La Esposa que Aprendió a Mirarse (19)-EL REEL
El contrato estaba firmado, pero la verdadera transacción no era económica. Gema no solo iba a vender su imagen, sino su propia vergüenza. Y Javi, lejos de detenerla, encendió la cámara para ver hasta dónde podía llegar su esposa antes de romper el contrato.
Ya estaba listo y esperando a que ella terminara de arreglarse y en esa espera volvi a releer el contrato que ya estaba firmado.
El borrador era profesional, claro y detallado. Aquí va lo principal que nos llamó la atención:
Tipo de fotografías: Sesión principal para el catálogo digital y físico (aprox. 25-30 imágenes finales editadas). Estilo sensual-elegante, ropa interior de la marca (corsés, bodies, conjuntos de encaje, ligueros, tangas y accesorios). Poses sugerentes pero sin desnudo total ni explícito: escotes profundos, curvas marcadas, insinuación de piel, miradas intensas. Todo enfocado en resaltar cuerpos reales y curvilíneos de mujeres de 30-45 años.
Propiedad y autoría: Las fotos serán propiedad exclusiva de la marca (derechos de uso ilimitado, comercial, publicidad, redes, catálogo, web). La autoría corresponde al equipo de fotografía interno de la marca (un equipo profesional contratado por ellos, con director de arte y retocadores). Gema cede todos los derechos de imagen y explotación comercial a cambio de la compensación. Se incluye una cláusula de no difusión por parte de Gema de las fotos crudas o no aprobadas, salvo acuerdo expreso.
Publicidad que se les dará: Uso intensivo en redes sociales de la marca (Instagram, Facebook, TikTok), web oficial, catálogo impreso (edición limitada para ferias y tiendas asociadas), campañas de email marketing y posibles anuncios en revistas locales de moda íntima. El nombre completo de Gema o un alias (a elegir) aparecerá como “modelo principal” en todas las publicaciones. Posible mención en entrevistas o posts de “detrás de escenas”.
Incentivos laborales a percibir:
Pago fijo por la sesión principal del catálogo: 1.800 € netos.
Bono por exclusividad durante 12 meses: 600 € adicionales.
Porcentaje del 3% sobre ventas generadas directamente por campañas donde aparezca su imagen (estimado entre 500-2.000 € en el primer año, según proyecciones).
Prendas de la marca gratis (valor aproximado 800-1.200 €) para uso personal y redes.
Asistencias a pases de modelo: Obligatoria participación en hasta 3 pases o exhibiciones pequeñas durante los próximos 12 meses (ferias locales de moda íntima, pop-ups en boutiques asociadas, eventos de lanzamiento). Duración aproximada: 1-2 horas por evento. Transporte y catering cubiertos. Pago extra por desfile: 400 € netos por asistencia.
Asistencia obligatoria a fiestas de promoción de la marca: Obligatoria asistencia a un máximo de 2 eventos sociales al año (cócteles, cenas de presentación, fiestas privadas para clientes VIP o influencers). Duración: 3-4 horas. Vestimenta proporcionada por la marca. No es desfile, sino presencia como “embajadora”: fotos con invitados, redes sociales en directo, interacción. Pago extra: 300 € netos por evento + gastos cubiertos.
Al final del documento, una cláusula de confidencialidad y otra de cancelación: si Gema se arrepiente antes de firmar, sin penalización. Si firma y luego cancela, devolución proporcional de pagos ya recibidos.
Gema dejó caer el albornoz sobre la cama con un movimiento lento, casi ritual. La tela blanca se deslizó por su piel aún húmeda, dejando un rastro brillante. Respiró hondo, el pecho subiendo y bajando; los pezones endurecidos rozaron el aire fresco del dormitorio. Me miró con esos ojos verdes que parecían esmeraldas mojadas, brillantes de excitación y un miedo delicioso que le hacía temblar ligeramente las piernas.
—Joder, Javi… es real —susurró, la voz ronca todavía cargada del orgasmo reciente—. 1.800 por sesión, bonos por ventas, royalties, desfiles, fiestas VIP… y mi nombre —o un alias— en todas partes. Fotos mías en lencería por toda la web de la agencia, en catálogos que llegarán a miles de casas… La familia, los vecinos, los clientes de la cafetería… todos lo verán. Me da un vértigo que me revuelve el estómago.
Se acercó un paso, desnuda, el cuerpo todavía reluciente de agua y sudor, las tetas pesadas moviéndose con cada respiración, un hilo de humedad resbalando despacio por el interior del muslo.
—¿Estás segura? —pregunté en voz baja.
—Yo sí —respondió, acercándose hasta que sentí el calor de su piel contra la mía—. Creo que estoy descubriendo un exhibicionismo que llevaba años dormido. Todo esto me está encantando.
—Me alegro por ti —dije, sincero, aunque la voz me salió entrecortada.
—¿Solo por mí? —preguntó, ladeando la cabeza con una sonrisa lenta y peligrosa—. Pensaba que a ti también te gustaba…
—No lo sé —admití, tragando saliva—. Cuando estoy caliente me vuelve loco imaginarte posando. Pero en frío… me asusta. Todo va demasiado rápido. A veces echo de menos cuando éramos solo nosotros.
Gema se quedó callada un instante. Luego se pegó más, hasta que sus pezones rozaron mi camisa a través de la tela.
—Para mí eres lo primero —dijo con suavidad, pero firme—. Si quieres, ahora mismo llamo a la agencia, borro el email, rompo el contrato y seguimos siendo Javi y Gema, los de siempre.
—No —respondí casi sin pensar—. Eso sería ir contra lo que deseas. Nunca se me pasaría por la cabeza frenarte. Quiero verte feliz, aunque me dé miedo.
Sus ojos se humedecieron un segundo. Luego sonrió, esa sonrisa tierna que solo me regalaba a mí.
—Por eso eres mi marido y todo lo demás me importa una mierda —susurró, rozando mis labios—. Siempre me pones por encima de todo. Por eso siempre estaremos juntos… ¡mientras tú quieras!.
