<p>Celeste y Blanca llegaron al comedor para la cena, después de que Blanca se hubiera lavado y aseado. Era una sala amplia y decorada de forma clásica, con largas mesas de madera donde sentarse a cenar. Tras recoger su cena en una bandeja, se instalaron estratégicamente en una esquina desde donde tenían a la vista todo el espacio circundante. </p>
<p>Enseguida, otro par de jóvenes se les unió, las dos con el cascabel al cuello. Celeste las presentó como Alba y Clara, una pelirroja de cara redonda y anchas caderas y una castaña de pelo rizado algo más baja. Todas parecieron alegrarse de contar con otra miembro de su grupo. La acogieron con amabilidad y le anunciaron que ya iría conociendo a las demás. A Blanca le llamó la atención un chico moreno que comía solo en otra esquina, con la cabeza gacha, centrado en sus propios pensamientos.</p>
<p>- Sí, es Bruno,- le respondió Alba.- Es un poco huraño. </p>
<p>- No sabía que también hubiera chicos cascabel,- se extrañó Blanca fijándose en el cascabel que Bruno llevaba en la garganta. </p>
<p>- Sí,- contestó Clara.- Se supone que las chicas también tienen derecho a disfrutar. Pero creo que lo que más recibe Bruno son exigencias masculinas… ya sabes.</p>
<p>- Oh…- Se sorprendió Blanca.</p>
<p>- Creo que por eso está siempre enfadado,- añadió Alba.- Sé de buena tinta que no es gay.</p>
<p>- No es fácil para él,- añadió Celeste.- Pero no lo es para nadie. Dejadlo en paz.</p>
<p>- Mira quién llega,- señaló Alba al grupo de chicas que caminaron por el pasillo como si el mundo fuera suyo y ocuparon la mesa más céntrica.- Las princesitas van a cenar.</p>
<p>- Mantente alejada de ellas,- advirtió Celeste.- Son una banda de arpías muy peligrosas. Te harán daño si pueden. Nos odian.</p>
<p>- Nos odian porque los chicos vienen con nosotras en lugar de suplicarles a ellas, como creen que merecen.- Añadió Clara.</p>
<p>- Nos desprecian.- Apuntó Celeste.- Se creen superiores a las demás, así que imagina lo que piensan de nosotras. </p>
<p>- Pero que no te amarguen la cena,- concluyó Alba.- Mira a la derecha. Cada día está más guapo. Mataría porque él me arrastrase al jardín y…</p>
<p>- ¿Quién?- Preguntó Blanca.</p>
<p>- Aquel grupo de chicos,- le respondió Celeste.- ¿Los ves? ¿El alto y rubio del centro?</p>
<p>- Es muy guapo,- comentó Blanca.</p>
<p>- Es guapísimo…- Corrigió Alba con un suspiro.</p>
<p>- Es guapo, alto, listo, cortés, tiene buen corazón, es bueno en deportes, saca buenas notas… - Añadió Clara.- Pero no se acerca a nosotras. Nadie ha tenido nunca nada con él. Ni chicos ni chicas. Y tampoco las estudiantes normales, que se sepa. Es tan misterioso y adorable…</p>
<p>- Se llama Rodrigo,- continuó Celeste.- Es el único que no me importaría que me follase como quisiera y cuando quisiera. Pero no lo hace. No es gay, pero no parece interesado en chicas ni chicos, en ese sentido.</p>
<p>- Y no veo a Álvaro,- cambió de tema Clara, girando la cabeza para buscar.</p>
<p>- ¿Quién es Álvaro?- Preguntó Blanca y todas soltaron una risita.</p>
<p>- Bueno, digamos que si no existiera Rodrigo, Álvaro sería el dueño de los corazones de todas las chicas de la Institución,- respondió Clara.</p>
<p>- Un morenazo de ojos claros que está como un tren,- añadió Alba.</p>
<p>- Es un sinvergüenza,- corrigió Celeste, para enseguida dulcificar la expresión de su rostro,- pero es un sinvergüenza adorable.</p>
<p>- ¿También guapo y misterioso, como Rodrigo?- Preguntó Blanca.</p>
