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El amigo de mi hijo (2)

Le prometió que nunca más volvería a verlo, pero la tentación es más fuerte que la vergüenza. Cuando lo encuentra en la calle, él no le pide permiso: le exige que se desnude y le demuestre cuánto lo desea, sin importar quién los esté mirando.

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El amigo de mi hijo (2)

El "nunca más" que me había prometido estaba funcionando. Pero, probablemente, solo porque Santi no había vuelto a cruzarse en mi vida. Me sentía como una adolescente, masturbándome tres o veces o más al día, cada vez que ese cabrón volvía a mi cabeza. Tan solo ver a mi hijo me hacía acordarme de su amigo y acabar en mi habitación desnuda y usando alguno de mis juguetes.

Pasaron dos semanas, mi marido vino el fin de semana y tuve sexo con él. Fue un polvo, corto, insípido y deprimente. En apenas dos minutos se había corrido y ya roncaba a mí lado.

"¿Así pretendes que no tenga que buscarme a otros que me follen en condiciones?" Me dije mirándole enfadada.

Por suerte, el siguiente fin de semana, no pudo venir por trabajo. Llamé a Isa, mi compañera de aventuras, la única que sabía todas y cada una de las veces que le había puesto los cuernos a mi marido al detalle y siendo cómplice en varias de esas ocasiones.

-¿Vas a salir?- me preguntó mi hijo cuando me estaba maquillando en el baño.

-Sí, he quedado con Isa ¿Tú no has quedado con tus amigos?-

-No, ellos van a salir pero no tengo muchas ganas. Prefiero quedarme en casa-

Desde luego en eso había salido a su padre, siempre tan soso y aburrido. Nada que ver conmigo que soy puro fuego y diversión.

"Espero que al menos no hallas heredado la precocidad de tu padre" pensé

-Esta bien cariño, diviértete. Yo llegaré tarde seguro-

-Sí, no lo dudo- dijo mi hijo riendo sabiendo cómo me las gasto cuando salgo con mi amiga.

Terminé de maquillarme, con mis labios en un buen rojo, mis pestañas resaltada.

"No me hace falta mucho más para estar buenísima" pensé riendo de mí amor propio.

Me puse un conjunto de sujetador y tanga negro de encaje, una falda negra de cuero hasta las rodillas y una camisa blanca con los botes abrochados justos para que mis tetas no se saliesen pero dejase ver parte del sujetador.

Una hora más tarde estaba cenando con Isa en un restaurante, ya íbamos por nuestra segunda copa de vino cuando le empecé a contar lo que había ocurrido con el amigo de mi hijo.

-Pero que guarra eres ¿Con un crío de dieciocho?- Me dijo mi amiga riendo

-Tendra dieciocho, pero no tiene nada de crío. El muy cabrón está buenísimo, es grande de espalda, fuerte, unas manos gigantes. Y bueno... Una polla, que deberías verla-

-Eso no suena a "nunca más"- respondió Isa riendo aún más fuerte.

-Que no vaya a repetirse, no implica que no pueda acordarme-

-No te acuerdes demasiado no vayas a dejar la silla mojada-

-Sera mejor cambiar de tema entonces- dije riendo pero siendo consciente de que mi coño se estaba mojando- ¿Y tú qué tal?-

Isa, al igual que yo, era una mujer casada y, aunque sin llegar a mi nivel, tampoco era la esposa más fiel del mundo.

-Muy tranquila, últimamente Sergio me tiene suficientemente satifecha-

-Me alegro. Yo no puedo decir lo mismo-

-Ya veo que hoy vienes pidiendo guerra- dijo en alusión a mi ropa

-Siempre hay que estar preparada para lo que pueda pasar- dije guiñando un ojo- Tampoco es que tú vengas muy recatada-

Mi amiga es morena, más alta que yo, llegando casi al metro setenta. Se operó el pecho en el mismo cirujano que yo, pero había optado por un par de tallas menos, sin ser pequeñas. Tampoco tenía mis curvas en la cadera o el culo, su cuerpo es más de modelo de los noventa, pero todo un bellezon a sus cuarenta años.

Ese día vestía un vestido negro, escotado y sin sujetador, ya que sus tetas se oponen perfectamente a la fuerza de la gravedad y puede darse ese lujo. La falda acababa a medio muslo, dejando sus largas piernas a la vista.

-Tengo que lucir este cuerpo mientras me dure- me dijo.

