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El Despertar en la Aldea parte 13

La noche cae sobre la aldea y los soldados tienen poco tiempo antes de que el sargento llegue. Awa sabe que no debería, pero el fuego en su sangre es más fuerte que la razón; esta vez, no piensa irse sola.

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Awa seguía mamando como una posesa la polla del soldado, su boca envolviéndola con una succión desesperada y rítmica, la textura venosa y caliente latiendo contra su lengua que giraba en círculos rugosos alrededor de la cabeza sensible, saboreando cada gota de pre-semen salado que brotaba en hilos pegajosos, el olor masculino a sudor y excitación invadiendo sus fosas nasales como un perfume embriagador. Sus labios gruesos se estiraban alrededor del eje grueso, saliva babosa chorreando por su barbilla en torrentes transparentes y viscosos que goteaban al suelo polvoriento, mezclándose con sus propios jugos que chorreaban profusamente por sus muslos en un flujo caliente y resbaladizo, formando un charco pegajoso bajo sus rodillas. Cada mete-saca del soldado, empujando sus caderas con golpes controlados que follaban su boca en un ritmo húmedo y chasqueante, enviaba ondas eléctricas directo a su clítoris, amplificando orgasmos brutales que la hacían convulsionar, leche brotando en chorros potentes de sus pechos enormes, salpicando el uniforme del soldado en fluidos blancos y tibios que corrían por su torso, el dulzor lácteo mezclado con su sudor salado intensificando todo. "Oh, dios... su polla... tan dura, tan salada... necesito más... semen... me corrooo...", pensó Awa, su mente un remolino de éxtasis y vergüenza, pero su cuerpo actuando por instinto, gimiendo guturales ahogados: "Mmmhhh... glup... ahhh...", mientras los otros tres soldados se acercaban, embobados por ver a semejante negra tan exuberante y atractiva, su figura de diosa alta y delgada con caderas marcadas y pechos enormes goteando, labios gruesos relamiéndose, ojos grandes vidriosos de placer.

Justo en ese momento, el soldado eyaculó entre grandes gemidos y gritos guturales: "¡Joder... toma, chica... ¡ahhhhh! ¡Me corrooo!", su polla pulsando en chorros potentes y prolongados, semen espeso y caliente inundando la boca de Awa en torrentes salados que bajaban por su garganta como un elixir ardiente, el sabor cremoso y salado explotando en su paladar, amplificando orgasmos brutales que la hicieron arquear la espalda, su cuerpo convulsionando en espasmos salvajes, leche salpicando en chorros a presión de sus pechos, jugos chorreando por sus muslos en un río viscoso y caliente que empapaba el suelo. Awa tragaba con ansia, sonidos guturales desesperados: "Glup... mmmhhh... sí... más...", relamiéndose cada gota como si fuera el néctar más preciado, su lengua lamiendo la punta sensible para no perder nada, el calor líquido extendiéndose en su estómago como un fuego que la calmaba momentáneamente, pero solo avivaba su adicción.

El soldado le sacó la polla de la boca con un pop resbaladizo, ajustándose los pantalones jadeando, y le dijo a los otros con una risa ronca: "Ahí se la dejo, chicos... pero dense prisa, el sargento está a punto de venir para el relevo. Esta negra es un volcán... no la desperdicien". Los soldados observaban pasmados el éxtasis de Awa, que sufría mini orgasmos residuales mientras se relamía el semen de las comisuras de sus labios gruesos, lamiendo con la lengua en movimientos lentos y sensuales, mirándolos aún de rodillas con ojos vidriosos y suplicantes, su cuerpo temblando, pechos goteando leche en hilos pegajosos por su torso, jugos formando un charco brillante bajo ella. Era una imagen demasiado tentadora: su figura exuberante, piel oscura brillante de sudor y fluidos, caderas marcadas invitando, labios hinchados por la mamada, una diosa negra en éxtasis puro.

Los soldados, embobados y con erecciones duras abultando sus pantalones, se acercaron a ella con sonrisas ladeadas y ojos hambrientos, sacándose las pollas venosas y pulsantes, gruesas y largas, pre-semen goteando en hilos transparentes. Awa, ya totalmente dominada por la excitación y desinhibida, su timidez ahogada en el fuego hormonal, agarró la polla del primero con desesperación, sus manos delgadas envolviéndola en un apretón firme y ansioso, metiéndosela en la boca de un empujón profundo, succionando con fuerza como si su vida dependiera de ello, la cabeza golpeando su garganta en un gag húmedo que la hacía gemir: "Mmmhhh... glup... sí... polla...". El soldado exclamó con una risa gutural, bufando: "¡Joder... nunca había visto tanta desesperación por mamar! Mira esta puta negra... succiona como si estuviera muerta de hambre... ahhh, sí, chica... trágatela toda", mientras los otros dos hacían comentarios roncos: "Mira esa boca... labios gruesos perfectos para pollas... y esos pechos goteando... es una diosa salida... date prisa, quiero mi turno"; "Joder, sus ojos... mirándonos como una perra en celo... aprieta mi polla con la mano, sí... así...".