Me besó con ternura, con esa dulzura que me recordaba que no era solo sexo. Nos quedamos abrazados en la cama, ella desnuda contra mí, el albornoz olvidado a un lado y el vestido provocador que pretendía ponerse esa noche tirado en una silla.
—Se me han ocurrido dos ideas para ti —me dijo al oído, el aliento caliente haciéndome estremecer.
—¿Qué has tramado ahora?
—Primero, quiero empezar a grabar reels… y que tú seas mi cámara, mi director, mi cómplice. Que me grabes posando, que lo subamos juntos, que lo veamos juntos después.
—O sea, que me vas a convertir en tu cámara porno personal —reí bajito.
—No seas, malo y no lo estropees anda. Lo segundo… me gustaría que fueras tú quien me comprara la ropa para posar. La lencería o la ropa para posar… La ropa del día a día ya me encargo yo. Pero la que me ponga para las fotos o vídeos… quiero que la elijas tú.
—No me jodas, Gema… ahora tendré que hacerme experto en lencería erótica —bromeé.
—Venga, no seas tonto, ¿Vamos al concierto o nos quedamos en casa con una serie? —preguntó, mordiéndose el labio—. Mañana trabajas… bueno, tú trabajas, que la cafetería rinde sola.
—Ponte lo que sea y vámonos —dije, dándole una palmada suave en el culo desnudo—. Ya mañana arrasaré con la máquina del café.
Gema se levantó de un salto, riendo, y me miró con picardía.
—Hoy grabamos mi primer reel —dijo guiñándome un ojo—. Pero esta noche nos quedamos en casa. Después de la ducha me he enfriado… y al final no me apetece salir.
Insistí un par de veces, pero ella negó con la cabeza, rozándome el pecho con sus tetas desnudas.
—Me da pereza el coche, el tráfico, volver tarde… Otro día. Pero el reel lo grabamos hoy, ¿vale?
Asentí, agradeciendo en silencio ese paréntesis de calma. Ella empezó a vestirse delante de mí, despacio, provocándome sin esfuerzo, tanga negro de encaje que marcaba el surco de su coño, falda plisada corta color crema que apenas le tapaba el culo, camiseta blanca de tirantes fina sin sujetador que dejaba claro cuál era su intención.
—¿Dentro o fuera? ¿Jardines de la urbanización? —preguntó girando frente al espejo, la falda subiéndose lo justo para mostrar el encaje.
—En un rato atardece. La luz dorada te va a quedar brutal en la piel. Mejor fuera.
—Vale —sonrió con picardía—. Espérame en el salón. Quiero elegir bien la ropa para el primer vídeo. Quiero que salga especial.
Se metió en el vestidor dejando la puerta entreabierta. Oí telas, perchas, cajones. Cada sonido era una tortura lenta. Yo esperaba en el sofá, el móvil en la mano.
Cuando salió me cortó la respiración.
Short vaquero diminuto, más un cinturón ancho que una prenda, la tela deshilachada apenas cubriendo el inicio de las caderas, el culo completamente al aire, redondo y alto. No llevaba nada debajo. Arriba, camiseta blanca recortada a tijera justo bajo los pezones, el corte irregular dejando ver la curva inferior de las tetas, los pezones parecían querer asomar bajo el borde y luego esos tacones que ya había visto en otras ocasiones, rojos de aguja de doce centímetros que le alargaban las piernas hasta lo imposible.
Se paró en el centro del salón, giró despacio. La camiseta se levantó un poco más, mostrando el borde de las areolas. El short se le metía entre las nalgas, marcando a las claras donde empezaba y terminaba toda su intimidad.
—¿Qué tal para el primer reel? —preguntó ronca—. Si voy a ser modelo, hay que empezar fuerte. Grábame —susurró acercándose—.
Saqué el móvil, pulsé grabar. La luz del atardecer la bañaba en dorado. Caminó hacia el jardín, cada paso una provocación, el culo rebotando, la camiseta subiéndose, y los pechos asomando más de la cuenta cuando levantaba los brazos. Pensé que había poca diferencia entre el bikini del dia anterior y lo que hoy se había puesto.
Apoyó la espalda contra la pared, levantó los brazos, arqueó la espalda. Las tetas se elevaron, y las aureolas rosas de sus pechos hicieron presencia, era mínima la tela que impedía que saltaran a la vista sus pezones, que ya se hacían relevantes bajo la camiseta.
Entonces se oyó la voz desde el seto.
—Buenas tardes, vecinos.
Gema se detuvo. Yo bajé el móvil un instante. Era don Manuel, el vecino jubilado, asomado con los codos en la valla, los ojos abiertos como platos y una sonrisa boba e incrédula.
Gema no se tapó. Se giró despacio hacia él, mano en la cadera, arqueo aún mas la espalda, como queriendo que la camiseta se levantara lo justo para que aparecieran sus pezones.
—Buenas tardes, don Manuel —dijo con voz dulce y ronca—. ¿Qué tal?
Él carraspeó, sin apartar la vista.
—Espero que las fotos queden bien… porque la modelo lo merece. Estás espectacular, Gema. De verdad.
Ella río bajito.
—Gracias. Estamos probando para un proyecto nuevo. ¿Le gusta lo que ve?
—Mucho… nunca pensé que vería algo así desde mi jardín.
Gema miró hacia mí, los ojos brillando de morbo, y volvió a mirar al vecino.
—¿Quiere salir un segundo y ver mejor? Estamos grabando un reel... un video Don Manuel.
Don Manuel dudó un segundo. Luego abrió la puertecita del seto y salió, acercándose hasta unos metros, los ojos clavados en ella.
Volví a grabar.
Gema posó de espaldas con el culo en pompa. Tiro de la cintura del short hasta clavárselo en el culo todo lo que podía. Luego se inclinó hacia delante. Las tetas le colgaron con firmeza y sus pezones asomaron completamente. Don Manuel respiraba acelerado, su mano bajó instintivamente a la entrepierna, rozando la erección que ya se marcaba.
Gema se giró hacia la cámara —hacia mí— y susurró,
—Esto es para mi nueva red social… pero también para usted, don Manuel. Para que recuerde lo buena que es su vecina.
