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Chica cascabel 5

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<p>Bruno abrió los ojos y con cautela, movió la cabeza para averiguar dónde estaba. Lo primero que vio fue el rostro hermoso y enmarcado en una melena rubia de Blanca, que estaba sentada a su lado en la enfermería. Por un instante se sintió reconfortado, pero enseguida le llegó la amarga sensación de vergüenza.</p> <p>- ¿Cómo te encuentras?- Le preguntó la chica.</p> <p>- ¿Qué haces aquí?- Respondió él con otra pregunta.</p> <p>- Yo…- Contestó Blanca.- He pasado por aquí para ver cómo te encontrabas. </p> <p>- Estoy bien,- dijo él de forma seca.</p> <p>- Vale. Bueno.- Blanca se levantó sin saber muy bien qué decir.- En ese caso me voy. Tengo que estudiar.</p> <p>- ¿Estuviste allí?- Preguntó él- ¿Lo viste?</p> <p>Blanca asintió con la cabeza y se alisó la falda. Quería decirle que no le juzgaba, que todos sentían lo mismo, que no debía sentirse mal por aquello. Pero no encontraba palabras, de modo que le dedicó una pequeña sonrisa a modo de despedida y se dirigió hacia la puerta. La voz de su compañero la detuvo.</p> <p>- Blanca.- Dijo.- Te llamas Blanca, ¿verdad?</p> <p>- Sí. </p> <p>- Yo… Gracias.</p> <p>La sonrisa de ella se amplió y Bruno se sorprendió a sí mismo pensando que era preciosa. La chica salió por la puerta y avanzó por el pasillo hasta que un compañero la llamó desde lejos, mientras se acercaba. Era alto y delgado, con unas gafas redondas que le daban un aspecto de intelectual de obra de teatro. Le habían dicho que pertenecía al club de ajedrez de la Institución y parecía nervioso y con prisas.</p> <p>- ¡Ah! ¡Qué suerte!- Exclamó al verla, dirigiéndose a ella.- Ven conmigo. Te necesito para un reto. </p> <p>- ¿Un reto? ¿Qué clase de reto?- Se sorprendió Blanca.</p> <p>- Un reto de ajedrez, claro.- Respondió él como si no fuera posible de alguna otra clase.</p> <p>- Pero yo no sé nada de ajedrez,- protestó Blanca.</p> <p>- Como todo el mundo,- contestó el muchacho.- Pero no importa. Vamos. </p> <p>La agarró de una mano y la llevó por el pasillo hasta que se encontró con otro compañero que charlaba con Alba. La pelirroja lo escuchaba con la expresión de un ratoncito que quisiese escapar de una jaula. Su rostro redondo, enmarcado en rizos rojizos, se iluminó cuando vio llegar a Blanca.</p> <p>- ¡Blanca!- Exclamó.- Veo que vienes con Jacobo. ¿Conoces a Santiago?- Presentó al chico con el que charlaban. Rubio, despeinado y con aire distraído.- Me estaba explicando cómo son de exigentes las sesiones del club de ajedrez. Es apasionante. </p> <p>- Hola, Alba.- Saludó Blanca con afabilidad.</p> <p>- ¿Has pasado por la enfermería?- Preguntó la pelirroja.- ¿Sabes cómo está Bruno?</p> <p>- Dicen que se recuperará,- respondió Blanca.- Eso espero.</p> <p>- Sí,- estuvo de acuerdo Alba con algo de tristeza en su voz, pero enseguida regresó a la realidad, los miró a los tres y recuperó su sonrisa.- Bueno, pues ya que estais todos y veo que no me necesitáis, os dejo y ya me contaréis cómo fue ese reto de…</p> <p>- No, no, no.- Interrumpió nerviosamente Jacobo.- Os necesitamos a las dos. Venga, venid por aquí.</p> <p>Alba miró a Blanca con resignación. Su intento de escapar había fracasado. De modo que acompañaron a los dos ajedrecistas hacia el spa que había en la Institución. Eran unas instalaciones que aunque en teoría estuvieran a disposición de todos los alumnos, en realidad sólo podían acceder los que tuviesen un permiso de los profesores. Y ese permiso sólo se concedía por méritos de estudio o deportivos, o en algún caso, por enchufe. Ninguna de las dos había entrado nunca y les provocaba cierta curiosidad.