<p>- Bueno, digamos que es guapo, tiene algo de misterio…- respondió Clara,- pero ha pasado por su cama a todas las chicas cascabel de la Institución.</p>
<p>- Y a casi todas las demás,- añadió Celeste, provocando de nuevo la risa de todas.</p>
<p>- Vaya, vaya, qué contentas estáis. ¿No estaréis hablando de mí?- Dijo un muchacho alto, moreno, de ojos azules, que plantado frente a la mesa las miraba con una sonrisa.</p>
<p>- ¡Álvaro!- Exclamó Alba al reconocerlo.- Te echábamos de menos. ¿Conoces a Blanca? Es nueva.</p>
<p>- ¡Por los clavos de Cristo!- Exclamó el chico teatralmente.- Si alguna vez hubiera visto a esta belleza, me acordaría, no tengo la menor duda. Y ahora os puedo asegurar que no se me olvidará jamás. Estoy encantado de conocerte, Blanca.</p>
<p>- Yo… yo también a ti,- respondió la aludida sin mucha seguridad, aunque contagiándose de la sonrisa del muchacho, al igual que sus compañeras.</p>
<p>- Idiota,- le espetó Celeste sin perder su sonrisa.- Me vas a poner celosa.</p>
<p>- Oh, no, Celeste, mi dulce Celeste. Sabes que eres y siempre serás mi morena preferida. </p>
<p>- ¿Qué pasa hoy?- Preguntó Alba.- Hay poca gente cenando.</p>
<p>- Problemas en el exterior. Crisis de gobierno y esas cosas. Todo muy aburrido.- Respondió Álvaro y Blanca agachó la cabeza, sabiendo que su llegada allí tenía su origen en todo aquello.- Cenad tranquilas y no os preocupéis mucho. Por cierto…</p>
<p>Blanca vio que las otras tres chicas levantaron su mirada como si esperasen una invitación. Estaba claro que Álvaro las atraía y ella misma no era inmune a aquel encanto.</p>
<p>- Blanca, cuando acabes, te espero en mi habitación,- le dijo.- No está lejos. Sin duda, a Celeste no le importará acompañarte para que no te extravíes. </p>
<p>- Idiota,- respondió Celeste, ante lo que él ensanchó su sonrisa y le plantó un beso en los labios. </p>
<p>- Si algún desgraciado pretende detenerte y adelantarse a mi, diles que yo me lo tomaré muy mal.- Concluyó él.- ¿En una media hora?</p>
<p>- Yo…- Blanca titubeó, miró a Celeste, que se encogió de hombros y se dio cuenta de que lo que parecía una invitación, en realidad era su obligación.- Allí estaré.</p>
<p>- Bien, bien. Buen provecho y hasta dentro de media hora.- Se despidió él y tras lanzar un beso con la mano al grupo de chicas cascabel, se marchó del comedor.</p>
<p>- Pues ya has conocido a Álvaro,- comentó al fin Clara.- Tienes suerte. Esta noche las demás tendremos que soportar a algún mocoso torpe. Creo que cenaré y me iré lo antes posible a mi habitación, por si puedo evitar encontrarme con nadie.</p>
<p>Las chicas tomaron su cena comentando sus cosas, poniendo al día a Blanca de lo que consideraban que debía saber y cuando hubieron acabado, se despidieron y marcharon cada una por su lado. Blanca y Celeste subieron las escaleras y se dirigieron a un ala de dormitorios. Blanca pudo ver como dos estudiantes se detenían con Alba y se marchaban los tres juntos en otra dirección. </p>
<p>A ellas nadie las molestó y Celeste comentó que probablemente Álvaro había hecho correr la voz para que así fuera. Según le explicó, el muchacho era apreciado por la mayoría, muchos le debían favores y casi todos estaban siempre dispuestos a estar a bien con él. Avanzaron por un pasillo con puertas similares a las de su habitación y Celeste, que claramente sabía el camino, se detuvo ante una y llamó. Álvaro no tardó en abrir la puerta sonriente.</p>
