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Chica cascabel 4

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<p>- Venga, vamos,- le urgió el estudiante para que entrase en el aula vacía.- No quiero llegar tarde a clase.</p> <p>Blanca entró en la desierta aula y él cerró la puerta tras ellos. El muchacho era algo mayor que ella. Se cercioró de que las persianas estaban bajadas se sentó en la mesa del profesor, apoyando en ella las nalgas pero con los pies en el suelo. Allí se desabrochó los pantalones, se los bajó y urgió a la chica a acercarse.</p> <p>- Venga, preciosa, ponte de rodillas y hazme un buen trabajo, le ordenó.</p> <p>Blanca obedeció y quedó en frente del falo, que estaba aún en proceso de erección. Lo sujetó con una mano y lo comenzó a masajear suavemente.</p> <p>- No, no quiero una paja,- protestó él.- Con las tetas. Hazlo con las tetas.</p> <p>- ¿Con las…?</p> <p>- Ya sabes, te las agarras con las manos, metes mi polla en medio y las mueves. </p> <p>Blanca se desabotonó la blusa y mostró sus firmes y redondeados pechos. Ante su visión, el pene del muchacho terminó de erguirse y ponerse duro. Ella trató de seguir las escasas instrucciones recibidas. Puso la enhiesta verga entre sus senos, los sujetó con sus manos para que la presionaran y comenzó a moverlos para masturbar con ellos al joven. Con cada movimiento, el cascabelito de su cuello emitía su alegre sonido.</p> <p>El estudiante suspiró de placer y se relajó, disfrutando tanto del trabajo en su verga como de la visión de aquella linda rubia con sus preciosos pechos, sirviéndole allí, de rodillas. Ella se afanó en aquella actividad pensando que era mejor que ser penetrada. Al rato, él cambió de opinión.</p> <p>- Y ahora sigue con la boca, preciosa. </p> <p>Blanca soltó sus pechos, manchados con líquido preseminal y sujetó la base del pene con una mano. Masajeó un poco el endurecido mástil y llevó sus labios al glande. El olor del pene y el sabor de las gotitas transparentes que aparecían en su punta le resultaron familiares y eso la entristeció. Desechó la idea. Tenía que cumplir con su obligación y cuanto antes terminara, antes podría marcharse. Acarició la cabeza del órgano con sus labios, haciéndolo entrar y salir a través de ellos. El muchacho dejó escapar un nuevo suspiro prolongado.</p> <p>La chica se temió que el relajado compañero no fuera a acabar nunca, así que pasó al siguiente plan, según le había enseñado Celeste. Sin dejar de masajear el pene con la mano, se lo introdujo en su boca hasta el final, despacio para que al llegar al fondo no le produjera arcadas. Presionó todo lo que pudo con la lengua hacia el paladar y movió su cabeza hacia delante y hacia atrás, metiéndolo y sacándolo de su interior, aumentando la cadencia. Él no pudo resistir la tentación de agarrar la cabeza con ambas manos y dirigir el ritmo.</p> <p>- Nena, eres muy buena en esto,- dijo relamiéndose.- Muy buena… ¡Oh! ¡Ooh! ¡Oooh..!</p> <p>El pene sufrió espasmos mientras lanzaba sus chorros de semen en el interior de la boca de Blanca, que cesó sus movimientos para recibirlo todo dentro. No quería llevar el uniforme manchado. Esperó a que el orgasmo remitiera y dejó salir la verga, que comenzaba a perder su dureza.</p> <p>-  Ha estado muy bien, preciosa,- comentó él mientras se abrochaba de nuevo los pantalones. Blanca seguía allí de rodillas, así que él le ofreció una mano para ayudarla a levantarse.- Y tienes unas tetas espectaculares. No sé si te lo habrán dicho antes.</p> <p>- ¿No tendrás pañuelos, verdad?- Respondió ella al sentir la humedad entre sus pechos, que sin duda tendría un olor característico.