</p> <p>Pasaron junto a una piscina de poca profundidad, de la que emanaba calor y llegaron a unas puertas cerradas con un cristal en ellas. Jacobo manipuló un mando en la pared.</p> <p>- Esta es la situación,- comenzó a explicar Jacobo.- Cualquier idiota puede jugar una partida sentado tranquilo en una mesa y con los cinco sentidos en el tablero. Creo que estamos de acuerdo.- Santiago asintió como si fuera algo evidente y las dos chicas se miraron sin comprender.- Lo que distingue a un genio, es la capacidad de hacer frente a los retos en condiciones hostiles y con circunstancias que supongan una distracción extrema. </p> <p>- Extrema,- confirmó Santiago.</p> <p>- De modo que no perdamos el tiempo. Desnudáos rápidamente,- añadió Jacobo señalando los vestuarios.- He puesto la sauna a una temperatura no demasiado alta, porque tampoco es cuestión de acabar en la enfermería. ¡Venga, rápido! Este es el duelo del siglo.</p> <p>Se dirigieron a los vestuarios y se desnudaron, como había indicado Jacobo, aunque como marcaban las normas, se dejaron en el cuello el choker con el cascabel. Blanca no había visto hasta entonces el cuerpo de Alba, aunque le provocaba curiosidad. Su pìel era aún más blanca que la suya y las pecas que salpicaban sus mejillas se repartían también sobre sus pechos. Era una chica delgada, pero con las caderas pronunciadas y los pechos grandes, incluso algo más que los de Blanca. </p> <p>- ¿Qué crees que están tramando?- Le preguntó Blanca.</p> <p>- Ni idea,- respondió Alba.- Conociendo a estos empollones, cualquier cosa rara. Sólo espero que no quieran un numerito entre nosotras.- Y mirando a su compañera, enseguida añadió:- No, no es por ti. Me caes muy bien. Eres un encanto. Yo es que… Me gustan los chicos y no termino de acostumbrarme a hacerlo con chicas. Ya sabes. Me cuesta mucho.</p> <p>Al poco rato, ellos salieron con una toalla alrededor de sus cinturas y ellas, igualmente, con una anudada sobre sus pechos. Jacobo abrió la puerta de la sauna, de la que escapó una humareda de vapor y los invitó a entrar. Blanca nunca había estado en una sauna. Era una habitación pequeña y agobiantemente calurosa, tanto que costaba respirar hasta que te acostumbrabas. Las gafas de Jacobo se empañaron enseguida. En tres de las cuatro paredes había unas gradas de dos niveles, no demasiado altas, donde uno se podía sentar. Los chicos se sentaron en la hilera superior de una pared y las chicas en la de la contigua. </p> <p>- Vale, ya estamos en un ambiente hostil, podemos estar de acuerdo, ¿no?- Preguntó Jacobo. Santiago asintió y las chicas se limitaron a observarse en silencio. Además del calor, Blanca empezó a sentir toda su piel mojada, no sabía si por el vapor o por su sudor.</p> <p>- Ahora queda la distracción.- Continuó Santiago.</p> <p>- En efecto,- estuvo de acuerdo Jacobo.- Y para eso están aquí las chicas. Venga, empezad.</p> <p>- ¿Empezar a qué?- Preguntó Alba.</p> <p>- Empezad a… Bueno, ya sabéis. Empezad- Añadió Jacobo con su movimiento nervioso de brazos.</p> <p>- Para empezar tenéis que montároslo entre vosotras,- explicó Santiago más tranquilo.- Y cuando la partida avance, pues ya con nosotros. Creo que está claro.</p> <p>- Clarísimo,- respondió Alba y con un suspiro de resignación, miró a Blanca.- Bueno, chica, al menos eres tú.- Y diciendo ésto, dejó caer su toalla y se quedó desnuda.