Awa mamaba la polla larga hasta la garganta entre gemidos y orgasmos brutales, su lengua girando en círculos rugosos alrededor del eje, succionando con fuerza que hacía venas latir, saliva babosa chorreando por su barbilla y el eje en torrentes pegajosos, mientras agarraba con sus manos las otras dos pollas, masturbándolas con movimientos rápidos y firmes, sintiendo su calor pulsante y venoso contra sus palmas sudorosas, el pre-semen untando sus dedos en una capa resbaladiza que facilitaba el desliz. Cada thrust en su boca, cada pulso en sus manos, la hacía convulsionar, leche salpicando en chorros potentes de sus pechos, jugos chorreando por sus muslos en un río caliente que empapaba el suelo, gimiendo guturales ahogados: "Mmmhhh... ahhh... más... semen...". El soldado que recibía la mamada se corrió brutalmente en su boca con un rugido: "¡Tomaaa! ¡Traga, puta... ahhhhh!", chorros espesos inundándola en torrentes salados que bajaban por su garganta, y le cedió el turno a otro, que se corrió en su cara con gemidos roncos: "¡En tu cara... sí... mírate, cubierta de semen... joder!", semen blanco y viscoso salpicando sus mejillas, labios y ojos en hilos pegajosos que goteaban por su piel oscura, el calor líquido extendiéndose como una máscara caliente que la hacía relamerse con la lengua, amplificando orgasmos brutales.

Awa, al recibir ese esperma en su piel, se corrió brutalmente, acelerando la masturbación del último soldado, que entre gemidos y viendo esa cara llena de semen le provocaba aún más: "Joder... tu cara... cubierta... me vuelves loco... tengo que follarte, tengo que follarte", tomó a Awa de los hombros con manos firmes y ásperas, levantándola con facilidad, poniéndola de espalda apoyada contra la pared fría y rugosa que contrastaba con su piel ardiente, bajándole la falda con un tirón urgente, revelando su coño lleno de flujos y soltando como un río, pulsando por los orgasmos constantes, jugos chorreando en torrentes viscosos por sus muslos. Se dieron besos húmedos y babosos, lenguas entrelazándose en un torrente pegajoso de saliva que goteaba por sus cuellos, el sabor salado de semen residual en su boca mezclándose con el de él. En todo este proceso, Awa no dejaba de masturbar al soldado, su mano subiendo y bajando por el eje grueso con movimientos rápidos y firmes, sintiendo las venas latir bajo sus dedos untados en pre-semen. Ahora ya con la polla cerca de su coño, el soldado se lanzó a devorarle las tetas, lamiéndolas enteras con lengua rugosa que giraba alrededor de los pezones hinchados, bebiendo la leche que manaba profusamente en chorros tibios y dulces que llenaban su boca: "Glup... mmmhhh... sabe tan bien... tetas perfectas...", haciendo que Awa se corriera muchas veces, acelerando la masturbación con gemidos prolongados: "¡Ahhhhh! ¡Sí... mama... leche... me corrooo!", el placer brutal de su lengua y succión enviando ondas eléctricas a su clítoris, jugos chorreando en pulsos calientes.

El soldado, entre gemidos roncos, exclamó: "¡Joder... me vas a hacer correr... ahhh... toma mi semen!", eyaculando con un rugido, semen espeso y caliente salpicando su cuerpo en chorros potentes que cubrían su vientre y muslos en una capa pegajosa y blanca, el calor líquido extendiéndose por su piel como un bálsamo ardiente que la hacía convulsionar en un orgasmo final brutal, cayendo al suelo boca arriba, su cuerpo laxo y temblando en éxtasis, pechos goteando leche en hilos residuales, jugos formando un charco bajo su culo firme.

Los soldados, tras terminar, quedaron asombrados por la mujer y lo que había hecho, jadeando y ajustándose los pantalones: "Joder... nunca habíamos estado con una así... tan atractiva, tan ardiente... mira ese cuerpo, pechos goteando, cara cubierta... es una diosa negra salida"; "Sí... succiona como una profesional... podríamos recuperarnos y follársela de verdad, preñarla entre todos..."; "Mira cómo tiembla aún... lista para más". Pero en esto apareció el primer soldado, alarmado: "¡Chicos, viene el relevo con el sargento! ¡Muévanse, déjenla ahí y vámonos antes de que nos pillen!", y se fueron corriendo, dejando a Awa tirada en el suelo aún en éxtasis, su cuerpo convulsionando en mini orgasmos, semen pegajoso enfriándose en su piel, leche y jugos mezclados en un charco alrededor, el aire nocturno fresco rozando su desnudez expuesta, su mente un remolino de placer y vergüenza: "Oh, dios... lo hice... semen... más... necesito más... pero... ¿qué soy ahora?".

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