<p>- Os he esperado con impaciencia,- dijo.- Ha sido una media hora demasiado larga.</p>
<p>- Aquí te traigo a mi amiga, adulador.- Respondió Celeste.- Te lo advierto, trátala bien.</p>
<p>- ¿Alguna vez te he tratado mal?- Replicó él haciéndose el dolido.- Pasa, por favor, Blanca,- añadió saliendo al pasillo y apartándose de la puerta.- No me tengas miedo. Soy el más inofensivo de esta Institución.</p>
<p>La aludida obedeció y entró en la habitación. Era parecida a la suya, pero sólo había una cama en lugar de dos, lo que la hacía más espaciosa. La decoración era típicamente masculina. A un lado, había un escritorio cargado de libros y papeles y una silla con ropa mal doblada. </p>
<p>- Ya sabes, trátala con cuidado. Lo está pasando mal.- Dijo Celeste a modo de despedida. Pero Álvaro le puso una mano en el brazo para detenerla.</p>
<p>- Espera. Estoy pensando…</p>
<p>- No,- respondió ella.- Ni hablar.</p>
<p>- No te detendré si quieres irte, pero…- La sonrisa de él se ensanchó.- Venga, sabes que hace tiempo que no lo hacemos y me echas de menos. Te molesta que la haya elegido a ella en lugar de a ti. No lo niegues, que te conozco.- Y bajando la voz añadió:- Y la chica nueva es preciosa. De otra podría entender que se marchara, pero tú… </p>
<p>Celeste suspiró y enarcó las cejas.</p>
<p>- Eres insoportable.</p>
<p>- Por eso sólo me aguantas tú y por eso te adoro,- replicó él satisfecho al verla entrar también en su habitación.</p>
<p>Los tres, en medio del cuarto, se miraron un instante. Las dos muchachas juntas frente al alto y atlético estudiante. Ellas cruzaron una mirada, la de Blanca llena de dudas y la de Celeste expectante.</p>
<p>- Podemos empezar quitando esas blusas y las faldas,- sugirió él. </p>
<p>Ellas obedecieron. Celeste con calma y Blanca nerviosa, con las manos temblando casi imperceptiblemente, pero lo suficiente para que Celeste lo notase. Siguiendo las normas de la Institución, como chicas cascabel, no llevaban ropa interior, de modo que una vez sin esas dos prendas, quedaron desnudas excepto por las medias, que llegaban a medio muslo y el estrecho choquer negro en el cuello, que sostenía el cascabel. Las dos jóvenes eran delgadas y bien proporcionadas. La rubia tenía unos senos grandes, firmes y redondeados, sobre los que caía su cabello como una cascada, casi cubriendo unas areolas pequeñas y rosadas sobre su piel especialmente blanca. La morena tenía pechos más pequeños pero respingones y sus dos coletas permitían una visión completa de su cuerpo. </p>
<p>Álvaro se acercó despacio a ellas, puso una mano en un glúteo de cada una y las atrajo hacia sí. Los culos eran firmes y suaves. Besó a Celeste en los labios y ésta le devolvió el beso sin reparos, un largo y profundo beso en el que las lenguas se entrelazaron. Seguidamente volvió el rostro para hacer lo mismo con Blanca. Ella, sin práctica, lo recibió torpemente, tensa, aunque esforzándose por ser servicial. La lengua del muchacho acarició los suaves y carnosos labios de la chica, que poco a poco comenzó a relajarse y a aceptarlo, hasta que su propia lengua empezó a responder tímidamente.</p>
<p>Mientras tanto, Celeste aprovechó para desabotonar la camisa de él y quitársela. Luego hizo lo mismo con los pantalones y terminó por quitarle los calzoncillos. El miembro estaba ya erecto y de hecho, se había empalmado en cuanto vio los dos jóvenes cuerpos femeninos desnudos. Celeste llevó la mano hasta el pene y con mucha suavidad, comenzó a acariciarlo mientras mordisqueaba la tetilla del chico.</p>