</p> <p>- No, pero sé que puede haber guardado papel higiénico en el almacén que hay en el gimnasio, aquí al lado. La puerta del fondo de este pasillo. A esta hora seguro que no hay nadie.</p> <p>- Gracias, iré a ver.</p> <p>- Bueno, me tengo que ir, preciosa. No quiero llegar tarde a clase. Hasta la próxima.- Y diciendo esto, atravesó la puerta dejándola sola. </p> <p>Blanca se abotonó la blusa, por si se cruzaba con alguien y decidió ir a buscar algo para limpiarse. Enfiló el pasillo y encontró un gimnasio que no conocía, oscuro y polvoriento. Parecía que se usaba más como trastero que para su uso normal. Al fondo vio una puerta que sin duda era la del almacén del que le habían hablado. Entró por ella y trató de encontrar una luz, pero la bombilla cubierta de polvo que colgaba del techo no funcionó. Rebuscó en las estanterías con aprensión. Seguro que allí había bichos, arañas y quizá algo peor. Trató de no pensar en ratones ni en ratas.</p> <p>Encontró por fin unos rollos de papel higiénico y con uno de ellos se limpió la cara y los pechos. Estaba abrochándose de nuevo el uniforme cuando escuchó ruidos en el gimnasio. Asustada sin saber por qué debía estarlo, entrecerró la puerta del almacén para esconderse, pero miró a través del resquicio con curiosidad.</p> <p>Conocía al corpulento profesor que entró dirigiendo al resto. Era Néstor, estaba allí el día que la llevaron a la Institución y le daba clases de formación moral y espíritu popular. Tras él, otros dos compañeros a los que también conocía, uno de su año, Aitor, y otro de un curso superior, Andoni. Los conocía aunque no le caían bien. Nunca habían usado de sus servicios pero aun así, la miraban siempre con desprecio y burla. Los dos parecían escoltar, o más bien llevar contra su voluntad, a un tercer chico. Era Bruno, el chico cascabel solitario y huraño, al que aún no había podido conocer. Comía aparte, separado de todos y trataba de no relacionarse con ellas. Ahora avanzaba entre los dos compañeros, evidentemente no por su propio gusto. Aitor y Andoni lo empujaron contra unas espalderas polvorientas que había en la pared del fondo y que permitía a Blanca verlo todo con claridad.</p> <p>- Estoy muy defraudado contigo, Bruno,- estaba diciendo el profesor Néstor.- No apareces cuando te llamo, me evitas y no respondes cuando te mando a buscar. Estás descuidando tus obligaciones y ninguno queremos que recibas un castigo de tu supervisora, la exhuberante profesora Helena.</p> <p>- Profesor,- protestó Bruno.- He hecho todo lo que me ha pedido, pero ya no puedo más. Por favor, ya no puedo seguir. Sabe que no soy…</p> <p>- ¿No eres, qué?- Bramó el hombre.- Eres un chico cascabel. Mi chico cascabel,- añadió con una sonrisa.- Tu obligación es ser una buena putita obediente y si no te acuerdas, habrá que recordártelo, no vaya a ser que tenga que dar parte a la zorra de Helena para que te dé un escarmiento. Bájate los pantalones.</p> <p>Con la espalda pegada a las espalderas, Bruno miró un instante al profesor y negó con la cabeza. Éste, con un gesto, dio una orden a los otros dos estudiantes que se abalanzaron sobre él. Bruno trató de zafarse pero sólo consiguió que lo inmovilizaran de cara a la espaldera.</p> <p>- Sabes que me encanta cuando me lo ponen difícil,- le dijo el profesor acercándose.- Y a Aitor le gusta mucho el jueguecito de la violación, ¿verdad, Aitor?</p> <p>El hombre, pegado a la espalda del prisionero, le desabrochó el pantalón y de un tirón se lo bajó. El chico no llevaba ropa interior, como correspondía a los alumnos de esparcimiento y recreo.</p> <p>- ¡No!- Protestó Bruno con un forcejeo.