El vecino tragó saliva, apretando la erección por encima del pantalón.
Gema se acercó a mí, me quitó el móvil de las manos sin dejar de mirar al vecino y me susurró al oído:
—¿A que esto te pone?
Gema se acercó a mí, me quitó el móvil de las manos sin dejar de mirar al vecino, y me susurró al oído, ¿A que esto te gusta? Y me dio un profundo beso. Era imposible que no se me notara en la cara la excitación del momento, lo que aquello me gustaba.
La luz ya caía, tiñendo el jardín de azul oscuro. Las primeras estrellas asomaban sobre la urbanización. Entonces me vino la idea, sucia y repentina.
—¿Y si nos vamos al polígono de al lado?
Gema se detuvo, giró despacio, el culo rebotando ligeramente. Me miró con los ojos brillando en la penumbra, una sonrisa lenta curvándole los labios.
—¿El polígono industrial? ¿El de las naves?
Asentí. Ya lo imaginaba, con las calles desiertas y Gema posando contra una pared sucia, short diminuto, tetas casi al aire, fingiendo esperar un cliente.
—Joder, Javi… ¿quieres que pose como una puta de carretera?
—Sí. Quiero verte así.
Ella respiró hondo, con la respiración alterada que hacía que sus pechos subieran y bajaran aquella camiseta recortada.
—Vamos. Pero graba todo. Desde ya. Quiero verlo después.
Se puso una chaqueta fina para salir de la urbanización —no quería que más vecinos la vieran—, pero la dejó abierta. Caminamos rápido por las calles silenciosas hasta la valla baja que separaba ambos mundos. Al otro lado, estaba el asfalto agrietado, las naves cerradas y las farolas parpadeantes.
Entramos. El polígono estaba desierto. Solo el zumbido lejano de la autovía y el eco de sus tacones.
Yo grababa, la polla empezaba a ponérseme dura, y es que en ese momento me di cuenta de las apariencias de Gema, que bien podría pasar por una puta de las que se venden en callejones oscuros.
Mi mente ya lo veía, los polígonos industriales de las afueras, casi adyacentes a la urbanización, con sus naves cerradas, farolas amarillentas parpadeando, callejones oscuros y silenciosos donde, en las horas nocturnas, algunas chicas trabajaban de putas de carretera, de polígono, esperando clientes en minifaldas cortas y tacones altos. Y yo imaginaba a Gema allí, posando como una de ellas.
Gema se mordió el labio inferior, los ojos brillando con morbo puro.
—Joder, Javi… —susurró, acercándose hasta que sentí el calor de su cuerpo contra el mío, los pezones duros rozándome el pecho a través de la camiseta—. ¿Quieres que pose como una puta en el polígono?, mientras tú grabas como si fuera una de esas chicas...
Asentí, la voz apenas un gruñido.
—Quiero verte así. Quiero grabarte fingiendo que esperas un cliente…
Gema respiró hondo, el pecho subiendo y bajando rápido, como si jugara con aquella minicamiseta diseñada para el pecado.
—Vamos —dijo, la voz temblorosa de excitación—. Pero graba todo. Desde el momento en que salgamos de aquí.
Cogió una chaqueta fina para cubrirse un poco al salir de la urbanización —no quería que los vecinos la vieran salir así—, pero la dejó abierta, dejando ver la camiseta recortada. Salimos por la puerta trasera, caminando rápido por las calles silenciosas de la urbanización hasta llegar al límite con el polígono, una valla baja, un paso peatonal mal iluminado y al otro lado los primeros callejones oscuros, las naves estaban cerradas, las farolas viejas, mugrientas y amarillentas que apenas alumbraban el asfalto agrietado del lugar.
Entramos. El polígono estaba desierto a esa hora, solo el zumbido lejano de algún coche en la autovía, el eco de sus tacones en el asfalto retumbaba en el silencio de la noche. Gema se detuvo en el primer callejón estrecho, entre dos naves cerradas, una farola parpadeante iluminándola desde arriba.
Se quitó la chaqueta, la dejó caer al suelo sucio. Se giró hacia mí, apoyó las manos en una señal de tráfico, arqueó la espalda, levantó el culo hacia mí, se subió l short vaquero todo lo que pudo, tanto que aquella parte de aquel pedazo de vaquero le separo nalgas.
—Estaras grabando ¿no? —susurró, la voz temblorosa—.
Pulsé grabar. La cámara capturó cada detalle, gema se giraba despacio, se apoyaba en la pared con la espalda, abría las piernas, metió sus dedos en la parte superior del short del que tiraba para que no perdiera su tensión sobre su coño, sobre su culo..
—Esto me está poniendo mas de lo que pensaba… —susurró a la cámara—.
Gema continuó posando en el polígono, cada vez más suelta, más descarada, como si el riesgo del lugar la encendiera aún más. La luz amarillenta de las farolas parpadeantes le bañaba el cuerpo en un tono sucio y caliente, haciendo que la piel brillara con sudor y aceite corporal.
Se apoyaba en las paredes, arqueaba la espalda, ponía el culo en pompa hacia la cámara, abría las piernas lo justo para que el short se subiera. Se tocaba despacio, pasando sensualmente las manos sobre su cuerpo de forma provocativa o llevándoselos a la boca mientras miraba a la camara.
—Algunas tomas… serán solo para nosotros —susurró, la voz ronca y temblorosa—. Esas erán nuestras.
Cruzó la calle de acera a acera, sensualmente, haciendo botar sus tetas. Yo me quedé un instante parado en una esquina, revisando los vídeos en la pantalla del móvil para ver si estaban saliendo bien, la luz del atardecer había sido perfecta, el encuadre capturaba cada detalle sucio y caliente, cada gota de sudor, cada temblor de su cuerpo.
Gema siguió andando, separándose de mí unos metros, sola en por aquel callejón mal iluminado.
Entonces apareció.... el coche.
Un vehículo negro, lento, con los cristales tintados. Detuvo su marcha junto a ella y apago el motor. La ventanilla del copiloto bajó despacio.