<p>Blanca ya respondía al profundo beso que recibía, sujeta por la fuerte mano de Álvaro que la aferraba desde la nuca. Los tres, así sujetos, dieron un paso hacia atrás y él se sentó en la cama, desnudo, abriendo las piernas. Celeste lo conocía y sabía lo que quería. Sin decir nada se arrodilló frente a él. Blanca, algo confusa, la imitó, quedando ambas entre las piernas masculinas y el sexo erecto frente a sus caras. El rostro de Blanca estaba colorado por la vergüenza.</p>
<p>- ¿Has hecho alguna vez una mamada?- preguntó Celeste y Blanca, atónita, negó con la cabeza.- Yo te enseño. Haz como yo.</p>
<p>La morena besó la base del pene y empezó a recorrerlo con la lengua. Blanca la observó durante un instante, sin atreverse a hacer nada, hasta que decidió que debía ayudar a su amiga. Acercó los labios a la verga dura, sintiendo su penetrante olor. La besó a modo de prueba. Estaba suave y cálida. Probó con la punta de la lengua. Aquello parecía irreal, un sueño. El corazón latía desbocado y la cabeza le daba vueltas. Blanca temió desmayarse, pero en lugar de ello, respiró profundamente y lamió el enhiesto sexo masculino, al igual que lo hacía su amiga. En ocasiones, sus labios y sus lenguas se entrecruzaban, a modo de extraño beso.</p>
<p>Celeste, además, acariciaba con mucha suavidad y calma los testículos y cuando lo consideró oportuno, susurró en el oído de su compañera:</p>
<p>- La parte verdaderamente sensible es la punta. Es lo que realmente quiere, ¿verdad, Álvaro?</p>
<p>- Oh, sí, preciosa,- respondió él.- ¿Cómo no vas a ser mi preferida?</p>
<p>- Empieza metiéndotelo en la boca, así,- continuó la delgada morena.- Sólo la cabeza y la acaricias con los labios.</p>
<p>Celeste hizo lo que había descrito para que su compañera lo viera. Abrió la boca e introdujo en ella el glande, para inmediatamente comenzar a meterlo y sacarlo, frotándolo suavemente con los labios. Álvaro dejó escapar un suspiro de satisfacción. Tras un instante, la chica se retiró.</p>
<p>- Inténtalo tú,- ofreció a su amiga, que con torpeza debido a la timidez, la imitó. </p>
<p>Blanca notó el sabor intenso y la gotita de un líquido denso que aparecía en el extremo del glande. Cerró sus labios sobre la hinchada y colorada cabeza y la introdujo lentamente. La punta de la lengua tocó el órgano y la retiró en una reacción automática. Luego la relajó y dejó que volviera a saborearla apenas con el extremo. Movió su cabeza lentamente, de modo que volviera a salir de sus labios y volviese a entrar, con calma. Celeste la observaba mientras acariciaba los testículos. </p>
<p>- Bien. Lo estás haciendo muy bien. Sabe raro, ¿verdad? Ahora, cuando esté dentro, lámelo. Con toda la lengua, así, muy bien.</p>
<p>- ¡Joder!- Exclamó el chico, que las miraba desde arriba.- Váis a hacer que me corra en un momento sólo de veros y escucharos.</p>
<p>- Cállate, Álvaro.- Le respondió la morena.- Tiene que aprender y mejor contigo que con cualquier animal como esos con los que te juntas. Tú la has querido estrenar, así que aguanta y no interrumpas.</p>
<p>- Eres adorable cuando te pones así, morenita.- Contestó él, sonriente.</p>
<p>- Tonto…- Replicó la chica antes de volver su atención de nuevo a su compañera.- Muy bien. ¿Ves? Se está poniendo tan dura que parece que va a estallar. </p>
<p>- Ni te lo imaginas,- comentó el dueño del pene.</p>