-Por muchos años más estando buenisimas- respondí levantando mi copa para brindar.

Para cuando terminamos de cenar, nos habíamos terminado dos botellas de vino y salimos del restaurante bastante "contentas".

Fuimos a un pub cercano, frecuentado por gente de nuestra quinta. Varios hombres se acercaron pero todos me parecían insípidos, aburridos o feos. Regalé un baile y un pequeño toqueteo a tres o cuatro de los que se nos acercaron, pero ninguno era lo que yo buscaba para esa noche.

-¿No encuentras ninguna presa?- preguntó mi amiga que me conoce como nadie.

-Ninguna que sea suficiente para esta leona- respondí riendo

-Igual es carne muy pasada ¿Mejor la carne tener de uno de 18?- Se burló mi amiga.

Me reí. Pero la muy zorra tenía razón. No sé si de forma consciente o no, pero había estado comparando a todos los que se me había acercado con Santi y, por supuesto, todos había salido perdiendo.

"¿Te estás quedando pillada de un chiquillo? No seas imbécil" me dije.

-Mejor cambiamos de bar- le dije a Isa acabando mi copa de un trago.

-Claro ¿Quieres preguntarle a tu hijo donde suele ir con su amigos?- se burló de nuevo.

-Callate, idiota- le dije riendo.

En el segundo pub al que fuimos, se mezclaba más la edad de las personas, desde gente de unos cincuenta, hasta chavales de veinte.

"Dieciocho es demasiado ¿Tal vez uno de treinta?" Me dije mientras buscaba alrededor a mí víctima.

Le encontré, un hombre moreno, con barba, alto. Desde luego más joven que yo, pero lo demasiado. Estaba con su grupo de amigos a unos metros de nosotras. Estuve atenta a él hasta que su mirada se dirigió hacia mi. Le sonreí, nunca me ha hecho falta más que eso. Él me devolvió la sonrisa y habló con unos de sus amigos. Dos minutos después estaban viniendo en nuestra dirección.

-La leona ya tiene presa- me dijo Isa al oido mientras los chicos se acercaban.

Se presentaron y nos propusieron bailar. El amigo no esaba mal, no sabía que tenía pensado hacer Isa con él. Yo ya tenía mi presa.

Bailamos, me pegué a él, pasé mis manos por su cuerpo, él por el mío. No estaba nada mal. Todo fluía, estaba apunto de lanzarse hacia mi boca y yo le estaba esperando, cuando todo se vino abajo. Vi a dos amigos de mi hijo cruzar la puerta y, tras ellos, a Santi.

"Mierda" pensé

Al momento, mi príncipe se convirtió en sapo. Ya no era tan fuerte ni tan atractivo. Se lanzó, pero yo le hice la cobra con clase, jugando un poco más con él mientras ordenaba mi cabeza.

Santi me vio y me dedicó una de sus sonrisas de prepotencia.

"Niñato" pensé

"Hoy no es tu día, ya tengo a otro" le dije con la mirada

Pero al dirigir la mirada hacia el chico con el que bailaba, me di cuenta de que ya no me servía. Se había roto ante la presencia y los recuerdos que me traía el amigo de mi hijo.

-Voy un momento al baño- dije al ver que Santi se dirigía hacia allí.

-Hola- le saludé como una niña asustada al encontrarnos haciendo cola.

-Hola- me respondió seco.

-¿Que tal?- pregunté sin poder evitar tocarme el pelo nerviosa.

-Bien. Ya veo que tú tambien- me dijo con suficiencia.

-La verdad es que sí. Muy bien- Dije con fingida seguridad.

-Espero que te diviertas- dijo justo antes de entrar al baño

"Será cabrón" pensé enfadada por su indiferencia.

Salí del baño y volví con el chico con el que estaba. Dejé que me besase y tocase. Sus manos me parecían torpes y sus labios secos. No iba a funcionar.

A mí lado, Isa se magreaba y besaba que el otro.

"Mira la satisfecha" pensé.

Vi que Santi salía del bar con los otros dos amigos de mi hijo. Isa ya no me prestaba atención así que decidí huir tras él.

-Tengo que irme- dije recogiendo mi bolso de la silla donde lo había dejado.

-¿Que? ¿Ahora?- preguntó el chico entre sorprendido y enfadado.

-Sí, lo siento. No le encuentro bien- dije huyendo sin darle tiempo a responder.

Escuché un "calientapollas" a mi espalda. Pero no me giré a responder. Lo cierto es que tenía toda la razón.