Gema se detuvo, giró la cabeza hacia el coche, luego hacia mí. Me buscó con la mirada, los ojos abiertos, una mezcla de sorpresa y morbo puro. Yo me quedé quieto, medio oculto en la sombra de aquella esquina, el móvil todavía en la mano… comencé de nuevo a grabar.
Hice como que no la veía al principio. Dejé que la escena se desarrollara. Quería ver qué pasaba.
El conductor —un hombre al que apenas veía parecía tener pinta de ejecutivo— asomó la cabeza. Comenzó a charlar con ella, pero desde donde me encontraba no podía nada. Gema se acercó un poco más al coche, apoyando una mano en la ventanilla abierta, inclinándose ligeramente. El short se tensó, para casi convertirse en un tanga de tela vaquera. La luz de la farola les daba la iluminación justa para que pudiera ver desde lejos. El hombre la miró de arriba abajo, los ojos deteniéndose en las tetas casi al aire.
Gema giró la cabeza otra vez hacia mí. Esta vez me vio. Nuestros ojos se encontraron en la penumbra. Le hice un gesto con la cabeza desde lejos, un leve movimiento, una señal clara.
Continúa charlando.
Ella sonrió despacio, esa sonrisa sucia y traviesa que me volvía loco. Volvió a mirar al conductor, se inclinó un poco más, dejando que las tetas se acercaran al cristal abierto, los pezones casi asomaban con descaro. El hombre le dijo algo más. Ella río bajito, una risa que me llegó amortiguada por la distancia pero que me puso la polla aún más dura. Se tocó el pelo, se mordió el labio inferior, arqueó la espalda todo lo que pudo.
Yo imaginaba la conversación. No oía nada, pero lo sabía,
—Buenas noches… ¿estás trabajando? —Puede….
—¿Cuánto? —Depende de lo que quieras… y de lo que me pongas. —Sube. Hablamos en el coche.
—Aquí estoy bien… de momento. Enséñame qué tienes.
El hombre sacó algo del bolsillo —quizás dinero, quizás el móvil para grabar—, y se lo mostró. Ella río otra vez, se enderezó un poco, se tocó el pecho por encima de la camiseta, pellizcando un pezón que asomó por completo por el borde recortado.
Yo seguía grabando. El morbo me quemaba, mi mujer, vestida como una puta, charlando con un desconocido en un coche parado, ofreciéndose para un servicio.
Gema giró la cabeza una última vez hacia mí, me miró directamente, y me hizo un gesto con los ojos, ¿sigo?
Asentí despacio.
Gema se inclinó nuevamente hacia la ventanilla. El conductor no podía apartar los ojos, primero de las tetas casi al aire, y luego la miraba con los ojos perdidos en sus muslos.
Ella lo provocó más. Con una lentitud deliberada, levantó las manos y se subió la camiseta blanca hasta justo debajo de la barbilla. Las tetas quedaron completamente expuestas, pesadas, redondas, con los pezones duros y oscuros apuntando hacia delante, hinchados por la excitación.
El hombre debió tragar a duras penas, pero tuvo la valentía de extender su mano, intentando rozarle un pecho, quizás pellizcarle un pezón, como ella habia hecho antes.
Gema se separó de golpe, retrocediendo un paso, la camiseta cayendo de nuevo sobre las tetas. Rió bajito, una risa ronca y juguetona.
—No, no… —dijo, negando con la cabeza despacio, los ojos brillantes de morbo—. Solo mirar. La mercancía no se toca sin pagar.
El hombre insistió, la voz saliendo más grave, más urgente,
—Sube al coche. Hablamos mejor dentro. Yo soy de los que pagan bien. Solo un rato, un buen rato.
Gema volvió a negar con la cabeza, esta vez más firme, pero sin perder la sonrisa. Se mordió el labio inferior, se pasó la lengua por los labios, y dio otro paso atrás, dejando que el hombre viera bien como aquel minipantalon enseñaba más que escondía.
—No, gracias —dijo, la voz dulce pero tajante—. Creo que voy a declinar tu oferta.
Se giró despacio, el culo rebotaba con cada paso y caminó hacia mí sin prisa, los tacones volvian a resonar en el silencio nocturno. El hombre se quedó dentro del coche, la mano todavía extendida, la cara desencajada entre deseo y frustración. Arrancó el motor con un rugido seco y se volvió a acercar a ella.
— Venga anda, de acuerdo te pago 300 pavazos solo por la mamada. Entra al coche.
Lo pude escuchar perfectamente, el tipo le ofrecía 300 euros por una mamada, y ese precio era la respuesta a una propuesta. Estaba claro que era una propuesta que ella le debía haber hecho anteriormente.
El movimiento de ella los había llevado a estar a escasos metros de donde yo me situaba.
Gema volvió a pararse, se volvió a apoyar sobre la puerta del vehículo, se inclinó lo suficiente como para poder casi meter la cabeza dentro de aquella ventanilla. Ahora si lo pude ver, un tipo de unos cuarenta años, bien vestido con traje de chaqueta, de su mano colgaba un reloj grande, ocupaba el interior de aquel Volvo. Y ella con la cabeza a medio entrar en esa ventanilla, metió un brazo dentro del coche y por el gesto me imagino que, para tocarle el rabo, respondiendole....
— Te has equivocado de Puta, soy de las que hacen la oferta una vez, si no la pillas la pierdes. Si es por mi esta noche te quedas con el rabo duro o te terminas tú la paja. Puedes probar con otra compañera o puedes buscarme otro día.
— Hija de puta, me vas a dejar a si, ¡¡¡400 eurazos!!!, Hecho, lo que quieras, venga entra.
— Anda tira, que ya te he contestado y me espera otro cliente en la esquina – dijo mirándome y refiriéndose a mi - Veras como este no se lo piensa dos veces.
Gema se separó de aquel putero, dejándolo allí parado. El tipo se quedó viendo cómo se marchaba mi mujer, desconociendo que todo había sido un juego. El mirándole descaradamente el culo, le dio una voz -“Ese culo lo busco mañana y te lo follo, por mis muertos que me lo follo. Mañana te busco.”-.