<p>- Ahora,- continuó Celeste sin prestarle atención,- ve metiéndotela toda en la boca, hasta el fondo. </p>
<p>- Es demasiado grande…</p>
<p>- No, verás que es fácil. Despacio, hasta el final. Así…</p>
<p>Blanca obedeció hasta que la punta de la verga llegó a su garganta, lo que le produjo una arcada. Tratando de contenerla, retiró rápidamente la cabeza dejando que el pene saliera de su boca. Tosió un par de veces y miró a su amiga con remordimiento, con hililos de líquido saliendo aun de su boca y uniéndose al sexo del muchacho.</p>
<p>- No pasa nada, la tranquilizó Celeste.- Es normal. Tienes que acostumbrarte y mejor con Álvaro, que tiene paciencia, que con cualquiera de los bárbaros que tratarán de forzarte a lo bestia su polla hasta el estómago. </p>
<p>- Vaya, gracias,- terció el aludido.</p>
<p>- Inténtalo de nuevo,- continuó la morena casi susurrando al oído de la otra chica.- Despacio, poco a poco. Ve metiéndolo despacio hasta el final. Juega con tu lengua con él. Cuando haya entrado, sácalo un poco y vuelve a meterlo. Ya sabes. Así, con calma. Cuando te sientas segura, podrás hacerlo más deprisa. Muy bien. Ahora adentro otra vez. Y afuera… </p>
<p>Celeste la observó durante un instante y cuando vio que su recién estrenada aprendiz realizaba una felación aceptable, le acarició los cabellos y dirigió la atención al muchacho. Recorrió su cuerpo con los labios, desde el bajo vientre a su cuello, pasando por el pecho. Seguidamente entrelazó sus dedos con los cabellos morenos del estudiante y lo besó en los labios. Él le devolvió el beso con pasión. Con una mano aferró el culo de la delgada morena que ahora lo abrazaba y la otra mano la puso en la cabeza de la rubia que le chupaba el pene. Resistió el impulso de empujar su cabeza hasta el fondo y se limitó a acariciarla y jugar con sus largos cabellos.</p>
<p>Del culo de Celeste, los dedos del estudiante se deslizaron como una araña hasta la entrepierna, donde comenzaron a juguetear con sus labios vaginales. Al notar que ya estaba bastante húmeda, el jugueteo se transformó en masturbación. Los besos de la chica fueron aún más apasionados si cabe.</p>
<p>No pasó mucho tiempo hasta que Álvaro dejó escapar un gemido en la boca de Celeste y se tensó. Al mismo tiempo, un chorro de semen cálido se disparó en el interior de la boca de Blanca, casi directamente en su garganta. La muchacha, sorprendida, se retiró hacia atrás tosiendo, atragantándose con la primera descarga. Un par de chorros salieron del pene y cayeron en su cara antes de que supiera qué estaba ocurriendo. </p>
<p>Celeste dio un último beso al chico, que aún se recuperaba del orgasmo y dirigió la mirada hacia su amiga. Allí de rodillas, con la ruborizada cara manchada con semen, uno de cuyos hilillos aún llegaban a la punta de pene, permanecía con una expresión mezcla de asombro y culpabilidad. Celeste se volvió a deslizar hasta el suelo, de rodillas junto a su compañera, y acarició sus cabello.</p>
<p>- No pasa nada, está bien,- dijo.- La próxima vez, deja que acabe del todo en tu boca. </p>
<p>- Yo… Lo siento… Yo….- Tartamudeó Blanca.</p>
<p>- No pasa nada. Todo está bien, ¿verdad Álvaro?</p>
<p>- Todo muy bien,- respondió él, disfrutando todavía de su corrida y de la visión de las dos chicas desnudas, bastante relajado tras el orgasmo.</p>
<p>Celeste trató de retirar con un dedo una salpicadura de semen de las cejas de Blanca, sin mucho éxito.</p>