- ¡Déjame en paz, maricón!</p> <p>El profesor le propinó un fuerte puñetazo en el costado, bajo las costillas, que hizo que el estudiante perdiese el resuello. Repitió el golpe y tuvo que sujetar al muchacho con su cuerpo contra la espaldera para que no se desplomase. Blanca reprimió una exclamación. </p> <p>- Creí haberte enseñado en clase a respetar a las minorías históricamente oprimidas,- le regañó el hombre.- Además, con la cantidad de leche de mi polla que has tragado por el culo, no sé a quién llamas maricón.</p> <p>El profesor se desabrochó con una mano su pantalón, sujetando con la otra y con el peso de su cuerpo al alumno para que no escapase, mientras los otros muchachos esperaban al lado, expectantes y nerviosos. Se sacó el pene, que a esa distancia, a Blanca le parecía no muy grande, pero sorprendentemente grueso, y se escupió en él.</p> <p>- ¡No! ¡No!- Exclamó Bruno con desesperación en su voz.- ¡Por favor, espere!</p> <p>Blanca vio cómo sin más preámbulos ni preparación, el hombre arremetía con un violento movimiento de su pelvis contra el muchacho, clavando su verga en el ano del joven, que respondió con un alarido de dolor.</p> <p>- Mira que sigues siendo gilipollas,- le dijo con la boca pegada a la oreja, pero en voz suficientemente alta para que Blanca lo escuchase.- Si te resistes te duele más, ya lo sabes.</p> <p>El hombre comenzó a mover su culo, follando salvajemente al muchacho, que se agarraba con los dedos crispados a las barras horizontales de la espaldera, contra la que se aplastaban su pecho y abdomen. Contenía las lágrimas y los gritos, pero su expresión no podía ocultar el dolor y la vergüenza. El profesor violaba sin contemplaciones el culo de Bruno, jadeando y sin importarle que los otros dos estudiantes lo observaran allí a su lado.</p> <p>No tardó mucho en acabar. Emitió un par de gemidos guturales y dejó de bombear su órgano en el interior del estudiante. Tras un instante de jadeos en el que consiguió que su respiración volviera a ser algo más normal, sacó su polla y se alejó del joven para volver a ponerse correctamente la ropa. </p> <p>Bruno no se dejó caer al suelo sólo porque se agarraba con fuerza a la espaldera. Permaneció allí con el rostro oculto, respirando pesadamente. Cuando el profesor estuvo listo, señaló unos palos de madera para ejercicios y ordenó:</p> <p>- Enseñadle a ser una putita obediente. No podemos permitir que su insolencia quede sin castigo. ¿Dónde acabaría el país si no?</p> <p>Los dos estudiantes agarraron un palo cada uno y el mayor le propinó el primer golpe en las costillas a Bruno. Luego continuó en la espalda cuando la víctima cayó al suelo y continuó pegándole, con una sonrisa satisfecha en los labios. Aitor, por su parte, lo observaba con cierta preocupación e indecisión. Hizo ademán de participar en la paliza, pero Blanca se dio cuenta de que no propinó ningún golpe. Ella se tapaba la boca con sus manos, horrorizada, sin atreverse a hacer ningún ruido, pero sabiendo que había que detener aquello. Al cabo de un momento, a Andoni se le quebró el palo y Bruno gemía hecho un ovillo en el suelo. El profesor detuvo la paliza.</p> <p>- Ya está bien,- dijo.- Creo que ya ha aprendido la lección. Ahora es vuestro. Divertíos y marchaos. Que no os relacionen con esto ni conmigo.- Y dicho esto, se marchó del gimnasio con aire satisfecho.