</p> <p>Blanca la imitó, y con ciertas dudas se acercó a Alba. Puso una mano en su hombro y otra en su pecosa mejilla, y sintió las manos de su compañera en su cintura. acercaron sus rostros y sus labios se rozaron levemente. Miró con el rabillo del ojo a los chicos y vio el acusador bulto bajo las toallas. </p> <p>Alba puso también una mano en la cara de Blanca y la besó en los labios. Fue un beso tierno y suave, uno agradable y cálido, pero Blanca se sorprendió deseando que la otra chica fuera Celeste. </p> <p>Se esforzó por desechar ese pensamiento y como reacción al mismo, devolvió el beso con pasión. Su compañera se entregó, a pesar de las reticencias que le había confesado en el vestuario. Bajó sus labios hasta el cuello de Blanca y lo besó. Ésta se lo ofreció apartando la cabeza, y bajó sus manos para acariciar el cuerpo de la pelirroja.</p> <p>Alba siguió bajando hasta los pechos de Blanca. Los acarició con las manos y aplicó su boca a uno de los pezones. Blanca aferró la cabeza de su compañera, su mano entre los rizos anaranjados y no pudo evitar que se le escapase un suspiro.</p> <p>- Empezamos, ¿no?- Dijo Jacobo.</p> <p>- Em… Empezamos.- Santiago no podía desviar su vista de las dos compañeras desnudas. Su piel húmeda brillaba mientras se acariciaban y se besaban.- Va… Vale. Tú jugabas con blancas. Te tocaba.</p> <p>Alba se había escurrido como una serpiente tras la espalda de Blanca, que sentada en el escalón de la grada, se dejaba acariciar. Una vez allí, sin dejar de besar el cuello de la rubia, la pelirroja masajeó uno de los pechos y bajó su otra mano por el abdomen hasta el monte de venus depilado de su amiga. Comenzó a masturbarla con movimientos amplios, para que desde donde estaban ellos fuera visible lo que estaba haciendo.</p> <p>- Peón a e4,- dijo Jacobo.- Clásico, sin rodeos.</p> <p>Alba ahora había vuelto frente a Blanca. Sin dejar de masturbarla, se había colocado sobre una de sus piernas, como si la estuviera cabalgando. Movía suavemente sus caderas, frotando su propio sexo contra la húmeda piel del muslo de Blanca. Ahora, las dos dejaban escapar suspiros y algún gemido suave.</p> <p>- Peón a e5,- respondió Santiago.- No te voy a dejar tan fácilmente el centro.</p> <p>- Caballo a f3,- se apresuró a continuar su amigo mientras limpiaba de vaho sus gafas para poder ver bien.  </p> <p>Los movimientos de la cadera de Alba eran más pronunciados y se acompasaban con los de Blanca, que respondía de forma involuntaria a la masturbación. Ésta debía desechar de vez en cuando la imágen de Clara que le volvía a la mente. Estaba confundida. Ella no era lesbiana, siempre le habían gustado los chicos, pero por alguna razón, en aquella situación, ofreciendo su cuerpo a una chica, hubiera deseado que fuera su morena compañera de habitación. </p> <p>- Caballo a c6,- respondió Santiago y Jacobo se removió más nervioso de lo que era habitual en él. </p> <p>- Alfil a a4,- contestó.- Supongo que reconoces una Ruy López. Quiero ver qué tan bien te sabes la teoría del bando español.</p> <p>Ahora era Blanca la que chupaba el pecho de Alba. Sus pezones estaban duros y la muchacha reaccionaba a cada movimiento de su lengua con un estremecimiento y un gemido. En ese momento el cuerpo de la pelirroja se contrajo en unos escalofríos prolongados. Blanca se dio cuenta de que había tenido un orgasmo masturbándose contra su muslo. Alba le sujetó el rostro con ambas manos para alzarlo de su pecho y con suavidad la besó de nuevo en los labios.</p> <p>- Peón a a6,- replicó su rival.