<p>- ¿Sabes?- Dijo la morena.- La cosa no puede quedarse así. Ahora este tonto nos debe a nosotras algo. Así que no podemos permitir que se le quede floja. Habrá que hacer algo. ¿No te parece?</p>
<p>Blanca asintió con la cabeza, sin saber muy bien a qué se refería su compañera. En ese momento se sentía arrastrada por los acontecimientos y no tenía fuerzas para ofrecer resistencia. </p>
<p>Celeste acercó sus labios al rostro de la rubia y lanzándole al chico una fugaz y provocativa mirada, sacó su lengua y con deliberada lentitud lamió el semen de la cara. Blanca se sorprendió pero no se resistió. Miró con asombro a Celeste, quien comenzó a acariciar muy dulcemente sus pechos. Cuando hubo limpiado la cara de su compañera, la morena dirigió sus atenciones a los pechos de la otra chica. Los lamió con calma y metió uno de los pezones entre los labios. Blanca lanzó un pequeño gemido, mezcla de sorpresa y de pequeño placer. La morena retiró su rostro y aun acariciando visiblemente los pezones, se dirigió al muchacho de nuevo.</p>
<p>- ¿Disfrutando del espectáculo?- Le preguntó, antes de plantar un fugaz beso en los labios de la sorprendida Blanca.- ¿La tienes todavía dura?</p>
<p>- No sabes cuánto disfruto, preciosa.</p>
<p>- Vamos,- susurró Celeste a Blanca y trepó por las piernas del estudiante hasta ponerse de rodillas en la cama para besar su pecho y su cuello.</p>
<p>Blanca lo imitó y Álvaro la sujetó con una mano en la espalda y la obligó a subir hasta su rostro. La besó apasionadamente, primero en los labios, luego en el cuello y finalmente se dirigió a los pechos. Mientras, Celeste había recorrido todo el torso y el abdomen de él y ahora mamaba de su polla con calma, sintiendo como iba endureciéndose cada vez más. </p>
<p>Álvaro, empujado por Celeste, se tumbó boca arriba en la cama, acariciando todo el cuerpo de Blanca, que no se había sentido más excitada en su vida. La morenita se irguió de rodillas en la cama y pasó una pierna al otro lado del cuerpo del muchacho. Dirigió su entrepierna al sexo masculino. Lo agarró para dirigir su punta a la entrada de su propia vagina.</p>
<p>- ¿Estás listo?- Preguntó ella.</p>
<p>- Cabalga, mi bella amazona,- dijo él. </p>
<p>Celeste bajó lentamente dejando que la dura verga entrase en su sexo, empalándose en el mástil de carne. Un gemido de placer femenino acompañó a la penetración hasta que el clítoris de la morena quedó pegado a la piel del bajo vientre de él. Comenzó a mover las caderas como si estuviera bailando una música muy lenta, sintiendo el pene en su interior y la dulce fricción en su clítoris.</p>
<p>- ¿Y qué hacemos contigo?- Reflexionó él dirigiéndose a Blanca.</p>
<p>- Siéntate como yo,- le dijo Celeste, sin cesar su movimiento pero dirigiéndola con sus manos.- Pero al revés. Así. Deja caer tu trasero sobre su cara. Él sabrá qué hacer.</p>
<p>Imitando la cabalgada de su amiga, Blanca hizo lo mismo, de cara a ella, pero en lugar de empalarse en el pene, se sentó sobre el rostro del muchacho. Éste la sujetó por las piernas y la dirigió hacia el lugar en que podía alcanzar su sexo con la boca. Cuando Blanca lo notó dio un respingo de la sorpresa, pero Álvaro la tenía sujeta y la obligó a volver. Con los labios y la lengua, el muchacho comenzó a acariciar los labios vaginales hasta hallar el clítoris y comenzó a lamerlo.</p>