-Hola- dije llegando a la altura de Santi y sus amigos.

-¿Que quieres?- preguntó él seco.

-¿Podemos hablar?- pregunté

-Habla-

-A solas-

-No-

"Hijo de puta" pensé

¿Pensaba que iba a decir nada delante de los amigos de mi hijo que me conocían?

-Ya saben que te he follado, si eso lo que te da vergüenza- dijo Santi haciendo reír a sus amigos.

-¿Por qué les has contado eso?- pregunté más avergonzada que enfadada.

-¿Qué por qué les he contado que su amigo es un hijo de puta? Porque me ha apetecido-

Me quedé sin habla. Las palabras, se amontonaban en mi boca, la rabia y la vergüenza en mi pecho.

-Dime que quieres. No voy a estar esperando toda la noche- me dijo

"Matarte. Mandarte a la mierda. Darte una hostia" pensé

-Ir a un sitio tranquilo contigo- dije.

-¿Para que?-

"Lo sabes de sobra" me dije.

Quería que lo dijese, que admitiese delante de los amigos de mi hijo que me moría de ganas de que me follase, que lo deseaba tanto como para salir corriendo de un bar tras él y confesase delante de ellos.

-Quiero que me folles- admití mirando al suelo y enrojecida de vergüenza

El "nunca más" se había convertido en el acto más humillante y vergonzoso que habia hecho por un hombre ¿O no?

Los otros dos amigos de mi hijo reian y murmuraban algún "zorra" y "guarra"

-¿No te servía el tío ese?- me preguntó

-No. Te prefiero a ti- dije.

Ya había caído al fondo por qué me follase, no tenía sentido ponerse a patalear.

-Abrete la camisa-

-¿Que?- pregunté sorprendida.

-Que te saques las tetas. Enseña tu putos melones a mis amigos-

-Que te jodan. Me largo- dije recuperando mi dignidad

Me di la vuelta y empecé a caminar hacia mi casa. Mientras Santi y los otros chicos lo hacían de camino hacia la playa, donde estaba el resto de pubs de la zona.

Caminé una calle, maldiciendo y enfadada por haber admitido eso delante de aquellos chicos. Avergonzada porque los amigos de mi hijo supiesen lo que había pasado con Santi.

Al doblar la primera esquina, la imagen de Santi en mi cama volvió a mi cabeza. Joder, nunca me habían follado así. Pero el precio a pagar era demasiado alto, no podía humillarme así, no por mí ni por mi hijo.

Mis cuerpos se giró solo y mis pies echaron a andar hacia la playa.

"Puedes controlarle, solo es un niño. Controla la situación. Ese imbécil no te conoce, no ha estado con una mujer así en su vida. Eres una leona" me dije.

-Os dije que volvería- dijo Santi sentado en un banco de la playa junto a sus amigos al verme llegar.

-Ve conmigo. Quiero que me folles- le dije con tono autoritario.

-Eso ya lo sé. Pero ¿Por qué me voy a ir con una vieja como tú con la de chavales de mi edad que hay por ahí deseando que les meta mi polla?-

-Porque yo estoy más buena que esas niñatas- dije sacando todo mi carácter.

-No estás mal. Pero tampoco sé si para tanto-

-Pues bien que disfrutaste el otro dia-

-Bueno, estuvo bastante bien. Pero diría que tú disfrutaste más que yo, nena-

"¿Nena? Otra vez esa mierda" pensé

-Seguro que las niñas de tu edad no te la chupan como yo- dije recordando su polla hasta el fondo de mi garganta

Los dos chavales se echaron a reír, pero Santi pareció mirarme dándome la razón.

-Abre esa camisa, sacate las tetas y me iré contigo a follarte- respondió tranquilo.

"Hazlo. Ya sabes que habéis follado. Ya te has humillado bastante ¿Que importa que te vean las tetas?"

Me desabroché los botones despacio, desafiante, tratando de mantener mi dignidad y fingiendo controlar la situación. La abrí al completo y me saqué las tetas por encima del sujetador.

-Vaya melones- dijo uno de los chicos mientras se tocaba la polla que, al parecer, se le había puesto dura.

-Quitate el sujetador y el tanga- me dijo Santi.

-Dijiste que nos iriamos-

-Haz lo que te digo y nos iremos-

Suspiré antes de quitarme la camisa, sacarme el sujetador, bajar el tanga bajo mi falda y darle ambas prendas a Santi con mi mirada fija en él y tratando de parecer lo las segura de mi misma que la situación me permitía.