- Ese alfil.. Retrocede o decide qué hacer.</p> <p>Alba le hizo una seña a su amiga con los ojos y Blanca asintió. Con movimientos sinuosos, se levantaron de su bancada y se dirigieron a los dos ajedrecistas, que se sorprendieron un instante.</p> <p>- Creo que habrá que aumentar el grado de distracción,- anunció con voz suave Alba.- ¿No crees Blanca?</p> <p>- ¿Cuál prefieres, Alba?</p> <p>- Me quedo con el de las gafas, preciosa. </p> <p>- A… A… Alfil a a4,- casi no pudo pronunciarlo Jacobo cuando Alba le arrancó la toalla que cubría su erección.-  Pongo a salvo a mi rey. Y supongo que prepararás tu enroque.</p> <p>Blanca comenzó a acariciar el pene duro de Santiago. Era fácil debido a que estaba cubierto de humedad como el resto de sus cuerpos. </p> <p>- Yo…- Santiago dio un respingo cuando Blanca comenzó a hacerle una felación. Los suaves labios de la rubia envolvía su glande y se movían proporcionándole placer.- Ca… Caballo a… f6. ¡Sí! ¡oh! Quiero decir… sí… F6.</p> <p>Alba estaba también aplicada al sexo oral. Su cabeza se movía en un ritmo pausado arriba y abajo mientras introducía la verga de Jacobo hasta su garganta y la sacaba casi completamente.</p> <p>- Vamos con un desarrollo estándar,- dijo el chico recostándose en la grada.- Enroque corto y protejo al rey.</p> <p>- Yo también,- se apresuró a responder Santiago.- Preparo el enroque y mantengo la tensión. Alfil a e7.</p> <p>- Torre a e…. ¡Eeeh! ¡Ah!- Jacobo lanzó una exclamación cuando Alba, que se había sacado su pene de la boca, lo masturbó apenas un segundo antes de que sotase un chorro de semen que se alzó casi medio metro. La chica pareció satisfecha de haberse retirado a tiempo y no recibirlo en su boca.- …A e1. Torre a e1. Sí… A e1.</p> <p>- Peón a b5,- se apresuró Santiago a hablar, porque sentía también llegar su orgasmo. Se corrió en la boca de Blanca, que no tuvo tiempo de apartarse como su amiga. </p> <p>- ¿Queréis que sigamos?- Preguntó Alba, con ciertas esperanzas de poder marcharse.</p> <p>- Por supuesto,- confirmó Jacobo.- La partida está en su mejor momento.- Tenéis que seguir.- Alfil a b3,- añadió tras pensar unos segundos.- Acabo de proteger mi peón central y he liberado la torre. A ver qué haces.</p> <p>Las dos chicas se miraron y volvieron a aplicarse a sus compañeros. Blanca introdujo de nuevo el órgano de Jacobo en su boca, para evitar que perdiera su erección y volver a ponerlo en marcha. Blanca hizo lo mismo acariciándolo con las manos y aplicando sus labios a besar en el cuello a Santiago. No pasó mucho tiempo antes de que los dos jóvenes recuperasen la dureza en sus penes.</p> <p>- Peón a d6,- dijo Santiago recostándose y usando su toalla doblada como almohada.- Ados a ese alfil definitivamente de la diagonal peligrosa y a ver cómo haces contra mi centro.</p> <p>- ¡Ja!- Rió teatralmente Jacobo antes de responder.- Peón a c3.</p> <p>Alba empujó con delicadeza su pecho y lo obligó a recostarse sentado en el escalón. Se colocó frente a él a horcajadas, cuidando de aproximar sus pechos al rostro del chico, que luchaba contra el empañamiento de sus gafas.</p> <p>- Enroque corto,- dijo Santiago acariciando los pechos de Blanca, con expresión de estar viendo un tesoro.</p> <p>- Peón a h3,- farfulló Jacobo, con un pezón de Alba entre sus labios. La pelirroja lo agarraba por los cabellos dirigiendo su rostro hacia sus pechos. Movía las caderas visiblemente excitada y poco a poco iba bajando su trasero en dirección al pene del ajedrecista.- Un poco de aire para mi caballo.</p> <p>- Caballo a a5,- respondió el otro.