<p>Blanca se puso a temblar y notó que perdía sus fuerzas. Gimiendo, se dejó caer hacia delante hasta que Celeste la sujetó, sabiendo que necesitaba ser consolada, abrazada. Lo hizo con dulzura, sin dejar de cabalgar el pene. Blanca abrazó también a su amiga y respondió a las caricias que estaba recibiendo. Con una mano en la ruborizada mejilla de la rubia, la morena comenzó a besarla con dulzura en los labios y sonrió satisfecha al notar que era correspondida. La otra mano acariciaba el cuerpo de su compañera, con especial atención a aquellos grandes y preciosos pechos.</p>
<p>Blanca la imitó y ambas se acariciaron y besaron, abandonándose al placer que sentían en su sexo. Álvaro era muy hábil con su lengua y Blanca lo estaba disfrutando. Ésta bajó su cabeza y sin saber por qué, sin siquiera pensarlo, dirigió sus labios al pezón derecho de Celeste, que sorprendida, se dejó hacer. </p>
<p>Blanca lamió el pezón y luego lo chupó. Al instante se dirigió al izquierdo y cuando se sintió satisfecha, puso una mano en la nuca de Celeste para dirigirla a sus propios pechos. Ésta no se resistió y lamió los senos de su amiga. Le parecían preciosos y la excitaban tanto como el cuerpo del muchacho. Lamió, mordisqueó y chupó los pezones de la rubia, disfrutando de cada milímetro de aquella piel suave, de la maravillosa sensación de tener esos senos firmes en su boca.</p>
<p>El pene se movía en el interior de la vagina de Celeste al ritmo que ella estaba marcando, al tiempo que su clítoris se masturbaba con la misma piel del muchacho. Mientras, parecía que en lugar de al estudiante, le estuviese haciendo el amor a su recién conocida compañera. Ésta gemía y temblaba ante las oleadas de placer que la lengua Álvaro le provocaba en su propio sexo. Las dos chicas cascabel se acariciaban y besaban mutuamente, abandonadas a un placer que poco a poco iba aumentando y que sabían que llegaría a su clímax en cualquier momento.</p>
<p>Al cabo de un rato, los gemidos de Blanca aumentaron de volumen e intensidad. Su cuerpo convulsionó y se arqueó, al tiempo que sus caderas se aplastaron contra la cara del muchacho. El orgasmo hizo que perdiera el ya escaso control que mantenía sobre su propio cuerpo y tras unos espasmos, se desplomó en la cama, se hizo un ovillo y siguió gimiendo sin dejar de temblar. </p>
<p>Álvaro, con la cara mojada de fluidos vaginales, rodeó su cuello con un brazo y la atrajo hacia sí. Le plantó un beso en la frente, la abrazó, pero dejó dejó que se fuera poco a poco recuperando. Mientras, la cabalgada de celeste se estaba haciendo más intensa y más violenta. Con la mano libre, aferró uno de los pechos de la morena que gimió y lanzó un grito justo antes de desplomarse sobre él, también temblando y presa de lo que parecían violentos escalofríos. La vagina le aplastaba el pene con fuertes contracciones. Celeste respiraba agitadamente mientras las oleadas de placer recorrían su cuerpo dejándola totalmente indefensa, inerte como una muñeca de trapo. Con un prolongado suspiro, la morena dejó que el órgano de Álvaro saliese de su interior.</p>
<p>Ambas chicas cascabel permanecieron abrazadas al muchacho, temblando, respirando profundamente, sin decir nada. Él, sonriente, dejó que se recuperasen durante un rato.</p>
<p>- No creáis que esto se va a quedar así,- dijo él al fin.- Vosotras os lo habéis pasado muy bien, pero miradme a mi. Mi pobre polla aún está tiesa y triste, porque la habéis abandonado.</p>