</p> <p>Andoni agarró con fuerza a Bruno, que no ofreció resistencia a pesar de estar consciente. Blanca vio que estaba bastante afectado por la paliza, pero sobre todo, su rostro reflejaba rabia e impotencia. De un empujón lo arrojó de bruces sobre un plinto, donde se quedó quieto, los pantalones y los calzoncillos por los tobillos y la camisa aun puesta. Andoni se acercó sonriente por detrás, donde su culo desnudo quedaba expuesto. Aitor, por su parte, se abalanzó por la parte de delante y sujetó al chico para que no intentara levantarse.</p> <p>Con parsimonia, disfrutando de la situación, Andoni levantó la camisa de Bruno despejando más el trasero y permitiendo ver su región lumbar. Se desabrochó él mismo los pantalones y los dejó resbalar hasta sus tobillos. Luego hizo lo mismo con su ropa interior. Su pene estaba ya erecto y apuntaba al indefenso ano de Bruno.</p> <p>- ¿Preparado, chico cascabel?- Preguntó Andoni. Bruno forcejeó, pero Aitor lo sujetaba con fuerza.- Sé que te gusta que te traten como a una niñita traviesa. Disfrutas de cada centímetro de mi polla. Y hoy tienes suerte. La vas a tener entera.</p> <p>Andoni le separó las nalgas dejando ver el agujero del culo, ya previamente forzado, escupió en él y dirigió la punta de su falo hacia allí. Lo introdujo lentamente, en parte porque Bruno, que gritaba de rabia y dolor, lo cerraba con fuerza y en parte para disfrutar de la violación. Una vez clavado hasta el fondo, lo dejó allí un instante, regocijándose en la situación y cuando lo consideró conveniente, comenzó un movimiento lento de sacarlo hasta media longitud y volverlo a introducir hasta el fondo. </p> <p>Le llevó un tiempo deliberadamente largo llegar al orgasmo. Era como si Andoni disfrutara más de la humillación que del sexo. Agarraba con fuerza las caderas de Bruno y follaba su culo con deleite y calma. Blanca, desde su escondite, sentía su corazón latiendo desaforado. No se atrevía a mover ni un cabello, pero tampoco podía dejar de observar con fascinación.</p> <p>- Es el momento,- dijo Andoni al cabo de un rato.- Me voy a correr dentro de ti. Quiero escuchar cómo me lo agradeces.</p> <p>- Cerdo hijo de…- Comenzó a decir Bruno, pero fue silenciado por Aitor, que le propinó un golpe en la cabeza con los nudillos. Bruno le lanzó una mirada furiosa, pero no añadió nada más y en ese momento, Andoni se tensó y lanzó un gemido y una exclamación. Blanca vio que se estaba corriendo con fuerza y que el orgasmo era bastante fuerte para ser un hombre.</p> <p>Blanca se sorprendió al sentir una urgencia entre sus piernas. La visión de aquellos cuerpos masculinos la estaba excitando. Se negó y reprimió el impulso de llevarse una mano a su propio sexo. Ella no era así. Ella no podía ser así. </p> <p>- Tu turno,- le dijo Andoni a su amigo cuando sacó su pene del culo de Bruno. Se dirigió a la parte de delante del plinto y le puso una mano en el cuello a su víctima, para que no se irguiese. Sabía que ya no se iba a resistir más. Bruno parecía agotado y además no era idiota, y comprendía que aquello era su obligación, pero aún asi, descargó todo su peso sobre sus ya magulladas costillas, deliberadamente para causar dolor. A Bruno cada vez le costaba más respirar.</p> <p>Aitor se colocó tras el culo de Bruno y se desabrochó el pantalón. No se lo bajó. Sacó su pene de entre sus ropas y con precipitación, lo dirigió al ano del chico que seguía expuesto. Esta vez el sexo no fue tan pausado. Aitor penetró a Bruno de un golpe y folló su culo con ansia. Éste, sintiéndose ya derrotado, no contenía ya su respuesta. Dejaba escapar un gemido de dolor cada vez que con un empujón de su cadera, Aitor le clavaba la polla hasta el final.</p> <p>- ¡Oh, sí! ¡Sí!- Exclamó Aitor cuando tuvo el orgasmo, clavando unos dedos como garras en los glúteos de Bruno, mientras eyaculaba en el interior de sus intestinos. </p> <p>- Vámonos,- ordenó Andoni en cuanto Aitor sacó su verga del interior de Bruno.