La locura (1) - BDSM GAY
Lleva una semana con la polla enjaulada y las llaves en manos de un desconocido. Ahora, al cruzar la puerta del club, no es un director de equipo, es un objeto. ¿Está listo para perder el control y ser usado por todos?
“Joder, esto es una puta locura ¿Qué coño estoy haciendo?”
Mi cabeza daba vueltas a lo que estaba haciendo. A lo que iba a hacer. O a lo que iba a dejar que hiciesen conmigo, daba igual.
Iba andando por Madrid, dirigiéndome a uno de esos clubs donde los tíos se juntan para follar. Pero yo no iba a follar exactamente. Bueno si. O no, depende. Solo sabía que, si todo salía como pensaba, iba a salir de ese club, horas después, aún más caliente de lo que iba a entrar. Y eso ya era mucho: llevaba 1 semana con mi polla en una jaula de castidad, con las llaves encerradas en una cajita que no podía abrir, la controlaba en remoto un tío, del que, por no saber, no sabía ni su nombre.
Llegué al local con tiempo de sobra. Registrarme en la entrada, desnudarme delante de una taquilla, quedarme con un suspensorio naranja, la jaula debajo, el reloj y nada más. No tengo precisamente un cuerpazo. Para mí, presentarme así en público rodeado de tiarrones, era un esfuerzo, casi una humillación.
Nervios al bajar las escaleras a la hora acordada. Ir hacia el fondo, girar a la izquierda, de nuevo al fondo, otra vez a la izquierda, pasar el laberinto, llevar al cuarto oscuro… Pararme en la puerta del cuarto oscuro, respirar hondo.
Siempre me ha gustado el sexo duro, dirento, sentirme usado, hacer disfrutar. Hacía tiempo que tenía en mi imaginación una fantasía de humillación y vejación pública. La idea de sacar mis gustos del entorno privado, me ponía. Y mucho.
Di con este tío en Xtrud. Parecía la típica conversación que no iba a llevar a nada, pero el tío insistió y me sacó todas mis fantasías, hasta las inconfesables. Ya se sabe, uno se siente cómodo en el anonimato, cuando estás detrás de una pantalla te dejas ir.
Pero esas conversaciones evolucionaron. Me sentía cómodo dejándome llevar, abriéndome a él. Por su parte, solo un objetivo: convencerme para estar tal día en cierto local y ponerme a su disposición.
Ahí, en la puerta del cuarto oscuro, me acordaba de las conversaciones, de lo que me dijo que pensaba hacer conmigo y de una frase que, en realidad, fue la que me convenció “y lo que ni te imaginas que voy a hacer contigo, puta”
Entrar al cuarto oscuro, dirigirme a una esquina concreta, ponerme de rodillas, abrir la boca, bajar la cabeza, poner las manos a la espalda y esperar.
En el local había gente pero aun no estaba lleno. Todos los tíos con los que me había cruzado estaban buenos, buenísimos. Yo no pintaba nada ahí.
Con el corazón a mil, esperé. En realidad poco, debía de haberme seguido o algo. Una polla se puso delante de mi cara, a distancia de sacar la lengua y lamerla (estaba deseándolo) pero antes de eso, bajó la cabeza y me dijo, casi al oído “Me alegro de que hayas venido, puta. Me voy a divertir a tu costa. Date la vuelta”
No hice ningún movimiento cuando noté que cerraba unas muñequeras de piel en mis brazos. Dos, unas en las muñecas y otras por encima de los codos. Me lo esperaba, pero mi polla empezó a querer romper la jaula.
Luego, un collar, de piel. Cerrado con un candado.
Lo que me sorprendió fue notar como escribía algo en mi espalda con algún tipo de rotulador. Nunca supe lo que escribió realmente, aunque me hice una idea.
“Hacia delante, puta”
De nuevo, la polla delante de mí. Todavía ni le había visto la cara y ya era suyo. Mi polla enjaulada estaba a reventar, pero estaba deseando que pasasen cosas.
Comenzó a darme pollazos en la cara y a insultarme. A vejarme. A dejarme claro para lo que había ido ahí, que no era más que dos agujeros follarbles y que se iba a divertir a mi costa. Él y quien él quisiera.
Ya tenía la cara colorada, la polla a reventar y dolor de huevos cuando me metió la polla en la boca por primera vez. Sin miramientos, sin delicadeza, directamente hasta la garganta, sujetando mi cabeza con sus manos. No podía hacer mucho para evitarlo, así que se dedicó a una follada dura, muy dura, aunque fue corta.
“De pié, puta, vamos a dar una vuelta”
Aunque iba delante de él mientras me empujaba, pude ver algo más del tio al que me había entregado: unos 40, en forma pero no cachas, poco vello, calvo con barba… la polla ya sabía como era, no necesitaba más.
De las conversaciones previas sabía que era más o menos asiduo del local. Y lo vi cuando, al andar, fue saludando a gente. Cuando se paró en un grupo, sus órdenes fueron directas:
“De rodillas, puta. Abre la boca, que está para que la folle cualquiera. No mires a la cara de nadie, solo a sus pollas”
De rodillas al lado del grupo, boca abierta, vi desfilar a mi lado todo tipo de pollas: grandes, erectas, pequeñas, enjauladas como la mía, velludas… hasta un coño, que me llamó la atención.
Apenas oía la conversación, pero parecía banal. Un par de pollas se pararon delante de mí y usaron mi boca un rato. Light, pero eso de no saber quién me usaba era parte de mi fantasía.
Risas en el grupo. Sue que hablaban de mi. Nada bueno. Uno de los tíos cogió el rotulador y me escribió “puta gratis” en la frente y “Follable” en el pecho.
“Bueno, puta, parece que ya estás preparada para la noche, que acaba de empezar. Dale las gracias a mi amigo por decorarte y ruégale que te use como le de la gana, que puede hacer contigo lo que quiera”
Titubee, pero lo hice. Joder, joder, joder, donde me estaba metiendo.
Hace unas horas estaba en una reunión de trabajo, dirigiendo a un equipo muy junior, mandando y ahora estaba rogando que me destrozasen, que me follasen desconozcids, que me usasen en público. Estaba atado, entregado a un tio que no conocía y en manos de un grupo de extraños. Si no fuese porque mi polla (o lo que quedaba de ella tras la jaula) estaba a punto de explotar, no me lo habría creído.
El tipo que me había escrito lo de la frente era más joven, delgado, pero tenía una buena polla. La había visto, pero lo comprobé cuando me la metió en la boca y me tuvo con ella dentro hasta que se le puso dura como una piedra. Una nueva follada de boca, salvaje, delante de todo el mundo, sujetándome la cabeza. Yo solo podía pensar en que me estaba viendo gente, pero no me atrevía ni a abrir los ojos.
Otra polla en mi boca, sin tiempo para respirar. El tío al que me había entregado estaba presumiendo de puta, de lo follable que era mi boca, de las pocas arcadas que tenía mientras por mi cara caían lagrimones de la follada.
Esa vez fueron 4.
“Vamos a fumar, puta. Tu te quedas aquí, en esta esquina, pero voy a añadirte una cosa más”
No sé de dónde lo sacó, pero me puso algún tipo de antifaz y se fue a fumar. Yo me sentía observado, oía los comentarios, probé un par de pollas, sin ni siquiera verlas. Ya estaba perdiendo la cuenta.
Y la noche acababa de empezar.
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