo, momento en que pudo apreciar las hermosas tetas de la misma que ávidamente se llevó a la boca. Al momento Alexandra sintió sus contracciones notando un nuevo orgasmo, y se volvió a correr. Aún sin recuperarse, el hombre a hizo girar, echándola sobre la cama, y colocándose él entre sus piernas, la volvió a clavar con mucha más energía.
-Joder.. sigues con ganas de guerra. Ohh Dios como me abres papito… ohhh siiii
Enrique se la estivo follando varios minutos en esa posición, haciendo gemir a la mujer ante las tremendas embestidas que le propinó, gritando Alexandra: joder cabron, me estas reventando el coño. Me lo estas dejando muy abiertooo oh...
Momentos después, observó que el varón está a punto de venirse. De hecho, su pene se estaba inflando más dentro de su vagina. Dudo diciéndole:
- NO dentro no, estoy ovulando, me pudes preñar, ohhh nooooooo, no te corras dentro ohhhh mejor será que te salgas… ooo nooooo
No pudo terminar su frase, cuando sintió la primera lechada dentro, golpeando las paredes de su vagina. Oh lo estás haciendo ooo joder siento tu leche….. ohhhhh me vas a preñar…
Enrique preso de auténtica locura, no atendió a razones y comenzó un mete y saca impresionante, hasta el fondo, al tiempo que en cada penetración largaba lechada tras lechada, lanzando su preciada carga profundamente dentro de Encarna: chorros y chorros de semen salieron disparados contra las paredes de la vagina de la mujer, regando el útero de aquella. No parecía que me fuera a terminar de correrse nunca, viendo como estuvo largando leche dentro de su vagina varios momentos. Al terminar le dijo:
_ joder te has corrido dentro, estoy ovulando, seguro que me has dejado preñada. ¿Estás loco o que….? Joder no has parado de correrte. Nunca me habían regado de esta forma. La mujer intuía que, en su estado, y la copiosa eyaculación de aquel casado, sería suficiente para que sus vigorosos espermatozoides fecundaran sus óvulos.
Alaxandra miró a Encarna - tú se lo sugeriste ¿verdad?
-es tu mejor oportunidad de ser madre. Además, no podías tener mejor semental que este.
Ella lo se calló, como reflexionando. Luego a su amiga, diciéndole: ¿No sé cómo estarán nuestros maridos?, pero a este cabronazo me lo vuelvo a follar esta noche. Y tocando sus huevos, le dijo: te voy a dejar seco.
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Paloma no es solo la vecina caliente; es la arquitecta de un juego peligroso. Mientras su esposa cree que está ayudando a una amiga, el narrador sabe…
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La vecina veinteañera tetona
Marco lleva años mirando el vacío, hasta que los ojos verdes de Sara encienden una llama que creía extinta.
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María animada por el animador.
María siempre buscaba la provocación, pero esta vez el guía no solo miró: tomó el control. En la intimidad del hotel, las reglas del juego cambiaron…
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Primera vez con un negro
Siempre creyó que su secreto estaba a salvo, pero Luis tenía otros planes. Esta vez, no será una cita discreta, sino una lección de placer prohibido…
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El Cubano 4
Héctor sabe que no puede tener hijos, pero Penélope sí. Cuando el padre del bebé llega a su puerta, el marido no cierra la puerta, sino que se…
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