- Supongo que reconoces la variante Chigorin. Voy a por ese alfil de b3, no me gusta que apunte a mi punto débil cerca del rey.- Y diciendo esto, mordió el pezón de Blanca mientras sujetaba su pecho. Ésta soltó un grito temiendo que le fuera a hacer daño, pero no ocurrió. Observó a su amiga y decidió imitarla. Pasando una pierna al otro lado del cuerpo de Santiago, se colocó sobre él, a punto de cabalgarlo, mientras dejaba que chupase sus pechos.</p> <p>- Guardo mi alfil en la reserva y ya te lo encontrarás en mi ataque final,- continuó Jacobo aparentemente dedicando toda su atención a los blancos y firmes pechos de Alba.- Alfil a c2.</p> <p>- Peón a c5,- continuó Santiago, lamiendo él mismo los suaves pechos de Blanca.- He ganado espacio en el flanco de dama… mientras chupo los pechos de esta otra dama.- Sonrió y miró a la chica, a ver si su intento de chiste había tenido efecto.- Vas a sudar sangre si quieres el centro.</p> <p>- Te vas a enterar,- replicó Jacobo.- ¡Golpe al centro! Ahora la posición se va a poner seria: Peón a d4.</p> <p>Santiago tardó un instante en responder. Blanca lo besaba en los labios mientras él dedicaba ambas manos a acariciar sus pechos. El rostro de la chica, rodeado de la larga y espesa melena rubia, estuvo a punto de hacer que olvidase todo lo demás.</p> <p>- Mis piezas están bien coordinadas, petimetre,- respondió al fin.- Y mi centro es tan firme como mi polla. Dama a c7. A ver si aguantas la presión.</p> <p>Alba sujetó el pene de Jacobo, dirigiéndolo hacia la entrada de su vagina y poco a poco bajó su cuerpo para que entrase en su interior. Apoyó sus muñecas en los hombros del muchacho y besó suavemente sus labios. Comenzó a mover sus caderas en un lento movimiento circular. Su clítoris se rozaba contra el vello púbico de él.</p> <p> - Caballo a d2,- anunció Jacobo con un hilo de voz casi inaudible.</p> <p>- Lo esperaba,- reaccionó Santiago.- Peón captura en d4.</p> <p>- Claro,- respondió Jacobo.- Y mi Peón captura en d4 también. Mi caballo de dama inicia su carga letal para ayudar al ataque.</p> <p>- ¡Ja, ja! Caballo a c6. Abro un poco el juego y traigo mi caballo de vuelta. No puedes ignorar mi presión en el centro.</p> <p>- Voy a cerrar el centro: Peón a d5,- continuó Jacobo.- A ver cómo se te dan los laterales.</p> <p>- Vale, vale,- se apresuró Santiago.- Vamos con un salto táctico: Caballo a b4 y tu alfil está llorando de miedo en c2. ¿Qué piensas hacer ahora?- Y no estuvieron muy seguros de si se lo decía a su contrincante o a Blanca.</p> <p>En ese momento ésta decidió imitar a Alba. Con cuidado para no hacerse daño, mientras el chico se ocupaba con ambas manos de sus pechos, se penetró a sí misma con el falo erecto bajo ella. Ahora estaba sobre él, cabalgándolo, con el pene en el interior de su vagina. Para su sorpresa, las caricias que le estaba proporcionando Santiago en sus pechos, estaban siendo incluso agradables. </p> <p>- Me obligas a esconder mi alfil, claro,- replicó Jacobo.- Lo muevo a b1, y ahora es tu caballo el que está un poco solo en el borde del tablero.</p> <p>Santiago se lo pensó un momento, durante el cual disfrutó de la vista y el tacto de los pechos de Blanca.</p> <p>- Mi caballo quedará asegurado con mi peón, que va a a5,- dijo al fin.- No puedes contra un plan sólido como el mío.</p> <p>- Peón a a3.</p> <p>- Caballo a a6,- replicó Santiago cuando Blanca se decidió también a mover sus caderas.</p> <p>- Y ahora, mi alfil vuelve a la vida atacando tu hilera de peones,- anunció Jacobo.