Xtories

Chica cascabel 3

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<p>Era una bonita mañana de domingo. Blanca había aprovechado para conocer mejor la Institución acompañada de Celeste, a la que apreciaba a pesar de que realmente acababan de conocerse. Era fácil encariñarse con ella porque siempre estaba dispuesta a ayudar y a hacer comentarios que la alegrasen a pesar de todo. Se sentía a salvo a su lado. Conoció además a otras alumnas de esparcimiento y recreo, como ella. La verdad, prefería el mote de “chica cascabel” que el feo eufemismo que se usaba oficialmente. </p> <p>Se había separado de ellas para ir al servicio y ahora atravesaba los jardines para regresar a su lado. Por el camino, sin más distracciones, su mente volvió a preocuparse por su familia y por lo que hubiera de cierto en lo que algunos insinuaban sobre el destino de su padre. Nunca se había interesado por la política, pero sí comprendía que el gobierno no era clemente cuando se perdía su favor. </p> <p>Al pasar cerca de una glorieta, vio la alta y sonriente figura de Álvaro, apoyado displicentemente en un árbol. Estaba rodeado de un grupo de chicas con las que hablaba animadamente. Ninguna parecía una cascabel. Sintió una punzada de celos. Aceleró el paso tratando de pasar desapercibida, pero él la vio y le dedicó una sonrisa y un saludo con la cabeza. Ella lo saludó un instante con la mano, pero bajó la mirada y se alejó, sintiéndose una tonta por estar celosa. </p> <p>- ¡Eh! ¡Hola!- La voz desconocida hizo que se detuviera y se girara a mirar. El cascabelito de su garganta emitió un suave sonido al hacerlo. Era un grupo de chicos más jóvenes que ella, de algún curso inferior al suyo. Reían y se empujaban alegres, pero todos le prestaron atención cuando se percataron que uno de ellos la había llamado.- Tú eres la nueva chica cascabel, ¿no? ¿Cómo te llamas?</p> <p>- Sí. Soy Blanca.</p> <p>- Blanca, me habían dicho que eras guapa, pero no tanto. Yo soy Alberto.- Dijo el muchacho. El resto hizo bromas y soltó chascarrillos. Rieron y se presentaron atropellada y desordenadamente. </p> <p>- Vamos, Blanca.- Dijo alegremente Alberto.- Allí, tras esos árboles. Hay un sitio en el que nadie nos verá.- Y el grupo se dirigió hacia el lugar señalado.</p> <p>Blanca dudó un instante, pero los siguió también. No podía negarse, era su obligación, pero era algo que todavía le costaba aceptar. Rodearon los árboles y llegaron a una zona que, como había dicho el chico, estaba bastante escondida por los setos, arbustos ornamentales y unos árboles. Allí había un banco de piedra solitario. Los estudiantes se agolparon frente a ella expectantes, sin que ninguno se decidiese a decir nada.</p> <p>- Aquí estamos,- dijo por fin ella, deseando marcharse.</p> <p>- Sí…- Contestó Alberto con algo de timidez, sin decidirse.</p> <p>- ¡Enséñanos las tetas!- Exclamó uno de ellos y el resto celebró la ocurrencia.</p> <p>Blanca se desabrochó despacio la blusa y descubrió sus pechos, firmes y grandes. Supo que se había ruborizado. La visión de los bonitos senos fue saludada con algunas exclamaciones y un par de juramentos. Al cabo de un instante, Alberto se acercó y puso sus manos sobre los pechos expuestos. Sin duda no era su intención, pero fue torpe y rudo. Frotó los pechos como si estuviera estrujando dos globos, con expresión sonriente y ansiosa. Banca lo soportó estoicamente, sin decir nada. </p> <p>- Yo… eh… ¿Puedo…? Ya sabes…- Comenzó a decir el joven, hasta que se armó de valor. No era fácil con todos los amigos allí mirando.- Quiero follar contigo.</p> <p>Blanca lo miró un instante. No era feo. Sólo le faltaba algún añito más y podría llegar a resultarle atractivo. Bajó la vista y vio el bulto en sus pantalones. El resto de los que la rodeaban trataban de ocultar su inseguridad jaleando y riendo. Si se pudiera sacar electricidad del nerviosismo, con ellos se hubiera podido iluminar una ciudad. </p> <p>- Por supuesto,- asintió Blanca.- ¿Qué quieres que haga?</p> <p>- Pues… Pues…- Trató le de decidir.- Inclínate ahí, en el banco y levántate la falda. </p> <p>- Como quieras. Pero ten cuidado y no me hagas daño.