- Ya nos lo follaremos más otro día.</p> <p>Bruno se dejó caer del plinto al suelo, donde quedó sentado e inmóvil. Cuando Blanca vio que los dos estudiantes se habían marchado del gimnasio, salió de su escondite y fue corriendo hacia el chico cascabel. Se asustó al ver su estado. Estaba consciente, pero apenas. Podía ver los moratones de los golpes y cuando trató de ayudarlo a levantarse, se dio cuenta de que se había manchado las manos de sangre. Provenía del ano y le chorreaba por las piernas.</p> <p>- Vamos, Bruno, no puedo llevarte en brazos,- le dijo al muchacho.- Tenemos que llegar a la enfermería. </p> <p>El chico no dijo nada, pero haciendo un esfuerzo y apoyándose en la compañera de estudios, se puso en pie, renqueante. Ella le subió los pantalones como pudo y pasándose uno de los brazos por su hombro, lo ayudó a caminar hacia la salida. Lo más rápido sería salir a la calle por la puerta doble y atravesar uno de los patios. Salieron al exterior como pudieron. Bruno se esforzaba, pero casi no podía caminar. Blanca no podía con su peso aunque lo intentase con todas sus fuerzas. Cuando iban a medio camino, el chico se desmayó, arrastrándolos a ambos al suelo. Blanca se incorporó y trató de alzarlo. Con lágrimas en los ojos, miró a su alrededor. Había algunos grupos de estudiantes allí, que los miraban sorprendidos, aunque no conocía a ninguno más que de vista.</p> <p>- ¡Por favor!- Suplicó Blanca al borde del llanto.- ¡Ayudadme! ¡Por favor!</p> <p>Nadie se acercó. Blanca se dio cuenta de que no querían que los relacionasen en público con dos chicos cascabel y en aquellas circunstancias. Las lágrimas corrieron por sus mejillas. Tomó aire, aferró el brazo del muchacho que tenía sobre el hombro y trató de levantarlo con todas sus fuerzas. Lo consiguió y pudo avanzar dos pasos antes de caer de nuevo al suelo, llorando de impotencia.</p> <p>En ese momento, alguien alzó al herido descargándola a ella de su peso. Miró hacia arriba, con la vista nublada por las lágrimas y para su sorpresa, vio el rostro de Rodrigo que estaba cargando a Bruno a hombros. Le ofreció una mano para ayudarla a incorporarse y ella aceptó la ayuda. El rostro de Rodrigo la llenaba de tranquilidad aunque no sabía por qué.</p> <p>- ¿Estás bien? ¿Puedes caminar?- Le preguntó y ella respondió afirmativamente con la cabeza.- Vamos, hay que llevarlo a la enfermería. </p> <p>Rodrigo cargó con Bruno hasta la enfermería, aparentemente como si no necesitase esforzarse en absoluto para hacerlo. Blanca los siguió sin atreverse a decir nada. Cuando llegaron, ya se había corrido la voz y la enfermera estaba esperándolos. Casi al mismo tiempo apareció la profesora Helena, la supervisora de los alumnos de esparcimiento y recreo, como oficialmente se llamaba a los chicos cascabel.</p> <p>- Han sido el profesor Néstor y dos alumnos,- se apresuró a decirle Blanca en cuanto la vio llegar.- Hay que hacer algo. Han estado a punto de matarlo. ¿Se lo dirá al director?</p> <p>La profesora la miró con severidad, se pensó la respuesta y al rato contestó:</p> <p>- No vamos a hacer nada de eso,- dijo la profesora.- No dirás nada a nadie, no acusarás a nadie. Y si lo haces, te castigaré severamente.</p> <p>- ¡Pero…! ¡Pero…!- Exclamó Blanca desconcertada.- ¡Ha visto qué le han hecho!- Continuó, señalando al compañero al que estaban atendiendo en una cama a su lado.- Me dijo que no nos podían causar daño…</p> <p>- Escúchame, niña tonta,- la interrumpió la profesora.