-Muy bien, nena- dijo cogiendo mi ropa interior- Tomad. Yo me tengo que ir, está zorrita me necesita- dijo

Les dio a sus amigos mi tanga y mi sujetador y se levantó agarrándome por la cadera sin dejar que me pusiese de nuevo la camisa.

Caminamos hasta alejarnos de los chicos, con su brazo rodeando mi cuerpo desnudo y con mi camisa en la mano. Cuando nos alejamos de la vista de los chicos, me giró y me besó con pasión.

Sus labios si sabían lo que hacían, sabían besar, morder, eran húmedos, jugosos. Sus manos se movían por mi espalda con maestría, acariciando desde mis hombros hasta mi culo a la perfección.

-Vamos a tu casa, nena-

-Esta mi hijo. Mejor un hotel-

-No. Vamos a tu casa-

-Pero mi hijo...-

-Me importa una mierda tú hijo- dijo antes de besarme nuevamente.

Joder, besaba tan bien que me hacía estremecer, que me hizo mojarme al instante, que hizo que a mí también me importase una mierda mi hijo.

Caminamos hasta mi casa entre besos y magreos, con su manos tocando todo mi cuerpo, desde las tetas al coño cada vez que el decidía que nos deteníamos. Estaba tan cachonda y entregada que ni siquiera me importó llegar hasta mi portal con mis tetas al aire.

Me agarró cuando metí la llave para abrir el portal. Me hizo girar y arrodillar con suaves movimientos de sus manos.

"A la mierda los vecinos" pensé mientras abría su pantalón y sacaba su polla en plena calle.

-¿La echabas de menos?- preguntó mientras le daba los primeros lametones a su polla.

-Mucho- dije

-Pues no le hagas esperar- respondió guiando mi cabeza para que engulliese su polla aún blanda.

Me la metí en la boca y empecé a mamar como me había demostrado que le gustaba, tragandola al completo, hasta que su pelvis golpeaba mi nariz. Demostrando que podía hacer desaparecer al completo su enorme polla.

-Aprendes rápido, nena- me dijo

-Gracias- dije cuando su polla dejó vacía su garganta

Ese "nena" empezaba a no ser tan desagradable por alguna razón que no comprendía.

De nuevo me la metí en la boca, de nuevo hasta el fondo, cada vez estaba más dura y más grande. El sonido que hacía mi garganta a cada tragada retumbaba haciendo eco en la calle. Me sentía expuesta en la puerta de mi casa, donde llevaba viviendo veinte años y los vecinos me habían visto paseando con mi marido.

Me importaba una mierda, que me viesen o lo que pudieran pensar y decir de mi si me veían. Solo quería sentir esa polla destrozar mi garganta.

-Muy bien, nenita. Vamos dentro-

Asentí con mi baba resbalando por mi cara y mi pecho. Me levanté y le seguí dentro del portal. Me empujó en el hueco entre la escalera y el ascensor, levantó mi falda y pasó su mano por mi coño.

-Sí que tenías ganas de mi polla ¿Eh?- dijo levantando sus dedos llenos de mis flujos.

-Muchas-

Metió los dedos en mi boca, los chupé hasta dejarlos limpios de mis flujos y Santi bajó de nuevo a mí coño, haciendome chuparlos una vez más.

Me levantó, cargando mis piernas con sus brazos, dejándome abierta y expuesta a su polla, que ya estaba apuntando a mí coño.

-¿Lista,nena?-

-Sí, follame por favor-

Me sonrió y me la clavó con firmeza. Está vez mi coño ya sabía a lo que se enfrentaba y aceptó su polla con increíble facilidad, gracias a lo mojada que estaba.

-Oh joder- gemí

-¿Te gusta mi polla, nena?-

-Si, me encanta tú polla-

Poco a poco me fue follando cada vez más rápido. Sujetando mi cuerpo entero con sus fuertes brazos. Moviéndome a su antojo como si no fuese más que una muñeca. No mostraba esfuerzo ni cansancios, me sostenía y follaba con tanta facilidad.

-Soy tú nena- dije.

-Lo se. Eres mi nenita-

-Si, lo soy. Soy tú nenita- dije más alto escuchando como resonaba por el hueco de las escalera.

Él sonrió y aumentó el ritmo. Ahora eran los golpes de su cadera contra mi culo los que sonaban en todo el edificio, acompañados de los cada vez más altos gemidos que salían de mi boca.