</p> <p>Obedeció tal y como le habían pedido. Con la espalda recta y algo arqueada hacia abajo, se inclinó hasta apoyar las manos en el banco, de modo que su trasero quedaba expuesto. Separó un poco las piernas y se levantó la falda. Sus redondeados glúteos, de piel suave y blanca, fueron objeto de una nueva ronda de expresiones de admiración.</p> <p>Alberto quedó justo detrás de ella. En aquella postura podía ver su ano y sus labios vaginales sin problema. Se desabrochó el pantalón con nerviosismo y prisa, de modo que le costó más de lo normal. Lo dejó resbalar por debajo de la rodilla, al igual que los calzoncillos. Debajo de la camisa, el chico dejó al aire su trasero y un pene ya erecto. Blanca, mirando hacia atrás, se alegró de que no fuera tan grande como el de Álvaro. El chico manoseó con ansia las nalgas de Blanca y se deleitó con la vista y el tacto.</p> <p>- ¡Venga ya!- Gritó uno de los amigos.- ¡Termina de una vez! ¡Los demás también queremos follárnosla!</p> <p>Sintiéndose presionado, el chico agarró su miembro y lo dirigió torpemente entre las nalgas de la muchacha. Trató de encontrar la entrada que deseaba, pero la cosa no funcionaba como había previsto. Blanca separó un poco más las piernas para tratar de ayudar y que su sexo quease algo más bajo, y  de ese modo se pudiera alcanzar mejor. Aún así, la falta de experiencia era un obstáculo al parecer insalvable. Alberto empujó, clavó, forcejeó, animado por el resto, que reía y lanzaba sugerencias. Blanca trató de mantenerse impasible y soportar lo incómodo de la situación. Se movió un par de veces para evitar que el pene entrase accidentalmente en su ano, pero la verdad es que empezaba a hacerle algo de daño. Al final decidió tomar la iniciativa, cosa que no sabía si era buena idea o empeoraría la situación. Se lo pensó un par de veces, porque le daba bastante vergüenza, pero al final decidió que no podía ser peor que aquello.</p> <p>- Espera, espera un momento,- le dijo con la mayor dulzura que fue capaz de reunir.- Es mejor así.</p> <p>Se separó de él y se tumbó boca arriba en el banco. Permitió que la blusa abierta dejase expuestos sus pechos y abrió las piernas. Con la falda levantada, su sexo quedaba a la vista y accesible.</p> <p>- Ven,- le invitó.- Ponte encima. Yo te guío. </p> <p>Alberto se acercó desde el extremo del banco, torpemente, porque los pantalones bajos le dificultaban caminar. Se inclinó y acercó su pene a la entrepierna de la chica. Ésta se mojó los dedos con saliva y con ellos, a la vez que guiaba la verga, también la humedeció. La dirigió hacia la entrada de su vagina, la soltó y se recostó hacia atrás, esperando y temiendo la inminente penetración.</p> <p>El chico introdujo su pene en ella de un tirón o al menos lo intentó. Blanca reprimió un grito, de modo que sólo salió un gemido de su garganta. Le había hecho algo de daño. Él interpretó mal aquello y sonrió.</p> <p>- Te gusta ¿eh?.- Dijo y se afanó por introducir completamente su órgano en ella, lo que fue trabajoso debido a la insuficiente lubricación.</p> <p>Los amigos rieron y lo animaron, y Alberto comenzó a mover sus caderas frenéticamente. La estaba follando de manera salvaje, sin consideración alguna, dejándose llevar sólo por sus instintos más básicos. Blanca trataba de reprimir sus quejidos, pero sólo para gemir cada varios empujones. Aquello no era como hacerlo con Álvaro. No era agradable en absoluto. Afortunadamente no duró demasiado. El muchacho estaba tan excitado que no tardó demasiado en correrse. Sus chorros de semen fueron abundantes y muy potentes. Durante un instante quedó inmóvil, jadeante, hasta que se recobró y sonrió a la muchacha.</p> <p>- Blanca, eres increíble…- Le dijo alegremente antes de retirarse. El resto comenzó a pelearse y a discutir sobre quién era el siguiente, mientras el primero se vestía de nuevo, ya más relajadamente.</p> <p>Uno de ellos trató de ocupar el lugar del primero, pero fue empujado por otro que se colocó en su lugar. Impacientes y rodeándola, todos habían desabrochado sus pantalones y tenían ya fuera sus penes erectos. Banca temió que iba a ser una mañana bastante dura. </p> <p>- Espera, espera,- frenó al que se había colocado ya entre sus piernas y avanzaba decidido hacia su sexo. Se escupió sin remilgos en la mano y con ella mojó el pene que se acercaba imparable a la entrada de su vagina.