Gema llegó hasta mí corriendo los últimos metros, riendo con esa risa profunda, liberada, cachonda. Me cogió de la mano, tiró de mí hacia atrás, hacia las sombras de la urbanización, y salimos corriendo del polígono entre risas ahogadas, los tacones golpeando fuerte contra el suelo, el culo rebotando bajo el short diminuto, las tetas temblando bajo la camiseta recortada.
Cuando llegamos a una calle más tranquila, nos paramos aun jadeando, aun
—¿Lo has grabado todo?
— Si, ¿Qué te ha dicho? —pregunté, la voz ronca, notaba mi rabo pidiendo aire.
Gema se acercó, me rodeó el cuello con los brazos, apretó sus tetas contra mi pecho
—Primero me ha preguntado si estaba trabajando —susurró, la boca rozándome la oreja—. Le he dicho que “Podía ser…”. Me ha mirado descarado las tetas, el culo, el coño… y me ha dicho que “subiera”. Que “cual era mi tarifa”. Que “tenía un sitio discreto cerca”.
Cuando me he acercado a la ventanilla me ha sido más brusco.
—Mira esta polla —gruñó, la voz ronca y cargada—. Mira cómo me la pones. Era gruesa, grande y venosa. Me ha dicho que eso era solo por verme.
—¿Te ha enseñado la polla?
—Si, ya la traía fuera, pero cállate que te sigo contando.
—Joder Gema, te han enseñado dos pollas en dos días, ayer Pepe y hoy el tipo este.
—Que te calles!!, o no sigo contándote.
— Me ha insistido en que subiera al coche. Me ha estado preguntado que si era nueva en la zona, y luego lo que le gustaría hacer conmigo, que si follarme el culo a cuatro en el asiento trasero, que si me escupiría en el ano rosado que debo tener y luego me lo chuparía, mientras me metía tres dedos en el coño. No se la cantidad de guarradas que me ha dicho en un momento. Que, si quería llenarme el culo de su leche caliente y luego me ha preguntado cuánto le cobraba por todo.
— Le miré la polla un segundo y me relamí los labios despacito, para recalentarlo y le respondí
—joder… qué gorda y qué fea la tienes. Pero no subo. Si quieres algo… negocia bien, cerdo.
— El hombre gimió fuerte y comenzó a meneársela delante mía, fue cuando te busque y me hiciste señas para que continuara. - Me figure que la situación te estaba poniendo guarro a ti también.
—Te doy 600, que ya es mucho para una puta callejera—dijo, casi suplicando—. Sube, me la chupas un rato, te follo el coño 15 minutos, te meto tres dedos en el culo y te dejo 600. Venga… mira cómo la tengo. Parecía desesperado por follarme. Debía de andar puesto de algo creo.
— En ese instante le dije que no, pero deje que la camiseta se subiera más y que pudiera verme los pezones, que te confieso que los notaba durísimos con todo aquello.
La interrumpí, -¿me estas contando que se estaba pajeando delante tuya? -
— Callaaaaa javi!!!, me ordeno.- y continuo contándome....
—Si se pajeaba frente a mi. Y No —le dije, con una voz firme y juguetona—. Por una mamada… 500. Te la chupo aquí mismo, con la puerta abierta y hasta te miro a los ojos mientras me la meto hasta la garganta, y si por cincuenta euros más, me trago todo lo que me eches y te chupo los huevos peludos y sudados que tendrás, cerdo… pero nada de follar. Nada de metérmela por el coño ni por el culo. Solo boca. 500. Ni un euro menos. O te quedas con las ganas y te pajeas solo pensando en mi boca tragándome tu lechecita
— El tipo gruñó frustrado, meneándosela con furia, la cara roja de deseo y rabia. Y me respondió, ¿500 por una mamada? Eso es carísimo, puta —dijo, casi gritando—. En cualquier polígono te la chupan por 80 o 100. Te doy 250. Última oferta. Sube un momento, me la chupas 5 minutos, me corro en tu boca y te dejo 250. Venga… sube.
— Reí suave, me separé del coche un par de pasos y dejé que me viera bien. No, cariño 500 o nada, le dije. Fue el momento en que me levante la camiseta. Ha sido cuando ha querido tocármelas, y le he dicho que la mercancía no se toca sin pagar antes, así que continue enseñándole las tetorras mientras me pellizcaba los pezones y diciéndole - como veo que no llegamos a un acuerdo… me voy que tengo otros clientes esperando. Que tengas buena noche… -
— Luego ha sido cuando venía hacia ti, eso lo has visto mejor. Ha vuelvo a acercarse para decirme que aceptaba pagar los 500 euros, y ha sido cuando me metido el brazo dentro del coche, le he cogido la polla, se la he sacudido dos veces y le he dicho que había perdido su oportunidad, que yo no era una puta como las demás. Que si quería volver a intentarlo que lo hiciera mañana. Y se acabó!!!, eso ha sido todo.
—¿Lo has oído todo? —susurró, rodeándome el cuello con los brazos, las tetas apretadas contra mi pecho—. Me ha enseñado su polla… Se la meneaba delante mía mirándome y diciendo que me iba a follar el coño y el culo hasta llenarme de su leche. Me ha ofrecido 250 por una mamada… y yo le he dicho 500 o nada y se la he tocado, le he tocado el rabo unos momentos, en los que ha cerrado hasta los ojos. Pero después se ha quedado con las ganas, pajeándose en el coche mientras me veía irme. Lo mismo hasta se ha corrido mirándome el culo cuando me he ido.
—Joder Gema!!! Joder... joder!!!, no tenemos solución, creo que tenemos un problema mental...
—Lo que tú quieras, llámalo como te dé la gana, pero a ti te flipa que los tíos suspiren los aires por tu mujercita, y a mí me pone muy guarra todo esto.
Me besó enredando su lengua con la mía, bajo su mano a mi entrepierna, apretándome la polla que ya tenía tiesa.
—Joder Javi, como te pone todo esto...!!!
Note que estaba tan mojada que sentía sus flujos bajándole por los muslos —susurró contra mi boca—. Pensaba en ti grabando desde lejos… en que me estabas viendo… en que veias como un putero me ofrecía dinero por follarme. ¿Te hubiese gustado que se la chupara, verdad?
