Xtories

El Despertar en la Aldea parte 10

Awa observa el amor de otros y siente que su cuerpo la traiciona. La leche brota, el deseo quema y la aldea juzga. ¿Podrá resistir la llamada de la carne antes de que sus secretos se vuelvan públicos?

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Después de observar el encuentro entre Kofi y Nia, Awa se levantó del matorral con las piernas temblorosas, su cuerpo aún convulsionando en espasmos residuales de placer, el aire fresco del amanecer cargado con el olor a hierba húmeda por el rocío y el aroma persistente a sexo que parecía impregnar su propia piel. Sus pechos enormes palpitaban con cada latido acelerado de su corazón, leche brotando en chorros cálidos y cremosos que empapaban su blusa por completo, el fluido tibio deslizándose por su torso en ríos pegajosos que se acumulaban en su cintura estrecha, dejando un rastro de gotas blancas en el suelo polvoriento mientras caminaba. Cada paso era una tortura sensorial: el roce áspero de la falda contra sus muslos internos, resbaladizos por los jugos que chorreaban en hilos viscosos y calientes desde su sexo hinchado, enviando pinchazos eléctricos directos a su clítoris, amplificando la excitación que la hacía jadear suavemente, un gemido bajo y gutural escapando de sus labios gruesos: "Mmmhhh... oh, no... otra vez...". El sol naciente calentaba su piel oscura, haciendo que el sudor perlara su cuello y se mezclara con la leche, creando una capa brillante y pegajosa que olía a dulzor lácteo y deseo crudo, intensificando cada sensación hasta que un orgasmo la golpeó de nuevo, sus rodillas flaqueando mientras se apoyaba en un árbol, el tronco áspero rozando su palma en un contraste que la hacía arquear la espalda: "Ahhh... su semen en ella... me corrooo...".

Mientras se dirigía a casa por los senderos apartados, su mente un torbellino de pensamientos contradictorios, Awa se daba cuenta de la profundidad de su transformación. "Lo que vi... Kofi embistiéndola despacio, su polla larga estirándola, derramándose dentro en chorros potentes... y Nia gimiendo, aceptando su semilla para preñarse... me alegro por ellos, de verdad. Kofi, con su ambición por expandir los campos, su fuerza callada que oculta un corazón que anhela estabilidad; Nia, tan audaz y leal, su delgadez escondiendo una determinación feroz por el amor que ha cultivado desde la infancia... serán una buena pareja. Pero yo... desde que probé su semen, ese sabor espeso y salado bajando por mi garganta, caliente como un elixir prohibido... mi cuerpo lo exige ahora, como una adicta que ha probado el paraíso y no puede volver atrás. Cada vez pienso más en ello, en el pulso de una polla en mi boca, en el chorro interminable llenándome... mi excitación va a más, urgida por esa necesidad que quema como fuego en mi vientre", pensó, su timidez luchando contra el instinto animal que la consumía. Para su desgracia, se daba cuenta de que solo era cuestión de tiempo que cediera: "Pediré a cualquier hombre que me deje mamar su semen, sentir ese calor explosivo en mi lengua... o peor, que me folle sin contemplaciones, embistiéndome hasta llenarme por completo. No, Awa... eres decente, tímida... pero mira a esos hombres en la aldea", se dijo, fijándose en los trabajadores que pasaban a lo lejos: un agricultor musculoso con torso sudoroso, su olor a tierra llegando con la brisa, haciendo que su clítoris latiera con fuerza; un joven pescador con manos callosas, imaginando cómo se sentirían apretando sus pechos... cada mirada la excitaba más, leche salpicando su blusa en pulsos intensos, jugos chorreando por sus muslos en un calor líquido que goteaba al suelo, dejando un rastro húmedo. "Esta contradicción me atormenta... quiero resistir, pero mi cuerpo grita por más, por pollas y semen... oh, dios, otro orgasmo...", gimió, deteniéndose para apoyarse en una cerca, su cuerpo convulsionando en un clímax que la dejó jadeando, el sudor perlando su frente y mezclándose con lágrimas de frustración.

Estando plenamente excitada, con el cuerpo aún temblando por los remanentes de placer, se encontró con Nia en el camino de regreso, cerca de un pozo donde el agua fresca borboteaba en un sonido refrescante que contrastaba con el fuego interno de Awa. Nia caminaba con una cesta de frutas, su figura delgadita moviéndose con una gracia ligera, su cabello corto revuelto por la brisa matutina, pero sus ojos brillaban con una felicidad que Awa envidiaba en secreto.

—Nia... hola de nuevo. ¿Volviendo del mercado tan temprano? El sol apenas sale, pero ya hace calor, ¿no? Mi madre me mandó por agua, dice que el pozo está fresco a esta hora. ¿Cómo va todo? Te veo... radiante, como si hubieras ganado un premio. —Dijo Awa, su voz suave y temblorosa, intentando sonar casual mientras cruzaba los brazos sobre sus pechos para ocultar los chorros de leche que brotaban con más fuerza por la excitación, el fluido cálido deslizándose por su piel en un cosquilleo constante que la hacía apretar los muslos, un pulso acelerado entre sus piernas amenazando con otro orgasmo.