- Alfil a d3. O te mueves o sufrirás las consecuencias.</p> <p>- Me muevo, pero vamos a llegar a un punto muerto: Alfil a d7.</p> <p>- Dama a…- Jacobo soltó un suspiro cuando uno de los movimientos de Alba le proporcionó una especial sensibilidad en su verga.- … a… e2.</p> <p>- Dama a b7,- movió Santiago en su turno.</p> <p>Las dos chicas cascabel cabalgaban ahora a los ajedrecistas. Blanca se sentía cubierta de humedad, las pieles resbalaban al tocarse y el calor y el vapor casi la asfixiaban. Las manos del ajedrecista en sus pechos se comportaban de una manera sorprendentemente delicada, excitando sus pezones con la fricción de la palma de sus manos y con los suaves pellizcos y caricias. A su lado, Alba parecía estar disfrutando de su cabalgada. </p> <p>- Vas a cometer un error,- amenazó Jacobo.- Peón a b3.</p> <p>- Vas a sufrir a mi caballo volviendo al centro de la acción atacando tu alfil. No me vas a quebrar: caballo a c5.</p> <p>- El que vuelve es mi alfil,- siguió Jacobo.- Alfil a c2.</p> <p>- Si insistes, yo también. Caballo a a6 y vuelve a la esquina.- La voz de Santiago era apenas audible entre sus jadeos.</p> <p>El ritmo de las cabalgadas de las chicas estaba aumentando. Alba gemía sin pudor, y la punta de la lengua lamía sus labios. Blanca sentía el duro miembro masculino en su interior, frotando y abriéndose camino dentro de su cuerpo, al tiempo que las caricias en sus pechos se unían al conjunto de sensaciones. Se sorprendió al escucharse gemir también.</p> <p>- A… Al…- Jacobo respiraba agitadamente y sus gafas colgaban de la punta de su nariz, mientras hundía su rostro entre los suaves y blancos pechos de Alba.- Alfil a d3.</p> <p>- Caballo a c5,- Santiago tenía el cuerpo completamente en tensión.- C5… c5… c5… </p> <p>Alba follaba al Jacobo con movimientos que ya eran frenéticos. Dejó escapar un aullido prolongado y su espalda se arqueó. El chico se corrió también, incapaz de aguantar un segundo más ante la arremetida de la pelirroja, que se desplomó sobre él jadeante, tratando de recuperar el resuello.</p> <p>La visión de Alba llegando al clímax fue la gota de excitación que colmó el vaso de Blanca. Bajo ella, el chico gimió al tiempo que en su interior, el pene convulsionaba lanzando sus chorros de esperma. El orgasmo le llegó a ella unos instantes después que al ajedrecista al que montaba. Se dejó llevar por el placer sin oponer resistencia. </p> <p>- Alfil a c2,- dijo al cabo de un rato Jacobo casi susurrando.</p> <p>- Caballo a a6,- respondió Santiago.- Esto ya lo hemos repetido.</p> <p>- Si,- estuvo de acuerdo su contrincante, sin moverse, disfrutando del cuerpo femenino donde aún tenía metida su verga.- Son tablas.</p> <p>- Maldición,- protestó Santiago. Pero tampoco parecía, por su expresión ni por la actitud de su cuerpo, que estuviera demasiado contrariado.</p> <p>Durante un rato, descansaron abrazados, hasta que los muchachos se pusieron de nuevo a discutir de ajedrez. Las chicas aprovecharon para despedirse y marcharse, dejándolos allí con sus cosas. Se ducharon en el vestuario y salieron de nuevo al pasillo. </p> <p>- Bueno,- dijo Alba.- No se puede negar que ha sido interesante. No sabía que el ajedrez diera para tantas emociones.</p> <p>- Yo ni siquiera sabía que se pudiera jugar sin tablero. </p> <p>- Al menos, puedo decir que me lo he pasado bien. </p> <p>- Yo… Bueno. También. Me buscaré un libro de ajedrez para aprender.</p> <p>Las dos chicas rieron mientras caminaban por el pasillo.</p> <p>Continuará.</p>

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