Xtories

María animada por el animador.

María siempre buscaba la provocación, pero esta vez el guía no solo miró: tomó el control. En la intimidad del hotel, las reglas del juego cambiaron y ella descubrió qué significa ser realmente usada por un desconocido.

Parejamorbocor16K vistas8.6· 10 votos

Estábamos en un lujoso hotel de la costa gaditana y decidimos hacer una excursión programada dentro de las actividades de animación, era una visita turística cuyo guía era un sudamericano alto y atractivo de unos 35 años, un poco mulato, llamado Ángel.

María iba como siempre, pidiendo guerra, con una blusa anudada a la cintura sin sujetador y un pantalón bastante corto, lo que captó inmediatamente la mirada lujuriosa del guía, lo que unido a que estábamos sólo cuatro personas en la visita, hizo que éste se deshiciera en atenciones con ella manifestando discretamente su deseo.

Una vez terminada la excursión, durante el almuerzo, estuvimos comentando cómo se había notado la atracción física del guía, afirmando ella que también se había sentido atraída por él, la cosa quedó así y, por la noche, tras la cena, cuando volvíamos a la habitación, nos lo volvimos a encontrar, lo invitamos a una copa en uno de los bares del complejo hotelero y comenzamos a hablar, esta vez María llevaba una falda de media longitud pero con una abertura que mostraba sus espectaculares piernas y blusa clara, sujetador más bien pequeño y tanga blancos, además de sus habituales taconazos.

Buscamos una mesa un poco apartada de las demás y ella se sentó frente al guía cruzando las piernas y él sólo tenía ojos para sus piernas, la conversación, que empezó discreta, se fue calentando, a la vez que se iba notando una creciente erección en el pantalón de él, y ella dijo que iba al servicio, al volver traía algo en la mano que entregó al guía, era su tanga.

Ángel la miró y muy caliente y con la bragueta hinchándose por momentos me dijo que le diera la llave y que no subiera a la habitación hasta que pasaran 15 minutos.

Cuando pasó este tiempo, subí y llamé a la puerta, ella me abrió completamente desnuda, al parecer, Ángel se lo había ordenado así y, mientras la puerta se mantenía abierta, cogió mi mano y la llevó a su entrepierna pudiendo notar yo enseguida que estaba llena de semen que manchó mis dedos, entonces ella se llevó mi mano a su boca y la lamió, por suerte no pasó nadie por allí.

Al entrar en la habitación vi a Ángel desnudo, lo suyo no era nada normal, unos 25 cms. y bastante gruesa, María, que al parecer había recibido instrucciones, me dijo que me podía desnudar si quería y que me sentara en una butaca, mientras ella se ponía a cuatro patas y se la chupaba al guía, cuyo pene apenas le cabía en la boca, hasta lograr una nueva erección, cuando el pene estaba ya bastante empalmado, su amante le tiró del pelo hasta que levantó la cabeza y se puso tras ella, que seguía a cuatro patas, la cogió por las caderas y la acercó al borde de la cama, entonces me pidió que trajera crema hidrante del baño y untara con ella el culo de María, ella afirmaba que aquello no podía entrar por allí, que por el coño ya costaba trabajo.

Cuando llegué con el bote de crema, el chico me pidió que lamiera bien el agujero del culo de ella, que estaba manchado de semen de la follada anterior, y le introdujera la lengua, cuando ya llevaba un rato haciéndolo, me ordenó que fuera untando la crema y él le metió dos dedos moviéndolos en círculos, me volvió a decir que untara crema y esta vez fueron tres dedos los que introdujo mientras María se quejaba en principio de dolor y, pronto, empezó a gemir de placer.

En ese momento, Ángel me dijo que abriera sus nalgas para facilitar la penetración, yo estaba ayudando a que un pollón violara el ano de mi esposa, él apoyó su glande y fue penetrándola poco a poco, cuando ya había entrado la mitad aproximadamente, la cogió de las caderas y tiró hacia él metiéndosela entera lo que hizo que María diera un grito que fue respondido por un fuerte golpe de él sobre sus nalgas, el follador empezó una violenta penetración y ella comenzó a gemir de placer, a mí me dijo el chico que me sentara en la butaca y disfrutara del espectáculo, efectivamente lo era, un auténtico espectáculo.

Él, al ser su segundo polvo en menos de una hora, estaba aguantando bastante y María no pudo más y gritó mientras se corría, entonces el chico se tumbó sobre ella y comenzó a acariciarle el clítoris, ella gemía de nuevo mientras su trasero era usado brutalmente, al poco, la penetración duraba ya casi quince minutos, ella se corrió de nuevo y sus movimientos hicieron que el chico se corriera casi de forma inmediata, mi mujer gritó dado que al correrse la polla que la penetraba se hinchó aún más, cuando el pene salió de su cuerpo un gran chorro de semen cayó desde su esfínter anal hacia las piernas manchando asimismo la cama, entonces, sin más palabras, el chico se fue y nos dejó allí.

Ella se sentía totalmente usada.

A la mañana siguiente, en la playa, ella me contó que cuando subieron en el ascensor ya él le iba penetrando el coño con los dedos mientras la morreaba, le quitó la blusa, teniendo que ir con los pechos al aire desde el ascensor hasta la habitación y, una vez allí, la tiró de un empujón sobre la cama y, sin quitarle siquiera la falda, la penetró bestialmente hasta eyacular y, después, la obligó a abrir la boca y la penetró oralmente hasta que yo llegué.