— No lo sé, puede... no lo se.
— Aun estoy a tiempo.... sí es lo que quieres pídemelo!!!, por ti hago lo que quieras.
— Joder Gema....¿Lo harías?
— Si tú lo quieres, claro que lo haría, le cobraria los 500 euros, se la chuparia y despues dejaría que se corriera dentro de mi boca. ¿Es lo que quieres?
Me apretó más fuerte, frotando la palma contra mi erección.
—Vamos a casa —dije, con la voz temblorosa—
— ¿Estás seguro?, mira que esta puta no da dobles oportunidades....
— Lo hablamos en casa. ¡¡Lo hacemos mañana!! y así no incumples tu promesa de ramera. Mañana regresamos si quieres, pero ahora vámonos a casa. Quiero que me la comas a mi ahora.
Caminamos rápido de vuelta a casa, ella delante, el culo rebotando con cada paso, las tetas rebotaban una y otra vez bajo la camiseta, a cada paso, las tetas se le salían continuamente. Esta vez ni tan siquiera se tapó, la camiseta dejaba ver todas sus tetas sin pudor alguno.
Llegamos a casa jadeando, la puerta se cerró de un portazo que resonó en el silencio del salón. El corazón me latía en la garganta y rebotaba sobre mi polla ya dolorida contra el pantalón, el recuerdo del polígono golpeaba sobre mi frente de forma continua. Recordaba a Gema apoyada en la ventanilla del coche con el culo en pompa, el vaquero diminuto metido entre las nalgas. El tipo enseñándole la polla, meneándosela con furia mientras le decía guarradas, ofreciéndole dinero como si fuera una vulgar zorra, cómo ella le había enseñado las tetas, cómo él había intentado tocarlas y le había dicho “solo mirar”. Y cómo, al final, él se había quedado allí.
No hubo palabras al principio. Solo nos miramos. Y en esa mirada estaba todo, me empujó contra la pared del salón con una fuerza que no esperaba. Su boca chocó contra la mía en un beso guarro que saboreaba el morbo de la noche.
—Fóllame como si fueras él —susurró contra mis labios, la voz rota y temblorosa—. Trátame como una puta. Dime las mismas guarradas.
La giré de golpe, la puse de cara a la pared, le bajé el short de un tirón violento. El tanga no existía, estaba tan caliente que el coño era ya un charco de flujos que corria por entre sus muslos. Le di azote fuerte en el culo ¡plaf!, el sonido rebotó en el salón.
—Abre las piernas, puta —gruñí, la voz baja y sucia—. Abre ese coño que ese cabron queria follarte en el coche. Estas mojada solo de pensar en lo zorra que eres.
Gema gimió, abrió las piernas más, apoyó las manos en la pared, arqueaba la espalda sacando el culo, como pidiendo que volviera a azotarla, pero opte por separle las nalgas con las manos, alli estaba ese ano rosado y apretado asomando y justo delante el coño húmedo y hambriento.
—Primero te voy a comer el culo —le dije, arrodillándome detrás de ella—. Como él quería hacerte.
Escupí directamente sobre él, lo ensalive bien mezclándolo con el sudor que ya le corria sobre aquel agujero rosado. Luego acerqué la boca y lamí despacio, la lengua plana recorriendo el surco, metiendo la punta en aquel agujero, sintiendo cómo se contraía alrededor de mí. Gema gimió fuerte aaaahhh, empujando el culo hacia atrás, pidiéndome más.
—Joder… sí… méteme la lengua… lámeme el culo que ese putero iba a follarse… —jadeaba—. Imagínatelo, al guarro ese comiéndomelo.
Le metí la lengua más profunda, follándoselo con movimientos rápidos, y mis manos fueron hasta su coño para meter dos dedos que entraron sin esfuerzo, la humedad pronto corrió por mi mano, y como notaba que aquello era poco, muy poco fueron mis cinco dedos los que comenzaron a entrar de forma animal dentro de su coño y noté como le temblaban las piernas y el cuerpo convulsionaba contra la pared.
—Te voy a follar el culo —gruñí, poniéndome de pie detrás de ella—. Como él quería. Como quería meterte la polla gorda por detrás y llenarte de leche.
—Eres un guarro…hazlo!!!, ¿Te hubiera gustado verdad? ¿Que me lo hiciera?
— Silencio ZORRRAAA!!!! Plafffff y otra vez comencé a azotarle el culo fuertemente.
—SIIIII,, AAAHJHH, CABRON, SIIIIII, esto te gusta verdad... venga dame más!!!!
No pude más. Me bajé el pantalón, mi polla era imposible que estuviese más dura, pero ese no era el problema, el problema era el tamaño de el rabo que ella necesitaba.
Volvi a escupir copiosamente en el ano otra vez, puse la cabeza de la polla contra el agujero apretado y empujé despacio. Gema gimió largo y roto aaaahhh!!!! cuando la cabeza entró, el ano se abrió al instante, a ese culo le daba igual el tamaño. Empujé más y más, centímetro a centímetro, hasta que estuve dentro del todo y mis huevos pegados a su coño húmedo.
—Joder… como te ha entrado… —gruñí, empezando a moverme despacio, follándole el culo con embestidas profundas—.
—La de él era más grande, y me hubiese entrado igual. ¿Verdad?
— Seguro que sí, que este culo de puta se la hubiera tragado igual.
— ¿Quieres?... ¿Quieres que me la meta?, ¿Quieres que me lo deje follar por dinero?
— JODER!! JODER!!! Cállate coño!!! Que me corro!!!...
—Venga dímelo, pídemelo. Dime.... quiero que te lo dejes follar!!!
— CALLATE GUARRA!!!, Y le di con la palma abierta en la mejilla un soberano guantazo.
— AAAAHHH!!!, eso es... venga cabron!!!!, sigue!!!, siguee.... JODER!!!, EMPUJA MAS FUERTE!!!, MIRA QUE PUTA ES TU MUJERCITA!!!, Si se lo pides folla por dinero!!!!