</p> <p>Afortunadamente este nuevo era algo más delgado y lo había lubricado mejor. Entró también con una total falta de consideración hacia la muchacha, que sabía que era más por torpeza y falta de experiencia que por desprecio. Al igual que el anterior, comenzó a follarla con desesperación. Blanca decidió que no podría soportar ser tomada por todos ellos de aquella forma, de modo que tomó una resolución. </p> <p>En medio de las violentas acometidas de este segundo joven, resistiendo como podía, alargó la mano hacia el pene más cercano y lo agarró. El sorprendido muchacho no se resistió cuando ella lo atrajo hacia sí y se lo metió en su boca. Recordá las lecciones que había recibido de Celeste, pero era difícil en aquella situación. Su cuerpo se movía sin control empujado con cada fuerte penetración y estar tumbada en el banco le permitía menos movilidad, pero al muchacho no pareció importarle y se dejó hacer. Otros se dedicaron a manosear torpemente sus pechos, disfrutando de ellos en espera de su turno.</p> <p>No trató de ser dulce como con Álvaro. Quería que acabase pronto. Sujetándolo con la mano, introdujo todo lo posible el pene en su boca y lo masajeó con la lengua mientras lo hacía entrar y salir, aprovechando las sacudidas de su propio cuerpo provocadas por el otro alumno en sus arremetidas furiosas. </p> <p>Arremetidas que cesaron también pronto, cuando con una exclamación, el chico descargó su semen en su interior. Aún estaba sacando el pene de su vagina cuando el que tenía en su boca también alcanzó el clímax, llenando su boca de cálido y viscoso líquido, y anunciándose como si fuera necesario:</p> <p>- ¡Ooh! ¡Me corro, me corro! ¡Ahhhhh!</p> <p>Blanca intentó incorporar la cabeza para ver quién ocupaba el lugar entre las piernas. Tenía la vagina dolorida y trató de pensar en la forma de escapar de aquello, pero enseguida otro muchacho le puso la polla en la boca.</p> <p>- ¡Es mi turno!- dijo mientras introducía entre los labios de la desprevenida chica un glande duro como una roca. Ella lo frenó con la lengua para evitar que le llegara con fuerza a la garganta, pero enseguida se recompuso y se dispuso a hacerle una felación profunda. Nunca creyó que pensaría aquello, pero ahora lo prefería en su boca que en su magullado sexo.</p> <p>En ese momento, y sin darle tiempo a prepararse ni a procurarle un poco de lubricación con saliva, otro duro instrumento tocó la entrada de su vagina. Se tensó esperando una nueva penetración torpe y brutal que sin duda iba a dolerle, pero no se produjo. En su lugar, sintió que le acariciaban el clítoris. Sin dejar de mamar el pene, alzó la vista y miró a quien le estaba haciendo aquello.</p> <p>- Tranquila,- dijo un muchacho inclinado sobre ella.- Intento no hacerte daño. </p> <p>Blanca dejó que su cabeza de nuevo cayera hacia atrás y continuó su felación, temiendo lo que le estaban haciendo. Sin embargo y a pesar de las quejas de los otros porque estaba perdiendo el tiempo y tardando mucho, el chico la estaba masturbando de forma sencilla pero eficiente. Cuando el muchacho al que se la estaba chupando se vino en su boca con una exclamación, ella ya se sentía aceptablemente excitada. Se relajó. No podía hacer otra cosa.</p> <p>Un nuevo estudiante sustituyó al anterior en su boca. El nuevo pene era algo menor que el anterior, pero a ella no le importó. Se puso a chuparlo, pero se dio cuenta de que esta vez estaba siendo más delicada con él. La excitación en su sexo estaba teniendo sus consecuencias en su actitud y en su técnica con la boca. </p> <p>- ¡Chica, eres genial!- Exclamó el joven cuyo glande llegaba a la garganta de Blanca.