El Despertar en la Aldea parte 7
Awa sabe que debe decirle que no. Sabe que Nia lo espera y que su cuerpo traicionero es solo una enfermedad. Pero cuando Kofi se arrodilla ante ella y le pide solo una última vez, la línea entre el deber y el instinto se desvanece en el polvo caliente de la aldea.
Awa pasó el resto del día en un estado de agitación constante, su mente un remolino de pensamientos conflictivos mientras ayudaba en las tareas de la choza, moliendo mandioca bajo el sol abrasador que hacía perlar sudor por su piel oscura y suave. El recuerdo de la escena entre Kofi y Nia la perseguía: la polla larga y fina de él deslizándose en la boca de su amiga, los gemidos de placer, el semen eyaculando como una manguera en chorros espesos y prolongados. Pero más que celos, sentía una claridad dolorosa. "No estoy enamorada de Kofi... es solo mi cuerpo, este trastorno maldito que me mantiene como una perra en celo, lactando sin parar, excitada hasta el punto de que cualquier roce, cualquier pensamiento, me hace sufrir orgasmos. Quiero abrirme de piernas para él, para cualquier hombre que me mire, pero no puedo. Respeto a Nia, ella lo ama de verdad desde niña, con esa audacia que yo no tengo. Debo ser fuerte, tímida y decente como siempre, rechazar esta tentación antes de que me destruya. Iré a hablar con él, le diré que no quiero nada, que se fije en ella. Es lo correcto", meditó Awa, su voz interna temblorosa pero resuelta, aunque su clítoris latía con solo imaginar su olor masculino, leche goteando de sus pechos enormes en gotas cálidas que empapaban su blusa, un pulso constante entre sus piernas recordándole su debilidad.
Al atardecer, cuando el cielo se teñía de naranjas y púrpuras, y el aire se llenaba del olor a humo de fogatas y cena cocinándose en las chozas vecinas, Awa se dirigió al claro cerca de los campos de cacao donde sabía que Kofi solía pasar tiempo solo, reflexionando sobre su día de trabajo. Él era un hombre de 25 años, alto y musculoso por las horas interminables en los campos, con piel oscura brillante por el sudor, ojos profundos que hablaban de ambiciones simples como expandir la finca familiar y formar una familia estable, pero con un lado impulsivo que lo llevaba a aventuras fugaces. Estaba sentado en una roca, limpiando una herramienta agrícola, cuando la vio acercarse, su figura delgada y curvilínea destacando contra la luz menguante, sus piernas largas moviéndose con gracia tímida.
—Kofi... ¿puedo hablar contigo un momento? Es importante —dijo Awa, su voz suave y temblorosa, parándose a una distancia segura, cruzando los brazos sobre sus pechos para ocultar las manchas húmedas de leche, aunque el movimiento solo presionó sus pezones sensibles, enviando un cosquilleo directo a su vientre.
Kofi levantó la vista, sus ojos iluminándose con sorpresa y deseo, dejando la herramienta a un lado y enderezándose, su camisa abierta revelando su torso definido y sudoroso. —Awa... claro, siéntate. Me alegra verte, después de cómo huiste ayer... pensé que te había asustado. ¿Qué pasa? Pareces seria. ¿Es sobre lo que pasó entre nosotros? Porque yo... no dejo de pensar en ti, en tu cuerpo, en cómo tiemblas cuando te toco.
Awa se sonrojó, sintiendo un pulso acelerado entre sus piernas, jugos comenzando a fluir en hilos viscosos por sus muslos internos, pero se mantuvo firme, rechazando verbalmente aunque con dudas internas. "No cedas, Awa... dile la verdad, sé decente". —Sí, es sobre eso. Kofi, no puedo... no quiero nada contigo. Fue un error, momentos de debilidad por mi... condición. Soy tímida, virgen, y mi familia espera que sea recatada. No estoy enamorada de ti, solo... excitada, pero eso no es suficiente. Respeto a Nia, ella te ama de verdad desde que éramos niños, ¿recuerdas? Jugábamos juntos, y ella siempre te miraba con ojos soñadores. Fíjate en ella, dale una oportunidad. Es dispuesta, audaz, y quiere formar una familia contigo. Yo... no puedo caer en esta tentación, aunque mi cuerpo me pida lo contrario.
Kofi frunció el ceño, acercándose un paso, su olor masculino a tierra y sudor invadiendo sus sentidos, haciendo que leche goteara más profusamente de sus pechos, un orgasmo sutil rozándola. —Awa, espera... no digas eso. Sé que eres tímida, que luchas con algo en tu cuerpo que te hace... responder así. Pero eso no significa que no podamos explorar. Me atraes tanto, tus curvas, tus pechos enormes que gotean, esa excitación constante que te hace gemir. Imagina si te lleno, te impregno con mi semilla, verte hinchada con mi hijo... sería hermoso. Nia es... cómoda, pero tú eres especial, como una diosa en esta aldea pobre. Déjame convencerte, caminemos juntos, hablemos de un futuro. No lo tires todo por respeto a ella.