Nia se detuvo, su sonrisa ampliándose como el sol naciente, dejando la cesta en el suelo con un golpe suave, el olor dulce de las frutas maduras invadiendo el espacio entre ellas. —¡Awa! Qué coincidencia, sí, volviendo temprano porque quería evitar el bullicio. El calor ya aprieta, me deja la piel pegajosa y el sudor corriendo por la espalda. Pero... bueno, hay razones para sonreír. Kofi y yo... ay, amiga, quiere algo serio. Me lo dijo ayer, al atardecer, mientras caminábamos por el río. Hablamos de todo: de cómo ha estado pensando en su vida, en dejar las aventuras atrás, en buscar estabilidad. Me tomó de la mano, Awa, sus dedos callosos entrelazados con los míos, y me miró a los ojos con esa intensidad que siempre me ha derretido. Dijo que soy la que le da paz, que mi lealtad desde niños lo ha hecho recapacitar. En unos días se lo diremos a nuestras familias, pediremos permiso formal para cortejar y casarnos. Pero antes... queremos pasar tiempo juntos de manera más secreta, ya sabes, robarnos besos en los claros apartados, tocar-nos en la oscuridad, explorar lo que sentimos sin ojos curiosos. Estoy nerviosa, pero excitada... imagino una boda simple, con la aldea celebrando, y luego... hijos, Awa, muchos hijos. ¿Puedes creerlo? Después de tanto tiempo soñando con él.

Awa sintió un rubor intenso subir por su cuello, su excitación amplificándose con las palabras de Nia, leche goteando en hilos pegajosos por su blusa, jugos chorreando por sus muslos en un calor líquido que la hacía jadear internamente. "Ella... tan entusiasmada, su amor puro y persistente... me alegro, de verdad, pero imaginarlos en secreto, besándose, tocándose... su polla en ella de nuevo... oh, no". —Nia... eso es maravilloso. Me alegro tanto por ti. Kofi necesita alguien como tú, leal y audaz, no como... otras complicaciones. Recuerdo cómo lo mirabas de niña, siempre siguiéndolo con esa determinación. El secreto... es romántico, pero cuídate, la aldea chismorrea. ¿Qué planes tienen? ¿Hablaron de la boda, de la familia? Serás una gran esposa, Nia, con tu energía y tu corazón.

Nia rió, un sonido ligero y contagioso, recogiendo su cesta pero demorándose, sus ojos brillando con sueños. —Planes... ay, sí. Hablamos de todo: de construir una choza más grande cerca de sus campos, de plantar juntos, de cómo quiere hijos fuertes para ayudar en la cosecha. Le dije que estoy lista, que lo amo tanto que le daré todo: mi cuerpo, mi lealtad, mis días. El secreto es por ahora, para disfrutar sin presiones, besos robados, toques que me dejan temblando... pero pronto, lo haremos oficial. Gracias por alegrarte, Awa. Eres una buena amiga, siempre tan tímida y dulce. ¿Y tú? ¿Algún chico en el horizonte? No seas tan reservada, mereces amor también.

Awa negó con la cabeza, un orgasmo sutil rozándola al imaginarlo, leche salpicando su blusa en un pulso caliente. —No... yo... estoy bien sola por ahora. Ve y sé feliz, Nia. —Dijo, despidiéndose con una sonrisa forzada, mientras Nia se alejaba, dejando a Awa con su tormento interno.

Un par de días después, la excitación y la necesidad de sexo se habían intensificado en Awa como una tormenta africana, su trastorno hormonal convirtiéndose en un incendio incontrolable que la consumía hora a hora. No paraba de lactar profusamente, chorros potentes de leche brotando de sus pechos en pulsos constantes que empapaban su ropa y el suelo de su choza, el fluido cálido y cremoso deslizándose por su torso en ríos pegajosos que olían a dulzor lácteo y dejaban su piel brillante y sensible al más mínimo roce del aire. Sus jugos chorreaban por su coño en torrentes viscosos y calientes, humedeciendo sus bragas improvisadas hasta el punto de que cada paso era un chapoteo húmedo, el calor líquido extendiéndose por sus muslos internos en un cosquilleo constante que la hacía jadear, su clítoris hinchado latiendo como un corazón expuesto. "Solo pienso en el sabor del semen... espeso, salado, caliente bajando por mi garganta... mejor que el agua pura del pozo, adictivo como una droga que mi cuerpo exige cada vez más. Desde que lo probé, mi excitación va a más, urgida por esa necesidad que quema en mi vientre, en mi boca... pero no quiero, tengo miedo de caer con cualquier hombre, que se corra el rumor de que soy una chica fácil. La aldea es pequeña, las voces viajan como el viento, y sería humillante para mí, para mi familia... mi madre, con su sabiduría callada y su trabajo incansable en la choza; mi padre, orgulloso pero estricto, cultivando los campos con manos agrietadas... no puedo deshonrarlos. Si me quedo embarazada de alguien que no se haga responsable, un desconocido que me folle y se vaya... eso sería el fin, la vergüenza eterna. Aunque... la idea de dejarse preñar por cualquier desconocido, dar crías sin parar a todos los hombres que pueda, mi vientre hinchado una y otra vez, leche brotando para bebés de pollas anónimas... oh, dios", pensó, y el pensamiento la golpeó como un rayo, provocando un orgasmo que la hizo caer de rodillas en el sendero apartado, gimiendo alto y gutural: "¡Ahhhhhh! ¡Sí, preñada... de cualquiera... me corrooo furiosamente!", sus manos bajando instintivamente bajo la falda para masturbarse con furia, frotando su clítoris en círculos desesperados, insertando dedos en su entrada resbaladiza, el sonido húmedo amplificado por sus gemidos prolongados, leche salpicando el suelo en chorros potentes, jugos chorreando en torrentes calientes que formaban un charco bajo ella, su cuerpo convulsionando en espasmos salvajes hasta que quedó exhausta, temblando en el polvo, el aire cargado con su olor a sexo y lactancia. "Esta contradicción me destroza... quiero resistir, pero mi cuerpo... me traiciona cada vez más".

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