</p> <p>La cara de la muchacha estaba manchada de esperma, que escapaba de la comisura de sus labios y se temía que había tragado una buena cantidad. Se preguntó si sería malo para la digestión. </p> <p>Y en ese momento, la punta del pene que había estado presionando la entrada de la vagina mientras su clítoris era masturbado, comenzó a penetrarla lentamente. En esta ocasión la sensación no fue mala. Quizá porque el semen de los dos chicos anteriores actuaba como lubricante o puede que la masturbación la hubiese excitado lo bastante, el pene entró sin prisas hasta el final sin dolor. No era tan grande como el de Álvaro, pero tampoco era de los más pequeños que había visto hoy. El muchacho, en lugar de abalanzarse sobre ella, permaneció erguido mientras la penetraba y con una mano continuó masturbándola. </p> <p>Blanca se dejó tomar y fue relajándose al comprobar que no había dolor. Chupó con fruición la polla del otro chico para intentar que acabase cuanto antes. Sin duda habría otro esperando, y así fue. Cuando recibió la corrida en el interior de su boca, se tragó el semen y esperó que otra verga erecta se acercase a su rostro. La sujetó con sus dedos finos, abrió los labios y la recibió cálidamente entre ellos, esta vez con deseo.</p> <p>Abandonada a su suerte, con un pene ofreciéndole placer al fin, decidió aceptar los pequeños premios que la vida le ofrecía. Perdió la noción de la realidad un instante, de modo que no estuvo segura de si fueron uno o dos chicos los que derramaron su semilla en su boca. El que la estaba tomando por su vagina trató de aguantar lo que pudo, pero terminó al fin con un gemido y una buena descarga de esperma en el interior de la joven. Aun así, ni siquiera en el culmen del placer dejó de masturbar a la chica con sus dedos.</p> <p>Quizá por casualidad o provocado por el cálido líquido desparramado en su seno, fue en ese momento cuando Blanca tuvo su orgasmo. No fue como los que tuvo en la habitación de Álvaro. No fue un gran orgasmo, pero al menos fue un orgasmo y ella lo agradeció. Al apretar los labios y la lengua durante la oleada de placer, provocó que el chico que tenía su pene en la boca acabase y lanzara su carga de semen. </p> <p>- ¡Oh! ¡Preciosa! ¡Sí! ¡Oooooh! ¡Me corro!- Exclamó el muchacho y ella tragó el espeso líquido casi sin darse cuenta. </p> <p>Blanca permaneció unos segundos acostada en el banco de piedra, respirando profundamente, tratando de recobrarse, pero decidió que debía irse de allí cuanto antes. Se incorporó y se sentó, comprobando que estaba manchada de esperma y despeinada. </p> <p>Los chicos, satisfechos y alegres, se despidieron de ella igual de caóticamente que se habían presentado.</p> <p>- Blanca, eres genial,- le volvió a decir Alberto sonriente.- Gracias. Nos volveremos a ver ¿no?</p> <p>- Claro,- respondió ella tratando de ser agradable.</p> <p>- Genial,- exclamó.- Eres la mejor. La mejor.</p> <p>Todos se marcharon entre risas y bromas, aunque uno de ellos quedó atrás, mirándola. Era el chico que le había proporcionado su instante de placer.</p> <p>- Gracias, Blanca,- le dijo cuando el resto se había alejado un poco, ofreciéndole un paquete de pañuelos de papel.- Sé que ha sido difícil y has sido encantadora con esos tontos. Y conmigo. Podías haberlo hecho de otra forma menos… bueno, ya sabes… Eres un encanto. Gracias.</p> <p>- Yo…- Dijo Blanca, pero no sabía cómo responder. Ahora se sentía avergonzada y desaliñada. Con los pañuelos que le había dado, comenzó a limpiarse el semen de la cara y después, de su sexo.- Tú sí tienes experiencia, ¿verdad? Más que tus amigos.</p> <p>- Me enseñó una chica cascabel,- respondió él sonriente y algo halagado.- Si necesitas algo, ayuda o lo que sea, búscame. Me llamo Alonso.</p> <p>- Me alegro de conocerte, Alonso,- respondió ella.- Gracias.</p> <p>- Y no les tengas en cuenta que sean un poco brutos,- añadió Alonso.- No lo hacen por maldad. Mis amigos no te van a hacer daño a propósito. Pero ten cuidado, hay gente bastante mala por aquí. Lo de la ayuda lo digo en serio. Lo que necesites.- Y mirando atrás, añadió:- Bueno, me voy. Encantado de conocerte. Ha sido un placer. Pero un placer de verdad.</p> <p>- Gracias, Alonso, de verdad. Y para mí también ha sido un placer.- Respondió ella ruborizándose un poco, antes de que él se diera la vuelta y saliera corriendo para alcanzar a sus amigos.</p> <p>Blanca se quedó sentada en el banco viendo como se alejaban. Trató de peinarse como pudo y de recomponer su uniforme lo mejor posible, y por fin decidió que no podía quedarse allí escondida toda la vida. Se levantó y se dirigió rápidamente a buscar a las otras chicas cascabel, suplicando en su interior para que nadie más la detuviese. </p> <p>Continuará.</p>

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