<p>Álvaro se incorporó, sonriente, observando los cuerpos lánguidos de las dos chicas desnudas sobre su cama y sus rostros con la expresión que él conocía y adoraba, típica de haberse corrido hacía un momento. Ante la falta del cálido cuerpo masculino entre ellas, Blanca y Celeste se buscaron y se abrazaron una a la otra, para mayor deleite del joven.</p>
<p>Con suavidad, colocó a Blanca boca arriba y le separó las piernas, sin encontrar resistencia alguna. Se colocó sobre ella y buscó la cálida y húmeda entrada de la vagina. Introdujo despacio su pene allí, arrancando de la garganta de la chica un gemido prolongado. Blanca sintió dolor. Era la segunda vez en su vida que un hombre la penetraba. Pero a pesar de ello no quería que aquello acabase. Necesitaba que el duro órgano entrase en ella hasta el fondo.</p>
<p>A pesar de que estaba bien lubricado, la gruta era muy estrecha. La verga se abrió paso hasta el final y tras disfrutar de la calidez y de la suavidad del joven cuerpo femenino contra el suyo, Álvaro comenzó a follársela con calma pero sin pausa alguna. Con su mano izquierda acarició a la rubia a la que estaba poseyendo, mientras que con la derecha, buscó el sexo de la morena que se abrazaba a su compañera, que tampoco puso impedimento alguno. Introdujo sus dedos anular y corazón por la también muy lubricada vagina, mientras que el índice y el pulgar masturbaron hábilmente el clítoris.</p>
<p>Para sorpresa del muchacho, Blanca enseguida reaccionó a su penetración y comenzó ella misma a mover sus caderas, acompasándose a los movimientos del estudiante. Álvaro se la folló sin prisas, disfrutando de cada acometida y de la piel de ella tocando la suya. Al mismo tiempo se afanaba por masturbar a Celeste sin permitir que descansase ni un momento. Blanca se abrazaba a Álvaro, lo besaba, se retorcía de placer y lo soltaba para besar a Celeste, que le correspondía y acariciaba los pechos de su amiga y luego a su amante masculino. </p>
<p>Los movimientos de la cadera de Blanca aumentaron de cadencia, señalando la urgencia de ser follada con mayor fuerza. Aceptando la exigencia, Álvaro aumentó también sus arremetidas, notando cómo el orgasmo regresaba a la muchacha. Blanca lanzó un gemido profundo y se aferró con fuerza al cuerpo del muchacho. Su vagina fue presa de fuertes convulsiones, que aplastaron la verga de él como si tratasen de succionarla, provocando también que se corriera con fuerza en su interior. El joven se tensó y gimió cuando derramó su semen en el interior de la chica. A su lado, Celeste se unió a ellos en su propio orgasmo.</p>
<p>Durante un rato los tres permanecieron abrazados, jadeando, sin decir nada ni moverse. Al poco, Álvaro se acomodó boca arriba en la cama, en medio de las dos chicas cascabel, las cuales se abrazaron a él usando su hombro y pecho como almohada.</p>
<p>- Quedaos aquí esta noche,- dijo al fin Álvaro.- Debe de ser tarde y no quiero que os castiguen por ir por los pasillos de noche. Y es fin de semana. No hay que levantarse temprano para ir a clase.</p>
<p>- Tú lo que no quieres es que otro tío nos folle,- replicó Celeste.</p>
<p>- Eso también,- admitió él.- ¿Ves? Todo son ventajas si os quedáis.</p>
<p>- ¿Tú qué piensas, Blanca?- Preguntó su compañera.</p>
<p>- Yo… No sé. Como tú digas,- contestó, aunque se sentía agusto acurrucada allí con el joven.</p>
<p>- Entonces no hay más que hablar,- zanjó él. Y al cabo de un rato añadió:- Además, me encanta follar por las mañanas cuando me despierto.</p>
<p>- Idiota- le espetó Celeste, aunque no se movió de su sitio.</p>
<p>Continuará.</p>