Cuando mi orgasmo estaba apunto, se detuvo. El muy cabrón se detuvo sabiendo que estaba al borde de correrme. Me dejó caer al suelo y me metió la polla en la boca.

-Aun no, nena- dijo casi riendo.

Acepté su polla en mi boca olvidado el enfado de mi orgasmo frustrado y le miré a los ojos mientras volvía a mamar su polla.

Me empujó atrapando mi cabeza contra la puerta del ascensor y me agarró las manos por encima de mi.

-Ahora me toca a mí- dijo

Asentí con su polla en mi boca y, sabiendo lo que se venía, traté de relajar mi garganta.

Empezó suave, sacando su polla entera de mi boca y metiéndola hasta el fondo repetidamente. Era duro, pero podía con ello, respirando hondo cuando su rabo se salía del todo y aguantando hasta ser penetrada por completo

Subió el ritmo. El tiempo para respirar se reducía y la dureza de las embestidas aumentaba. Pero aún podía mantener mi mirada desafiante a sus ojos.

-Muy bien, nenita. Ahora empieza lo bueno-

Lo bueno, fue una follada violenta de mi boca. Me daban arcadas, mis intentos de respirar medio ahogada hacían un ruido que invadía todo el portal, sentía mi maquillaje corrido derramarse de mis ojos por mi mejillas. Sí, desde luego era lo bueno.

Tiró de mi pelo y me puso nuevamente de pie, me giró con brusquedad y agachó mi cuerpo. Puso su polla en la entrada de mi coño y empujó suavemente haciéndome estremecer. Frente a mi cara estaban los buzones, justo a la altura de mis ojos podía leer mi nombre junto al de mi marido. Se me escapó una pequeña sonrisa al leer su nombre mientras me empotraban como nunca él sería capaz no siquiera de soñar.

Los golpes de su cadera en mi culo hacían cada vez más ruido. Tanto que me permití gemir en voz alta. Si algun vecino estaba escuchando algo no habría diferencia entre los golpes y los gemidos.

-¿Te gusta, nena?-

-Sí joder. Me matas- respondí

-Pero que guarra es la mami de mi amigo-

-Sí, soy una nenita muy guarra- respondí gimiendo como una perra en celo.

Me follaba sin perder fuelle, mis piernas me temblaban y solo sus brazos impedían que cayese al suelo. Que fuerza, que resistencia, que máquina de follar.

-Oh joder. Me corro- avisé agarrada con mi mano al buzón de mi familia.

-Adelante nena- me dijo sin detenerse.

-¡Ahhh sí!- grité sintiendo como mi vista se quedaba en blanco.

Me dió unos segundos para recuperarme con su polla aún dentro y sujetando mi cuerpo al completo, ya que yo no podía hacerlo por mi misma.

-Gracias- le dije

-De nada, nena. Aun tienes trabajo-

Asentí y él me sacó la polla dejándome vacía. Me arrodillé y me metí su polla en la boca mirando a sus ojos con cara de niña buena, de nena.

Él sonrió victorioso y me acaricio el pelo. Me deleite en la mamada. El muy cabrón aguantó más de diez minutos después de la follada que me había pegado.

-Ya sale nena- me dijo.

Me la saqué de la boca y le masturbé con mi lengua fuera deseando recibir su corrida.

-Joder, zorra- gritó cuando su polla empezó a disparar sobre mi cara.

Me quedé llena de corrida desde la frente a la barbilla. Parecía que se había corrido un caballo en mi cara. Llevé su leche a mi boca con mi dedo sin dejar de mirarle sonriente. Le di unas últimas chupadas de agradecimiento para dejar su polla limpia.

-Lo has hecho bien, nena-

-Muchas gracias- dije aún de rodillas y con corrida en mi cara.

-La próxima te follare en tu cama-

-Cuando quieras- respondí aún hipnotizada por la follada que acababa de recibir, olvidándome de mi marido

y mi hijo.

-Nos vemos, nena-

-Adios-

El se fue. Yo aún tarde unos segundos en poder levantarme, vestirme y subir a mí casa sin hacer ruido para no despertar a mí hijo. Me fui directamente a la cama con restos de corrida en mi cara y oliendo a sexo.

"Así que nunca más ¿Eh?" Dijo una voz en mi cabeza cuando me caí en la cama. Sonreí para mí misma y me quedé dormida.

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