Awa retrocedió, pero la pared de un árbol la detuvo, su voz temblorosa mostrando rechazo pero con dudas crecientes, un orgasmo naciendo en su interior solo por su proximidad. "No... resiste, Awa... pero su voz... me hace mojarme más, siento la leche brotando... oh, no". —No, Kofi. Entiende, por favor. Nia te quiere de verdad, no como yo, que solo reacciono por instinto. Ella es delgada, sin mis curvas, pero su corazón es puro para ti. Desde niña soñaba contigo, te lo juro. Yo... mi trastorno me hace sufrir, pero no es amor. Fíjate en ella, cásate, ten hijos. Yo me mantendré alejada, seré la chica tímida que todos esperan.
La conversación se extendió, Kofi insistiendo con argumentos fluidos, su voz profunda y persuasiva revelando su profundidad: un hombre que valoraba la lealtad familiar pero luchaba con sus deseos. —Awa, piénsalo. En esta aldea, la vida es dura, los campos nos matan de trabajo, pero contigo... podría ser diferente. Eres hermosa, fuerte en tu timidez. Nia... sí, es amiga, dispuesta, pero no me enciende como tú. Recuerda ayer, cómo te corrías solo con mi toque. Déjame mostrarte más, solo una vez.
Poco a poco, Kofi empezó a aceptar, su expresión cambiando a resignación. —Está bien... quizás tengas razón. Nia es constante, me ha perseguido desde niños, y en esta vida simple, eso cuenta. Iré por ella, hablaré seriamente, quizás casarme y formar familia. Pero... Awa, si esto es una despedida, déjame algo. Solo una vez más, una relación para recordarte. No tendremos nada después, lo juro. Por favor... mira cómo me pones, duro solo de verte.
Casi suplicando, se acercó más, su aliento cálido contra su oreja, insistiendo con voz ronca. —Awa, solo tu boca... siente mi polla, tan larga para ti. Después, nada más. Te lo suplico, no me dejes así.
Awa no paraba de sufrir orgasmos sutiles, chorros de leche brotando de sus pechos en pulsos calientes, jugos chorreando por sus muslos, rechazando verbalmente pero con dudas: "No... no puedo... pero su súplica... me hace querer arrodillarme... oh, dios, un orgasmo...". —Kofi... no, por favor... es malo... pero... solo una vez?
En un momento, Kofi se sacó la verga muy dura, la longitud de 30 cm fina y venosa apuntando hacia ella, pre-semen goteando en hilos transparentes. Awa, vencida por su instinto, se dejó caer de rodillas, el suelo polvoriento rozando sus rodillas, abriendo la boca por puro impulso, su timidez rompiéndose en un gemido gutural: "Ahhh... no... sí...".
Un orgasmo brutal la golpeó solo por tener la polla tan cerca, su olor salado invadiendo sus fosas nasales, leche expulsándose en chorros potentes de sus pechos, jugos formando un charco bajo ella. "¡Oh, dios... tan cerca... me corrooo brutalmente!", pensó, su cuerpo convulsionando.
Otro más brutal aún cuando Kofi empujó y le metió la cabeza, la primera vez que hacía una mamada, la textura suave y caliente de la piel venosa contra su lengua, el sabor salado del pre-semen inundándola. "¡Síiii! ¡La cabeza dentro... me muero de placer... ojos en blanco!", gimió internamente, su vista nublándose.
De rodillas con el cuerpo flácido como una muñeca de trapo, ojos en blanco por las nuevas sensaciones brutales —el calor pulsante, la vena latiendo contra sus labios—, Kofi hizo un mete-saca contra su boca, saliendo y entrando con ritmo controlado, sonidos babosos y húmedos llenando el claro.
Awa, por instinto y su trastorno, la mamó como una profesional, succionando con fuerza, moviendo la lengua alrededor de la cabeza y el eje, lamiendo cada vena, saliva mezclándose con pre-semen en chorros pegajosos por su barbilla. No paraba de sufrir orgasmos brutales, gimiendo guturales ahogados: "Mmmhhh... glup... ahhh...", mientras expulsaba leche en torrentes blancos por sus pechos, empapando el suelo y su torso.
Kofi bufaba como un animal, sus manos en su cabello castaño, guiándola. —Grrr... Awa, joder... me gusta tanto... lo haces mejor que nadie, mejor que Nia... succiona así... mueve la lengua... sí, preciosa... tu boca es tan caliente, tan apretada... voy a correrme pronto por lo bien que mamas.
Finalmente, al poco tiempo por la tremenda y buena mamada de Awa —mucho mejor que la de su amiga, con esa succión instintiva y lengua experta pese a ser virgen—, Kofi se corrió con un rugido: "¡Tomaaa! ¡En tu garganta!", eyaculando en chorros potentes y prolongados, semen espeso y caliente saliendo como de una manguera durante varios segundos, bufando con cada pulso: "Grrr... más... ahhh...".
Awa, por instinto, comenzó a tragar mientras recibía el semen por primera vez, el sabor salado y cremoso inundando su garganta, tragando con sonidos guturales: "Glup... mmmhhh...", lo que la llevó a una serie de orgasmos como nunca antes había tenido, brutales y encadenados, su cuerpo convulsionando en espasmos salvajes, ojos en blanco, casi inconsciente, un charco de flujos provenientes de su cuca chorreando en torrentes calientes y viscosos por el suelo polvoriento, leche salpicando todo alrededor.
Se derrumbó laxa, temblando en éxtasis residual, mientras Kofi se ajustaba, jadeando. —Fue... perfecto, Awa. Ahora... iré por Nia. Adiós. —Dijo, alejándose, dejando a Awa en el suelo, marcada por el placer pero resuelta en su decisión.
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