— QUE TE CALLES GUARRA!!! Y volvi a abofetear su cara con la mano abierta
—VENGA DIMELO!!!, DILO...!! DIME QUE TE PONE VERME SIENDO UNA GUARRA!!!.. AAAAHHHHH
Gema gritaba, empujando hacia atrás, el culo rebotando contra mis caderas, apretándome cada vez que entraba y salía.
—Fóllame el culo… como una puta… —jadeaba—. DIME QUE QUIERES QUE OTROS ME FOLLEN!!!.
La embestí todo lo fuerte que podía, clave las manos en sus nalgas, abriéndolas para verla bien, como su culo se estiraba alrededor de mi polla. Su coño ya mojaba el suelo en densos goterones.
— JODER!!! CABRON!!!! LLEVAME A LA CAMA, Y FOLLAME O ME VOY OTRA VEZ AL POLIGONO!!! ¿Quieres eso?...
— GEMAAA!!! AAAAH POR DIOS NO SIGAS CON ESO...!!!!
— DIME LO PUTA QUE SOY, DIMELO AAAHAHHAHA, FOLLAME, SACA EL POLLON DE GOMA Y FOLLARME LO DOS!!!, SI SISISI, DIMELO!!! SOY UNA PUTA... QUE FOLLA POR DINERO...
Llegamos a la habitación, Gema me tiro sobre la cama y se puso encima a besarme mientras sus manos recorrían su cuerpo hasta llegar a mi polla.
— Hoy estas aguantando bien hijo de puta!!! ¿Te la puesto bien dura el putero ese verdad?
Bajo hasta mi vientre repartiendo besos por todo mi cuerpo Su mano izquierda atrapo mi rabo y comenzó a pajearme escupiendo sobre el.
— Asi se la he tocado!!, asi se la he meneado dentro del coche – susurro-
— AAAHHH!! GEMAAA!!! NO no me digas eso.
— Te hubiese gutado verlo ¿Verlo verdad?
— SIGUEEE!!!, SIGUEEE....NO PARESSS!!!
— Te hubiese gustado, lo se, ¿pero sabes qué?, no lo vas a ver hasta que te folles una tía delante mía.
— COÑO GEMA SIGUEEE!!! MIRA QUE ERES GUARRA!!!! AAAHHHHH
— SOY UNA GUARRA???? SI? ESO SOY? QUIERES QUE TRAIGA DINERITO A CASA Y PAGUEMOS LA HIPOTECA CON EL DINERITO GANADO CON MI COÑO???
— NOOOO!!!, JODER!!!, PERO QUE FURCIAAAAA!!! AAAHH
— Levanta las piernas que vas a ver lo puta que soy.
Levante las piernas y gema escupió sobre mi culo varias veces...
— ¿Esto es lo que me dijiste que te gustaría que te hiciese verdad?
— SIIII!!!!! ¿ Vas a hacerlo?
— Ya te dije que en el sexo no tengo limites, que me pidas lo que quieras, venga disfruta guarrito mío.
Puso sus manos sobre mi culo y lo abrió, note como el frescor del aire impactaba directamente sobre él. Primero solo besos suaves alrededor, sus labios rozaban la piel sensible de las nalgas, iban bajando suavemente hasta detenerse justo en el borde del agujero sin tocarlo aún.
Mi respiración se hizo pesada y densa. Escuche a ella sonreír y entonces vino la lengua. Un lametón largo desde los huevos hacia abajo pasando por todo el perineo hasta detenerse en el ano. Lo saboreó despacio, girando la punta alrededor de él, sintiendo cómo me contraía y relajaba con cada pasada.
—Relájate... —susurró, antes de presionar la lengua contra el centro.
El esfínter cedió poco a poco, caliente y aterciopelado por dentro. Ella empujó más profundo, la lengua refrescando aquel lugar, moviéndose en círculos lentos mientras sus manos mantenían mis nalgas bien abiertas. Mi jadeo se volvió fuerte, las manos aferrándose a las sábanas, mi cuerpo comenzaba a temblar. Su lengua entrando y saliendo en ritmo constante, succionando suavemente el anillo cada vez que se retiraba, haciendo que se abriera más con cada embestida.
Una mano de ella llego para acariciar mis huevos, masajeándolos con suavidad mientras la otra rodeaba mi polla dura, me masturbaba lentamente al mismo ritmo que su lengua. Cada contracción hacía que yo me arqueara, empujando hacia su boca.
—No pares... joder, cómemelo más profundo... —gruñí con la voz ronca.
—¿Te esta gustando? Me pregunto.
—Delicioso AHHAHHHAHAHAH!!!.
—Pues al putero seguro que también le hubiese gustado. ¿ No crees?
—Seguro.
—Pues se acabo!!!, que quiero que me folles ya y te vas a correr antes de hacerlo.
Cuando por fin se retiró, notaba el culo mojado, palpitando todavía. Ella se inclinó y le dio un último beso suave justo en el centro, haciéndolo estremecerse de nuevo.
—Delicioso...? ¿¿De donde te ha salido eso?? Mariconazo!!!! Jajaj, Delicioso lo digo yo, pero tu querrás decir que te ha encantado que la PUTA de tu mujer te haya comido el culo. —dijo con una sonrisa satisfecha, lamiéndose los labios—. Ahora ya sabes, saca a nuestro amigo de la mesilla.
Estiré el brazo, abrí el cajón y de nuevo teníamos la compañía de aquel rabo de goma grande y enorme.
Gema se puso a cuatro patas sobre la cama, me mostro el culo grande y redondo elevado. Su coño no paraba, seguía como una fuente que no paraba de fluir, el líquido espeso continuaba fluyendo, resbalando y goteando en las sábanas.
