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La Esposa Correcta — Capítulo 22

Clara lleva la propuesta de su esposo a la mesa: quiere verlos. Luis no dice que no, pero la exclusividad que amaba se desmorona. Cuando tres personas imaginan la misma escena, el secreto ya no es suficiente.

Bruno del Valle1.8K vistas

Clara tardó dos días en volver a ver a Luis.

No fue casualidad.

Necesitaba tiempo para ordenar lo que Julián había dicho. La frase seguía resonando en su cabeza con una claridad incómoda.

“Si esto sigue… quiero verlo.”

No había sido una amenaza.

Tampoco un reproche.

Había sido algo peor.

Una posibilidad.

Luis estaba apoyado en la barra cuando Clara entró en el bar. Era temprano todavía y el local estaba medio vacío. Un par de hombres hablaban en una mesa del fondo. La televisión encendida sin sonido iluminaba la pared.

Luis la vio entrar y no sonrió.

La miró como quien intenta descifrar algo antes de preguntar.

—Pensé que no vendrías —dijo.

Clara se sentó frente a él.

—Yo también lo pensé.

Luis dejó el vaso sobre la barra.

—¿Y entonces?

Clara sostuvo su mirada.

—Tenemos que hablar.

Luis soltó una pequeña risa.

—Eso nunca es buena señal.

—No.

El silencio entre los dos fue breve pero pesado.

Luis apoyó los antebrazos sobre la barra.

—¿Qué pasa?

Clara respiró despacio.

—Julián me pidió algo.

Luis no apartó la mirada.

—Imagino.

Clara dudó un segundo.

—No es lo que crees.

Luis inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces sorpréndeme.

Clara sintió que el pulso se le aceleraba.

—Quiere vernos.

La frase cayó entre los dos como una piedra.

Luis no reaccionó inmediatamente.

Parpadeó una vez.

—¿Ver qué?

Clara no suavizó la respuesta.

—A nosotros.

El silencio que siguió fue más largo que cualquiera de los anteriores.

Luis bajó la vista hacia el vaso que tenía delante.

Lo hizo girar lentamente entre los dedos.

—Joder…

No lo dijo enfadado.

Lo dijo pensativo.

—Eso es nuevo.

—Sí.

Luis levantó la vista.

—¿Y tú qué piensas?

Clara no respondió enseguida.

Porque lo que pensaba todavía no tenía forma.

—No lo sé.

Luis la observó con atención.

—¿Te lo pidió o te lo propuso?

—Lo propuso.

—No es lo mismo.

Clara lo sabía.

Luis se reclinó un poco hacia atrás.

—Ese tío lleva años imaginándolo.

La afirmación no era una pregunta.

Clara recordó lo que Julián había dicho la noche anterior.

“Llevo años mirándolo en mi cabeza.”

—Puede ser.

Luis negó despacio con la cabeza.

—Claro que lo es.

Se quedó unos segundos en silencio.

Luego volvió a mirarla.

—¿Y qué espera exactamente?

—Que no vuelva a ser a escondidas.

Luis soltó un pequeño suspiro.

—Eso es una manera elegante de decir lo mismo.

Clara percibió algo en su tono que no esperaba.

No era burla.

Era incomodidad.

—¿Te molesta?

Luis tardó en responder.

—No me gusta.

—¿Por qué?

Luis sostuvo su mirada.

—Porque hasta ahora esto era entre tú y yo.

La frase le recordó inmediatamente algo que él mismo había dicho en el capítulo anterior.

“Esto empezó entre tú y yo.”

—Él siempre ha estado ahí —dijo Clara.

Luis negó.

—Sabiendo cosas, sí.

Mirando, quizá.

Pero no dentro.

Clara apoyó las manos sobre la barra.

—No ha dicho que quiera mandar.

Luis esbozó una leve sonrisa.

—No hace falta.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Clara lo observó con atención.

Por primera vez desde que todo había empezado, Luis parecía menos seguro.

—No tienes que aceptar nada —dijo ella.

Luis levantó la vista.

—Eso ya lo sé.

—Entonces ¿qué pasa?

Luis pensó unos segundos antes de responder.

—Que no sé si me gusta que otro hombre esté mirando mientras te toco.

La frase no tenía rabia.

Tenía una sinceridad directa que Clara no le había escuchado antes.

—Pero tampoco te he oído decir que no —dijo ella.

Luis soltó una pequeña risa.

—Porque tampoco sé si quiero decir que no.

Clara lo miró.

Luis se inclinó ligeramente hacia ella.

—Una cosa es imaginarlo.

Otra muy distinta hacerlo de verdad.

Clara sintió un leve escalofrío.

—¿Y cuál de las dos te preocupa más?

Luis no apartó la mirada.

—La segunda.

Hubo un silencio largo.

Clara se dio cuenta de que por primera vez los tres estaban pensando en lo mismo.

No en lo que había pasado.

En lo que podía pasar.

Luis terminó su vaso.

Lo dejó sobre la barra.

—¿Sabes qué es lo curioso?

—¿Qué?

Luis la miró fijamente.

—Que si él no lo hubiera dicho… tarde o temprano habría ocurrido igual.

Clara sintió que esa frase tenía más verdad de la que quería admitir.

—Puede.

Luis se levantó del taburete.

—No le digas que sí todavía.

Clara frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

Luis esbozó una sonrisa lenta.

—Porque primero quiero saber si de verdad quiero verlo.

Clara lo observó mientras se alejaba hacia la salida del bar.

No había rechazo.

Pero tampoco aceptación.

Solo algo mucho más peligroso.

Curiosidad.

Clara se quedó unos segundos más sentada.

Pensando en Julián.

Pensando en Luis.

Y por primera vez desde que todo había empezado, comprendió que la propuesta ya no era una fantasía.

Ahora los tres estaban imaginando la misma escena.

Y cuando eso ocurre…

lo más difícil ya no es evitar que suceda.

Es decidir quién dará el primer paso.

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