Infiel en casa
El esposo ronca fuerte en la sala, ajeno a lo que sucede a pocos metros. Mateo, el amigo de siempre, no puede evitar mirarla con lujuria. Cuando la puerta se cierra y la oscuridad los envuelve, la tentación de lo prohibido se vuelve irresistible.
Diego llegó a casa como a las 11.00pm. Vino muy ebrio. Trajo a Mateo para seguir tomando con él.
Me pidió que los acompañe en la sala. No quise, pero tampoco intenté contrariarlo pues, mareado como estaba, no quise que se molestara. Desde que me senté, en short y blusita de pijama, Mateo no dejó de mirarme. Con deseo. Con lujuria.
Siempre me había parecido un hombre atractivo. Pero siendo amigo de Diego nunca pasó por mi mente tener una aventura con él. Sin embargo, sus miradas me iban calentado.
Diego sacó un Whisky para que tomen. Me pareció muy raro pues no suele tomar esa bebida, peor ya en el estado en el que se encontraba. Pero, igualmente, no quise decirle nada.
Rápidamente se fue poniendo peor. Mateo fue al baño a orinar, tenemos uno de visita junto a la sala. Desde donde yo estaba sentada podía ver el baño directamente. No cerró la puerta, se desabrochó el jean, sacó su pene y orinó. Me mega calentó verle el pene grande y el chorro de orines.
Volvió a la sala. Se sentó junto a Diego. Frente a mí. A los pocos minutos Diego se quedó dormido. Completamente ebrio. Entre ambos lo acostamos sobre el sofá. Le saqué los zapatos, le coloqué una frazada encima. Pronto empezó a roncar.
En ese proceso, Mateo me manoseó a su gusto. Sólo me deje hacer. No protesté.
Cuando terminamos de acomodar a Diego, le pedí que se retire. Caminé delante de él hacia la puerta, pero me jaló contra su cuerpo y sentí, pegadita a mis nalgas, su verga erecta. Le dije ¿Qué haces?
Me respondió “se lo que quieres”. Y si lo quería. Lo deseaba mucho. Diego roncaba muy fuerte ya. Sabía que no despertaría hasta la mañana siguiente. Mis hijos dormían en su cuarto. Fui y les cerré la puerta con llave y volví a la sala.
Pensé en llevarlo a mi cuarto. Pero me desanimé. Se me ocurrió entregarme a él sobre uno de los sofás, mirando por si Diego se despertaba.
Me acomodé de pie contra el respaldar del sofá. Me incliné hacia adelante. Mateo se acomodó detrás. Sentí sus dedos ensalivándome la concha. No era necesario. Y me penetró. Sentí un mayor grosor y una mayor largura. Sentí muchísimo placer. Más aun mirando a mi esposo durmiendo borracho.
Tuve un orgasmo muy rápido. Quizás menos de 3 minutos. Mateo se aceleraba y empezó a pedirme el culo. Le decía que no, pero me incliné más, me quebré lo más que pude. Entendió.
Sentí sus dedos ensalivando mi culito. Le decía que no, que no, que no lo quería así. Pero no hizo caso de mis palabras, si de mis movimientos. Sacó su pene de mi vagina y lo acomodó en mi culito. Empujó un poco y me abrí sin más. Entró de golpe y sentí la gran diferencia. No pude contener mis gemidos. Gemía desaforadamente, me mordía los labios, pero no podía evitar los gemidos. Me empezó a venir un orgasmo anal y finalmente llegamos juntos.
Se subió el pantalón y se fue muy rápido. Quedé con el pijama abajo. Me la acomodé, revisé a Diego, dormía su borrachera. Fui a mi cuarto a dormir.
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