Cogió el consolador, negro, grueso, venoso, de 32 cm con la cabeza gorda y venas marcadas, lo miró un segundo con los ojos vidriosos de deseo. Le escupió en la punta con saliva espesa sobre la cabeza, luego lo alineó con su coño abierto y, sin preámbulos, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡se lo metió completo de una vez AAAAAAAAAA!!!!!!!!!! El consolador desapareció hasta la base entre sus labios hinchados, su coño se estiraba alrededor de ese grosor con un sonido húmedo y obsceno. Se machacaba el coño con crueldad, gemia fuerte AAAAAA!!!, AAAA!!!, SIIIII!!!,, AAAAAAA, ASI ME FOLLARIA EL PUTERO ESE!!!, CON ESA POLLA GORDA!!! ASIIII.
Su cuerpo temblaba y yo la miraba pajeándome, disfrutando de verla, las tetas le colgaban y chocaban entre si mientras se follaba con el consolador en movimientos rápidos y brutales plap-plap-plap-plap-plap.
Se giró la cabeza hacia mí, los ojos entrecerrados, la boca abierta en un gemido continuo unghhh-unghhh-unghhh.
— ¿A que esperas? Fóllame el culo…!!!!!—suplicó con la voz rota y temblorosa—. Fóllame el culo ahora mismo, Javi. Soy una putaaaa!!! AAAAAAHHHHH que se abre de piernas por dinero…
Le separé las nalgas con las manos, puse la cabeza contra su ano y empujé de un golpe. Gema gimió largo y roto aaaahhh-SIIIIIIII!!! ASI, ASI.... ASIIIIIIII!!!, cuando entro todo de una vez. Aquel ano volvia abrirse para recibirme. Empujé hasta el fondo, hasta que estuve dentro del todo, los huevos pegados a su coño ya lleno del consolador, notaba como las paredes de su utero rozaba contra mi polla con la forma de aquella polla de de goma.
Gema gritaba, empujando hacia atrás plap-plap-plap-plap-plap, el culo rebotando contra mis caderas.
— JODER!! ¡¡¡POR FIN ME FOLLAS COMO DEBE SER!!! JODER JODER QUE BUENO!!!
De nuevo disfrutaba como hacia tiempo que no lo hacia, me estaba dejando llevar por todo, cada vez que se introducía el consolador en su coño, su culo me apretaba fuertemente la polla. Y comenzamos a acompañarnos en gemidos bestias que salían sin control. AAAHHHA HAHAHHAHA HAHAHHA
— ¿TE GUSTA ESTO? DIMELO...¡¡¡DIME QUE TE GUSTA... DIME QUE ME FOLLARIAS JUNTO A OTRO, DIME QUE TE HUBIESE GUSTADO QUE ME FOLLARA AL PUTEROOOOO!!! AAAAH AHAHAHA!!
— AAAH,, SIIIII, SIIIII PUTA... SIIII!!! FOLLATELOOOO!!! rugí, agarrándole las nalgas con las dos manos, abriéndolas para poder ver aquel espectaculo guarro y soez. PLASH PLASH, volvia a golpear con la palma abierta sus nalgas sin control.
— AAAA QUE CABRROOONNNN!!! LO SABIA, AAAAAHH, LO SABIAAAA!!!, CABRON, DIMELO.. DIMELO OTRA VEZ, DIME COMO QUIERES QUE ME FOLLE!!!
— JODERRR!!! GEMA!!!! AAAAAAHHHH QUE GUARRA... QUIERO QUE TE FOLLE QUE TE FOLLE EL CULO, QUE TE TRAGUES SU CORRIDA... AAAAAAAHH, POR DIOS QUE PUTA!!! QUE BUENO......!!! bramé, embistiéndola con toda la fuerza.
— AAAAHHH QUE PUTO GUARRO ERES!!! ¿QUIERES QUE VAYAMOS MAÑANA Y QUE ME FOLLE ALLI COMO UNA PUTA POLIGONERA? ¿QUE ME DEJE FOLLAR POR DINERO? AHAHAHHHHA, AHAHH!!!
— SI, SI....SI... QUE TE FOLLE, MAÑANAAAAAA, MAÑANA....MAÑANAAAA VAMOS Y LE COBRAS 1000 EUROS. RAMERAAA!!!!
— SISISISI, ME CORROOO, CABRON ME CORRROOO, POR FIN!!! ME CORRO CON TU POLLA DENTRO... ME CORRO!!!, GUARRO ME CORRRROOOOOO COOOOOMO UN PUTAAAA AHAHAHAHH!!. chilló Gema, el cuerpo convulsionando violentamente
Y se corrió, se corrio bestialmente, una corrida tan abundante como si alguien hubiese derramado un cántaro de agua sobre la cama. El chorro caliente salió disparado alrededor del consolador, salpicando mis muslos, las sábanas, el suelo, en chorros largos y espesos que no paraban. Su culo se contrajo alrededor de mi polla con espasmos brutales, apretándome tan fuerte que casi me hace correrme dentro de ella.
— JODER!! Que bueno Javi, que bueno... por fin... contigo... por fin comenzó a susurrar para si misma. - Ahora te toca a ti, dijo elevando el tono de voz.
—Ahora sácala… quiero que te corras en mi boca —dijo, la voz rota—. Quiero tragar tu lefa… como él quería que tragara la suya.
Me aparté, la polla saliendo del ano con un pop húmedo. Gema se giró, se arrodilló en el suelo del salón, abrió la boca, sacó la lengua larga y rosada, los ojos fijos en mí.
—Córrete sobre mí… en la lengua… en la cara… —suplicó—. Trátame como la puta del coche.
Me la meneé rápido apuntando a su boca abierta, tarde muy poco. Solté varios chorros gruesos y calientes salieron disparados, uno en la lengua, otro en la mejilla, otro en la barbilla, goteando por su cuello hasta las tetas. Gema gemía mmmhhh, la lengua fuera, recogiendo cada gota, tragando lo que podía, el resto cayendo sobre su piel en hilos blancos y espesos.
—Coño Gema,....- dije con la respiración acelerada como el motor de un formula 1 – Ha sido bestial.
— Lo has disfrutado bien mamón y se te ha notado, ojalá siempre fuera así. Estoy muerta.
Ella sonrió, exhausta y satisfecha, los ojos brillando. Quedamos sudados tumbados uno junto al otro, en aquella noche calurosa del verano.
— Anda déjame el móvil, que vamos a ver que video subimos....
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