- Te estoy protegiendo. Hay personas que son intocables, porque otros, muy arriba, los protegen. Y tú no tienes a nadie para hacerlo. Y yo tampoco. Ahora te irás a tu cuarto, te asearás un poco y te calmarás. Bruno estará recobrado en un par de días y no volveremos a hablar de esto. ¿Lo has entendido bien?</p> <p>- Profesora, es…- Comenzó a replicar Blanca, pero de nuevo fue interrumpida.</p> <p>- ¿Lo has entendido bien?</p> <p>- Sí, profesora.- Se rindió al fin Blanca al cabo de un instante.</p> <p>- Y ahora fuera de aquí y dejad trabajar a los sanitarios. </p> <p>Rodrigo sujetó la puerta para que Blanca saliera de la enfermería y la escoltó por el pasillo un momento. Ella lo miró. Era alto, de cabellos dorados y tal y como decían sus amigas, dolorosamente guapo.</p> <p>- Gracias,- le dijo cuando reunió el valor.- Gracias por ayudarme. Nadie más lo habría hecho.</p> <p>- No tienes por qué dármelas,- le respondió serio pero con voz suave.- Escucha, será mejor que te acompañe hasta tu habitación, así pensarán que estás… ocupada y nadie te molestará por el camino. Necesitas descansar. Y no, no es justo.  </p> <p>Ella asintió con la cabeza, sin atreverse a hablar por si no le salía la voz. Caminaron durante un rato, en el que todos los observaron sorprendidos. Era la comidilla que Rodrigo nunca reclamaba los servicios de las chicas cascabel. Al cabo de un rato, cuando estaban ya cerca de la habitación, ella se atrevió a hablar.</p> <p>- ¿Puedo hacerte una pregunta?- Él no respondió, pero la chica lo tomó como una invitación a continuar.- Dicen que nunca te acercas a las chicas cascabel y que es porque piensas que somos indignas o algo así. Pero hoy me has ayudado…</p> <p>- No te creas todo lo que escuchas,- respondió él.- No creo que seas indigna. No creo que seas diferente de las demás chicas de la Institución.</p> <p>- Entonces tú… Quiero decir… ¿Por qué nunca nos has…? Es decir…</p> <p>- En algunas ocasiones,- contestó él a la pregunta que no era capaz de formular la chica,- que puedas hacer algo no significa que debas hacerlo. ¿No crees?</p> <p>Llegaron a la puerta de la habitación y Blanca se quedó en pie sin saber qué decir. De forma inconsciente se tocó los cabellos desordenados y miró al rostro del compañero, más alto que ella, que la miraba con serenidad a los ojos.</p> <p>- Bien, yo…- comenzó a decir ella, sin saber muy bien cómo continuar. No quería estar sola, pero tampoco ofenderlo ni parecer que se estaba insinuando.- No sé cómo agradecértelo.</p> <p>- No tienes por qué hacerlo. Descansa. Ha debido de ser muy duro.</p> <p>Y en ese momento, un torbellino moreno con dos coletas llegó por el pasillo arrasando todo a su paso.</p> <p>- ¡Blanca! ¡Mi pequeña Blanca! ¡Me han contado lo que ha pasado! ¿Estás bien? ¡Mi pobre Blanca! No te…</p> <p>Y no fue hasta que casi se estrelló con Rodrigo, que Celeste se dio cuenta de que el muchacho estaba allí. Se quedó petrificada, mirándolo y mirando a su compañera de habitación, alternativamente y cada vez con expresión más sorprendida. </p> <p>- Tengo que irme,- dijo al fin Rodrigo.- Veo que te dejo en buenas manos.</p> <p>- Yo… Eh… ¿Quieres quedarte?- Dijo una aún sorprendida Celeste.- ¡Quiero decir!- Se corrigió a la desesperada.- Puedes irte tranquilo. Pero no tienes por qué. Es decir, no creas que te estamos echando. Puedes irte o quedarte o… bueno… </p> <p>- Volveremos a hablar.</p> <p>- Sí, cuando quieras,- contestó Celeste.</p> <p>- Gracias de nuevo,- añadió Blanca.</p> <p>Las dos se quedaron en silencio en la puerta viendo alejarse al muchacho y luego entraron en la habitación. Blanca lloró abrazada a su amiga durante un buen rato.</p> <p>Continuará.</p>

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